Hola.

Disclaimer: Naruto no me pertenece.


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El sello del alma

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Los géneros son Sobrenatural, Fantasía, Espiritual, Angustia.

Está situada tiempo después de la derrota de Kaguya.

Muchos personajes están muertos, y muchos otros nunca nacieron.


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El sello del alma

IV

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Neji Hyuga no sabe por qué sigue luchando contra su destino. No entiende por qué no se ha dejado caer al infierno.

Antes, cuando tenía vida, se esforzaba porque tenía una razón para luchar: dio su vida por su familia, por sus amigos, por su aldea.

Pero ya todo eso se acabó. No queda nada. Y él no se atreve a dar el paso y caer finalmente en el infierno. Su destino, después de todo.

Siente el ardor en su piel y el temblor de su alma. Pero ya no es su piel, tampoco es su alma. Él pertenece a las sombras. Su alma no alcanzó la paz y solo le queda la espera, la espera por su final. Por su completa desaparición.

No hay un cielo para él, no hay estrellas ni nubes que mirar, no hay pájaros que alzan el vuelo. La sensación de asfixia es aun más avasalladora que la activación del Sello del Pájaro Enjaulado. Los grilletes son más fuertes, la maldición más abrazadora. No es el odio que alguna vez cosechó en él el que lo llena, es un odio más fuerte, un odio que no quiere que él tenga fuerza, uno que solo quiere hundirlo, arrastrarlo, avasallarlo. El odio de mil demonios.

No sabe por qué no se ha rendido.

Tampoco sabe por qué su alma no pudo llegar al cielo.

Para las almas en pena, su añoranza por la vida y su temor por el más allá los hacía recrear el terrible segundo en que la oportunidad de encontrar descanso se escurrió de ellos.

Neji recordaba su muerte. Se había acostumbrado ya al dolor físico, a la herida que nunca terminaba de sangrar, pero, constantemente, lo atormentaba el sufrimiento de su prima y de Naruto: sus voces, sus lágrimas, su dolor.

Lo único que lo mantenía lúcido era saber que no murió en vano. Fue una persona racional, lo suficientemente respetuosa como para tolerar creencias religiosas y ahora que estaba en ese abismo sabía que había algo más después de la muerte del cuerpo. Su racionalidad ahora importaba poco, pero él creía –ciegamente- que su muerte no fue en vano. Por eso no había caído al infierno.

El infierno era oscuro. Pero a veces parecía que había más luz ahí que en el lugar donde estaba ahora. No sabía dónde estaba. No le importaba. ¿A quién podría contárselo?

A veces se preguntaba si existían más personas como él; si esos seres que tanto llamaba como Hinata y Naruto eran reales o si solo eran parte de su imaginación, de la locura por tanto dolor y oscuridad.

A veces se preguntaba si las otras sombras que le rodeaban eran seres como él, angustiados por el miedo a lo desconocido, temerosos de dar un paso en falso y caer, carentes de deseos y sin ninguna esperanza. Si tenían tanto miedo, si guardaban tanto dolor, como él.

A todo momento, luchaba con todas sus fuerzas. Se obligaba a recordar que lloró cuando su padre murió, que amó a sus primas y que Naruto lo salvó de la oscuridad. Se dejaba embargar por el calor de las sonrisas de Tenten y la energía de Rock Lee. Así sobrevivía. Así encontró la fuerza y el valor para enfrentar a las sombras.

Mentiría si decía que todo era oscuridad. Había luces, destellos, fuegos. Unos tan fríos como el acero, otros con la fuerza del sol. También había reflejos en las gotas, en los charcos, en las piedras lisas. Los ojos de las sombras solían brillar, de todos colores, algunos más negros que su alrededor, otros del color de la sangre y muchos otros parecían el perlado color del Byakugan.

También había lugares que tenían una dimensión comprensible y reconfortante: altura, anchura, profundidad. De esos lugares, su favorito era una cueva, amplia, atravesada por un río. A esa cueva, solo llegaba él, ninguna otra sombra, ni criatura, ni ser. Él buscaba descanso en esa cueva. Era su santuario. Ahí podía ver una sombra en el suelo. Su sombra. A veces estaba, a veces no.

No tardó mucho en idear el patrón. La sombra, la de su cuerpo adulto, no se pintaba en el suelo de piedra después de una lucha. Él buscaba la caverna para limpiar sus heridas, después de una batalla, y su sombra tardaba en aparecer. Y, si aparecía, lo hacía tan de improviso que él se asustaba al no reconocerla como propia, y volvía a desaparecer.

No recordaba muy bien cómo debía ser su apariencia física, pero la figura de la sombra le parecía familiar y le reconfortaba. Además, era tranquilizante ver su sombra, eso quería decir que su alma estaba tranquila. Las otras sombras, las que salían del infierno, las que devoraban almas, las que le arrancaban la piel, esas, que eran ásperas y oscuras, no llegaban hasta la cueva, no lo alcanzaban. Entonces, él podía descansar.

Neji peleaba contra las sombras. Batallaba, porque no quería irse al infierno, porque no quería que se llevaran más almas al infierno. No soportaba los gemidos de dolor, los gritos que pedían misericordia. A veces solo era egoísta, solo no quería terminar en el pozo profundo del averno.

Siempre que escuchaba el último suspiro de un pájaro, que moría en pleno vuelo, sin alcanzar el cielo, corría en su búsqueda.

A veces, encontraba el alma perdida primero que las sombras. A veces solo encontraba los desperdicios de un cuerpo despedazado a mordiscos.

En todo caso, la tranquilidad en la cueva era efímera, inclusive falsa. Su alma no tenía descanso, su alma no tenía cuerpo, su alma ya no era capaz de sentir…

Pero sintió. Un dolor tan fuerte en el pecho que supo que era alivio.

No era la primera vez que sentía esa vibración, como si el alma que se acercaba fuera conocida; sin embargo nunca la sensación había sido tan fuerte, tan viva. Nunca se había sentido tan aliviado de encontrar algo. Usualmente, cuando se acercaba a otra alma, prevalecía la inquietud, la alarma, la amenaza… Ahora había… ¿esperanza?

—¡Sakura!—la llamó. Su voz, ronca, más acostumbrada a gruñir que a articular palabras, no la alcanzó.

Ella siguió vadeando el río, sin inmutarse. Entonces, Neji Hyuga dejó de pensar, entró al río, también, y los ojos verdes se dirigieron a él, pero no lo vio. No se vio reflejado en sus orbes. Quizá había muerto recientemente y aun no estaba acostumbrada a ver las sombras.

La historia que contaban sus ojos era tan triste que sintió pena por su vida, por la muerte que había tenido. Deseó que la vida de Sakura no hubiera acabado vanamente. Sin embargo, al tenerla tan cerca, el aliento de ella chocó contra él, contra su cuello.

Retrocedió asustado, y ella también: asustada del agua, que se revolvía inquieta. Sus ojos recorriendo todo el espacio de la cueva, sin comprender, con temor… pero había algo más: un deseo por encontrar algo. Una chispa. Una llama diferente a lo que había en la realidad de Neji.

Neji quiso formar parte de ese calor. Aprovechó la quietud de la mujer para tomarle el rostro entre las manos, ella tembló bajo su tacto y Neji Hyuga juntó sus labios con los de ella. Él sintió el calor, los labios carnosos, saboreó la vida.

Pero ella no lo sintió a él. La expresión de la mujer se volvió ceñuda y Neji deslizó sus dedos por las mejillas. Ella se tapó los labios con tres dedos, delgados y con heridas causadas por rosas.

—Estás viva—susurró Neji, pero ella no lo escuchó.

Continuará...


Muchas gracias por leer.

Ya apareció Neji, y el robo de besos es su técnica para saber si Sakura está viva o no.

En el próximo capítulo, habrá lo que he querido hacer desde hace mucho: encuentros sobrenaturales.

Muchas gracias a las personas que han dejado sus impresiones: son muy importantes para mí. Espero ir contestando sus preguntas y comentarios con la trama. Porque pareciera que Sakura es la esperanza para Neji, pero en realidad es al revés.

Espero me puedan contar qué les pareció.

Saludos y gracias

(▰˘◡˘▰)