CAPITULO IV (4/10)

Una semana como ayudante de McGonagall, ella insiste en que la llame Minerva, me ha servido para darme cuenta que Snape realmente se quedaba corto al tildar a los alumnos de ineptos. Cinco días me han servido para ver que excepto un par por clase, el resto de los adolescentes acuden a las clases para calentar la silla y enviarse notitas cuando se piensan que nadie les ve. A Harry tampoco es que le vaya mucho mejor, está desesperado por el bajo nivel que Freamont les estaba dando.

La ineptitud y la necesidad de relajación me han hecho estar sentada en estos momentos frente a Snape. Después de probar durante estos cinco días con largos baños después de cenar, la única alternativa que me quedaba para evitar salir por los pasillos y hechizar a los adolescentes es la de la taza de té. El director de Hogwarts, que está sentado frente a mi en su cómodo sillón, sonríe de una manera visible y no imperceptible como las otras veces que se lo he visto hacer. Su expresión de diversión consigue que me tenga que aferrar a los brazos de la silla para no caer en la tentación de hechizarlo.

— Profesora Granger que honor tenerla por aquí un viernes noche, ¿cuál es el motivo de su presencia en mi despacho?

— ¡Ponme una taza de té y déjate de sarcasmos, Snape!

Sin perder la sonrisa, incluso diría que ampliándola unos milímetros, hace aparecer frente a mi una taza de té. El slytherin esta vez no se ha hecho aparecer un té, esta vez para él se ha pedido una copa de whisky de fuego. En silencio comenzamos a tomar nuestras respectivas bebidas, él no aparta sus ojos de mi en ningún momento y eso consigue que mis nervios todavía se encuentren más al límite. A mitad de la taza no lo soporto más y alzo mi mirada para enfrentarla con la suya divertida.

— ¿Las normas del colegio no permiten hechizar a los alumnos, verdad?

— Estoy luchando contra el Consejo Escolar para que lo permita— dice en un tono serio pero sin que la sonrisa desaparezca de sus labios— Si ellos hubieran tenido a alumnos como su compañero Longbottom que hacía explotar calderos cada sesión, seguramente serían ellos quien me lo propusieran a mi. No sabe lo que es que varios calderos exploten cada clase, la poción contra la cefalea era la más utilizada en mis tiempos de enseñanza.

Al recordar sus tiempos como profesor de pociones deja de rodear con sus dedos la copa, a la que casi ya no le queda whisky, para colocarlos en sus sienes. Parece que el recordar a Neville en sus clases ha conseguido hacerle tener dolor de cabeza. Lentamente se masajea las sienes con sus dedos, movimientos circulares y lentos consiguen que mi mirada lo observe con atención. El té en mis manos y la relajación de Snape masajeándose las sienes con sus ojos cerrados consiguen que durante unos segundos me olvide del tema que me ha hecho estar en su despacho.

Desde que me salvó la vida, desde que estuve ocupándole la habitación y la cama durante dos meses, se que algo ha cambiado en mi forma de ver a Snape y en la forma que él me ve a mi. No hace comentarios dañinos como antaño, las veces que me ha llamado sabelotodo lo hace sin ese tono despectivo y cruel con que lo hacía en sus clases. Ahora se permite sonreír en mi presencia, se permite relajarse como lo está haciendo en estos momentos y también se permite sonreír al modo Snape. Si no fuera porque estamos hablando de Severus Snape, del hombre que todavía se dirige a mi de la forma más educada posible y sin tutearme, casi podría afirmar que tenemos una amistad. Por mi parte estaría encantada de ser su amiga, de poder conocer más de su complicada vida y sus inquietudes, el problema es que no creo que él quiera confiarme datos importantes de lo que ha pasado.

— ¿Puedo llamarte Severus?— pregunto esperando a que abra los ojos y me mire para seguir hablando— Quiero decir, ahora somos iguales y estamos en el mismo barco. Minerva te llama Severus, Harry te llama Severus y yo considero que hacerlo es un síntoma de igualdad. Se que pedirte que tú a mi me llames Hermione y que me tutees puede resultar excesivo pero me gustaría también. Después de todo me salvaste la vida, me has dado un trabajo y te has preocupado por mi más de lo que te correspondía.

Se levanta del sillón y da unos cuantos pasos hasta la chimenea de su despacho, allí apoya una mano en la pared mientras mira los rescoldos del fuego con sus negros ojos. Dejo que él reflexione, que él marque los tiempos que crea convenientes para responder porque no tengo ninguna prisa. Harry ha salido con Ron esta noche de viernes, quiere que nuestro amigo pelirrojo deje de estar enfadado con él por dejarlo solo en el cuerpo de aurores en tiempos tan aciagos con la llegada de Squill. Intentando vislumbrar como Harry querrá que Ron lo perdone ambos terminarán medio borrachos, esa imagen me hace sonreír.

— Severus está bien, Hermione.

El susurro de Snape, de Severus me corrijo mentalmente, muy cerca de mi oreja consigue hacerme saltar. Tan centrada estaba en la posible imagen de Ron y Harry medio borrachos que no me he dado cuenta que el director había dejado de estar en la chimenea y estaba a escasos centímetros de mi. Intento serenarme, que la sorpresa y el miedo desaparezcan tan rápido como han llegado. Para intentar que mi respiración vuelva a ser normal y que los latidos de mi corazón dejen de ser tan acelerados me giro, necesito ver que no es Draco y que es Severus. Definitivamente no es mi ex y si el director de Hogwarts, sus ojos negros a escasos centímetros de los míos me lo confirman. Al tener tan de cerca a mi antiguo profesor me doy cuenta que su mirada negra resulta completamente atrayente y que su cuerpo desprende un leve olor a algo similar al romero, pero no siendo exactamente esa esencia.

— Severus.

El nombre sale de entre mis labios con suavidad, casi como si lo estuviera saboreando. El hombre que ocupa todo mi campo de visión, que ha conseguido que el negro me parezca un color de protección, tarda unos segundos en cambiar su expresión seria. Me dedica una sonrisa real, no una amplia sonrisa pero si la más sincera que le he visto. Poder ver el rostro del antiguo jefe de las serpientes así y tan de cerca me hace sonreír a mi también. A pesar de que su nariz sea grande o de que sus rasgos sean excesivamente duros, al sonreír y mirarme tan fijamente lo veo bastante atractivo.

— Hermione— dice con un tono divertido, incorporándose y caminando hasta su sillón.

OOOOOOOOO

Minerva y Severus, dejar de llamar a mis antiguos profesores de Transformaciones y de Pociones por sus apellidos para llamarlos por sus nombres ha afianzado mi relación con ellos. La jefa de la casa de gryffindor, quién me ha confesado que yo siempre fui su preferida durante mi época estudiantil, ha conseguido que en mi primer mes como su ayudante no tenga ganas de hechizar a los alumnos. La veterana profesora comprende mi desesperación, tanto la mía como la de Harry, pero me ha dicho que no me lo puedo tomar tan enserio porque sino seré incapaz de llegar viva al final del curso escolar y ella no se podrá jubilar. Por su parte, el director de Hogwarts acepta mi presencia en su despacho para tomar mi, ya habitual, taza de té. Durante mis visitas a su despacho conversamos de temas escolares, de como puede ser que los estudiantes sean tan ineptos y alguna vez por su parte intenta saber de una forma muy subliminal como estoy. Severus sigue preocupándose por mi, quiere saber si en los poco más de tres meses que han pasado estoy consiguiendo superar lo que me hizo Draco.

Cada día que pasa siento que estar en Hogwarts es lo mejor que me ha podido pasar, que a pesar de que los alumnos no estudien el que Severus me haya ofrecido ser la ayudante de Minerva es un regalo. Harry también opina algo similar, volver a estar en Hogwarts lo hace sentirse como en casa. Ir a tomar una cerveza de mantequilla por la tarde a la cabaña de Hagrid, acudir al despacho de Severus para poder mantener una conversación interesante a nivel intelectual o compartir momentos de confianza con uno de mis mejores amigos antes de ir a dormir, esas tres cosas son algo que estoy comprobando no tienen precio.

— Herm— escucho que me llama Harry— yo ya me voy, no quiero llegar tarde.

— ¿Le contarás a Ron mañana que tú aunque seas profesor si tienes una vida sexual satisfactoria?— pregunto con una sonrisa a mi amigo de verde mirada, quién tiene una cita esta noche con una chica muggle a la que ya ha visto varias veces y con la que no juega al parchís precisamente— ¿Le dirás a nuestro amigo pelirrojo que para ser profesor se necesita más que nunca tener un desahogo sexual?

— Me lo pensaré, no me apetece que me pida detalles de mis citas con Abigail— contesta sonriendo y besando mi mejilla— Disfruta de la noche y de tus conversaciones con Severus mientras tomas un té en su despacho.

— Siempre lo hago.

Mi respuesta hace que Harry me guiñe un ojo y que desaparezca por el agujero de entrada a la sala. Al cerrarse el cuadro que separa nuestros aposentos de los pasillos del castillo dejo escapar un suspiro. Durante los siguientes minutos únicamente me dedico a mirar al crepitante fuego de la chimenea, contemplar las llamas me relajan. Reacciono al escuchar como un reloj indica que son las diez y media de la noche. Quizás no debería de ir a estas horas a hablar con Severus, a tomar mi taza de té mientras él se toma tranquilo su copa de whisky de fuego, pero sin Harry con el que hablar necesito ver al que ahora es mi jefe.

El despacho del director de Hogwarts está vacío, arqueo mi ceja en señal de desconcierto por no encontrar a Severus sentado en su sillón y detrás de su escritorio. Es sábado por la noche, quizás después de todo el antiguo profesor de pociones si tenga vida privada. Deshecho la idea, en todo el tiempo que llevo en el castillo siempre que he acudido a su despacho lo he encontrado, ya fuera un viernes o un fin de semana por la noche. Decidida a esperar su vuelta me siento en la silla que siempre ocupo y hago aparecer una taza de té frente a mi. Pensando en dónde puede estar el director voy moviendo la cucharilla en el té de forma inconsciente. Un sonido me saca de mi estado de relajación. Miro a todos los lados, a todos los cuadros del despacho, pero no veo nada extraño. Al no encontrar el lugar de procedencia del ruido pienso que mi mente me ha jugado una mala pasada, algo que desecho cuando vuelvo a escuchar el mismo sonido. Me levanto de la silla e inspecciono todo cuando vuelvo a escuchar de nuevo el sonido. Los sonidos no provienen del despacho, provienen de la habitación privada de Severus. Al pensar que puede encontrarse mal, que puede necesitar ayuda de alguien, siento como una angustia crece en mi interior y me estruja el estómago junto con el corazón. Sin detenerme a pensar en nada que no sea ayudar a mi salvador, abro la puerta que comunica el despacho con el pequeño pasillo que al final tiene la habitación en la que estuve durante casi dos meses de mi recuperación.

— Seve...

No logro terminar de decir su nombre, simplemente no puedo hacerlo porque la imagen que tengo delante me ha dejado sin palabras. El director de Hogwarts no está sufriendo, todo lo contrario, está disfrutando y haciendo disfrutar a una mujer. Al encontrármelos en la cama, al abrir la puerta de golpe y verlos todo se mantiene congelado durante un par de segundos. La mujer que está siendo colmada de atenciones y placer, que está sobre las caderas de Snape cabalgándolo, es la primera en reaccionar. La morena mujer, atractiva, se agacha sobre el pecho del antiguo jefe de los slytherin como si quisiera fundirse en él y desaparecer. Severus todavía está mirándome, sus ojos muestran sorpresa pero no la vergüenza que muestran los de su compañera de cama al ser interrumpidos por mi.

— Hermione, ¿necesitas algo?— pregunta Severus incorporándose en la cama, con un tono de voz cargado de pasión y lujuria, un tono que nunca antes le había escuchado.

— No, yo simplemente...venía a...conversar.

Me cuesta pronunciar las palabras, todavía estoy intentando asimilar la imagen que estoy viendo delante. Severus sentado sobre su cama, tapándose con el edredón, su acompañante tumbada y mirándome con una mezcla de curiosidad y ganas de hacerme desaparecer. Mi mente piensa que ellos están en la cama en la que durante dos meses estuve durmiendo, mi antiguo profesor se tapa con el mismo edredón que yo lo hacía.

— Siento la interrupción, Severus.

No espero a recibir ninguna respuesta, cierro la puerta y salgo como un rayo. Intento no pensar en lo que acabo de ver, en no volver a rememorar en mi mente como al abrir la puerta la mujer estaba cabalgando a mi salvador. Los sonidos eran gemidos de placer de ella, lo que yo pensé que eran quejidos de dolor en verdad eran sonidos de placer. A pesar de intentarlo, de querer bloquear las imágenes en lo más profundo de mi mente, me es imposible y no dejo de rememorarlo durante el trayecto de vuelta a la sala que comparto con Harry en nuestros aposentos. Las manos de Severus, una amasando los pechos de la mujer y la otra en la cadera marcándole el ritmo, la respiración acelerada y la mirada completamente pasional. Severus Snape disfrutando de tener sexo, haciendo que su acompañante goce, consiguen que me de cuenta de que siento celos. Sentada en uno de los sillones frente a la chimenea me doy cuenta que tras mi incredulidad por la escena se esconde un fuerte sentimiento de desagrado.

— No puede ser— susurro para mi misma, subiendo mis piernas al sillón y rodeándolas con mis brazos mientras apoyo mi barbilla sobre mis rodillas.

No puede ser que sienta celos de lo que acabo de ver, no tiene sentido que al ir aceptando lo que he visto crezca en mi la indignación. No tengo derecho a estar enfadada, él puede hace lo que quiera y con quien quiera. Las personas no se sienten indignadas o dolidas cuando se encuentran a sus amigos manteniendo relaciones sexuales con otra persona, se sienten felices por verlos disfrutando. La indignación que estoy sintiendo me hace recordar como me sentía al principio cuando empecé a sentirme atraída con Draco, como odiaba ver a las chicas coqueteando con él. Definitivamente no puede ser que esté sintiendo lo mismo, no puede ser que me esté empezando a interesar Severus. Las interesantes conversaciones, las tazas de té en su despacho, la cercanía en el trato, su preocupación por mi estado, todo eso que ha conseguido que me haya sentido importante me hace ver que aunque no quiera siento cosas por mi antiguo profesor.

— ¿Una taza de té?

La voz del hombre me sobresalta, tan centrada estaba aceptando que en estos tres meses he empezado a desarrollar sentimientos por él que no me he dado cuenta de su presencia. Al lado de la entrada de la sala, apoyado en la pared y completamente vestido de negro con su túnica y su levita, está Severus. El director de Hogwarts me está mirando directamente, otra vez su imperturbable expresión seria gobierna su rostro.

— ¿Qué haces aquí?— pregunto en un tono brusco que le hace alzar una ceja de manera interrogante y que le hace dejar de apoyarse en la pared para aproximarse al sillón en el que estoy acurrucada.

— He venido a hablar contigo— dice con simpleza sentándose en el sillón que está al lado del que estoy ocupando, el sillón en el que Harry siempre se sienta antes de ir a dormir— Creo que necesitamos hablar de lo que has visto cuando como buena gryffindor has entrado en mi habitación para saciar tu curiosidad.

— No he entrado en tu habitación, en tu estancia privada, para saciar mi curiosidad— respondo dejando de lado el tono suave y adoptando un tono de incipiente enfado— Había ido para tomar una taza de té contigo y hablar de interesantes temas a nivel intelectual como siempre. Esperé cinco minutos sentada en la silla hasta que escuché sonidos, unos que procedían de tu habitación y que pensé eran de dolor. No me paré a plantearme interrumpirte en pleno encuentro sexual con esa mujer, simplemente pensé que podías necesitar mi ayuda y yo no podía obviarlo.

Mi enfado al hablar consigue que él ladee los laterales de sus labios para esbozar una sonrisa, parece que verme enfadada e indignada le parece gracioso. El pensar que a Severus le causa gracia consigue todavía enfadarme más logra hacerme olvidar que tengo 25 años y que me sienta como una niña a la que le prometen una regalo para después no se lo dárselo.

— Gracias por acudir en mi ayuda, realmente mi acompañante me estaba dañando— se burla con un toque de malicia que me hace fulminarlo con la mirada e incrementar mi enfado— Obviamente veo que eres de la idea de tu querido amigo Weasley, de la idea que el cuerpo docente tiene un voto de castidad y que es imposible que alguno mantenga relaciones sexuales con frecuencia. Comprendo que tu cerebro de sabelotodo quiera evitar imaginarse a Minerva, Pomona, Filius o cualquier otro docente en semejante momento, yo también prefiero no imaginármelos. Siento que tus ojos, con tu incursión en la intimidad de mis aposentos, hayan tenido que ver como la tonta teoría de una limitada mente como la de Weasley no es cierta. Si quieres, para que tus retinas no ardan, puedo desmemorizarte para que olvides lo sucedido, Hermione

— Sigues siendo un maldito bastardo, un maldito y venenoso bastardo.

Lo que he dicho consigue que Severus suelte una carcajada, definitivamente el tener sexo le ha cambiado el carácter. El antiguo jefe de slytherin, el hombre al que los alumnos del colegio siguen temiendo, sabe reír y es algo que no creo que pase demasiado a menudo.

— Siempre seré un maldito bastardo slytherin— dice al terminar de reír, hablando con su tono serio de siempre— Te salvé de Draco pero eso no quiere decir que no siga siendo el mismo hombre que odia a los mediocres como Weasley, que exija lograr la perfección o que haya asesinado en el pasado. Sigo siendo la misma persona poco sociable aunque contigo haya establecido una especie de relación de amistad, aunque tomemos tazas de té y conversemos, Hermione.

En silencio hago que aparezca mi taza de té y su copa de whisky, a pesar de que esté molesta por lo que he visto quiero tener a Severus cerca. Su compañía me relaja de la misma forma que lo hace siempre, su voz profunda y pausada al hablar sobre el pobre papel que está haciendo Landscape como Minisitro consigue anestesiarme. La voz varonil y las caricias circulares de sus pulgares a la copa vacía de whisky me hacen volver a recordar la imagen de él en la cama con la otra mujer. Los placenteros gemidos, los temblores del cuerpo, lujuria en los ojos, todas esas cosas vuelven a mi mente y me hacen desear que los pulgares que están acariciando la copa estuvieran haciéndolo conmigo. Desde que lo dejé con Draco, hace ya nueve meses, no he vuelto a sentir lo que Severus ha hecho sentir a la mujer que lo estaba cabalgando. Mi cuerpo, que hasta esta noche no había recordado lo que se disfruta con el sexo, me reclama que quiere volver a sentir ese tipo de sensaciones.

— ¿Te encuentras bien?

— ¿Perdón?— pregunto al escuchar su pregunta formulada con un toque de preocupación.

— Te estaba diciendo que Landscape quiere tratar conmigo unas cuestiones referentes a Hogwarts— repite sin dejar de mirarme a los ojos, consiguiendo ponerme nerviosa— Aunque he podido comprobar que no te interesa el tema en lo más mínimo porque me has ignorado completamente— dice tranquilamente, sin darle importancia al hecho de que no haya escuchado ni una sola palabra de lo que me estaba diciendo— Creo que ha llegado el momento de irme, tú te ves cansada y necesitas descansar

Se levanta y se dirige a la salida sin esperar a que pueda responderle. Antes de que salga, de que el retrato del ciervo y la leona se abra, agarro una de sus manos con las mías. Es la primera vez que lo toco, que le agarro la mano. Severus se gira al notar el contacto y me mira sin pestañear, conectando su negra mirada con la miel mía. El inocente gesto de agarrarle la mano para evitar que se marche sin que me pueda despedir, con su mirada se ha convertido en algo mucho más intenso. Después de darme cuenta que estoy celosa, que empiezo a sentir algo por el hombre que me ha estado protegiendo en los meses más complicados de mi vida, hago lo que nunca hubiera pensado hacer. No me planteo si la mujer con la que lo he visto en la cama es algo suyo, si solamente es una sesión esporádica de sexo o es algo así como su pareja, solamente me dejo llevar por la sensación de tener su mano en contacto con la mía y por el contacto de nuestras miradas. Olvidándome de que frente a mi tengo a Snape, pensando que es Severus, acorto la distancia que hay entre los dos. Un beso que empieza siendo un simple roce de labios y que el director de Hogwarts rompe cuando logra procesar lo que está haciendo.

— Hermione...

Mi nombre susurrado, pronunciado por el hombre que acabo de besar, me hace darme cuenta que deseo volver a hacerlo otra vez. Cogiéndolo por sorpresa vuelvo a juntar mis labios con los suyos, esta vez rodeo con mis brazos su cuello para evitar que rompa el beso con facilidad. Al principio noto como él se queda parado, después intenta separarme pero finalmente se deja llevar. Tras los segundos de intentar evitarlo, Severus rodea mi cintura con uno de sus brazos y con el otro utiliza su mano para acariciar de arriba a abajo mi columna vertebral. La caricia logra arrancarme un gemido que es aprovechado para profundizar en el beso. La lengua de mi salvador, del hombre por el que estoy empezando a desarrollar sentimientos, entra en mi boca y se encuentra con la mía. El intenso beso se rompe cuando mis pulmones claman por aire y tengo que dejar de explorar su cálida boca. A pesar de lo que podría llegar a pensar, Severus no me separa de él, no deja de rodear mi cintura con su brazo o de acariciar mi columna con las yemas de sus dedos. Mis brazos siguen rodeando su cuello, me siento realmente cómoda y protegida entre los brazos del director de Hogwarts.

— Severus.

Digo su nombre en un susurro e intento recuperar el aliento. Al estar recuperada, al sentirme preparada para enfrentar sus ojos negros, alzo el rostro para primero ver como sus labios esbozan una sonrisa y como sus ojos mezclan sorpresa, diversión y una intensa pasión. Bajo las oscuras ropas que viste siempre, bajo las capas de crueldad y materia slytherin, Severus esconde su valentía y su lado más pasional.

— Descansa, Hermione— murmura en mi oreja.

Un último beso, en el que Severus mordisquea mi labio inferior, es la despedida que obtengo. Al verlo partir, al ver como se cierra el cuadro, simplemente me dejo caer lentamente hasta la moqueta de la sala de los aposentos que comparto con Harry. Me toco los labios, calientes y supongo que enrojecidos por los besos compartidos. El frío Snape, el maldito murciélago grasiento como le llamaba Ron cuando nos daba pociones, el adusto director de Hogwarts que terminó con Dumbledore y casi muere por culpa de Nagini, es el mismo hombre que me ha besado después de tantos meses sin que nadie lo hiciera. Draco fue el último. Severus y Draco, dos slytherins, dos hombres que guardan similitudes pero que también tienen enormes diferencias. Valentía e inteligencia son las dos diferencias más notables, las dos que tiene Severus y de las cuales carecía Draco.

TBC...

Cuarto capítulo, casi el ecuador de la historia ya. En este capítulo ya entramos en materia, primer beso de nuestra parejita protagonista. El tema de que Hermione se encontrara a Severus en la cama con otra es para hacerla reaccionar, para que se diera cuenta que empieza a sentir cosas por su antiguo profesor y actual jefe con el que ya se tutea.

Diosa Luna: Aquí tienes más, espero que sigas queriendo más después de este capítulo xD. Si que se han empezado a entender, tanto que ya hay el primer beso entre ellos. Lo de los puntos en los diálogos lo se pero es que estoy tan acostumbrada a no ponerlo en los párrafos que se me pasa, gracias por recordármelo.Gracias por el comentario y un saludo.

Muchas gracias por el apoyo (comentarios, alertas, añadidos en favoritos) y nos vemos en el próximo capítulo, ya el 5 que es el ecuador de la historia en todos los sentidos.