Castle no me pertenece.
Capítulo 04:
Beckett entró en la sala de interrogatorios con una carpeta en la mano. En ella sólo llevaba el informe preliminar de Lanie y la ficha del escritor, pero abultaba lo suficiente como para que el interrogado se preguntara cuanto de él había ahí. Una vieja táctica.
Se sentó en la silla frente a un tranquilo Richard Castle, que la miró de arriba a abajo.
- Señor Castle, tiene bastantes antecedentes para ser un escritor de éxito. Escándalo público, resistencia a la autoridad...
- Era un poco gamberro.
- Aquí dice que robó un caballo a la policía.
- Prestado – corrigió.
- Y por lo visto estaba desnudo.
- Era primavera – claro, eso lo explicaba todo.
- Y los cargos se retiraron en todos los casos.
- ¿Qué quiere que le diga? El alcalde es un gran admirador.
La detective se guardó el comentario que estaba a punto de hacer respecto a ese punto. Se habían acabado los preliminares. Sacó una foto-carné tamaño folio de la víctima y se la puso delante.
- ¿La conoce?
- Creo que si... - dijo tras analizar la imagen -. Al... ¿Alice? No, espera. ¡Allison! Estuvo en la firma de hace unas horas.
- ¿Cómo es que se acuerda de ella? Porque me imagino que había muchas mujeres en esa firma.
- Bueno, tiene unos ojos bonitos, como tú – Beckett enarcó una ceja. ¿Está flirteando? -. Fue la última de la primera tanda – dijo después.
- Explíquese.
- La firma se dividía en tandas de 25 minutos, con descansos de 5 entre una y otra. Me acuerdo de ella porque fue la última de la primera tanda.
- Así que... ¿La vio sobre las 7:25?
- Sep. ¿Es que le ha pasado algo?
- ¿A qué hora acabó la firma, señor Castle? - ignoró la pregunta del escritor. Ya sabía la respuesta a la suya, pero necesitaba alguna pregunta-control para analizar su lenguaje no verbal.
- A las 9.
- ¿Es posible que la señorita Tisdale le estuviese esperando fuera?
- Bueno, todo es posible, ¿no? - dijo consciente del efecto que producía en las mujeres -. Pero yo no la vi. ¿Está bien? - volvió a preguntar.
- Está muerta. ¿Qué hizo después de salir de la firma?
- ¿Muerta? Vaya... ¿Soy sospechoso?
- Lo será si no contesta a la pregunta.
- Me fui con Gina (mi editora) a la fiesta de donde me has sacado.
- Lo comprobaremos – dijo Beckett mientras se levantaba para irse -. Puede marcharse, de momento.
- ¿Crees que yo sería capaz de matar a alguien? - inquirió inocentemente.
Sí, a mí, de aburrimiento.
- No salga de la ciudad – contestó ella abriendo la puerta -, señor Castle.
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Cuando Richard llegó a su loft, esperando encontrárselo a oscuras, vio luz en la cocina. Alexis estaba sentada en uno de los taburetes con una taza en la mano.
- ¿No deberías estar durmiendo?
- Quería saber qué tal te lo has pasado en chirona – bromeó ella -. Aunque también puedo buscarlo en las webs de tus fans.
- Oh, no. Recuerda el trato. Tú navegas por internet todo lo que quieras mientras no entres en esas webs. Están llenas de mujeres perversas.
- Vaaale.
- Anda, ve a dormir, que ya es tarde - Alexis lo besó en la mejilla y se fue al piso de arriba.
Pero a pesar de la hora, él no tenía sueño. Fue a su despacho, se sirvió dos dedos de whisky y se sentó en la silla donde habían nacido la mayoría de sus novelas. Puso los pies encima de la mesa y pensó.
Pensó en su carrera, en su fama, en su decisión de matar a Derrick Storm. Pensó en lo que le había pasado esa noche. Tras unos segundos, cogió el ordenador portátil e hizo lo que llevaba meses sin hacer. Escribir.
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A la mañana siguiente, la detective Beckett se levantó cansada. Muy cansada. Lanie la había llamado a las dos de la mañana (después de terminar la autopsia), y habían estado casi tres horas hablando. O más bien había hablado ella. Porque le hizo mil preguntas sobre el bendito escritor, y las mil acabó respondiéndolas la forense. Y después había empezado a contarle toda clase de rumores y chismes. Que si era un mujeriego, que si había matado a su personaje por falta de inspiración...
Beckett había escuchado pacientemente. Hasta cierto punto, entendía la repercusión mediática que causaba el tal Castle. Era rico, era guapo, y escribía bien. Ella no era fan de sus libros, pero había leído un par de ellos por insistencia de Lanie y no estaban mal.
Llegó a comisaría y fue directa a la pequeña cocina de la sala de descanso. Necesitaba un café. O dos. Por muy mal que supiera. De camino a su mesa, con la taza en la mano, saludó a sus compañeros con la cabeza. Ellos se limitaron a sonreír mirando detrás de ella. Eso no podía significar nada bueno. Se giró para ver qué les hacía tanta gracia, y casi se le cae el café. El capitán tenía las persianas subidas... y no estaba sola.
- ¡¿Qué hace él aquí?! - preguntó tan alto que las personas que estaban alrededor la miraron sorprendidos.
- A lo mejor le gustas – dijo Espo.
Beckett iba a replicar, pero no le dio tiempo.
- ¿Detective? - Gates y Castle permanecían de pie en la puerta del despacho -. Venga un momento, por favor.
- Sí, señor – la siguió hasta dentro de la habitación, pasando por el lado del escritor. Que por cierto olía estupendamente bien. ¿Qué más me dará a mí cómo huela?
- Acaba de llamarme el alcalde – la capitán no era conocida por andarse con rodeos -. Al parecer tiene usted un admirador.
- ¿Qué se supone que significa eso?
- Richard Castle cree haber encontrado a la protagonista de su nueva serie de novelas.
- ¿Es un cumplido?
- No sólo eso. Dice que tiene que documentarse.
- Oh, no.
- Oh, sí.
- Pero señor, es como un niño pequeño, incapaz de tomarse nada en serio.
- ¿Cree que no lo sé? A mí tampoco me hace mucha gracia, pero la buena publicidad nunca sobra. Si el alcalde esta contento, también lo esta el comisario, y por ende yo – Beckett iba a protestar pero Gates siguió hablando -. El señor Castle tiene amigos en casi todos los periódicos de la ciudad, detective. No le costaría nada pedirle a un par de ellos que escribieran una buena crítica del departamento de policía. A cambio, obviamente, de una ligera participación en casos reales.
- ¿Cómo de ligera? - Gates ladeó la cabeza, y Kate se temió o peor -. ¿Hasta cuando tendré que aguantarlo? - insistió.
- Eso depende de él...
Beckett salió del despacho intentando que no se le notara el fastidio. No tuvo mucho éxito.
- Me parece que voy a probar ese café que tenéis aquí, a ver si es tan malo como dicen – comentó el escritor al ver a su nueva musa con el ceño fruncido y los labios apretados. Esperaba que en ese rato se le pasara el enfado inicial por la noticia.
- Castle nos ha contado lo de su trato con el capitán – rió Ryan.
- ¿Te parece divertido?
- ¿Una controladora como tú con algo que no puedes controlar? - Espo caminaba hacia ellos con una carpeta en la mano -. La verdad es que esto promete.
- Venga, dejaos de bromas y poneos a trabajar. ¿Habéis averiguado algo sobre Allison?
El moreno abrió la carpeta, y ya tenía la boca abierta para contestar, cuando oyeron un ruido horrible procedente de la cocina.
- ¡Esta máquina ha intentado matarme! - exclamó cierto escritor de novelas de misterio tirado en el suelo.
La última vez que me fijé, dejar review todavía era gratis. Todavía. Aprovechad ahora que podéis xD
Gracias por leer x)
