¡Hola! ¡Estoy vivaaaaaaa! ¡Los exámenes no me han asesinado! (?)

Bueno, vengo con el cuarto capítulo. Ha sido uno de los peores lemon que he hecho en mi vida, os lo prometo. Poner a Midorikawa de seme... Nunca me lo perdonaré. Bueno, de todas formas el infierno me esperaba ya desde hace mucho.

¡Que disfruten la lectura!:


…(en casa de Mido y Hiroto)…

Hiroto estaba sentado en el sofá como un indio. ¿Me amas?

El chico amante del helado entró en casa.

-Ahhh~~ Estoy cansado…- Se dejó caer en el sofá, y apoyó la cabeza en las piernas de Hiroto.- ¿Puedes creer que un perro me persiguió?- Mido puso un adorable puchero.-Pero mereció la pena: he llegado pronto a casa.

Ryuuji se enganchó del cuello de Kiyama, se impulsó hacia arriba y le intentó dar un beso en los labios. Pero el chico de piel de vampiro giró la cara, y Mido besó su mejilla.

-Vale. Hiroto Kiyama, mírame.- Hiroto le miró a sus preciosos ojos negros.- Te amo. Te quiero. Te deseo.

-¿Por qué?

-¡Porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida!

-¿Y por qué no quisiste que te tocara en una semana?

-¡Porque estaba realmente enfadado! Eres un desconsiderado, y un pervertido y… ¡me dolía el culo!- Mido volvió a poner un pucherito- No te voy a contar toda la historia ahora, pero que sepas que hice un trato con Gazel.

-¿Y de qué trata?- Hiroto preguntó con algo de miedo.

-Hoy vamos a hacer el amor. TE voy a hacer el amor.

-¡¿Cómo?

-Lo que oyes. Es el precio a pagar. Y a cambio a partir de ahora volverá a ser como antes, ¿vale?

-Pero, Mido yo...

-Tú nada. Mírame, Hiroto. Estoy nervioso. No lo hagas más difícil.

Y dicho esto, Mido recostó a Hiroto en el sofá, y le besó por primera vez en una semana. Los chicos sintieron que una descarga eléctrica recorría sus cuerpos cuando sus lenguas se tocaron.

-Te prometo que iré rápido y que no te haré sufrir mucho.

Hiroto estaba dispuesto a dejarse hacer. Al fin y al cabo, amaba demasiado a Midorikawa. El peliverde desvistió a Kiyama y comenzó a masturbarle, sin preliminares, al grano. Se quitó su propia ropa como pudo, y acercó la boca a la intimidad del pelirrojo. Repartió suaves besos por el tronco y, adivinando cómo se sentía por la expresión de su cara. Al poco tiempo comenzó a morderlo suavemente. Hiroto ya daba suaves gemidos, que fueron aumentando el volumen conforme Ryuuji aumentaba la velocidad de la felación. Lo que antes eran gemidos, se transformaron en gritos de puro placer.

Con un último grito, Hiroto se vino en la boca de su novio.

-Perdón-n…- acertó a decir con el cuerpo temblando aún por el increíble orgasmo que había tenido. Y es que pocas (muy pocas) veces Mido se portaba tan bien con él.

-Tranquilo- Mido sonrió, y le fue a besar.- Sabes dulce.

Esta vez le lamió los labios, suavemente, y Hiroto abrió la boca. Lentamente, Mido recorrió la cavidad bucal de Hiroto, que suspiraba. El peliverde intentaba hacer lo que a él le gustaba que le hicieran. No era fácil, porque a él le gustaba más estar abajo: ya estaba acostumbrado. Ese repentino cambio de papeles le ponía nervioso, pero intentaba dar lo mejor de sí.

Aprovechando que HIroto estaba concentrado en el beso, Mido le penetró de una vez, pero no se movió. Hiroto abrió mucho los ojos y gritó de dolor. Arañó y clavó las uñas en la espalda de Mido, que limpió sus lágrimas con los labios. Sabía que Hiroto no estaba acostumbrado, ni muchísimo menos, pero prepararlo le iba a doler igual. Por su parte, Ryuuji intentaba no perder los nervios, porque Hiroto apretaba su miembro y sentía que moriría de placer a cada instante.

-Hiro… N-No me moveré hasta que esté b-bien…

El pelirrojo, después de un rato, se sintió a gusto y comenzó a mover suavemente las caderas. Mido se dio cuenta y empezó a moverse también. Kiyama cambió su cara por una de placer mientras que sus gemidos aumentaban de nuevo de volumen.

-¿Te… agrada?

-S-Sí.

Ryuuji aumentó la velocidad de las embestidas, y el pelirrojo apretaba su espalda. Estaban cerca, lo notaban, iban a llegar.

Mido se vino dentro de Hiroto con un gruñido mientras que el pelirrojo lo hizo sobre sus abdómenes con un grito ahogado.

-Te quiero, HIroto.

-Yo te amo. Te prometo que… a partir de ahora te tendré en cuenta.

-¿Sabes? Esto de ser seme no está tan mal. Ve tu cara al llegar al orgasmo, siento tus manos arañándome y el calor invadiéndome… Pero, definitivamente, prefiero seguir como antes, Hiro-chan.

El aludido sonrió tiernamente. Cómo amaba a aquel chico.

-Estoy cansado, Hiroto.

-Ven aquí.

Mido se apoyó en el cuerpo de Hiroto y se durmió al instante. Kiyama le acarició hasta que, poco después, le acompañó al mundo de Morfeo.


¿Qué tal estuvo? Bueno, espero que al menos no se hayan cortado las venas. Como siempre, les pido un comentario para saber si les gustó, y si tienen consejos... ¡pues adelante! Serán bienvenidos.

¡No se olviden de mí! Nos vemos en el epílogo.

Un besazo.