Como ven, actualice un poco temprano y debo agradecérselo a Shitai Lutaria que me apoyo y me dio animos para terminarlo. Sin decir más, aquí esta el capitulo, si tienen dudas sobre la arquitectura japonesas y algunos términos me dicen…
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PROMESAS
By: Meg_ek
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Declaración de Derechos de Autor:Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen.
Datos de Interés
"…"- Lo que dice un personaje
'cursiva' – Lo que piensa un personaje
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Capitulo # 4: Violencia
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Reflejada en tus ojos,
vi la oscuridad y la acogí en mí.
Sutilmente me adentro
en la violencia de mi propio ser
No puedo contenerlo,
Solo puedo dejarlo vivir
Hasta que tu cuerpo este junto al mío.
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- "¡Usted la convenció! – acuso Sango a Irasue mientras forcejeaba por librarse del agarre de Miroku.
- "Fue su decisión"- respondió la youkai en un tono neutral, sin revelar emoción alguna.
Sango quedo estática con las manos contraídas y vio con incredulidad a la youkai sin querer aceptar sus palabras. Miroku aflojo sus manos, soltando a Sango al verla inmóvil. Busco su mirada encontrándose con los ojos cristalinos de la cazadora, quiso abrasarla pero fue rechazado por Sango quien sin poder controlarse, lo empujo, dispuesta a hacerle saber con quién estaba tratando la madre de Sesshoumaru.
Acercándose a Irasue llena de rabia, respiro profundo para no estallar. Y con voz baja la amenazo - "Si Kagome no regresa, le juro que mientras tenga vida la cazare y solo me detendré hasta que alguna de las dos deje de respirar"
Irasue agudizo su mirada ámbar y afilo sus garras con la intención de acallar el bullicio insensato que habían provocado los humanos por la partida de la sacerdotisa. Miroku previendo las intenciones de la youkai, intervino apelando a la cordura.
- "Mi querida Sango, debemos tranquilizarnos y escuchar las palabras de Bokuseno-sama si queremos descubrir cómo ayudar a la Señorita Kagome" – sugirió Miroku, colocándose entre ambas con un tono solemne – "Sospecho que la decisión de la Señorita Kagome, tiene mucho que ver con la información que usted le revelo, ¿O me equivoco, Bokuseno-sama?" – dijo esto acercándose al youkai.
Bokuseno exhalo con cierta impaciencia - "Monje, este anciano no manipulo a la pequeña sacerdotisa en ningún momento. Hace 200 años ella misma me encomendó la misión de darle dicho mensaje, y así lo hice" – respondió con voz cansada.
- "La Señorita Kagome viene de un tiempo muy diferente a este, entienda por favor nuestra preocupación. Si estoy en lo correcto, nada nos garantiza que el padre de Inuyasha la reciba o encuentre credibilidad en sus palabras" – hablo con preocupación, Miroku.
Sango se acercó a él y tomo su mano entrelazándola con la de ella – "Por favor, Bokuseno-sama. No queremos perderla"
El viento soplo y Bokuseno vio con melancolía como los pétalos de sakura volaban a su alrededor recordándole como la vida era algo hermoso, pasajero, y en cualquier momento podía ser arrebatado. Para los humanos, cada segundo era tan intenso y lleno de matices. Sonrió viendo con aceptación la unión que veía ante él y las cicatrices claras que había dejado la batalla contra Naraku. Las vendas en el ojo izquierdo del monje y todas las que cubrían el cuerpo de la cazadora.
Solos los kamis saben que tienen preparado para el pequeño grupo de humanos diferente a todos los demás. Un monje, una sacerdotisa, una cazadora de demonios y dos youkai. No era coincidencia que la pequeña humana hubiera conocido todas las caras de la moneda, y confiaba en la pureza de su corazón para unir aquello que fue destruido en el pasado.
- "El presente y las vidas que han llevado, es gracias a Kagome-chan. Irasue-sama no es la culpable ni este anciano, la pequeña tiene un destino que cumplir y solo así se mantendrá equilibrada la línea de tiempo" – respondió el magnificente árbol de magnolia con una voz amable – "Les aseguro que Irasue-sama no estaba de acuerdo en solicitar la ayuda de la pequeña y mucho menos, enviarla al pasado" – viendo sus rostros aun afligidos, se permitió revelarles un poco de información – "No deben preocuparse. Cuando conocí a Kagome-chan, Inu no Taisho estaba a su lado y me prometió protegerla. Aunque desconozco que sucedió con ella, sé que cumplió su palabra"
-"¿Por qué no confía en Kagome?"- pregunto Shippo inocentemente viendo a Irasue.
-"Joven kitsune, creo que no es cuestión de confianza" – comento el youkai árbol tratando de imprimirle cierta amabilidad, al sentir la mirada de Irasue sobre él.
Miroku era muy observador y no le paso por alto el intercambio de miradas. Con una mano en su mentón cerro los ojos recordando todos los hechos ocurridos. Era evidente que Kagome cambiaba a todos los seres que conocía de una u otra forma, pero era casi imposible pensar que incluso calaría en un youkai como Sesshoumaru. Al escuchar a Bokuseno, todo comenzó a tomar sentido. No solo la actitud de Irasue, Miroku abrió los ojos sospechando que su amiga no solo había entrado en el corazón de Inu no Taisho.
La presencia del Inuyoukai en el grupo, había encendido una llama de sospecha en él. Se dedicó a observar de cerca el comportamiento de Sesshoumaru. El youkai por alguna razón, cedía siempre a las peticiones de Kagome, al igual que con la pequeña Rin. El monje miro con sospecha desde el principio sus acciones, sin poder señalar como real que el inuyoukai sintiera alguna clase de atracción por la sacerdotisa.
Una sonrisa se dibujó en sus facciones y el monje con un tono diplomático se dirigió al árbol esperando comprobar sus sospechas – "Es difícil ver como los más jóvenes descuidan las tradiciones y siguen los pasos de su padre. No piensa usted lo mismo, Bokuseno-sama"- Irasue lo miro al instante. En su rostro, la youkai lucia serena pero su aura la contradecía.
- "Humano"- Irasue hablo exigiendo su atención – "Siempre hay una manera de corregir los errores" – dijo mirando fijamente a Miroku – "Siempre" – declaro dejando un aire de zozobra antes de girar y desaparecer entre las sombras del atardecer.
Bokuseno miro reprobatoriamente al monje. Miroku giro encontrándose con su mirada y entendió la gravedad de sus acciones.
- "Es de sabios guardar silencio, joven monje. Es de sabios…" – dijo el árbol ocultando su rostro del caos que se desataría por algo tan antiguo como el tiempo.
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Contemple en la soledad las lágrimas del cielo
Y desee soñar con uno diferente
Desate los latidos de mi corazón
Dejándolos correr hasta ti en medio de los charcos
Fue muy tarde cuando tu calor llego a mí.
El frio de la lluvia vivirá para siempre.
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El sol brillaba en lo más alto, robándole la privacidad a cualquier rincón oscuro con su luz. Dibujando cálidas figuras al deslizarse en los espacios que dejaban las ramas de los árboles, dándole un aspecto mágico al sendero que recorría Inu no Taisho y su campaña.
Detrás del Lord del Oeste y su heredero, Shizumaru caminaba junto a Kagome como su escolta en silencio. El joven youkai veía de reojo a la sacerdotisa, quien iba absorta en sus pensamientos.
Ya a la luz, podía ver sus facciones y su linda figura a pesar de que su rostro estaba oculto detrás de aquel poderoso conjuro. Su cabello negro ondeaba con el viento dejando un aroma a menta y frescura a su paso. Aunque pequeña, era esbelta y enigmática. Sus proporciones en su opinión, perfectas.
Kagome sintió la mirada de Shizumaru y volteo a verlo con una sonrisa – "¿Sucede algo?"- pregunto sin saber del escrutinio al que era sometida desde hace varios minutos.
Pero lo que más le atraía era su mirada transparente, podía perderse en sus ojos azules y no hallar repulsión o censura en su contra.
Shizumaru la observo en silencio y luego de unos segundos, tomo su mano. Kagome se sobresaltó, pero luego sonrió al ver como este acercaba su nariz y la olfateaba sin hacer contacto con su piel. Una risa tibia y llena de alegría se escuchó por parte de Kagome e Inu no Taisho miro de reojo atraído por la comodidad que desprendía la extraña humana, ante el comportamiento de Shizumaru.
- "Tu nombre es Shizumaru, ¿cierto?"- pregunto Kagome mientras Shizumaru soltaba su mano y la miraba nuevamente con extrañeza – "¿Ocurre algo?" – volvió a preguntar al no recibir respuesta.
Sesshoumaru, quien permanecía al lado de su padre, también estaba atento a todos los movimientos que realizaba Kagome. Se tranquilizo ante la falta de respuesta de su camarada, y siguió en silencio su recorrido.
Inu no Taisho se acercó a su hijo y hablo en un tono discreto – "Sesshoumaru, ¿No puedes sentir su aroma?" - en el tono empleado por el youkai, su hijo pudo reconocer más que una pregunta, una aseveración. Sesshoumaru no podía sentir ningún olor proveniente de la humana y miro a su padre esperando continuara – "Esta humana huele a ti" – dijo su padre acelerando su paso.
Sesshoumaru miro hacia atrás y clavo su mirada en Kagome no creyendo las palabras de su padre.
- "¿A dónde nos dirigimos?" – pregunto Kagome con voz baja pareciéndole familiar el camino, dirigiéndose a Shizumaru, pero este la miro nuevamente sin responder. La sacerdotisa cansándose del silencio incomodo, tomó su falta de respuesta como un desprecio. Se detuvo inesperadamente y espero a que Shizumaru se adelantase para continuar caminando.
Inu no Taisho quien veía de reojo observo detalladamente la reacción de Shizumaru y suspiro levemente. Sabía que su protegido difícilmente aceptaría el rechazo de la humana. Al protegerlo, sin saberlo, había creado un lazo entre los dos, un lazo de lealtad.
El Lord del Oeste alzo su mano derecha indicándoles un alto y pasando al lado de su hijo, lo miro e inclino la cabeza asintiendo. Sesshoumaru lo imito y desplego su youki para llamar a los soldados que viajaban a una distancia prudente de ellos.
Kagome vio nerviosa como todos se marchaban dejándola sola con Inu no Taisho y Shizumaru.
- "Shizumaru, retírate" – ordeno Inu no Taisho.
El ambiente se tornó tenso, los dos youkais miraban a Kagome intensamente, a lo que la sacerdotisa bajo la mirada sin saber qué hacer.
- "He dado una orden" – volvió a hablar el Daiyoukai con cierta frialdad.
Shizumaru contrajo ambos manos dejando entrever un colmillo, y sin tardar en su lugar solo quedo una estela oscura.
Kagome camino lentamente acercándose al Lord del Oeste - "¿Acaso este es el bosque de Bokuseno-sama?" – sugirió mirando a su alrededor.
- "No te equivocas, humana" – respondió analizando su reacción.
-"Mi señor, ¿Podría decirme su nombre?" – pregunto Kagome tímidamente imitando la forma en la que Rin se dirigía a Sesshoumaru sin saber cómo comportarse.
- "Continuemos" – ordeno Inu no Taisho ignorando su pregunta.
Kagome se sorprendió un poco y bajo la mirada. Esperaba encontrar en el padre de Inuyasha refugio y sobre todo, aceptación. Lo miro una vez más contemplando su porte perfecto, y por alguna razón, recordó a Inuyasha al ver en sus mejillas las marcas azules que una vez adornaron el rostro del hanyou en una de sus tantas batallas contra Naraku.
- 'Solo tus recuerdos serán mi compañía' – pensó dejando que una lagrima se deslizara hasta llegar a sus labios. Se quejó un poco al sentir ardor en su mejilla y palmo con cuidado su pómulo hinchado recordando la cachetada y las palabras llenas de repulsión del aldeano que la había atacado – 'Quiero darme un baño'- pensó incomoda al ver su kimono roto, además de la sensación a metal en su boca.
Inu no Taisho noto el cambio en su aura, pero continuo en silencio. Primero consultaría con un viejo amigo si debía confiar en ella. A pesar de que sus instintos le decían que lo hiciera, Inu no Taisho se caracterizaba por ser sumamente cuidadoso y detallista. Por lo que, con firmeza, creía que lo más prudente seria continuar tratándola de esa manera hasta eliminar cualquier sospecha.
Se detuvo y escucho como se detenían los pasos de Kagome. El Daiyoukai la miro confundido al percibir el cambio radical en su aura, de un momento a otro, cambio de triste a una radiante y cálida.
- "¿Bokuseno-sama?" – hablo finalmente Kagome, luego de guardar silencio en todo el recorrido.
Delante de ellos, un pequeño remolino de viento se formó rodeando al majestuoso árbol de magnolia y sus ramas comenzaron a estremecerse. Las hojas comenzaron a brillar y una presencia acogedora los rodeo.
Un rostro surgió del tronco del árbol y abrió sus ojos reconociendo el youki del Lord del Oeste – "Toga-san, que te trae a mi bosque" – pregunto con seriedad, el youkai árbol.
Inu no Taisho se giró y le indico a Kagome se acercara – "Mi viejo amigo, he venido a pedir tu consejo, y sobre todo, a disipar algunas dudas" – esto último lo dijo mirando a Kagome – "Esta pequeña humana ha ocultado su aroma con tus poderes. ¿Acaso haz sido tu quien le ha proporcionado una de tus semillas?" – pregunto Toga.
- "Bokuseno-sama" – Kagome se inclinó y lo miro con respeto – "Si me permiten hablar, les explicare de donde provengo y que me ha traído a este tiempo"
- "¿Qué secretos ocultas, pequeña?" – dijo Inu no Taisho acercándose a Kagome.
Kagome se inclinó una vez más, pero esta vez dirigiéndose a Inu no Taisho – "Toga-sama, por favor, escuche mis palabras y halle verdad en ellas" – la pelinegra dudo en pronunciar su nombre, pero continuo.
- "He venido del futuro con el único propósito de encontrarlo Toga-sama" – ante sus palabras, el Daiyoukai agudizo su mirada y se acercó a ella acortando la distancia que los separaba. Kagome hallo valor y continuo – "He viajado en el tiempo para salvar al heredero del Oeste"
Inu no Taisho agarro su mentón y dirigiéndole una mirada cómplice a Bokuseno, solo pudo emitir un sonido muy familiar para Kagome – "Hn…" – escucho la sacerdotisa erizándose ante la mirada de Toga. Desconcertada, pudo ver como una sonrisa se dibujaba en el rostro del Daiyoukai.
- "Sesshoumaru, fue víctima de una maldición y me temo que solo usted puede decirme que hacer para salvarlo. Por favor, debe creerme" – dijo Kagome invadiéndola la desesperación al ver a los dos youkais sin reaccionar.
- "Imposible" – fue lo único que dijo Toga.
- "Digo la verdad, Toga-sama" – se defendió Kagome – "Bokuseno-sama me dijo que esta era la única manera de salvar a Sesshoumaru y me dio una semilla para ayudarme con mi viaje" – explico recobrando la calma.
- "Toga-san, no hay engaño en sus palabras. Además, esta humana es la hembra de tu hijo"- dijo con naturalidad Bokuseno a lo que Kagome inmediatamente reacciono.
- "No soy la hembra de Sesshoumaru, soy su aliada" – dijo con voz irregular una sonrojada Kagome moviendo sus manos de un lado a otro en negación.
- "Entonces, humana, ¿Por qué hueles a Sesshoumaru?" – pregunto Toga ya más calmado.
-"Antes de venir a este mundo, selle a Sesshoumaru. Era la única manera de salvarlo, Toga-sama" – respondió apresuradamente temiendo alguna represaría de parte de Inu no Taisho.
Toga no pudo ocultar el desconcierto en su mirada y apareció delante de ella utilizando su velocidad sobrenatural. Kagome abrió los ojos asombrada y vio horrorizada como el peliplateado alzaba su muñeca, para luego morderla. Grito e intento retroceder pero fue fútil intentar librarse del agarre de Inu no Taisho.
- "Deténgase, Toga-sama. Por favor" – dijo Kagome al sentir como este bebía de su sangre.
Toga pudo sentir la mezcla de poderes espirituales unidos a algo más. Era veneno, y no cualquiera, era el veneno que recorría sus venas. Quiso detenerse pero la sangre de la pequeña humana estaba exquisita.
Su bestia interna palpitaba y le pedía un poco más. Abrió los ojos y vio su rostro contraído viéndolo con innato terror. No era correcto lo que estaba haciendo, y se aparto antes de volver a dudar.
Respirando agitado, intentaba controlar sus instintos. Deseaba beber hasta la última gota, deseaba poseerla hasta obtener todo su poder. La sensación que lo recorría era inigualable, se sentía fuerte y su youki salvaje clamaba ser liberado.
Kagome retrocedió llena de miedo, sintiendo como su mirada se nublaba nuevamente.
- "¿Qué eres muchacha?" – pregunto Inu no Taisho poniendo una mano en su frente preocupado por los cambios en su cuerpo.
- "En su interior yace la Perla de Shikon, Toga-san. Esta pequeña humana debe ser protegida en todo momento" – hablo Bokuseno en un tono oscuro y lleno de seriedad – "¿Cuál es tu nombre, pequeña?" – pregunto el youkai.
- "Kagome" – contesto la pelinegra luchando contra el cansancio que se apoderaba de ella.
La tierra tembló desconcertando a Kagome y debajo de ella, las raíces de Bokuseno se abrieron paso dejándose ver, enrollándose en sus piernas haciéndola brillar por unos instantes. La tela que cubría su rostro desapareció y quedo descubierto su rostro al igual que su aroma.
Inu no Taisho la admiro en silencio y quedo impregnado de la inocencia que desprendía la pequeña ante sus ojos. Su aroma lleno de pureza y calidez lo atraía disolviendo cualquier duda que existiera sobre sus verdaderas intenciones. Se sintió culpable al ver el moretón en su pómulo y lo pálida que lucia.
- "De ahora en adelante, te llamaras Mizuki" – declaro Bokuseno sorprendiendo a Inu no Taisho.
- 'Mizuki' – pensó Toga sin dejar de verla – 'Es perfecto para ella' – riendo internamente, se rindió ante lo inevitable. Debía aceptar que había encontrado algo invaluable en el más extraño de los lugares. ¿Quién diría que el futuro de sus tierras dependería de una pequeña humana? Y que esta sería la criatura más hermosa que sus ojos habían contemplado.
- "Gracias, Bokuseno-sama" – dijo Kagome un poco más tranquila.
- "Ven conmigo, pequeña. En el Shiro podrás preguntarme lo que desees" – le ofreció su mano Inu no Taisho y Kagome dudo en tomarla – "Te protegeré mientras permanezcas en este tiempo" – le aseguro el youkai endulzando su mirada.
- "Gracias" – Kagome lo miro con ojos brillantes y tomo su mano sin dudarlo.
Inu no Taisho contemplo su mano en la de él dejándose llevar por la calidez que recorría su cuerpo. En su interior, se cuestiono donde había estado esa sensación toda su vida y se dejo perder en su mirada tan azul como el cielo que los cubría en su inmensidad.
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La noche llego vistiendo de negro el horizonte, en el aire, el aroma a té y diferentes plantas era relajante.
Dulce, era la tonada que viajaba a través de los pasillos del Shiro del Oeste, todos celebraban el regreso de su Lord y de los soldados. Estaban ansiosos por saber las nuevas noticias que traerían consigo sus compañeros.
En la cocina del castillo, nacía la canción que llenaba de alegría a los sirvientes y quien la cantaba era una nekoyoukai vestida con un kimono blanco con bordes azules al igual que los demás súbditos del Lord del Oeste.
- "Dicen que el General trae una humana con él" – susurro uno de los soldados y la youkai que antes cantaba guardo silencio y escucho la conversación con atención.
- "Lord Toga nunca se mezclaría con los humanos, si es así, debe tener una buena razón para tenerla como prisionera" – dijo otro sin alzar la voz, a lo que la neko movio sus orejas un poco confundida.
- "Takeshi llego hace unas horas y nuestro Señor no venía con ellos" – comento un tercer youkai en un tono intrigante – "Dice que Shizumaru encontró a la humana y que no viene como prisionera" – agrego causando el revuelo en los sirvientes de la cocina.
- "Shizumaru es una maldición para las tierras del Oeste" – escucho antes de retirarse con una bandeja de té en sus manos, la nekoyoukai un poco molesta.
Camino hasta llegar a los portones que separaban el área de la servidumbre del jardín privado de la familia real. Abrió sin hacer ruido la gran puerta de madera y se dejo rodear de los sonidos de las pequeñas aves que volaban en el jardín y del sonido de agua de las fuentes. Todo en aquel lugar, tenía un significado y los colores te llevaban desde encontrar paz mental hasta perderte en tus propios pensamientos.
Las flores que más abundaban en el jardín eran las sakura y los arboles de cerezos no dejaban de regalar al espectador la insignia de la familia real.
- "Hasta no recibir noticias de mi padre, no te acercaras a ella" – la voz del príncipe Sesshoumaru llego a sus sensibles oídos, y se detuvo hasta recibir la orden de acercarse.
Sesshoumaru miro el semblante de Shizumaru sin entender su actitud. Alzo la mirada sintiendo la presencia de uno de sus sirvientes y la hizo seguir. La youkai sin pronunciar palabra se acerco y cuando estuvo delante de ellos de inclino.
- "Mi Señor, el té que pidió" – dijo sin mirarlo a los ojos – "¿Desea algo más, mi Señor?" – pregunto la sirvienta un poco nerviosa.
- "Retírate y lleva a los sanadores a los aposentos de Shizumaru"- ordeno Sesshoumaru sin siquiera determinarla.
La youkai se retiro tan rápido como pudo y corrió hasta la cocina. Detrás de ella, un youkai pantera sonreía al ver la cara pálida de su amiga – "Kasumi, parece que hubieras visto un espíritu" – tanteo hábilmente para sacarle información a la neko.
- "Sesshoumaru-sama me ordeno buscar a los sanadores, y sabes que si demoro no tendrá piedad de mi" – dijo afligida Kasumi, moviendo su cola gris de un lado a otro.
- "Tranquila, tu amigo Yashiro te trae excelentes noticias" – se acerco sigilosamente a su amiga que lo miraba con curiosidad – "Toga-sama ha llegado. Prepárate para ver a Sesshoumaru-sama sin su actitud habitual" – dijo riendo entre dientes.
La neko movio graciosamente sus orejas grises al igual que su cola y sin poder vencer su curiosidad, con una sonrisa, corrió hasta la entrada del castillo olvidándose por completo de su tarea.
- "La curiosidad mato al gato" – murmuro riéndose aun el youkai, caminando en la misma dirección que había tomado Kasumi.
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Kagome abrió los ojos un poco adormecida y el sueño la abandono de inmediato. El esplendor y la belleza que cubría cada metro del Shiro del Oeste robaban el aliento de aquellos que lo contemplaban por primera vez. La arquitectura japonesa con influencias de la china, le daba el equilibrio perfecto al lugar.
En la distancia, el Shiro tallado en piedra estratégicamente en una montaña rodeada de arboles altos, pinos, la mayoría. Lo protegían de la vista de los humanos.
Las puertas principales se abrieron y contemplo la ciudadela cautivada por los tejados curvilíneos dorados con bronce y las pulcras paredes blancas de los edificios. El camino de piedra que conducía hasta la torre principal tenía bifurcaciones para confundir al enemigo si lograban irrumpir la fortaleza.
Cerró los ojos dejándose llevar por el hechizo de los ornamentos acompañado del sonido del agua. Hermosas fuentes adornadas por flores rojas y blancas bordeaban el camino.
- "Bienvenida a tu nuevo hogar" – dijo en un tono solemne, Toga. Sintiendo orgullo al verla tan emocionada y deleitada por el diseño de su hogar.
- "Muchas gracias, Toga-sama. Es hermoso, no tengo palabras para describirlo" – respondió Kagome haciendo una pequeña reverencia. Erguida, se adelanto llegando a un puente y se inclino en la baranda viendo el agua corriendo debajo de ella.
El Lord del Castillo recordó a Sesshoumaru de pequeño haciendo lo mismo y sonrió lleno de nostalgia. Se acerco a ella y al verla tiritar, coloco su estola encima de ella.
Disfrutaría de su compañía y su inocencia. Irasue le había arrebatado la calidez a Sesshoumaru, y los deberes como Lord verlo crecer. Quizás los Kamis le estaban brindando otra oportunidad, ya que protegerla significaba también salvar la vida de su propio hijo.
Las puertas de la torre principal se abrieron, dejando ver el Tenshukaku de cuatro pisos para enaltecer la gloria del señor del castillo y en el centro del corredor, Sesshoumaru esperaba a su padre. Toga noto la incomodidad en el rostro de su hijo al ver su estola rodeando el frágil cuerpo de Kagome.
- "Mizuki, aguarda aquí" – dijo antes de acercarse a su hijo.
Sesshoumaru se inclino ante su padre y luego hablo en un tono cortante – "¿Qué significa esto, Padre? – pregunto lleno de indignación.
Toga lo miro severamente y le dio la espalda – "¿Acaso debo darte explicaciones de mis actos, Sesshoumaru?" – dijo en un tono frio. Giro su cabeza y sin mirar a su hijo, se hizo escuchar – "Respetaras mis decisiones y no infringirás daño alguno en mi invitada. Es una orden" – hablo Inu no Taisho alzando la voz.
Los soldados que protegían las puertas vieron el intercambio, se miraron el uno al otro pensando lo mismo. Sesshoumaru los fulmino con la mirada y sin contradecir a su padre, dio la vuelta ingresando al castillo con elegancia.
- "Toga-sama, es mejor que busque refugio en otro lugar" – susurro Kagome una vez Toga llego a su lado.
- "Si es cierto que proteges la Perla de Shikon, mi deber es protegerte hasta que regreses a tu tiempo" – dijo tranquilamente tomándola del brazo y guiándola al interior del castillo.
- "Pero…" – Kagome sabía que no ganaría esa discusión y le ofreció una sonrisa a Toga. Era de familia ser obstinado.
La pelinegra olvidando la tela que cubría su rostro, trato de disimular que sonreía y llevo una mano a su boca.
Nuevamente la tela se convirtió en humo azul y los sirvientes vieron con recelo a la humana. En los pasillos comenzó a correr el rumor.
Todos decían: la humana es una hechicera. Ha encantado al amo para quedarse con las tierras del Oeste.
Sesshoumaru escucho a los sirvientes sin revelar su presencia y siguió a su padre hasta sus aposentos. Se lleno de rabia al ver el trato que la humana recibía de su parte. Su madre había partido hace tres meses, sin darle una explicación. Pero su padre nunca sonreía al lado de ella, nunca la tomaba del brazo en público.
No podía aceptar que durmiera en la habitación continua a la de su padre, la habitación que ocupaba su madre. Era un insulto y le restaba credibilidad como Lord.
Espero pacientemente a que su padre se marchara para encargarse de eliminar a la hechicera que había engañando astutamente a su padre para cumplir, solos los kamis saben, sus propósitos ocultos.
- "A mí no podrás engañarme, humana" – dijo para sí mismo, Sesshoumaru, acercándose al shoji que separaba los aposentos de su padre del corredor.
Sin saberlo, era observado en la distancia por Shizumaru.
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- "¡Atacan el castillo!" – grito desde la torre más alta, el soldado en turno que protegía las puertas del Shiro del Oeste. Bajo las escaleras y dos inuyoukais lo esperaban. Uno de ellos le hablo – "Danzou, informa a Toga-sama que atacan el castillo. Hiroshi, organiza a las tropas. Son humanos, solo reúne a los novatos" – ordeno antes de marcharse, el teniente.
Danzou, un inuyoukai negro al igual que Shizumaru, alerto a Toga siendo el único con acceso a los aposentos del Amo del Castillo.
- "¡Señor! Los humanos atacan nuevamente las puertas, esta vez son un grupo de cincuenta aproximadamente. Pero mi señor, traen a un monje con ellos" – informo el soldado, sin traspasar el shoji. A través del papel, pudo ver como Toga abandonaba su pincel y se levantaba sin preocuparse.
- "Veamos que desean esta vez" – hablo no sin antes fijarse en las dos sombras que se reflejaban en la habitación de Kagome.
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Kagome se sobresalto al escuchar la puerta deslizándose y se tranquilizo al ver la figura de Sesshoumaru alumbrada débilmente por la lámpara de aceite.
- "¿Sesshoumaru-sama?" – hizo una reverencia, pareciéndole prudente sin moverse de su lugar.
Espero el youkai hablara, pero este permanecía inmóvil mirándola en silencio. Dio un paso hacia delante y algo dentro de ella le alerto que corría peligro. Sesshoumaru observo el cuarto, su rostro se contrajo lleno de rabia mostrando sus colmillos.
Una humana en el cuarto de su madre, sus kimonos, sus joyas permanecían aun en su lugar y que la humana no las hubiera tocado no lo tranquilizaba.
- "Te marcharas esta noche" – dijo fríamente conteniendo su rabia.
- "Toga-sama se enojaría si accediera a su petición" – contesto Kagome mirándolo fijamente sin hacerle caso a la voz que le decía que corriera dentro de ella.
- "No es una petición, humana" – hablo roncamente acercándose a ella – "Te irás en este instante" – ordeno tomando su muñeca bruscamente.
Kagome forcejeo y su kimono desprendió un olor muy familiar para él. Sus ojos se agrandaron en compresión, y las palabras de su padre resonaron en su cabeza.
Gruño y soltó su mano confundido – "¿Quién eres?" – pregunto acercándose nuevamente a ella, esta vez tomándola por el cuello.
Kagome no flaqueo antes sus palabras y lo miro desafiante – "No soy su enemiga" – contesto entrecortado.
Sesshoumaru gruño y apretó más su cuello. No le importaban las órdenes de su padre, esta humana lo había desafiado - "Tu sola presencia me insulta" – dijo con la intención de acabar con su vida.
Pero se detuvo al escuchar los gritos y los pasos de los soldados acercándose. Kagome alzo las manos y las coloco en los brazos de Sesshoumaru, invocando sus poderes espirituales.
Este la soltó inmediatamente al sentir como surgían sus podres y evito ser purificado.
- "No soy su enemiga" – le dijo frotando su cuello, Kagome, sin temor alguno.
Sesshoumaru afilo sus garras y la ataco, mas no pudo hacerle daño. Kagome había erguido una barrera entre los dos.
La puerta se abrió y Shizumaru camino hasta quedar al frente de Kagome. La sacerdotisa veía con tristeza a Sesshoumaru y bajo su mirada, permitiendo que la barrera desapareciera.
Shizumaru se acerco a ella y la tomo por la barbilla buscando su mirada.
Sesshoumaru se quedo en silencio y se acerco a ellos, empujando a Kagome y tomando del cuello del kimono a Shizumaru – "¿Me desobedeces y me desafías por esta humana?" – acuso lleno de incredulidad, Sesshoumaru.
-"Ella me protegió" – respondió Shizumaru con voz ronca, soltándose de su agarre. Acercándose a Kagome, la ayudo a levantarse, después de haber caído al suelo luego de ser empujada por Sesshoumaru – "Este comportamiento no es digno de usted. Toga-sama siempre nos ha enseñado a proteger a los más débiles"
Kagome se puso de pie y se acerco a Sesshoumaru mirándolo directamente a los ojos. Este quito la mirada al ver sus ojos rojos llenos de lágrimas sin saber porque le perturbaba verla de esa manera.
"¿Qué honor encuentra en sus acciones? Si tanto desea mi muerte, adelante" – la pelinegra abrió sus brazos y señalo su corazón – "Los humanos somos tan insignificantes que con un poco de su poder bastara" – comento con cinismo.
- "No me tientes, humana" – amenazo acercándose a ella intimidante – "Mientras permanezcas en este castillo, no abandonaras tus aposentos"
- "¿Por qué me odia Sesshoumaru-sama?´" – le pregunto Kagome antes de que corriera la puerta.
Sesshoumaru se detuvo por unos segundos. Inseguro de dar una respuesta, guardo silencio y corrió la puerta. Algo lo alerto, sus ojos se agrandaron cuando vio un pergamino pegado al tatami del pasillo. Dio un paso hacia atrás y el pergamino brillo liberando un conjuro.
Shizumaru y Kagome corrieron hacia él al ver la luz. Sesshoumaru respiraba agitado recostado del marco de madera de la puerta y un monje acompañado de dos humanos lo veían con odio.
– "Maten al heredero"- dijo el monje y los dos humanos dejaron ver sus armas, revelando arcos. Dispararon ambos apuntando a Sesshoumaru. A lo que Shizumaru, reacciono matando a los dos humanos sin lograr hacerle daño al monje.
El inuyoukai negro tenía en sus manos una de las flechas que le habían disparado a Sesshoumaru, y vio hacia atrás buscando la otra.
Kagome se encontraba al frente de Sesshoumaru y la flecha le había rozado el hombro.
El peliplateado vio en silencio sus movimientos descubriendo no solo poseía poderes espirituales, sabía luchar y era hábil. Ahora estaba en deuda con ella. Gruño disgustado entiendo la mirada de superioridad de Kagome.
El monje lanzo otro pergamino y la pelinegra erguió una barrera alrededor de ellos, sonriendo ante la mirada confusa del monje.
- "Le dije que no era su enemiga, Sesshoumaru-sama" – dijo Kagome con una sonrisa agarrando su hombro.
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:D Este capítulo está dedicado a Shitai Lutaria¡ siii ella me dio ánimos para continuar. Por favor, dejen sus reviews T-T no saben cómo apreciamos los escritores su opinión. Es el carbón para que nuestra mente siga funcionando¡
REVIEW REVIEW xD
Y si algunos no saben, Mizuki significa Luna Bonita o Hermosa.
