Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.
Al despertar Candy se encontraba acostada en la pequeña cama junto aquel hombre, el calor que emanaba de su cuerpo la hacia sentir cómoda, segura, la hacia sentir en casa, por unos minutos solo se mantuvo quieta, no se sentía así desde la última vez que su padre la había abrazado, quería congelar el tiempo y mantener esa cálida sensación que abrigaba su corazón en aquel instante.
Aún cuando el llevaba horas despierto no se movió ni un poco, tuvo que aguantar las nauseas y el dolor, todo con tal de permanecer así, abrazado a ella, sintiendo su calor y el aroma que desprendía su cabello, no recordaba haberse sentido tan cómodo abrazado a ninguna mujer, y no es que fuera un mujeriego como lo hacían ver las publicaciones de la prensa, en su vida solo con dos chicas había compartido la cama una cuando apenas era un adolescente y solo fueron besos y la otra aquella chica del servicio que lo tomo desprevenido en la ducha, luego descubrieron que la muy lista tenia sus que veres con uno de los empleados y pretendía endosarle el hijo que esperaba de aquel hombre al joven heredero, pero al nacer el pequeño una discreta prueba de ADN le arruino su teatrito, después de eso el joven había preferido mantener alejado de las mujeres y buscado otras manera que no implicaran a nadie para lograr desahogarse cuando lo necesitaba.
Era inevitable romper con aquel abrazo aun cuando ninguno de los dos quería dar el primer movimiento para hacerlo, finamente las ganas de vomitar fueron tan fuertes que él no pudo controlarlas y al levantarse abruptamente, casi tira al suelo a la pobre rubia que reacciono gentilmente y evito la caída al verlo correr al baño fue tras él, lo encontró vomitando solo liquido pues ya no tenia nada en el estomago.
-Perdóname , lo siento tanto, todo esto es mi culpa, lo lamento, por favor perdóname, ella lo abrazaba por la espalda al verlo enderezar su cuerpo, se sentía responsable de lo que le ocurría.
-Realmente me siento muy mal, por favor llevaba a Chicago ahora, muchas personas dependen de mi y nunca tome previsiones por si algo como esto me llegara a suceder, necesito comunicarme con mi gente, ella al escucharlo rompía en llanto, seguramente este hombre tenia una madre,un padre, hermanos una esposa y quizás hijos que lo esperaban en algún lugar, y ella no había pensado en aquella posibilidad, ella más que nadie sabia lo que era estar angustiado por un ser querido del que no se tenia ninguna noticia.
-Primero debo ir por mi auto, lo deje en mi casa, también por algo de ropa mis tarjetas y algo de efectivo, te voy acompañar hasta que tu familia llegue ¿Estaría bien ? él sonreía con debilidad.
-Entonces prepare unas cuantas mudas de ropa cariño, al terminar de decir aquello regresaban las nauseas, ella se , mantenía a su lado cuidándolo sin prestar mucha atención a lo dicho.
-Voy por la enfermera, no puedes ir por todo el camino vomitando, poco a poco lo ayudo a caminar hasta una silla y lo dejo sentado mientras fue por la enfermera, al regresar le pasaron por la vía medicamento para detener el vomito y un analgésico fuerte para el dolor, la enfermera les entregaba un informe detallado de los procedimientos realizados, ordenes para placas una resonancia y otros exámenes, la chica estaba por irse cuando el la tomo de la mano.
-Quisiera ir contigo a tu casa solo dame unos minutos para que esto haga su magia por favor, con la cabeza señalaba por donde le pasaron los medicamentos directo a al torrente sanguíneo, ella suspiraba y asentía mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.
-Tranquilo, no te voy a dejar solo.
-Espero eso sea una promesa, contesto él tomando nuevamente una de sus manos antes de cerrar los ojos por un momento.
-Te lo juro, él al escucharla suspiraba, poco a poco sus labios se fueron curvando en una sonrisa.
-Te advierto que más vale deber una promesa a un santo que a mi pequeña, ella se extrañaba por aquello que dijo pero no le dio tiempo de contestar.
-Creo que no nos henos presentado, mi nombre es Albert.
-Candice, Candy todos mis amigos me llaman Candy.
-Un nombre bastante peculiar, Candy... me gusta como suena y lo que puede implicar, ella solo pudo sonreír cuando el abrió los ojos para verla, ella se sentía en deuda y culpable y por ese simple hecho aquel hombre se había ganado el derecho a muchas concesiones.
-En cuantos creas que podemos marcharnos avísame Albert, me preocupan esas nauseas, no es una buena señal que las tengas.
-Lo sé cariño, todo estará bien ya lo veras, si quieres ve por la enfermera para que me retire la vía y nos marchamos ya me siento un poco mejor, ella sonreía y le mostraba una bandida circular, él no entendió hasta que ella tomo su brazo u coloco con delicadeza sus dedos sobre aquel dispositivo que le habían colocado en la vena.
-Mejor llama a la enfermera, el reía nervioso.
-Tranquilo yo se lo que hago, seguro te sorprenderías mucho de saber que tanto sé sobre estas cosas.
-Tenemos unas cuatro o cinco horas para que me sorprendas, ahora era ella quien reía con nerviosismo.
-Ya podemos ir Albert, no vivo tan lejos, solo haz que no notas el desastre que hay en mi casa por favor, no acostumbro a tener visitas o llevar a nadie a ese lugar desde que me mude, el solo asentía mientras compensaba a caminar, el de repente paso uno de sus brazos por el hombro de ella y la atraía hasta él, quien los viera pensaría que era una pareja de enamorados la verdad era que el se sintió mareado, ella enseguida se dio cuenta y le paso una mano por la cintura para darle un poco de estabilidad.
-Lo lamento, se disculpo de nuevo al verlo tan mal, el solo la ajusto a más a su cuerpo.
-Ya no continúes disculpándote,gracias por cuidarme, ella apoyo su cabeza en él, en esa posición caminaron las cinco cuadras que separaban la pequeña clínica de la humilde casa de la rubia, aunque era temprano en aquel pueblo ya muchos ojos se habían posado en la peculiar pareja que caminaba en las solitaria calle abrazada como si solo ellos existieran, o cuando meso era lo que decía el chisme que en menos de lo que canta un gallo comenzó a circular.
Al estar tan cerca de él ella pudo percibir el olor a vomito que se había pegado en la ropa de él, mentalmente trataba de ubicar en donde había dejado aquella caja con la ropa de su padre que hacia poco tiempo había guardado, al llegar muy apenada ella le hacia una sugerencia.
-¿No te gustaría darte una ducha rápida Albert? aquello lo tomaba por sorpresa y recordó a la chica del servicio de su casa, pero ella como presintiendo que algo pasaba y se arriesgo a continuar.
-No te ofendas pero el olor a vomito es terrible, ayer vomitaste mucho y no te dio tiempo de llegar al baño, y temo que pues tu ropa se arruino, el tomaba la prenda y bajando su cara la olía, el olor era terrible.
-LO siento te hice caminar todo el trayecto soportando semejante olor, ella desestimaba aquello con un movimiento de sus manos.
-No te preocupes ¿entonces si te vas a duchar?
-pero no tengo que ponerme, ella corría escalera arriba y luego bajaba con una caja en las manos, a un costado se podía leer "cosas de papá"
-Te debo la ropa interior Albert, vamos a ver que cosas te agradan de lo que esta acá ¿Si? por favor no te ofendas, estas son cosas de mi padre y tiene mucho valor para mi, él asentía y tomaba la caja mientras ella subía nuevamente bajando con una hermosa chaqueta de cuero marrón, indudablemente aquella prenda era de diseñador.
-Creo que esta te vendrá bien Albert, esta nueva papá no alcanzo a ponérsela.
-Gracias ¿podría elegir tu lo que me vas a prestar mientras me ducho?
-Claro que si, ven por acá, ten cuidado con la llave del agua caliente, de repente hace cosas extrañas y se abre solo, me cambie de habitación por eso, me quemo el trasero porque me pillo desprevenida, ella caminaba adelante y al decir esto ya estaba a mitad de las escaleras el poso su mirada en aquel bonito trasero imaginarlo un tanto colorado por el agua caliente, solo imaginarlo lo hizo estremecer.
La habitación era amplia, los muebles elegantes, habían algunos artículos que indicaban que quizás algún hombre vivía en aquel lugar, sobre la peinadora habían algunas fotografías, el lugar era realmente acogedor.
-En el baño encontraras todo lo necesario creo que esta la rasuradora eléctrica de papá, pero es como anti higiénico que la utilices ¿Verdad? mejor te traigo una descartable, espera un segundo, la mujer salio corriendo, dándole tiempo de acercase a ver las fotos y todo lo que había en aquel lugar, indudablemente la chica de las fotos era ella y la pareja sus padres, el hombre tenia un sombrero negro de vaquero de esos costosos, por el acabado él reconocía la marca pues entre sus posesiones tenia unos cuantos, aquella pareja debían ser sus padres, en una de la paredes se encontraba en marcado un titulo de la Universidad de Harvard.
-Mu interesante Candy, muy interesante, ella lo pillo en el cotilleo.
-Es de mi padre, el mejor abogado de su generación, Albert casi se cae al enredarse con sus propios pies cuando la escucho hablar detrás de él, aquello la hizo reír.
-Lo lamento no quería ser un curioso, ella le guiñaba un ojo.
-Lo malo no es ser curioso, si no ser pescado al saciar la curiosidad, toma y trata de ducharte rápido, él recibía aquella rasuradora descartable y entraba al baño era tan elegante como todo en aquel lugar, sencillo pero de muy buen gusto.
-¿Albert te parece si empaco algo de ropa para ti ? te juro que toda esta nueva .
-No quiero ser una molestia Candy, gritaba ya debajo del agua.
-Mira que bien, encontré algo que seguro te va a gustar solo espero sea de tu talla Albert, acá te dejo algunas prendas ve que te gusta también voy a ducharme antes de hacer la maleta, luego ya no se escuchaba nada.
Al salir del baño se encontró con tres pantalones sobre la cama y algunas camisas, todas las prendas tenían las etiquetas aún pegadas, por los precios y la calidad de la tela era más que notoria que él padre de Candy tenia gustos caros, Albert eligió un pantalón negro y una camisa blanca de manga larga, realmente el baño le había sentado bien, se le veía mejor semblante.
-Veo que ya estas listo, ella traia una maleta mediana en la mano y la colocaba sobre la cama.
-¿Y esto? él la veía extrañado.
-Para llevar algo de ropa para ti tonto, no se si era papá o mamá pero tenían la costumbre de comprar más de lo que necesitaban o se podrían en todo su vida, cuando murieron me dejaron montones y montones de ropa nueva, yo se que solo son cosas materiales pero no he podido deshacerme de ellas, ven tomándolo de la mano lo acerco a un vestidor enorme que a simple vista parecía un simple armario.
-Esto parece una tienda de ropa mujer, ella se levantaba de hombros.
-Seguramente papá habría utilizado o regalado la mayoría de haber tenido tiempo, era un tipo desprendido, por fortuna eres tan alto como él , así que escoge lo que crees conveniente, en aquellos cajones encontré mucha ropa interior nueva por favor toma lo que necesites voy por mi cartera y a terminar con mi maleta entre las cosas de mami encontré una chaqueta casi igual a la tuya seria una lastima no utilizar el conjunto.
Después de pensarlo un poco Albert comenzó a tomar cosas delos gancho, iría al hospital pero no le avisaría a nadie que se encontraba en aquel lugar de no ser necesario, siempre había querido escapar de aquella vida tediosa y si no habían logrado dar con el desde el día anterior, eso indicaba que esta era la oportunidad de hacerlo.
en menos de una hora estaban listos maleta en mano bajando las escaleras, ella se veía muy cómoda enfundada en unos pantalones blancos, blusa rosada y una hermosa chaqueta de cuero con detalles muy parecidos a la que le había entregado a él.
-¿Tu madre no se molestara por que estés sola conmigo en su casa Candy?
-No tienes idea de como me gustaría que ella estuviera entre nosotros y se molestara por ellos Albert, los dos partieron de este mundo el mismo días, no te preocupes estoy segura que ellos te habían acogido enseguida al saber lo que hiciste por los niños sin pensarlo dos veces.
-Lo siento, yo no quería ponerte triste, ella se detuvo en seco en medio de la escalera y volteo a verlo.
-No tienes por que sentirlo, me gusta recordarlos, y se fueron ya hace algunos años.
-Te entiendo, fue lo único que que dijo el antes de bajar algunos escalones para abrazarla con la mano libre.
-Te juro que te entiendo, susurro sobre su cabeza.
CONTINUARÁ...
Chicas esta historia tratare de actualizarla los domingo, este capítulo es adicional ya que alguien la pidió.
MUCHAS GRACIAS POR APOYAR LEYENDO COMENTANDO.
