Piollo: "terminando de escribir el cuarto capitulo de su fanfic"
Kashike "escritorus dramaticus con talentus para romper computadorus" – oye wey.
Piollo: - ¿Qué pasa bro?
Kashike: - ¿Qué tal tu nueva computadora?
Piollo: - ni se te ocurra tocarla, porcierto, la factura es de 4,000 pesos mexicanos - "se pone un bigote y un sombrero" – AJÚA
Kashike: - a chinga, ¿pues que hace esa computadora?
Piollo: - escribir, ahora cállese y págueme, que si sigues asi quitare tu nombre del fanfic.
Kashike: - eres bien culero hahahahaha.
Piollo: - cómo sea, ¿alguna idea para el próximo capitulo?
Kashike: - creo que es hora de que Stone y Last tengan sexo.
Piollo: - ya enserio.
Kashike: - un fanfic no es fanfic sin lemon.
Piollo: - no mames.
Kashike: - ¿Qué te cuesta wey?
Piollo: - quiero una historia que sea entretenida sin necesidad de bajarle las bragas a la prota.
Kashike: -pff, esta bien.
MLP LODM LA ULTIMA PIE
El trancazo que Daring Do se dio en la espalda baja con la puerta que daba al asiento del conductor, fue acompañado por un quejido de dolor por parte de la chica, cuya vestimenta la hacía lucir cómo la parodia de Ponyndiana jones.
Su cuello era apretado, por lo que sus palabras eran arrastrados alaridos – veo que algo no te simpatiza de mí.
- ¿Quién te dijo mi nombre? – interrogó Limestone furiosa.
Last ahora mismo trataría de hacer algo, de no ser por que Limestone le apuntaba con su arma para dejarlo donde estaba.
Esa es la segunda cosa que Last aprendió sobre Limestone Pie, su carácter era fuerte, bien determinada y con sus objetivos claros, o al menos, eso le transmitían los profundos ojos mostaza… o tal vez fue el hecho de que era la segunda vez que lo amenazaba de muerte ese dia.
- Se podría decir que lo descubrí yo misma – Daring pateó a Stone para liberarse, con el impulso subió al techo de la camioneta, de pie para verse alta e imponente.
Limestone se levantó del suelo, sacudiendo un poco de tierra de su hombro con una palmada.
- Oye ¡ayúdame! – le reclamó Do a Last, pero este solo levantó las manos, dando a entender que no se metería con Stone, ya lo atacó una vez solo por pasearse por el mismo pueblo que ella, no se imaginaba que le pasaría si se atrevía a tocarla.
- Baja de allí, cobarde.
- ¿O qué? ¿me dispararás?
- Solo si intentas volar.
Obviamente, Limestone no la mataría, ella sabía cosas, cosas que Limestone moría por saber, abriría esa caja fuerte a puñetazos si era necesario.
- Tu y yo no somos enemigas – afirmó Daring Do - ¿Has oído la frase "el enemigo de mi enemigo es mi amigo"? felicidades, Stone, ahora somos amigas.
- No necesito de eso.
- Bueno – baja de la camioneta de un salto – Cómo veo que no entiendes te lo diré de una forma más clara. Un día antes de perder tu granja, conociste a un pony, se llama Gladmane ¿lo recuerdas?
Limestone sopló su mechón para descubrirse el ojo derecho, Last levantó una ceja.
- Si pensabas que su visita, y los zombis que se comportan de forma anormal tienen que ver, entonces acertaste.
- ¿Por qué debería creerte?
Do gira los ojos a distintas direcciones pensando la mejor respuesta – buena pregunta, lamentablemente no tengo una respuesta válida.
El juego de miradas intensas solo se detuvo cuando Last se aclaró la garganta, Limestone le miró como si de un intruso se tratara y en efecto, así se sentía él.
- ¿Entonces no se conocen?
Mientras Do giraba los ojos (con un sentimiento amargo) y Limestone se tomaba la cara de pena ajena, Last se sonrojaba y jugaba con sus manos algo nervioso – porque… tengo cosas que hacer.
- ¿Y quieres permiso? – preguntó Stone con un tono de frustración.
- En realidad- interrumpió Daring Do – creo que él nos podría ayudar.
- ¿Nos? – reclamó ofendida Limestone Pie.
- No podrás derrotar a Gladmane sola, deja ese orgullo a un lado y escucha.
Razón para vivir 3 El corcel de melena blanca.
Gladmane es algo así cómo el jefe de jefes, el mero mero en cuanto a la supervivencia pony, pues su imperio se extendía por casi toda Equestria, pero su más grande patrimonio, era un gigantesco rascacielos ubicado en la anteriormente viva y alocada ciudad de Las Pegasus.
Su Hotel principal era visible desde el momento en el que se entraba a la ciudad (ubicada sobre las nubes) pues, desde hace años se obsesionó con verlo crecer más y más, y llegar hasta donde ningún pony (ni siquiera un pegaso) podría llegar.
Claro que esas intenciones eran más poesía que realidad, para ese punto debería usar tanques de oxígeno para estar en la punta del rascacielos.
Cuando entró, empujando el par de puertas de 4 metros de altura y 2 de anchura (cada una) lo primero que pasó, fue que los ponys se le acercaban para ofrecerle víveres y ofrendas.
- Señor Gladmane – dijo un pony de aspecto humilde – ¿desea aceptar el Pie que ha preparado mi esposa?
- Son unos Ponys encantadores - afirmó el hombre sin dejar de caminar, pero con una voz tan cortés que aquel corcel se sentía agradecido, así quien tomara el Pie, hubiese sido uno de los guardias de Gladmane.
- Señor Gladmane, se ve muy bien – apreció el seductor tono de una yegua bastante linda.
- es por la melena preciosa, ja ja – rio cómo todo un burgués mientras se peinaba el brillante cabello blanco con los dedos.
- Señor Gladmane – se inclinó otra yegua ante el – déjeme ofrecerle la última prenda que eh creado – el potro le indicó a uno de sus guardias que la tomara y agradeció.
- me sonroja, señora Johor, es una yegua deliciosa, en el buen sentido – esta vez puso un acento algo pícaro.
Sin más ponys interrumpiendo su camino, llegó hasta el ascensor, donde él y sus tres guarda espaldas (vestidos con elegancia) entraron, uno de ellos presionó un botón y Gladmane, sintió cómo las cadenas tiraban del ascensor para levantarlo.
- los Changeligs están Girando la rueda más lento de lo normal – calculó uno de sus guardias - ¿quiere que me encargue? Señor Gladmane.
Ahora que los ponys que pagaban para vivir en ese lugar, ya no lo veían, su sonrisa encantadora desapareció, dando paso a una mueca cansada y algo maligna.
- diles que los dejaremos sin alimento, a menos que la próxima vez que entre me desparrame en el suelo de lo rápido que sube.
Las puertas se abrieron, Gladmane volvió a sonreír como un hipócrita profesional.
Caminó para llegar a la puerta VIP, se detuvo un segundo, tronó sus dedos y colocó sus manos en el par de puertas, acompañando la acción con una frase, misma que al momento de decirla, fue una sensación sumamente placentera.
- Al fin, en casa.
Cuando empujó las puertas para entrar, una lluvia de luces neón inundó sus ojos.
Era un cuarto negro, las orillas de las mesas, los tubos de las bailarinas exóticas, el suelo, incluso las bebidas eran brillantes, luz neón y un montón de ponys atiborrándose en los excesos.
No importa si Gladmane pasaba cerca de una coneja con traje de policía ajustado, junto a la pony de cara más bella o a la grifo de cuerpo más despampanante, su mirada estaba fija en el cuartito acristalado de hasta el fondo.
Al llegar, subió una docena de escalones, sus guardias quedaron fuera y él entró.
En aquel lujoso cuarto las cosas eran muy distintas, la luz no se limitaba a las lámparas neón, era una iluminación excelente, bien cuidada al igual que el resto de características de aquella oficina.
Ojo, por llamarla oficina no hablamos de un escritorio y computador aburridos, se trataba más que nada, de una sala bien elegante, con una mesa de 3x3 de color marrón prieto, con un cuadrado crema en medio de la misma.
El lugar no estaba solo, allí le esperaban dos ponys a los que el mismo Gladmane, mandó a llamar.
- Mis amigos – saludó extendido de brazos.
El primero de ellos, un pony de no pasaba de los 25 años, el cual se acomodó sus lentes con un dedito, empujándolos nada más saludar – Espero que esto no nos quite mucho tiempo – los espejuelos de sus lentes brillaron por un segundo al levantar la mirada a su jefe.
Gladmane tomó asiento, viendo que las greñas color bermellón de Sunburst estaban más desarregladas de lo que acostumbraba.
- Una arregladita te vendría bien.
- No tengo tiempo para esas cosas – aceptó el potro algo acomplejado.
- ¡Tonterías! – interrumpió el tercero, un corcel de cara escultural, rubio y pelaje blanco, su prominente e imponente cuerno, asustaba a Sunburst, cuyo cuerno si bien, era digno de un unicornio, no se comparaba con la majestuosidad, del que portaba Blueblood.
- Siempre hay tiempo para verse bien – declaró con reproche - ¿no fue el mismo Gladmane aquí presente, quien te dio tu traje de reuniones?
El descuidado unicornio anaranjado claro se talló un costado de la cara avergonzado – es que eso no es muy eficiente.
- Que ser más silvestre – recalcó Blueblood marcando su acento cómo una forma de burla.
- Veo que ustedes dos se llevan mejor desde nuestra última reunión – comentó Gladmane.
- Estamos aquí para escucharte a ti, no entre nosotros – comentó Sunburst, a lo que su compañero de trabajo asintió con la cabeza.
- En eso no difiero contigo.
- Vallamos al plato fuerte de nuestra tertulia, ¿quieren?
Gladmane se paró y caminó hasta estar del otro lado de la mesa, al llegar a una pared, tiró una palanca, las luces bajaron y el proyector que estaba en el techo, comenzó a mostrar imágenes en la pared contraria a donde esta Gladmane.
En ese momento, centrando su presencia en todas las imágenes, aparecía Canterlot (o lo que quedaba de él)
El potro con lentes tubo sentimientos encontrados, pues si bien, aquella era una de las maravillas de Equestria, ahora solo es un recuerdo del fatídico día en el que todo comenzó a desmoronarse.
Para Blueblood no era menos, allí vivía su familia, claramente no era un bonito lugar para vacacionar. - ¿Qué tiene pensado para Canterlot? – se atrevió a preguntar, a lo que Gladmane respondió complacido.
- En los últimos días, uno de mis hombres pasó por ese lugar, y me informó de muchas cosas extraordinarias.
- ¿Cómo qué?
- ¿El avistamiento de un alicornio quizás? – contestó Gladmane.
- Se extinguieron – comentó Sunburst – Seguramente se trataba de un pony borracho.
- Tal vez, pero eso no es lo importante, el mismo pony borracho me informó de su pequeña exploración en el interior del palacio, y antes de que alguno de ustedes quiera insinuar que, allí dentro sigue estando el monstruo que acabó con nuestras gobernantes, déjenme decirles, que lo que hay allí dentro – señaló la imagen con un dedo – Podría ser la respuesta a nuestros problemas.
Sunburst tenía los ojos de un niño al ver el anuncio de una nueva juguetería, tenía una buena idea de a lo que quería llegar.
- En ese sitio solo hay muerte – interrumpió el rubio.
Las luces se encendieron y la imagen que proyectaba el cañón se volvió más tenue.
- Como en todos lados – afirmó Gladmane – Yo quiero evitar eso, por lo mismo deben entender lo importante que es para nuestra comunidad, traer todos los pergaminos antiguos.
Sun no pudo evitar hacer un gesto de victoria al escuchar eso último.
- Un montón de cosas escritas por un barbón que ya murió no nos ayudarán en nada.
- ¿Un unicornio que subestima la magia del mismísimo Starswirl? Ya lo he visto todo – dijo Sunburst incrédulo - Con esa información y los cuarzos… ¡podríamos toparnos con la fuente de la juventud de nuestros días!
- No me digas que…
- ¡Una cura!
- Me agrada tu entusiasmo amigo – Gladmane lo tranquiliza – pero primero debemos ir a ese lugar.
El unicornio de lentes se sonroja al darse cuenta lo infantil que se puso con tan solo imaginar un poco.
La risa macabra pero no exagerada de un ser ajeno a ellos los asustó, miraron con desconfianza a la entrada de la oficina.
- Que sorpresa – el lobo se abrió paso junto con varios de sus guardias, perros enormes quienes no temían en mostrar sus armas – Enserio disfruto de ver cómo planean sus vacaciones.
Gladmane, apagó discretamente el proyector, con in interruptor en la pared - ¿Quién lo dejó entrar?
- La puerta estaba abierta – dijo el Can con soberbia.
Gladmane apretó un botoncito en la mesa y le habló al micrófono – Ford, manda a los guardias a mi oficina ahora mismo.
- ¿Ellos tienen mi regalo?
Sunburst bajó la mirada, la presencia del lobo lo hacía lucir aún mas tímido y sumiso de lo acostumbrado.
Por su parte, Blueblood ni se dignaba a verlo, simplemente, esperaba pacientemente que se fuera.
- Ford – insistía Gladmane al ver que no había respuesta alguna – Ford, ¿Qué esperas?
- Oh, lo había olvidado- el Lobo se buscó entre la túnica – Ford me dijo que te diera un mensaje – Esferoth, sacó la cabeza cercenada de un pony se la arrojó, de modo que rodó por la mesa y se detuvo, para horror de Glad, justo a centímetros de él.
Los ojos de Ford, aun conservaban una expresión agónica.
- Algo sobre… ¿Qué me había dicho? ¿Alimentar a su perro?
La aparición gore, del cabecilla de la guardia del palacio de Gladmane, dejó petrificados a los ponys.
Tras un incómodo silencio, Esferoth continuó – Te preguntarás que he venido a hacer a este cuchitril.
La mano en el bolsillo de la chaqueta de Gladmane, solo era para acariciar sus cartas, buscando el consuelo necesario para no cometer una locura.
- Espero que me lo digas.
- No hace mucho tiempo, supe de un ambicioso pony – acercó su pata a un jarrón muy lujoso y lo tomó con apreciación – Lo deje crecer, claro está, ¿Qué clase de sujeto seria si no le diera la oportunidad de tener algo en la vida a un pony? – deja el jarrón – Pero hay un problema Gladmane, te estás pasando de lo que puedo permitir.
- El trato era, no me meto en tus negocios y tú no en los míos.
- Estás interfiriendo con los errantes mi amigo – Esferoth apreciaba los finos detalles de la oficina de Gladmane, pero sin dejar de prestar atención a la plática – Creo que eso es más de lo que un pony debe manejar.
- ¿Eso en que te afecta?
- La gente tiene miedo, ya no salen de sus madrigueras, el comercio esta cayendo y si sigue así, la mitad de Equestria se quedará sin recursos, y los hombres cómo yo, necesitamos del superviviente promedio para subsistir.
- Es una crisis ¿no? la gente se atacará entre si y buscarán a tus matones para protegerse.
- No pagas por matones cuando no te alcanza ni para una hogaza de pan.
- Una lástima sin duda, pero ese no es mi problema.
- O dejas de usar a tus hordas seudo coordinadas, o regreso a cortarte algo más que esa melena.
Gladmane solo pudo mirar a un costado, cuando tubo al lobo tan cerca que su fétido aliento le revolvía el estómago.
- He sido muy paciente contigo Glad, no lo eches a perder.
Tras estas palabras, el lobo Bípedo se fue junto con sus hombres, dejando el lugar entero en silencio.
Claro, hasta que Glad se acercó a un micrófono, y dio la siguiente indicación al club privado encima de la torre – Aquí no pasó nada amigos, que siga la fiesta.
Luego de eso, suspiró, tomó sus cartas y comenzó a barajarlas.
- Ese tipo no me cae bien – dice Blueblood, rompiendo el silencio.
- Sunburst.
- ¿Si, Gladmane?
- Dame los nuevos planes de ataque en los que trabajas.
- ¿Cu…Cuales señor?
- todos- baja las cartas y mira con severidad al unicornio – todo lo que se te ocurra, la mas pequeña de las ideas, haz una presentación y tráemelas todas, quiero ver la cara de ese imbécil explotar.
- Sí, señor Gladmane- dicho esto, el unicornio salió corriendo para preparar todo.
El pony de cabello blanco, se pasó los dedos por la melena, colocó el sombrero negro en la mesa y siguió manejando las cartas con una habilidad sorprendente.
- Ey, amigo – Blueblood le sirve una copa y camina con ella hasta el asiento de Glad – no te estreses más de lo debido- le da la copa y Glad la toma sin pero alguno.
- No entiendo de dónde saca esas pelotas – da un trago grande, al terminar se limpia la boca – Viene hasta mi casa a amenazarme, por ponys que él mataría sin pestañear.
- ¿Crees que esos dichosos pergaminos te hagan sentir mejor?
- A mí no me importan los pergaminos Blue – se pone de pie – Quiero seguridad ¡ver que tenemos algún futuro en esta mierda de continente!
Gladmane quedó pegado a la ventana, desde donde él podía ver lo que sucedía en el club, pero en el club, no veían que sucedía en la oficina.
- Si vas a hacer algo, hazlo ahora, no podemos perder el tiempo con ese tipo atosigándonos.
- Un día, le declararemos la guerra.
- No mi amigo – le mira con descontento – las guerras terminaron y lo que nos pasa a nosotros, solo son las consecuencias.
- Son pocos los ponys que se animan a salir por esas razones, por eso quiero a este hombre de nuestro lado, él entiende mejor que nosotras este mundillo del mercadeo.
Last se siente alagado.
Limestone solo mira a Daring do con desconfianza, la historia de cómo ella estaba espiando a Gladmane y que coincidentemente vio (a escondidas) su plática con él, no la convencían.
- Oye, yo tampoco estoy acostumbrada a trabajar en equipo, pero si queremos verlo caer, una tiene que agachar detrás de él y la otra empujarlo, asique ¿Qué me dices?
Stone suspira y mira el cielo, el Sol y la Luna le miran como confidentes en lo que está a punto de hacer.
- ¿Y quienes nos siguieron?
- No descansarán hasta vernos muertos a los tres y si ellos logran informarle a Gladmane qué: un trio de ponys mataron a uno de sus consentidos, la estrategia del ataque sorpresa será frustrada.
La plática entre Limestone y Daring do se vio interrumpida cuando Last les indicó que las nubes negras se acercaban, fingiendo toser y señalando la tormenta amenazante.
Las nubes avanzaban igual que explosiones de humo negro de las cuales emergían relámpagos de comportamiento inusual.
Do, lejos de ver la llegada de la oscuridad cómo algo negativo, sintió un alivio reconfortante – Nadie se moverá durante la tormenta – y eso incluía a los hombres de Gladmane.
La pegaso caminó hasta un árbol y saltó para colgarse de una rama – hace mucho que no duermo – comentó con esfuerzo mientras se sacudía a sí misma para arrancar la rama – ¿Una ayudita?
Last la tomó de los tobillos y comenzó a tirar - ¿Para qué quieres esto?
- Camuflaje.
La rama cedió y buscaron otra.
- Limestone, ¿sabes poner tiendas de campaña?
- Si, ¿por qué?
- Hay una escondida bajo los asientos, tenemos poco tiempo así que date prisa.
la lluvia caía afuera de la casa de campaña, colocada justo en la caja de la camioneta para así, en caso de tener que escapar, no la dejaran, perdiendo algo realmente importante para pasar la noche de una forma moderadamente cómoda.
Un montón de ramas habían cubierto el vehículo y la tienda casi en su totalidad, parecía el refugio ideal, de no ser, porque dicha tienda era para una persona.
- Quita tus cascos de mis costillas – ordenó Do a Last quien solo se encogió.
- Gran idea – Limestone comenzó con el sarcasmo – Juntarme con ustedes es lo mejor que pude hacer, adoro respirar el aire que ya usaron.
- Si quieres salir, no te lo impediré.
Un trueno hizo callar a las chicas, no por tenerle miedo, sino porque sabían que esos ruidos alteraban a los zombis, pero al menos, entre el agua y los relámpagos, ellos no las escucharían pelear.
- ¿Cuándo fue la última vez que durmieron con alguien? – se animó a preguntar la pegaso, apuntó con la linterna a Last, quien estaba colorado de vergüenza, luego a Limestone, cuyas pupilas encogiéndose solo evidenciaron su irritación dirigida a la pegaso exploradora.
- ¿Les gustaría un trio? – siguió bromeando Daring (o tal vez no, pero ¿cómo culpar a alguien que no ha tenido compañía tanto tiempo?)
- Paso- declaró Limestone con tono casual.
- See… cómo que no sería la mejor idea- Last se mordió la lengua maldiciendo internamente.
- Solo era una broma, ustedes son demasiado amargos y ásperos, cómo una piedra – miró a Stone con picardía.
- No me hizo gracia.
Last tardó un rato en entender que "Limestone" significaba piedra caliza.
- ¿Seguros que no se conocían? – continuaba Do – Juraría que son hasta hermanos, grises y serios, salidos de una película muda.
- ¿Qué te hace pensar que soy serio? – interrogó Last.
- No han dicho gran cosa desde que los rescaté.
- Bueno, por qué no empiezas por contarnos tu historia.
Daring Do se sorprendió un poco - ¿quieren saber de dónde vengo?
- A mí no me interesa- Limestone ha hablado.
- Pero a mi si - continuó Last – Me da mucha curiosidad.
- Intenta adivinar.
- Eres… Guía de turista.
- Arqueóloga – contestó con mucho orgullo – Incluso antes de la infección andaba de aquí para allá, viajando por el mundo y luchando contra traficantes, en busca de tesoros históricos para mi colección.
- ¿Qué clase de tesoros?
Do sacó de su cinturón una daga vieja y sucia, se la pasó a Last y este la miró con cuidado.
- wow… ¿Cuánto quieres por ella?
- Típico mercader, ni con todo lo que llevas en tu mochila conseguirás comprarme esa daga, es del templo Guajiry, arma usado por los monjes de la zona antes de que siquiera Celestia naciera, ten cuidado, aun con su edad tiene el filo suficiente como para hacerte cirugía.
- ¡Diablos! ¿Por qué tenías que decírmelo? Ahora la quiero más.
-Jajaja, ya dámela.
Last apartó lo mas que pudo la daga de la presencia de Daring do – Espera, te doy el ojo de vidrio de un dios antiguo por la daga.
- No tienes tal cosa.
- Pero un ojo de vidrio serviría ¿no?
Sin darse cuenta, a Last ya le había quitado la daga y la había colocado devuelta a su cinturón.
- No puedes hacerme esto, estoy enamorado de ese cuchillo.
- Llamarlo cuchillo, como si fuera algo así de simple, te traerá una maldición de 300 años – la forma tan seria en la que lo dijo le heló la sangre al pegaso, pero ese miedo se disipó de inmediato cuando Do soltó una risita – Eres un supersticioso ¿no? estoy segura de que una deidad tan antigua tiene mejores cosas que hacer como para andar maldiciendo ponys que no saben que es esto - señala la daga.
- Ya véndemela.
- No, cuéntame tu historia.
- No hay nada que resaltar, vivía en un lugar aburrido con personas aburridas, un trabajo aburrido y para varear, mi novia me abandonó.
Limestone no pudo evitar resaltar cierto sentimiento de gracia al escuchar eso.
- Solo les diré que aprendí a usar la ballesta por puro hobby, y cuando llegó la infección pues, me sentó bastante bien, no extraño nada de mi vida pasada.
Algo en el interior de Limestone le decía que aquel pegaso mentía, pero poca importancia le quería dar, el momento llegó para ella, pues sus dos nuevos compañeros le miraron con atención.
- ¿Limestone? – Daring Do le miró con picardía.
- ¿Mi historia?
- Anda, dinos – insistió Last.
- De acuerdo, pero se lo tienen que tomar muy enserio.
El silencio le indicó a Limestone que continuara.
- yo era muy feliz, un día, dos molestos mosquitos tuvieron la maravillosa idea de dormir conmigo, al día siguiente, despertaron solo para ver que sus extremidades fueron cortadas y comidas por mí. Y todo eso, porque hicieron más preguntas de las que quiero responder.
Los dos pegasos se vieron entre sí, Limestone sonrió malévolamente – Dulces sueños – se giró para darles la espalda y cerró los ojos.
Kashike: "llega con un par de ojas" – es hora de que respondas los reviews piollo.
Piollo: "tirado en el colchón con el celular" – pero hace mucho que…
Kashike: - solo esta vez, hahahaha.
Piollo: - de acuerdo, diga.
Kashike: - nuestro amigo Light Fire Blue dice :Vaya estuvo genial pero una duda
Limostone es lesbiana o es la jipi?
Piollo: - las dos son lesbianas y se dieron el lote FIN! Siguiente pregunta.
Kashike: - esta de aquí dice : apúrate a publicar, manco.
Piollo: - … ¿Quién puso eso?
Kashike: - yo, por supuesto.
