Maldiciones Imperdonables

Ha amanecido y yo aún no soy capaz de decir nada. Un horrocrux, Bellatrix me ha dicho que este diario es un horrocrux. Varias preguntas rondan mi mente, como si alguien más lo sabe, como si tiene más o qué tengo que hacer para que ella recupere su cuerpo o la más importante: si lo que dice es real.

-¡Di algo! Me estoy volviendo loca.-exclama, al fin.-Bueno, más loca.-bromea, sonriendo.

-Es que no sé… No sé si la que me estoy volviendo loca soy yo. Hace menos de tres días me dijiste que tenía que mantener la cordura y que eras solo un recuerdo. Ahora, me sueltas esto, ¿no crees que es un poco sospechoso?

-Tienes razón.-dice, encogiéndose de hombros.-Quizá soy un fruto de tu subconsciente. Quizá ni siquiera soy como me muestro, y solo soy una fantasía, un reflejo de lo que tú quieres que tu madre sea.-de pronto, ella sonríe.-Pero, sea una cosa u otra, creo que lo estamos pasando muy bien, ¿no?-yo asiento.-Llevo dos días contándote cosas mías y de Tom. ¿Por qué no me cuentas algo de ti? Como lo de tu tatuaje en la espalda. Demasiado muggle para mi gusto, aunque,-se destapa el brazo.-realmente la marca tenebrosa podría ser también un simple tatuaje muggle, menos cuando dolía.

-¿Dolía?-pregunto, incrédula.

-¡Claro!-responde, como si hubiera dicho una obviedad- Cuando El Señor Tenebroso me llamaba se volvía negra y notaba… un fuerte quemazón. En el fondo era agradable.-una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro.-No cambies de tema. El tatuaje de las alas.

-Puedo volar, ¿sabes? Y además, Eufemia tenía un Augurey, que lloraba. Lloraba cuando yo estaba cerca. Me gustaba su llanto.-me quedo pensativa.- No sé. Mi vida no era, no es fácil. Supongo que fue un acto impulsivo.-Confieso. Ya no sé lo que digo, ya no sé lo que pienso, solo hablo.-Lo hize cuando Rodolphus Lestrange me dijo que Voldemort podía volar.

-¿Cómo está Rod?

-Viejo.-contesto, sin pensar. Ella frunce el ceño.-Ha estado dos veces en Azakabán, puedes imaginarlo.

-Sí. Rod era un hombre atractivo, qué desperdicio.-Yo levanto las cejas, tiene que estar bromeando.-No me mires así. Nadie va a fijarse en Rodolphus Lestrange si puede tener a Lord Voldemort.-sentencia, con aires de superioridad.

De pronto, una escena bastante graciosa me viene a la mente, ¿tendría mi padre celos de Rodolphus Lestrange? No habló con odio cuando le nombró. No tuvo problema en hablar de él como mi padre en toda nuestra conversación, pero… yo no dejo de ser… ¿La hija bastarda de su esposa? Niego con la cabeza… No, el que sobra es Rodolphus… ¿o no?

-¡Sigue contándome la historia!-ruego.-Creo que estoy empezando a hacerme demasiadas preguntas. Luego seguiré pensando en si quiero creer que eres un horrocrux o no.

-Está bien. Vámonos a dos meses después de mi boda.

Bellatrix baja apresurada las escaleras, acaba de enterarse de que El Señor Tenebroso está en su casa, en una reunión con Rodolphus, y no puede dejar de preguntarse por qué a ella no la han avisado. Entra en el despacho, sin llamar, y aún con el corazón en la boca. No sabe qué va a decir, pero tampoco sabe si quedarse callada.

-¿Bellatrix?-pregunta Rodolphus, avergonzado por el comportamiento de su esposa.-¿Qué haces aquí?

-Quería ver al Señor Tenebroso.-responde, cuando por fin consigue calmarse.-No podía permitir que se fuera sin volverle a pedir que me admita en sus filas.

-Bella.-dice Tom después de un momento.-¿Por qué iba admitirte hoy? No te admití el día de… vuestro feliz enlace,-continua con ironía,-¿qué te hace pensar que te aceptase hoy?

Pero ella no contesta. Se queda mirándole fijamente y él sonríe.

-Lestrange, retírate.-ordena mirando al marido de Bellatrix.-Con que has estado estudiando oclumancia. Sorprendente.-añade cuando se quedaron solos. Ella se encoge de hombros. - ¿Hay algo más que quieras contarme?

"Ahora ya puedo saber quién mira mis pensamientos. Y cuándo. Sé controlarlo, sé enseñar lo que quiero enseñar y sé ocultar lo que quiero ocultar. Ahora ya sé por qué el otro día le sorprendió tanto que cerrase mi mente, Señor, he investigado y no es algo sencillo. No es algo que pueda aprenderse en poco tiempo… A menos que se nazca con ese don."

Voldemort no borra la sonrisa de su cara.

-¿A esto has dedicado tu luna de miel, Bella? ¿A entrenar para ser una mortífaga? Ya veo por qué Rodolphus estaba tan enfadado, entonces. No deberías descuidar tus deberes como esposa.

-¡No!-exclama.- Lo que no voy a dejar pasar la oportunidad de convertirme en una de las suyas. ¡Yo soy mejor que todos ellos, señor! ¡Yo tengo más habilidades que todos ellos! Si usted me lo permitiera… Solo necesito aprender unas cuantas cosas… Mi Señor…-dijo, con una voz como si se dirigiera a su amante.

Él avanza hacia ella. Por primera vez sí que parece que se lo está pensando.

-Agarra mi brazo, necesito que vengas conmigo. – ella sonríe y aprieta su mano contra él. – Quiero dejar claro que esto no significa que te vaya a reclutar, ¿lo entiendes?-ella asiente, pero cierra su mente.-Si sigues haciendo eso voy a lanzarte más cruciatus de las que puedes soportar.

-Perdón, señor.

Bellatrix se resiste a apartarse de él. A su alrededor hay varias personas, que parecen no notar su presencia.

-¿Pueden vernos?-él asiente.-¿Dónde estamos?

-En un manicomio.-pero ella puso cara de no entender lo que ocurría.-Los muggles mandan a los locos, o a los que a su modo de ver están locos, a sitios como este y los convierten en seres que ya no son.-sigue frunciendo el ceño.-Elige a uno.

-¿Para qué?

-Lección uno: no cuestiones mis órdenes, solo obedéceme. -ella asiente y recorre la sala con la mirada. Tras un par de veces escoge a una mujer, menuda, con la nariz pronunciada y grandes ojeras. La señala con el dedo y Voldemort la lleva hasta donde están ellos. De nuevo, agarra a Bellatrix, preparándose para aparecerse lejos de ese lugar.

Cuando abren los ojos, están en el campo, en medio de la nada. La mujer no dice ni hace nada, solo mira al infinito.

-Bella, ¿cuáles son las tres maldiciones imperdonables?

-Imperius, Cruciatus y la maldición asesina.

-¿Alguna vez has invocado alguna?-Bellatrix niega con la cabeza.-Bien. Empecemos. Saca tu varita y colócate enfrente de la muggle.-ella le obedece.-Solo necesitas concentrarte, concentrarte en el dolor que quieres causar. Concentrarte en que quieres hacerle daño. No espero que lo consigas a la prim…

-¡Imperio!-exclama. La mujer comienza a moverse al compás de la varita de Bellatrix. Voldemort la mira sorprendido y ella suelta una carcajada.-¿Qué tengo que hacer?

-Para. -Baja su varita y mira a Tom con emoción en los ojos. Él, lejos de querer mostrar su asombro, levanta una ceja.-Continua.

Bellatrix respira profundo y dirige la punta de su varita hacia ella.

-Tienes que querer causar dolor. Tienes que desearlo.-susurra él.

-¡Cruccio!-grita, frunciendo el ceño, mientras agita la varita. Aparece un destello verde y la mujer se estremece, comenzando a gritar. Bellatrix relaja su expresión y mueve su varita en círculos. Vuelve a soltar una carcajada, al darse cuenta de que Voldemort asiente y sonríe. Parece que hay algo distinto en él. Se acerca a ella, con paso firme y la agarra del brazo, obligándola a bajarlo.

-Te queda una.-murmura, con su cara escasos centímetros de la de Bellatrix. Ella, sin despegar sus ojos de él, sacude su varita y un rayo verde impactó contra el cuerpo de la mujer, que cae al suelo de inmediato.-Por las barbas de Merlín…-musita.

Él, por fin, aparta la mirada y se aparecen en una calle de Londres. Ella, aturdida, y esperando que él la felicitase, gruñe y no avanza con él.

-No te enfades,-le dice, dándose la vuelta hacia ella,- vamos a celebrarlo.

Como un perro con hambre, corre hasta él y sonríe, imitándole.

-No quiero que pienses que soy un amo despiadado que no cuida a sus camaradas.-ella iba a abrir la boca pero él pone el dedo en sus labios.- Aún no eres una de ellos, Bella.-ella agacha la mirada y se aparta de él.-Mas… No vas por mal camino.-la consola.-Ahora deja de preocuparte y entra.

Sin darse cuenta, han llegado a la puerta de una mansión abandonada. Ella, conmocionada, le hace caso, pensando que pasarían una velada los dos solos, pero se queda congelada en la puerta al ver a Lucius Malfoy, Rabastan Lestrange y su marido, Rodolphus Lestrange y Barty Crouch Jr. y algunos más. La mansión parecía un antiguo palacete muggle. A decir verdad, parecía una guarida de mortífagos. Los presentes, aun así, no parecían estar trabajando sino, como le había dicho el Señor, celebrando. La estancia tenía un ambiente lúgubre y oscuro, presidido por una preciosa lámpara de araña. Había varias mesas, repartidas como estrellas. Y botellas, había botellas por todas partes. Bellatrix no puede camuflar su cara de decepción cuando se gira hacia Voldemort.

-Como ya te he dicho, Bella, tengo que cuidar a mis camaradas.-al decir esto, arquea las cejas, instándola a entrar. Rodolphus, a verla entrar con el Señor Tenebroso, corre hasta ella y le ofrece el brazo.

-¡Bella! ¿Quieres algo de beber?-pregunta, cuando Voldemort aún puede oírlos. Pero al apartarse se acerca a su oído.-¿Qué demonios haces?

-¡Suéltame!-le exige al ver que le ha agarrado el brazo.-¡Y deja de llamarme así!

-Él lo hace.

-Él es El Señor Tenebroso.

-¡Y yo tu marido!-pero ella levanta una ceja, esperando que se callase.-Dime lo que has hecho, no quiero que se enfade conmigo por tu culpa.

-Si algo va a hacerte gracias a mí es felicitarte, estúpido. ¿Crees que si hubiera hecho algo mal estaría aquí tan tranquila?

Él frunce el ceño y ve que Voldemort se acerca.

-Lestrange, he venido con Bella a celebrar su gran triunfo en el día de hoy. Esta mujer de aquí,-comienza a decir en voz alta, para que les oigan todos.- me ha demostrado ser más hábil que todos vosotros juntos. Y por eso,-agarra su copa y la levanta,-quiero hacer un brindis esta noche por Bellatrix Lestrange, la que se convertirá muy pronto en la primera de mis mortífagas. Por Bellatrix.

Al principio, todos se quedan callados, pero Rodolphus, tras mirarla extrañado imita a su Señor.

-¡Por Bellatrix!-exclama.

Al segundo, el resto le siguen. Ella se ríe y mira a Voldemort, quien le guiña un ojo antes de beber el primer trago. Se sonroja, al compás de su párpado. Él se aparta y Rodolphus la agarra y la besa. Ella, aunque quiere, no le aparta, pero aprovecha la primera oportunidad para alejarse sin que parezca incómodo. Tom ha apartado la mirada y habla con Rabastan.

-¿Y ya está?-pregunto, expectante.-¿Qué pasó?

-Quiero que reflexiones sobre lo que ha pasado.

Yo le hago caso. La muggle. La mujer muggle del manicomio. Lo pienso: Bellatrix, sin ningún motivo, maldijo a esa loca hasta que la mató y todo sin cuestionar ni una sola orden. La miro, con mis ojos confundidos.

-Quiero que lo pienses para que te des cuenta de una cosa: esto no es el cuento de "La Bella y la Bestia", que sé que te gustaba de pequeña. Yo nunca quise que Voldemort dejase de ser El Señor Tenebroso. Era yo quién quería cambiar, yo quería ser como él. El amor me había dejado ciega. El amor, la devoción, la admiración. Me ha costado veinte años darme cuenta de que esa locura de la que todo el mundo habla, esa inconsciencia de Bellatrix Lestrange no era más que el más enfermizo de los amores. Y si, cuando aceptes que soy más que un recuerdo, no quieres ayudarme a que vuelva a tener una forma corpórea, lo respetaré.-Siento lástima. Vuelvo a ser incapaz de despegar los labios para decir algo coherente. – Lo respetaré, porque, Delphi,-se acerca a mí y me coge la mano.- yo no me arrepiento de nada de lo que hice. De nada. Solo de no haber estado ahí para ti, solo de haberte conducido a Azkabán. Pero no me arrepiento de maldecir a esa muggle o a cualquier otra, o de matar a Sirius Black, o de torturar a los Longbotton. O de asesinar a Dobby, o incluso a la hija de Andrómeda, porque todo, todo lo hice porque quería a tu padre. Y nadie, nunca, va a hacer que me arrepienta de ser la loca enamorada de Lord Voldemort. ¿Era una maldición? Sí, pero las maldiciones eran lo mío.

Trago saliva. Los ojos de Bellatrix están clavados en los míos. Ella me ha cogido las manos, y las aprieta con cariño.

-No soy quién para juzgarte.-le respondo.-Eres mi madre. He crecido oyendo hablar de ti como un monstruo. Nadie nunca me ha dicho una sola palabra buena sobre ti o sobre él, nadie excepto Rodolphus Lestrange y Narcissa Malfoy.-ella frunce el ceño.- Antes me pediste saber más cosas sobre mí, pues aquí va una: he estado obsesionada con Lord Voldemort toda mi vida tanto que no me había molestado en investigar sobre ti.-exclama, y se aleja de mí.- En mi cabeza eras eso que has dicho, una loca.-aparta la mirada e intenta disimular su decepción.- ¡Pero he sido una estúpida!-ahora soy yo quien se acerca a ella.- ¡Todo lo que pensaba era ridículo! Lord Voldemort jamás se habría rodeado de gente mediocre. De gente que pudiera pasar desapercibida. Y te escogió a ti para tenerme a mí. ¡Eres Bellatrix Lestrange! Eres la mejor bruja que he conocido jamás. -ella vuelve a sonreír.- Y estoy muy orgullosa de ser tu hija.

-No pensé que la hija de El Señor Tenebroso me diría algo tan bonito.

La abrazo.

-Te ayudaré a volver a ser una persona, madre.

-Es la primera vez que me llamas así.

-Lo sé.

Un ruido me sobresalta. Es la hora de la cena y el carcelero viene a traérmela. Bellatrix me ha contado que antes solo comían una vez al día, tengo que dar gracias a que ahora tengo una triple distracción.

-¿Qué paso esa noche? Con Lord Voldemort, me refiero.

-¿De verdad quieres saberlo?

-No tengo ningún otro plan para esta noche.

Tras un rato y un par de copas de más, Rabastan y Rodolphus comienzan a discutir cada vez más alto mientras que Voldemort habla con un hombre que Bella no conoce. Ella suspira, aburrida, ya que lleva esperando al menos dos rondas, para poderse quedar a solas con él. Su idea era dejar que el alcohol le dijera a El Señor Tenebroso todo lo que ella no se atrevía, pero no podía hacerlo si no se quedaban solos. Harta, y algo molesta, se va de allí y se acerca a su marido, quien sonríe al verla y le pide a Rabastan que les deje solos.

-Eres preciosa, Bella.-Ella aprieta los labios, está a punto de repetirle que no le gusta ese nombre, pero se da cuenta de que Voldemort mira hacia ellos, frunciendo el ceño. y se limita a sonreír. Se le acaba de ocurrir algo.-Eres preciosa y eres mía.-Inclina la cabeza y la besa, con un beso suave, húmedo. Los labios de Rodolphus saben a ginebra, como los suyos.-Te haría el amor aquí mismo.

Ella suspira, los músculos del brazo de Rodolphus la aprietan contra su cuerpo y nota sus manos en la espalda. Bellatrix responde a su beso, que no quisiera a su marido no significaba que no le gustase, al menos físicamente. Y, por la expresión que Voldemort había puesto, su recompensa iba a ser doble. Juega con su pelo y Rodolphus aparta su cabeza.

-¿A dónde has ido hoy, Bella?

-¿Qué te importa?-le dice, antes de querer volver a su boca, pero él no le deja. Aprovechando los momentos de confusión, dirige un instante su mirada su Señor, que, efectivamente, sigue observándola.

-¿Has matado a alguien?

-Sí.-esta vez Bella agarra su cabeza, para evitar más preguntas, y la acerca a la suya. Nota la sonrisa de Rodolphus en su boca y ella sonríe.

Su marido se aleja de su boca y comienza a besarle el cuello. Se incorpora, tira de la mano de Bellatrix y la levanta, llevándola fuera, a una terraza. Ella, le empuja , distanciándose y se muerde el labio. Él suelta una pequeña carcajada, ella le imita, y Rodolphus la agarra por la cintura y sigue caminando, provocando que esta vez sea ella la que esté arrinconada contra la barandilla, pero cuando está a punto de besarla, una voz le hace temblar.

-¡Lestrange! ¿O debería decir Lestranges?-Ambos se separan y agachan la cabeza, esquivando la enfurecida mirada de Voldemort.- Pensaba que en mi filas tenía hombres hechos y derechos, no adolescentes hormonados. ¡Fuera de mi vista!-Enseguida, Rodolphus vuelve a donde están los demás, pero Bellatrix no se mueve.-¿No me has oído, Lestrange?

Ella frunce el ceño, al escucharle llamarla así.

-No me gusta que me llames así. No quiero que me llames así. No quiero que nadie me llame así nunca.-protesta. Realmente no es ella quien se está atreviendo a hablarle así al Señor Tenebroso.

-Cruccio.-murmura Voldemort.

Bellatrix se estremece, nota miles de cuchillos atravesándola por todo el cuerpo, no puede evitarlo y suelta un gemido de dolor que retumba en la oscuridad. Él, acaba el hechizo y ella cae al suelo, con lágrimas en los ojos. El Señor Tenebroso se acerca a ella y le habla sin ni siquiera agachar la mirada.

-Tú no me das las órdenes, tú no das las órdenes, ¿lo entiendes? ¡Aprende a comportarte! ¡Levántate! -le exige, dándole un puntapié, ella, se seca una lágrima del rostro y le obedece, ayudándose de la barandilla,- Si crees que sigues en Hogwarts y que yo soy como el idiota de Dumbledore, ¡estás muy equivocada! Podría matarte por una insolencia como esa. -le dijo, ahora mirándola. De nuevo, vuelve a estar arrinconada.- O por lo que acabáis de hacer el inconsciente de tu marido y tú.

Voldemort se aleja, se va a marchar y la va a dejar sola, con su dolor, hasta él piensa que ya es suficiente, acaba de maldecirla y no sabe muy bien por qué. Está muy enfadado. Pero no es capaz de saber con quién.

-No hacíamos nada malo.-susurra, con rastros de sollozos, Bellatrix.

-¿Qué?-pregunta Voldemort, sin darse la vuelta.

-Rodolphus y yo. Él es mi marido. No estábamos haciendo nada malo.

Voldemort se gira, y camina hacia ella como si hubiera despertado a una bestia. Cuando la alcanza, Bella no se atreve a abrir la boca ni a apartarle la mirada. Él respira agitado y aprieta los dientes. Da un puñetazo contra la pared. Ella no se altera.

Sin decir nada, Voldemort se inclina y la besa con fuerza, con rabia. Bellatrix se estremece, pero no se atreve a moverse. No se atreve a hacer nada más que responder al beso con las mismas ganas que él. De pronto, él se aparta y se va, con paso firme.

A la mañana siguiente, me despierto con Bellatrix apoyada en mi hombro. He estado reflexionando, voy a creer que ella existe de verdad. No tengo nada que perder.

-Buenos días, Delph.

-¿Acortas todos los nombres?

-No me gusta perder el tiempo.

-¿Y cómo llamabas a El Señor Tenebroso?-bromeo. Ella se ríe.- Quiero que salgamos de aquí. Juntas. Quiero vivamos las dos juntas, fuera de aquí. Así que… ¿cómo nos largamos?

-Por la puerta principal.-responde, tranquila.-Y con la ayuda de Potter y Weasly.


¡Gracias por leer! De nuevo, comentadme lo que queráis.

Como respuesta a un comentario anónimo del otro día en el que se me decía que Voldemort y Bella no se llevaban tantos años, yo tampoco lo creía, pero Tom Riddle nace en 1929 y Bellatrix en 1951, o sea, 22 años, aunque yo creo que el nunca pareció la edad que realmente tenía ;)

¡Hasta otra!