Fiesta del té
Una semana después del primer incidente…
América había decidido pasar por la casa del inglés después de una semana sin noticias suyas. Estaba realmente preocupado por el rubio cuyas cejas habían sido motivo de burla en innumerables ocasiones. Toco la puerta y llamó al timbre esperando que el otro abriera, cosa que no ocurrió, y volvió a llamar.
-Iggy, soy yo, Alfred- dijo en voz alta el yankee.
-...pasa, pasa está la puerta abierta- la voz del inglés había sonado extraña, muy extraña, pero aún así el americano decidió entrar a la casa y abrió la puerta con cuidado despacio, muy despacio, siendo sorprendido por el sonido chirriante de una puerta que pedía ser engrasada- estoy en la cocina- se escuchó de nuevo al inglés.
El rubio con gafas sintió un escalofrío no por el hecho de que juntar a la isla con una cocina era más peligroso que un ruso sonriendo y su tubería, sino por la risotada que Arthur soltó tras destapar su localización. América caminó hasta la cocina solamente iluminando su camino la tenue luz que salía de la cocina, una vez llegado al cuarto no pudo hacer otra cosa más que asombrarse. Todo estaba lleno de dulces multicolores que llenaban la mesa central y las encimeras que no se parecían en nada las extrañas masas de scones que el cejudo solía "cocinar". Los azules ojos del norteamericano no cabían en su asombro cuando reparo en su antiguo tutor.
-Hello sweet~- Inglaterra enfrentó a su ex-colonia con una sonrisa de oreja a oreja que asustaba por dar la sensación que en cualquier momento se le desencajaría la mandíbula- mi niño querido, he preparado la merienda. Siéntate, y prueba los dulces que he hecho para ti.
-¿Los hiciste tú?- fue lo único que consiguieron articular las cuerdas vocales del más joven.
-¿Y quién si no?- le contestó y moviendo una de las sillas de la mesa principal e instó al joven a sentarse- vamos prueba- el americano, sin saber muy bien que hacer se sentó y el inglés se acerco a un pequeño armario y abrió sus puertas.
-Es...diferente a lo que sueles cocinar...- Alfred examinó uno de los cupcakes coloridos- parecen...parecen comestibles...y todo.
-Lo son- le afirmó el inglés mientras cogía algo que el otro no prestó atención- tienen un ingrediente secreto que hace poco decidí integrar en la receta y desde entonces son mucho más apetecibles y ricos...es más diría que están para morirse- soltó una carcajada semejante a la que antes había escuchado el país americano- no he podido parar de cocinarlos cuando vi lo ricos que estaban.
-¿Has estado cocinando por una semana entera sin descanso?
-¿Una semana? ¿De verdad? Se me ha pasado el tiempo volando- rió- pero en serio, cielo, prueba uno- el tono de voz del rubio repostero había cambiado radicalmente a uno que no dejaba a otra cosa que comer esos dulces que parecían decorados con esencia de unicornio.
-Está bien- el americano se llevó a la boca con miedo el cupcake y le dio un pequeño mordisco-...está bueno... ¿que lleva?
-Ya te lo dije, un ingrediente secreto.
-Puz eztan bu buenoz- contestó con la boca llena a causa de haberse metido en la boca toda la magdalena.
-Si quieres puedes comer hamburguesas, las he hecho para ti- Inglaterra puso sobre la mesa una cesta repleta de hamburguesas envueltas en plástico para que no se desparramarán.
-Grafiaf- contestó y desenvolvió una de las hamburguesas y le pegó un buen mordisco ajeno al detalle de que su ex-tutor lo miraba conteniendo la risa.
Cuando el país glotón acabó con todas las hamburguesas de la cesta, unas doce aproximadamente, fue a pedirle algo de beber al inglés cuando se percató de lo extraño que lo veía. Llevaba el pelo de un rubio pálido, que justificó que sería por la harina y se habría manchado con ella el cabello, su ropa también era extraña pues una camisa azul claro y un suéter rosa pastel no se parecía en nada a lo que solía llevar Arthur normalmente, pero lo que más le perturbó fueron sus ojos al darse la vuelta el inglés (pues mientras lo había estado observando había estado de espaldas a él preparando otra ronda de cupcakes) sus ojos eran de lo más curioso y extraños, azules y rosas que se alternaban dando un aire bizarro al más no poder a la figura del inglés junto a una pajarita azul que ya no quedaba nada del chico que el americano conocía.
-Oye Inglaterra- le llamó con temor- Que ojos más extraños tienes.
-Son para verte mejor, querido.
-Oye, Inglaterra. Que ropa tan curiosa llevas hoy.
-Es para tomar el té mejor, querido.
-Y... oye Inglaterra- el americano se llevó una mano al estomago y otra a la boca- creo...creo que me encuentro mal- contuvo una arcada- que llevaban esos dulces de especial.
-Son para crezcas mejor, querido. Estás en edad de crecer y no queremos que comas porquerías siempre, ¿verdad?
-Tengo que irme...- estados Unidos se levantó como pudo del asiento e intentó salir de la cocina pero tropezó con lo que parecía ser masa de galletas y cayó al suelo sin remedio.
-¿Te hiciste daño?- un falso tono de preocupación se percibía en la voz del inglés.
-Auch- a Alfred se le congeló la sangre al ver al perturbador inglés con un cuchillo en una de sus manos. Aterrado se levantó y tropezándose con todo lo que veía intento salir de allí, choco contra el marco de la puerta de la cocina y después con la pared en un intento de llegar a la entrada.
-Pero pequeño no te vayas aún nos queda tomar el té- rió tras suyo Inglaterra de manera enferma mientras el cuchillo bailaba de una mano a otra y seguía de cerca a su ex-colonia.
-Aléjate de mí- le chilló el otro a punto de llegar a la puerta y salir de esa pesadilla tan irreal como horrible para el rubio cuerdo.
-No, pequeño, aún hay que tomar el té ¿yo no te eduque para que seas tan mal chico?
-Estás loco- le espetó.
-¿Qué yo estoy loco? Yo no…yo no estoy loco- se detuvo abrazando su cabeza con ambos brazos aún sin soltar el cuchillo- YO NO ESTOY LOCO- le chilló mientras caía de rodillas al suelo.
-Arthur…escucha- el americano aprovechó para levantarse y recuperar el aliento- vamos a llevarte a un médico, no estás bien, así que- se acercó lentamente al otro para no asustarlo- ven conmigo.
-¿Al-Alfred?- le llamó la bizarra isla levantando la cabeza, por su expresión parecía haber vuelto a la normalidad.
-Sí, soy yo, dime- le intentó sonreír.
-En verdad…- Arthur le sostuvo la mirada para ver a su ex colonia- si estoy loco HAHAHAHAHA- antes de que el menor pudiera reaccionar intento propinarle un corte en el rostro, que falló a medias ya que consiguió apartarse lo suficiente para no ser cortado, pero sus gafas si recibieron el peligroso filo como resultado salieron disparadas del rostro de la nación del nuevo mundo.
-Detente, Inglaterra, por favor- el aterrado chico salió corriendo hacia la puerta la cual se abrió sin mucha resistencia y salió al nublado exterior, pero para mayor desgracia el inglés le clavó el filoso cuchillo en una de sus piernas consiguiendo que callera al suelo- Agh.
-Tendré que enseñarte modales, chiquitín mío- chasqueó la lengua mientras agarraba un objeto que América reconoció, un bate de beisbol- Buenas noches, cariñito.
