BRAVE - by Phoenix-Talon

-Capítulo 04-
Deseos de miel

Ciorstag era una de las pocas personas de la villa que no injuriaba abiertamente a Rumpelstitskin. A pesar de ello, no se la podía considerar una amiga (de hecho, para él era difícil considerar a nadie un amigo) pero ella no le insultaba ni le humillaba y Rumpelstitskin lo agradecía. Se conocían desde jóvenes y, aunque Ciorstag era una mujer de ideas firmes y miras estrechas, nunca había habido enemistad entre ellos, incluso despúes de la primera Guerra de los Ogros. En el pasado, ella se ganaba la vida como partera, de hecho fue la que ayudó a Baelfire a nacer. Lo dejó al heredar la tienda de su marido cuando este murió, y continuó con el negocio a pesar de las quejas que provocaba una mujer al frente de un negocio. Además, Ciorstag era la abuela de Crispin, el mismo Crispin que le había prestado a Balefire la honda el dia que conoció a Belle.

Ciorstag era una mujer menuda y angulosa, con unos inusuales ojos de lechuza. Estaba cortando dientes de león, con el cabello recogido en un moño veteado de gris, cuando Rumpelstitskin y Belle entraron. Ciorstag se enderezó.

- Vaya vaya… - comentó - ¿qué puedo hacer por... vosotros?

- Ciorstag... - saludó Rumpelstitskin, incómodo - E-esta es la prima de mi difunta esposa, Belle - la aludida realizó una leve reverencia y sonrió.

Ciorstag miró a Belle, retorciendo un tallo de diente de león entre sus dedos.

- No sabía que Grouch tuviera familia - comentó, tras una pausa

Belle miró a Rumpelstitskin, que tosió

- Es… erm… una prima lejana

- Hemos venido a por un poco de ungüento - Belle decidió cambiar de tema - Para su pierna

Normalmente, Rumpelstitskin no podia permitirse algo así, pero Belle insistió después del percance en la librería. Por toda respuesta, Ciorstag se volvió hacia una estantería de piedra que había a su espalda, de donde tomó una jarrita del tamaño aproximado de la mano de Belle.

- Masajeate la pierna con esto, por la mañana y por la tarde - indicó, dándole la jarrita a Rumpelstitskin - Debería aliviarte el dolor. Por ser tú, serán cinco piezas de cobre - El precio era más que razonable y Rumpelstitskin pagó, esperando poder irse rápidamente. Sin embargo, Ciorstag no había terminado - Y ahora dime - dijo, recogiendo los dientes de león y colocándolos en una botella de vidrio - ¿Cuánto tiempo vas a quedarte?

Rumpelstitskin miró a Belle. Por alguna razón, la pregunta le sacudió el estómago.

- No estoy segura - respondió Belle, jugando con un hilo suelto de su vestido - Detesto ser una carga para... la familia, de modo que espero que no sea mucho.

- No eres una carga - replicó Rumpelstitskin, sin pensar. Belle le miró, sorprendida por la sinceridad de su voz. La joven se sonrojó y empezó a balancearse sobre los talones, nerviosa. Ciorstag paseó la mirada de uno a la otra, alzando las cejas cada vez más. Antes de que ninguno pudiera decir nada más, la cortina de piel de venado de la botica se abrió y Baelfire entró al trote.

- ¡Papa! - exclamó, con los ojos brillantes - Gormal me acaba de decir que hay un panal a apenas un cuarto de milla bosque adentro. ¡Miel fresca!

- ¿Miel? - preguntó Belle animadamente, agradeciendo la interrupción del interrogatorio

- ¡Si! - respondió Baelfire, impaciente - ¡Pero tenemos que darnos prisa o alguien la cogerá primero!

- De… de acuerdo - dijo ella, perpleja. Le dirigió una sonrisa a Rumpelstitskin - ¿Vamos?

- Adelántate con Baelfire, nos reuniremos allí - le respondió, sintiendo unos ojos en la nuca. Ciorstag tambolireaba los dedos contra el mostrador de piedra y le dirigía una mirada bastante expresica

- De acuerdo - respondió Belle, mientras Bae tiraba de ella, impaciente. Los dos salieron de la botica y Rumpelstitskin cogió aire, volviéndose hacia Ciorstag, quien fruncia los labios.

- Asi que... una prima lejana de Grouch... humm... - comentó socarronamente, lanzándole un tallo y cruzándose de brazos. Rumpelstitskin le dirigió una débil sonrisa - Nos conocemos desde hace mucho - continuó Ciortag, con calma - Creía que me conocías demasiado bien como para esperar que me contentara con una historia tan floja.

Él suspiró.

- Está bien. Tú ganas. Es una joven que Bae encontró en el bosque. Está huyendo de un matrimonio concertado y se quedará con nosotros hasta que su prometido deje de buscarla.

- ¿Y eso es todo? - las comisuras de la boca de Ciorstag temblaron

- Sí, por supuesto, eso es todo - Rumpelstitskin frunció el ceño. No le gustaba lo que la expresión de Ciorstag parecía querer decir.

- Bueno, tal vez eso sea todo para ti - replicó Ciorstag rápidamente, resoplando mientras hablaba. Cogió una cesta de setas - Pero no para ella

- No seas idiota - refunfuñó Rumpelstitskin, guardando la jarrita de ungüento. Quería marcharse, pero la afilada mirada de Ciorsta parecía impedírselo.

- Nunca lo soy - respondió Ciorstag secamente, algo que Rumpelstitskin no pudo rebatir. Las fantasías no tenían lugar en la vida de Ciorstag.

- En ese caso, estás equivocada - murmuró Rumpelstitskin entre dientes. Le costaba creer que estuvieran teniendo esa conversación.

- Era ella la que te miraba con ojos de cordero degollado - remarcó Ciorstag, cogiendo un cubo de agua y poniéndose a lavar las setas.

- Ella no hacía eso - replicó Rumpelstitskin

- ¿Eres ciego, además de cojo? - inquirió Ciorstag

- ¡No! - exclamó Rumpelstitskin, exasperado - Sólo la estoy ayudando. Se irá pronto. No tiene intención de quedarse con un tullido viudo y su hijo. ¡Tiene cosas mejores que hacer!

Ciorstag dejó lo que estaba haciendo. Sus cejas seguían alzadas, dándole aspecto de halcón.

- ¿Por qué esa insistencia tuya en que ella no siente nada por ti? - Rumpelstitskin la miró, negándose a responder semejante locura - ¿Porque crees que ella no puede amarte? - su expresión se tornó letal. De haber podido, hubiese matado a Ciorstag con la mirada - Bien - ella lo despidió con un movimiento de la mano - Pero podrías liberarte. Es todo lo que tengo que decir al respecto.


- ¿Está muy lejos la colmena? - preguntó Belle, mientras Bae se apresuraba por el sendero del bosque. Aquello era algo que le gustaba de la aldea, no importaba a donde fuera, los árboles siempre les rodeaban, frescos y acogedores, acompañados por la charla de los pájaros y el riachuelo tejiendo un caimino metódico y perezoso. Baelfire el sonrió

- No mucho - aseguró, acelerando el paso - No puedo esperar a llegar. Hace tiempo que no tenemos miel fresca.

- La miel es fantástica - concordó Belle - Si hay suficiente, tal vez pueda preparar algunas chucherías para ti y para tu padre - No era una gran cocinera, pero si pudiera reunir los ingredientes, podría preparar algunos dulces.

- ¡Oh, sí! - exclamó Baelfire alegremente. Belle se dio cuenta de que el agarre de su mano se estrechaba mientras reducía el paso un momento. Le miró, preocupada.

- ¿Ocurre algo? - preguntó, sorteando hábilmente una rama, sin dejar de mirarle

- No... - respondió, exhalando lentamente - Es solo que... me gusta tenerte aquí, Belle. Ojalá pudieras quedarte un... un poquito más.

Belle esbozó una sonrisa.

- Bueno - dijo, agachándose para esquivar una rama baja que Baelfire sorteó on facilidad - A mi también me gusta estar aquí, Bae.

El chico se quedó pensativo un momento. Belle se humedeció los labios, disgustada por la melancolía que se respiraba en el ambiente. Antes de poder cambiar de tema, Baelfire volvió a hablar.

- A papa también le gusta que estés aquí - comentó con cautela, como si estuviese fuera de lugar

Los ojos de Belle brillaron sobre su animada sonrisa.

- ¿Qué te hace pensar eso?

- Ahora sonría más - le confesó Baelfire, deteniéndose un momento - No puedo recordar... la última vez que se echó a reír. Pero se ríe contigo - la miró mordiéndose el labio, esperando su reacción con ansiedad.

Belle no estaba segura de qué debía responder a eso. Por suerte, no tuvo que hacerlo, dado que los ojos de Baelfire se iluminaron.

- ¿Oyes eso? - preguntó, impaciente. Belle escuchó con atención. Un zumbido bajo llenaba el ambiente. La colmena estaba cerca.

- Bien, ¿qué quieres que haga? - le preguntó al chico, contenta por poder cambiar de tema - Debo admitir que no sé nada sobre robar miel a las abejas

Baelfire consideró la cuestión, frunciendo el ceño.

- Espera aquí - respondió, con decisión - Yo iré por la miel. Sé cómo hacerlo.

- ¿Seguro, Bae? - replicó Belle, preocupada - Seguro que hay algo que yo pueda hacer

El chico movió la cabeza con fuerza

- No, milady - dijo osadamente - ¡Podría recibir un picotazo! No podría vivir si mi señora resultara herida en mi presencia - hizo una amplia reverencia y Belle se echó a reir

- Está bien, como quieras - le revolvió el pelo oscuro - Esperaré a vuestro regreso, mi buen caballero

Baelfire hizo otra reverencia y se escurrió en dirección al zumbido. Suspirando, Belle se apoyó en un roble, admirando el paisaje a su alrededor. Estaba en un pequeño valle, templado por algunos retales de sol. El viento traía olor a agua fresca y flores. Belle estaba feliz.

Problema. Problema, problema, problema. ¿No debería haberse marchado ya? Su plan, al poner los pies en casa de Rumpelstitskin, era quedarse un máximo de dos semanas, pero ya había pasado un mes. ¿Qué estaba haciendo? ¿Acaso ya no quería viajar, ver mundo, vivir aventuras? ¿No era esa la razón por la que dejó a Gastón? ¿Porque no quería acabar atrapada en esa vida provinciana?

Se dio cuenta de que el deseo de ver mundo no había desaparecido. Todavía estaba ahí... pero había un nuevo anhelo, algo que ardía bajo su piel y serpenteaba en su estómago. La asustaba. Cruzó los brazos sobre su pecho, intentando pensar con lógica.

Pero antes de poder escucharse a sí misma, escuchó otro sonido. Era un zumbido extraño, superpuesto con una voz femenina. Al principio, pensó en las abejas, pero era un sonido aislado, no un enjambre. Se acercó, escuchando con atención

- ¿Hola? - preguntó con curiosidad

- ¡Ayuda! ¡Por favor, ayuda!

Los ojos de Belle se abrieron de par en par. Siguió las súplicas hasta un arbusto de lilas. Se arrodilló y descubrió una trampa para pájaros. Atrapada en ella, había una pequeña figura con forma de mujer, vestida de rosa, con las alas enredadas. Belle ahogó un jadeo. Se trataba de un hada. Sus ojos estaban enrojecidos y húmedos

- ¡Por favor, ayúdame! - le suplicó - ¡Por favor!

- Por supuesto - murmuró Belle, sobreponiéndose rápidamente a la sorpresa - ¡Por supuesto! - sacó una pequeña cuchilla de su corsé y cortó la trampa, apartando los restos cuidadosamente. De repente, una nube de humo y chispas golpeó la nariz de Belle, haciéndola estornudar. Se frotó los ojos. Para su asombro, la pequeña hada tenía ahora su tamaño.

- ¡Gracias! - casi la tiró al suelo al abrazarla - ¡Muchas, muchas gracias!

- Er... de nada - se las arregló para responder, atrapada en su abrazo - R-realmente eres...

- ¿Un hada? - hizo una reverencia, riendo - Sí. ¡Me llamo Nova!

Belle la miró, fascinada. Por supuesto, había oído hablar sobre las hadas, pero nunca había visto una. Nova era especialmente adorable, con su particular vestido. Divertida, se dio cuenta de que tenia los ojos de un basset. Siempre se había imaginado que las hadas serían algo menos... torpes. Pero había algo en la en la genuina dulzura de Nova que la atraía.

- ¿Cómo te has quedado atrapada en esa trampa, si puedes tener el tamaño de un humano? - le preguntó, curiosa. Nova se sonrojó.

- Oh, cielos - empezó a balbucear. Pizcas de purpurina caían conforme hablaba - Estaba volando más bajo de lo que se supone que debería hacerlo... no pude resistirme, el bosque está tan bonito en esta época del año... Y vi el arbusto de lilas y quería olerlo, sólo unos segundos, y pensé "debe ser increíble para las mariposas oler estos arbustos" porque son tan pequeña, y las lilas deben parecerles enormes. Así que me encogí para olerlas, y fue glorioso, pero me quedé atrapada en esa estúpida trampa para pájaros y no podía llamar a las otras hadas porque estoy a prueba, y se supone que no debería volar tan bajo, porque estaba cargando con polvo de hada... ¡OH! - las delicadas facciones de Nova se tiñeron de terror.

- Er... ¿Nova? - Belle apenas había entendido la mitad de sus balbuceos, pero la cara de terror la puso nerviosa.

- ¡El polvo de hada! - lloriqueó - Se supone que tenía que entregarlo, ¡y lo he perdido! ¡Oh, no! - empezó a rebuscar entre los arbustos frenéticamente

- Tranquila - Belle intentó tranquilizar al hada exhausta - Lo encontraremos, seguro que no está lejos.

- ¡Lo he perdido! - Nova intentaba contener el llanto, pero enormes lagrimones empezaban a caer de sus ojos - ¡Oh, mi maestra se va a enfadar mucho!

- ¿Tu maestra?

- Sí, sí, Reul Ghorm, el Hada Azul - Nova sorbió por la nariz - Me está entrenando, pero creo que no lo hago muy bien. No creo... no creo que pueda llegar a ser hada madrina.

- Estoy segura de que vas bien - le aseguró Belle - Creo que serás un hada madrina maravillosa - se puso a ayudarla a buscar, con algo más de calma. Localizó un saco a poca distancia del arbusto. Fue a buscarlo y se lo tendió a Nova - ¿Era esto lo que buscabas?

- ¡Oh, gracias al cielo, gracias al cielo! - canturreó Nova - ¡Me has salvado dos veces!

- No es para tanto, yo no lo llamaría rescate - replicó Belle, divertida - Sólo ten más cuidado la próxima vez. Y no te tomes los errores tan a pecho. Los fallos demuestran que estamos aprendiendo, no que estamos fallando.

Nova se quedó mirando a Belle, con ojos brillantes.

- Eres maravillosa - afirmó - ¡Me gustaría darte un regalo! - excitada por la idea, se puso a aplaudir, casi tirando la bolsa otra vez. Belle la ayudó a sujetarla.

- No podría aceptarlo - Belle sonrió - Sólo ve y vive tu sueño, vale?

- ¡No, no! - insistió Nova - No puedo dártelo ahora. Tengo que pedirle permiso al Hada Azul primero. Pero... me gustaría concederte un deseo. Como haría una verdadera hada madrina.

- Oh... yo... tartamudeó Belle - Ni siquiera sabría qué pedir...

- Bueno - respondió Nova con seriedad - Necesito algo de tiempo, así que ves pensando en ello. Debe haber algo que tu corazón desee. Y cuando lo sepas... ¡llámame!

Belle vaciló. Un deseo concedido por un hada proclive a los accidentes no parecía el regalo más práctico, pero herir los sentimientos de Nova estaba fuera de toda discusión.

- Está bien - aceptó - Acepto agradecida tu regalo, y te prometo que lo haré.

Nova se agitó, deleitada, y volvió a espachurrar a Belle en un abrazo.

- ¡Belle!

Ambas se volvieron. Baelfire la estaba llamando

- Tengo que irme - dijo ella, con tono de disculpa - Espero verte pronto, Nova.

El hada asintió y se produjo otra nube de humo y purpurina. Belle se quedó mirando a la pequeña hada rosa volar, cargando su saco. Esbozó una sonrisa. Aquel bosque era realmente mágico.

- ¡Belle! ¿Dónde estás!

- ¡Aquí! - le llamó. Baelfire apareció entre los árboles, cargando varios panales de miel. Resultaba obvio que había empezado a probarla, dado que su cara estaba cubierta de sirope.

- ¿Dónde estabas? - le preguntó, con la boca llena de miel

- En ningún sitio - respondió Belle sonriendo - Vamos a casa.


Encontraron a Rumpelstitskin en la puerta. El hombre se echó a reír cuando vio la cara pegajosa de Baelfire y Belle no pudo dejar de notar que la risa parecía quitarle años de encima. Tal vez el niño tuviera razón. Los ojos de su padre parecían menos atormentados y temerosos y parecía... parecía casi guapo ahí de pie, bajo la débil luz, abrazando a su hijo.

Baelfire corrió dentro. Belle hizo ademán se seguirle, pero Rumpelstitskin la detuvo un segundo. Vaciló tímidamente, mirando a todas partes, menos a ella.

- ¿Qué pasa? - le preguntó Belle, balanceándose nerviosamente sobre los talones. El sol se estaba poniendo y por alguna razón los cálidos colores a su alrededor creaban una atmósfera para la que no estaba segura de estar preparada.

- Yo... - Rumpelstitskin se aclaró la garganta. De su espalda sacó una rosa y se la ofreció. Los ojos de Belle se ensancharon - Una... una anciana estaba vendiendo flores - explicó nervioso, como si esperara que la rechazara - Aquí... aquí tienes... si la quieres...

Ella se sonrojó.

- Gracias - la aceptó con una reverencia. Él le sonrió y Belle se dio cuenta de que ella, al igual que Belfiere, tenia la capacidad para quitarle años de encima. Le miró mientras entraba en la casa, sintiéndose ligera. Después olió la rosa. Mientras su aroma embriagaba sus sentidos, se dio cuenta de qué era lo que más deseaba... y era un deseo que ningún hada podía conceder.


- Disculpe - un hombre alto, de cabello oscuro y buen porte interrumpió a Kentlegrit mientras empaquetaba sus mercancías.

- ¿Qué quiere? - le espetó

- Estoy buscando a alguien - dijo el joven - Una joven. Creo que ha podido pasar por aquí.

Kentlegrit le miró, haciendo una mueca

- ¿Y quien sois?

Él se cruzó de brazos y le miró con frialdad.

- Soy Sir Gastón. Y estoy buscando a mi prometida.


N/A: Por fin os traigo este capítulo! Entre que no sé por qué se me ha hecho eterno y que se me vinieron encima los exámenes... u.u en fin, ya tengo tiempo y ganas para ponerme a escribir, así que esperad historias n.n

Tengo pensado continuar lo que tengo pendiente, pero también hay bastantes cosas que me apetece escribir, así que no sé lo que vendrá primero. As always, dadme por saco, que sabeis que me encanta y trabajo más :P

Respecto a este capítulo...

"Because she didn't want to be trapped in that provincial life?" Es una pedazo de referencia a la letra de la peli que me ha dolido mucho no poder mantener, porque en castellano dice "yo sé que existe un mundo para ver" (VO: "there must be more than this provincial life") y no me gustaba como quedaba u.u Después de probar varias combinaciones, al final decidí traducirlo tal cual.

Y por cierto... ¿no habéis muerto con la parte de la rosa? Pues que sepais que (si no recuerdo mal) ahora se avecinan más momentos "my feels"

Por esta vez, no voy a traducir ni contestar reviews, porque hace mucho que me los mandasteis y estaría como desfasado... y tengo un snily esperándome jurjur

As always, thanks to Phoenix-Talon for giving me the permission to translate this. I'm sorry I took so long :( but... here it is!