Capítulo 4.

No había duda de que el hermano menor de Itachi era MUY atractivo. Un hombre brusco y malhumorado, pero aun así… Sakura lo miró, incapaz de hacer otra cosa. Ataviado con zapatos negros inmaculados, pantalones del mismo color, camisa gris impoluta y corbata del mismo tono que sus ojos, Uchiha Sasuke no sólo era atractivo, era perfecto.

Ni uno solo de sus cabellos aparecía fuera de lugar. Era la personificación de la elegancia. Y por alguna extraña razón, cuanto más lo miraba, más deseaba arrojarlo al suelo y revolverle un poco la ropa y el pelo.

Su reacción la sorprendió. A lo largo de los años, había trabajado con distintos hombres sin sentir jamás el impulso de atacar a ninguno. Estaba tan atónita, que cuando él se cruzó de brazos, esperando una respuesta suya, lo único que pudo hacer fue mirarlo con fijeza. Afortunadamente, Daisuke acudió en su ayuda.

—Papá—protestó Daisuke.—No puedes llamar a la policía—indicó. La preocupación del niño hizo que Sakura olvidara sus problemas y recobrara la compostura.

—No pasa nada, cariño—murmuró la ojijade sonriendo.—Ya me ocupo yo de esto—suspiró ella.

La sorpresa crispo en sus ojos al escuchar la forma en que habían llamado a su hijo mayor y no era para menos. Daisuke sobresalía por su madurez y caballerosidad, pero que lo llamaran "cariño" y esté asintiera de acuerdo, era completamente extraño.

Le dio la serpiente a Sanosuke con cuidado y se dijo que debería alegrarse de comprobar que a Sasuke Uchiha no le resultaba tan indiferente el bienestar de sus hijos como creía con anterioridad. Respiró hondo, se puso en pie, enderezó los hombros y tendió una mano.

—Hola, soy Haruno Sakura—se presentó. Sasuke miró un momento su mano antes de aceptar el gesto y estrechársela con brevedad. Bajó ligeramente la cabeza.

—Señorita Haruno—nombro el azabache.

La frialdad de su tono contrastaba con la calidez de su mano. La miró impaciente hasta que Sakura se dio cuenta de que estaba esperando sus explicaciones. Aquello consiguió sacarla de sus casillas. ¿Qué se creía aquel hombre? ¿Qué había entrado en su cesta de la ropa para robarle los calcetines? Se estiró todo lo que pudo.

—El animalito de Sanosuke se metió en la cesta—informó la pelirosa. —Me incliné para cogerlo, perdí el equilibrio cuando uno de los niños tropezó conmigo, la tapa del fondo cedió y me caí por ahí—dijo con sequedad.—Creo que ya conoce usted el resto—soltó.

—Sí—musitó el hombre, sin ceder ni un ápice.—Eso responde a una de las preguntas—dijo el azabache. —¿Qué me dice de la otra?—cuestionó con seriedad. Sakura le devolvió la mirada, molesta por su actitud.

—¿Qué otra?—preguntó la Haruno.

—¿Qué hace usted en mi casa?—hablo el hombre.—¿Dónde está la señora Mitarashi?—le cuestionó.

—Eso son dos preguntas—enfatizo la ojijade. Daisuke avanzó medio paso y se metió entre ellos.

—La señora Mitashi se marchó, papá—informó el pequeño.

—¿Qué?—Sasuke miró a su hijo mayor.

—Se marchó—repitió Daisuke.

—¿Cuándo?—cuestionó el azabache mayor. El niño se encogió de hombros.

—No lo sé—suspiró Daisuke. —Hace dos días creo—murmuró.

—Tres—replicó Sakura.

—¿Y por qué no me llamó nadie?—casi gruño el Uchiha. Daisuke frunció el ceño.

—Te llamé—dijo el hijo mayor.—Me dijeron que me llamarías tú devuelta—indicó con seriedad y el ceño fruncido. Para sorpresa de Sakura, Sasuke pareció casi avergonzado.

—Tienes razón—suspiró un poco más tranquilo el hombre. —No me dieron el mensaje, pero eso no explica por qué…—fue interrumpido.

—La señora Mitarashi era mala—intervino Sanosuke.—Gritaba mucho—frunció el ceño. Sarada asintió con solemnidad.

—Dijo que éramos unos diablos, papá—dijo la pequeña con los brazos en su cadera.

—En realidad, dijo de la semilla del diablo—aclaró Daisuke.

Sasuke al oírlo, se quedó inmóvil y apretó los labios con fuerza. Sakura pensó con humor que la agencia de niñeras iba a tener problemas a la mañana siguiente. Tal vez Uchiha Sasuke no fuera tan malo después de todo. A lo mejor le dolía la cabeza o estaba cansado y eso explicaba su mal humor.

—Está bien—el hombre la miró con sospecha.—¿Y quién va a explicarme por qué dijo eso la señora Mitarashi y por qué se marchó?—cuestionó nuevamente.

—¿Quién sabe?—repuso Daisuke alzándose de hombros. Desgraciadamente, su pequeña hermana se tomó aquello literalmente.

—Yo lo sé—anunció con orgullo la niña.—Fue por Garuda—comentó la azabache.—A la señora Mitarashi le daba miedo—se volvió hacia su hermano mayor.—¿No te acuerdas, Daisuke-nii? Gritó mucho cuando…—Sarada soltó un grito.—Papá, Daisuke acaba de pellizcarme—se quejó la oji ónix con los ojos bañados en lagrimas.

—Daisuke—llamó Sakura mirándolo con reprendo.

—No es cierto—musitó el hermano mayor con aire inocente. Sasuke levanto la voz.

—¿Quiénes es Garuda?—cuestionó el hombre.

—Eso no importa—se apresuró a decir Daisuke.—Lo que importa es que alguien cuidara de nosotros, ¿no?—miró expectante a su padre.

—Sí, claro, pero…—Sasuke fue interrumpido.

—Entonces deberías estar contento, porque Sakura estaba aquí y nos ha cuidado muy bien—se quedó pensativo un momento.—Nos obligaba a lavarnos las dos manos y a comer las verduras antes del postre—informó Daisuke. Los otros dos pequeños asintieron.—Y hasta nos ha ayudado a reparar el fuerte del bosque—terminó.

—Sí—asintió Sarada con entusiasmo.—Deberías verlo ahora, papá—sonrió emocionadamente. —Sakura nos ha ayudado a hacer una puerta y le hemos hecho un agujero a un lado para tener mirilla—comentó. —Sakura sabe hacer cosas muy interesantes—termino.

—Nos ayudó también a hacer una bandera—se unió Sarada al grupo de elogios.—Tiene calaveras, dagas y…—Sanosuke fue interrumpido.

—Esperen—Sasuke levantó una mano.—A ver si lo entiendo bien—suspiró. —La señora Mitarashi se marchó porque tenía miedo de Garuda y la agencia les envió a Sakura para reemplazarla—dijo como si hubiera resuelto un gran crucigrama.

—No…—comenzó a decir la joven pelirosa.

—¡De eso nada!—la interrumpió Daisuke. —Sakura es guay—alzó los brazos al aire. Sasuke lo miró confuso.

—¿Y qué tiene que ver eso con lo demás?—cuestionó el hombre alzando una ceja.

—La envió el tío Itachi—celebro Sarada.

—¿Itachi?—cuestionó el Uchiha mayor.

—Estoy pasando unos días en su cabaña—intervino Sakura. —¿No recibió su nota?—le preguntó mirándolo.

Sasuke negó con la cabeza y la joven reprimió un gemido, logrando que en lo más profundo de sus pensamientos maldijera a Itachi. Daisuke no necesitó más para meterse de nuevo en la conversación.

—Mira, papá…..—llamó el mayor de los niños. —Sakura no tiene casa ni familia, está sola—indicó.—No tiene marido ni hijos propios—miró a su padre para asegurarse de que le prestaba atención y suspiró con dramatismo.—Antes trabajaba, pero ahora ya no, así que el tío Itachi le dijo que podía venirse aquí una temporada y utilizar su cabaña—termino.

La joven lo miró sin aliento. ¡Santo Cielo! Con sólo unas palabras bien escogidas, su amiguito acababa de implicar que no sólo estaba sin casa y sin trabajo, sino casi al borde de la miseria.

—Espera un momento…—dijo la pelirosa.

—Cuenta muchas historias sobre las tribus del Amazonas que comen lagartos—dijo Sanosuke en voz alta.

—Me temo que los niños le están dando una impresión falsa—intervino la joven.—Es cierto que cuento historias, pero es porque soy…—fue interrumpida.

—¿No es usted de la agencia de empleo?—la interrumpió Sasuke.

—No—negó la ojijade.

—¿Y está aquí porque conoce a mi hermano?—siguió el hombre. Sakura empezaba a cansarse de que la interrumpieran continuamente.

—No en el sentido bíblico—dijo ella con firmeza. No sabía por qué, pero le parecía importante dejar aquello claro.—Pero sí, somos amigos, colegas—sonrió mirándolo con franqueza. —Trabajamos juntos y…—nuevamente interrumpida.