Disclaimer: InuYasha & Co. no me pertenecen. La idea del fic es totalmente mía :P.

* Nota: Este fic participa en el "Reto 5 días — Declaraciones extrañas" del foro ¡Siéntate! en Fanfiction.

* Objeto requerido cuarto capítulo: Ropa interior

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Día 4: Malos entendidos

El sol brillaba en todo su esplendor. El clima era cálido y una suave brisa lo acompañaba; ideal para lavar ropa y ponerla a secar en el patio posterior. Bueno, eso fue lo que pensó la señora Higurashi esta mañana al recoger la tonelada de prendas sucias de la familia y ponerse a la labor.

Aburrido, InuYasha soltó un bostezo. Alzó distraídamente sus dorados ojos al cielo, mientras permanecía acostado de lado y apoyado sobre su brazo derecho, junto a la madre de Kagome. Ya era el cuarto día en que la azabache asistía con regularidad al lugar que ella llamaba escuela y, esta vez, él no fue capaz de acompañarla. La señora Higurashi se había empeñado en llevárselo de compras para abastecer la despensa y él, como todo un caballero, no pudo negarse a tal petición, puesto que las bolsas estarían muy pesadas al volver. Sobre todo cuando la mujer mencionó la palabra Ramen y algo sobre filetes a bajo precio.

Recién ahora se daba cuenta que aquello había sido una carnada para mantenerlo alejado del instituto, de Kagome y de sus fastidiosas amigas. Bueno, más bien de Kagome, después de haberlos descubierto en una situación casi comprometedora. Nunca se imagino que su jugarreta de los chocolates se le saliera de las manos y la azabache realmente lo sorprendiera con la intensión de…

—InuYasha, ¿podrías ayudarme? —pidió la señora Higurashi, interrumpiendo sus recuerdos de ayer. Obedientemente, él se levantó de su puesto, recibiendo un enorme bulto de ropa limpia en sus manos—. Por favor, llévalo a mi habitación y déjalo sobre mi cama —indicó, mientras terminaba de colgar algunas piezas faltantes de ropa sobre el tendedero. Con suerte, se secarían pronto también.

Con un asentimiento, el platinado obedeció a la orden dada. No tenía nada mejor que hacer de todos modos. Con cuidado de no tirar nada, entró a la casa y subió al segundo piso, dejando todas esas prendas en el lugar que le habían dicho.

—Oh, parece que Kagome está cerca —dijo, olfateando el aroma de la muchacha a poca distancia de la casa—. Genial, sus amigas vienen con ella —masculló en tono sarcástico, no muy seguro de si salir o mejor quedarse dentro.

Optó por la primera opción; estaba demasiado aburrido.

Esta vez, se aseguró de tener un pañuelo sobre su cabeza y evitar un nuevo escándalo a causa de sus inofensivas orejas. Si por él fuera, les diría toda la verdad a esas chiquillas de una vez. ¿No se supone que eran las mejores amigas de Kagome? Pues tarde o temprano se enterarían y tendrían que guardar el secreto.

—Hola InuYasha, ¿sigues por aquí? —Saludó Eri amablemente al divisarlo y él asintió.

—Estuve ayudando a la mamá de Kagome con las compras y la ropa —explicó sin mayores detalles, señalando a la ocupada señora en el tendedero, tras suyo.

—¿Lo ven? No hay nada extraño por aquí —indicó Kagome aliviada de encontrarse con las cosas en orden—. Todo fue un malentendido y lo que creyeron ver el otro día, sólo fue su imaginación —recalcó por reiterada vez en el día, haciendo referencia a las orejas de InuYasha.

—Eso creo —comentó Yuka, ahora más calmada—. Perdónanos, InuYasha, por lo del otro día. Ahora que sabemos que todo fue una confusión, ya no tenemos de qué preocuparnos.

El híbrido no le dio mayor importancia y dio por zanjado el asunto con un simple "keh", cruzándose de brazos. Iba a retirarse junto con Kagome, cuando a una de las chicas le pareció ver algo peculiar entre las ropas del hombre.

—InuYasha, ¿qué tienes allí? —Consultó Ayumi, acercándose a él, con la mirada fija en una de sus mangas. Cual mago, extrajo una delicada prenda que, aparentemente, se había adherido a él de algún modo—. ¿Un… sostén?

Las tres jovencitas se giraron al platinado interrogantes, sorprendidas y, definitivamente, curiosas. A Kagome le dio un ligero tic en el ojo derecho. ¡¿Qué rayos hacía InuYasha con su ropa interior en su poder?! ¿Qué es lo que él había estado haciendo durante su ausencia? Y, lo más importante: ¡¿Qué pensarían sus amigas de ellos?!

El platinado no entendió el significado de la palabra sostén, por lo que miró nuevamente aquella pieza con detención. Frunció un poco el ceño y al analizar la forma redondeada de lo que parecían ser dos copas, dedujo inmediatamente lo que era, lo cual produjo un leve rubor en sus mejillas.

—¡N-no, esperen! No es lo que parece; y-yo no hice nada —trató de defenderse, moviendo sus manos agitadamente con nerviosismo.

¡Las malas interpretaciones podían darse con tanta facilidad!

Repentinamente, un frío viento sopló y las prendas del tendedero se agitaron bruscamente. Nadie vio venir cuando una pequeña pieza blanca en forma triangular se desprendió de los ganchos, volando y estampándose directamente en el rostro de InuYasha.

¿Coincidencia o alguna señal del cielo por su culpabilidad? ¿Quién sabe?

Las cuatro muchachas alzaron sus miradas al oji-dorado y parpadearon de forma sincronizada. ¿Acaso eso era…?

Algo molesto por la repentina interrupción de lo que fuere que le hubiese obstruido la vista, el híbrido alzó sus manos y se quitó la pequeña prenda de su nariz y la miró e, incluso, la olfateó. De hecho, creyó reconocer un aroma oculto en ella.

—Oye, Kagome, esto aún huele a ti —indicó sin mayor preocupación. Las chicas retuvieron el aire, acallando un pequeño chillido.

Dada aquella escandalizada reacción, él parpadeó dudoso. Finalmente, decidió extender el diminuto triángulo con curiosidad para verlo mejor y…

Lo que estaba sujetando entre sus manos, ¿no era…? ¡¿Por qué a él?!

—Parece que InuYasha tiene un gran olfato —comentó Eri, esbozando una sonrisa, nerviosa.

—Más que eso, para mí que él ya ha visto a Kagome antes en ropa interior —sugirió Yuka, tratando de asimilar sus propios pensamientos.

—¡Claro que no! —Exclamó InuYasha sobresaltado, buscando una manera de salir de ésta—. He visto a Kagome desnuda un par de veces, ¡pero juro que nunca con eso de allí puesto!

¡Un segundo! ¿Eso no era lo que había querido decir? Él sólo…

¡Maldición! Otro malentendido…

Kagome tuvo una especie de cortocircuito. Todo su cuerpo se petrificó y su cabello se erizó. Debió ser una impresión muy fuerte, pues todo su rostro se iluminó cual semáforo en luz roja.

¿Morirse en ese instante sería una mala idea?

Eri, Ayumi y Yuka no supieron cómo reaccionar ante eso. Nunca se imaginaron que el novio de Kagome pudiera tener ese tipo de manías y, ¡Kagome, mucho menos!

—¡Eso quiere decir que… ustedes…! —El dedo acusatorio de Yuka cayó sobre ellos.

¡Estaban perdidos!

Y, como si alguien hubiese activado algún tipo de señal de auxilio, la señora Higurashi apareció en escena, con la natural tranquilidad que la caracterizaba. Sí, ¡súper mamá al rescate!

—¿No quieren pasar a tomar un poco de chocolate caliente? —preguntó con una amable sonrisa, aturdiendo a las tres amigas metiches.

InuYasha y Kagome quisieron besarla en ese instante por salvarlos de tan comprometedora situación, aunque después de ver su mirada excesivamente serena, optaron por prepararse mejor para recibir una de esas charlas al final del día.

¿Sería conveniente explicarle antes que todo era malentendido?

Continuará…

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N/A: ¡Hola a todos!

¡Al fin, viernes!

¿Pueden creer que este capítulo me costó igual o, incluso, más que el de la bufanda? Al parecer, la musa de la ropa interior no quiso acompañarme en su momento u_u xD.

Espero que les haya gustado y sacado una que otra sonrisa después de todo :P.

Como siempre, infinitas gracias por sus geniales comentarios. ¡Me han hecho tan feliz! Mis especiales agradecimientos a: haru10, serena tsukino chiba, Renesmee Black Cullen1096, rose thane, Taishita StarkTaisho, Marlene Vasquez, Hikaru Kino88, Madame Morgan, Raven Sakura, lindakagome, Sele de la Luna, Faby Sama y kagomechan60.

Si les gustó, no duden en alegrarme con sus comentarios =). Ése es mi salario xD.

¡Hasta mañana!

Con cariño,

Peach n_n