Disclaimer: Los personajes mencionados no me pertenecen son de Rumiko Takahashi. La idea de la historia tampoco me pertenece, es de Nabiki-san.

.-INTERCAMBIO-.

CAPITULO 3 – MI GRAN AMOR PERMANECERÁ PARTE 2

Sesshomaru logró llegar al Goshimboku, el cual no necesariamente estaba muy lejos de la cabaña de la sacerdotisa, para pensar bien qué hacer. Vamos, tenía que poner las cosas claras sobre la mesa… o sobre las ramas del Goshimboku, que estaba más cerca. Tomó su cabeza entre sus manos, hacer esto estaba demás, es decir, desde cuando había empezado a importarle esa sacerdotisa, quería decir, si, era la mujer del bastardo que era su medio hermano, pero jamás pensó llegar a tener si quiera una relación de amistad con esa mujer de pobres costumbres y desquiciados hábitos alimenticios.

Si se relajaba capaz podría encontrar una forma de escapar de todo esto, aun quedaba más de medio día para que el hechizo terminase, no era necesario que él permaneciera junto a ella como perro con correa. Por Dios, era una mujer con poderes espirituales, apuesto que podía cuidarse sola. Bien, decidido, él no se volvería a acercar nuevamente a esa mujer en lo que restara del día… ¿Por qué? Porque quiero y porque puedo. Vale, tal vez ya se le estaban pegando las manías del dueño del cuerpo que estaba usando…

Kagome por su parte, ya había regresado a la cabaña limpiándose los rastros de lágrimas de su rostro. Si bien, esto de tener compañeros demonios… o medios demonios, jamás fue fácil, ahora sí que se estaba volviendo un verdadero infierno.

- Espero que esto mejore pronto… a lo mejor si le hago la comida con el ciervo se ponga de mejor humor – Kagome suspiro mientras picoteaba el ciervo muerto frente a la entrada de su hogar – ¿Cuándo decidí que me volvería vegetariana…?

.

Inuyasha tuvo que tomar fuertemente el haori que cubría la zona del corazón y estrujar con fuerza. Empezó a sudar a consciencia mientras la cabeza le daba más de mil punzadas. Mierda, mierda, mierda y más mierda. Solo había querido posponer la conversación de su hermano con Rin pero había escuchado demasiado claramente como la niña se había roto en los brazos de la rana pensando que la había rechazado directamente.

Vale, tal vez esto no era su responsabilidad, pero… le gustaba mucho esa niña, era la protegida de Kaede y de su compañera. Ver llorar a esa niña que había visto crecer durante tantos años le había roto el corazón. Sudó frio cuando se puso a pensar en lo que Sesshomaru le había hecho prometer, sobre no hacerle daño de ninguna manera. Bueno… ya lo había hecho y parecía que era casi irremediable, la única forma de que esa niña fuera feliz era que la garrapata de nombre Sesshomaru aceptara sus inocentes sentimientos… y bueno, váyase a saber cuándo rayos iba a suceder eso.

Inuyasha se distrajo totalmente de sus pensamientos al notar el lugar donde se encontraba, se veía una pequeña mesa llena de documentos muy curiosos, estaba realmente desordenado, con papeles grises por todas partes, sin contar la ligera capa de polvo que rodeaba la estancia. Inuyasha camino hasta la mesa para tomar con algo de delicadeza uno de los pergaminos ya abiertos, estaba arrugado, sucio, maltrecho y de la antigüedad del documento casi se deshacía en sus dedos. No tenía nada importante en él, así que lo dejo en su sitio.

A su derecha, había un pequeño altar con el dibujo de Inu No Taisho, eso lo sorprendió, no esperaba que su hermano conservara tal imagen para recordar a su padre. Sonrió mentalmente con maldad, al parecer ese perrucho era un hijo de papi.

Junto al dibujo se hallaba un pergamino aun más antiguo que el primero que pudo visualizar, lo tomó y con curiosidad quitó el sello de papel para observar su interior, por suerte estaba escrito en japonés antiguo. Bastante curioso encontrar ese idioma en el castillo de un demonio. Sin curiosear demasiado en ese asunto, le dio una ojeada al pergamino leyendo su contenido.

"Inu No Taisho XX/XX

Castillo del Oeste

Por esta presente, adjunto los pergaminos que serán entregados a Sesshomaru e Inuyasha, hijos del Gran General Perro, como se me hace llamar…"

Inuyasha boqueo… ¿esto era cierto?

"…ambos documentos escritos en idiomas entendidos por los mencionados, serán el sello testigo del patrimonio repartido entre ambos susodichos. Para Sesshomaru, la espada ya otorgada, Tenseiga, con un valor invaluable, sumado a eso el total consentimiento a tomar el control del territorio del oeste ubicado en la laguna Reflejo de Luna, incluyendo la materia bélica, comercio, alianzas y lo que se crea conveniente para las tierras del oeste. Para Inuyasha, la espada Tessaiga, y sumado a esto el tesoro secreto de la familia Taisho, también conocido como Collar de Escarlata. Se adjunta la ubicación del tesoro. Además realizara el apoyo a la mejora de las tierras del oeste junto a Sesshomaru y formara parte de las decisiones principales de la cabeza de familia.

Firmado por la cabeza de los Taisho, Inu No"

Inuyasha soltó el documento antes de que pudiera empezar a procesar todo lo que había leído de la letra tan bien dibujada, asumida que era de su padre.

Él también formaba parte de ese lugar, eso explicaba porque pudo entrar con Tessaiga, porque era su espada por derecho… las puertas del castillo del oeste no se abrieron por el hecho de verse como el dueño y Lord Sesshomaru… sino se abrieron al reconocer la consciencia de Inuyasha y la llave… es decir Tessaiga quien le dio el pase directo…

Inuyasha cayó al suelo, todo esto era demasiado confuso y problemático para él. Es decir… un momento…

"- Entonces… lo que quería hablar es sobre el castillo del oeste, dime como ingresar.

Mientras Sesshomaru pensaba una respuesta concreta, sin notarlo empezó a mirar a cualquier otro lado y sonreír de forma extraña. Inuyasha estaba cada vez mas confundido, no era raro ver su imagen estando nervioso. Lo extraño era que esta era su imagen pero con Sesshomaru sintiendo ese nerviosismo.

Inuyasha entrecerró los ojos. ¿Por qué estaba nervioso?

- No, Inuyasha. No puedes entrar en mis dominios.

- ¡No lo entiendes! Rin y Jaken están…

- ¡No me importa! Acampen afuera, no es necesario que entren al castillo, si se quedan en los alrededores no les sucederá nada. Tan solo falta un día, puedes arreglártela."

Al instante, Inuyasha recordó lo que había hablado con Sesshomaru el día anterior… maldición, por eso mismo que ese maldito demonio se había puesto así, no quería que Inuyasha supiera que había un tesoro escondido que le perteneciera o el hecho de que él podía participar en las decisiones importantes que le concernieran a los dominios del oeste.

Inuyasha… era un príncipe.

No se lo podía creer.

.

Kagome empezó a darle ligeras vueltas al palo de madera que sostenía la carne del ciervo. La mujer suspiró con dificultad, mentiría si dijera que cortar los miembros del animal había sido fácil… había sido un horror, ella jamás había tenido que desmembrar algo para luego comérselo, el hecho de verlo y hacerlo le habían dado náuseas… y vaya que aún las conservaba, lo único que podía quitarle esa terrible vista de su memoria era el delicioso aroma que desprendía la carne cocinándose. Uff… vaya que olía bien.

Empezó a sacudir su cabeza al darse cuenta del rumbo que empezaban a tomar sus pensamientos, o mejor dicho de las oleadas de saliva que empezaban a llenar su boca al ver girar ese… tremendo y delicioso trozo de carne.

Joder… a este paso, ella también lo comería.

Bueno… como algunos dicen… una vez al año no hace daño ¿verdad…?

Cuando la carne termino de cocerse, la sirvió junto a las patatas anteriormente hechas, por si las moscas sirvió dos platos y luego de pararse de su lugar, camino hacia el Goshimboku buscando a su compañero.

Cerca de allí, dio algunas vueltas esperando verlo pero al parecer no se encontraba ni cerca, algo confundida Kagome tuvo que hacer uso de su marca, con una de sus manos la posó sobre su cuello donde se encontraba la cicatriz de una mordedura que jamás sanaría.

Ahí estaba.

Por una vez ser empezó a preguntar si lo que estaba haciendo era lo correcto, si bien ya había "supuestamente" arreglado sus problemas el día anterior, aún así no se veía con la suficiente valentía para acercarse a él después de haber llorado justo frente a su cara como si fuera María Magdalena.

Vale, que las lágrimas no se le pudieron detener… pero él la observo y en vez de consolarla o decirle algo… se fue corriendo.

Kagome se detuvo. ¿Esto de verdad estaba bien?

Ella empezó a negar con la cabeza y a seguir avanzando entre el bosque; si bien las cosas no estaban bien en estos momentos, nadie le dijo que siempre todo estaría de color rosa, en algún momento tenían que tener sus diferencias, por lo tanto no debía seguir lamentándose por algo que podía seguir ignorando, o acercarse a él, cambiar y mostrarle que toda la vida no era necesario seguir enojados o… ignorándose o sintiéndose incómodos. Podían intentar mejorar… ella miró los platos sobre sus manos… así como ella iba a hacer en esos momentos.

Siguió avanzando hasta salir del bosque y llegar al claro donde se podía visualizar la silueta completa de la aldea, se veía tan perfecta y tan tranquila. Justo ahí, estaba él… su compañero, tal cual su marca le había mostrado.

- Inuyasha…

Él volteo.

- Sacer… compañera.

Ella se acerco con delicadeza y se sentó junto a él mientras observaba como su compañero se acomodaba con una clara incomodidad.

- Te he… te he traído esto. Estaba pensando, hace ya mucho tiempo que decidí que dejaría de comer carne. Jaja… ya ni siquiera recuerdo porque lo hice, me gustaban muchos los animales aunque creo que fue algo exagerado dado de que siempre he oído que solo la carne de los animales nos puede dar vitaminas que los vegetales no… entonces, no lo sé. No quise verlo, pero desde que volví nunca me dijiste acerca de que querías comer carne de animales… supongo que en cualquier momento ibas a reventar por lo que te estabas guardando… no lo sé.

Kagome se detuvo y tomo la mano de Inuyasha con cuidado, casi con miedo.

- Quiero que sepas que de ahora en adelante… más que el hecho de nuestros gustos, siempre me cuentes lo que te pasa, lamento mi reacción cuando trajiste el conejo… simplemente me pareció tan… disculpa, me estoy desviando, el caso es que si no me lo dices no seré capaz de saber qué es lo que te sucede y yo quiero saber lo que piensas, lo que anhelas o lo que quieras – Kagome sintió que sus ojos empezaban a empañarse y rio sin ganas – yo… yo seré capaz de lograr aprender a respetar tus gustos, incluso compartirlos si se puede, solo… no me lo ocultes porque crees que me haces un favor… yo lo comprenderé…

Kagome alzo la vista encontrando los ojos de Inuyasha y sonrió, mientras una lágrima ligera se deslizaba en su mejilla.

- Te amo Inuyasha… y no lo digo de dientes para afuera, si no crees en mis palabras, te lo demostrare.

Y con pesar… y para que mentir con curiosidad, tomo un pedazo de la carne de ciervo entre sus palillos y lo deslizo en su garganta. Oh Dios, era delicioso, que manjar. Con sorpresa descubrió que era un sabor indescriptible, imposible de reemplazar con verduras. Sonrió y volteo a ver a Inuyasha que tenía los ojos muy abiertos por la sorpresa.

Sesshomaru estaba realmente impactado, jamás había conocido a una sacerdotisa como aquella, una mujer que amara con tal intensidad a un hibrido como lo era su hermano. La tensión desapareció de sus hombros y descubriendo lo que sucedería pero con total aceptación, capto su mirada con la de ella. Unos ojos chocolates llenos de amabilidad.

- Lo acepto – contesto Sesshomaru mientras daba una probada al ciervo, el cual por cierto, estaba de muerte – eres una buena mujer.

Kagome no esperaba ese tipo de respuesta, esperaba un beso o hasta un abrazo pero no un "te acepto" tan… ¿sobre potente? Vale, tal vez él tenía un complejo que no le permitía mostrar lo que sentía pero tampoco tenía que ser tan…

Tan…

La estaba abrazando.

Sesshomaru escondió su rostro en los cabellos azabaches de la mujer mientras sonreía sin que ella se diese cuenta, pronto sintió un dolor en su ojo derecho mientras brillaba intensamente. Kagome no logro verlo pero Sesshomaru introdujo su índice y pulgar dentro del ojo para retirar una extraña reliquia que él conocía muy bien. Era el Collar de Escarlata, joya que por derecho le pertenecía a Inuyasha. Sesshomaru suspiro, que ganas de Inu No Taisho de esconder las cosas dentro del ojo de su menor hijo, de verdad.

Sesshomaru en un rápido movimiento escondió en collar en su manga y se despego de Kagome, la cual tenía un precioso sonrojo que no se molesto en ocultar.

Sin decir nada ambos siguieron comiendo de la carne del ciervo, pero aun así, ambos sabían que a pesar de todo, su relación de alguna manera había mejorado.

.

Las instrucciones de cómo hallar el Collar de Escarlata eran algo confusas y tenía más refranes que un lugar claro de dónde encontrarlo. Parecía un acertijo en realidad, Inuyasha no lo pudo comprender y dejo el pergamino sobre la mesa con parsimonia. Ya tendría otra oportunidad de averiguarlo cuando regresará con su verdadero cuerpo.

Tampoco lo necesitaba tan urgente.

Inuyasha dio media vuelta y salió por la puerta después de haberse quedado más de una hora dentro de esa habitación, no iba a mentirse a sí mismo, deseaba con toda su alma no encontrarse con Rin, porque si la veía no sabía lo que sucedería.

En el momento que corrió la puerta encontró a la pequeña Rin justo en frente suyo, tenía los ojos rojos de tano llorar y una mirada extrañamente determinada, el corazón se le estrujo nuevamente… oh no, porque ahora…

La niña tenía la mirada más sincera y establecida que muchos años atrás pudo ver en Kagome. Era una mirada que decía que no se rendiría hasta obtener lo que quería, incluso pudo ver que ella estaba escondiendo algo detrás suyo, con sus pequeñas manos tratando a toda costa de evitar que sus súper ojos lo pudieran ver.

Se veía tan tierna, pequeña y valiente.

Esto no iba a terminar bien en lo absoluto…

- Sesshomaru…

Otra vez sin los honoríficos… oh no… tenía que salir de ahí.

- Escucha, se que sigues viéndome como una niña, como aquella niña que una vez salvaste de los lobos… se que… se que será imposible quitar esa idea de tu mente pero… yo quiero que deje de verme así y empiece a observarme como quien soy en realidad – Rin abrió los ojos casi con miedo para chocar su mirada justo con los dorados de Sesshomaru – una mujer.

Inuyasha sudo frio mientras un terrible estremecimiento se instalaba en su columna, esto estaba mal, esto era terrible, por dios, esto estaba muy mal, esto no podía…

Vaya… ¿ya es la hora? Hubiera preferido esperar hasta el anochecer o todo la vida, pero dije tres días y bueno se acaban de cumplir las 72 horas exactas, felicidades, lograron sobrevivir sin suicidarse… o intentar algún ritual extraño… o chocar sus cabezas, no lo sé, felicidades y bienvenidos a sus cuerpos nuevamente. Espero que hayan aprendido la lección. Ojalá.

Esto estaba mal muy mal, ¿ahora qué le diría a Rin? Maldición. Sus ojos anteriormente cerrados con fuerza, se abrieron al sentir un cosquilleo curioso en su nariz, era un cabello negro de un olor que él conocía perfectamente. Inuyasha pestañeo al sentir un cuerpo ajeno apoyarse en su hombro, cuando observo con cuidado noto a Kagome disfrutando de una siesta a su lado, tenía los ojos ligeramente inflamados pero una hermosa sonrisa adornando su rostro.

Inuyasha la dejo dormir sobre si, un poco confundido por lo que acababa de pasar.

- Buena suerte Sesshomaru – rio Inuyasha.

.

- Tal vez no sea necesario repetírtelo pero… creo que lo hare nuevamente pero esta vez de forma clara y no quiero que me interrumpa por favor y si va a rechazarme… hágalo ahora y directo o sino no lo dejare en paz, disculpa si estoy siendo ofensiva pero… pero… - Rin retiro sus manos escondidas en su espalda para dejarle ver a Sesshomaru un ramo de margaritas con algunas flores adornando el ramo. Era simplemente precioso y colorido – yo lo… yo lo… yo lo quiero muchísimo Sesshomaru, disculpe mi imprudencia pero estos son mis verdaderos sentimientos hacia usted – con temor y mucha vergüenza por un rechazo totalmente directo esta vez, agacho la cabeza y estiro el ramo para que su amo lo recibiera.

Sesshomaru quien acababa de volver a su cuerpo miro a la niña y empezó a procesar lo que escuchaba… en que rayos se había metido su hermano. Inconscientemente dirigió su mano hacia Tenseiga, no estaba ahí, así que su mano cayó al vacio.

Miro a la niña… bueno no tan niña, ya era una señorita en edad de casarse, Rin quien le ofreció ese precioso ramo prometiéndole lealtad y amor para toda la vida. Sesshomaru sonrió con ironía, que clase de hombre era al dejar que ella tuviera que dar el primer paso, a pesar de la tremenda vergüenza que ella sentía.

Con mucha delicadeza recibió el ramo de flores haciendo así que Rin levantara la cabeza con un terrible sonrojo que hizo a Sesshomaru sonreír con dulzura. Una sonrisa pequeña pero sincera.

Rin se sonrojo furiosamente esta vez.

- Se… Sesshomaru…

Él susodicho no dijo nada como era costumbre pero para corresponder los tiernos sentimientos de esa muchachita, se acerco a darle su primer, inocente y dulce beso. La niña estaba conmocionada, la verdad es que no esperaba llegar así de lejos. Dado la primera respuesta de "hablar más tarde" que ella interpreto con un rotundo no. Lo pensó mejor y le dejo a su amo pensarlo claramente una hora y volvió al ataque. En serio, ella no pensó que él la aceptaría sin más, ¡y mucho menos que le diera su primer beso!

Sesshomaru solo poso sus labios sobre los de ella mientras sentía poco a poco como la tensión de Rin desaparecía, sus ojos se cerraban y disfrutaba del contacto junto a él. Al separarse Sesshomaru no despego sus ojos de ella mientras sostenía el ramo en su única mano. Sentía un cosquilleo extraño provenir desde el fondo de su cuerpo, que raro aunque no era desagradable.

- Sesshomaru… - Rin sonrió y con mucho cariño se acerco a apoyar su cabeza sobre la armadura del peliblanco – gracias por aceptar mis sentimientos.

Sesshomaru solo la rodeo con su brazo sin soltar el ramo de margaritas, totalmente convencido de que su reacción rápida había sido la correcta, aunque de todos modos no esperaba ese tipo de declaración tan rápido y menos en un momento así. La cosa era que ya había sucedido por lo tanto solo quedaba disfrutarlo, y vaya que lo haría.

.

Inuyasha sintió algo incomodo en su manga, cuando lo retiro se dio cuenta que un collar de perlas con una concha que brillaba en diferentes tonalidades estaba bien escondida en su haori, el se sorprendió pero pudo reconocerla al instante, era el Collar de Escarlata que había leído en el pergamino de Inu No Taisho.

Hizo cara de entender, por supuesto, eso quería decir en realidad el refrán que leyó en el pergamino. La única manera para obtener el collar era en un determinado espacio dentro de su ojo, el cual solo se abría cuando Sesshomaru aceptara por completo a la compañera de Inuyasha.

Él miro a Kagome algo desconcertado, es decir ella era una buena mujer, una increíble sacerdotisa y esas sopas de verduras tenían su gusto, pero Sesshomaru era Sesshomaru, ese demonio no la aceptaría por esas cualidades, algo realmente bueno había tenido que hacer la pelinegra para que esa garrapata lograra aceptarla como su cuñada, Inuyasha puso mala cara, uff seguía sonando terrible.

Miro el collar nuevamente y con cuidado lo puso en el cuello de su mujer. Se veía precioso en ella. Con amor, observo su rostro tranquilo y su largo cabello siendo mecido por los vientos. El sonrió sinceramente mientras de un movimiento la cargaba para llevarla a su hogar.

Es cierto, tenia muchísimas preguntas con respecto a lo que había encontrado en el castillo del oeste, pero a ver Kagome con esa joya preciada en su cuello, una reliquia heredada por su padre que estaba muy seguro, Sesshomaru había logrado conseguir para ella… era suficiente para admitir que estaba feliz por como resultaron las cosas. Así que no diría nada y disfrutaría de una perfecta noche con su compañera.

Mientras Inuyasha se acercaba a la cabaña, justo frente a este cayo una espada que inmediatamente se clavo en el pasto de la entrada a la vivienda, era Tessaiga, había regresado a su dueño. Inuyasha dio una ligera risa, esa espada era muy cariñosa cuando quería.

Sin pensarlo mucho, la dejo ahí mientras ingresaba con Kagome en sus brazos.

Vale, habían sido los tres días más locos que había vivido en toda su vida, los mas horripilantes, los que más lo asustaron y a la vez los que más le agradaron, en los viajes pudo estrechar su relación con la mocosa de su hermano, pudo comprender mas sobre su pasado en el castillo, y pudo encontrar una nueva forma de encontrar en Kagome, el amor de verdad.

Dios, como había extrañado a esa mujer, esa paz…

Si, él era feliz.

Y lo seguiría siendo mientras se dirigía al mañana.

.

.

.

.

.

Vale lamento la espera xD diría que me cortaron el internet, fue el cumpleaños de mi madre, y salimos de viaje a otra provincia para excusarme pero no tengo justificación :,v en fin, aquí está el capítulo final, gracias por haberme seguido y esperado hasta ahora.

Como sorpresa hare un epilogo, súper chiquito, no pondré fecha porque no quiero engañarlos… otra vez xd pero será cortito, para solventar algunas dudas como al relación de Rin y Sesshomaru, o el collar, o el hecho de que Inuyasha participara en el castillo, todo será resuelto en el epilogo, si ustedes gustan, si les gusta la idea del epilogo me lo hacen saber con un review, 3 gracias nuevamente por llegar hasta aquí, sobre todo a Nabiki-san… usted señorita tiene la paciencia de Buda3 yo ya me hubiera rendido pero tu aun sigues aquí :,3 Gracias por tu apoyo y tu fe3 eres la mejor.

En fin, gracias a los demás por seguir aquí, son geniales3

Eso es todo, nos leemos !