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Ryogana: Espero que este nuevo capítulo te guste. Besos.

Capítulo tres: El futuro es hoy

A veces sentía curiosidad y quería volver a Lily Luna Potter, para saber cómo estaba el futuro ahora que había sobrevivido. La noche anterior al viaje, constantemente se había hecho la misma pregunta mientras intentaba conciliar el sueño. Qué casualidad que salía de una preocupación que no le permitía dormir, como el pasado y Lord Voldemort, para entrar en otra.

Como la aparición de una niña de nueve años y la posibilidad de destruir su futuro por completo.

– Veo que limpió el jardín, es diferente de lo que recordaba. – dijo para romper el incómodo silencio desde que habían abandonado el hospital. Era de lo que menos quería hablar, pero no tenía muchas opciones, sentado en una silla de ruedas y sin otra salida más que soportar el tour guiado.

– Sí, fue idea de Hermione. – respondió Harry con una sonrisa, apartándose de la silla por unos minutos para caminar hasta un par de margaritas. Se hincó para tomar la más grande y atractiva, poniéndose de pie luego y limpiándose sus ligeramente desgastados jeans, para entonces regresar sobre sus pasos y colocar la flor en manos de su profesor. – Tenía razón sobre el jardín, necesitaba un poco de atención. O más bien, yo diría que mucha atención. Fue una actividad de lo más interesante. ¡Incluso Kreacher estuvo dispuesto a ayudar! No creerá lo mucho que ha cambiado, ya hasta ha dejado de llamar Sangre Sucia a Hermione.

Cerró los ojos ante el pesado sonido de esas palabras, pero ya demostraba demasiada debilidad con el simple hecho de encontrarse en aquella silla de ruedas, como para también hacer de cuentas que la expresión le molestaba.

Puso toda su atención en la margarita que tenía en sus manos, ignorando el hecho de que sostenía una flor entre sus dedos, sin ninguna razón en especial. No pudo evitarlo y acarició sus pétalos suavemente con sus pulgares, inundándose momentáneamente sus fosas nasales con su fuerte aroma a pasto mojado.

– Finalmente la guerra terminó. Finalmente… – a pesar de las palabras de Harry, ni siquiera alzó la vista de la margarita que tenía en frente. – Y ahora tenemos la oportunidad de empezar de nuevo. Hacer lo que queramos.

Yo no.

Ambos.

Otra vez recordó a Lily y la oportunidad que le estaba brindando a su propio padre y volvió a sentir ese incómodo remordimiento que lo obligó a empujar su silla hasta la mesa que estuviera más cercana, para colocar la flor sobre su madera e intentar ignorar ese sentimiento.

– Profesor Snape, hay algo que quisiera decirle. – escuchó el tamborileo de sus dedos en uno de los muebles tras él y no lo pudo evitar, tragó con fuerza a pesar de que dolía. Físicamente al menos. – He estado pensando en ello durante un largo tiempo ya y ahora que ha sobrevivido, supongo que debería atreverme a decirlo.

Probablemente no podría detenerlo de decir la verdad, pero quizá no tenía que corresponderle. Si se había casado una vez y lo había superado, entonces podía hacerlo de nuevo.

– ¿Ah sí? – dijo el hombre, mientras el joven asentía y caminaba en su dirección con una copa de vino tinto de elfo. Potter dudó por unos segundos, pero imaginó que su profesor podría beberlo. O al menos un poco.

O tal vez dudó de decir lo que tenía que decir. No había forma de saberlo hasta escucharlo.

– Sí. – dio un pequeño sorbo a su copa y se sentó en el reposa brazos de uno de los muebles, para encararlo. – Había estado reuniendo el valor justo para sincerarme al respecto, pero temía enfrentar la verdad de que no sobreviviría. Seguramente le resultará gracioso, pero recuerdo que usted me preguntó qué estaba haciendo en el hospital ese día y me parece que no fui del todo sincero con usted al respecto.

Intentó probar el vino para distraerse pero su sabor fue demasiado para su lastimada garganta, así que no tuvo más opción que escuchar y poner su mirada sobre los brillantes ojos verdes de su ex estudiante.

– No es fácil para mí decirlo, pero creo que no tiene sentido que siga intentando ocultarlo y negándome al hecho de que en verdad está sucediendo. Que es algo que en verdad estoy sintiendo.

Sabía que debía decir algo, pero Harry Potter se había puesto de pie y apartado ambas copas de su vista, inclinándose hasta estar a su nivel. Que aún no pudiera caminar era una sensación por demás de desagradable. Ni siquiera podía escapar.

Obedecer a Lily Luna y aceptar la realidad o encontrar una forma de esfumarse del mapa y salvar su futura vida.

– Lo he conversado abiertamente con Hermione, solo ella lo sabe.

– Vaya satisfacción. Qué bueno…

Pero Potter solo sonrió ante su sarcasmo. – Profesor, yo…

– Potter, soy un hombre viejo. Demasiado yo diría. 32 años mal vividos que ya comenzaron a pesar, además de ser la pesadilla certificada de muchas generaciones de estudiantes que pasaron por mi cátedra. He pasado la mitad de mi vida pagando por todos los errores que he cometido y mientras lo hacía, cometía muchos más. – dio un profundo suspiro, ignorando lo pesado que se sentía su cuerpo tras el coma. – Soy detestable.

– ¿A qué se está refiriendo exactamente? Me temo que no comprendo.

– No lo sé. ¿A qué se refiere usted, Potter?

El muchacho se apartó, caminando hasta la cocina y apoyando sus brazos sobre la larga mesa del comedor. Lo podía ver desde el pasillo que comunicaba el salón con dicha habitación y le dio la impresión de que se encontraba muy ansioso, pero no estaba seguro de cómo continuar alargando la conversación hasta que tomara una decisión sobre si permitirle cambiar el futuro o dejarlo tal como estaba y conservar la vida de los tres hijos que iba a tener.

La brisa que provenía del jardín se sentía ligeramente fría y pensó distraídamente que el invierno estaba por llegar.

– Verá, esto no es fácil, ni más ni menos. Lo he estado pensando mucho y creo que si no soy sincero conmigo mismo, le haré daño a muchas personas que aprecio. Especialmente a Ginny.

Prestó atención a lo último y por un momento creyó que lo mejor era guardar silencio y escuchar el resto.

– Ella espera que sus sentimientos le sean correspondidos, pero no creo poder hacerlo en verdad. Estuve pensando que me casaría si usted muriese, puesto que no habría otra persona con la que hubiera querido estar, excepto Ginny quien me ha acompañado durante todos estos años y con la esperanza de que tal vez consiga amarla con el tiempo. – el tono afligido de su voz, a pesar de encontrarse frente a frente con un hombre que había aprovechado cada una de sus debilidades para hacer un chiste, prácticamente se encontraba "desnudo" y expuesto, como si no le importara en lo más mínimo.

– Pero de qué demonios está hablando. ¿Acaso no recuerda quién soy o se golpeó la cabeza muy fuerte durante la guerra? – no quiso darle tiempo para responder, así que continuó. Quizá era mejor así, que se desencantara y volviera a su plan inicial. Tal vez no iba a ser feliz, pero dudaba que lo fuese a ser con él en algún momento. Ni siquiera estaba seguro de lo que quería para sí mismo y menos podía satisfacer las necesidades amorosas de un jovencito en sus diecisiete o dieciocho años. – ¿Ha olvidado la relación que hemos tenido, a lo largo de los años en Hogwarts?

– Lo sé, es curioso ¿no? – a pesar de lo que decía, el muchacho parecía tranquilo. – Pero uno no escoge a la persona de la cual se enamora. Supongo que usted no habría escogido a mi madre, de haber podido.

– Probablemente no habría escogido al amor del todo. No me trajo más que problemas y me temo que ésta vez, no será la excepción.

– De todos modos creí que era lo correcto. Que debía decírselo. – Potter finalmente se dio la vuelta y no pudo notar otra cosa que sinceridad en su rostro, además de un esfuerzo prácticamente sobrehumano para sostenerle la mirada y tener el valor de decir la verdad. Y sintió un poco de miedo. Algo que no era totalmente nuevo para él y que prefería no volver a experimentar en su vida. – Me alegra que haya sobrevivido, de verdad. Y sin que deba sentirse comprometido de alguna forma, espero que tenga una agradable estancia aquí. Estaré dispuesto a ayudarle si me necesita, pero no quiero que crea que estaré acechándolo día y noche, hasta que sienta lo mismo que yo.

– Tal vez hubiese comenzado con simplemente no decírmelo y no estaría pensando en eso ahora mismo.

– ¡No es como si fuera a sacarle ventaja de alguna forma, mientras duerme o no esté consciente de sus alrededores! No soy esa clase de persona, ni se preocupe.

¿Por qué diantres le hacía caso a una niñita de nueve años? Ahora estaban en la misma casa, completamente solos y no quería ni imaginarse lo que podría pasar. Estaba seguro de que podía comportarse, pero no podía decir lo mismo del joven que a pesar de que virtualmente lo había rechazado, no dejaba de sonreírle.

¿Cómo había transformado tantos años de abuso y rencor, en un sentimiento de amor tan fuerte? ¿Qué sentido tenía? ¿Qué acaso le gustaba sufrir de gratis? Ahora temía que le hubiese causado un mal irreversible. Tal vez adicto al maltrato y al rechazo.

– De vez en cuando recibimos visitas, así que quizá no nos encontremos tan solos como piensa. Y ahora le mostraré su habitación, será la más grande y con mayor ventilación. La sanadora dijo que necesitaba entrar en contacto con la naturaleza y recibir un poco de aire. Dijo que jamás había visto a un hombre tan pálido como usted y eso que ha tratado con vampiros.

– Ja Ja, muy gracioso de su parte. – fue la única respuesta que dio, asombrado de la facilidad que tenía el muchacho para romper la tensión y cambiar el tema de dirección. Probablemente un mecanismo para ocultar el sufrimiento y olvidarlo de a ratos.

Harry fue el primero en entrar, sin embargo él se mantuvo junto al marco de la puerta y con sus manos posadas sobre la vieja madera. No se sentía precisamente cómodo con la idea de cruzar la única barrera que lo mantenía lejos de Sirius Black.

La idea de sentirse cómodo en un lugar que le había pertenecido a él en vida.

– Kreacher puso sábanas nuevas y limpió hasta el último recoveco en esta habitación, así que dudo que encuentre alguna criatura mágica o ratón del que preocuparse. Tiene su propio baño, así que creo que es lo que usted necesita. – se acercó hasta un escritorio junto a la ventana y colocó un par de tarros llenos de poción sobre el mismo, cuidadosamente y en perfecto orden. – La sanadora también dejó una receta que debemos seguir al pie de la letra y un plan de ejercicios. Aunque no quedó muy claro si los realizaríamos usted y yo o si debiera volver a San Mungo para cada sesión. Me aseguraré de escribirle e informarme mejor. – se mantuvo en silencio por unos segundos, pero luego pareció recordar algo más. – ¡Y oh, por cierto! La profesora McGonagall escribió y le pareció muy buena la idea de que se quedara conmigo y no en San Mungo o en el castillo. Cree que quizá un ambiente diferente, lo ayude a sanar mucho más rápido. Debo recordar escribirle por la mañana y comentarle que todo está... bien.

– Sí, claro. No olvide enviarle saludos a mi madre y tampoco olvide decirle, lo mucho que la extraño.

– Estoy seguro de que la profesora McGonagall también lo extraña. Le dejaré solo mientras converso con Kreacher sobre el menú que tendremos de ahora en adelante. Comida para dos.

No estaba seguro de que debía pensar al respecto pero le dolía mucho la cabeza como para continuar analizando el mismo punto, una y otra vez. Se empujó hasta detenerse junto a la cama y sin dudarlo, sacó su varita de uno de los bolsillos de su túnica.

Levitarse a sí mismo hasta la cama, sin duda que le causaba cosquillas.