INDESEADO
(Unwanted)
Por LavenderGoddessV
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 4: Su recuerdo
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"Que tenga buena noche, mi Reina."
La suave voz de una sirviente regresó a Bulma a sus sentidos mientras miraba nubladamente alrededor del que había sido su dormitorio durante la última semana. "Cuándo entré aquí?" el vacío en su memoria pudo haberle causado algo de alarma si ya no hubiese estado experimentando similares síntomas incluso desde su llegada al estado de Vegeta. Desde esa noche, había estado entrando y saliendo de la realidad, intentando bloquear el desconsuelo que llamaba una vida.
La despedida de Kakarotto sólo había sido el comienzo. El sonido de la voz de Vegeta aún hacía eco por su mente cuando él, sin invitación o aviso, llegó a su dormitorio y expuso sus planes para lo que debió haber sido su última oportunidad para darle un adiós en privado al hombre que amaba.
"Es sabio que seamos vistos juntos durante la noche. Hará parecer nuestra subsecuente unión menos sospechosa. Haré el papel del responsable hermano que protege el amor de su hermano. Aunque estoy seguro que tu mente estará en otro lugar que en la ceremonia, pensé avisarte para que no te alarmes por mi presencia."
De todas formas lo había estado. Fue suficientemente traumante tener que sentarse y escuchar a un santo Saiyajín, quien sin duda nunca conoció a Kakarotto una vez en su vida, rezando impasivamente sobre lo 'honorable' que fue su muerte. Pero tener que sufrir el ritual junto a Vegeta, imaginó que si el infierno tenía una entrada para ella, seguramente era esa. Sentir el brazo de Vegeta alrededor de su cintura o un enguantado dedo secando sus lágrimas, fue una silenciosa tortura como ninguna otra que hubiese experimentado.
Con tal falsedad la consoló. Fue nada corto a nauseabundo observar a un hombre, quien detestaba el afecto, tener que hacer una creíble demostración de eso. Aunque pudo haber engañado a su audiencia, no lo había hecho con ella. Sabía cómo se veía la verdadera preocupación en el rostro de un hombre amoroso; lo había visto incontables veces con Kakarotto. Su consuelo no era nada como la impasiva tontería que exhibió Vegeta.
"Lo hiciste bien, para una mujer que confiesa despreciarme tan profundamente como tú." Él rió, como si hubiese algo divertido en el chiste que le ofreció después de regresarla a su dormitorio esa noche. Obsesivo como siempre, el bastardo posiblemente no podría haber notado que a ella no le importaba sus inminentes nupcias o lo que el público creyera sobre ella. Todo el día su mente había estado fija en el ataúd sin el cuerpo de Kakarotto, su vacío simplemente un reflejo de cómo se sentía por dentro.
Tan hueca, apenas podía conjurar el recuerdo de lo que debió haber sido el día más feliz de su vida: el día de su boda. Escasamente recordó a los sirvientes quienes la vistieron en un simple vestido azul que Vegeta había ordenado para la pequeña ceremonia. Recordó la vista de su armadura azul real mientras permanecía al otro lado de él, escuchándolo repetir sus inexpresivos votos, y luego la larga pausa que se extendió en el salón antes de que ella dijera los suyos. "Repite las malditas palabras," espetó Vegeta por lo bajo. Ella nunca olvidaría la amenazadora resonancia en su voz, ni las gentiles palabras de amor y devoción que habría escuchado de Kakarotto si sobreviviera.
Cuando el desastroso rito concluyó y el supervisor de la unión declaró que el 'marido' podía besar a su 'esposa', ella le había dado la fría mejilla justo a tiempo para evitar su afecto; no había querido nada de eso.
"Si ya terminamos, creo que me gustaría retirarme a mi dormitorio."
Ella no había pedido permiso entonces, simplemente lo alertó de sus intenciones. Ahí debió haber sido cuando le ordenó a la sirviente acompañarla, porque aquí estaba, en su lindo vestido, con sus sueltos mechones rizados y ninguna otra joya adornando su piel que el liso aro dorado sofocando su dedo.
Mirando el anillo rodeando su tembloroso dígito, sintió un flujo de lágrimas brotar de sus ojos mientras se daba cuenta exactamente de lo que significaba el pequeño símbolo, "También podría haber escrito en mi frente 'propiedad de Vegeta'." Ella tomó el cofre que guardaba todas sus posesiones superficiales y violentamente lo tiró al suelo, "Maldición!" Liberó una cantidad de maldiciones mientras comenzaba a pasearse por su habitación sollozante, rompiendo, tirando y derribando cualquier cosa en lo que pudiera poner sus manos.
Su voz se quebró mientras gritaba un ronco grito a todo pulmón. Sin objetos que destruir, comenzó a desgarrar su vestido, retirándolo de su cuerpo como si hubiese sido empapado en veneno. No quería nada de eso. No quería su anillo, su vestido, su maldita habitación; no quería ninguna parte de él! Lanzando su anillo al suelo sobre la pila de su descartada ropa, corrió hacia su armario y sacó un largo pijama de seda blanca. Una prenda que poseía, que únicamente era suyo y no estaba manchado con la deuda de un hombre del que no quería tener nada que ver.
Mi esposo…
Sonaba tan mal, pero aterradoramente era verdad. Estaba unida a un hombre que no amaba, que no la amaba. Se había estancado en lo que más había temido, un matrimonio sin emoción.
Golpeada por la impresionabilidad de su estado, Bulma se dirigió hacia su cama, retiró las cobijas y gateó bajo ella buscando confort. Totalmente protegida por el calor rodeándola, alcanzó y lentamente trazó el centro de la almohada junto a ella, donde debería estar la impresión de la cabeza de un hombre, la cabeza de su esposo, Kakarotto.
Pero no, Kakarotto no era su esposo. Por un cruel giro del destino su existencia ahora era la extensión de su hermano; un hombre que la había perjudicado ahora era su esposo, su esposo! Retractando sus dedos de la almohada a su lado, sintió un momento de alivio. Las cosas podrían haber sido peor después de todo. Ahora que estaban casados él fácilmente podría entrar en su habitación, demandando sus derechos y ella estaría indefensa para detenerlo. No es que hubiese perdido una buena pelea. No se acostaría y simplemente aceptaría como la última vez.
La última vez…
El recuerdo entró en su mente como un ágil ladrón en la noche. No había querido recordar, nunca quiso recordar, pero al cerrar sus ojos no pudo evitar sino verlo. El dorso finamente cincelado de su esposo descendiendo sobre el suyo, preparándose para enseñarle cosas que no tenía derecho de aprender. Esa noche, a cambio de conocimiento, él había tomado su posesión más grande, una posesión que no tenía derecho de tomar.
"Bueno, supongo que hay un beneficio de casarme con Vegeta," una escalofriante carcajada escapó de sus labios antes de que la línea entre la consciencia y la inconsciencia finalmente se torciera en un incontrolable bombardeo de recolección, "No tengo que explicarle por qué no soy inmaculada."
Estaba nerviosa. Al momento que su espalda tocó sus sábanas de seda, una terrible sensación de temor la llenó. Su cuerpo había sido encendido al momento que entró en su habitación. Y tan desinformada como lo estaba sobre sexualidad, su cuerpo le dijo muy claramente que esta palpitación que sentía sólo se calmaba bajo sus atenciones, las atenciones de Vegeta.
Un amigo de mucho tiempo, bueno, tal vez un título muy optimista, Vegeta nunca había sido el más caballeroso de los hombres cuando se refería a ella. La había provocado, insultado y en más de una ocasión la había avergonzado, burlándose de su juventud o inexperiencia. Una parte de ella siempre esperó que lo hubiese hecho para meterle algo de realidad a su temeraria mentalidad, pero lo sabía mejor. Una parte de Vegeta estaba perpetuamente destrozada, la parte de él que alguna vez había sido buena en él. Lo había visto pasar después de la muerte de sus padres.
No había sido sorpresa cuando comenzó a escuchar de los métodos más horrorosos de guerra que había comenzado a implementar. Tan enfurecida por la muerte de su padre, una parte de ella saboreó la idea de que aquellos que hubiesen ayudado en el asesinato ahora estuvieran pagando la misma humillación, pero mientras el ardor de su muerte lentamente se iba desvaneciendo, su sentido de moralidad regresó, a diferencia de Vegeta, quien no experimentó rebote. Él continuó hundiéndose más y más en su obsesiva búsqueda de venganza, maldiciendo a quien se atreviera a cruzarse en su camino durante el proceso.
Pero esta noche pareció receptivo, finalmente dispuesto a abrazar algo que no tenía que ser dominado por el odio. Le pidió acostarse con él, cómo podría negarle a un moribundo un salvavidas? Tal vez si pudiera ayudarlo a despertar el buen hombre que sabía dormía en su interior, un fragmento del joven inocente que murió junto con sus padres podría resucitar.
Era una extraña sensación besar a Vegeta. No había sido su primera vez tocando labios con un hombre, por supuesto. Ella y Kakarotto habían experimentado mutuamente, su curiosidad sacó lo mejor de ellos. Pero los besos de Kakarotto no habían sido nada como esto. Vegeta no era tan inexperto como su hermano. Sus caricias, eran mucho más ejercitadas, como si conociera cada curva de su cuerpo que deseaba sentir con sus manos recorriéndola.
"Mmm… eso se siente bien," ella se sorprendió de admitir mientras su espalda se arqueaba bajo un poder propio. Perdiéndose gradualmente a sus suministros, casi perdió su divertida respuesta.
"Bien? Bien es lo que llamas un beso en tu mano por un conocido. Esto, Bulma, es lo que llamas pasión." Ella se estremeció cuando tomó las delgadas tiras de su pijama y gradualmente comenzaba a bajarlas por sus hombros. Pasmada, movió sus brazos para regresar las tiras a su lugar. Sin embargo, su vergüenza sólo pareció divertirlo, "No luzcas tan sorprendida, mi lady; honestamente crees que pueda enseñarte los caminos de un hombre y una mujer sin remover todas las barreras artificiales?"
Tenía razón por supuesto; ella no sabía lo que había estado pensando cuando le hizo la oferta, tal vez una esperanza de que experimentarían tan inocentemente como ella y Kakarotto. Pero por supuesto, estaba equivocada. Este era Vegeta, y nada sobre él era inocente. "Vegeta, tal vez esta no sea tan buena id-" él cubrió sus labios con los suyos, silenciando sus protestas. Su beso había sido tan adormecedor que apenas registró sus suaves dedos regresar a sus hombros. Sujetó de nuevo las tiras y completó su propósito original. Era tan lento, tan gentil, la hacía sentir a salvo.
Rodándolos de costado, él bajó completamente el pijama de su cuerpo. Ella pateó la delgada prenda mientras él rodaba de nuevo sobre ella. Sus ojos la devoraron. No había tenido nada bajo su pijama, pero ahora deseaba que sí. Cada pulgada de su cuerpo estaba expuesto a él; nunca había querido cubrirse tanto como en ese momento. "Hermosa," halagó él roncamente permitiéndole a sus dedos libre movimiento sobre su desnudo cuerpo.
"Vegeta," gimió ella nerviosa. No estaba segura de lo que estaba pasándole a su cuerpo. Se estaba calentando e incomodando, su irritación comenzaba a centralizarse entre sus muslos. Sabía que tenía que estar mal, lo que estaban haciendo, pero no podía vociferarlo, especialmente no mientras él bombardeaba sus sentidos con la consumadora presencia de su poderoso cuerpo.
"Ya estás comenzando a humedecerte por mi," ella no tenía idea de lo que significaba, pero la repentina sensación de un cálido líquido emergiendo de su centro y brotando por sus regiones inferiores la hizo sentir aún más cohibida. Qué estaba pasándole? "Es natural," habló él como si pudiera leer su mente. Presionando una mano contra su estómago, alivió su tenso cuerpo contra la cama. "Permíteme mostrarte."
La última visión que imaginó ofreciéndole fue el rígido miembro que equivocadamente había apretado antes en sus pantalones, pero sus pantalones no estaban más presentes. Estaba arrodillado sobre ella, tan desnudo como ella, mientras alcanzaba para tomar sus manos. "Siente esto," él guió sus dedos sobre su sedosa dureza, un cremoso líquido estaba brotando de la punta de su órgano sexual como del suyo. Nunca había estado más perpleja por algo frente a ella. Había sabido que los hombres y las mujeres estaban construidos diferente, pero nunca imaginó esto.
"Qué son?" ella alcanzó el punto crucial de su miembro, y luego retorció sus manos para cubrir dos pesados sacos que acompañaban su firmeza. Con un leve apretón, rápidamente recibió su respuesta.
"Sé gentil con esas," él casi ahoga la orden mientras descansaba una mano en cada uno de sus hombros como si necesitara soporte. "Son extremadamente sensibles. Albergan la semilla que embarazará a una mujer."
En un frenético horror, Bulma terminó su investigación y se alejó de él, sujetando una sábana para escudar su cuerpo de sus examinadores ojos. "No, Vegeta, yo - oh dios, soy muy joven para tener un hijo. Por favor, cúbrete, esto fue un error."
Con un gruñido contenido, Vegeta gateó sobre su cubierta compañera, su mirada, una de irritación. "No puedes concebir un hijo simplemente al tocarme; tendría que penetrarte primero." Su expresión debió haber sido una de desconcierto, porque él retiró las cobijas de su cuerpo y la guió sobre su espalda. "Siente," ordenó él mientras algo de repente se deslizaba dentro de su cuerpo. Era muy corto para ser lo que había estado escondiendo en sus pantalones, pero, oh por los dioses, se sentía bien. Estaba golpeando cada grieta de su santuario interno que podía producir un grito de placer. Y luego, cuando pensó que la sensación no podría ser más intensa, el instrumento dentro de ella se ensanchó; uno, luego dos veces - sus dedos.
Oh sí, eso era. Ella miró entre sus montículos, sus piernas se apartaron más para él mientras le prestaba atención a su más íntima de las partes. "Vegeta," gimió su nombre sin aliento mientras lanzaba un brazo sobre su cabeza, cubriendo sus ojos, no queriendo vista de las malvadas cosas que estaba haciéndole. Cosas buenas, cosas que nunca debió haber estado sintiendo. "Por favor, Vegeta, no puedo soportarlo más," el dichoso dolor atravesando su estómago, pasando su vientre y palpitando más potentemente entre sus muslos se estaba volviendo demasiado de soportar. A este paso, iba a explotar.
"Ahora sabes cómo me siento," sus dientes debieron haber estado apretados mientras lo decía, porque salió rudamente. "Mi dolor," él presionó su cuerpo contra el suyo, o tanto como dos personas podían con una palpitante erección punzando la pelvis de una de las partes. "Estoy sufriendo contigo, princesa. No tenía idea que sería así…"
"Vegeta," sus respiros eran laboriosos, su corazón estaba acelerado, no podía pensar, apenas podía vociferar una idea coherente mientras él envolvía sus piernas alrededor de su cintura, nivelando sus más sagrados tesoros contra el otro.
Fue entonces que debió haber sabido, tal vez no precisamente lo que vendría después, pero debió saberlo. Después de esa noche, no sería más una inocente…
"No!" Bulma despertó sudorosa mientras secaba fieramente las lágrimas de sus ojos. No podía ver más, no estaba lista para enfrentar algo más, para retroceder al pasado, teniendo que luchar con la vergüenza, la humillación. No podía manejar experimentar de nuevo las pesadillas. No, más que pesadillas, recuerdos, recuerdos de una noche que nunca había olvidado.
Retirando las cobijas de su cuerpo, Bulma salió de su habitación, sin enfocarse realmente a dónde iba, simplemente se fue; lejos de los recuerdos, lejos de los sucesos de esa noche, de cómo cambió su vida.
Parecía un cruel destino que ahora, una vez que hubiese encontrado algún sentido de rutina, consistencia en su existencia, tuviera que ser empujado por un hombre al que estratégicamente había cortado de su vida. Por supuesto, había esperado un inminente encuentro con él, sin duda ante su boda con Kakarotto, pero tener que enfrentarlo ahora, fresca de encarar la verdad de la muerte de su novio, despreciando su recuerdo, casándose con su hermano. El peso de las circunstancias simplemente era demasiado de soportar.
Apretando su pecho, ella intentó calmar su laboriosa respiración mientras aceleraba su paso. No estaba caminando más, estaba corriendo, como si su movimiento físico pudiera protegerla de sus peligros psicológicos.
No pudo.
"Kakarotto," llamó por el único hombre al que había acudido ante el temor. Siempre había sido la persona a la que podía ir cuando su vida era un desafío muy grande de enfrentar. Siempre había sido su roca, su mejor amigo, pero ahora se había ido, arrebatado de ella, igual que su padre cuando más lo necesitó.
"Estoy completamente sola."
La realización la detuvo en seco. Kakarotto, su padre, esta guerra, su matrimonio - Vegeta; todo estaba mal. Toda su vida se había salido de control. "Oh dios," susurró ella mientras la sobrecarga de sus sentidos finalmente la alcanzaba y su cuerpo comenzó a hundirse en el suelo. Perdiendo su lucha por la conciencia, falló en registrar los fuertes brazos que rodearon su cuerpo antes de que pudiera golpear el suelo, o la suave y anormalmente genuina voz que susurró su preocupación mientras la cargaba.
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Nota de LGV: Hm… Así que tenemos otro fragmento de 'esa noche'. La parte final de la historia será revelada en el próximo capítulo (el cual es muy LARGO, a diferencia de este), cuando Vegeta queda cara a cara con unos cuantos demonios suyos. Este par encontrará alguna forma de pasar su tumultuosa historia? La próxima vez Su Recuerdo…
