Weno, otro capi!!! spero que os guste. Voy a subir otra historia, así que si os pasáis por ella y me dejáis algun comentario... os estaría eternamente agradecida jaja.

Gracias por leer y disfrutad!!

Los Dursley y Potter Manor

Harry suspiró al ver la casa de sus tíos, aquella que no le traía más que malos recuerdos, y se paró, haciendo que Diana se parase junto a él. Ella miró el barrio con interés, y su mirada se clavó en el jardín inmaculado, y en las ventanas con visillos… no le daba el aspecto de un sitio muy acogedor la verdad. Había un aire de frialdad en la casa, de falta de vida, que completaron la impresión que le dio el suspiro de Harry, por el que parecía que se le había escapado el alma. Se volvió hacia él, repentinamente seria y dijo:

Harry, antes de entrar necesito saber una cosa.

Qué?

Es cierto que esos… muggles te encerraban en una alacena?

Sí… bueno, era mi cuarto – dijo el chico en voz casi inaudible. Diana apretó los labios con evidente furia.

Y te dejaban sin comer si hacías magia accidental?

Eh… sí - contestó Harry cada vez más incómodo.

Harry, se que es duro para ti, pero respóndeme sinceramente, ellos… alguna vez te pegaron?

… - él se miró la punta de los zapatos y dijo en un susurro – a veces… cuando hacía algo "anormal"

Esos asquerosos gusanos van a tener suerte si salen en lo que les resta de vida de la cárcel – dijo Diana con voz tensa y los puños crispados.

NO! No podrían … ponerles una multa o algo así? – exclamó Harry.

Porqué los defiendes?

Bueno, a pesar de todo son la única familia que me queda. Y pese a todo, me acogieron cuando podrían haberme dejado en la calle – explicó el chico.

Harry – Diana estaba enternecida. Harry había sacado la nobleza de su padre, desde luego, y la bondad de su madre – si tú no quieres, diré a mi abogado que no les metan entre rejas, pero te aseguro que se van a estar un buen tiempo haciendo trabajos sociales.

Bien.

Harry, eres demasiado bueno. – suspiró la mujer.

No lo creo – sonrió su ahijado.

Y así, atravesaron la calle y llamaron al timbre de la casa. Oyeron unos pasos en el interior, y los gritos y amenazas de Vernon. La puerta se abrió y tía Petunia apareció, con sus mejillas sonrosadas por la furia. Sólo vio a Harry, y comenzó a chillarle:

CÓMO TE ATREVES A IRTE ASÍ SIN DECIR NADA??!!! TODOS ESTOS AÑOS TE HEMOS VESTIDO, ALIMENTADO, TE HEMOS DADO UN SITIO DONDE DORMIR….

No creo que sea para vanagloriarse, Petunia – interrumpió Diana con voz gélida.

TÚ!!! – exclamó horrorizada Petunia, sus rasgos deformados por el temor.

Papá!! – llamó Dudley, que apareció detrás de su madre, con todo su enorme diámetro, y dijo con maldad – el anormal ha traído a casa a otra rarita como él.

Si no quieres que te convierta en besugo y te eche a los tiburones del zoo, te aconsejo que te esfumes de inmediato, bola de grasa – le gruñó Diana con sus ojos destellando malicia, y un gesto que aterrorizaba.

Harry se tapó la boca para no reírse, mientras Dudley gritaba horrorizado y corría en dirección al salón, para refugiarse detrás de su padre, que leía el periódico apoltronado en un sillón. Diana le siguió, y así lo hizo también Petunia, aún sin recuperarse de su shock.

Harry, ve a hacer el baúl.

Voy – y desapareció escaleras arriba.

Mientras recogía, estaba eufórico. Saldría de allí para siempre, se iría a vivir con Diana, nunca más tendría que volver a ver a los Dursley. Podría aprender todo lo que quisiese del mundo mágico. Pasaría sus vacaciones con la mejor amiga de su madre, viajando por todo el mundo. En aquel momento, Harry no podía pensar en algo que pudiese estropear su felicidad. Acabó en un periquete, tenía muy pocas cosas que empaquetar. Y bajó rápidamente, con el baúl en una mano y Hedwig en su jaula en la otra; y oyó la conversación que se mantenía en el salón.

… NO TIENE USTED DERECHO A RECRIMINARNOS NADA!!! – gritaba tío Vérnon – ES MÁS, AGRADECERNOS TENDRÍAN POR HABERNOS OCUPADO DE ESE MOCOSO!!!

ESE MOCOSO ES SU SOBRINO – gritó Diana, furiosa. Y Harry se estremeció, no la conocía de hace mucho, pero le había parecido una persona tranquila, tipo Remus, de las que no gritaban nunca – Y MI AHIJADO!!!! Agradezcan ustedes el que Harry no quiera que les envíe a la cárcel, por que les aseguro que de ser por mí, no pondrían nunca más ni un pie fuera. Y agradezcan también que deje todo en manos de mi abogado muggle, por que los magos no estarían muy contentos de cómo han tratado al salvador de su mundo. Y les aseguro que su castigo sería mil veces más duro que sus peores pesadillas.

Harry entró al salón y vio a los Dursley más pálidos que los fantasmas que andaban por Hogwarts, temblando ante la mirada, digna de Voldemort, de Diana. Harry sintió un tremendo orgullo por su madrina. Y se dio cuenta que en solo un día, prácticamente, estaba empezando a quererla como a una hermana mayor. Una sonrisa subió a sus labios cuando ella se giró y le vio. Sonrió igualmente, dulcificando su mirada para él, y dijo con voz imperiosa.

Tendrán noticias de mi abogado. Vamos Harry.

ESO, VETE, Y NO VUELVAS A PONER UN PIE EN ESTA CASA – gritó Vernon – NUNCA.

Descuida, no pensaba hacerlo – dijo el joven moreno y añadió burlón, tomándose su propia revancha – Tengo más de cuarenta casas repartidas por todo el mundo, así que para que querría venir a esta chabola.

MIENTES, MOCOSO!!!!

Mentir? – preguntó Diana, con voz suave – Harry no miente, acaso Petunia no te ha contado que el padre de Harry era uno de los hombres más poderosos de Europa? – Petunia palideció ante la mirada de su marido – Harry ahora es una de las personas más ricas del continente. Haceos a la idea.

Y diciendo esto, Diana agarró fuertemente a Harry, y ambos desaparecieron, dejando a Vernon echando espuma por la boca.

Lejos de allí, en la campiña, dos personas aparecían ante las verjas plateadas de una enorme mansión. Harry miró atónito su nuevo hogar. Potter Manor, la casa principal de los Potter, aunque no la más antigua, databa del siglo XVIII, y era una auténtica maravilla de la arquitectura neoclásica. La simetría imperaba en el edificio de piedra blanca, con majestuosas ventanas y escalinatas. Un camino llevaba desde la verja hasta la puerta principal, atravesando los jardines principescos, al más puro estilo inglés, que, aunque cuidados con esmero, daban la sensación de bosque, de naturaleza libre. Flores de diversos colores adornaban los lados del camino, combinadas según sus tonos. Y allí, encima de la enorme puerta principal, un escudo gigante, muy barroco, que entre plumas y flores, mostraba el blasón de los Potter, dividido en dos cuarteles, en la derecha un ciervo rampante (nda: s cuando l animal s mantiene sobre dos patas) con poderosas astas, con un sol sobre él; y en el de la izquierda, un león sentado, ambos cuarteles divididos por una larga espada que a Harry se le antojó muy familiar.

Te gusta? – preguntó Diana suavemente.

Es preciosa.

Espera a verla por dentro, y a que te enseñe el campo de quidditch y la piscina.

Tú habías estado aquí antes??

Claro, tus padres se casaron aquí, sabes? – dijo ella con una sonrisa melancólica – Y los Potter daban unas fiestas estupendas.

Mis… abuelos?

Sí. Las fiestas de Nochevieja eran preciosas – explicaba Diana mientras recorrían el camino hacia la casa, con sus cosas flotando detrás – Ponían un árbol enorme en el salón de baile, y lo iluminaban todo con burbujas doradas. Las fuentes se iluminaban con luces y hadas pequeñas bailaban entre los rosales.

Lo hechas de menos, verdad? – ella sonrió tristemente, mientras sus ojos se perdían en recuerdos de un pasado en el que tenía a su novio y a sus mejores amigos con ella, en el que un viejo egoísta no la manipuló para alejarla de sus seres queridos. Y Harry sintió la repentina necesidad de hacerla feliz, de verla sonreír de nuevo – Yo haré una fiesta!!

Cómo?

Haré una fiesta de fin de año, estas navidades, será como las que daban antes, ya verás!!

Eres muy dulce Harry – dijo ella con una sonrisa y los ojos anegados en lágrimas – te lo habían dicho alguna vez?

No llores – Harry la abrazó, sintiendo que había sido una mala idea – Si no quieres no hacemos fiesta.

Diana rió mientras llegaban a una rotonda, con una bellísima fuente en el centro que representaba a una nereida (nda: diosa menor del mar, normalmente como una sirena) que peinaba sus cabellos. Desde allí, la casa era tan grande, que a Harry le pareció que se perdería en su interior.

No, Harry, adoraría que hicieses otra fiesta. Además, te vendría muy bien. Tienes que establecer relaciones y aposentarte como el nuevo lord Potter, y lord Black, a la vez.

No me lo recuerdes – gimió el joven.

Diana rió y ambos subieron las escaleras que daban a las puertas de madera oscura, que se abrieron ante ellos. Apareció un vestíbulo de mármol blanco, con unas impactantes escaleras al fondo y decorado con estatuas clásicas de exquisito gusto. Y en fila frente a ellos, un montón de elfos domésticos, todos ataviados con una diminuta túnica rojo sangre, con el escudo de los Potter grabado en la pechera y unos botines puntiagudos dorados. Harry se les quedó mirando mientras una, al parecer la más anciana se acercó y dijo con una profunda inclinación.

Bienvenido, señorito Potter. Es un auténtico placer que el heredero haya vuelto a la casa familiar. Soy Wihelmina, la encargada de los elfos domésticos, y estoy a su disposición para todo lo que necesite.

Em, gracias, Wihelmina, te agradezco la bienvenida – dijo Harry algo incómodo al principio, pero fue cogiendo confianza – Si hicieses el favor de llevarme a mi habitación y preparar una para la señorita Miyami, te lo agradecería.

Por supuesto, milord, en seguida.

Y chasqueando los dedos, hizo que todos los elfos desapareciesen tras otra reverencia, regresando a sus quehaceres, y que dos de ellos desapareciesen con su baúl y Hedwig. Diana sonrió al ver como su ahijado se iba acostumbrando a tratar con sus elfos.

Siganme, por favor.

Gracias, Wihelmina – dijo Harry con una sonrisa – dime, llevas aquí mucho tiempo?

Por supuesto, milord, desde que su abuelo era niño.

Conociste a mis abuelos?

Sí, y a vuestro padre también, y a la señorita Lily, una bellísima persona, si me permite mi opinión. – Harry sonrió – Y déjeme decirle que definitivamente ha heredado el cabello de los Potter.

Ja, a que sí? – rió Diana – Es igualito que James.

Y que milord Christopher, también.

Sí, se parecen sí.

Christopher?

Tu abuelo – explicó Diana.

Oh – y de repente se dirigió a la elfina y dijo – Por cierto, Diana va a vivir aquí conmigo, por lo menos de momento.

Eso es estupendo, milord, la casa es muy grande para una sola persona. Creo que el cuarto azul irá bien.

Em, sí, estupendo y, Wihelmina, por favor, llámeme Harry.

Como guste, señorito Harry. Bien, este es su cuarto. Fue el de su padre, antes que el suyo.

Harry abrió la puerta, casi reverencialmente. Aquel había sido el cuarto de su padre, y con lo poco que sabía de él, era otra cosa que atesorar. Entró y encontró un cuarto enorme; entre las dos ventanas frente a la puerta había una cama con dosel, hecha en caoba, con los cortinajes y las sábanas y colcha en beige claro. La habitación se decoraba siguiendo ese esquema de colores, desde las estanterías y la mesa y los sillones de aspecto mullido a la moqueta y las cortinas. Había dos puertas que Harry fue a investigar de inmediato, una daba a un baño gigante, en mármol beige, con una bañera en la que podrías hacer largos si quisieses. La otra daba a un armario gigante, que Harry se preguntó si alguna vez podría llenar.

Te gusta?

Mucho, es… precioso.

El balcón es corrido – dijo ella – une las dos ventanas.

Es preciosa. Y me encantan los muebles. Pero no creo que pueda llegar nunca a llenar tantas estanterías… y el armario!!! Es gigante.

Diana rió, y dejó a Harry examinar más a fondo su cuarto mientras se dirigía, precedida de la elfina, al cuarto que le habían asignado, no muy lejos del de Harry. Dio gracias a la elfina, y le advirtió de que su equipaje llegaría al día siguiente; después usó la chimenea y dio unas cuantas órdenes en su casa, para que trasladasen algunas de sus cosas allí. Luego volvió al cuarto de Harry, tenía que hablar con él. Y le vio sacando unas ropas viejas y desgastadas, y obviamente de muchas tallas más que la suya, y frunció el ceño.

Vas a tener que deshacerte de eso – comentó.

Eh? Oh! No es necesario.

Permíteme discrepar. Lord Potter-Black no puede ir con esas fachas, Harry, debes concienciarte de que ahora eres una de las personas más importantes del mundo mágico, y no precisamente por ser el Niño-que-vivió.

Como si no fuese bastante! – exclamó este alzando los ojos al cielo.

Ya, Harry, pero es lo que hay. Además – miró las ropas con desagrado – con lo guapo que estarías con algo decente…

Si!! Seguro!!

Oh, Harry venga, eres guapo! Créetelo un poquito.

Bah! – desestimó él – Por cierto, crees que Remus querría venir a vivir con nosotros. Quiero contarle lo que me dijo Sirius, y averiguar si puedo liberarlo de Dumbly.

No creo que sea ningún problema. Además, me ayudaría a enseñarte.

Enseñarme? El qué?

Harry, - Diana se puso seria – sé que estás de vacaciones, y aunque te pueda sonar duro, tienes que entrenarte. Sé lo de la profecía… podría decirse que soy la única persona viva, aparte de ti y del viejo, que la sabe; y ahora que te he encontrado, que he conseguido tenerte conmigo, no voy a dejar que un estúpido megalómano psicópata te aleje de mi lado.

De… de verdad te importo? – susurró Harry, débilmente – Nos conocemos desde hace tan poco, y… y otra persona saldría corriendo al saber la profecía.

Harry – ella lo abrazó con fuerza, y él, algo sorprendido al principio, respondió al abrazo, sintiéndose protegido.

Y … qué vas a enseñarme? – preguntó Harry más tarde, mientras ambos hablaban un rato tras una cena deliciosa, y tras escribirle a Remus, que estaría allí en breve.

Deberías preguntar que NO voy a enseñarte – sonrió Diana, y con una chispa emocionada en sus ojos dijo – Lo primero será ir de compras… para ti y para Remus, necesitáis ambos ropa decente. Formal, semi-formal, casual, sport, muggle, mágica… - Harry la miró horrorizado, pensando en lo que se habían metido Remus y él – Luego, empezaremos de verdad. Protocolo, esgrima, artes marciales, legilimancia, oclumancia, magia sin varita, magia antigua, curación, ataque, defensa, política, hípica, baile…. Todo lo que hubieses aprendido desde muy niño si el viejo no hubiese intervenido; todo lo que cualquier heredero Potter aprende desde su más tierna infancia.

Me vas a convertir en un Malfoy dos!!!

Pues mira tú, es un buen ejemplo! No digo su irracional pensamiento sobre los hijos de muggles, pero sí… el joven Draco es un buen ejemplo.

Oh!

No hay nada de lo que te haya dicho que te apetezca? – preguntó Diana desanimada – Ni siquiera un poco?

Bromeas??!! Siempre quise aprender de todo eso… bueno, excepto el protocolo… y el baile, y la oclumancia… y las compras!! pero sobreviviré. Me apetece sobre todo la política, quiero saber qué tengo que hacer para cambiar al ministro incompetente que tenemos! Y hacer que el ministerio funcione!

Bueno, Harry, descubrirás que siendo un Potter, y lord Black, y conmigo a tu lado, hay muy pocas cosas que no puedas hacer.

Genial, contigo y con los Malfoy no habrá nada que se ponga en medio.

Sigues sin querer decirme cual es tu fantástico plan para salvarlos de Voldemort?

Ya lo sabrás.

Buf, me vas a matar de la impaciencia.

OH, venga, si vamos mañana a tomar el té.

Ya, pero es mañana!!

Siempre fuiste una impaciente, Diana – dijo Remus apareciendo de repente.

Remus! – Harry se levantó y lo abrazó, lo que el licántropo devolvió con agrado, le preocupaba como estaría su cachorro con todo lo que había pasado, pero parecía que Diana y él ya tenían una relación muy buena, a pesar de conocerse de un día.

Hola, Harry, qué tal estás?

Bueno – dijo él, sabiendo que a Remus no le podía engañar – me duele lo de Dumbledore, pero me alegro de tener a Diana.

Sí, yo también me alegro de tenerla de vuelta.

Gracias Remsie.

Bueno, chicos, que habéis planeado para las vacaciones?

Espera, espera – dijo Harry – tengo una pregunta.

Sí?

Snape no es del todo fiel ni a Voldemort ni a Dumbly, no?

… sí, es cierto.

A qué viene eso, Harry? – preguntó Diana curiosa.

Mmm, no os lo diré, pero, Di, podrías escribir a Narcissa para que mañana esté él cuando vayamos a tomar el té.

Harry!! Estás enfermo?? – exclamó Remus

Qué? Porqué? – preguntó el moreno despistado.

Quieres quedar mañana a tomar el té con Severus; y tú le detestas!!

Vamos, Remus, detestar es una palabra muy fuerte, no?

Muy bien, Harry, qué planeas? – dijo Diana, sospechando.

Ya os lo he dicho, es sorpresa.

Y es que al Niño-que-vivió, le gustaban mucho las sorpresas, le gustaba mucho preparar un plan perfecto, que todo saliese como esperaba y ver la cara de estupefacción de todo el mundo cuando quedaba a la luz. Sí, debía de ser su parte Slytherin; así que se sentó a escribir unas cartas a Ron y Hermione para explicarles todo lo que había pasado, mientras Remus y Diana discutían el plan de estudios que llevaría Harry aquel verano. Les contó todo, sin omitir nada, y pensó, mientras Hedwig salía volando por la ventana, si se pondrían de su parte, o de la del director. Luego, se unió a la conversación, planeando el itinerario que llevarían por sus posesiones en las vacaciones.