By H. Oliver. Disclamer aplicado.

Capítulo 3: nuevos


Cuando el rubio se marchó, el Uchiha impidió que el portal se cerrara por completo utilizando su técnica ocular. Con todo el esfuerzo, logró volver a abrir el portal. Tomó a Sakura de la mano, y cuando se disponía a atravesarlo, una espada de hoja blanca y filosa le atravesó el abdomen. De inmediato, el portal se cerró ante sus ojos.

Sakura entró en pánico cuando vio caer sobre sus rodillas al hombre que hacía unas horas le parecía el asesino más peligroso. Después de todo lo ocurrido, había una pequeña probabilidad de que realmente sus intenciones no fuesen tan sombrías como ella sospechaba. Pero ahora la sangre brotando a borbotones la alteraba. Y le avisaba de la posibilidad de quedarse realmente sola, sin nadie importante, o a quien ella le importara.

Las lágrimas le brotaron igual de caudalosas que la sangre del abdomen del moreno. Era una persona egoísta, lo único que le importaba era no quedarse sola. Era horrible. Seguramente siempre había sido así y le había hecho mucho daño a los que la rodeaban.

―Sakura, debes detener la hemorragia.

―Claro ―esnifó nerviosa―, qué debo hacer, solo dime qué debo hacer y lo haré, por favor. Por favor.

―Primero, cálmate. Luego, rompe mi camisa y átala alrededor de mi abdomen, hazlo con fuerza.

Sakura tomó la prenda y la rompió en tiras. Cuidadosamente cubrió la herida y mientras lo hacía, sus lágrimas cesaban. Al apretar con toda su fuerza el nudo, él se agarro a su muñeca con fuerza. Lo vio mojarse los labios, como si tuviera la garganta tan seca que le resultaba doloroso. Estaba pálido y su boca morada.

Estática, se mantuvo observando la herida cubierta. Poco a poco la venda improvisada contenía la sangre. El movió su mano hasta la de ella, y la tomó con fuerza. Ahora, en lugar de mirar completamente ida la herida, miraba las dos manos entrelazadas. Un pálpito de miedo, pánico y adrenalina se agolpó en su torrente sanguíneo. De inmediato lo soltó como si quemara.

Sasuke se había quedado dormido.

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―Desaparecieron por completo.

―No puede ser. No iré a Konoha sin Sakura.

―Pero, Naruto… Hinata.

―Hinata entiende. Hablé con ella antes de venir.

Ino miró con preocupación la escena. Sabía que la morena le decía que sí a Naruto porque era muy comprensiva y sacrificada, pero una mujer embarazada seguramente quiere estar con el padre de su hijo.

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Ya era mediodía y él no despertaba. La noche había transcurrido pesadamente, el día apenas se dejaba ver. Estaba poniéndose impaciente, tanto, que verificaba que estuviese respirando cada vez que se le ocurría.

Los ojos verdes se asombraron y aterrorizaron a la misma vez cuando miró el amanecer de ese lugar. Dos soles inmensos y candentes comenzaban a escalar el cielo. Se masajeó la frente, y entre susurros se decía a sí misma que debía despertar de una buena vez. Pero la pesadilla continuaba. Para su asombro, cuando la claridad iluminó el espacio, notó que estaba en un espeso bosque de árboles muy altos. Estaba segura, de que esa clase de árboles no eran algo normal. Costaba mucho ver donde estaba la copa, calculaba que midieran aproximadamente cien metros de altura.

La luminosidad del lugar al parecer despertó al durmiente. Que la llamó con su habitual y seria voz.

―¡Sasuke!

Cuando la escuchó nombrarlo no supo cómo evitar la nostalgia, aunque el kun no estuviese agregado.

―Este lugar en el que estamos, ¿qué es? ―lucía preocupada.

―Es una dimensión alterna. En cuanto me ponga de pie saldremos de aquí ―e intentó levantarse.

―No, discúlpame. ¿Cómo te sientes? Eso debió ser lo primero que preguntara.

―Mareado. Pero es normal.

―Déjame revisar esa herida. Mis manos deben tener algo de memoria, no sé, o algo así.

Observando como ella desanudaba la venda, volvió a recostarse.

―Eres una excelente médico ninja, Sakura. Con solo tus manos podías curar heridas de muerte. Te vi hacerlo.

―No me presiones, no, por favor.

Sasuke sonrió ladino.

―Solo estaba halagándote.

―Gracias.

Ella lucía concentrada en la herida. Trataba de recordar qué debía hacer.

Estar con ella era algo nuevo, pero inevitablemente por su falta de memoria en ocasiones le hacía mucho más fácil ser todo lo que siempre había querido ser pero él mismo no se lo permitía. Era un hombre nuevo, que había errado mucho para aprender, y ella, a su manera, también era nueva.

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El rubio caminaba con parsimonia por el bosque. Su hermana estaba esperando en las cercanías pero él no tenía ánimos de acelerar. Aún en la palma de su mano podía sentir el leve ardor de la bofetada que le había dado a Sakura. Y después de ese recuerdo, a su mente vino una mujer de cabellos largos y negros, con leves destellos azules y ojos blancos como perlas. Una mujer demasiado tierna, demasiado buena para su padre.

―Detente ahí. ―vociferó Naruto.

El joven se detuvo, su puño se cerró con ira y su rostro se desfiguró ante sus emociones.

―¿No tienes nada más importante que hacer? ¿Por qué demonios estás aquí?

―¿Quién eres y qué le hiciste a Sakura?

La brisa era leve, apenas levantaba algunas hojas, sin embargo, una gran acumulación de chakra que provenía de aquel individuo al que Naruto retaba, provocaba que todo lo que estaba a mínimo tres metros de él volara a un ritmo violento.

―Ve con tu esposa, maldito.

A grandes zancadas salió despedido del lugar, desapareciendo entre las sombras del bosque. Naruto se quedó, extrañamente, inmóvil.

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―¿Que hiciste qué? ¿Qué fue lo que te dije que no hicieras? ―la joven de cabello oscuro y ojos azules caminaba sobre el mismo lugar una y otra vez.

―Golpear, maldecir e insultar a alguien.

―¡Y eso fue lo primero que hiciste! Si Sasuke Uchiha muere, esto no tendrá sentido alguno. Y si nuestro padre descubre quiénes somos, puede ser muy peligroso.

―No morirá. Es una herida superficial. Y ahora no vengas con eso, que esta misión es más una cuestión de egoísmo que de heroísmo. ―Himawari se quedó sin argumento alguno para defenderse. Había mucha doble moral en los intereses que guiaban su misión ― En cuanto a Naruto, no dejé que me viera. Y mientras tanto Sakura y Sasuke están encerrados en la dimensión del bosque. Así que todo está bien, nadie podrá decirle nada.

―No sé qué es lo que intentas hacer, pero las cosas no pueden cambiar, excepto el hecho específico por el que vinimos, no pretendas cambiar nada más.

―Nada va a cambiar, por más que lo intente… ese hombre es muy testarudo ―terminó hablando entre dientes.

―Pues ese hombre es tu padre. Ya, basta.

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En la penumbra de la habitación podía distinguir la ropa naranja de Naruto, colgada en el armario. Miró la ventana ser atravesada por la luz de luna mientras acariciaba con cariño su pequeño vientre. En las últimas dos semanas había logrado abultarse un poco, pero aún así nadie lo notaba. Debía ser fuerte, debía ser la luz más radiante para Naruto. Y no pudo permitirse decirle a Naruto la noticia, porque sabía que lo pondría en una difícil decisión. Sabía que luego se sentiría culpable por dejarla, pero si no iba en busca de Sakura, también sentiría una culpa gigantesca. Así que prefirió aligerarle la carga, y esperar.

Lo único que deseaba cambiar, era la preocupación tan grande que le había causado no saber nada de su paradero. Tanta incertidumbre había, que el Hokage tuvo que enviar a un equipo especial para que encontraran a Naruto. Ella confiaba en él, de eso no había duda, porque él le había enseñado a confiar en ella misma, y así había descubierto cómo confiar en los demás. Sin embargo, después de un dos semanas sin noticias, después de no ver llegar siquiera un clon de Naruto, como él solía hacer en cada misión, los rumores estaban pareciéndole cada vez más verídicos.

Se acurrucó en la cama, sola y vulnerable, pero cubrió su vientre. Cayó bajo los efectos del sueño con rapidez, o al menos eso le pareció, y de inmediato entró al mundo de los sueños.

Afuera en las ramas de los árboles descansaba Boruto, observando a su joven madre del pasado. Ya sabía lo que iba a suceder, era esa la noche de la cual su madre le había hablado. En su rostro se reflejaba la angustia. Vio como Hinata giraba sobre su cuerpo mientras dormía, incomoda.

La morena vio en sus sueños a un hombre con una capa oscura y una espada de hoja blanca reluciente. La sombra de Naruto era lo único que podía distinguir, ya que el sol le quemaba los ojos. Escuchó como la espada cotó el viento y luego el sonido de carne y arterias ser cortadas velozmente. Un grito gutural, extraño, brotó de la garganta de Naruto. Ella sintió el aire escaparse de sus pulmones, el pecho se le volvió demasiado pequeño para su corazón y la garganta contenía un nudo tenso.

Cuando volvió a ver la espada, esta se deslizó sin piedad en su vientre, causándole mucho dolor. Hinata despertó sudando, con un fuerte dolor y un sangramiento inexplicable que había manchado toda su cama. Cuando vio aquello su garganta ya no producía sonido alguno. Como pudo salió corriendo al baño, imaginando lo peor.

En el jardín, Boruto lloraba desconsolado. Sentía tanta tristeza, tanto rencor. Su padre era el único culpable que su hermano mayor no pudiera vivir. Había permitido algo así, todo era su culpa. Ver a su madre sufrir de esa manera, y recordar cómo ella siempre fue así, sacrificada, bondadosa, solo le hacía querer partirle la cara a Naruto. Era la persona más hipócrita que conocía, siempre lleno de deberes con el resto, pero su familia era lo último. Respiró hondo, unos pasos se escuchaban entre la maleza. Himawari estaba pálida frente a él.

―No debiste ver eso.

―Tú tampoco.

―Yo… solo ―una lágrima brotó desde sus ojos azules― quiero irme de aquí.

Boruto la miró comprensivo, su hermanita, su pequeña hermanita también merecía un mejor padre, un mejor hermano. Se acercó a ella y la abrazó protector, sin saber muy bien qué decirle, optó por el silencio. Eran ninjas con una misión, y debían permanecer hasta cumplirla.


Entonces, finalmente sabemos quiénes son estos chicos realmente. La verdad es que Boruto y Himawari tienen un serio complejo paterno reforzado por situaciones lamentables como la que acabamos de leer. Nada mu favorecedor para su padre, tristemente. Y cada vez más conflictos e intereses salen a relucir por allí. Habrá que ver cuál es realmente la misión de estos dos. Y qué será del Sasusaku a partir de ahora.

Por ahora me despido, saludos

H. Oliver.