Los renegados atacan de nuevo al grupo de Dohko y esta vez logran dar un durísimo golpe. Puede tener déficit atencional, pero Afro nunca deja de cuidar a quienes ama, … aunque creo que debería poner más atención a lo que cocina. Los bronceados reciben el llamado del Santuario… aunque la advertencia llega un poco tarde para Hyoga.


Lamento la demora, me fue inevitable, así que espero que haya valido la pena. Me fui de excursión a la cordillera por el fin de semana (a lo Bear Grills) y si bien lo pasé de lujo, volví con un resfrío de lujo y anoche, cuando iba a actualizar, no solo la fiebre conspiró en mi contra, sino que además también la vida real. Pero aquí está el capítulo nuevo n.n. De nuevo tengo que agradecer al Concilio, que me ayudó a coordinar las horas. Todas las medidas de tiempo que aparezcan aquí y en capítulos sucesivos, están considerando los husos horarios y las diferencias entre ellos. Solo para que lo tengan en mente y al final del capítulo están las especificaciones. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 4 años a las edades del canon. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, atentos que les responderé al final del capítulo. Tengan en consideración que Ekléctica, Favorita de Chronos, revisó TODA esta saga para que temporalmente (valga la redundancia) todo calce como corresponde y el tiempo que transcurre entre un fic y otro no genere conflictos. Littera Minima está reparado en un 50% y ajustado a la línea temporal. Llevo semanas tratando de que ésta aparezca en mi profile, pero como se resiste, visiten el de Ekléctica, que a ella sí le resultó.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que me instaron e incentivaron a escribir, y animaron cuando me encontraba en atolladeros. De no ser por ellas, me habría tardado más.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y la adorable miniserie "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, aunque no menos importante, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D


ADVERTENCIA.

El consumo de alcohol puede hacerlo pensar que está susurrando cuando no es así.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


SOUNDTRACK SUGERIDO: No Shelter, Seether.


Capítulo 3: La Rosa Blanca

Alguna aldea en Nepal. Día siguiente. 7 de enero. 7:45 hora local.

Aquella aldea era pequeña y ni tan bien provista, pero sus habitantes, principalmente sherpas, estaban demostrando tener una muy buena disposición con los santos de Athena, entendiendo bien el predicamento en el que se encontraban. Mucho había ayudado a las relaciones públicas que Albiore, algunas semanas antes, rescatara a otra aldea cercana, cuyo alcalde, por llamarlo de algún modo, era hermano del único policía del lugar. No les costó mucho convencer al pequeño poblado, menos una vez que confirmaron la historia del policía.

"Agradecemos mucho la ayuda, señor Shrestha." Dijo Dohko mientras se despedía del policía. "Vendrá alguien por mi compañero de aquí a dos días, y les compensarán por la ayuda prestada. No deberían darles problemas."

"No, no, señor Libra." Le dijo el ameno policía, que moría por ser de utilidad. "Estará bien cuidado, el señor Tamang y su familia cuidarán bien del muchacho. Todo sea por ayudar."

"Una vez más, agradecido."

Dohko hizo una venia y se alejó del hombre a paso ligero. Intercambió miradas con su grupo y no fueron necesarias las palabras para ponerlos en marcha. Iban con un ánimo bastante sombrío, no les había hecho gracia dejar a Dio con desconocidos, menos en el estado en que lo habían dejado, pero sabían que no tenían otras alternativas. Cuando se hubieron alejado bastante del pueblo, Dohko se detuvo y tomó aire.

"¿Alguno dio aviso?"

"Mandé un mensaje al Santuario. Están enterados." Dijo Shaina con voz firme. "La señora Idril me dice que enviarán a alguien cuanto antes. Mandé las coordenadas de la aldea, espero que no se confunda mucho."

"Idril es más astuta de lo que parece. Si no lo entiende, va a preguntar." Dijo Dohko cansado. "Lo importante es que lo saben."

Se sentía algo culpable: después de todo, había sido suya la idea que se separaran. Quizás si hubieran estado más a la mano, habrían reaccionado más rápido y evitado que Dio fuese herido. Se llevó las manos a las caderas y se volvió a sus compañeros que le miraban con atención.

"Vamos a volver al punto donde hirieron a Dio. Esos malditos dejaron rastros fáciles de seguir, y si los escondieron, seguro que quien sea que haya intervenido, no se preocupó de ocultar sus huellas." Dijo muy decidido, cosa rara en un libra. "Nos vamos a expandir en el terreno, para así cubrir más área. Avanzaremos en formación de abanico, mantendremos distancias de un kilómetro entre nosotros y nos comunicamos cada media hora."

"¿Qué buscamos ahora?" Preguntó Albiore.

"Lo mismo de siempre. Obviamente no sacamos nada con perseguir diferentes objetivos, si tarde o temprano los renegados nos van a llevar hasta su fuente." Añadió Dohko algo molesto. Disfrutaba guiando guerreros, no tomando decisiones, por lo que se sentía un poco frustrado. "Andando."

Argol y Shaina asintieron sin emitir mayores comentarios. Ambos partieron por el flanco derecho, pero al poco andar tomaron rutas diferentes y se expandieron, tal como si fueran sombras silenciosas. Albiore, tras observar a Dohko varios instantes, asintió muy serio, pero no dijo nada: era evidente que el dorado los quería a tiro de piedra en caso de que alguno necesitase ayuda, pero al mismo tiempo quería cubrir la mayor cantidad de terreno posible. Mientras que el santo de Cefeo partió hacia el extremo del flanco, mientras que Libra permaneció más o menos en la misma dirección.

El día apenas comenzaba, y mientras avanzaba por ese camino, Dohko aguzaba su mirada.

Algo parecía que lo miraba de vuelta…


Tokio, Japón.

En esos momentos. 11:04 am hora local.

Sin duda que en el Santuario se habían enterado. Considerando las diferencias de horario, el mensaje de Shaina había llegado a eso de las 5:50 de la mañana y nadie había perdido tiempo en hacerlo saber. Ni bien Idril lo tuvo en las manos, movilizó los recursos necesarios y ya a las 7:00 am trabajadores de la Fundación Graude iban camino a Nepal a buscar a Dio. Cuando la elfa avisó al Patriarca, éste arrugó el ceño y tras sopesar la información, decidió convocar a los santos activos de nivel 1 al Santuario.

Por eso Hyoga, que estaba entrando a clases (hacía poco había comenzado a estudiar Educación Física), recibió un mensaje en el celular que lo dejó algo extrañado.

Santo de bronce Hyoga de Cygnus.

Debido a los últimos acontecimientos, y siendo usted un santo activo nivel 1, se le insta a acudir al Santuario a la brevedad posible. Se advierte de actividad renegada hostil.

El muchacho levantó ambas cejas. Como todos los santos, estaba al tanto de las últimas actividades renegadas, y al igual que todos, estaba bastante irritado por el atrevimiento que habían mostrado. Sin ir más lejos, durante la cena de la noche anterior, él y sus hermanos habían estado comentando precisamente el tema y todos habían coincidido en que tenían que estar preparados por si eran convocados al Santuario.

Ni modo.

Guardó sus cosas en la mochila y de un sorbo largo terminó de beberse su café. Se dispuso a irse: lástima, esa clase lucía interesante, pero el deber llamaba.

"¿Pasa algo, Hyoga–san? La clase todavía no empieza." Le preguntó una de sus compañeras, una chiquilla menudita llamada Tsubaki.

"¡Y dale con el –san! Dime Hyoga, Tsubaki–chan, Hyoga a secas."

"Hyoga–san y te conformas. Sigo molesta." La chica le miró por encima del celular con severidad por varios instantes. No obstante, suspiró derrotada. No le duraba mucho la severidad con Hyoga, iba contra su naturaleza. "¿Por qué guardas todo?"

"Nada importante, me… llamaron de casa, tengo que irme." Le dijo a medio sonreír, aunque se le notaba que lo que ocurría era serio.

"¿Ocurrió algo malo?" Insistió la chica, esta vez mirándole de frente.

"No lo sé. Pero mejor asegurarse." El bronceado ladeó un poco la cabeza, y le guiñó el ojo, aunque no obtuvo el efecto que buscaba en la chica. "¿Me prestas luego los apuntes?"

"No." Le respondió Tsubaki muy seria, como resistiendo las ganas de acceder enseguida. "Todavía no me devuelves los últimos que te presté."

"Aw, ¡no seas así! Me rompes el corazón."

"Pues ve a terapia y lo recompones."

"No te pongas así, solo los de esta clase. ¡Prometo devolverlos!" Intactos le hubiera gustado añadir, pero prefería no prometer nada.

"Pídeselos a otra persona. A Souta por ejemplo."

"No le entiendo la letra, Tsubaki–chan. ¡Tus apuntes son más claros!" Hyoga le puso su mejor sonrisa. "Por favor, ¡no te cuesta nada!"

"No." Respondió la muchacha, regresando su atención al celular, resistiendo estoicamente al ruso.

"¿En serio le puedes decir que no a esta cara?" Hyoga abrió los ojos todo lo que pudo para conseguir mejor efecto. Tsubaki se resistió a mirarlo por varios segundos, pero terminó mirándole por encima del hombro, algo molesta. ¡Esa sonrisa!

"Lo voy a pensar." Le dijo la chica tratando de hacerse la difícil. Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de Hyoga: supo que la chica le prestaría los apuntes al regreso.

"Gracias, Tsubaki–chan. ¡Eres de Oro!"

"Sí claro, Hyoga–san."

Antes de echarse el morral al hombro y salir de la clase, Hyoga se recriminó a sí mismo. Sentía que abusaba de la buena voluntad de Tsubaki: siempre le pedía los apuntes y todo tipo de información, siendo todo lo carismático que podía, pero una vez que conseguía lo que quería, se olvidaba. Tendría que invitarla a almorzar un día de estos para agradecerle la buena voluntad, más aún porque le constaba que la chica comenzaba a resentirlo y eso le molestaba. Si no aplacaba pronto su falta de cortesía, tendría que sondear a otra persona que le pudiera prestar los apuntes y eso no le hacía gracia, pues si eso ocurría, perdería la oportunidad de charlar con Tsubaki. Con ese pensamiento siguió avanzando por el pasillo.

De vuelta en el salón, la chica en cuestión frunció el ceño y siguió revisando su celular. ¡Ese Hyoga! Debió decirle que no y ya. No le gustaba prestar sus apuntes, de hecho no lo hacía, pero esa sonrisa le ganaba cada vez que se fijaba en ella. Lo trágico es que él lo sabía y se aprovechaba de su buena voluntad. ¡Bah! Ni modo… mejor les sacaba fotocopias y así se aseguraba de que la dejara de molestar y ella de conservar sus notas…

¡BOOOOM!

Una suerte de temblor sacudió todo el edificio. Antes de que pudieran twittear temblor, todos los estudiantes se pusieron de pie, pero una baja de la temperatura, seguido de un escándalo de proporciones, que incluyeron el estallido de un ventanal cercano, y dos sacudidas más del edificio, los tuvo a todos bajo sus pupitres antes que lo registrasen siquiera.

Entonces oyeron el griterío y las carreras agresivas. Tsubaki, movida por la curiosidad, fue la primera en asomarse fuera del salón y mirar en ambas direcciones. Salió cuando otros estudiantes quisieron hacer lo mismo, y se fijó hacia la derecha, por donde se había alejado Hyoga. Hacía mucho frío y percibía algo de escarcha en el edificio… y allá, al final del corredor, comenzaba a juntarse una multitud. Alcanzó a percibir a Shun agachado junto a Hyoga (quien yacía en el suelo, inerte), dándole palmaditas en las mejillas, como tratando de hacerlo reaccionar. Dicha escena pronto quedó oculta tras las piernas de los estudiantes que los rodeaban, pero impactó bastante a Tsubaki. ¿No acababa de hablar con Hyoga hacia qué…? ¿Menos de cinco minutos?

Se angustió sin saber por qué.

Una nueva sacudida del edificio la sacó de sus pensamientos y atinó a cubrirse la cabeza, debido al enorme ventanal roto que había frente a ella. En la distancia alcanzó a percibir dos figuras negras que huían del campus, perseguidas por… ¿Ese era el payaso que solía tropezarse en los escalones del comedor? ¿Seiya o algo así?

"¿Pero qué está pasando aquí…?"


Nepal, cercanías del Monte Everest.

Ese mismo día, 15:40 pm.

Afro, Afro, Afro… Shaina maldijo entre dientes. El maldito dorado plagaba sus pensamientos y no la dejaba concentrarse en su misión. Le dolía el corazón, como que le hubiera gustado un abrazo y un beso antes de partir, o por último palabras de ánimo y esa sonrisa tan coqueta que él tenía, pero NOOOOOOOOOOOOO. Tenía que ponerse mañosa y negarse a hacer las paces con él. ¡Linda la cosa! Pero, ¿qué querían que hiciera? Shaina suspiró, tratando de sofocar esa ácida sensación en su estómago. Algo de razón tenía ella. ¿O no? ¡Sí! Lo más probable es que tuviera toda la santa razón del mundo.

"Ya deja de pensar en el infeliz: ¡Te esconde y se esconde! Eso no se hace. ¡Siente vergüenza de ti!" Se dijo a sí misma.

En todo el tiempo que había estado saliendo con Afro (porque habían terminado, como insistía en recordarse), en ningún momento el dorado había dado luces de querer hacer pública su relación, lo que no se debía necesariamente a su déficit atencional. Parecía tener cierta alergia a eso, y podía comprender el motivo de ello hasta cierto punto. Afro era uno de los santos más quitados de bulla del Santuario y no le gustaba atraer más atención de la necesaria sobre su persona. Sin embargo, había captado la suya, intrigándola y capturándola en su red, justo en el momento en que su corazón ya había curado de decepciones anteriores. Adoraba a Afro con toda su alma, en serio que sí, con sus virtudes y defectos, pero tanto secreto le oprimía el corazón. ¿Por qué no podía reconocer abiertamente que eran pareja?

No… mejor se detenía justo ahí.

Ya no eran pareja. Por lo visto, Afro se avergonzaba de ella, por eso la escondía… seguramente no quería que lo vieran con ella. ¿Acaso era muy marimacha? Podía cambiar, en serio, podía ser una dama, una señorita casi tan delicada como las rosas que su dorado cuidaba.

Err…

O eso creía, al menos. No era tan difícil ser delicada, ¿verdad?

Awww. ¡Tan lindo Afro! Le había pasado una de sus rosas blancas. La tenía guardada en su morral… allí se había empequeñecido, como solían hacer las rosas del dorado, para facilitar su transporte. ¡AAAARGH! ¡Condenado Pescado Podrido! ¿Acaso creía que era una indefensa florecita que necesitaba de su protección? Ya le iba a demostrar ella de qué estaba hecha. No pensaba usar la flor esa. ¿Ella necesitar rosas? ¡Pfff! Para nada.

De pronto fue como si hubiera pisado el freno.

Shaina se detuvo en el acto, llena de alarma. Por un segundo le pareció sentir el cosmo de Chantal llamándola directo, como advirtiéndole de un peligro inminente. ¡Momento! ¿El Cosmo de Chantal? Gruñó entre dientes: no entendía nada de eso, pero ciertamente no iba a pasar dicha advertencia por alto. Se puso en guardia.

"Miren que tenemos por aquí." Dijo uno de los renegados. Shaina apretó los dientes: el desgraciado estaba usando la copia de su propia armadura. "La reina de las cobras. ¡Un gusto! Aster de Ophiucus Negro para servirla, mi reina." Le sonrió, mostrándole de paso un diente de oro y otros dos llenos de caries.

"Hmpf." Rezongó Shaina sin dignarse a responderle.

"Se nos está haciendo fácil atrapar santos plateados. Pareciera que la Furcia del Santuario los manda al matadero."

"Disculpa a mi compañero, querida, es Raymond de Sculptor Negro y estos de aquí…"

"¡A MI LA COBRA!"

Dicho eso, todo saltó por los aires, renegados incluidos.

No digamos que Shaina permitió que siguieran con las presentaciones, sino que atacó enseguida, antes de dar mayor oportunidad. Era aries, y como tal, no era muy paciente en este tipo de situaciones. Tomó la sartén por el mango y optó por mandar todo al quinto pino. Dos renegados más salieron de su escondite y decidieron atacarla mientras Aster y Raymond se recuperaban. No, Piscis Austrinus Negro no estaba entre ellos, pero sí pareció reconocer las copias de las armaduras de Auriga y Heracles, quienes le atacaron con todo lo que tenían.

"¿En serio esto es lo mejor que pueden hacer, malnacidos? ¡GARRA DE FIEBRE!"

Shaina sujetó al renegado que usaba la copia de Auriga, levantándolo en el aire y dejándolo caer en ese segundo. Raymond y Aster aprovecharon el último segundo para cargar contra Shaina. Allí donde Raymond le dio un rodillazo en la espalda, Aster la sujetó del cuello y la lanzó contra unas rocas cercanas. Por momentos solo vio estrellitas, pero Shaina alcanzó a quitarse a tiempo para evitar el ataque de los discos de Auriga y el kornephoros de Heracles.

"¡Esas son Viles Copias! ¿Acaso creen que me harán daño?" Siseó Shaina unos instantes, analizando a sus enemigos.

"Mi querida reina…"

"No Soy tu Reina." Reclamó Shaina lanzándole una piedra que tuvo a la mano directo a la cara. Aster ni la vio venir.

"Tssst, Aster, vas a tener que amarrarla si quieres jugar con ella: la cobra reina muerde." Se burló Raymond poniendo las manos en las caderas. El renegado señaló a sus compañeros, que se tronaban los nudillos. "Rioh de Auriga Negro y Bastián de Heracles Negro… no necesitamos tu nombre."

"Tampoco los quería. ¡FURIA DE LA SERPIENTE!"

Shaina levantó su mano izquierda, liberando el cosmo que había juntado en secreto. Se abalanzó contra Aster, pero fue Raymond quien se interpuso y recibió de lleno los nueve golpes. Si bien el renegado sufrió una fea arrastrada, Shaina no bajó la guardia y estuvo atenta a los ataques de Auriga y Heracles… y también a una muy conocida por ella.

"¡A MI LA COBRA!"

Aster de Ophiucus Negro se dejó caer encima de ella con toda su fuerza. Bajo condiciones normales, estos cuatro no estaban representando un peligro para Shaina, pero pronto eso cambió cuando la amazona recibió este último ataque. Los tres renegados encendieron cosmos.

No eran sus cosmos… eran los de sus amigos Capella de Auriga, Alghetti de Heracles y del fallecido Daniel. Shaina abrió los ojos tras la máscara al reconocerles, más aún porque al menos Capella y Alghetti parecían gritarle con inusual desesperación que no se quedara quieta. No podían evitar atacarla, estaban esclavizados. El cosmo de Daniel se sentía muerto y no hablaba. Shaina pudo bloquear a Aster, pero la combinación de tres cosmos usados a su máxima potencia, por más que no quisieran dañarla, eran demasiado, incluso para ella.

"¡MUÉVETE! Por lo que más quieras. ¡NO TE QUEDES QUIETA!" Pareció escuchar que Chantal le gritaba a una gran distancia.

Apretando los dientes, Shaina se dispuso a hacer caso, pero…

"KORNEPHOROS."

La técnica de Heracles Negros la embistió en el último momento y Shaina fue a parar contra la pared de roca. Un hilillo de sangre comenzó a deslizarse por el borde de la máscara y la amazona se llevó la mano derecha al hombro izquierdo, que por lo visto se había dislocado bien feo.

"Cobardes todos ustedes… Usan lo que no les corresponde." Resopló con orgullo, mientras les dedicaba un saludo a sus madres. "¿Compensando falencias que no pueden con una mujer de a uno?"

La rosa.

Shaina abrió los ojos sorprendida, al notar de pronto la rosa blanca de Afro en su mano derecha, que aún sujetaba su hombro. La flor tenía su tamaño normal.

"¿Desde cuándo las amazonas se consideran mujeres?" Se burló Rioh de Auriga Negro, mientras se relamía los labios. "Te enseñaría a ser una, pero no tenemos tiempo."

Shaina enseñó los dientes, aunque la máscara tapaba su rostro.

"Si te hubieras portado bien… quizás te mostrábamos como ser una mujer entre los cuatro." Aster le enseñó una piedra muy similar a la que Albiore les había mostrado unos días antes. Detrás de él, Raymond se cruzó de brazos y le miró burlón. Bastián de Heracles Negro la miraba con lascivia en los ojos y jadeando para lograr mejor efecto.

Shaina intentó moverse, las palabras de Chantal resonaban en su cabeza, pero en ese momento Aster lanzó la piedra que tenía a sus pies y no alcanzó a quitarse del camino. Un pitido infernal le retumbó en los oídos y sintió como si le dieran la corriente. Shaina no se pudo mover, pero se aguantó los gritos de dolor. Su máscara se hizo pedazos y ni bien los fragmentos cayeron al suelo, la amazona fijó la mirada en Aster.

No se podía mover… y un vacío parecía estar succionándole la misma alma, su cosmo, fuera de su cuerpo. Se asustó.

Shaina!" Sintió que la llamaban de lejos.

"¿Amore mío?" Murmuró en italiano.

La amazona se atragantó la sorpresa al oír la voz de Afro justo detrás suyo. Se relajó al sentir el cosmo de su dorado tomarle la mano. La rosa blanca se electrificó también y al sentir que el cosmo de Piscis tomaba el control, Shaina se relajó al saberse a salvo y protegida. Fijó, eso sí, la mirada en Aster.

Entonces lanzó la rosa, aunque se sintió como un lanzamiento ajeno. Un ¡ROSA SANGRIENTA! pareció quedar colgado en el aire. Shaina de Ophiucus en cambio, caía inconsciente al suelo… sin su cosmo.

"¡AAAARGH! QUÍTENMELA, ¡QUÍTENMELA!"

La rosa se clavó en el corazón de Aster con fuerza, y aunque Raymond y Bastián intentaron quitársela, más se clavaba en el pecho del renegado, cosa que no correspondía a su naturaleza. La rosa había sido modificada especialmente por Afro de Piscis para cuidar de su amazona. Los ojos del renegado se tornaron verdes y sus gritos excesivos. Un olor como a metano comenzó a emanar desde su boca y oídos, al tiempo que sus convulsiones se tornaron horribles y su piel comenzaba derretirse desde dentro. Los renegados dieron un salto hacia atrás al sentir como la espalda de su compañero se quebraba tras un sonoro crack debido a estos efectos. La rosa ya estaba de color rojo.

"¿Qué Magia Negra Es Esta?" Rioh se tapaba la boca, sin creerse sus ojos.

"¡¿Qué pasa con Aster?!" Preguntó Bastián igualmente horrorizado.

"¡Se acaba de morir! ¿No viste?" Ladró Raymond dando una nerviosa patada en el suelo y tomaba distancia del horrible cadáver, tapándose la nariz y boca. "¡Ve por el cosmo de esa mujer! Aún tenemos que atrapar al otro plateado y…"

"RA'S AL–GHÜL GORGONEION"

Argol se dejó caer justo al medio del grupo y no tardó un solo instante en atacar a los renegados, hiriendo a uno de ellos. Se había pegado una carrera frenética desde que percibiera que Shaina estaba bajo ataque, y no se detuvo en cortesías, como presentarse o saber quiénes eran sus enemigos. Raymond le enfrentó, y por lo visto fue lo mejor que pudieron hacer, pues tenían un nivel de lucha bastante similar, con la diferencia que Argol sí tenía cosmo propio, y Raymond uno robado.

"¿Crees que vas a poder vencerme, santo de Athena?"

"¡Tengo la Certeza, Malparido!"

Rioh, aprovechando la distracción, se pegó una carrera hasta Shaina y tomó la piedra que ahora contenía el cosmo de la amazona. Sin esperar a sus compañeros, puso pies en polvorosa, seguido por Bastián, que cojeaba a duras penas, pues había recibido directo el ataque de Argol. Raymond por su parte detuvo al plateado todo lo que pudo hasta que finalmente encendió el cosmo que usaba.

"¡Vas a ver qué bonita sorpresa te vas a llevar!" Exclamó al empujarlo con toda su fuerza y lanzar a sus pies otra piedra.

Argol no alcanzó a decir ni pío.


Casa de Piscis, Grecia.

En esos momentos.

El sonido de las papas que Afro freía (eran un montón) pareció quedar en segundo plano. El aceite que siseaba con gusto dejó de concentrar su atención. Afro de Piscis pareció de pronto ser transportado a otro momento y lugar. Pestañeó un par de veces, antes de mirar sin ver hacia la sartén en donde se había estado preparando sus papas fritas. Algo le oprimía el corazón.

Se llevó los dedos a la boca. De pronto tenía un muy mal presentimiento. Sin querer llamó a su amazona, en voz alta y clara…

"¿Amore mio?"

Se detuvo justo allí, abriendo sus ojos a un nivel imposible, al oír la suave respuesta de Shaina. Hacía unos momentos que estaba cocinando algo para comer, pero al siguiente había olvidado que debía prestar atención a esa realidad y se centró en otra. Miró por la ventana casi desmemoriado, sin ninguna dirección en específico, pero al mismo tiempo taladrando el horizonte con los ojos en busca del objeto de su afecto.

¡No podía ser!

¡Tenía la rosa con ella! De alguna manera esta había acabado en sus manos y se disponía a lanzarla. Afro se acercó a la ventana, sintiendo la boca muy seca, pero con la mirada rígida. Cerró sus ojos y concentró su cosmo. Si Shaina había acabado con la rosa en las manos, es porque no le había quedado otra opción. Esa rosa era especial: Afro la había preparado especialmente para la misión en la que Shaina había partido, con desagradables añadidos extra, en caso que su amazona necesitara ayuda.

Nunca creyó que la usaría, pero por lo visto se equivocó. Entrecerrando los ojos y arrugando un poco las cejas (Afro no era tan diestro como Shaka en eso de rastrear cosmos), se concentró en su amazona… ¡Por Athena! ¡Su cosmo se lo estaban robando! No podía ver mucho más, pero pudo sentir la angustiante parálisis de la que su amazona era víctima y de cómo su alma parecía ser succionada fuera de su cuerpo. No se podía mover, apenas podía respirar: era como el abrazo de una boa constrictor. Apretó las manos tanto que los nudillos se le tornaron blancos.

"Me la pagas." Gruñó Afro entre dientes.

Rápidamente concentró todo su cosmo y visualizó la mano en donde creía que Shaina sostenía la rosa, concentró su cosmo de manera tal de hacerle saber que estaba con ella y no la dejaba sola, tomando al mismo tiempo el control de su brazo derecho. Se preparó a lanzar la rosa: no veía su blanco, pero sabía que Shaina sí lo hacía, por lo que confió en ella y su puntería. Sabía que su amazona tenía los ojos fijos en el corazón de su enemigo.

Usando el brazo de Shaina, lanzó la rosa. Y por lo visto acertó medio a medio.

Entonces sintió el frío vacío.

Un escalofrío le recorrió el espinazo y pareció explotarle en el corazón. ¡No sentía a Shaina por ningún lado! Afro sofocó un grito de angustia en su garganta, sin poder evitar que sus demás agudos sentidos fueran sobrepasados por tan dolorosa ausencia. Cortó la conexión sin quererlo.

Se tuvo que sujetar del lavaplatos para evitar caer. Era como si hubiera metido la cabeza dentro de la lavadora otra vez. No podía sentir a su persona más amada del planeta, justo después de la diosa, por ningún lado.

Palideció. La realidad de que alguien había lastimado a Shaina le golpeó como una pared de ladrillos. Y encima la habían dejado sola en el descampado, con frío, y herida. Shaina estaba sola… desamparada. Otra amazona de plata lanzada hacia la oscuridad…

¡ELLA NO!

Apretó de nuevo la mandíbula y se sacudió de encima todo pesar. ¡No era el momento! Convocó a su armadura, que lo cubrió sin demora y tras fijarse en la última localización conocida de Shaina, se atrevió a hacer el salto hasta Nepal a velocidad de la luz…

… por supuesto: olvidó apagar la cocina.


Nepal. Cercanías del monte Everest.

Apenas se habían fijado en el maloliente cadáver de Aster, el cual parecía haber sufrido un intenso baño de ácido. No, el centro de atención de ambos santos eran aquellos que, aunque caídos, seguían vivos.

Dohko bufaba y se paseaba como tigre con dolor de muelas. Habían llegado un segundo demasiado tarde, solo para ver a Argol caer al suelo y al renegado maldito ese huyendo Athena sabrá donde. Albiore tuvo el impulso de seguirlo, incluso le lanzó una de sus cadenas, pero al ver a los plateados caídos, se contuvo. Para su frustración, tuvo que contentarse con canalizar cuanto insulto de estadio se le pudo haber ocurrido en ese momento (que no eran pocos, considerando que era futbolero y orgulloso hincha de River Plate) y vociferarlo con toda la fuerza que podía en la dirección por la que Raymond de Sculptor Negro escapaba. Cuando se hubo sentido satisfecho… se agachó junto a Argol…

… en coma… y sin cosmo. Igual que la amazona.

"¡Mira como la dejaron! ¡¿Cómo se atreven a lastimar a Shaina?! ¡Entre cuatro los muy malditos! AAAARGH. Los voy a hacer mazamorra cuando les ponga las manos encima." Protestó Dohko.

El Anciano Maestro levantó a la amazona en brazos y la alejó de aquella pared. Su máscara se había hecho pedazos, y se podía ver con claridad la sangre que manaba de la nariz y boca. El costado derecho de su cara se encontraba raspado y magullado. La dejó en el suelo junto a Argol con delicadeza.

"Voy a hacer que el Everest desaparezca si eso me asegura que esos malditos son borrados de la faz de la tierra."

"¡Hicieron esto a propósito! Saben que no los abandonaremos." Albiore, en su frustración, se levantó del suelo, agarró una piedra y la lanzó con toda su fuerza en la dirección en la que había visto huir a ese renegado, a quien aún podía ver en la lejanía. "¡SIGUE CORRIENDO ASI Y TE VAS A LA RE&%$# MA$% H$#DE P&$#$! ¡VAS A VER CUANDO TE AGARRE!"

Quiso la casualidad que la piedra diera en el blanco. Raymond trastabilló y se pegó un buen suelazo, para levantarse rápidamente y seguir huyendo: no parecía tener interés en responderle a Albiore.

"¡Tenemos que ir tras ellos!" Dohko volvió a patear el suelo. "¡Pero no podemos irnos sin…!"

"Vayan. Yo me encargo de los plateados."

Albiore y Dohko se giraron bruscamente. Allí, no a mucha distancia, Afro de Piscis caminaba lentamente hacia ellos. Mientras que el santo de Cefeo le gruñó varias groserías directas a la cara (estos dos no se toleraban mucho), Dohko le miró con sospecha.

"Afro. ¿Qué haces aquí?" El maestro de Libra levantó una mano para indicar paz. "Calma los dos." Les advirtió en el caso que se fueran a enredar en alguna pelea, como solía pasarles. Afro se encogió de hombros, muy casual, con un inocentón aire distraído.

"Me pregunté de pronto como estarían y percibí la pelea. Vine a ver si podía ayudar."

"¡Tarde llegaste si pretendías ayudar!" Exclamó Albiore de mal humor.

"No lo creo así. Yo cuido a los plateados." Afro indicó hacia el camino con la mirada. "Vayan. No pierdan el tiempo."

"¿Estás seguro que puedes?" Preguntó Dohko, pero Afro solo le sostuvo una muy neutral mirada.

El santo de libra intercambió miradas con Cefeo, y tras asentir levemente con un movimiento de cabeza, echaron a correr. Sus compañeros estarían bien cuidados, mientras Afro no perdiera el interés: ellos tenían renegados que cazar. Y eso harían, ya que este jueguito los había cansado.

Afro esperó a que tanto Dohko como Albiore desaparecieran en la distancia, antes de relajar los brazos. Miró hacia el suelo y se dejó caer de rodillas junto a los plateados. Ambos vulnerables, aunque no como Chantal. Miró de reojo hacia el humeante cadáver de Aster, con una mezcla de odio y satisfacción: por lo visto sus modificaciones a la rosa sangrienta habían surtido un interesante resultado. ¡Ojalá Le Hubiera Dolido Como Mil Avernos! Volvió su mirada hacia Shaina…

… sangraba por la nariz y boca. Afro sintió un vacío en el estómago. Con cuidado, se terminó por sentar a su lado, acunando a la amazona en sus brazos. Le limpió la sangre con delicadeza usando su capa. ¿Cuántas veces la había sostenido así, bajo otras circunstancias? ¿Cuántas veces se habían cuchicheado cosas sin sentido a los oídos, en amorosa complicidad? Y ahora estaba viva en sus brazos, pero igualmente inerte… ¿Cómo se habían atrevido a lastimarla? Era su rosa, su mujer preciosa, sus delicadas manos tenían su corazón, ¡¿Cómo habían osado hacerle esto?!

Su corazón henchido de una sensación que por momentos no pudo identificar, pareció colapsar en su pecho. Aferró con fuerza a su amazona entre sus brazos y sepultó su rostro en su cabello…

Lloró en silencio.

Continuará.

Por
Misao-CG


Próximo capítulo

"… No era tonta en lo más mínimo, era mucho más observadora que su prima y sabía leer a las personas. Aún no tenía ni el título ni la licencia de abogada, pero eso no la hacía ninguna bruta ciega. Se daba cuenta como la miraba Mu…"


Nota Mental: Traten de no hacer enojar a Afro, de verdad es vengativo… sí, tiene debilidad por las papas fritas… y no: no sé qué pasó exactamente con el incidente de la lavadora, solo que Alisa lo tuvo que sacar con ayuda de Milo (creo que le sacó fotos). Respecto de Hyoga…. Pues… ._. Necesitaba otra víctima y el pobrecito perdió, pero estará bien n.n… Si se están preguntando por las técnicas usadas en este capítulo, no son inventadas. Revisando los perfiles de los santos aludidos en la WikiSeiya y en Google, encontré las técnicas y sus especificaciones de cada uno. Así que cosa que se den una vuelta y las revisen. Cualquier error tipográfico o dudas que se les presenten, háganmelas saber. ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO! ^O^

¡LARC! A mí también me alegra leerte de nuevo, ojalá disfrutes mucho esta historia y que este capítulo haya sido de tu agrado n.n ¡GRACIAS POR EL REVIEW!

Sobre Aldebarán, Ozzyblack, no lo tengo olvidado, solo estoy esperando el momento justo n.n. Una vez más, me disculpo contigo por haberme tardado en actualizar y ojalá que este capítulo compense tu espera. ¡GRACIAS POR EL REVIEW!


Brújula Cultural

Recuerden, siempre por cortesía de Wikipedia, a menos que diga lo contrario. n.n

Huso Horario: En geografía es cada una de las veinticuatro áreas en que se divide la Tierra, siguiendo la misma definición de tiempo cronométrico. Se llaman así porque tienen forma de huso de hilar, y están centrados en meridianos de una longitud que es un múltiplo de 15°. Anteriormente, se usaba el tiempo solar aparente, con lo que la diferencia de hora entre una ciudad y otra era de unos pocos minutos en el caso de que las ciudades comparadas no se encontraran sobre un mismo meridiano. El empleo de los husos horarios corrigió el problema parcialmente, al sincronizar los relojes de una región al mismo tiempo solar medio.

Todos los husos horarios se definen en relación con el denominado tiempo universal coordinado (UTC), huso horario centrado sobre el meridiano de Greenwich que recibe ese nombre por pasar por el observatorio de Greenwich (Londres). Puesto que la Tierra gira de oeste a este, al pasar de un huso horario a otro en dirección este hay que sumar una hora. Por el contrario, al pasar de este a oeste hay que restar una hora. El meridiano de 180°, conocido como línea internacional de cambio de fecha, marca el cambio de día.

Para el caso que nos convoca, los husos horarios que corresponden a las áreas mencionadas son:

- Grecia +3:00
- Nepal +5:45 (son 2:45 horas más que en Atenas)
- Japón +9:00 (son 6:00 horas más que en Atenas)

Esto quiere decir que si en Grecia son las 14:50, en Nepal son las 16:35 y en Japón son las 20:50. Este cálculo se lo debo a Ekléctica, quien me regañó cuando se dio cuenta que estaba tirando horas al voleo u^^