Buenas. Otra actualización más. Este capítulo seguramente hará que me maten en muchos sentidos, pero espero que al menos les guste un poco aunque seaXD. Sí, ya sé que no pongo lo que me piden, pero sería entonces un tipicazo que no me gustaría u.ú. Perdonen y disfruten.

-Pareja: Ya decididas y en su momento.

-Capítulos: ??

-Tema: Romance, acción, misterio, sensualidad, UA, Drama.

-OOC. (aunque intentaré que no X.X)

(Por ahora estás n.n)

Aviso:

OOC en Tezuka.

Resumen:

Los pasados siempre atan a las a personas, sean para bien o para mal. La angustia puede volver cuando te encuentras con alguien que vio tu mayor horror de infante. ¿Lograrás proteger a alguien, cuando es quien más dolor te crea?

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Fic: loving guardian

Autora: Chia-Uchiha o pervert-chan

Capítulo tres:

tercer día.

Sin hora.

El ruido de los pasos se hicieron notar a cada movimiento intranquilo por su parte por toda la habitación mientras jugaba entre sus dientes con el lapicero. Inconforme con lo que sus ojos veían mordisqueaba la supercificie tosca de madera pintada. Quedaban solo tres horas desde que Tachibana la llamara para la llegada de ésta y la novia de su hermano, Naisuka.

La revolución se había armado nada más que colgara el auricular. Tomoka había declarado a los siete vientos que su padre no estaría de acuerdo después del sucedo en el albergue. Sin embargo, se mostró indiferente a aquella información y ordenó claramente a todos los trabajadores que se encargaban del mantenimiento de la casa que se prepararan para recibir una visita en tres horas.

Kumitsu Tezuka había negado la cabeza negativamente, pero tampoco le hizo caso. Una cosa era estar encerrada en su cada por orden paterna egoista, a su parecer, y otra muy diferente que estuviera clausurada en su casa sin visitas. Lo único malo era que estaba totalmente agotada.

Había estado toda la noche dándole vueltas al asunto. ¿Qué ocultaba su padre que no deseaba que conociera y tenían que ver los hombres que la protegían? Sabía que existían muchos otros guardaespaldas realmente eficaces, así que no lograba entender qué tenían estos de especiales. Aparte de que uno de ellos fuera un conocido suyo del pasado. Un pasado que hubiera dejado atrás si él no hubiera aparecido decidiendo acallar todo cuanto hubiera pasado y le hubiera creado. Si él creía que era el único dañado mentalmente, estaba equivocado al cien por cien.

Al no conseguir dormir como debiera, decidió ponerse a trabajar en el dibujo para el vestido de novia. Sin embargo, tras varios bocetos creados ninguno terminaba por gustarle. Se había esforzado tanto en terminar el que llevaría al concurso que no parecían quedarle más ideas posibles.

Frustrada, dejó el lapiz sobre la mesa de dibujo y estiró sus hombros cargados, fijando la mirada en el reloj. Tomoka estaba sentada en la ventana con aire aburrido, como siempre.

-Tomoka- llamó- voy a darme una ducha antes de que lleguen. ¿Dónde está el kimono azul?- Preguntó curiosa.

-Oh, sí- recordó la nana golpeándose la frente- tuve que sacar todos tus quimonos del armario y trasladarlos- informó mientras se alzaba- el jefe encargó que lo hiciera.

-¿El jefe?- Cuestionó.

-Tezuka- respondió Tomoka encogiéndose de hombros- los hemos trasladado al dormitorio de invierno.

-¿Por qué?- Exclamó aterrada, desviando la mirada hacia la pared.

Por suerte, el kimono que había mantenido durante tanto tiempo colgado en la pared se encontraba en perfectas condiciones y en su lugar de siempre. Suspiró aliviada y meneó la cabeza.

-No importa. Tráemelo- rogó.

Tomoka arrugó la boca graciosamente. Un gesto significativo de que algo no iba bien. Al sentir el sonido de los nudillos sobre su puerta rodó sobre sus tobillos, obviando a su nana personal. Kunimitsu Tezuka la observaba desde la puerta, revisando con detalle cada parte de su habitación hasta quedar satisfecho a la localización de Echizen, el cual se distraía con un trozo de papel entre sus dedos, sin perder detalle de ella. Satisfecho, entró.

- Ryuzaki- llamó- tengo que darle las nuevas indicaciones.

Arrugó la nariz molesta, esperando qué vendría.

-A partir de ahora, deberá de vestirse con ropa normal. Nada de kimonos, razón por la cual han sido guardados- explicó el hombre mientras colocaba sus manos tras su espalda-. La visita será trasladada al salón, donde están preparadas sus medidas de seguridad y no saldrá de ahí para nada.

Abrio la boca desconcertada. ¿Acaso era una broma pesada que estaba haciendo aquel serio hombre? Pero no. Sus rasgos no mostraban en absoluto que estuviera mintiendo o cualquier fachada. Estaba hablando con una seriedad que asustaba. Y él continuaba recitanto las normas más angustiosas que había escuchado jamás. Estaba convirtiendo su casa en un ipérrito cuartel general de protección.

-No- negó asustada- sin kimonos no puedo trabajar- excusó.

-No importa cuan buena sea la pluma, es el escritor quien la hace moverse- rectificó Tezuka subiendo sus gafas con rostro imperturbable- ¿Comprende lo que quiere decir esa frase?- Ella afirmó con la cabeza- entonces, si lo comprende, úselo.

Escondió parte de su rostro en la manga del único kimono que portaba y que ante la mirada del hombre, anunciaba que sería quitado con, o, sin su consentimiento. Jadeó incrédula por aquellas normas. Si el reloj del salón no hubiera marcado la hora, hubiera deseado correr hasta el despacho de su padre y exigirle su libertad, que era lo que le estaban quitando.

-Con permiso- anunció.

Tezuka inclinó levemente la cabeza, cerrando la puerta tras él tras haber dedicado una mirada de advertimiento a Echizen, el cual simplemente afirmó con un gemido. Tomoka no tardó en entregarle la ropa adecuada, al menos, no tan horrible como pensó. Un jersey rojizo que la abrigaría y unos pantalones vaqueros ceñidos de campana abierta. Tras darse una ducha rápida fueron las ropas que cubrieron su cuerpo y tal y como sospechó, el kimono que había dejado en las manos de Tomoka, desapareció por completo de su dormitorio.

Suspiró, recogiendo sus largos cabellos en una coleta lo suficientemente alta como para no mojar su espalda y secarla con rapidez bajo el secador. Cuando únicamente quedaban las puntas, el sonido del timbre la hizo dar un respingo: Las visitas habían llegado. Cepilló con la mayor rapidez posible sus cabellos, asegurándose que no escaparan y coloreó levemente sus labios color mecolotón.

-Acompáñenme por favor al salón- invitó la voz de Tomoka a través de la puerta cerrada- Sakuno les atenderá en seguida- informó.

Suspiró aliviada. Y entonces, se tomó su tiempo para terminar de arreglarse y perfumarse en condiciones. Echizen se había alzado a su lado y esperaba, cruzado de brazos, con la mirada fija en sus cabellos. Frunció el ceño y volvió a retocárselos, creyendo que realmente tendría algo en ellos fuera de lo común, pero los encontró exactamente igual que cuando los había cepillado. Entonces, ¿qué miraba él tan interesado? O, mejor, ¿por qué tenía que estar mirándola mientras se arreglaba?

Un leve rubor creció en su interior. No era nada agradable ser escrutada por un hombre mientras se dedicaba a sus cuidados personales. No hacía nada indecoroso, pero seguía siendo vergonzoso.

-Bien- se animó mientras se alzaba ante el tocador.

Caminó hasta la puerta, sintiendo los pasos del joven guardaespaldas tras ella. Incesante, como su sombra. Abrió la puerta corredera y caminó hasta el salón rápidamente. No es que quisiera ponerle a prueba, pero casi sentía su aliento acariciarle la nuca de lo cerca que se encontraban. Ya había sido suficiente con que hubiera estado sobre él en dos ocasiones a cual más propicia.

Pero lo que más la extraño fue la ausencia de Tezuka o cualquiera de su hombres. Tan solo Ryoma era el que se encontraba con ellos. Abrió la puerta del salón haciendo una reverencia, imitada por las dos jóvenes. Tachibana y Naikusa, si no se equivocaba. Ambas ataviadas con kimono y ambas sorprendidas al verla con aquella ropa. La vergüenza se inundó con fuerza en su pecho.

-Perdonad mi tardanza- se excusó con la voz más firme que podía tener en ese momento- justo terminaba de bañarme.

-No pasa nada- sonrió Tachibana abrazándola- tienes una casa preciosa. A mi cuñada verdaderamente le encanta. Os presento.

Naisuka dio un ligero paso hacia delante. De facciones débiles y suaves. Cabellos rojizos ondulados en una larga cabellera agarrada en un gran moño apodados "moño de vieja" y un delicado mechón rizado que caía en su frente, justo sobre dos esmeraldas de ojos los cuales no hacían perder belleza a sus labios rojizos y delicadamente perfilados. La piel blanca constractaba con la tela rojiza de su kimono, llamándole la atención el estilo de aquellas flores plasmadas. Parpadeó y Naisuka sonrió antes de responder con voz sensualmente natural.

-¿Las reconoce?- Preguntó- mi apellido es Moruyama. Antiguamente, mi madre compraba los kimonos que su abuela creaba.

Su boca tembló en un ligero movimiento de asombro. Le parecía imposible volver a ver una de aquellas telas pintadas por su abuela. Su padre había vendido todos aquellos kimonos a una empresa textil que no dudó en romperlos y usarlos como otros trapos juveniles. Tocó la tela con cuidado, palpando aquella maestría que siempre había deseado hacer con sus propias manos y le resultaba imposible. ¡Oh, cielos! Era tan imposible que el mundo se le estaba cayendo encima.

Veía la figura de su abuela sonriendo ante ella y mostrándole claramente que jamás podría llegar a ser tan buena.

-Por esa misma razón- continuó Naisuka ignorando sus sentimientos ocultos- creo y confio en que puedo dejarte el encargo de mi futuro vestido de novia.

-Pero, ¿por qué un kimono?- Preguntó interesada y recobrando la conciencia- ¿No prefiere uno de esos vestidos llamativos de grandes colas, escotes refinados y cinturas apretadas?

-Ni hablar- zanjó la mujer con firmeza- no me gusta esa clase de vestidos. Difaman la verdadera sensualidad. ¿Dónde quedó la mujer recatada que movía suavemente la manga de su kimono para mostrar su muñeca y seducir al hombre? Definitivamente, se ha ido a perder todo aquello.

Sonrio totalmente agradada. Aquella mujer todavía comprendía la necesidad de la seducción de un kimono. Mandó una mirada hacia Tomoka mientras afirmaba con la cabeza afirmativamente y ésta se alejaba tras la puerta. Fue así como se dio cuenta de que Echizen había desaparecido. Silencioso como un gato: no lo había ni sentido.

-Me gustaría saber- informó rogándoles que se sentaran- qué espera exactamente. Es decir: ¿Qué clase de estampado? Porque supongo que el color será blanco. Los reflejos dorados quedarían perfectos al igual que bordes azulados.

-¿Me ha leido el pensamiento?- Cuestionó la mujer mirando a su cuñada antes de aceptar la invitación y sentarse- es justo lo que deseaba. En cuanto al dibujo...

-Sakuno es muy buena dibujando- reconoció Tachibana- espera a ver sus dibujos y lo comprenderás.

-N-no creo que sea para tanto- tartamudeó avergonzada- oh, ¿os apetece algo de té?

Ambas visitas afirmaron a la vez cuando Tomoka se adentró en la estancia con una carpeta rosada entre sus manos, dejándosela.

-Tomo-chan, ¿puedes pedir té y pastas?- preguntó.

-Ahora mismo- aceptó la castaña alejándose a grandes pasos mientras tarareaba alguna extraña canción moderna.

Abrio la carpeta colocando con sumo cuidado cada lamina sobre la mesa ante ellas, desprendida de cualquier interferiencia posible. Los ojos esmeraldas recorrieron con atención las láminas, observando los dibujos y detalles con rostro serio y a la vez, impresionado. Cosquillas se formaron en sus manos, adormeciendo a sus dedos que los enlazaba uno tras otro, esperando la daga. Sin embargo, Naisuka sonrió con amplitud, señalando uno de ellos.

-Quiero este. Las flores del comienzo son buenas para que una ceremonia sea el comienzo de una gran matrimonio- redactó con ojos brillantes- ¿podría ser?

-Por... por supuesto- aceptó asombrada- sí, puede ser. Ahora... solo tendría que tomarte las medidas y mandar que me corten la tela. ¿Para cuando será la boda?- Se interesó mientras hacía cálculo mental de sus tareas.

Naisuka afirmó con la cabeza antes de responder:

-Dentro de tres meses, pero Kippei insistía en que comprara ya el vestido y la verdad, estoy totalmente feliz de seguir su consejo porque me has impresionado. Creí que con la muerte de Ryuzaki-sensei nadie más podría hacer su trabajo con tanto amor. Y desde luego, tú has heredado ese talento. Deseo que nunca lo pierdas y pueda comprarte más y más kimonos como este en adelante.

Abrumada por tal alago y deseo, enrojeció hasta la raiz de sus cabellos y para fingir no darle importancia, comenzó a recoger sus bocetos, guardándolos con cuidado a la vez que dejaba el demandado en una pestaña diferente. Tomoka había traido el té en una bandeja y sirvió con paciencia las tazas al gusto de cada uno.

-Sakuno, ¿Realmente deseas dedicarte a esta especialidad de kimonos?- Se interesó Tachibana Ann- creo que somos bien pocas las que todavía gustamos de esa belleza. Piensa que japón ya no existe tras la división de la tierra.

-Lo sé- corroboró mientras tapaba su té- por eso mismo también estudie diseño de exteriores. Me gusta mucho decorar jardines. Creo que han visto el de este lugar.

-Precioso- anunció Nausika ilusionada- ¿De verdad lo has ideado tú misma?

-Así es- respondió- fue costoso, la verdad. Pues los componentes ya no se crean y poca gente quiere trabajar en un jardín de estas dimensiones por mucho dinero que te entreguen.

--

Y la charla continuó hasta ya larga la tarde. Había desaparecido tras ella, siguiendo las órdenes de Tezuka, dejándolas a solas. Tan solo Osakada sería la guardiana. No pasaría por desapercibido si estaba en una reunión de trabajo de su "prima". Para Tachibana él era su primo y no su guardaespaldas. Tezuka había creido conveniente que no se mostrara si no era necesario. Y, para ese caso, Osakada había sido informada para responder correctamente.

Estaba bastante sorprendido con las nuevas normas. Más bien la joven parecía una reclusa que una protegida. ¿No era más sospechoso de ese modo? Además, Tezuka debía de confiar mucho en sus hombres para dejarlos estar rodando por la casa de aquella manera. Cierto era que eran una familia, pero cualquiera podía perder los estribos en algún instante. Al fin y al cabo, nadie cambiaría nunca quienes eran realmente.

Había comprendido perfectamente que le prohibieran ponerse esos kimonos incluso estando en casa. Eran difíciles de comprender y nada sencillos de manejar a la hora de una huida. Además, la quería desnuda para poder tocarla sin tener que recibir algún golpe en un lugar peligroso y no que en medio de una persecución o peligro inminente al tirar de ella se quedara completamente desnuda. Sí, eso podría servir para distraer al enemigo, pero, no era rentable absolutamente a la hora de estar protegida.

Las ropas que llevaba en ese momento tampoco eran muy consideradas a la protección, pero eran eficientes. Si necesitaba que un enemigo se entretuviera con los encantos de la joven señorita, solo tenía que alzar el jersey y listo. Todavía tenía el pantalón para estirar de ella desde la cintura o arrastrarla de una de las piernas. Además, era más sencillo ocultar un arma en esa clase de ropa que en otras. Y Tezuka había pensado hasta en eso.

Había creido que actuaría egoistamente y montaría un follón delante del hombre de lentes, sin embargo, se había controlado rotundamente y accedido a las órdenes. Algo muy extraño en las señoritas de clase alta. Quizás había sido por la entrevista que estaba viviendo en ese momento.

A través de la cámara había logrado ver parte de los bocetos y tenía que reconocer que dibujaba excelentemente. Ni siquiera hubiera podido imaginar que aquellos dibujos fueran a ser plasmados en una tela. Verdaderamente, tenía un gran talento artístico. Pero había visto cierta incertidumbre en los ojos de la joven ante el nombramiento de su abuela, la anterior encargada de crear los kimonos más explendorosos de todo japón, cuando existía.

-Esa chica...- murmuró Fuji tras él- es la hija pequeña de los Tachibana; Ann.

-Sí- afirmó mirándole mientras arqueaba una ceja.

-¿Conoces a los Tachibana?- Preguntó Tezuka bruscamente.

-Conozco a su hermano mayor, pero nadie lo sabe- respondió el hombre abriendo sus azulados ojos- al parecer, su padre se está muriendo. Hace años que no hablo con él. Desde que Yuuta murió.

Guardaron silencio ante esa rebelación. Tezuka se frotó la seien molesto.

-Serás suplantado en la clase- indicó- Oishi lo hará por ti. Llámale. No podemos correr riesgos. Fingiras proteger a otra mujer- indicó- úsala a ella.

-Sí, señor.

Con pesar dibujado en su rostro, Fuji se marchó de forma silenciosa. Tezuka no estaría contento con un fallo como ese por parte de su mano derecha. Volvió la mirada hasta la pantalla. La reunión continuaba, al parecer, sobre preparativos de boda. Ryuzaki se negó completamente a aceptar dinero por adelantado, asegurando que no cobraba hasta tenerlo terminado al completo y en bandeja para el comprador, exactamente igual que su abuela, como escuchó decir a la acompañante de Tachibana.

Había algo extraño en aquella mujer, de hermosura despampanante, como había dicho Fuji nada más verla. Tenía el toque innato de una niña de bienes, sin embargo, siempre que cuestionaba algo o decidía, volvía su mirada hacia Tachibana, como si esta tuviera la respuesta que deseaba o se asegurara de haber hablado correctamente.

-Esa mujer...- murmuró.

-¿También te has dado cuenta, Echizen?- Inquirio Tezuka frunciendo el ceño- Esa mujer siempre le pide permiso a Tachibana. No es la prometida de su hermano mayor. Es un doble- alegó- esto no me gusta. Echizen.

-Hai.

Quitó la chaqueta del traje, dejándola colgada de una de las sillas y abrió la camisa tras arrugarla diversas veces con sus propias manos. Despeinándose levemente, caminó hasta el salón. Abrió la puerta sin llamar, encontrándose con los ojos de la dueña de la casa. Hizo un leve gesto con su rostro como saludo y se espanzurró en el sofá junto a ella, estirando su brazo por su espalda. La tensión de la castaña no tardó en hacerse notar, o al menos, él podía notarla y verla perfectamente.

-Ah...- tartamudeó- Disculpad... este es mi primo mayor.

-Sí, le recuerdo- recordó Tachibana hundiendo graciosamente su nariz- Este chico es el mismo que aferró mi muñeca el otro día. Fue bastante grosero de su parte.

Naisuka sonrió, mirándole fijamente antes de extenderle la mano y aceptar el apretón torpe que él le dedicara, para sentarse después en el mismo lugar.

-Tu prima tiene unas dotes magníficas para el dibujo y estoy segura de que mi vestido de novia será perfecto- y volvió la mirada hacia Tachibana, de nuevo.

-Eso espero- dudó Ryuzaki.

Y la charla volvió a centrarse elocuentemente en la futura boda. Un gran dispalfarre de dinero que no lograba comprender. Los ricos siempre gastaban y gastaban sin tener en cuenta que otros tras ellos eran más necesitados y rogaban por un simple céntimo para poder comer una simple miga de pan.

Aburrido y tras recibir una clara señal de que ya era suficiente de despedirse, bostezó, frotándose el estómago. Debía de actuar y era lo peor que tenía en su trabajo. No le gustaba fingir lo que no era. Sonrió, acercándose hasta Ryuzaki lo suficiente como para que su nariz rozara la mejilla de la sorprendida joven.

-Ey, primita- rezungo- tengo hambre, quiero un baño y tengo sueño- apoyó con cuidado su cabeza sobre el delgado hombro y sonrió, mirando a las invitadas- y mañana tenemos que madrugar.

Sakuno Ryuzaki parecía un gato a punto de saltar y ponerse a arañar a diestro y siniestro mientras maullaba frenéticamente. Sabía perfectamente que ella no gustaba de su cercanía y que si hubieran estado solos le habría golpeado hasta saciarse con uno de los cojines más cercanos y acusarle repetidas veces de ser un asesino.

Fue Naisuka quien se puso en pie, anunciando su retirada mientras sonreía de forma comprensiba. Por primera vez desde su llegada no demandaba permiso de Tachibana.

-Es cierto, nos hemos quedado demasiado tiempo- reconoció extendiendo una firme mano hasta Sakuno, la cual se levantó bien agradecida- espero su llamada para informarme que el vestido esté listo. Mi cuñada te dará las medidas mañana mismo.

-Claro, sin problema- accedió Ryuzaki sonriendo- un placer.

Las despidieron en la puerta y cuando esta se cerró tras ellos, Ryuzaki rodó suavamente en sus pies, dejándole caer un jarrón de porcelana sobre uno de sus pies. Venganza: clara venganza. Sonrió con arrogancia mientras la veía caminar a grandes pasos, con los puños empuñados y murmurando repetidas veces algo que pasó por inadvertido por él. Tezuka apareció tras la puerta, cruzado de brazos y moviendo la cabeza negativamente mientras le mirada de forma acusadora.

-Solo seguías órdenes- defendió el hombre- pero ella se venga. ¿Responderás a la pregunta de por qué?

Llevó sus manos hasta sus bolsillos, encogiéndose de hombros. No entendía la rebelión de esa mujer contra él. Si tanto le gustaba recordar el pasado, que no lo involucrara a él. Alejándose de la mirada de Tachibana, caminó hasta la habitación de la joven, encontrándosela vacia. Miró a ambos lados y hasta se adentró en el servicio: Ni rastro de ella. Osakada se coló en la habitación, cargado algo de ropa de abrigo, mirándole curiosa.

-¿Dónde está?- Exigió aferrándola del brazo.

-¿Sakuno?- Exclamó aturdida la mujer- Estaba con vosotros.

Frunció el gesto y gruñó. Alertando a Tezuka todos comenzaron a buscar por la casa, sin encontrarla. Un simple rastro le llamó la atención. Sí, ciertamente la había juzgado mal: Era una mocosa consentida.

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Corrió sin pensarlo. Había visto de refilón el coche de su padre entrar dentro del jardín y con la vergüenza infectada en su interior, junto a una mezcla de rabia y asco, decidió que ya era hora de hacerle comprender a su padre que no era ninguna niña pequeña que necesitara protección. Menos, de esa forma.

Creía que ninguno le había visto hacer esa acción y rogaba con todas sus fuerzas que fuera realmente así. No podría soportar más contacto con aquel hombre. Su corazón latía con gran fuerza, hasta el punto de querer salir de su pecho. Las ganas de llorar no habían faltado en su rostro mientras el aroma masculino inundaba por completo sus sentidos y sentía el roce de la piel masculina contra su mejilla y cuello. El aliento... El aliento había sido tan cálido que la hizo extremecerse por completo y agradeció que sus invitadas accedieran a marcharse, de una forma bastante grosera por parte de su "primo".

-¡Papá!- Llamó agitando su mano.

Yohei Ryuzaki había mostrado interés en su llamada pero frunció el ceño al instante en que la vio acercarse completamente sola. La forma en apretó sus puños llegó a asustarla completamente. ¿Iba a golpearla por su desobediencia?

-¿Qué haces sin escolta?- Bramó el hombre empujándola al interior de la casa principal- Es demasiado peligroso.

Se dejó arrastrar, sintiendo en sus propias carnes la tensión del cuerpo de su padre. El agarre terminó cuando entraron en su despacho y el hombre se refugió entre las estanterías, distrayéndose en buscar algo.

-Papá- repitió rogativa- No tienes que enfadarte. Estamos en casa. No sucederá nada.

-Eso mismo dijiste de la fiesta y mira como terminó- recordó a regañadientes el progenitor.

-Pues dime por qué- rogó- Ese señor... Tezuka-senpai... me ha puesto normas verdaderamente extrañas. No las quiero.

-Sus normas serán justas y para tu protección- replicó él frunciendo el ceño- ¿Por qué te empeñas en comportarte tal y como no eres? Nunca has sido egoista.

-Papá, hoy he recibido una excelente oferta de empleo con los kimonos-. Explicó esperanzada- sabes que tengo que ir para elegir la tela y demás componentes que necesito.

-¡No!- Explotó el hombre sujetándola de los brazos tras abarcarla- No puedes hacerlo. No vas a salir.

-¡Es trabajo!- Protestó incrédula- ¿Y la universidad? ¿Qué pasa con mi estudio?

-No irás tampoco- rezongó el hombre frotándose los cabellos molesto- Por dios, Sakuno, tienes suficiente dinero como para no trabajar en tu vida. ¿Para qué necesitas los estudios? Tienes la herencia de tu madre, de tu abuela y la mia. ¿Crees que es moco de pavo? ¡Es suficiente para comprar el planeta entero!

-¿Y...- dedujo- por eso me quieren asesinar?

El silencio cayó como peso muerto sobre ambos. Yohei movió la cabeza negativamente, sentándose sobre la silla de su escritorio con cara de cansacio.

-No, cariño, no- negó repetidas veces- algún día lograrás comprender por qué hago esto. El por qué de tener tantos guardaespaldas. Guardaespaldas de los mejores- añadió, pero no reveló aquella espina que se clavaba entre ambos- eres un tesoro. Un verdadero tesoro.

-Me... aturdes- confesó perdida- No comprendo nada.

-Lo siento, de verdad que lo siento, pero no puedes estar sola. La gente quiere matarte y algún día sabras la razón. Pero quiero que lo comprendas mientras estés viva, no muerta y cuanto más tarde, mejor.

Odiaba tener secretos. Nunca los ahbían tenido entre ellos, ¿Por qué tenía que haberlos ahora? Su padre se había transformado en algo atormentado que no paraba nunca quieto, especialmente desde el atentado.

-Pa...

La puerta se abrió con brusquedad, cortándola. La mirada furiosa de Echizen cayó sobre ella como plomo, sintiéndose diminuta y débil ante aquella grandiosa figura. ¿Por qué no se había dado cuenta hasta ese momento que le ganaba bastante de estatura y volumen? Parpadeó, mirándose las piernas que no cesaban de temblar. ¡Oh, dios! Si aquel hombre hubiera sido su padre, estaba segura de que le bajaría los pantalones y le daría unos buenos azotes en su trasero. Pero Echizen simplemente se conformó con apartarse a un rincón, dejándola a cuadros.

Fue Kunimitsu Tezuka quien la sorprendió.

-Con el debido respeto- anunció mirándolos a ambos.

Antes de que tuviera tiempo de reaccionar un fuerte golpe quemó en su mejilla. Yohei ahogó un gemido entre dientes, pero no dijo absolutamente nada. Aquel hombre, derepente tan extraño, se inclinó con una reverencia ante su progenitor y aferrándola del brazo, la empujo contra Echizen.

-Lamento los problemas, señor- se excusó con voz ruda- regresaremos.

-Kunimitsu- interrumpió Yohei sudando mientras aflojaba la corbata oscura- ¿Era necesario hasta ese punto? Nosotros no somos...

-Era necesario- zanjó el hombre corpulento mientras acomodaba sus gafas- Son nuestras reglas. Usted las aceptó y nosotros trabajamos. SI quiere que sobreviva, haga como el que no ve nada.

Y así lo hizo. Su padre le dio la espalda mientras sus dedos viejos apretaban la funda del sillón de relax y ella era escoltada de nuevo hasta su casa entre ambos hombres, serios y frios. No comprendía qué trato deberían de haber hecho su padre y aquel guardaespaldas, pero comenzaba a darle demasiado miedo. La mejilla le ardía y aunque sabía que se lo podría haber ganado al haberse escapado de aquella forma tan infantil, no podía debatirse interiormente pensando que Tezuka Kunimitsu no era realmente nadie para golpearla.

Pero le quedaba bastante por ver.

Nada más entrar en su casa fue llevada hasta el salón y empujada contra el mismo sofá que había sentada minutos antes. El sofá donde Tachibana y Naisuka habían estado sentadas junto a la mesa y las tazas de té habían desaparecido por completo, al igual que la moqueta. Sus desnudos pies habían rozado sobre el frio suelo. Se encogió, asustada.

-Escúcheme con atención, Ryuzaki- habló con voz cortante Tezuka- solo lo diré una vez.

Y ante sus ojos, sacó una pistola cuyo cañón quedó apretado contra su frente. Tembló con terror, abriendo los ojos como platos y jadeando con incredubilidad. ¿Qué no tenían que defenderla? ¿Por qué la estaban apuntando con un arma entonces?

-Nosotros la protegemos y usted obedece sin rechistar. La próxima vez que se vuelva a escapar, para evitar su huída, daré la orden de que le disparen. Una pierna, un brazo: cualquier zona que no sea vital. Recuerde esto- añadió-: antes de que la maten ellos, la mataremos nosotros. Así que, si quiere vivir tal y como su padre desea, tendrá que aceptar las reglas y comportarse como una mujer de veinte años que es y no como una chiquilla de quince.

Tragó, buscando con la mirada al que en teoría era su guardaespaldas personal y hubiera deseado no buscarle. La sonrisa divertida y arrogante que mostraba en su rostro era más perversa y dolorosa. Tezuka suspiró, guardando el arma.

-No es un placer amenazar- reconoció mientras la miraba- pero no obedece y eso estropea mi trabajo. Eres inteligénte y comprenderás la situación tarde o temprano. Por cierto- añadió- escriba en una lista lo que necesita para el vestido de novia. Mañana tendrá los materiales cuando se despierte. Que descanse.

Kunimitsu se alejó, carraspeando igual que si le hubiera costado cielo y tierra hablar tanto y al parecer, así era por la maldición que lanzó cuando creyó que nadie le escuchaba, por haber hablado más de lo necesario. Él daba las órdenes y justas y precisas, sin necesidad de tener que hacer una narración demasiado extensa. Y con ella lo había tenido que hacer expresamente para convencerla de que fuera una buena chica y se comportara.

¿Quién no lo haría cuando la amenazaban de aquella forma? Igual, pensó, estaría más segura con aquellos que deseaban matarla que con aquella panda de locos y pervertidos. Pervertidos, sí. Porque aquel tipo que se había hecho pasar por su profesor bien que había informado que la torturaría sexualmente para decirle su verdadero nombre y a Echizen no le había costado nada aparentar ser un "primo" cariñoso que adora a su prima y es mimado por ella.

Con miedo en su cuerpo no le quedó más remedio que escribir en una hoja cuadriculada lo que necesitaria para trabajar en los dos kimonos. Pero desechó la idea del primero. No podía participar en el concurso si no asistía a la congresión. Aquel hombre la mataría en vez de protegerla si iba. Al menos, tenía la suerte de haber conocido a una joven mujer, hermosa, como Naisuka. Seguramente, si quedaba contenta con el resultado, haría de embajadora de su trabajo con los demás atraidos.

Cuando entró en su dormitorio Echizen y Tomoka la seguían de cerca. Él con aire distraido y divertido, mientras que su nana, mantenía el rostro serio y era la que lograba sostenerla. Había pasado demasiado miedo. Más del que pudo sentir cuando la bomba explotó. Y tonta de ella había pensado que su guardaespaldas la defendería de algo así también. Pero, ¡horror! Él se había divertido claramente de verla en aquella situación.

-Sakuno, ponte esto- recomendó Tomoka extendiéndole una toalla reliada a un trozo de hielo- te bajará la inflamación del golpe.

-G-gracias.

Sentándose sobre la moqueta que cubría todo su dormitorio de la forma más cómoda posible apoyó el hielo junto al trapo contra su piel. Suspiró, al sentir el frescor pegarse contra su hinchada mejilla. Igual Tezuka no habría querido hacerle daño, pero desde siempre había sido dada a que su piel exagerara los contactos con los golpes o heridas, hinchándolos rápidamente y pareciendo una mujer maltratada. Tomoka lo sabía y daba gracias a ello. Mañana cubriría el golpe con maquillaje y fingiría que nada había sucedido.

-Es una alegría que hayan aceptado que les hagas el kimono para la fiesta- reconoció Osakada cruzándose de brazos- Estoy muy orgullosa de ti. Seguro que la "abuela" también lo estaría.

Suspiró cansada, arrugando las cejas al escuchar el sonido del hombre sentarse entre ambas habitaciones.

-No creo- dudó- Ya has visto lo hermoso que era se kimono. Dudo que estando en esta situación logre hacer algo que valga la suma del dinero que cuesta en realidad estas prendas. ¿Todavía recuerdas cuanto solía pedir mi abuela por ellos?- Cuestionó.

Osakada afirmó, cruzándose de brazos.

-Si mal no recuerdo- murmuró- eran cifras superiores a cinco mil euros. Siempre y cuando no hiciera descuentos. Pero, Sakuno- arqueó las cejas dudosa- tu deberías de saberlo mejor que yo. ¿Acaso no has heredado el dinero de las mujeres del imperio Ryuzaki?

-Sí... Pero- alejó su mirada de la contraria- creo que eso está dando problemas a papá.

-El señor Ryuzaki tiene mucho dinero, Sakuno. Y tú no has tocado la herencia todavía. ¿Qué te preocupa?

Rozó su brazo quierdo tras dejar el hielo que comenzaba a deshacerse sobre la mano de su nana, la cual mostraba la perdida en su rostro.

-Tomo-chan... creo que todo esto está sucediendo precisamente por ese dinero. No sé quien puede estar tras él... pero la verdad... esto no es nada agradable- rozó su rostro con fatiga- es... cansado. No quiero estar encerrada. Tampoco... no poder ser yo misma por miedo... NO me gusta esto... Pero- añadio- he visto cosas peores. Cuando es tu vida la que está en peligro, ves todo de forma diferente a cuando pierdes a personas importantes o a aquellos que te cuiden.

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Y clavó sus ojos en él para apartarlos al instante en que ambos se encontraran. Realmente era como un cachorro encerrado y Tezuka había tenido que ponerla en linea recta, rompiendo su calma para tomar una faceta increible para él con las mujeres. Siempre lo había visto calmado y paciente con ellas. Jamás agresivo hasta el punto de ponerle una pistola en la sien a una. Pero no era igual que siempre: La estaba protegiendo de forma especial.

Tezuka era el único de ellos que conocía las razones por la cual debían de protegerla. Ellos solo cumplían como parte del trato, al fin y al cabo, comían de esto. Y esta vez, le había tocado a él cargar con el mochuelo más grande y problemático de todos. Una joven de improvistos que engañaba con su carácter. Ni siquiera hubiera pensado que terminaría huyendo de su propia casa para encontrarse con su padre.

Realmente le hubiera gustado sujetarla de los hombros y zarandearla hasta que su cerebro pensara correctamente y se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Era su vida la que estaba en peligro, no la de cualquier otro. Aquello debería de haber quedado claro tras el primer atentado.

El reloj del salón dio las ocho de la tarde. Tomoka demandó qué deseaba para cenar, pero la joven declinó la oferta, alegando que deseaba descansar ya. Tan pocas emociones la habían aturdido hasta sentirse fatigada. Aunque a él le sonaba más como una simple excusa Tomoka aceptó sin pensar en el comportamiento de su amiga, dedicándole una mirada claramente de rogación de alejamiento por su parte. Solo le faltaba un letrero que indicara: "Chicos no, gracias".

Gruñendo entre dientes, se marchó al interior de su dormitorio pero sin cerrar la puerta. Ambas jóvenes prepararon el lugar para la noche de la joven señorita. Escuchó la voz protestona de Horio mientras hechaba las cenizas calientes bajo el tatami preparado que ocuparía la castaña durante toda la noche, además de encender las calderas que caldearían el resto de la casa junto a la habitación de la rebelde joven y la suya propia, atormentándolo con tan abrumador calor.

Finalmente, todo terminó. Las luces fueron apagadas seguidas de las de la casa. Cuando la dueña se iba a dormir ni un alma debía de quedar en pie más tiempo del necesario. Y estaba seguro de que quien cerraba las últimas puertas en ese momento no era otro que su superior, molesto consigo mismo por haber tratado de esa forma a una niña.

Acomodó la puerta de forma que nadie se diera cuenta de que realmente se encontraba en el lugar y agudizó el oído, llegándole el sonido de la suave respiración femenina. Había caido totalmente dormida. Miró la hora en su reloj digital tras largo tiempo mirando las murasarañas. Las doce de la noche y era verdaderamente temprano.

Sin embargo, era extraño que alguien decidiera hacer una visita a esas horas, teniendo la posibilidad de ser descubierta al instante. O demasiado confiada en sus posibilidades. El sonido de los pasos sobre el tatami. Las ropas al rozarse contra cada músculo del cuerpo y, finalmente, el sonido de arma. Aquela aroma desprendido por la visita no era el de Osakada Tomoka. La mujer optaba por los perfumes fuertes y su olor destilaba en cualquier habitación, por muy lejos que estuviera.

Llevó su mano izquierda hasta su arma a su costado y agudizó la vista. Una sombra se adentraba en la penunbra de la habitación, acercándose cual gato hasta la posición de la dormida muchacha, asegurándose con precuación de que estuviera totalmente dormida. Frunció el ceño cuando reflejo de la luna marcó el filo de un Kunai. Una ninja. Demonios, no podía tener más mala suerte.

Los ninjas comprados como asesinos eran muy sensibles y le sentirían en cualquier paso que diera, ocasionando la huida de éste y no logrando más que problemas. Maldijo interiormente cuando vio la sombra que alzaba las sábanas y mantas. Bien. Buscaba un punto en concreto que matara definitivamente a la joven sin dejar demasiados rastros. Frunció el ceño e intento agilizar sus movimientos. Si no se daba prisa, sería demasiado tarde.

Un leve sonido le hizo detenerse por un instante. Un gemido. ¿¡Más tarde de lo que pensó!?

-No... puede... ser...- masculló la voz de la sombra.

Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, la figura volteó sobre el mismo aire y su cuello fue apresado por dos largas piernas, descubiertas del camisón de dormir. Encendió la luz para intentar lograr ver la escena que estaba ocurriendo, demasiado deprisa para que fuera capaz de interceptarla. Y tuvo que parpadear, incrédulo.

Los cabellos castaños caían sobre parte del futón y del cuerpo femenino. Unos ojos castaños llenos de miedo, al compás de una respiración demasiado acelerada le miraron mientras las piernas no cesaban de ahogar la figura que luchaba por intentar escapar. ¡Maldición! ¡Era un ninja! Un guerrero entrenado para salir de cualquier situación por muy peligrosa que fuera, ¿Por qué Sakuno Ryuzaki lo estaba estrangulando como si nada mientras mantenía aquella mirada de terror en su rostro petrificado y su cuerpo excitado?

-¿Qué.... tengo que hacer?- Jadeó la joven mientras sus piernas apretaba más a medida que la figura peleaba por su propia vida- Tengo... miedo...

-Eh...

Antes de que reaccionara, Osakada se adentró en el dormitorio y con movimientos gráciles y rápidos se posicionó sobre la "visita", mirando a Sakuno y afirmando con la cabeza.

-Déjalo ir, Sakuno. Separa tus piernas de él, venga- animó con voz dulzona.

Ryuzaki afirmó con la cabeza, tragando y alejándose de ellos. Osakada desprendió la careta que cubría el rostro del atacante.

-¿Quién eres?- Exigió- ¿Quién te envia?.... ¡Ey!... mierda...

-¿Qué?- Preguntó reaccionando y acercándose.

-Sakuno apretó de más... le ha roto el cuello.

Las puertas de la habitación se abrieron de golpe dejando entrar a Tezuka junto a Kaidoh. El hombre revisó la estancia, clavando su mirada en Ryuzaki para pasarla a ellos y finalmente, al hombre muerto.

-Un ninja- informó a regañadientes.

Tezuka afirmó, volviendo su rostro hasta Ryuzaki, acercándose para sujetarla de la cintura. Ryuzaki tembló, aferrándose de las ropas de su superior antes de romper en llanto. Con un extraño sentimiento paternalista, su jefe le acarició la cabeza.

-Osakada- llamó en un tono neutro-Creo que ya va siendo hora de que hablemos en serio....

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Notas autora:

¿Sorprendidos? Yo también. No sabía que Sakuno supiera defenderse y mucho menos que Tezuka terminaría por tomar aquella decisión. Se me escaparon de las manos (¿?).

Pero, ¿por qué Razón Sakuno sabe pelear sin que ella misma lo sepa? ¿Qué esconde Osakada? ¿Tezuka cumplirá su promesa? ¿Ryoma seguirá disfrutando con el sufrimiento de la muchacha? ¿Conseguirán enfrentarse a su pasado? ¿Quién quiere matarla? ¿Cuántos secretos le queda por descubrir a Sakuno?

Muchos secretos que se irán resolviendo según pase el tiempo. No puedo responderles ya, porque si no, desvelaria la tramaxD. Aunque algún que otro ya me han dado soluciones cercanas~

Nos veremos pronto~~