"Capitulo 4-Orgullo"
Era un nuevo día, Ryoma se encontraba leyendo una revista de deportes en su pupitre, no había dormido bien ese día, por ello había llegado más temprano de lo usual al Instituto, por lo que aún tenía tiempo para leer antes de que comenzaran las clases. De súbito, la puerta se abrió permitiendo que entrara cierta castaña de largas trenzas, al parecer también había decidido llegar temprano ese día. La vio arrastrar los pies hacia su asiento, se notaba cansada. Quizás era su oportunidad para comenzar con su plan macabro de ayudarla a recordar, ahora que se encontraban solos.
—Buenos días, Ryuzaki.
—Oh buenos días—Lo saludó, sorprendida de su presencia—No había notado que estabas aquí, creí que estaba sola.
—No he dormido bien, por eso he llegado antes—Admitió, liberando un leve bostezo. -
—Ya veo, me sorprende lo temprano que es.
—Por cierto ¿Aún juegas tenis? —Le preguntó acercándose a ella.
—S-Sí, un poco—
— ¿Porqué lo haces?
—No lo sé, creo que me gusta.
— ¿Recuerdas porqué te empezó a interesar?
— ¿Eh? No —Respondió extrañada ¿Porqué le hacía ese tipo de preguntas?
— ¿Quieres jugar mientras llegan los demás? —Le propuso, sí no recordaba nada, la ayudaría a hacerlo de cualquier manera.
—No lo sé, no soy muy buena— Rió nerviosa.
—Lo sé…—Suspiró, dejando a la castaña confusa— Sin embargo, podríamos hacerlo considerando lo temprano que es.
—Está bien…supongo.
Una vez que se encontraron en las canchas, sacaron sus raquetas para jugar. Ryoma como solía hacerlo en el pasado, probó el estado en el que se encontraba la pelota haciendo que rebotara un momento para finalmente atreverse a lanzarla al cielo y hiciera un saque perfecto, pero no con la misma intensidad que en otras ocasiones, para que Sakuno fuera capaz de devolverla sin problemas.
Sakuno se sentía extraña jugando con él, no era porque no lo conociera demasiado, sino más bien porque sentía que no era la primera vez que lo enfrentaba…Pero ¿cuándo? Intentó buscar en su interior, tratando de encontrar cualquier pista que la entregara una respuesta, entonces de súbito un borroso recuerdo invadió su mente, en el cual se encontraba entrenando en un parque junto a Tomoka y alguien más que parecía supervisarlas a la distancia. Esa voz era similar a la que le parecía oír en esos momentos.
—Ryuzaki ¿Estás bien?
— ¿Eh? Sí, estoy bien. Continuemos—Fingió una sonrisa ¿acaso él también se encontraba con ellas en esos instantes?
—Está bien— Musitó, ocultando su sonrisa con su gorra, actuaba como si hubiera recordado algo. Su plan estaba marchando a la perfección. —Por cierto, Ryuzaki ¿Aún conservas unas pelotas de tenis que tenían un dibujo?
—Ahora que lo mencionas…—Susurró aún más confusa ¿Cómo sabía eso?
Precisamente hace unos días las había encontrado en su habitación, creía que quizás le pertenecían a su mejor amiga como era fan de Ryoma, ya que curiosamente esos dibujos que distinguían a las pelotas de otras tenían un parecido a su rostro, más que todo su mirada gatuna.
— ¿Las tienes?
—Sí, aunque supuse que eran de Tomo-Chan. Ya sabes como ella es la presidenta de tu club de fans—Rió nerviosa, recordando algunas cosas que le había recordado Kachiro sobre ello. —De seguro le pertenecen.
—No es tan simple como se ve. —Suspiró.
—Pero sí no son de ellas ¿A quién les pertenecen? —Preguntó confusa— Quizás yo la ayudé a hacerlas y por eso se quedaron en mi habitación.
—Es suficiente por hoy—Anunció, guardando la pelota en su bolsillo.
— ¿A qué te refieres?
—Hablo del juego, por supuesto. Además quedan alrededor de diez minutos para que comiencen las clases, debemos regresar.
Dichas esas palabras, caminó hacia la salida dejando a la castaña atónita ¿Cómo era que él sabía tantas cosas de ella? ¿Acaso habían sido algo más que simples compañeros de clase? ¿Amigos? No comprendía como el ambarino sabía cosas que incluso ella desconocía por absoluto de su propia vida. En esos momentos se odiaba por no haber escrito un diario de vida que se lo dijera todo, pero no había ninguno, cuando había ordenado su habitación sólo había encontrado esas pelotas. Al menos que alguien lo hubiese escondido a propósito, pero ¿Quién habría podido hacer eso en su propia casa? Le parecía curioso que antes de que el ambarino regresara a Japón, le daba la impresión de que había visto un cuaderno rosa sobre su escritorio a menudo, pero hace unos días había desaparecido por completo.
Tal vez ni siquiera era su diario, pero esperaba que al menos tuviera algún valor o un modo de descifrar porque no debía recordar a Ryoma Echizen, y al mismo tiempo entender que importancia tenía él en su vida en el pasado.
Cuando llegó la hora de descanso, Ryoma caminó hacia la terraza para comer, sabiendo que nadie solía salvo su mejor amigo solía subir ahí, por ello se apoyó en un muro y pensó en lo que había sucedido aquella mañana, sus esfuerzos no habían sido de ayuda para Sakuno, más bien sólo conseguía confundirla más sin entregarle una pista alguna sobre él. No obstante, que hubiera fallado en el primer intento no significaba nada, porque no se rendiría, no mientras Toyama anduviera rondando por ahí…cerca de ella.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por los pasos de alguien más, sin preguntarse quién era, tan sólo bufó, diciendo el nombre de su mejor amigo.
—Por supuesto que soy yo ¿Quién más podría ser? — Se burló sentándose a su lado—Oh es verdad, podrías haber estado esperando a Sakuno ¿no?
—No sé de qué hablas.
—Sabes bien de qué hablo, ya sé lo que estás tramando. —Apoyó su cabeza en sus manos para afirmarse en el muro—Además de oírlo de Inui-Sempai, pude verlo con mis propios ojos esta mañana.
—No tramo nada.
— ¿A no? —Se burló, jamás podría engañarlo— Intentas ayudar a Ryuzaki a que te recuerde ¿no? Imagino lo mal que debes sentirte porque ella se olvidó de ti.
—Te equívocas, no lo estoy haciendo por mí.
—Ambos sabemos que no es por ella, Ryuzaki es feliz con Kintaro ahora seamos realistas. Es más creo que el motivo por el que quiere que vuelva a recordarte está conectado con esos dos ¿Verdad?
—No es eso—Gruñó.
—Hay un buen dicho que refleja lo que estás viviendo ahora: "No sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes"
—Aún no he perdido nada.
—En fin, si necesitas mi ayuda sabes dónde encontrarme—Sonrió, caminando hacia la salida. —Pero de seguro no necesitarás mis consejos, porque puedes hacerlo todo bien ¿no?
—Me estás fastidiando, Momo—Sempai.
—Por supuesto, ese es mi trabajo como mejor amigo.
—Tienes razón en algunos puntos. Sí bien quiero que Ryuzaki recuerde todo, no tengo malas intenciones.
—Entonces ¿Cuál es tu motivo en particular?
—No lo sé— Suspiró.
—Imaginé que dirías eso. No obstante, si acepto ayudarte, temo hacer sufrir a alguien más.
— ¿A quién? ¿Toyama?
—No, más bien a Ryuzaki ¿No has pensado que pasará si te vuelve a recordar, considerando que no le correspondes sus sentimientos? ¿Qué consigues a cambio de que te vuelva a recordar? Absolutamente nada, ya que todo será igual que antes. Quizás claro volverás a recibir atención por su parte, pero ¿no te has puesto a pensar por segundo qué será lo mejor para ella?
—Lo sé, por ella hago todo esto. Ryuzaki no ama a Kintaro, si sigue así vivirá una mentira.
—Tal vez aún no, pero quizás pronto lo haga ¿Y qué? ¿Prefieres que siga el resto de su vida amando a alguien que nunca le va a corresponder, en lugar de permanecer junto a alguien que si la hará realmente feliz?
—Puede que tengas razón, quizás lo mejor es que se olvide de mi.
—Quien sabe qué es lo mejor en estos momentos, pero pienso que no deberías darte por vencido si realmente estás interesado en ella.
—Yo no dije que
—Como digas— Lo imitó, no quería discutir— Te conozco Echizen, una parte de mi dice que harás lo correcto y espero no estar equivocado. Así que puedes contar conmigo.
—Thank You.
—Entonces… ¿Qué has intentado hacer además de lo de la pelota? —Rió al notar su cara de avergonzado— ¿Ese fue el primer intento?
—Sí.
—Yo creo que deberías llevarla a esos lugares en los que han estado, así reconstruyen la escena y la ayudas a recordar. —Levantó los hombros, tratando de pensar en otra idea— Por ahora debes intentar eso, más adelante…no sé, deberías decirle alguna frase que haya sido significativa para ella. Aunque conociendo a Ryuzaki, cualquier formulación que hubieras hecho habría sido significante.
—No estamos hablando de la misma Ryuzaki, la del pasado recordaba todo, la de ahora no sabe nada sobre mí.
—Es verdad, buen punto. Sin embargo, recuerdo haberlos visto juntos en más de una ocasión, incluso te mostrabas como… feliz a su lado.
— ¿Feliz?
—No sé cuál es tu concepción de felicidad, pero tenías un semblante distinto. No obstante, cuando me enteré recientemente por Osakada que la rechazaste…bueno, aún no comprendo por qué lo hiciste.
—Porque no siento lo mismo por ella.
—No seguiré discutiendo contigo de ese asunto, porque sé que eres demasiado orgulloso para reconocerlo y lo negarás hasta el final.
—Esto no tiene relación alguna con mi orgullo, Momo—Sempai.
"Sí, sí como digas" Rió, sabiendo que en el fondo tenía toda la razón, él si sentía algo por Ryuzaki, que no lo admitiera era distinto. El sonido del timbre sonó a sus espaldas, obligándolos a abandonar su charla y caminar hacía sus respectivos salones. Momo se despidió con un leve susurro "Nos vemos, y piénsalo", le cerró un ojo, mientras él sólo negaba con la cabeza y seguía su camino. No lo haría.
La clase avanzó con cautela, sintiendo por primera vez que no se encontraba concentrado en las clases inglés, sino que su mente giraba en torno a aquella chica de largas trenzas castañas que se encontraba frente a él, prestando atención a cada una de las lecciones y tomando apunte de lo pronunciado ¿Por qué de pronto le agradaba mirarla? ¿Acaso ella se habría preguntado lo mismo en el pasado?
Siendo honesto, Osakada tenía razón en una cosa, sobre que solía observarla silenciosamente, sin que nadie se percatara (O al menos eso pensaba), sólo recordaba dos ocasiones en que ella lo noto, pero no dijo nada al respecto. Quizás ese fue su plan desde un principio, observarla a diario para que por un lado, ella se pusiera nerviosa con su penetrante mirada y sintiera lo mismo que él sentía cuando ella lo hacía, mientras que por el otro, también le satisfacía sus reacciones. Aunque nunca lo había admitido, era "un poco" egocéntrico.
Tras salir de clases, caminó rumbo a la terraza nuevamente, seguía sin comprender cómo en tan sólo unos meses Ryuzaki hubiese cambiado tanto, pero más allá de la realidad, lo que más le llamaba la atención de los recientes acontecimientos era lo que sentía él precisamente ¿Por qué se sentía extraño? Debería sentirse mejor, como había mencionado Osakada en algún momento, era lo mejor que podía haber pasado, ya que ahora no tendría que lidiar con las constantes conversaciones de pasillo con la castaña de ojos carmesí, ni mucho menos tendría que tolerar ser observado durante todo el día, no obstante en lugar de sentir paz y tranquilidad, sentía todo lo contrario, estaba realmente inquieto.
Acomodó su cabeza entre sus manos y se acostó en el suelo, manteniendo su mirada hacia el cielo, con sólo percibir lo tranquilo que estaba el día y cómo las nubes se unían entre sí formando figuras, le daban deseos de dormir. Pero aún estando ahí, una parte de él aún quería que ocurriera un milagro y que ella apareciera como solía hacerlo. Negó con la cabeza, no quería que eso ocurriera, si ella iba a la terraza en esos momentos, tendría que saber tolerar su voz y sus sonrojos, eso le molestaba. "A quién quieres engañar, quieres verla" Susurró alguien en su interior. Suspiró, no era así, realmente no quería verla. Cerró los ojos un momento para dejarse llevar por la suave brisa que se apoderaba de sus cabellos, ignorando de una vez sus pensamientos y permitirse descansar en los brazos de Morfeo. Se vio a sí mismo recorriendo las calles de América, llevando su bolso en su hombro, sus ojos parecían concentrarse en el camino, pero su mente estaba en otro lado. Luego de haber tenido un encuentro de tenis callejero, estaba cansado y lo único que deseaba en momento era una ducha caliente. Pero entonces escuchó de improvisto una voz familiar, al mirar a su alrededor se percató que en verdad no había nadie, sólo la muchedumbre que solía pasear por esos sectores, por lo que ignoró sus pensamientos y siguió caminando por la estrecha calle, entrando en un pasaje que habituaba utilizar como atajo de camino al hotel en el cual se hospedaba, no obstante sus pasos se detuvieron al oír esa voz de nuevo, cuando se giró confuso se percató que no se encontraba solo cómo creía, ya que precisamente ahí a unos cuantos metros de distancia se encontraba la castaña de ojos carmesí, luciendo un vestido rosa con tirantes azules, pero más allá de sentirse sorprendido por verla en América, lo que más le extrañaba era que parecía estar esperando a alguien. Antes que se atreviera a dirigirle la palabra, Kintaro apareció a su lado y le sonrió, extendiendo su mano hacia ella, quien aceptó sin dudarlo. "Oh Koshimae, me sorprende verte aquí" Le habló el sujeto que tanto repudiaba en esos momentos, Kintaro quien al haber notado su presencia, había conseguido que incluso ella le prestara atención confusa, como si fuera la primera vez que lo veía.
—He venido a jugar tenis. —Suspiró, reprimiendo sus deseos de separarlo. — ¿Y qué hay de ustedes? ¿Qué hacen aquí realmente?
—Como Sakuno no conocía a América, aproveché el torneo de tenis para invitarla.
— ¿Han venido solos?
—Por supuesto, tenemos derecho a viajar juntos, dado que somos novios.
— ¿Novios? —Susurró desconcertado.
—Así es ¿No lo sabías?
—Debo imaginar que son otras de tus bromas ¿no? —Preguntó a Kintaro, exigiendo una explicación que no tuvo lugar. —Ryuzaki, deberías decirle a Toyama la verdad.
— ¿Qué verdad? —Preguntó confusa.
—Que jamás podrás corresponderle.
—No sé de que hablas, estoy enamorada de Kintaro.
—Ya lo escuchaste, koshimae— Suspiró— Estamos juntos.
—Eso no puede ser posible, Ryuzaki. Los dos sabemos que eso no tiene lógica.
— ¿Eh? ¿Los dos? No hay nada entre nosotros, además ni siquiera sé quién eres.
Al decir esas palabra, sintió una extraña sensación en su interior y no comprendía porque… ¿En qué momento ellos se habían enamorado? No podía comprenderlo.
"Ryoma-Kun" Escuchó la misma voz a la distancia, pero no podía tratarse de ella, porque la había visto marcharse con el pelirrojo hace unos minutos, no obstante se percató que la voz que distinguía no era emitida por ella, sino parecía provenir de su interior, como si estuviera hablándole al oído.
—Ryoma-Kun. —Habló Sakuno a su lado.
—Ryuzaki. —Despertó asustado, sintiendo su sudor en la frente. Sakuno realmente estaba ahí, la real y no producto de un sueño.
— ¿Tenías una pesadilla?
—Algo así. —Suspiró, reincorporándose del suelo— ¿Qué haces aquí?
—He venido a buscarte.
—Las clases ya deberían haber comenzado.
—Lo sé, por lo mismo la maestra me envío a buscarte. Ya que todos se encuentran en gimnasia.
—Ya veo.
Se sentía aliviado de que esa pesadilla no fuese real, pero al mismo tiempo se sentía decepcionado de que ella fuera a verlo a la terraza enviada por una orden de alguien más y no por sí misma. Tras salir de la azotea, caminaron de regreso al salón, no podía dejar de pensar en lo que había soñado ¿Porqué había tenido ese tipo de sueño? Más bien ¿Porqué había tenido relación con ella? Pero no eran las únicas interrogante que se planteaba, también se preguntaba ¿Por qué había despertado como si fuera una pesadilla? Considerando que no le incumbía la vida de la castaña, pero quizás sólo se sentía de ese modo porque temía que llegara a ser así.
La observó a su lado, se notaba más distraída de lo normal en su teléfono, pero más que pensativa parecía sonreírle a la pantalla ¿Con quién estaría hablando? ¿Acaso él realmente podía hacerla feliz? Las palabras de Osakada revolotearon en su mente, uniéndose a las palabras de Momo, ambos preocupados por el bienestar de Ryuzaki, mientras él no comprendía qué era lo que más le importaba.
De súbito, unos chicos se detuvieron frente a ellos, no sabía sus nombres, pero si sabía que pertenecían a una clase superior a su grado. Creía que en quizás necesitaban preguntar algo sin mayor importancia, no obstante dirigieron su mirada principalmente a la castaña.
—Tú eres Sakuno Ryuzaki ¿Verdad? —Preguntó uno de ellos con una amplia sonrisa.
—S-Sí…
— ¿Tienes novio?
—No… ¿Por qué lo preguntas?
—Te lo dije—Le pegó un codazo uno de ellos, al chico alto de cabello negro que estaba a su lado.
— ¿Te gustaría salir conmigo?
—Y-Yo…lo siento, pero
— ¿Y qué hay de mí? ¿Soy tu tipo? —Se burló su amigo a su lado.
— ¿No tienen nada mejor que hacer que prenden preguntar tonterías? —Gruñó el ambarino, haciéndose notar. — ¿No deberían ir a clases?
—Es nuestro problema si nos saltamos las clases. Además no deberías entrometerte en lo que no te corresponde, no tienes ningún derecho sobre ella. —Respondió el chico de cabello negro, jalando a la castaña a su lado.
—Te equívocas—Gruñó—Ella me pertenece—Sentenció, jalándola del brazo y protegiéndola tras de él. —Permanece detrás de mí.
Sakuno asintió a sus palabras sin comprender lo que había acabado de decir ¿Le pertenecía? ¿A qué se refería con eso? ¿O lo había dicho para protegerla? Sí no eran cercanos, lo que más extraño le parecía era que actuara como si lo fueran.
—Oye pequeño ¿Acaso quieres pelear? —Gruño el más alto tomándolo del cuello.
—Sí es necesario lo haré—Respondió con el ceño fruncido—Mada Mada Dane.
—Eres un engreído, ya lo verás.
Y Ryoma sin pensarlo le lanzó un puñetazo bajo el mentón, dejándolo atónito ante su repentina acción. En defensa de su mejor amigo, el segundo chico lo golpeó en la boca del estómago, provocando que él cayera de rodillas gimiendo.
"¡¿Estás bien?! Ryoma—Kun" Le preguntó nerviosa la castaña, pero él no respondió, simplemente se levantó y dejó ver una pequeña sonrisa, ignorando el leve sangrado que le había provocado el tipo, pero no le importó, simplemente se limpió con su manga "¿Eso es todo lo que tienes?" Le preguntó a uno de ellos. El más alto nuevamente caminó a zancadas hacia él para levantarlo del cuello, amenazándolo con acabar con él si seguía siendo tan arrogante, pero el ambarino no mostraba ni siquiera en su rostro algún signo de arrepentimiento y temor, más bien lo miraba directamente, como si no creyera en sus palabras. De súbito, cuando pensaban proseguir con sus planes, Ryoma se escapó de sus fuertes brazos y golpeó en la cara al chico de cabello negro, provocando que gimiera de dolor. Pero antes de que Ryoma pudiera retirarse de dicha pelea, su compañero lo sorprendió dándole una patada que consiguió que cayera de espaldas. "¡Ya basta!" Gritó Sakuno, protegiendo al ambarino, estaba cansada de todo eso, no podía tolerar más ver cómo salía lastimado, sí no se detenían ahora no sabía cómo terminaría todo eso.
—Sí quieres que nos detengamos, deberías aceptar venir con nosotros. —Sonrió el chico de cabello negro.
—Así es, sí no quieres seguir viendo cómo lo lastimamos, deberías salir con nosotros.
— ¿Sí lo hago…lo dejarán en paz?
—No lo hagas, Ryuzaki—Habló Ryoma levantándose con dificultad— Sólo te están manipulando, no los escuches.
—Pero
—No tienes qué cumplir sus órdenes.
Aguardaron silencio cuando escucharon los pasos de alguien acercándose por el pasillo, lo que alertó a los agresores para que se marcharan lejos de la escena, prometiendo volver algún día por ella y qué pensara lo que haría. En un intento por no ser descubiertos, Ryoma la tomó de la mano y la obligó a qué corrieran a un lugar seguro, sí alguien lo veía en ese estado no sería el único responsable, sin duda interrogarían a la castaña también por lo sucedido. Cuando sus manos se conectaron, le dio la sensación de que antes la había tocado, su corazón incluso había reaccionado al contacto, era como si con el sólo roce una parte de su cuerpo hubiera identificado a esa persona, enviándole señales que nunca antes había sentido, como un leve cosquilleo en su estómago, el frenético latido de su corazón y la sensación que le transmitía de seguridad.
Se detuvieron en un balcón de la planta más alta, estaban exhaustos, pero habían conseguido marcharse sin dejar rastro.
—Ryoma-Kun… ¿Cómo te encuentras? Debemos ir a la enfermería. —Suspiró la castaña.
—No es necesario, estoy bien. —Respondió, soltando su mano.
—No deberías haber hecho esto, no tenía nada que ver contigo. Ahora estás herido por mi causa. —Sus ojos se nublaron.
—Descuida, son sólo unas heridas superficiales. —Conocía esa mirada, sí no la calmaba pronto, lloraría sin duda. —Aún si esto no tenía que ver conmigo, no podía permitir que te acosaran de ese modo. Mucho menos si no podías defenderte por ti misma.
—Te agradezco tu preocupación, pero me toca a mi hacerme cargo de ti. Debemos ir a la enfermería, digas lo que digas, no estás bien y sí no te pones hielo ahora mismo, tu cara se verá hinchada.
Sakuno lucía tan desesperada, que no sabía que decir al respecto, por más que intentara convencerla de que estaba, ella no quería escucharlo y le exigía que fueran a ver a la enfermera. Le parecía haber vivido una escena similar a aquella antes, precisamente ese día que tenía sólo unos minutos para ganar un partido, debido a que su ojo había sido herido, provocando una gran hemorragia. Precisamente cuando creía que estaría bien y podría seguir así, ya que podía jugar tenis con los ojos cerrados y no dependía de sus ojos por completo, ella apareció. Le sorprendió verla, cruzó la barrera que separaba al público de los jugadores y se atrevió a caminar a la cancha, llevaba su cinta rosa del uniforme para que se lo vendara. En ese momento, lucía exactamente como en esos instantes, estaba tan preocupada que incluso sus ojos lucían en sincronía con sus emociones, como si fuera a llorar. Le dijo que no podía interrumpir un partido, pero ella ignoró sus palabras y lo sorprendió tomándolo de la mano para que fueran a la enfermería. Era la primera vez que veía así, tan impulsiva, como si sus miedos y sus constantes inseguridades hubieran desaparecido en ese momento. Ahora mismo estaba haciendo eso, lo había tomado del brazo y lo dirigía a la enfermería, él podría detenerla sin problemas, pero estaba tan desconcertado con esa escena que simplemente caminaba a su lado sin decir nada. Tenía deseos de detenerla y estrellarla en sus brazos, generándole seguridad nuevamente y que confiara que estaba bien, pero no podía. En primer lugar ¿Por qué había nacido por parte de él la necesidad de abrazarla? ¿En qué estaba pensando? Sí lo hacía, su reputación quedaría marcada por eso, no obstante otra parte de él tenía la certeza que más allá de su reputación, le importaba que ella estuviera bien, más que cualquier otra cosa.
Al llegar a la enfermería, se percataron que no había nacido, lo cual enfureció a la castaña ¿Cómo era posible que no hubiera nadie? No entendía, para qué existía la enfermería, sí no había nadie disponible que pudiera atenderlos. Sin pensarlo, se acercó al mueble de primeros auxilios y extrajo un botiquín, llevando además algunos algodones para desinfectar su herida. Entonces le ordenó que se sentara en la camilla, Ryoma obedeció confuso, era la primera vez que la veía tan enfadada.
—No es necesario que lo hagas, yo puedo hacerlo—Le susurró Ryoma, viendo como ella hundía el algodón en el alcohol. Eso dolería.
—No, yo lo haré ¿Cómo lo harías si no eres capaz de saber con exactitud donde tienes la herida?
—Puedo hacerlo de igual manera.
"No hables, yo lo haré" sentenció y empezó a desplazar el algodón con cuidado por su boca, limpiando la herida con cautela, sangraba demasiado y él parecía no notarlo. Ryoma la observó pensativo y lo curaba. Cuando ya había limpiado bien su rostro, la vio coger un envase de agua oxigenada, nervioso tomó su muñeca para impedirlo, no necesitaba más curaciones, estaba bien. Por un minuto, el silencio se apoderó de ambos, mientras sus miradas se volvían una y sus corazones latían en sincronía con sus nervios.
Esos ojos que miraba por primera vez de ese modo, le parecía como si ya los hubiera visto cientos de veces, no comprendía porque todo lo relacionado con Ryoma solía parecerle familiar en algunos instantes. Pero su cabeza no le permitía recordarlo.
—Ryoma-Kun…Sí quieres no lo haré, pero ¿Podrías soltarme? —Susurró sonrojada.
—Oh es verdad, lo siento— Se apresuró a decir, soltando su mano una vez más.
Sakuno aprovechó la interrupción para llevar los desechos de sangre al bote de basura, luego se lavó las manos en el baño cercano y las limpió con jabón. Cuando volvió, encontró a Ryoma tan pensativo, que ni siquiera su propia voz podía alcanzarlo.
—Ryoma-Kun—Insistió una vez más— Sí te sientes mal, podrías hablar con la maestra. Debemos volver a clases.
—No sé si sea necesario volver, considerando que han pasado algunas horas desde que salimos de la terraza. Lo que significa que las clases terminaran pronto.
— ¿Eh? ¿De verdad? Entonces estamos en problemas—Murmuro nerviosa, nunca antes se había saltado las clases.
—No lo creo, es más posible que yo lo esté por mi estado actual.
—Oh es verdad, debido a esa pelea— Susurró — ¿Qué haremos?
—Antes de pensar en que haremos, deberíamos salir, porque la enfermera puede volver en cualquier momento.
— ¿Y cuál es el problema de eso? Sí viene podrá verificar si estás bien o necesitas algo más.
—Ya me siento mejor gracias a tus cuidados, así que no es necesario. —Suspiró— Por cierto ¿Tienes planes para hoy?
—Creo que no ¿Porqué?
—Entonces, sal conmigo.
—Te refieres ¿Salir de aquí o ir a otro lugar?
—Primero salgamos de la enfermería.
Los dos caminaron de regreso al salón, percatándose que sus compañeros aún no regresaban de las clases de gimnasia, por lo que Ryoma había propuesto que se marcharan antes de clases, en esperar que regresaran y estuvieran realmente en problemas. No quería admitirlo frente a ella, pero seguía adolorido producto de los golpes que había recibido. Cuando salieron al exterior, notaron como el sol comenzaba a teñir el cielo poco a poco, disminuyendo incluso la intensidad en que lo miraba.
— ¿A dónde quieres ir? —Preguntó nerviosa
—A un lugar que hemos estado antes.
—Ah, pero.
—Por supuesto si no tienes nada mejor que hacer—Agregó.
—No tengo nada—Infló los pómulos en representación de disgusto, no le gustaba cuando le hablaban así. Además ni siquiera le había preguntado, simplemente lo había anunciado como si ella no tuviera que pensarlo mejor. —Está bien, iré. Pero ¿Qué lugar es exactamente?
—En el centro de Tokio, no tardaremos demasiado.
—Ya veo, pero ahora que lo pienso…debo avisarle a Tomo-Chan. Quizás debería llamarla.
—Sí lo haces, podría preocuparse si estuviste envuelta en una pelea—Susurró, tratando de convencerla, sí ella se enteraba, no sabía que pasaría.
—Tienes razón, no había pensado en ese detalle. —Murmuró y sólo se atrevió a enviarle un mensaje de despedida, sin mencionarle con quien se marcharía.
Lo miró de reojos, tratando de descifrar porque le daba la sensación de que ellos no habían sido tan sólo compañeros, había algo más, pero tampoco era una amistad. Se preguntaba si algún día podría descubrirlo.
Continuara…
