Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, yo solo deje fluir mi imaginación creando una historia un tanto diferente.


Let me go – Three doors down.

Emergency- Paramore.


Capítulo 3.

"Si pensabas que me iba a largar, estabas muy equivocado. La razón es que no dejaré de esperar. ¿Así que estás escuchando?¿Así que estás mirándome?"


Edward supo, desde el momento en que la vio llegar en la mañana, que algo no andaba bien. La forma en que sus pies se retorcían y aquellos dientes blanquecinos mordiendo su labio con tanta fuerza, no eran signos positivos de un día maravilloso en aquella relación que ambos llevaban.

Y a pesar del gran beso que le había proporcionado a inicios de la mañana, su corazón le indicaba que existía una falla entre la total verdad que ambos guardaban. Sin embargo, jamás le podría pedir a ella más de lo que tenía, si él no había sido completamente sincero ¿Porque ella habría de serlo? Muchas veces se había reprochado ese hecho, el tener veinte y cuatro años, con una carrera a medias y una serie de proyectos futuros por cumplir, no ayudaba a la idea de ser verídico con la única mujer que ha amado en toda su vida, pero hacerlo sería un gran error por un lado y un gran acierto por otro. Si él se revelaba tal y como era podría perderla, y lo sabía.

Las clases continuaban aburridas como siempre, Ben y Mike se encargaron personalmente de que Edward disfrutara todos y cada uno de los berrinches que el profesor de lógica-un viejito setentón con poco cabello y algunos dientes-armaba por culpa de sus compañeros.

Si bien es cierto, todos ellos amaban su carrera y esperaban cumplir su profesión con la mayor de las ansias que han vivido, sin embargo les resultaba algo complicado comprender que utilidad le podrían dar a una materia como lógica en su profesión, he ahí el origen de la burla al profesor de dicha materia.

Edward terminó sus clases a eso de las tres de la tarde, saliendo de Anatomía III, y se dirigió sin pensarlo dos veces a la cafetería donde Bella se encontraría, al menos pensarla le resultaba bastante (¿) fortificante después de una mañana y tarde completas a cargo de profesores insaciables en la facultad de medicina.

Tomó el autobús y se detuvo en la parada cinco, dos paradas antes que su destino. Y lo hizo porque, desde el ángulo de su ventana, las cosas no pintaban para nada bien.

Un flash brillante y cegador le recorrió ambas corneas, trayéndole a colación memorias claras y dolorosas. Y por supuesto, ese flash estaba compuesto de una curvilínea figura femenina, con cabellos castaños y lacios y piernas fuertes y muy bien moldeadas.

–¿Qué haces aquí? -le preguntó poco cortés, dejando libre aquel aspecto de su vida que pocas personas habían llegado a conocer.

–Hola -le saludó la mujer de ojos rasgados y profundos-. Realmente, Edward, has perdido todo lo caballero que tu madre un día te inculcó -ella se mofó de él, a sabiendas de la real verdad, conociendo que tan solo ella podía inspirarle ese tipo de reacciones a simple vista.

–No quiero preguntarlo dos veces, Kate –los ojos del cobrizo se entrecerraron y sus manos fueron empuñadas al instante–. ¿Qué-carajos-haces aquí?

–En realidad Edward, no tengo el menor interés en verte a ti; como te habrás dado cuenta, no me afectan tus groserías desde hace bastante –se rió, sin que un solo cabello de su perfecto liso y cerquillo luciera fuera del lugar–. Sin embargo, mi tía –agarró con fuerzas el pequeño morral entre sus manos y lo lanzó con delicadeza contra su espalda, mostrando así el perfecto escote que aquella blusa verde le otorgaba–, ha tenido la delicadeza de invitarme a su cumpleaños, que por cierto se celebrará en casa de tu madre –le sonrió seductora en un vano intento y se acercó a él con amabas manos dispuestas a arreglar el cuello de su camisa–. Tal vez, y solo tal vez podamos… recordar viejos tiempos –con un susurro algo asqueroso para Edward y dos besos en cada una de sus mejillas, la mujer se retiró dejándole absorto en la mitad de la calle.

Después de despertar de un letargo algo desagradable, Edward negó con la cabeza y continuó su camino. Si en realidad Kate decía la verdad -como pocas veces lo hacía- solo tendría que aguantarla un par de horas en su casa, y el resto perdería importancia en cuanto ella se marchase.

Entró a la cafetería con gusto, aspirando el sabroso aroma a donas recién hechas y pastel repleto de merengue, saludó a un par de empleados y se detuvo a pies de la barra, donde su novia siempre le esperaba con una bolsa de papel llena de dulces.

–Hola, Frank –le saludó al cocinero con una sonrisa en los labios después de varios minutos–. ¿Has visto a Bella?

–¡Hey Ed! En realidad, campanita salió de aquí hace un par de horas, supuse que iría a la facultad para recoger algún examen o algo así, aquí solo pasó la mañana después de sus dos primeras clases.

–Es… –Edward dudó vario segundos en formular una respuesta, sabía que Bella pediría aquel puesto a toda costa y en la universidad sus clases apenas y habían comenzado, sin embargo no podía decirle la verdad a Frank porque hacerlo sería ponerla a ella en duda–. Sí, ahora que lo recuerdo, me comentó algo de un trabajo de biología, tenía que entregarlo por el tiempo que paso en Forks.

–Entonces todo bien entre ustedes, ¿eh? –preguntó el hombre de cuarenta años, jefe de Bella desde hace ya un buen tiempo–. Vamos chico, tomate un café conmigo, necesito un amigo sincero con quien hablar.

Edward se debatió entre salir corriendo para buscar a su novia, o quedarse y ganar puntos con el hombre que más la conocía aparte de él.

–Está bien –murmuró acomodándose y recibiendo de buen agrado la taza blanca y humeante que ahora reposaba en sus manos–. Creo que también yo necesito alguien a quien contarle mis penas.

Ambos rieron.

–En realidad Edward, he estado pensando en Bella estos días, y no se me ocurrió mejor persona que tú para ayudarme a tomar una decisión.

–¿Acerca de qué? –cuestionó curioso el cobrizo.

–Bella siempre necesita dinero -Edward suspiró internamente-. Y no creas que no me doy cuenta, trabaja aquí dos turnos y guarda cada centavo como si fuera oro, casi no almuerza y si no fuera por ti estoy seguro que tendría un empleo más y nada de tiempo para estudiar.

–Puede que tengas razón en ello -concordó el joven terminando su cappuccino–. Pero ella quiere las cosas así, y bueno… Yo la amo, más que a mi vida en realidad, pero sé que no cambiará de parecer aunque yo se lo ruegue. Se lo he pedido varias veces, ya sabes, solo tomar un turno y pasar más tiempo conmigo o estudiar más para sus exámenes finales, o visitar a sus padres más seguido; finalmente ellos y su carrera son su motivación para llevar esta vida que tanto quiere, pero nada de lo que le digo funciona Frank, y a veces… –agachó la cabeza–. Solo a veces, me canso de intentarlo.

–No puedes –murmuró con voz áspera el hombre bonachón por primera vez en su presencia–. Si tanto la amas, no puedes dejar que ella consuma su vida de esa forma, permitiendo que sus segundos sean gobernados por el sucio dinero. Bella es más que eso Edward, y lo sabes, por ello deberías tratar de cambiarla.

–¿Qué se supone que haga? –reclamó él levantando la cabeza, con los ojos cristalinos y los nudillos blancos por presionar con tanta fuerza la barra donde la taza de porcelana reposaba–. A veces, Frank, pienso que ni siquiera le importa lo que tenemos, ¿Cómo lucho por ella cuando es la misma Bella la que se encarga de ahuyentarme? Me trata con amor cuando estamos solos, y cuando comienzo a hablar de un futuro se tensa tanto que su cuerpo fácilmente podría explotar, yo solo… Quiero estar con ella para siempre, aún cuando suene muy cursi, la amo… Pero no puedo seguir intentando algo que ella no quiere que intente.

–También te ama –habló Frank después de varios segundos–. Más de lo que crees, pero ella necesita alguien fuerte, un apoyo Edward, tal vez no me creas, pero en cuanto llegó al pueblo estaba completamente sola y sin padres ni nadie a su lado, así que tienes que tomar una decisión en cuanto a su relación, si quieres algo serio con ella propónselo, no esperes a que ella tome una decisión por los dos.

Edward suspiró.

–Desde hace algunos meses llevó una idea en la cabeza, pero cada vez que tengo intenciones de decírselo el miedo se interpone entre nosotros y se lleva esa parte de mí.

– ¿Qué tienes en mente, muchacho?

–Bella, ella trabaja mucho por sus padres y su carrera, y podría apostar que el dinero lo utiliza correctamente, pero como humano que es merece algo mejor, dormir en un lugar más cómodo, no esa pensión donde vive, comer a sus horas, y tener algo en que entretenerse al menos los fines de semana, y bueno… Tal vez, si no tuviera que pagar sus propios gastos, podría relajar un poco el ritmo de vida que lleva.

Frank se rió.

–Estás loco si crees que ella dejara que pagues alguno de sus gastos.

–No hablaba de eso –murmuró tomando un puñado de manís que reposaban en un envase cerca de su mano–. Pensaba en vivir juntos, en alquilar un piso barato y trabajar a horarios iguales, yo podría conseguir que mi turno en la universidad lo dejen en la tarde, y apuesto lo que sea porque sus horarios serían fáciles de acomodar –los ojos de Edward brillaron por un instante, con la idea fija en su mente de establecer un hogar con la mujer que amaba–. Pero cada vez que lo pienso, comprendo mejor que Bella no aceptará.

–Bueno, muchacho, eso es lo que tú piensas, no lo que ella piensa –Frank le sonrió quitándole los bocadillos de las manos–. Edward, escucha a este viejo que algo más sabio que tú sí es: Bella te ama mucho más de lo que piensas y podría dejar algunas cosas por ti, te acepta tal y como eres y lo único que espera es que la aceptes por igual, sin importar su necesidad de dinero u otras situaciones que se presentan en su vida, y créeme que con esa promesa de vivir juntos algo dentro de ella cambiará –suspiró y limpió la barra con su trapo gris –. Al menos, inténtalo.

Muchos pensamientos se aglutinaron en la cabeza del joven. La idea de perder a Bella y la contraposición de tenerla para siempre, las perfectas tardes que había pasado a su lado viendo una película o cenando en casa de sus padres. Edward reconoció que Bella era la mujer que él quería a su lado desde que la vio, pero las veces que ella le mentía o la forma en que sus ojos brillaban cuando veían a una familia junta solo lograban confundir a Edward más de la cuenta. No concebía la terquedad de ella como un defecto, sino como una herencia genética, pues nadie que él jamás haya conocido se había comportado de esa manera en cuanto a decisiones.

Sin embargo, él sabía muy dentro de su corazón que podía fallar cuando leía sus ojos, y tal vez en esa falla se encontraban las soluciones a los vacíos que tenían entre el puente de relación. De alguna manera la idea de pedirle que se fueran a vivir juntos no le pareció tan descabellada y confió en las palabras de Frank con más entusiasmo del que un día hubiera deseado tener.

Salió de la cafetería y retornó a la universidad dispuesto a realizar su trabajo.

Pasó más de tres horas ayudando a jóvenes estudiantes del instituto con problemas en biología o anatomía y al final de la jornada no se detuvo en espera del autobús para su casa, en vez de ello caminó dos cuadras hasta una floristería y compró tres girasoles de distintos colores, después anduvo hasta el café de Frank para ver de nuevo a Bella.

La encontró con aquel horrible uniforme amarillo chillón que a ella le sentaba tan bien. Se escondió en el armario de escobas y en cuanto ella terminó de limpiar las mesas, le informó a Frank que iría por el trapeador. Bella abrió la puerta y, de la nada, dos fuertes manos la apresaron estrechándola entre un viril cuerpo y la pared.

–Te extrañé –susurró Edward antes de incrustar sus labios sobre los de ella con rudeza y anhelo, mientras sus manos recorrían los costados de su novia acariciándola con delicadeza para demostrarle lo mucho que la había pensado todo este tiempo. Al inicio ella se mostró renuente por miedo al susto que había pasado y, aunque Edward deseó por unos segundos no haberse comportado con ella de aquella forma, en cuanto las manos de su novia se hundieron en la selva de cabellos que el joven poseía, la preocupación huyó de su cuerpo y se dedicó a adorar a Bella tratando de mantener a raya sus impulsos.

–¿Te has dado cuenta del susto que me llevé? –le preguntó ella perdida en un jadeo cuando los labios de él le atacaron el cuello.

El asintió.

–Pero no podía un segundo más sin ti –susurró él ocasionando que la piel de aquella zona se erizara–. ¿Dónde estabas por la tarde? –separó su cuerpo del de ella apresándola un segundo más contra la pared con sus manos.

–Con el profesor de biología –le contestó ella acariciándole distraída la nuca–. Te hablé de la ayudantía que buscaba conseguir y, como sé que no gustas de la idea de un tercer trabajo, pues me puse manos a la obra yo misma.

–Ya, me he dado cuenta –murmuró él besando su frente–. Podías al menos avisarme, pase todo mi receso conversando con Frank.

–¿Tan terrible fue? –le preguntó ella besando con delicadeza el lóbulo de su oreja.

–No te haces una idea –le respondió él antes de atacarle con besos la boca.

"Toc" "Toc"

–Ustedes dos –habló Frank con una nota de picardía en su voz–. ¡salgan de allí ahora mismo!

Ambos rieron y salieron del armario de consejería tomados de la mano.

Bella pasó dos o tres horas trabajando, Edward no podría decirlo con exactitud porque tan solo se dedicaba a verla embelesado, mientras ella se movía diestramente con patines sobre aquel suelo resbaladizo.

–¿Nos vamos, guapo? –le preguntó ella en algún momento, él tan solo asintió.

Caminaron hasta llegar a casa de ella y golpearon el portón dos veces avisando a la portera que la última inquilina había llegado.

–Buenas noches –se despidió ella besándole con delicadeza la comisura derecha de la boca–. Nos vemos mañana.

–Espera un segundo –le pidió antes de alejarse de ella, entrelazó sus manos y le besó en la frente–. Tengo algo que decirte.

–¿Qué? –le preguntó ella abrazándole por el frío que azotaba las calles en esos días.

–¿Quieres vivir conmigo? –le soltó sin más.


Hola!

Valhe:Bueno chicas, no queda más que agradecerles a las que leen. Y esperar que les haya gustado el capítulo. Sé que me retrasé una semana en publicar, pero aquí tienen el cap. También sería importante que comenten, opinen o demás. Chicas, nosotras escribimos la historia porque nos gusta, pero también es bueno tener algo de motivación. Por el resto, en los próximos capítulos viene el golpe final jajaja. Ojalá y les guste.

Dejen reviews!

Besos

V&I