Algo de drama para invitar a la reflexión. El siguiente será más cómico, lo prometo.


Capítulo Cuarto

EL FANTASMA DE LAS NAVIDADES FUTURAS


Hotch se levantó acariciándose su dolorido trasero, pensando en si sería justo vengarse de la Emily viva por esa jugarreta. Al mirar alrededor notó una sensación de angustia. Las luces se habían apagado, sin embargo, una luz fantasmagórica y una especie de niebla cubrían toda la oficina, con lo cual tenía visibilidad del espacio.

Una figura encapuchada emergió tras él. Hotch notó como se acercaba, conocía esa sensación, se volteó para mirar al tercer espíritu.

El fantasma se deslizó ante él silenciosamente, envuelto en un aura de desolación y dolor. Era extraño, mientras la figura de su padre le había causado confusión, la de Haley melancolía y la de Prentiss gratitud, la figura encapuchada que tenía delante parecía hecha para atemorizarle, sin embargo no tenía miedo. Al acercarse más, pudo comprobar que era un hombre vestido de negro y encapuchado, cuyo rostro tapaba una máscara. En la mano sostenía una Magnum 44.

-¡Tú! –Hotch se abalanzó contra él con violencia atravesando al espíritu y cayendo contra el suelo. "Mierda, él es el tercer fantasma" -¿Tu eres el fantasma de las Navidades futuras? -El espíritu asintió con un movimiento leve de cabeza. –Muestra tu rostro. –Le pidió. No obtuvo respuesta del encapuchado. –¿Has venido a mostrarme las imágenes de acontecimientos que no han sucedido aún?

Esta vez el fantasma volvió a asentir, apuntó con su arma en una dirección y disparó. Hotch cayó al suelo sujetándose la cabeza por el atronador ruido del disparo que aún hacía eco en la sala. Al levantarse pudo ver el bullpen lleno de gente y con luz. Miró a su alrededor, tratando de reconocer a los presentes. El fantasma estaba ahí parado sin moverse, en absoluto silencio y con la pistola en alto apuntando a su despacho.

Hotch se acercó a comprobar que quería decirle. Allí no había nadie. El despacho estaba vacío, no había rastro de sus cosas, solo el mobiliario. Al mirar su placa en la puerta vio que su nombre ya no figuraba en ella. Se acercó al despacho de Dave. Tampoco había rastro de sus cosas. Bajó las escaleras rápidamente, acercándose a los escritorios de su equipo. "Greg Johnson" "Gloria Seidfeld" No conocía esos nombres.

-¿Qué está pasando? –Al fin vio un par de rostros conocidos. -¡García! ¡Anderson!

La gente se amontonaba esperando a que alguien hablara.

-No puedo creer que vayan a disolver la UAC. –García parecía a punto de llorar.

-Hotchner no pudo mantener al equipo unido y renunció. No puedo creer que se rindiera. –Comentó Anderson decepcionado.

-No podemos culparle. Los nuevos jefes le presionaron y ya estaba cansado de dar la cara.

-Pudo haber luchado, como siempre lo hizo. Si no se hubiera enfrentado a Rossi y a Morgan esto no habría acabado así.

-¡No hables así de él! ¡No sabes por lo que ha pasado! –Le defendió García. Parecía decepcionada pero a la vez se mantenía leal a Hotch. –No puedo creer que ya no vaya a verlos… Éramos una familia…

El fantasma le apuntó con su arma y disparó. Todo se volvió negro.

Un torrente de imágenes se agolpó en la visión de Hotch. Su equipo: Dave compartiendo un whiskey con él, ofreciéndole una buena conversación; Morgan y García coqueteando como siempre; Prentiss trabajando a su lado y bromeando con los demás; Reid explicando la teoría del gemelo malo y el gemelo peor; JJ trayendo a Henry por primera vez a la sala de juntas para que tuvieran un buen recuerdo; la llegada de Blake. Elle entregándole su placa, todos asumiendo que Gideon lo había dejado, cuando los jefes les arrebataron a JJ, la supuesta muerte de Emily y su vuelta, como tuvo que ocultar un secreto que casi destroza al equipo. Casos, actos de compañerismo y camaradería, bromas y risas, incluso broncas. Pero ante todo un equipo, una familia.

Si él se rendía y se alejaba, eso acabaría. Eso por lo que todos habían luchado. No solo por cazar a las peores mentes criminales del país y salvar multitud de vidas, además por permanecer unidos y ser más que un equipo.

Una luz empezó a aparecer frente a él. Era un cuarto de baño. Se acercó al espejo y se miró en él, pero no era su reflejo lo que veía, era un rostro más viejo y delgado, demacrado. No había brillo en sus ojos, parecían sin vida, ajenos al mundo e inmersos en una triste oscuridad. Hotch se tocó la cara y comprobó que las arrugas eran reales. De repente había envejecido 30 años.

Se dirigió a otra habitación con dificultad, le costaba moverse. Ese era su apartamento. Un apartamento limpio, pero frío y desolador. Apenas había adornos o recuerdos en ese piso, salvo una foto familiar cuando Haley aún vivía. Hotch se percató de que había alguien más en la habitación. Un apuesto hombre de pelo rubio y ojos castaños se acercó junto a él.

-Lo siento Papá, es la única solución. –Le dijo con frialdad. "¿Jack?" Hotch intentó hablar pero no podía.

-Meter a tu padre en una residencia no es una solución, es lo más conveniente para ti y tu esposa. –La voz se escapaba de sus labios pero Hotch no tenía control sobre ella.

-¿Y qué quieres? Apenas nos hemos hablado en los últimos 20 años. ¡Maldita sea! ¡Ni si quiera conoces a tu nieto!"Eso no puede ser, esto no puede pasar"Pensé que cuando dejaras tu trabajo me cuidarías como lo habías hecho hasta que murió Mamá, pero te distanciaste y te volviste gruñón y autoritario. –Confesó con pesar.

-¡Lárgate de mi casa! –"¡No! No le hagas caso, Jack".

-Da igual lo que diga porque desde hace años no te has preocupado por tu familia ni por tus amigos. Hace tanto que no eres el héroe que yo recordaba con admiración… –Le agarró por las solapas para que le mirara. En sus ojos había odio. –No fuiste al funeral de la tía Jess y eso no te lo perdonaré nunca. Ella y Mamá son la única familia que he conocido hasta formar la mía propia. –Eso era lo más doloroso que Hotch había oído en su vida.

-He dicho que te vayas. –El viejo Hotchner se zafó de su agarre con violencia. –¡No quiero volver a verte! ¡Largo!

El más joven se alejó y salió por la puerta dando un portazo. "¿Cómo hemos llegado a eso? Jack me odia. Soy peor que mi propio padre…"

La figura encapuchada volvió a aparecer junto a él, alzó su arma y volvió a disparar. El sonido era atronador. Cuando Hotch volvió a abrir los ojos contempló como aparecía un cementerio a su alrededor. Al moverse pudo notar que volvía a tener su físico habitual. El fantasma no se movió de su lado.

-¿Qué hacemos aquí? ¿Ya estoy muerto? –El espíritu simplemente dirigió su vista hacia un punto. Hotch le miró dubitativo y empezó a caminar en esa dirección, donde se encontraban dos personas a quienes reconoció de inmediato. Uno era Jack, salvo porque se había dejado barba, apenas había cambiado respecto a la vez que le había visto discutir con su versión anciana. La otra persona era García. Vestida de negro, ligeramente encorvada y con unos 70 años.

-Gracias por venir, Penélope. –Le dijo con amabilidad.

-Es lo mínimo que podía hacer por mi bossman. –Se limpió las lágrimas con el pañuelo. –Los demás no pudieron venir. Ya sabes que con Morgan no se hablaba y tras la muerte de Rossi perdió el contacto con los demás.

-Lo sé. Que cerraran la Unidad le destrozó.

-En realidad fue la muerte de tu madre lo que le destrozó. Con el tiempo se acabó alejando de sus amigos y de su familia. Ni si quiera recuerdo la última vez que le vi sonreír.

-Yo tampoco.

-¿Pues sabes? Tenía una sonrisa realmente bonita… Supongo que nunca lo supo, pero era capaz de alegrarnos el día a los demás solo con sonreír. –Recordó con tristeza.

-Ya es hora de que me vaya. De nuevo, gracias por venir. Supongo que a él le hubiera gustado, al menos hace 30 años. –Dijo abrazándola con cariño.

-Adiós Jack. –El joven Hotchner dio un último vistazo a la lápida y se marchó. García permaneció ahí un momento más. –Al final te quedaste solo. –Murmuró mientras las lágrimas caían por su cara. Acarició la lápida con ternura. –Adiós, Hotch.

Hotch no pudo evitar derramar unas lágrimas y se marchó corriendo en dirección al fantasma.

-¡Vamos, ya lo he entendido! Yo puedo cambiar este futuro. –El espíritu no se movió. –¡Vamos! -Lo intentó una y otra vez. –¡Maldito Foyet! –Una risa espeluznante salió de detrás de la máscara. –¡Eres un cobarde!

El fantasma le cogió del cuello y le alzó. Era tremendamente fuerte. A Hotch le sorprendió que este espíritu si pudiera tocarle, más cuando él no había podido tocar al fantasma.

-¡Muestra tu rostro! –Gritó tratando de zafarse de su agarre. Entonces la máscara, la misma que usaba Foyet en sus asesinatos, se desvaneció como si fuera humo negro y detrás pudo ver la cara del fantasma. –No es posible... –No era Foyet, era él. Quien se encontraba detrás de esa máscara era Aaron Hotchner, mirándole con severidad. Una sonrisa de desprecio se dibujó en su rostro y le arrojó contra el suelo. Hotch le miró desde su posición y el fantasma se desvaneció como momentos antes lo había hecho su máscara. El humo negro no le dejaba ver, hasta que poco a poco se disipó y pudo ver el techo de su despacho.