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Metrópolis. Redacción del diario "El Planeta".
Tiempo después.
-Voy a mandarlos a Washington – decía Perry White, mirando desde su escritorio a la pareja de periodistas estrellas que trabajaban para su diario – Quiero que cubran la muerte del Senador Bill Atherton.
-Oh, vamos jefe. ¿Qué puede haber de interesante en un suicidio? – replicó Lois Lane.
-Justamente, lo controversial de la forma en que se produjo el deceso – White consultó unas notas – Es muy extraño que una persona en apariencia absolutamente normal escogiera suicidarse metiéndose en una obra en demolición. Aquí hay gato encerrado. Quiero que lo cubramos – los señaló – Quiero que lo investiguen.
Lois se encogió de hombros y suspiró. A su lado, Clark Kent asintió.
-Quédese tranquilo, señor White – dijo – Descubriremos qué se esconde tras ese misterio.
Cuando la pareja de periodistas salió del despacho de su jefe en dirección a sus escritorios particulares, Lois le dio un codazo a Clark.
-¿Qué fue todo eso? ¿El numero del obsecuente? ¿Desde cuando, señor Kent? – preguntó, sonriendo.
-Muy graciosa, Lois. Francamente hablando, estaba esperando que White nos asignara este caso.
-¿Por qué?
-Una corazonada – Clark meditó un segundo – Llámalo "sexto sentido" si quieres, pero algo me dice que hay mas de lo que oficialmente se dijo en este caso.
-Ya estas como Perry – protestó Lois – El informe forense y los peritos criminales dictaminaron que ese tipo se suicido. ¿Qué otra cosa podría ser?
Clark lo pensó un momento.
-¿Sabias que Bill Atherton era el rival político de Luthor?
-Pues si – Lois asintió – Pero no veo cómo podría Lex tener que ver con… - se calló. Al momento lo comprendió – Tienes razón – se rectificó – La sombra mafiosa de Luthor podría estar detrás de esto. Es cierto.
La reportera había bajado el tono de su voz. Miró disimuladamente a su alrededor.
Desde hacía cinco años, desde que Luthor se convirtiera en el Presidente de todos los norteamericanos, Lois y Clark evitaban hablar en voz alta de él. Si bien los dos estaban al tanto de su maldad, todavía no contaban con pruebas suficientes para denunciarlo.
Para Clark, el que su enemigo numero uno se convirtiera en el Primer Mandatario del país había sido un durísimo golpe de recibir. Ahora, en todos estos cinco años que duró el mandato de Lex, Superman había tenido que lidiar con la constante presión de no tener respaldo oficial para sus actividades.
¿Qué hacer cuando el Presidente de la Nación era tu enemigo?
Clark apechugó, sacó fuerzas y continúo adelante. Hizo mucho bien en estos años ayudado por Lois, su inseparable compañera.
Miró a la mujer que tenia enfrente. Ella le devolvió la mirada.
¡Que magnifica, que admirable que era! Hacia cinco años atrás, él le había confesado su secreto y la muchacha (ya una mujer mas adulta ahora) lo había aceptado sin mas. Prometió guardárselo y no revelarlo jamás al mundo, y desde ese momento, la relación de la pareja periodística más famosa de "El Planeta" se convirtió en una de las más sólidas e imparables, a la hora de buscar las noticias.
Superman hacía todas las hazañas y Lois las ponía por escrito. Otras veces, le tocaba a él ser el redactor de sus propias aventuras pero por regla general, Lois se llevaba todo los meritos.
No le incomodaba en lo mas mínimo.
Tan estrecha se había vuelto su relación profesional, que terminó pasando a otro plano.
Hacia un tiempo de esto, pero Lois y Clark ya salían juntos.
Oficialmente podía catalogárselos de "novios" pero ella odiaba los rótulos, por lo que siempre que sus compañeros preguntaban, decían que estaban "conociéndose"…
-¿En el sentido bíblico de la palabra? – les dijo una vez jocosamente Jimmy Olsen.
A Lois no le cayó en gracia.
Por el contrario, Clark se rió.
La línea de sus pensamientos se rompió. Una mujer rubia, despampanante, había ingresado en la Redacción. Se dirigió directamente hacia la pareja y se plantó ante ellos, con una sonrisa de burla en sus labios.
-¿Cómo están los tortolitos de "El Planeta" esta tarde? – inquirió.
Lois la miró con fría indiferencia. Le caía muy pesada esa mujer… aparte de que era su principal rival en el medio periodístico, pese a trabajar ambas bajo el mismo techo y para el mismo diario.
-Hola, Cat – saludó Clark. Lois le dedicó una mirada asesina. Él se encogió de hombros - ¿Qué cuentas?
Catherine "Cat" Grant, reportera prácticamente nueva pero impulsiva y eficiente, le guiñó un ojo descaradamente, ante la desaprobación de Lois.
-Ya sabes. Aquí, tras las noticias – dijo. Miró a Lois – Me entere de que van para Washington.
-Pues…
-No te importa – la cortó Lois - ¿Para qué quieres saberlo? ¿Acaso la sección Espectáculos ya te quedó chica?
El tono de Lois había sido despectivo. Cat sonrió. Adoraba molestar a Lane. De hecho era su pasatiempo favorito desde que llegara al periódico proveniente de Los Ángeles, California, su tierra natal.
-Pues sucede, Lois, que tendremos el mismo destino – soltó – Aunque con una notable diferencia. Mientras ustedes van tras oscuros casos policiales, yo voy por una entrevista exclusiva con el Presidente Luthor en persona. ¿Qué tal?
Volvió a guiñarle un ojo a Clark. Lois sintió que su sangre hervía. ¡Si esa presumida no se marchaba pronto, iba a cometer un crimen! ¡Eso seguro!
-Bien por ti, Cat – la felicitó Clark. Lois resopló.
-Gracias, cariño. Uuh… creo que mejor me marcho. No sea cosa que la bilis mal tragada de Lois haga eclosión y me enchastre. ¡Nos vemos!
Cat se marchó, sonriente. Cuando se fue, Lois explotó…
-¿Pero quien se cree que es esta rubia colagenada? ¡Por favor! ¿A quien le ganó?
-Calmate, Lois – pidió Clark – Estas dando un bonito espectáculo ante todos…
-¡Y una mierda! ¡La próxima vez, le voy a arrancar el botox de la cara!
Clark meneó la cabeza.
Las mujeres sí que eran extrañas.
Cuando Lois se apaciguó, retomaron la charla sobre el viaje que estaban a punto de hacer. Si sus sospechas se confirmaban y Luthor era el responsable ultimo de la muerte de aquel buen hombre, no descansarían hasta denunciarlo públicamente, pasara lo que pasara.
Aeropuerto de Metrópolis.
Al mismo tiempo.
El Padre Cloister caminaba con su maleta por la terminal. Iba en dirección a la parada de taxis para ver si podía conseguir uno que lo llevara a su destino: el hotel Hilton de Metrópolis.
Sabía que contaba con poco tiempo. La Bestia no se quedaría quieta. De enterarse de su sagrada misión, las cosas se pondrían muy feas.
Contaba con ganarle por ventaja.
Una vez en el hotel, iría al periódico donde trabajaban los "agentes de prensa" de Superman. Estaba al tanto de los nombres de los dos: Lois Lane y Clark Kent.
Contactaría con ellos, con la esperanza de que fueran su enlace con el Ultimo Hijo de Krypton.
Si Dios lo acompañaba, como hasta ahora, su misión podría tener éxito.
-Señor, estoy en tus manos. Guía mis pasos – murmuró, mientras tomaba el taxi.
