Notas, Disclaimer y Advertencias: applied.
Capitulo Tres
La curiosidad convierte en ninja.
Jack no se explicaba el modo de razonar de Vanette, si fuera una chica normal hubiera gritado y corrido por toda la calle o algo por el estilo, pero no. Solo se había reído de él y ni siquiera la idea de ser un espíritu se le había cruzado por la mente.
Sin embargo.
Eso no era del todo cierto.
Vanette observaba la guerra de nieve desde el ático de su casa, desde la primera vez que vio a Jack, algo le había indicado que no era cualquier tipo friki. Era uno súper friki, que hasta el más friki se quedaría corto a su lado.
La bola de nieve solo había afianzado sus sospechas, había algo que todos los demás ignoraban. Y ella lo iba a averiguar así tuviera que meter una bomba al mismo pentágono de defensa.
Burgess era bastante tranquila en las noches, por ello, desde que Pitch había desaparecido no le costaba mucho alejarse de ese lugar, aun menos viendo las estelas doradas de los sueños de Sandman. Le gustaba saltar de tejado en tejado para observar desde todos los ángulos, pero esa noche tenía una gran duda, una duda que solo Norte podría desaparecer, sin más, voló apresurado hacia el Polo.
Le encantaba sentir la brisa contra su cara y el ventarrón frío del polo azotando contra su cuerpo. Visualizó el taller de Norte, los yetis no le impidieron el paso, ya reconocían a Jack como invitado.
Entró por la ventana a la oficina de Norte, y con el viento hizo volar varios papeles que estaban en el escritorio.
—¡¿Pero qué…?! —exclamó Norte cuando uno de los papeles se estrelló contra su cara.
—¡Hola, Norte! —saludó Jack alegremente.
Santa Claus retiró la hoja de su cara y miró a Jack que reposaba en el marco de la ventana.
—¡Jack! ¿Pero qué te trae por aquí? —dijo el hombre algo sorprendido.
—¿Cómo has estado, Norte? ¿Has hecho muchos juguetes últimamente? —preguntó Jack casualmente.
El hombre levantó una ceja con incertidumbre mientras Jack reía nerviosamente.
—Ya enserio, Jack. ¿Ocurre algo? —dijo serio. Jack saltó al suelo y comenzó a rodear la oficina despreocupadamente.
—No en realidad, bueno, lo normal. Solo que… tenía una… bueno, tengo una duda. —miró a Norte que le invitó a continuar. —¿Es normal que una persona mayor de dieciséis años pueda verte? —soltó de sopetón. Norte lo miró alarmado.
—Más o menos, esa persona puede seguir creyendo, hay personas que no pierden su fe.
—Ese es el problema. No sabe quién soy, algunas veces no puede verme, otras sí. —explicó Jack. Norte miró hacia la luna preocupado, era demasiado pronto para que encontrara a alguien así.
—Es extraño. No es normal que Hombre de la Luna envié a alguien con esas cualidades hacia ti.
—¿Esas cualidades?
—Personas que tienen altas probabilidades de ser elegidas. Y que sean enviadas hacia un Guardian… hmmm… eso… —Norte se quedó pensando en si era correcto o no darle tanta información. —Convive más con esa persona, Jack. Tal vez así Hombre de la Luna te ilumine, yo no sé qué decirte. —decidió darle una indirecta.
Jack no se quedó muy convencido con la respuesta de Norte. Pero ¿Quién más podría resolver sus dudas?
Vanette tecleó en su viejo ordenador la página de Google y con un viejo libro color café en mano escribió "Padre invierno" entonces vio el nombre, ya era oficial. Jack Frost no era cualquier friki, era un super friki que congelaba las cosas.
—Solo hay alguien en este pueblucho de quinta que puede decirme la verdad. —dijo para sí misma viendo seriamente la nieve que caía fuera de su ventana. —Bennett. —mencionó sin emoción.
Rápidamente se asomó al pasillo para asegurarse de que la abuela dormía. Atrancó la puerta del ático donde dormía, se calzó sus botas y se preparó para salir.
Ella era ágil, el saltar no le suponía ningún problema, además no era como si nunca lo hubiera hecho. Vanette se acercó a la ventana, la abrió con cuidado y saltó al marco, calculó la distancia al suelo y buscó su ruta. Saltó para sujetarse del techo, se balanceó hacia enfrente pegando sus pies a la pared y se lanzó con fuerza para atrás, en su caída se sujetó de la rama de un árbol aterrizando grácilmente en el suelo. De allí emprendió la marcha a la casa de los Bennett.
No era un viaje precisamente largo, solo cruzó la calle, sabía exactamente cuál era la habitación de Jamie , por lo que comenzó a trepar por un costado de la casa y se sostuvo una vez llegó al alfeizar, vio al pequeño niño castaño dormido a través de la ventana, no causo ningún tipo de emoción en ella, se las arregló para abrir la ventana, fue sumamente sencillo, pues en aquel pueblo nadie se acordaba de poner los seguros y para ella que venía de una urbe no muy tranquila, pues, no era algo complicado.
Sigilosamente se coló en la habitación, lo único con lo que no contaba, era que Abby le comenzara a gruñir. Jamie se removió en la cama desperezándose.
—Maldita galgo de mierda. —dijo. Jamie la escuchó y se enderezó rápidamente en su cama.
—¿Vanet-? —fue interrumpido por la aludida que esquivó la mordida del galgo y saltó a su cama tapándole la boca a Jamie.
—Escucha mocoso, tengo unas preguntas que hacerte sobre tu amigo. Si, sobre tu amigo que es una máquina de raspados andante, así que te conviene cooperar, ¿capisci? —dijo seriamente la rubia. Jamie asintió mecánicamente, estaba bastante asustado.
Vanette le soltó y Abby se entretuvo con el pedazo de dulce que le había arrojado.
—¿Eres criminal o algo así? —preguntó Jamie.
—Soy un ninja. Viajo en el tiempo y destripo a mocosos raros como tú. Así que si no quieres que te destripe vas a cantarme toda la historia. ¿Quién es Jack Frost?
Jamie no tenía una opinión de Vanette al principio, le parecía igual de adorable que su abuela. Sin embargo ya se había dado cuenta de que no. La mirada de Vanette no tenía ni una pizca de amabilidad y tal vez no lo iba a matar pero lo asustaba. La rubia era intensa, seria, curiosa y parecía tener arranques de ira por satisfacer su curiosidad. Justo el tipo de persona que tal vez debería comenzar a evitar. Es que colarse a su habitación ya era delito… ¿no?
—Está bien. Te contaré toda la historia, pero tienes que jurar que me creerás porque todo lo que diré es verdad.
—Me han enseñado a no jurar. —dijo ella con cara de pocos amigos. —Pero confiaré en ti.
Jamie suspiró.
—Bueno, la historia empezó tres días antes de pascua hace dos años…
Uf, no se imaginan cuanto batallé para actualizar hoy, iba a ponerlo desde en la mañana pero se me hizo tarde para irme a la prepa y luego fui en una de mis horas libres a la biblioteca y tenían bloqueada la red, apenas llegué a mi casa y me apuré a publicar. En fin, aquí está el capítulo, espero que les haya gustado. Y si, Vane es una criminal. Pobre Jamie.
Con mucho cariño, Ce.
