FIGURA PATERNA
(Father Figure)
Por Rozefire
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 4 - Juego Muerto
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Kagome suspiró mientras movía la fría bolsa de agua contra su pie. Su trasero estaba comenzando a entumecerse de sentarse por tanto tiempo, pero no podía caminar con un pie lastimado. Era mejor tener un trasero muerto que un pie muerto.
"Podemos observar algo más que niños aprendiendo de programas?" Remarcó Souta desde su posición de piernas cruzadas en el piso frente al sofá. Kagome le dio a su cabeza una malvada mirada antes de agarrar el control remoto y cambiar el canal a unos comerciales.
"Mejor?" le preguntó.
"Algo."
"Por qué no estás en la escuela? No te ves muy enfermo para mi." Remarcó Kagome, molesta de que tuviera que compartir su día libre con su joven hermano.
"Entrenamiento de profesores." Se encogió mientras se concentraba en lamer las gotas de helado de su cono. "Dijeron que uno de los profesores es corrupto, así que están echándolo hoy."
"Entonces quién faltará mañana…?"
"Será el Sr. Ayudo a los niños a hacer trampa en sus exámenes."
Bueno, al menos era mejor que el Sr. Amo mucho a los niños. Kagome se hundió en el sofá, intentando encontrar una posición diferente para traer algo de sensibilidad a su trasero. Su movimiento hizo que la cortada en su pie se reabriera y contuvo el siseo de dolor que casi liberó. Sólo preocuparía a Souta si se quejaba todo el día.
Lo único bueno que pudo pensar era que por una vez parecía estar en casa de nuevo. Era un fin de semana, la familia estaba quedándose después de una agotadora semana de trabajo y escuela (y cacería de demonios feudales). Todo era normal. El abuelo aún estaba atendiendo los jardines del templo, la Sra. Higurashi estaba vociferando en la cocina haciendo la limpieza. Souta y Kagome estaban observando TV… y no había Denji por ningún lado. Era el único que tenía trabajo ese día, siendo profesor.
Kagome levemente esperaba que también estuviera bajo entrenamiento en cualquier escuela en la que enseñara. Tal vez lo habían atrapado… pero de nuevo… todos parecían pensar que era el Sr. Perfecto. Incluso Souta.
Los comerciales de la TV estaban comenzando a tomar el hilo de ideas de Kagome ese día - viendo cómo el comercial de profesor escogió ese momento para salir.
"Puede imaginar trabajar con un pequeño capital detrás suyo? Puede ubicar el número malo? Puede imaginar desarrollar la mente de alguien? Aquellos que pueden. Enseñan."
"Y aquellos que no pueden - Enseñan matemática." Le espetó Kagome a la caja contra la pared opuesta. Souta le disparó una cuestionadora mirada sobre su hombro.
"Qué pasa con esa actitud?" preguntó él.
Kagome suspiró. "Nada."
"No sé, Kagome, parece que la tuvieras por Denji desde que llegó. Cuál es el problema contigo? Es un buen hombre." Souta intentó razonar.
Ella lo miró con un frunce levemente angustiado en su rostro. No podía creer que ella fuera la única que notara esas cosas… "Souta - grité cuando me corté el pie y no le importó. Continuó viendo TV."
"Tal vez no te escuchó?" Se encogió él.
"Souta - TÚ me escuchaste y estabas en el fondo de las escaleras en la calle! Grité tan fuerte que los vecinos vinieron para asegurarse de que no estuviera siendo asesinada!"
Souta regresó a comerse su helado. "Estás paranoica, lo sabes, verdad?"
"No lo estoy!"
"Sí. Incluso desde que comenzaste a visitar el pasado con el chico orejas de perro, y peleas con demonios y esas cosas, estabas paranoica." Él no pareció pensar mucho en eso. "Ahora dices que Denji es malo?"
"Nunca dije que fuera malo…" frunció Kagome. Sí… sólo el engendro del mal. Eran dos cosas diferentes.
"Como sea… no vayas por ahí llamándolo 'aku' ni nada."
"Lo tatuaré en su frente…" murmuró Kagome oscuramente.
"Tú qué?"
"Nada." Ella comenzó a levantarse, acomodando con cuidado su peso en su pierna buena mientras entraba en la cocina para encontrar algo de beber. Su madre se había ido de la cocina y en vez estaba arriba haciendo las camas y cosas como usualmente lo hacía en sus días libres.
Kagome fue al lavaplatos y agarró otro vaso limpio para llenarlo con agua. Era justo pedir que algo malo pasara.
"Así que decidiste abandonarnos."
Kagome saltó masivamente ante la voz de Inuyasha mientras entraba en la cocina directamente en frente de ella. El salto la hizo desbalancearse en sus inestables piernas y cayó hacia atrás con un pequeño grito.
Inuyasha NO iba a tenerla abriéndose su cabeza en su lista y su mano se extendió tan rápido que fue un manchón - para agarrar el frente de su camisa, deteniendo su caída efectivamente.
"Buena atrapada…" Le dijo Kagome, respirando duro mientras superaba su susto. Pero entonces notó que sus dedos estaban puestos en el cuello de su bajo escote. Gritó y atacó su mano a pesar del hecho de que era lo único sosteniéndola arriba. Sólo notó esto cuando la soltó y aterrizaba en su trasero con un fuerte golpe.
"Así es como pagas mi ayuda." Él abrió más la ventana para atravesarla y saltó por el lavaplatos para aterrizar en el piso a su lado.
"Qué ayuda?" Gruñó Kagome, frotando su abusado trasero. "Me dejaste caer!"
"No apareciste!" espetó él. "Sango y Miroku mataron ese demonio y lo llevaron a la villa para que pudieras darle un vistazo!"
"Lo llevaron arrastrando todo el camino? Qué tan grande era?" preguntó ella.
Él sacó algo de su manga que parecía una peluda bolsa negra… con una cola. Kagome le dio una mirada más de cerca y gritó de nuevo. "Trajiste una zarigüeya muerta aquí?!"
"No zarigüeya. Un demonio!" él lo meció ante ella como un reloj hipnotizador, asustándola aún más. "Y bien?"
"Y bien qué?!" ella estaba retrocediendo hasta que se estrelló contra la pata de la mesa.
"Hay un fragmento?"
"Dios, no!" gritó Kagome. "Tíralo por la ventana - esta es una cocina! No una morgue!"
"Imagino." Él lo lanzó sobre su hombro sin mirar, enviándolo a volar por el agujero de la pared. "Estúpidos villanos preocupados por una tonta rata asesina."
"Entonces supongo que el viaje habría sido un desperdicio después de todo, huh?" señaló Kagome.
Inuyasha le dio una molesta mirada. "Hay otro rumor, uno más promisorio esta vez. Sango y Miroku lo captaron en la villa de la rata asesina. Podríamos estar ahí ahora si te mostraras a tiempo!"
"No es mi culpa, Inuyasha!" ella señaló su pie vendado. "Estás ciego, o sólo ignorante del hecho de que apenas puedo caminar!"
Él desvió su mirada hacia su pie con un frunce, asimilando el blanco vendaje a su alrededor como de las manchas rojas de sangre que estaban mostrando. "Cuándo pasó?"
"Justo después de un regreso." Ella había intentado ponerse de pie para entonces, pero estaba segura que sólo se avergonzaría y caería de nuevo.
Inuyasha estuvo a punto de decir algo cuando el teléfono sonó al lado de su cabeza. Se giró de golpe para mirarlo. Sonaba similar a la alarma de Kagome…
"Podrías responder eso - estoy un poco impedida aquí." Dijo ella mientras comenzaba a levantarse.
"Responderlo?" él giró su confundida mirada hacia ella. "Responder qué?"
"Tómalo." Dijo ella señalando la bocina.
Él obedeció y lo sostuvo en frente, algo contento de que hubiese dejado de sonar. "Ahora qué?"
"Habla en él-" Kagome se detuvo corta dándose cuenta de que probablemente era una mala idea… aunque interesante.
Inuyasha lo levantó cautelosamente hacia su boca con una curiosa mirada y habló como podría hablarle a una oscura y vacía cueva. "Hola?"
"Hola." Respondió una voz.
Inuyasha tuvo que moverlo más arriba para que su oreja pudiera alcanzar el auricular. Le dio a Kagome una fastidiosa mirada antes de dejar caer el teléfono en su regazo y salir hacia la sala. Ella supuso que no conocía mucho de moderna tecnología.
"Hola?" dijo ella, presionando el teléfono entre su mejilla y su hombro mientras comenzaba a levantarse tan rápidamente como podía.
"Er… quién era ese?" ella reconoció la voz de su padre de una vez y casi cae mientras la invadía un intenso alivio. Dios, cómo extrañaba su voz.
"Hola papá! Usualmente no llamas, todo está bien?" preguntó ella, estallando con renovada emoción que no sentía mucho desde que Denji andaba por ahí para oprimir todo.
"Todo está bien. Sólo llamé para decirle a tu madre algo, pero supongo que puedo decírtelo." Sonaba complacido sea lo que fuera. "Recibí una oferta de trabajo de un cliente en el mismo distrito de ustedes. Es una especie de rico con problemas de estrés y quiere sesiones privadas por unas semanas. "
"Te mudas aquí?" Kagome casi grita con excitación.
"Sólo por unas semanas." Dijo rápidamente. "Y no me quedaré cerca a ustedes, rentaré un departamento más hacia el centro."
"Qué tan lejos?"
"A diez minutos a pie, creo."
Esto era grandioso. Por alguna razón ella se mantenía imaginando que su padre vendría y le patearía el trasero a su nuevo papá la próxima semana. "Genial! Ahora Souta puede verte - cuándo vienes?"
"Estaré ahí el domingo."
Sólo faltaban seis días considerando que era martes.
"Recuerda decirle a mamá, de acuerdo, cariño?" Su padre le recordó.
"Sí." Prometió ella.
"Ahora me voy, te veo el fin de semana, mi amor."
"Adiós papá."
"Adiós Kagome." La línea murió del otro lado y ella suspiró feliz mientras colgaba el teléfono.
Kagome salió de la cocina a la sala donde Inuyasha y Souta estaban sentados en la alfombra mirando el TV como si fuera su amo. "Quién era?" preguntó Souta sin levantar la mirada.
"Papá."
"Sí?" sus ojos se iluminaron y desvió su atención hacia ella. "Qué dijo?"
"Viene de visita este fin de semana. Se quedará un tiempo."
"Aquí?" preguntó Souta.
"Nop. En un departamento en otro lugar. No creo que quiera infringir al nuevo novio de mamá ni nada." Kagome miró su reloj y mordió su labio. Denji estaría en casa pronto y si veía a Inuyasha… era el fin de todo.
"Inuyasha?" ella le indicó que la siguiera. Él obedeció, sólo después de unos momentos de titubeo, y la siguió fuera de la habitación donde comenzó a subir las escaleras a un paso agonizantemente lento.
"Un poco más despacio y podría apostarte en carreras de caracoles." De repente él la alzó y la depositó sobre su hombro, ignorando su indignado grito.
"No me toques con tus sucias manos de zarigüeya muerta!" chilló ella mientras golpeaba su espalda. "Ahora necesito otro baño!"
"Todo lo que haces es tomar baños!" espetó él. "De cualquier forma - esa cosa estaba perfectamente limpia!"
"Apestaba!"
"No!"
"Entonces eras tú el apestoso!"
"De acuerdo - la zarigüeya apestaba!" él pateó su puerta y la dejó caer en la cama. "Te pones muy nerviosa con Kouga?!"
Bueno, él la HABÍA cargado en una forma muy a la Kouga. Sólo cerró sus puños y cruzó sus brazos, desviando su nariz. "Intento ser útil - y todo lo que obtengo es un pie lastimado por mi culpa, sabes. Ni siquiera tienes la decencia de compadecerte."
"Bueno, deberías ser más cuidadosa!" él ondeó una mano ante su vendado apéndice. "De donde vengo - si lastimas tu pie estás tan bien como muerto."
"Suena como a leones en el Sahara…" Recordando todos esos programas de historia natural en los que usualmente Souta la hacía sentarse en las noches.
"Como qué en qué?" Inuyasha le frunció sus ojos, despistado.
"No fue mi culpa, de acuerdo?" ella intentó aplacarlo. "Denji me dio un susto y me hizo soltar un vaso y luego me paré sobre él."
La expresión de Inuyasha de repente se aflojó. "Tu padrastro te lo hizo?"
"Sí - digo - no…" ella desvió su mirada hacia sus manos en su regazo. "No sé… no fue a propósito…"
"Un accidente."
"Sí, pero no le importó hacerme lastimarme." Murmuró Kagome, levemente avergonzada consigo misma, sintiendo un sonrojo en sus mejillas. No sabía por qué se avergonzaba, sólo se sentía levemente estúpida. Ella fue la única quien parecía notar algo extraño en Denji. Sin importar lo mucho que les insinuara a los otros miembros de su familia, parecían ciegos a todo, haciéndola parecer que todo estaba en su cabeza.
Tal vez Souta tenía razón… tal vez sólo estaba siendo paranoica.
Ella miró a Inuyasha y notó que estaba mirándola extrañamente, de nuevo sintió el calor en sus mejillas. "Qué?"
"Estás bien?"
"Sólo acalorada." Ella pretendió abanicar su enrojecido rostro. "Mejor vete… no quiero que Denji te descubra y al pozo ni nada… todavía no confío en ese hombre."
Inuyasha pareció reluctante a moverse de su punto, pero dio unos pocos pasos hacia la ventana antes de girarse. "Ven cuando tu pie esté mejor, de acuerdo?"
"Sí…" ella lo vio girarse para irse y rápidamente notó algo más. "Puedes visitarme cuando quieras - durante el día cuando no esté aquí!" Ella notó que había un tono levemente esperanzador en su voz que no podría dejar pasar.
Él miró atrás con un movimiento de hombro. "Tal vez. Como sea."
Ella intentó no dejar que su callosa respuesta la dejara un poco decaída. Era aburrido cuando Inuyasha no estaba alrededor. Realmente no le importaba verlo un poco más seguido.
Pronto se fue de su ventana y fuera de vista. Ella se sentó en su cama por unos minutos preguntándose si regresaría mañana.
No pasó mucho antes de que escuchara la puerta cerrarse y la falsamente plácida voz de Denji llamar. "Estoy en casa!"
Kagome cerró sus ojos con un gruñido y cayó de espaldas en su cama, deseando que todo regresara a ser como solía ser. Sin Denji, sin problemas para ver a Inuyasha…
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Inuyasha no se fue directo, se quedó en los arbustos al lado de la casa del pozo, esperando a que llegara el hombre que estaba posando como el nuevo padre de Kagome. Ella dijo que regresaría pronto…
El rugido de un motor cercano atrapó su atención, antes de que se apagara. Puertas se abrieron y se cerraron de nuevo, y pronto alguien comenzó a subir las escaleras del templo. Inuyasha se agachó, deseando que tal vez pudiera usar colores más camuflados que el rojo en este momento, pero observó intensamente mientras la figura aparecía en las escaleras.
El hombre se veía… bueno, promedio. Bien parecido y delgado. Pero en esa patética forma humana que no amenazaba mucho a Inuyasha. Él era MUCHO mejor parecido que ese hombre… Por qué nunca se había preocupado de que ese hombre fuera el novio de Kagome?
El hombre entró en la casa y dio el usual saludo que la mayoría de personas solía usar por aquí. Fue saludado por la madre de Kagome quien se veía especialmente sonrojada ese día. Inuyasha observó por la ventana mientras lo besaba en los labios y le daba un breve abrazo en el hall antes de moverse hacia la sala para saludar a Souta, dándole al niño una pequeña sacudida de cabello antes de desaparecer en la cocina, fuera de la vista de Inuyasha.
Inuyasha se sentó y ladeó su cabeza pensativo. El hombre actuaba como si fuera el padre natural de la familia… y todos lo trataban como tal - excepto por Kagome. Él se encogió y salió de los arbustos para recostarse contra el costado de la casa del pozo.
Tal vez esto del malvado padrastro estaba en su cabeza. El hombre no le daba malas vibras, y ciertamente no olía como un demonio ni nada.
Tal vez este estrés y paranoia estaba enfermando a Kagome - en ese caso mejor darle algo de tiempo libre.
Pero…
Por qué Kagome mentiría de que Denji había causado su herida? Obviamente se había avergonzado de decirle… no tenía razón para mentir. Kagome era una chica extremadamente buena. No inventaría cosas como esas.
Entonces no, no confiaría en este Denji, aunque parecía del tipo decente por fuera. Mantendría sus ojos en él… y tendría mucho cuidado.
Nop… no iba a estar lejos de Kagome. La visitaría tan seguido como fuera posible… se quedaría cuando le dijera irse (sin el conocimiento de Kagome). Tenía que protegerla, aún si fuera de su propia familia.
"Y comienza ahora." Declaró él al mundo a su alrededor.
Un sonido lo hizo girar su cabeza y ubicó al abuelo de Kagome rodear la esquina de la casa. El anciano simplemente lo miro y señaló su reloj digital, indicándole a Inuyasha que debería irse.
"Comienza mañana!" Declaró Inuyasha de nuevo, antes de girarse y regresar a la casa del pozo para ir a decirles a los otros que su búsqueda de fragmentos iba a posponerse por un tiempo.
Algo más importante se había presentado.
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Usualmente no era tan callado durante la cena, pero por alguna razón lo estaba esa noche. Kagome dirigía miradas entre el resto de su familia y Denji mientras picaba trozos de pan para sumergirlos en su sopa y masticar en silencio. No parecía incómodamente tenso, sólo era que todos estaban muy hambrientos y preferían comer a hablar.
Bueno, era cómodo para todos excepto Kagome, quien sentía como si una gigante e invisible presión estuviera sobre sus hombros, empujándola. Era tan tenso… tenía que decir algo.
"Souta - podrías pasar el pan?" le preguntó a su hermano quien levantó el plato y se lo pasó.
"Olvidaste decir por favor." Comentó Denji opuesto a ella.
Kagome no dijo nada mientras tomaba el pan. Se sentía estúpida diciendo 'por favor' tan tardíamente. Sólo le sonrió a Souta en su forma usual para mostrar su apreciación. Souta entendió.
"Y olvidaste decir gracias." Denji criticó de nuevo sus modales.
Kagome se sintió enrojecerse de nuevo mientras su madre y abuelo les enviaba miradas despreciativas. "Gracias…" murmuró ella.
"Está bien." Souta se encogió, realmente no le importaba si le agradecían o no. Sólo era una pérdida de energía decir 'por favor' o 'gracias' después de todo lo que decías en la mesa. Después de cuántos años, tendías a ser casual al comer con la familia.
Obviamente Denji planeaba corregir las cosas otra vez.
Kagome regresó a comer, descargando dos piezas de pan más en su plato.
"Cuidado, Kagome, no quieres añadir más peso. El pan blanco es sorprendentemente dañoso, sabes." Sermoneó Denji.
La mano de Kagome se paralizó sobre su cuchara mientras miraba su comida. No podía creer que dijera eso. "Estás diciendo que estoy gorda?"
"No seas tonta, Kagome." Reprendió su madre. "Sólo dice que debes tener cuidado al comer mucho. Con ese pie malo no necesitas cargar mucho peso."
Kagome le abrió sus ojos a su madre. Estaba del lado de Denji? Ella miró a su abuelo quien permanecía fuera de asunto, comiendo su comida en silencio, aunque tenía un pequeño frunce en su ceño. Souta no pareció notarlo mientras continuaba asaltando su comida como un muerto de hambre.
Era como si toda su familia estuviera en su contra. O al menos la mitad, la otra mitad no se molestó en defenderla. De repente retiró su silla, sin más hambre y comenzó a levantarse.
"Olvidaste preguntar si podías irte." Señaló su madre, tomando el ejemplo de Denji.
Kagome tuvo que morder sus lágrimas mientras casi cae en su pie lastimado. "Puedo irme?" preguntó ella, contenta de que su voz no mostrara las lágrimas que estaban nublando sus ojos mientras se sostenía dándoles la espalda.
"Sí." Dijo su madre.
Kagome intentó no flaquear mientras salía de la cocina y subía las escaleras. No se permitiría derrumbarse y llorar hasta que alcanzara su habitación. Una vez adentro y en la cama se dejó ir. Suavizando sus sollozos en su almohada.
Esta era la tercera vez que lloraba desde la llegada de Denji… no había llorado tanto en seis meses - y usualmente era sólo porque Inuyasha decía cosas hirientes - pero sabía que nunca era en serio lo que decía. Sólo era un caso de síndrome del pie en la boca - o una mala conexión boca a cerebro. Las palabras de Denji fueron escogidas cuidadosamente… sabía cómo la afectaba esto.
Justo entonces supo que no estaba paranoica en nada. Había algo seriamente malo sobre Denji, pero todos estaban enamorados de él para notarlo. Eso era probablemente porque sólo atacaba a Kagome, y en formas tan sutiles que los demás no lo notarían.
Pero qué tenía contra ella? Había hecho algo para molestarlo? Al momento que había atravesado esa puerta se había puesto contra ella… pero por qué? No había hecho nada malo…
Kagome no entendía, y eso la hizo llorar mucho.
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Nota de la autora: Acoso psicológico… hmmm…
