AMARGA VENGANZA

CAPÍTULO IV: Amiga

Hillary.

Otro día en mi vida. Suena la alarma, doy los buenos días a Remi y me preparo para ir al colegio. Al bajar las escaleras, escucho el sonido de la tostadora, «Al menos hoy compartiremos el desayuno», al entrar en la cocina mis padres me reciben con una amplia sonrisa. Mañana ambos me darán la mesada, lo cual hace que dibuje una sonrisa en mi rostro. Luego conversamos breves momentos:

-¿Cómo te ha ido en la escuela? -Pregunta mi padre-.

-Pues, bien, supongo...

-¿Sabes? Me he enterado que un compañero tuyo ha muerto -comenta mi madre-.

-Esto, sí, Shun, el... se ahogó.

Remi ríe, sólo yo puedo oírla, y sé por qué lo hace. Toso para hacerle notar mi incomodidad y ella se detiene.

-¿Te sientes bien? ¿Necesitas medicina? -Pregunta mi madre-.

-¡No, no, nada de qué preocuparse, estoy bien! Gracias por preguntar.

Papá deja de leer el periódico y me da un pan tostado justo como me gusta: Ni muy blanco ni demasiado tostado. Le unta mantequilla de maní y me da un caluroso buen provecho junto con un beso en la frente. Mamá, por su parte, me sirve un jugo de manzana en una pequeña taza y también me da el buen provecho. Los tres desayunamos y luego nos despedimos. Papá me lleva al colegio el día de hoy, «Mañana le ha de tocar a mamá, ¡jeje!», y Remi nos sigue desde atrás, volando. Durante el camino me preparo para la evaluación del día recordando tantos detalles como puedo acerca de lo que leí anoche, le pido la bendición a mi papá y bajo del coche, luego cierro la puerta y me adentro en el sitio más aburrido de mi vida: El salón de clases.

La profesora entrega hojas con las preguntas del examen, «Selección simple, ¿acaso le ha dado un ataque de bondad a esta señora?», pienso, mientras tomo mi bolígrafo de la suerte (no me gusta hacer exámenes con lápices ni portaminas) y comienzo a llenar las casillas que solicitan mis datos personales. Luego aparece Remi, quien comienza a soplarme las respuestas de una chica que está al frente de mí, « ¿Qué rayos? ¡No se lo he pedido! Aunque... Teniendo en cuenta que le he dado más importancia a los artículos de las Death Note que a los ensayos del tema, ¡esta ayuda no me viene nada mal!». A, D, C, B, A, B, C, B, E, D. En ese preciso orden. Luego tanto ella como yo nos levantamos y entregamos el examen al mismo tiempo. La profesora, quien notablemente está aburrida, recibe los exámenes y nos pide que nos vayamos para asegurarse que el resto de alumnos no se copien, «Aunque, ya yo lo hice y ella no tiene ni idea». La chica y yo hacemos caso y, puesto que a continuación viene el descanso, estamos libres. Iba a tomar el camino a la biblioteca cuando me detiene:

-¡Hey, tú!

-¿Yo...?

-¡Sí! ¿A dónde vas?

-Esto... -me extraña mucho que me hable una compañera de clase, pero respondo normalmente-...A la biblioteca.

-¿Por qué no vamos juntas a la cafetería y compramos algo apetitoso? Quiero decir, ¿Querrías ir conmigo?

Es la primera vez en mucho tiempo que me piden algo así, (todo desde Umeko y Shun divulgaron cosas falsas de mí), y puesto que esta tía no tiene mala pinta, acepto su amable invitación.

En la cafetería no hay mucha gente, las señoras que trabajan allí inspeccionan la comida probándolas con cucharas distintas. Lo bueno de este sitio es que al menos la comida es de calidad: No hay pelos, ni nada que no pertenezca al platillo, el cual está a la temperatura adecuada y aseguran las señoras que, ni una mosca se atreve a posarse sobre el platillo, no mientras ellas estén pendientes. Son mujeres a quienes admiro, conocen a todos los estudiantes, y para todos tienen un comentario gracioso o un consejo guardado al momento de servirles su porción del platillo de hoy, y por eso y más son queridas por todos, incluso por mí. Remi nos sigue, lo confirmo cuando giro la cabeza un momento detrás de nosotras mientras caminamos. No hablamos entre nosotras durante el camino, ni cuando saludamos a las señoras y les pedimos una pequeña porción de algo rico, y nos entregan dos Waffles pequeños a cada una. Digo pequeños porque sin exagerar son del tamaño de la palma de mi mano, y he visto Waffles más grandes que esos. Agradecemos a las señoras y luego iba a tomar un paseo por el patio cuando la chica me detuvo:

-¿Qué? ¿No quieres comer conmigo?

-¿Ah? Esto... ¿Quieres que te acompañe?

-¡Por supuesto!

-Pues... Supongo que gracias -digo, caminando de vuelta hacia ella-.

-A ti -me guiñe un ojo y me dedica una sonrisa-.

Acto seguido, aún con los Waffles en las manos, nos dirigimos hacia las mesas, nos sentamos en la que ella prefirió: Una del fondo de la cafetería, donde nadie se daría cuenta de su existencia. Yo no suelo comer en la cafetería, sino en el patio, por lo que me pregunto si esta es su mesa particular.

Entonces nos damos un mutuo buen provecho y probamos los Waffles: Son sabrosos, suaves, aún están tibios, dulces, si comiéramos más de dos sería algo empalagoso, pero dos es la cantidad suficiente para disfrutar de este pequeño postre lleno de amor y dulzor. Por la cara que tiene esta muchacha, puedo deducir que le gusta el bocado que se ha metido a la boca tanto como a mí. Debido a su tamaño, tardamos poco tiempo en comerlo. Entonces, cuando vamos a empezar a comer el segundo, ella inicia una conversación:

-Perdona el descaro -dice ella, mordiendo delicadamente su Waffle-, pero, ¿Cuál es tu nombre?

-¡No es un descaro, descuida! -muerdo mi Waffle-, Mi nombre es...

No digo nada hasta terminarme el Waffle, y notablemente la chica había esperado una respuesta antes:

-¿Es...?

-Hillary.

-¡Ah...! Ya sé. Bueno, lo del descaro lo dije porque, me sé todos los nombres de mis compañeros de clase, pero soy mala con los rostros y si te soy honesta, no... conozco mucha gente de este sitio salvo al personal, el profesorado y el panel directivo.

-Comprendo... ¿No tienes amigos? «Esto me huele algo raro...».

-Verdaderamente no.

-Hmm...«¿Será esta chica nueva? ¿Habrá entrado este año y estoy tan metida en mis libros y en mi propia vida que no me fijé de su existencia?...». ¿De casualidad entraste este año?

-Sí, soy nueva.

-¡Ah, muy bien, Bienvenida en ese caso! Es normal que te sientas así por ser nueva. Aunque, yo tengo al menos tres años en este colegio y tampoco tengo amigos, solía tenerlos, o eso creía, pero eso es otra historia... «Se corroboró mi teoría».

-Me llamo Amaya.

-Es un gusto.

-El gusto es mío.

-Bueno, disculpa que no haya notado tu existencia antes. Suelo estar muy concentrada en mis lecturas y asuntos personales y no suelo socializar con nadie, de hecho, si no me hubieses invitado acá contigo, habría ido a la biblioteca a leer algo bueno.

-¡Oh...! Pues, qué bien. Y descuida. Creo que la soledad es algo que tenemos en común, ¿no crees?

-Sí... « ¿Qué quiere de mí...».

-Pero, espero podamos ser amigas...

Luego de que dijo eso no pude evitar toser.

-¡Discúlpame! Amanecí con una tos similar a esa por razones que desconozco... «Soy buena dando excusas, al menos, ¡jejeje!».

-¡No te preocupes! Deberías tomarte algo para esa tos.

-Gracias por preocuparte, pareces mi mamá... « ¿Alguien que no es mi familia acaba de preocuparse por mí...?».

-¡Jaja! Bueno... ¿Y por qué no tienes amigos o amigas, si tienes más tiempo que yo en este lugar?

-Los tenía, creía haber conocido la amistad verdadera desde que entré en secundaria, pero todo cambió. Dio un giro de trescientos sesenta grados que hizo que tomara la decisión de no confiar en nadie y alejarme de todos, refugiándome en historias, sueños, experiencias e incluso fantasías que no son mías: Los libros.

-¿Qué ocurrió exactamente?

-Prefiero no hablar de eso... « ¿Piensas que acabando de llegar a mi vida te contaré el porqué de mi política de no hacer "amigos"? ¡Piensa diez veces más! Ya he dicho mucho, tienes suerte».

-Vale, de acuerdo, disculpa, si no quieres hablar de eso, no importa.

-Descuida.

Amaya y yo pasamos juntas el resto de la hora del examen, del primer descanso, y de la salida, conversando y conociéndonos mejor, hasta que mi papá llegó para recogerme. No parece ser mala persona, de hecho, me cae bien, pero no me fiaré de ella. No aún, y no le contaré ninguno de mis secretos, aunque ya no tengo, pero si los tuviera, no lo haría. Se los contaría primero a Remi que a cualquier otra persona, en cualquier caso. Al llegar a casa, la cena aún no estaba por prepararse, Papá me dijo que Mamá llegaría tarde en la madrugada y que mañana no trabajaría como compensación. Por lo que él se encargaría de comenzar a preparar la cena para ambos. Mientras tanto, subí a mi cuarto y me acosté en la cama, porque lo necesitaba y porque el cuarto estaba muy fresco y la cama, por lógica, estaría irresistible, y así fue. Entonces Remi y yo conversamos:

-¡Hola Hillary!

-Hola... -digo, con la cara en la almohada-.

-¿Por qué esos ánimos?

-Estoy cansada.

-¿Reflexionaste acerca del Death Note?

-Sí...

-¿Cuál es tu conclusión?

Cambio mi posición, estoy boca arriba y aún en la cama, pero ahora mirando a Remi.

-Mi conclusión es, que lo conservaré un tiempo, no porque quiera asesinar a la gente, sino porque creo que te necesito.

-¡Qué tierna! ¿Por qué lo dices?

-Porque podrías ser mi amiga, tal vez, posiblemente. Suponiendo que no dejo que nadie más toque el Death Note, nadie te podrá ver ni oír salvo yo, y por ello tal vez pueda desahogarme contigo y ser quien soy, al menos, con alguien real.

-¿Alguien real?

-Sí, pues solía tener amigos, ya sabes, imaginarios... Me desahogaba con peluches...

-¡Ah!... ¡Qué tierna eres!

-¿Quieres dejar de decirme tierna? -vuelvo a mi posición original, boca abajo con la cara en la almohada-.

-¡Pero es que... lo eres!

-Lo que digas... quiero dormir.

Y justo entonces papá comenzó a gritar para que bajara a cenar. Con toda la pereza y las ganas de dormir del mundo, comencé a bajar las escaleras (que se me hicieron eternas al ritmo tan pausado al que iba).

Al llegar, mi padre me espera en la mesa con una bolsa de pan caliente recién traída de la panadería:

-¿No se suponía que ibas a cocinar? -digo, extrañada-.

-Digamos que hubo un repentino cambio de planes, y necesito que me ayudes a limpiar la cocina y los trastes para que tu mamá no se entere.

-¿Y qué gano yo?

-Que tu mamá no se enfade con nosotros.

-...

-Te daré un poco de dinero extra en tu próxima mesada.

-Trato...

Y con todo el cansancio del mundo, luego de comer varios panes en platos de plástico, me dispongo a ayudar a papá a limpiar sus intentos fallidos de hacer un plato gourmet con todo el cariño del mundo para su hija. Reitero para hacer énfasis: Intento Fallido. Luego de desechar la comida desperdiciada, lavo el sartén y la olla mientras papá limpia la cocina. Acabamos nuestra labor tarde, pero el esfuerzo ha valido la pena: Todo está impecable, como si no hubiésemos cenado hoy. Estoy muerta, me tumbo en el sofá y le digo a Remi que apague el aire acondicionado en mi habitación, pues sabía que esa noche, el sofá sería mi lugar de descanso...


Kasumi.

Llego a la habitación con pocas ganas de dormir, esperando a que Khaki me diga si consiguió algún otro Shinigami. Cierro la puerta, me siento en la cama y espero, Khaki no llega, entonces pregunto:

-¿Cuándo piensas aparecerte?

Justo luego, Khaki se deja ver, y me mira, sonriendo:

-¡Heme aquí, Kasumi!

-No me hagas esperar Khaki, dime lo que quiero saber.

-He visto a un par de chicas hoy con un Shinigami que se me ha hecho extrañamente familiar, sin embargo, desconozco cuál de ambas es la portadora del Death Note.

-¿De qué grado son?

-Eran compañeras de tu hermano, si es lo que quieres saber.

-¡Dime los nombres!

-No pude, Kasumi.

-¿Cómo que no? ¡No me engañes!

-No te estoy engañando, no detallé sus nombres, ni años de vida, ni fecha de muerte. Me enfoqué más en las señoritas que en sus datos.

-Khaki, me dificultas el trabajo... -suspiro-...Pero gracias. Al menos ya sé en dónde buscar.

-No hay de qué, Kasumi. Todo sea porque estés feliz.

-Estaré feliz luego de que le haga pagar a la asesina, sea cual sea. ¿Cómo eran?

-Una era rubia, de cabello liso. La otra tenía un tono más cercano al castaño en el pelo, pero se me hacía más que todo anaranjado, y rizado. Era natural, sí. De mediana estatura, la rubia era más alta que la peli-naranja, la primera tenía ojos verdes y la segunda ojos miel.

-Vale, eso debe servir de algo, creo que ya tengo una idea de sus rostros. Mañana llevaré a cabo el plan de una vez por todas, durante el descanso, independientemente de lo que ocurra.

-Estaré contigo en todo momento, Kasumi.

-Gracias Khaki, Shun y yo...ambos, te lo agradecemos...

Y me acosté en la cama para llorar hasta quedarme dormida, más me vale descansar, pues mañana es el día.