Capitulo 4 Una pobre chica (II)
Marian empezó a caminar lentamente con la mano que podía mover sosteniendo su estómago, casi no podía mantenerse en pie, se balanceaba a causa del dolor… volvió a toser sangre, y de repente a unos metros de ellos perdió el conocimiento y cayó al suelo. Benji que era el que estaba más cerca de ella, se acercó rápidamente y la cogió,
Roberto se acercó corriendo y dijo:
- Ha perdido mucha sangre, hay que llevarla al hospital y deprisa…
- Llevémosla en mi coche Roberto, está aquí al lado -dijo Adriano.
- Está bien. Bueno chicos ya nos veremos. Dijo cogiendo a Marian en brazos.
- Nosotros también queremos ir Roberto -dijeron todos los chicos a la vez.
- Sí queréis, venir todos después, ahora deberán hacerle muchas pruebas.
Roberto con Marian en brazos entró en el asiento trasero del coche de Adriano, la miró y la vio apretando la mandíbula fuertemente e intentando impedir que las lágrimas salieran de sus ojos, empezó a temblar nerviosamente… Roberto sabía que temblaba a causa de estar llorando y sufriendo interiormente, y por supuesto temblaba de miedo, estaba asustada, aterrada, había tenido que pasar mucho miedo, y ahora toda esa fortaleza y aguante que había demostrado delante de ese hombre había desaparecido… sentía lastima por esa chica, por lo que había oído era la tercera vez que se veía forzada a cambiar de país por culpa de ese hombre… y la primera vez que ese hombre la había golpeado le había roto tres costillas y un brazo, ese hombre era detestable, despreciable… la había humillado, golpeado hasta la saciedad, y por lo que creía, esa chica estaba sola en Japón...
En diez minutos llegaron al hospital… al ver el estado de la chica prácticamente inconsciente se la arrebataron de los brazos a Roberto y rápidamente la entraron dentro… les preguntaron qué había ocurrido… ellos solo atinaron a decir que su ex-pareja le había dado una paliza y que ellos la trajeron al hospital…
Roberto y Adriano decidieron esperar pacientemente… esa chica no tenía a nadie en Japón y les sabía mal dejarla allí sola… estuvieron hablando de lo ocurrido y un sentimiento de rabia y furia se apoderaba de ellos, al pensar cómo era posible que existiera un hombre tan cruel, violento y agresivo… y en la valentía que había demostrado esa chica.
- Esa chica tiene que estarlo pasando realmente mal… -dijo Roberto.
- Es cierto… ha dicho que ahora tendría que huir a otro país por tercera vez… ha de ser horrible vivir así…con el miedo a que te vuelva a encontrar… a pegar… -dijo Adriano.
- La verdad es que sí.
Al cabo de un par de horas, un médico salió y preguntó por la familia o amigos de esa chica española…
Roberto y Adriano se levantaron de la silla y se fueron a hablar con el doctor.
- ¿Díganos como esta doctor? -dijo Roberto.
- ¿Son ustedes familiares?
- No, ella está sola en Japón, pero fuimos los que la trajimos aquí, y queremos saber cómo se encuentra… -dijo Adriano.
El médico suspiró y les dijo:
- Bueno la joven… está bastante grave…tiene un hombro dislocado, la muñeca y la mano la tiene rota y por consecuencia también se le rompió el radio del brazo, ha sufrido una hemorragia interna, imaginamos que debido a los fuertes golpes que tenía en el estómago y en el vientre… la herida de su pierna es un corte profundo pero no es grave, hemos tenido que ponerle puntos en la frente para que dejara de sangrar… y… -el médico suspiró fuertemente- y debido a los golpes en su cabeza ha sufrido una conmoción cerebral grave, por lo demás todo son morados bastante grandes por todo su cuerpo… en la espalda, los brazos, las piernas, el estómago… pero por suerte está fuera de peligro…
Realmente quién lo ha hecho… sabía perfectamente lo que hacía y donde golpeaba… ahora la paciente está descansando en una habitación… le hemos administrado calmantes y antiinflamatorios.
Roberto y Adriano se quedaron atónitos… tenían una mezcla de amargura, rabia y lastima… se habían quedado sorprendidos por todos las lesiones que sufría esa chica según el doctor y las pruebas que le habían realizado… estaba realmente lastimada… para ser exactos según había dicho el doctor estaba bastante grave…
- ¿Podemos verla, doctor? -dijo Adriano.
- Sí, no hay problema, pero les advierto que no será agradable… Vengan conmigo, les acompañaré a la habitación de la paciente.
- Está bien.
En unos minutos estaban en la habitación de la joven, realmente impactaba ver a alguien en esa situación… tenía el brazo escayolado, le habían puesto un vendaje que sujetaba su hombro dislocado y otro vendaje en la cabeza, la cara la tenía hinchada y enrojecida por los golpes, uno de sus ojos estaba amoratado… la pierna también tenía un vendaje para que el corte dejase de sangrar… Lo más horrible eran las marcas en su cuello, tenía la marca de la mano de aquel despreciable hombre, estaba totalmente enrojecido y algo amoratado… y la parte de arriba de la bata que le habían puesto en el hospital, se la dejaron ligeramente levantada para que no le rozara con los golpes que tenía, donde se veían claramente todos los morados en su estómago y vientre… lo tenía tan hinchado y amoratado que prácticamente podría decirse que era un único morado. Por el resto del cuerpo tenía únicamente arañazos y algún que otro morado más.
Ambos se giraron y salieron unos segundos de la habitación… con un deje de resignación… era horrible lo que le habían hecho… y había aguantado de pie todo aquel rato en ese estado y sin quejarse por el dolor…
- Adriano tenemos que ayudar a esa chica… si la vuelve a golpear de esa manera la matará…
- Sí, pienso lo mismo, ¿pero cómo podemos ayudarla?
- Yo sé, que no la conocemos y ella no nos conoce… pero estoy por proponerle que se venga conmigo a Brasil. Como Oliver entrenará y vivirá en el club de fútbol, ella puede quedarse un tiempo en mi piso… es lo único que se me ocurre… -dijo Roberto.
- No me parece mala idea… de todas maneras le daré varias direcciones y teléfonos de personas que conozco, por si necesita irse de nuevo, saber a dónde ir…
- Eso es una buenísima idea Adriano, yo también conozco mucha gente quizá también puedan ayudarla si lo necesitará… pero en un principio si no sabe a dónde ir, le propondré lo de Brasil cuando despierte…
Volvieron a entrar, respiraba con algo de dificultad y con algún gemido de dolor… de repente abrió los ojos sobresaltada, mirando a todos los lados asustada… y dijo tocándose con la mano la cabeza y el brazo escayolado acercándoselo al estómago:
- Me duele la cabeza, todo me da vueltas… ¿dónde estoy?
- Tranquila estás en el hospital, nosotros te trajimos, cuando ibas a marcharte perdiste el conocimiento…
- Iré a decirle al doctor que has despertado, ahora vengo -dijo Adriano.
- Ustedes son los que me ayudaron en el campo de fútbol ¿verdad?
- Bueno… creo que ayudar, lo que se dice ayudar no lo hicimos… me llamo Roberto y el otro chico se llama Adriano.
- Por supuesto que me ayudaron… es un placer conocerle Roberto. Yo soy Marian, tengo 27 años y soy española, para ser exactos soy de Barcelona. Muchas gracias por todo lo que han hecho por mí…
- De nada…
Adriano entró a la habitación y dijo:
- En un momento vendrá el doctor.
- Gracias señor Adriano -dijo Marian intentando sonreír a los dos chicos.
- No hay de qué...
- Bueno… eh… no quisiera parecerles grosera o desagradecida, pero deberían irse, si él se llegará a enterar que están aquí y que me han ayudado… os haría daño y os arruinaría la vida… Es por eso, que siempre evito hacer amistad con la gente… cuando alguien intenta acercarse a mí, sea del sexo que sea, me alejo de ellos automáticamente… no quiero que hagan daño a nadie más…
El último amigo con el que quede a hacer un café, al día siguiente apareció en el hospital muy grave y cuando fui a verle me miró con miedo, como si Deivid le hubiese dicho que sí volvía a acercarse a mí le mataría… No puedo acercarme a nadie ¿lo entienden? Tienen que irse rápidamente de aquí… No pienso permitir que algo así vuelva a ocurrir… -dijo Marian con lágrimas en los ojos…
- Cálmate… estás a salvo… -dijo Roberto.
- Ni siquiera… jamás podré tener pareja a no ser que consiga que se haga justicia… por qué prefiero renunciar al amor… antes de que lastimen a la persona de la que me enamore… aunque suene ruin me tengo que conformar con tener aventuras porque no puedo darles nada más… sin arriesgarme a ponerles en peligro -dijo Marian empezando a sollozar.
- Tranquilízate… vamos a ayudarte -dijo Adriano.
En ese momento, entró el médico y les dijo a los dos hombres que salieran de la habitación… que tenía que ver si estaba completamente bien al haber acabado de despertarse.
- Por supuesto, doctor -dijo Adriano y Roberto.
Al salir Roberto y Adriano se encontraron con todos los chicos y chicas del campo de fútbol… se acercaron todos a ellos y les dijeron:
- ¿Como está esa chica? ¿Podemos verla? Roberto contestó:
- Acaba de despertarse… el médico esta examinándola de nuevo.
- Está bastante grave… y no es muy agradable ver a alguien en ese estado, así que sí sois aprensivos será mejor que no entréis -dijo Adriano.
Las chicas estaban indignadas con ese hombre… y los chicos estaban enfadados consigo mismos por no haber hecho nada para evitarlo… De repente, se escucharon unas voces que rozaban los gritos:
- Necesito que me dé el alta, ¿no lo entiende? Tengo que irme de aquí ahora mismo o él me encontrara de nuevo… Le agradezco mucho lo que han hecho por mí pero tengo que marcharme.
- Tranquilícese señorita… aún no puedo darle el alta, ha de entenderlo… usted está muy grave… tiene que quedarse en observación durante 24 horas como mínimo.
- Pues sí usted no me da el alta… seré yo quien me vaya…
Roberto y Adriano entraron a la habitación… y encontraron a Marian intentando levantarse de la cama, y el doctor tratando de impedirlo.
- Suéltenme… por favor… déjeme ir -dijo llorando desconsoladamente.
- ¡Enfermera! ¡Enfermera! ¡Venga ahora mismo! -gritaba el doctor.
- Marian cálmate todo va a salir bien -decía Adriano.
Marian ya no oía nada, la enfermera le había administrado algo, y quedo dormida inmediatamente.
Roberto le cogió de la mano y le susurró:
- Tranquila todo va a ir bien.
El médico y la enfermera salieron de la habitación. Los chicos y chicas se decidieron a entrar, era una habitación muy grande y cabían todos perfectamente. Se hizo el silencio cuando la vieron… Patty, Jenny y Amy se abrazaron a sus respectivas parejas enterrando sus cabezas en el pecho de ellos, muy impactadas por lo que estaban viendo. Anabel se abrazó a Bruce y Eva se abrazó al que estaba más cerca que era Mark. Aunque Bruce y Mark se sorprendieron por el gesto de las chicas les correspondieron amigablemente el abrazo…
Los chicos entendían que para ellas, siendo chicas, ver algo así, aún era más desagradable y les afectaba más. Los chicos repasaban con la mirada el cuerpo de la chica… estaba realmente grave, en todo su cuerpo tenía golpes, morados y sin decir todos los vendajes que tenía puestos, la escayola en su brazo.; y lo peor, las marcas en su cuello, los grandes morados en su estómago y el ojo amoratado… muchos apretaban los puños de rabia e impotencia.
Al rato salieron todos a la sala de espera, los chicos estaban enfadados.
- ¡¿Cómo puede haber alguien capaz de hacer tal cosa?! -dijo Bruce.
- Roberto, Adriano ¿no podemos hacer nada para ayudarla? -dijeron Oliver y Mark.
- ¿Tenemos que hacer algo? -dijeron los dos porteros Benji y Ed.
- Esto no puede quedar así, como coja a ese tipo…. Grrrrr -dijo Patty.
- Es horrible como ha dejado ese tal Deivid a esa pobre chica -dijo Julian y Phillip.
- Roberto, Adriano ¿os ha dicho algo cuando la habéis traído? -preguntó Tom.
- Bueno sí, me dio las gracias por haberla ayudado, y me dijo que se llamaba Marian, que tiene 27 años y es española, para ser más exactos de Barcelona… y por lo que intuyo está aquí sola en Japón, vino huyendo de ese hombre, y por lo que escuché es la tercera vez que se ve obligada a huir de un país por culpa de él… -dijo Roberto con un aire de impotencia.
Los chicos pensaban que era cruel y horrible tener que vivir de esa manera… siempre huyendo.
Adriano les explicó que habían pensado en darle direcciones y teléfonos de gente de confianza en los que si en algún momento necesitaba volver a huir poder ir allí, pero que en un principio Roberto había pensado proponerle de ir a Brasil con él, ya que en menos de dos días se tendrían que ir para allí, y como Oliver jugaría y viviría en las instalaciones del club de fútbol donde juegue, ella podría quedarse en su piso por un tiempo… pero no sabían si ella accedería, tenían que entender que esa chica no les conocía de nada y ellos a ella tampoco…
Entonces Benji Price dijo:
- Yo pronto volveré a jugar en Alemania, darle mi dirección y mi teléfono también, por favor… si puedo ayudarla quiero hacerlo.
- Darle la mía también, estaré en un equipo de Italia -dijo Mark Lenders.
- Y también la mía, que estoy en un equipo de Francia -dijo Tom Baker.
- Está bien, también se las daremos chicos, gracias por intentar ayudarla -dijo Adriano.
- Será mejor que os vayáis a casa chicos… yo me quedaré, me sabe mal dejarla sola después de lo que acaba de pasar -dijo Roberto.
- Está bien Roberto, mañana a primera hora vendré yo y me quedaré con ella. Cualquier cosa me llamas al móvil -dijo Adriano.
Los chicos se despidieron de Oliver a la salida del hospital por si no le volvían a ver antes de irse, le desearon lo mejor en su viaje a Brasil y esperaban volver a verse pronto.
Bueno aquí tenéis el cuarto capitulo, hay que ver pobrecilla esa chica... pero menos mal que existe gente dispuesta a ayudar como Oliver, Roberto, Adriano y el resto de sus amigos... ¿Y ahora qué pasará? prometo no haceros esperar mucho con el siguiente capitulo. Gracias por leer y no olviden dejar reviews!
