Capítulo 4 Cautiverio
Lawson miraba a Angela con tanta ira contenida que, de haber tenido aún sus poderes, la habitación en la que se encontraba habría reventado.
Tenía los ojos llorosos y unas ojeras tan pronunciadas que estaban a punto de desbordar sus mejillas.
Después de intentarlo repetidas veces, Lawson seguía exactamente igual. Por mucho que agitaba la varita, y por muy alto que gritara los hechizos, ésta seguía sin dar señales de vida.
El contacto de Angela no surtió ningún efecto, y a pesar de que ella trataba de convencerlo de que no sabía qué había sido de sus poderes, él se negaba a aceptar que los había perdido irremediablemente, y para siempre. Al final acabó gritando improperios e insultos. De modo que Angela resolvió que lo mejor sería marcharse.
Tras la incómoda visita de aquél día, Angela siguió a unos sanadores hasta otra sala de aquél extraño hospital. Parecía más una vieja fábrica, pero prefirió no hacer ningún comentario al respecto. El interior estaba oscuro, y un fluorescente parpadeaba con insistencia.
Por favor póngase esto.- le pidió un hombre que por alguna razón se había empeñado en ponerse una mascarilla, como si ella fuera portadora de una temible cepa de la viruela o de la gripe aviar. Le estaba señalando unos grilletes, como los de las antiguas loquerías.
¿Está usted bromeando? Lo de las máscaras puedo comprenderlo, hasta cierto punto. Pero esto es demasiado. ¡No pienso ponerme eso! ¡No estoy loca!
Es sólo….rutinario. No tiene nada de lo que preocuparse.- aunque el hombre intentó aparentar serenidad, Angela no tenía un pelo de tonta. Allí había gato encerrado.
¿Qué van a hacer conmigo? Tengo derecho a saberlo, he venido de forma voluntaria.
Lo sentimos, señorita Hunters, pero no podemos decírselo.
Entonces, me largo. Que tengan un buen día.- hizo ademán de marcharse, pero uno de los hombres se interpuso en su camino. Mierda. ¿Por qué se lo esperaba?
Usted no va a ninguna parte.
¿Y quién me va a detener? ¿Tú?- tras la mascarilla, se pudo apreciar en sus ojos un atisbo de duda. No se atrevería a tocarla….- Hazte a un lado o lo que le hice a Lawson tendrá la misma importancia que un sarpullido comparado con lo que te voy a hacer a ti.- Angela estaba convencida de que el farol había sonado convincente. El hombre se apartó y la dejó pasar.
Sin embargo, en cuanto se dio la vuelta, uno de ellos sacó del bolsillo una pistola de tranquilizantes, disparó y le dio de lleno en la espalda. Un leve gemido de sorpresa escapó de sus labios antes de que sus piernas se tambaleasen y perdiera la conciencia.
Despertó lo que le parecieron horas después y con los grilletes en las muñecas, en el frío suelo de aquella sala. Intentó gritar, pero sólo consiguió proferir un quejido amortiguado y lastimero. Ahora mismo ella era el gato encerrado.
Había sido una idiota. Aquél maldito mago se la había jugado. Y se había dejado atrapar de la manera más ridícula.
Mientras aquellos pensamientos rondaban su cabeza, escuchó un chirrido. La puerta se abrió y el jefe del departamento de misterios entró y se situó delante de ella para verla mejor.
Angela…lamento profundamente lo sucedido. Pero me temo que no podemos dejarte en libertad…eres un arma. Una muy peligrosa. Y no podemos correr el riesgo de que…bueno, más de los nuestros acaben como Lawson.
Déjame…salir…-susurró, con dificultad, tratando de abrir los ojos. Unas silenciosas lágrimas resbalaron por sus carrillos. Estaba empezando a asustarse de verdad. ¡No podían dejarla encerrada en aquél lugar hasta que se pudriera!- Quiero…volver…a casa. – Cuando los pasos comenzaron a alejarse, se removió inquieta- por favor…- entonces, una voz conocida resonó cerca de donde se encontraba, como un rayo de esperanza.
Por favor, jefe, no lo haga. Ella no es consciente de lo que ha pasado…no tiene por qué resultar peligrosa…simplemente usted debería mantener a los magos alejados de ella, nada más.
Es arriesgado, Ross.- luego, tras una pausa añadió- sé que te cuesta entenderlo…al fin y al cabo, sólo eres un squib. Pero confío en que algún día lo entenderás…de ello de depende tu puesto de trabajo. No creo que una chica que acabas de conocer sea más importante que aquello por lo que has luchado toda tu vida. No me decepciones muchacho…recuerda a qué mundo perteneces- y la puerta se cerró, dejando a Angela sola y atrapada en el interior de la estancia.
¡Noah! ¡Noah! ¡Por favor, no me dejes aquí! ¡No me dejes! – la voluntad de Angela se había quebrado. Sus últimas palabras afloraron entre sollozos, un último grito de rabia y desesperación emergió de su garganta. Pero nadie acudió.
Cuatro horas después, a Angela ya no le quedaban más lágrimas que derramar, estaba exhausta después de haber forcejeado incansablemente, y los grilletes seguían apretando sus muñecas, ahora bañadas por la sangre que se había hecho, cuando las correas de cuero acabaron por rasgarle la carne. No sabía dónde se encontraba. Le habían dicho que era un antiguo hospital, pero cada vez estaba menos segura.
No había escapatoria posible…seguramente moriría de inanición o, en el mejor de los casos, si se compadecían de ella, recibiría un tiro en la cabeza y su sufrimiento terminaría.
Durante un instante, pensó en lo que dirían sus compañeros de trabajo, o sus amigos más íntimos, pero pronto se dio cuenta de que probablemente nadie iría a buscarla. Lo más seguro era que los magos les modificasen la memoria, como habían hecho con Jim, el guarda de seguridad, y nunca más volvieran a saber de ella. Borrarían cualquier rastro de existencia.
Cansada, apoyó la cabeza sobre la pared, y se dejó morir.
Una silenciosa ráfaga de luz la despertó. Por un momento creyó que ya había llegado el día siguiente, y que sólo le quedaban dos días más de tortura. Pero al girar la cabeza comprobó que en aquella sala no había ventanas, la luz procedía de una linterna, que ahora mismo se encontraba a un metro de distancia. Alzó la vista lentamente, y observó, como si aún estuviera en un sueño, el rostro de aquél que la sostenía.
Noah…¿eres….eres tú?
Chisst. Calla, podrían oírnos. He venido a sacarte de aquí.
Pero…tu jefe…
Que le den. – dijo, e imitando la voz del mismo, repitió la frase de "al fin y al cabo, sólo eres un squib"- No pienso aguantar eso por más tiempo. Y lo que te están haciendo es inhumano. No pienso permitirlo.- luego, desabrochó los grilletes, y la ayudó a levantarse.- Ahora tenemos que darnos prisa. Han optado por utilizar armas muggles en vez de magia, así que tendremos que andarnos con cuidado.
Gracias, Noah.
No me las des aún. Primero tenemos que salir de aquí.
Salieron de aquella apestosa sala, y se encaminaron lo más deprisa que pudieron a través del pasillo.
Un movimiento les alertó, y se pegaron contra la pared. Cuando los pasos se alejaron, continuaron corriendo.
Por ahí.- susurró Ross, adentrándose con Angela a través de otra puerta del edificio. Aquél lugar parecía un laberinto.
Cuando el gélido aire invernal le golpeó el rostro, Angela pudo respirar tranquila, por fin. Era libre…y seguía viva.
Se dirigieron hacia un coche y entraron.
Nadie en el ministerio sabe que sé conducir. Espero que aún no se hayan enterado.- comentó. Una vez que logró arrancarlo, dejaron atrás aquella silenciosa y oscura callejuela, que ahora, ofrecía un aspecto aún más siniestro.
Mientras tanto, en un despacho del ministerio, dos hombres conversaban acaloradamente.
Las crónicas de Ulric el Viejo no eran un cuento chino. La chica es una antimaga. De eso no hay duda.
Pero…exterminar al último ejemplar de su raza…te estás comportando como un inquisidor. ¿Cuándo se intercambiaron los roles?
Esto es diferente, Julius.
No, no lo es. Y tú lo sabes bien. Quieres acabar con ella porque la temes. ¿Cuántas veces hemos criticado a los muggles por su actitud hacia nosotros? Eh, ¿Cuántas? No podemos caer tan bajo. No somos como ellos.
Julius, no es de los magos de quienes estamos hablando. Además, los de su raza casi acaban con nosotros. ¿O se te ha olvidado?
Ella es inocente…su única culpa es el desconocimiento de su poder. Y vas a dejarla morir, sin ni si quiera ofrecerle la opción de un juicio justo. Eres despreciable.
No es inocente. Es un monstruo…un peligro para nuestra sociedad. Y lo mejor que podemos hacer es deshacernos de ella cuanto antes. Por el bien de todos.
No te reconozco.
Me da igual lo que pienses al respecto.
Pero…¿por qué te empeñas en verla como una amenaza? ¿Sabes lo importante que sería…si trabajase para nosotros?
Eres un iluso. Ella nunca aceptará. Y menos después de esto.
Entonces debes reconocer que la culpa es tuya y de nadie más. Deberías dejar que otra persona se hiciera cargo del asunto…
¿Alguien como tú?- el rostro de Julius se contrajo en una expresión de inseguridad.- me lo imaginaba. Tú tampoco estás dispuesto a encargarte de ella. Por eso debemos eliminarla.
No lo permitiré.
¿Y qué vas a hacer? ¿Denunciarme ante el Wizengamot? Hombre, por favor…es una estupidez.
Se lo diré al Ministro, y…sí. A Dumbledore también.
¿Qué tiene que ver él con todo esto?
Si hay alguien que sabe más sobre los antimagos que cualquiera de nosotros, es él. Su familia aparece mencionada en las crónicas de Ulric. Es descendiente de aquellos que lucharon contra Obelyn.- tras considerarlo unos segundos, el jefe del departamento de misterios accedió.
Está bien. Que sea él quien decida. Pero no digas que no te avisé. Angela Hunters es peligrosa…y algún día lamentarás no haberla detenido cuando tuviste la oportunidad.- y, airado, se desapareció. Julius movió la cabeza, entristecido.
El mundo se ha vuelto loco…-suspiró. Y luego regresó a su oficina, para enviarle una carta al director de Hogwarts.
