Capítulo 4
Mina había sido instalada en una de las habitaciones principales de la mansión, no en las habitaciones de huéspedes, sino en una que servía como estudio.
Aunque Kunzite se había negado, alegando que pronto serían marido y mujer y que lo mejor sería se instalara de una vez en la habitación de él, la rubia le había dicho que necesitaría su propio espacio, aun después de casados, no quedándole más remedio al platinado que acceder a aquel capricho.
La cuenta regresiva para el "Gran Día" comenzó a correr, y a partir de ese momento, la apacible y tranquila vida de Yaten en aquella gran mansión había cambiado.
Mina era como un torbellino que iba de aquí a allá y de allá para acá, dándole vida a la que una vez fuera una triste y silenciosa casona, cosa que el chico reconoció; el desfile de gente no se hizo esperar, pues, con la boda en puerta, los organizadores del gran banquete, así como amistades de la rubia entraban y salían ultimando los detalles.
La mujer no tardó en adaptarse a aquél lugar, y comenzó a dar instrucciones para que empezaran a dar mantenimiento o a hacer los arreglos necesarios en los salones que se ocuparían para el evento "Lo bueno que no quería sentirse ama y señora de todo…" pensó él al ver como su futura madrastra supervisara que todo quedara perfecto.
El muchacho solo se limitaba a observar como la servidumbre y el personal contratado por su padre y la rubia para la organización del enlace andaba como hormiga trabajadora y como Mina se concentraba en su boda. Desde aquél día en el que ella lo tocara, no había vuelto a pasar nada entre ellos, salvo algunas miradas que ella le dirigía, no habían tenido otro contacto, cosa que al chico le inquietaba un poco.
¿Acaso a ella no le interesaba? Tal vez, él solo se había confundido un poco y Mina de verdad quería brindarle una amistad sincera, darle ese apoyo femenino que no había tenido. Pero entonces, ¿por qué se había estremecido ante aquella caricia? Era cierto que nunca había tenido novia y que jamás había estado con una chica (ni siquiera había tomado de la mano a alguien) pero no era un niño y tampoco un estúpido como para no darse cuenta de las sensaciones de su cuerpo.
Además, las miradas que ella le dirigía… realmente no sabía cómo interpretarlas. Algunas veces lo miraba normal, como un chico común y corriente, otras ni lo veía, como si no existiera, pero las otras… eran las que lo inquietaban. Su mirada era tan profunda, tan subyugante… eran de fuego, como si lo invitara a acercarse, como si se tratara de un cazador que tienta a su presa a caer en una trampa para después devorarlo, ¿de verdad Mina quería devorarlo? Y cuando este tipo de miradas aparecía, el muchacho platinado no podía evitar que sus mejillas se encendieran violentamente.
Además, y sorprendentemente, el chico se dio cuenta de que le molestaba ver a Mina en brazos de su padre o que se comportaran cariñosamente, dejando salir a flote un poco de ¿celos? No, no podía sentirse celoso por la mujer de su padre, ¿o si? Y lo peor de todo era que parecía que Mina se había dado cuenta de eso y lo hacía a propósito, como si le divirtiera ver como el muchachito la celaba.
Por su parte, Mina no encontraba la forma de volver a acercarse a aquel niño mal encarado que observaba en total silencio el bullicio en el que se había convertido aquella propiedad.
Y es que la boda la tenía muy emocionada, de hecho, las bodas eran su evento social favorito (por eso había tenido 2 anteriores e iba por la tercera), además de que Kunzite había logrado que el Arzobispo se contactara con el mismísimo Papa para que anulara el primer matrimonio religioso de Mina (con Saijo solo se había casado ante la ley), por lo que, volvería a vestirse de novia.
Por otro lado, el gentío que había en la mansión le impedía hacer cualquier cosa que pareciera sospechosa hacia aquél mozalbete platinado objeto de sus deseos y bajas pasiones, porque eso era Yaten para ella, la cosa más tentadora con la que ella se había topado en toda su vida, ¡y eso que había tenido amantes al por mayor!
Pero ninguno, ninguno de ellos le habían provocado esa fijación que su futuro hijastro le provocaba, ninguno la había impactado como Yaten desde la primera vez que lo vio y ninguno la había hecho estremecer como el chico lo hizo al contacto de su piel.
El único que parecía no darse cuenta de aquella tensión y creía que todo iba a las mil maravillas era Kunzite.
La incursión al mundo de los negocios lo tenía bastante emocionado, por lo que se había centrado al 100 en sus asuntos, dejando que su adorada Mina se encargara de todo lo que hacía falta de los preparativos, y como veía que Yaten no decía nada ni se había comportado mal en esos días, pensó que por fin el chico había superado su etapa rebelde y se felicitó a sí mismo por el hecho de haber llevado a Mina a su casa.
Creía él, que la mujer le daría a Yaten la atención y el cariño que al muchachito le había hecho falta, y no le quedaron dudas de eso cuando los vio en la banca a orillas del lago mientras ella le daba una reconfortante caricia.
En ese momento supo que Mina era la mujer indicada tanto para él como para su hijo.
E.I.
Antes de lo esperado, Kunzite tuvo que hacer sus primeros viajes de negocios, cosa que había provocado un nuevo disgusto a Yaten.
- Habías dicho que sería después de que te casaras – le recriminó el muchacho, con la mandíbula apretada.
- Si lo sé hijo, pero así son los negocios. Cuánto antes se empiecen, mejor – le respondió el general, quien estaba terminando de alistar su maleta en el despacho.
- ¡Pero no es justo! Apenas y me estoy acostumbrando a ella.
- Vamos Yaten, no seas exagerado. Tú y Mina se llevan bien, además, aunque esté concentrada en los detalles de la boda, te pondrá atención si es necesario.
- ¡Pero padre!
En ese momento, Mary entró al despacho.
- Señor, el señor Neflyte ya está aquí, lo está esperando.
- Gracias Mary, enseguida voy.
Kunzite se acercó a su hijo y depositó un beso en la frente del platinado.
- Regresaré pronto – y sonriéndole, lo dejó parado en medio del despacho.
Yaten se acercó a la ventana que daba hacia la entrada de la casa y observó como su padre salía y saludaba a Neflyte, quien, al igual que su padre, era general retirado del ejército escocés y amigo de éste.
El muchacho platinado lo conocía desde que tenía uso de razón, pues Neflyte y su esposa, Lady Molly, eran amigos cercanos de sus padres.
El chico hizo un mohín a observar como Mina saltaba a los brazos del platinado general, besándolo apasionadamente a modo de despedida. Pronto sintió que el estómago se le revolvía y se alejó de la ventana.
Genial, lo había dejado solo con la rubia, con la tentación hecha mujer revoloteando como mariposa cerca de una flor sin atreverse a posarse, porque eso era lo que hacía ella, solo le coqueteaba y no se acercaba.
Y luego estaba Artemis, el condenado gato de la rubia; Yaten no entendía esa animadversión por parte del animal.
Cuando se enteró que la "nueva integrante de la familia" venía con mascota incluida, una pequeña emoción se apoderó de él, como niño pequeño.
El chico amaba a los animales, sin embargo, nunca se le había permitido tener una mascota por los constantes ataques de asma que sufría de pequeño, por lo que, al saber que un gato habitaría en su casa, lo lleno de cierto júbilo.
Cuál fue su decepción cuando, intentando acercarse a aquél hermoso felino, este comenzó a gruñirle y a actuar de forma defensiva, lanzándole un zarpazo en la mano "ni los animales me quieren" pensó.
Por lo que desde entonces, Yaten y Artemis no se soportaban.
E.I.
Un día, Yaten llegó de la escuela con un pequeño bulto en sus manos. Mina lo vio llegar y corrió hasta donde estaba el chico.
- ¿Qué traes ahí? – preguntó ella curiosa
- Qué te importa – respondió él, con gesto ceñudo.
- Qué malhumorado eres Yaten – le respondió poniendo una mano sobre su cadera – a ver, déjame ver.
La rubia le quitó de las manos una pequeña bola de pelos y soltó un gritito de emoción al tener frente a sus ojos un pequeño gatito negro de ojos azules.
- ¡Es precioso! ¿Dónde lo encontraste?
- Afuera de la escuela. Estaban a punto de atropellarlo.
- Ay. ¿Y ya sabes qué es? – le preguntó ella mientras examinaba al gatito.
- No
- ¡Yaten es niña! ¡Es una linda niña! – dijo ella mientras restregaba su nariz contra la del minino - ¡Será una perfecta compañía para Artemis!
- ¿Y quién dijo que es para Artemis? – dijo el chico, mientras le quitaba al gatito de las manos – Lo traje para que me haga compañía a mí.
- ¿A ti? ¿Por qué? – preguntó la rubia - ¿acaso yo no soy suficiente compañía?
El mordaz comentario de Mina había tenido efectos en el platinado, quien rápidamente, la miró sorprendido, sintiendo como se sonrojaba.
La rubia le dirigía una mirada pícara, y después de haberle guiñado el ojo, procedió a subir a sus habitaciones, dejando a un chico con las mejillas encendidas en el recibidor.
Yaten volvió a fruncir el ceño, malhumorado por aquel comentario, y llamó a gritos a su sirvienta.
- ¡Mary ¡MARY!
- Si joven
- Prepara por favor un poco de leche tibia y busca algún trapito que no sirva para este gatito por favor y llévalo a mi cuarto.
- Si joven.
E.I.
Yaten había pasado toda la tarde encerrado en su habitación con la pequeña minina a quien había bautizado con el nombre de Luna. A diferencia de Artemis, Luna parecía sentir empatía con aquel muchacho que la había salvado de morir.
Pronto el chico escuchó el sonido de un auto estacionarse ¿será papá? Se preguntó, mientras se dirigía a la ventana.
Vio el carro estacionado pero no vio descender a nadie y Mary no había ido a llamarle.
Salió de su habitación y se dirigió hacia la de su padre, descubriendo la puerta semi abierta. Al asomarse, Yaten perdió el aliento ante lo que vio.
Mina había salido de bañarse y se encontraba completamente desnuda; su piel aún estaba húmeda y su cabello se amoldaba a la perfección a su figura.
Caminaba con la agilidad y gracia de un cervatillo mientras buscaba la ropa que se pondría. ¿Qué diablos hacía Mina en la habitación de su padre tendiendo ella la suya?
La rubia era tan hiperactiva que no sabía qué hacía allí, pero no pudo dejar de observarla.
El chico abrió mucho los ojos y se sonrojó ante aquella hermosa Venus; sus senos eran un par de hermosos melocotones y los rosados pezones parecían deliciosos caramelos que deseaba llevarse a la boca, su tersa y blanca piel se adivinaba suave como durazno, sus piernas eran largas y torneadas, sus curvas eran delicadas y preciosas, sus glúteos se veían exquisitamente firmes y el área del bikini estaba perfectamente depilada: solo unos dorados vellos adornaban aquél paraíso.
El corazón de Yaten comenzó a acelerarse cuando vio que Mina sacaba unas diminutas bragas y un brasier a juego de una de las cajoneras. Odió cuando la Diosa cubrió sus tentaciones con aquella ropa interior, solo dejando traslucirse los marcados pezones a través de la tela.
En ese momento, el gato de la rubia pasó entre las piernas del chico, haciendo que éste tropezara y cayera, captando la atención de Mina.
- ¿Quién anda ahí? – preguntó la rubia mientras se cubría con la toalla. Yaten aún yacía en el suelo, repegado a la pared, rogándole a Dios que a la rubia no se le ocurriera asomarse al pasillo.
Mina se quedó esperando respuesta, y al ver la puerta semi abierta se acercó. Sin embargo, Artemis saltó hacia el interior de la habitación, maullándole a su dueña.
- ¡Artemis me espantaste! – dijo ella, mientras se acercaba a cerrar la puerta.
E.I.
El platinado respiró aliviado y corrió a encerrarse a su habitación, cayendo de hinojos sostenido del pomo de la puerta.
Tenía los ojos desorbitados, el corazón latía con fuerza y un sudor bañaba su frente; la había visto, había visto a su madrastra en toda su desquiciante belleza, plena y hermosa, libre de toda vestidura caminar con gracia por toda la habitación.
¿Cómo iba a poder verla de nuevo a la cara sin recordarla así? Su blanca piel, sus glúteos, la redondez de sus senos… el chico volvió a abrir los ojos al recordar aquella escena donde el par de pechos se movían libres en un delicado vaivén, y los pequeños y erectos pezones lo invitaban a prenderse de ellos.
Comenzó a sentir la opresión que crecía dentro de su pantalón. Tímidamente, y sonrojado, se llevó la mano hacia su palpitante virilidad, la cual al primer contacto, le dolió como los mil demonios; era muy doloroso estar atrapado en un lugar tan estrecho como sus pantalones.
Incorporándose, se dirigió al baño. Abrió el grifo del lavabo y comenzó a enjuagar su rostro, sintiendo que el agua fría lo aliviaba.
- ¿Qué me estás haciendo Mina? – se dijo mientras se veía al espejo - ¿Qué voy a hacer?
El platinado pasó una mano a través de sus cabellos y se dirigió a su cama, perdiéndose en sus pensamientos.
Faltaba solo una semana para la boda.
Hola!
Uy! Las cosas cada vez se ponen más tensas entre Mina y Yaten, sobre todo después de que él la viera desnuda C:
Espero que este capítulo haya sido de su agrado! Gracias a Invento Fantasioso, Aynat Dremas, Kamisumi Shirohoshi y a Bombón Kou por sus reviews! No se pierdan mañana el próximo capítulo de La fuerza del destino!
Besos estelares Bombones! :*
