Yosano Suzume
Cuando llegué a mi casa estaba sola porque tio Yuki se había marchado al restaurante, me dejó una pequeña nota en la mesa y algo de dinero para que me comprase la cena.
El teléfono sonó y lo cogí algo ansiosa pensando que podría ser Shishio para devolverle la chaqueta.
- ¿Qué vas a hacer hoy? - La voz de Mamura me devolvió a la realidad.
- Tio Yuki hoy no vendrá en toda la tarde así que aprovecharé para estudiar con tranquilidad.
- ¿Quieres que vaya?
- No es necesario, mejor nos vemos mañana en la escuela – Mentí inconscientemente, sabía que si le decía algo sobre el sensei se preocuparía innecesariamente... o tal vez no.
Suspiré y miré mi móvil una vez más, había estado haciendo eso cada cinco minutos sin saber muy bien porque. Decidí concentrarme en el estudio antes de eso, sin embargo mi cabeza se distraía fácilmente con cualquier pequeño ruido.
Al fin recibí un Line del pelinegro, decía que aparcaría en la calle adyacente. Bajé a toda prisa y allí estaba el coche negro con el chico dentro fumando. Al verlo levanté la mano saludándolo y el bajó la ventanilla. Le ofrecí la bolsa a través y el la cogió dejándola en el asiento de detrás.
- Aquí tienes, muchas gracias por todo. Quería haber lavado la chaqueta pero no podía decírselo a Tio Yuki.
- Lo entiendo Chunchun, no te preocupes – Hizo una pausa y puso una cara engatusadora a la que era imposible negarse – Ya que estoy aquí ¿Querrías venir conmigo a dar una vuelta? Tengo que comprarle un regalo a mi hermana por su cumpleaños y me gustaría un consejo femenino, tiene más o menos tu edad.
- Bueno esta bien Sensei, pero deberías subirme un punto en el examen por este favor de amiga – Remarqué la ultima palabra esperando a ver su reacción, sin embargo su sonrisa solo se hizo más amplia. Debería sacarme las ideas de Yuyuka de la cabeza.
Shishio Satsuki
Nos dirigimos a un centro comercial que estaba bastante alejado del suburbio de Tokyo, tardamos aproximadamente 50 minutos en llegar. Me recordaba a las citas anteriores que habíamos tenido que siempre habían tenido que ser lejos del centro o lugares donde no pudiese encontrarnos alguien relacionado al instituto.
Una vez en el departamento pasamos por delante de una tienda donde habían artículos kawai y se detuvo a mirar unos pendientes con atención, tenían unos donuts de chocolate. Entré con la excusa del regalo y ella algo confusa me siguió.
- ¿Qué te parecen estas orejas de conejo? Te quedan bien - Se las puse en la cabeza y me dio un pequeño golpe.
- Shishio-sensei – Le tapo la boca con un dedo y la veo sonrojarse un poco.
- ¿Por hoy puedo volver a ser Tigre? *
- De acuerdo – Sonrió y me puso unas orejas de gato que había en el estante de su lado – Así si que puedes ser tigre.
Me acerqué a la dependienta mientras Suzume miraba unos anillos y le pedí ayuda para distraerla aprovechancho para comprar la joya de chocolate que había estado mirando con ojos golosos antes de entrar.
Con los pendientes ya en mi bolsillo discutimos sobre un collar con un búho que podía ser para mi hermana, sin embargo ella insistió en mirar más tiendas antes "por si encontraba algo mejor" . Al final cansados de recorrer diferentes tiendas volvimos a la del principio para adquirir el maldito pájaro.
Después de unas horas increíbles se hizo bastante tarde, no sabía como había pasado tan rápido el tiempo al lado de la sonrisa de la morena era efímero. Me hacía sentir tan grande, como si fuese un gigante a ras del cielo con solo estar a mi lado. De camino a casa estuvimos escuchando algo de música mientras hablábamos de cosas insustanciales. No entiendo como había podido estar tanto tiempo sin echar esto de menos.
- Sensei, ¿Qué dije la otra noche? - Le mire seriamente desde el asiento del copiloto.
- ¿No recuerdas nada?
- No – Sentenció.
Paré el coche en la esquina de su casa y saqué de mi bolsillo el pequeño regalo lanzandoselo sobre el regazo. Ella abrió el paquete y al verlos me volvió a mirar sorprendida. Antes de que pudiese decir nada hablé.
- Suzume, todavía te quiero – Apoyé la cabeza sobre el manillar sin poder mirarle a la cara – Te quise, te quiero y te querré. Siento que no he sido sincero hasta ahora pero no puedo rendirme con mis sentimientos cuando sé que dentro de ti todavía sientes algo.
- Sensei, no me confudas más – Explotó a llorar confundida y con voz entrecortada continuó. – Siempre haces lo mismo, desde lo que pasó en el hospital habíamos decidido acabar con esto. Yo estaba feliz con Mamura y llegas tú como un huracán para que todo vuelva a ser un lio. Crees que estás apostando por mi pero no lo haces realmente, esto lo haces por ti. ¿Dejarías de ser profesor? ¿Enfrentarías a tio Yuki? Porque yo por ti si lo hubiese dejado todo atrás, tu solo te aferras a ti mismo y nunca arriesgas todo por alguien. Yo quiero a Mamura y estoy apostando todo por él, sin engaños, sin mentiras y sin medias tintas. Así que por favor... Ponle fin a esto. No puedo aceptar tus sentimientos.
Bajó del coche y me puse a llorar sin parar, no sabía cuanto tiempo hacía que las lágrimas habían estado en mi cara. Era un maldito inútil.
Daishi Mamura
Había estado cerca de casa de mi novia cuando había visto como Shishio y ella se habían marchado en el coche sonriendo.
Lo sospechaba pero no podía acabar de creer que Suzume me hubiese traicionado de esta manera. Sabía de sobras que cuando se trataba de ella intentaba muchas veces ocultar cosas para no hacer sufrir a otras personas, pero conmigo siempre había sido diferente.
Ella conmigo podía hablar de Shishio, de Yuyuka, de su familia y de sus miedos. Nunca me había ocultado nada, incluso siempre había sido directa con sus sentimientos conmigo. ¿En qué momento se había acabado esto? Y lo que más me preocupaba es no saber el porque, quizás era mejor no saberlo.
Me encogí de hombros y volví a casa escuchando música.
Shishio Satsuki
Llegué al bloque de apartamentos y saludé con una sonrisa al portero. Por fuera parecía que estaba bien mientras que por dentro no paraba de gritar, todos mis sueños se estaban desvaneciendo mientras sus palabras destrozaban mi alma una por una. Quería su olor que todavía estaba en mis fosas nasales, escuchar su risa y ese dolor del corazón encogiéndose.
Notaba como no tenía sentido nada de lo que había pasado hasta ahora si no podía recuperarla. Sufría cada instante. El móvil sonó y tenía la esperanza de que quizás podía ser ella.
- Satsuki – Enseguida reconocí la voz de mi hermana.
- ¡Hermana, que alegría escucharte! ¿Como estás?
- Satsuki – No me había percatado de que su voz sonaba triste hasta la segunda vez que pronunció mi nombre – Es por tu padre.
- No me interesa en absoluto.
Colgué al momento. Desde que había decidido ser profesor él y yo nos habíamos distanciado, fue un duro golpe para los dos. El había insistido mucho desde pequeño en que yo debía ocuparme de la empresa familiar y no quiso tener la más mínima empatía para entender que no era lo que yo quería. Así que cuando empecé mis estudios me dijo que no volviese. El teléfono volvió a insistir de nuevo.
- No cuelgues. Es grave, si no fuese así no te llamaría para nada de papa. Así que escúchame de una maldita vez.
- ¿Qué le pasa?
- Es mejor que vengas aquí...
*Guiño a la cita de Suzume y Shishio donde él le dice que no lo llame sensei y lo llame tigre.
Continuará
