CAP.4 NO QUIERO VOLVER A VERTE

"Tai, tenemos que hablar, recógeme a la hora de siempre de la perfumería. Sora."

El chico castaño esperaba en la puerta de la perfumería, tal y como su novia le había pedido. No tardó más de cinco minutos en salir.

Pasaron por la cafetería y compraron un par de cafés para llevar y se dirigieron al parque Hiyashama.

-Bueno, ¿Qué tal ha ido el día?- Tai le pasa en brazo por los hombros.

-Como siempre supongo.

El castaño se acerca a besarla, pero ella gira ligeramente la cara.

-¿Te pasa algo? Estás muy rara.

-Mira Tai – se gira hacia el mientras se quita su brazo- Tenemos que hablar.

-Bueno, tu dirás.

-Es que… creo que deberíamos dejarlo.

-Jajajaja muy graciosa.

-Tai no estoy bromeando- la pelirroja le miraba fijamente- creo que es mejor que nos separemos.

-Cariño yo… si he hecho algo que te ha molestado…

-No es eso, te agradezco que me hayas apoyado en todo y que estuvieras ahí para mí… pero creo que esto no lleva a ninguna parte.

El pobre muchacho sentía como se le desgarraba el corazón, no podía creer que su gran amor le estuviera rompiendo el alma de aquella manera.

-Sora por favor- las lágrimas llenaban los ojos del muchacho mientras cogía las manos de la chica entre las suyas.

-Tai, es lo mejor créeme- apartó sus manos al igual que la mirada- yo ya no siento nada por ti y me parece injusto estar con alguien a quien no amo. Lo siento, pero será mejor que no nos veamos en un tiempo.

El pobre chico cayó de rodillas al sentir tremenda punzada en el pecho, lagrimas y lagrimas brotaban de sus ojos clavados en el suelo, mientras su querida pelirroja se alejaba caminando.

Tras vagar durante horas solo por la ciudad dándole vueltas a lo ocurrido apareció por casa. Sin mediar palabra con su hermana se dirigió a su habitación y cerró la puerta.

Kari llamó un par de veces a la puerta para que saliera a cenar, pero ni siquiera respondía. Abrió la puerta y ahí estaba tirado en la cama, con los ojos rojos a causa de las lágrimas derramadas y varios pañuelos de papel que habían sido usados.

Kari sabía que algo había pasado, se tumbó en la cama junto a su hermano y lo abrazó fuertemente.

-Tranquilo, estoy aquí- Y como si hubiera abierto la caja de Pandora, su hermano estalló nuevamente en llanto. A duras penas pudo explicarle lo sucedido con Sora y finalmente de cansancio acabó dormido.

Tai no se levanto hasta medio día. Su cara seguía igual que el día anterior, no tenía apetito y apenas hablaba. Solo miraba su teléfono fijamente, esperando una llamada o un mensaje de ella en vano.

-Hermano, ¿por que no sales un poco a que te de el aire y te despejas?

-Creo que voy a hacerte caso.

Se duchó y en pocos minutos salía por la puerta de la calle, quería salir pero no para despejarse, sino para ir a verla. Lo había meditado mucho y no le encontraba sentido a aquel repentino cambio, algo había ocurrido y no se conformaba con aquella escasa explicación.

Pronto divisó el bloque de edificios de los Takenouchi, subió por el ascensor mientras repasaba mentalmente todo lo que le iba a decir.

Llegó hasta la puerta y suspiró profundamente antes de llamar y apretó sin dudarlo.

La puerta no tardó en abrirse y en el umbral apareció la madre de Sora.

-Buenos días señora, quisiera hablar con Sora.

-Lo siento, pero no está.-Su mirada se clavaba en los ojos del castaño sin vacilar.

-Señora yo solo quiero hablar con ella.

-Como ya te he dicho no está, no quiere volver a verte, ni hablar contigo, así que no insistas. No eres bien recibido en esta casa.- Cerró la puerta de un portazo dejando al pobre chico con un palmo de narices.

-Maldita sea- el chico se dio la vuelta y comenzó a andar, pero al pasar por delante de la ventana de la pelirroja se fijó en algo que a su llegada no había visto. A pesar de que su madre le había dicho dos veces que no estaba, allí estaba ella sentada en la cama, apoyada en la pared con las piernas dobladas y con la cabeza oculta en sus brazos cruzados.

El muchacho se acercó mas a la repisa con la esperanza que en el momento levantara la cabeza pudiera verle, pero cuando la levantó no obtuvo lo que esperaba… Sora lloraba sin parar y tenía la cara marcada por un buen golpe. ¿Qué estaba pasando? Tai se disponía a golpear la ventana para llamar su atención, cuando la puerta de la habitación se abrió provocando que la pelirroja se sobresaltara y empezara a llorar más. Su madre apareció en la sala, con la mirada fría y severa.

-¡Mamá te prometo que no se que hacía aquí, corté con el y le dije que no nos volviéramos a ver te lo juro!- con la voz desquebrajada y sofocada por el llanto se excusaba a la par que su madre se acercaba a ella.

-Espero que así sea, porque si vuelve a aparecer por aquí, tu padre se va a enfadar- con su mano acaricia la cara de su hija, concretamente donde lleva la magulladura- y ya sabes lo que pasa si papá se enfada ¿verdad?

-Si…

-Así me gusta, que seas buena y obediente.

Se levantó y salió por la puerta, dejando a su hija sola y sollozando en la cama como una niña asustada. Tai no daba crédito a lo que había visto y oído. El corazón y la cabeza le iban a mil por hora, ¿Qué coño estaba pasando en esa casa? Tenía que volver a hablar con ella, pero ¿Cómo?, si volvía o le veían hablar con ella, lo pagaría. Desestimó la idea de llamar su atención en ese momento y volvió a casa para poder pensar en como poder encontrarse sin que los pillasen