Capítulo 4: Una mordida.
La palabra "Zethout", esta compuesta por distintas palabras.
Zero, del latín "zephirum", que significa, lugar vacío, desierto, nada.
With, proveniente del inglés antiguo, haciendo referencia a que algo, se caracteriza o posee.
Out, griego, que significa, ir más allá de, sobrepasar, exceder.
"Zethout": Se caracteriza por exceder la nada.
Casi no había sonido en sus oídos.
Pudo visualizar una delgada línea al entreabrir sus ojos. Solo había oscuridad y sus prendas ondeando con libertad.
Una franja roja se desvanecía hacia la superficie, el rastro carmesí y el punzante dolor en su pierna era una señal de que esto no era un sueño.
No hacía movimiento alguno. Sentía sus extremidades frágiles y su mente aparentemente dejándose llevar por ese ambiente solitario.
El agua se deslizaba entre sus dedos, por su ropa, y esa fría sensación le hacía percibir con mayor intensidad el daño en su cuerpo. Podía entrever las flechas perforando al agua, pero afortunadamente estaban alejadas de donde su cuerpo estaba hundiéndose.
¿Qué pensaría Karofsky de esto?
Quizás soltaría un grito al cielo por no haber podido ser él el que terminara este trabajo sucio, pero entonces sus pensamientos lo golpeaban de vuelta; por muy destruido que estuviera, por mucho dolor que sintiera o por mucho que sus pulmones ardieran, él seguiría siendo el objeto de aquel trato. Él era el premio al hombre que lo estafó con una falsa vida sin sufrimiento.
¿Siquiera alguien le extrañaría? ¿Alguien lloraría por él, como Brittany lo había hecho por aquella niña de cabello azul? ¿Santana siquiera tendría un pequeño pensamiento diario para recordarlo?
No tenía nada.
Había pensado varias veces en la muerte cuando supo que el trato no era lo que quería.
Pensó en simplemente dejarse ver por la gente, y que ellos se encargaran de quemarlo por hereje como lo hacían siglos antes con las brujas en las hogueras. Quizás perdiéndose en el bosque hasta que la inanición lo condenara a un destino en que pudiera comenzar de nuevo. Sin embargo, tenía miedo.
Si la vida lo asustaba, la muerte le aterraba.
Quería saber qué se sentía poder huir y vivir, aunque tuviera ese dolor incesante en el pecho por la felicidad que sentiría. Podría cargar con ello. Lo haría, porque eso sería lo que quería, porque eso era lo que relataban los cuentos del Príncipe. Puede que por ello huyó de los cazadores… prefería seguir viviendo asustado hasta lograrlo.
Probablemente extrañaría al heredero al trono. Después de todo, él era el único que le ayudaba a aferrarse a ese vestigio de vida humana que le quedaba.
Pero supuso que ya no lo haría.
Un par de lágrimas se mezclaron con el agua cuando en un impulso, tomó una gran bocanada, intentando llenar sus pulmones… pero cuando la muerte esta rozando tan cerca a la vida, tu mente comienza a engañarte.
Sintió como si lo jalaran con fuerza del brazo.
¿Sería posible que los cazadores se lanzaran al agua tras de él?
Percibió otra mano envolver su cintura, y fue arrastrado con gran velocidad hacia un extremo, hasta la superficie. Se obligó a abrir los ojos, lográndolo con dificultad, para percibir una larga cabellera castaña oscura frente a sus ojos, vislumbrando el comienzo de un hombro y un montón de –lo que parecían ser- perlas, en el comienzo de la cabeza.
¿Una mujer?
Llegar a la superficie hizo que jadeara con fuerza, comenzando a toser toda el agua que había logrado captar, aún tambaleándose en el borde de la inconciencia.
¿Estaba soñando? ¿Cómo es que una mujer lo sacó del agua desde tan hondo?
Sintió oscuridad, tanto por sus ojos cerrados como por la noche en medio del bosque, finalmente su cuerpo cayó en tierra firme.
-Expulsa el agua.- susurró la voz de la mujer que lo sacó, percatándose que era más joven de lo que creía.- Lucha.- insistió, sintiendo una presión sobre su pecho, no debió ser más que apenas presionar con sus dedos contra su caja torácica, pero la sensación fue como la de un golpe de puño.
Volvió a toser, apoyándose contra su costado, su cuerpo temblando al sentir su ropa pegada a su piel, a su espalda, sus costillas; zonas sensibles.
Enroscó los dedos, rasguñando la tierra en el sector donde su cuerpo entero se había inclinado.
Volvió a abrir sus ojos, esta vez viendo más que simples sombras. Pudo diferenciar a una joven tomando sus piernas como su fueran plumas, colocándolas lejos del agua. Rompió la tela con ambas manos, dejando ver el extremo de la flecha enterrada en su carne.
Podría lucir peor.
-No entiendo su afán de sangre.- soltó la muchacha negando con la cabeza. Tomó el extremo de la fina madera, provocando que Kurt se sentara de pronto, extendiendo su mano para detenerla.
-¡La sangre!.- soltó aún sintiendo agua en su interior, provocando que tosiera un par de veces más hacia uno de los lados.- ¡No podré pararla!.- farfulló. Las gotas recorriendo cada centímetro de su piel y desbordando sus labios.
La joven alzó la vista lentamente, su rostro se veía sereno y Kurt tuvo que tomarse un momento para analizarla.
Cada borde de sus pestañas tenía una diminuta piedra brillante, aún luciendo totalmente deslumbrantes en plena oscuridad. Su piel parecía como si no hubiera salido del agua, es decir, tenía gotas resbalando y cayendo sobre su ropa, pero no parecía que sintiera la temperatura baja de ella.
Llevaba un vestido rosa pálido, que perfectamente podría confundirse con su piel, pero era unos tonos más oscura; desde su cintura caían capas y capas de tela, cada una delicada, pulcra y llena de pequeños destellos que parecían ser gotas a simple vista.
Sus pies descalzos, su cabello libre por sobre sus hombros y sus labios de color lila suave.
-Se han ido.- dijo intentando calmarlo.- Los cazadores, se han ido.- agregó en una suave y, Kurt podría jugar; musical voz.
El castaño frunció el ceño. Ellos se basaban en sus localizadores, y mientras esa piedra no dejara de brillar, significaría que él seguía con vida. A no ser que…
-¿Estoy muerto?.- preguntó temblorosamente, mirando a la joven frente a él con temor.
-Faltó solo un poco…- susurró tomando un amplio respiro, cerrando sus ojos a la vez, colocando una de sus manos sobre la superficie de su herida. Kurt se encogió de hombros, dispuesto a cambiar a su forma animal si eso requería que no le quitaran la flecha.- Por favor.- agregó de pronto, su mano creando una sensación cálida y extrañamente, agradable.- No huyas de mi, no te haré daño.
Kurt bajó la vista a su herida en el momento exacto en que la flecha fue jalada hacia fuera, quedándose sin respiración al esperar el dolor inminente, pero sorprendiéndose cuando se dio cuenta que fue indoloro.
La flecha se desintegró en el aire en un suave destello, y su herida fue cerrada, la sangre que estaba siendo derramada devolviéndose con rapidez, sellándose en una marca rosada luego de que la joven pasara su mano por sobre ella.
Kurt entreabrió sus labios, mirándola incrédulo.
-¿Qué eres?.- preguntó sin aliento.
La joven alzó su vista, moviendo sus pestañas con suavidad a medida que examinaba su cuerpo como si no tuviera ropa alguna. Entrecerrando los ojos de pronto, sus labios frunciéndose con y su rostro contrayéndose como si rompería a llorar.
-Cuánto dolor…- exhaló tapándose la boca.
Se puso de pie, alzando una de sus manos, formando un círculo a su alrededor, como si tanteara su contorno a la distancia.
El castaño sintió de pronto un pequeño estremecimiento, abriendo sus ojos de par en par, tocándose el pecho y su mejilla dañada al darse cuenta.
El dolor se había ido.
-Hace décadas que no veía a criaturas como tú.- dijo volviendo a sentarse a su lado, sobre sus propias piernas, dejando que su vestido se extendiera hasta el agua. Kurt se dio cuenta que aún así, parecía no empaparse.- Creí que ya no quedaba ninguno de ustedes.- agregó susurrando, alzando los ojos de pronto, sonriendo suavemente.- Zethout.
-¡Exijo una respuesta!.- exclamó Kurt poniéndose de pie, dando un paso hacia atrás.
El bosque estaba en completo silencio además de sus voces. El castaño pudo percibir uno que otro pequeño movimiento proviniendo de animales nocturnos, sintiendo sus hombros temblar aún por el agua bajando su percepción corporal de calidez.
¿Cómo podía saber lo que era sin siquiera conocerse?
-Soy Rachel.- dijo poniéndose de pie nuevamente, su aspecto y semblante sereno como en cada momento en que le curó las heridas.- Este, es el lago del Hombre Muerto.
Kurt dio una rápida mirada hacia el agua.
Oscura desde una perspectiva alejada, brillante para los sobrevivientes que lograban traspasarla.
-Eso explica porqué no se lanzaron tras de mi.- farfulló Kurt, refiriéndose a los cazadores. Volvió su vista hasta la joven, escaneándola de pies a cabeza con lentitud. Percatándose de pronto.- Eres una sirena.
La chica asintió, volviendo a caminar hacia el agua, sus pies sumergiéndose, mostrando ahora un rastro de escamas rosadas.
-Sé que no me agradecerás.- dijo viendo a Kurt a cada paso.- Porque tu corazón sufre el dolor de tus palabras.- El castaño frunció el ceño, volviendo a su postura defensiva.- Pero debes saber, que salvarle la vida a un Zethout ha sido vigorizante.
-¿Fui tu diversión?.- se burló cruzándose de brazos.- Debo agregarlo a la lista de personas que me ven como un objeto.
-No eres un objeto, Kurt.- dijo, provocando que el ojiazul se quedara quieto y su sonrisa hilarante se borrara.
-¿Cómo sabes mi nombre?.- soltó viendo como su vestido se fundía con el agua, como si comenzara a ser parte de él, porque efectivamente lo era.
-Sé muchas cosas.- declaró encogiéndose de hombros, dándole la espalda, enseñando un gran escote hasta el borde de su cadera.- Sé que temes a ese lugar que llamas refugio.- agregó mirándolo por sobre su hombro, observando a Kurt comenzar a abrir sus ojos más y más. Ver a un Zethout en ese estado, es algo de uno en un millón.- Sé que… un puma negro azabache es lo más cercano a tu concepto de familia.- susurró dando otro paso, como si la tierra fuera infinita en la profundidad del agua, cada vez cubriéndola más y más.- Sé acerca del hombre que te engañó por un discurso ideal.- farfulló como si fuera un recuerdo desagradable.- Y también…- murmuró cuando el agua le cubría hasta el tope de sus hombros.- Sé acerca del joven que cruzó el portal.
Su cuerpo desapareció en medio del lago.
El silencio finalmente reinó cuando ya no quedaban voces que interrumpían su tranquilidad.
El paisaje estaba exactamente igual. El agua siendo una capa lisa, ni siquiera siendo perturbada por la brisa que movía el cabello de un joven con sus ojos abiertos de par en par.
Ambos colmados de lágrimas que no derramaría esa noche.
Nadie se percató de la joven que salió del bosque y se mezcló entre la gente. Nadie pensó que ella sería alguien fuera de lo común. Parecía humana.
Se mezcló entre la multitud. Solo usaba un vestido largo, el corsé que ocultaba sus armas, y una capa que cubría su espalda y piernas, además de ocultar su cabello debido a la capucha.
De cierta forma, mezclarse con los humanos le agradaba. No era algo que se le tenía permitido sentir, pero así era, y no se engañaría.
Le agradaban aquellas niñas que llevaban el cabello de forma extraña, le recordaba a la forma de las cuerdas. Una vez, oyó que le llamaban "trenzas". También le agradaban los caballos en donde paseaban los hombres vestidos con una ropa distinta al resto, se había dado cuenta que la mayoría de la gente agachaba la cabeza a su paso, pero jamás se había atrevido a preguntar el porqué.
La verdadera razón que la llevaba hasta allí, era la comida. No es que se hartara en una gula exagerada, ya que solo tomaba lo que no podía encontrar en el bosque.
En esa ocasión, quería naranjas.
Por lo general, los Zethouts, intentan adecuarse a la dieta correspondiente a su transformación animal, pero era demasiado subjetivo. Ella era partidaria a comer lo que ella requería conveniente, cuando la ocasión se diera. Y estaba segura, que debido a la actitud que tenían el resto de los suyos, pensaban igual.
Bueno, excepto…
Brittany sacudió su cabeza, alejando visiones pasadas y antiguos gritos de su mente.
Continuó caminando, casi tropezándose cuando unos niños corrieron frente a ella, riéndose e ignorando al resto a su alrededor. Continuó, mirando todo a su alrededor como siempre; disfrutando el sonido de sus zapatos contra la calle. Todo lo que la rodeaba le llamaba la atención.
Quizás por eso le dolía tanto el pecho.
Se acercó hasta uno de los lugares. Una sonrisa extendiéndose al ver que habían naranjas.
Un hombre estaba detrás del mesón. Era robusto y con un bigote negro al igual que sus cejas, no tenía cabello. Parecía estar de mal humor, y cortaba con un pequeño cuchillo un par de trozos de manzana que se echaba a la boca, tan solo lanzándolas hasta su lengua.
Brittany se cubrió un poco más con su capa, tapando la parte delantera de su cuerpo, incluyendo sus manos. Se acercó cuidadosamente, aprovechando el momento exacto en que el hombre se volteó en busca de otra fruta dentro de un saco cubierto de una superficie de tierra; para sacar su mano con lentitud, aproximándose hasta tomar la fruta y voltearse a tiempo para no ser vista.
La joven apretó sus dientes en un intento de ocultar ahora su sonrisa. Caminó cierta distancia, enterrando su uña contra ella y comenzando a quitar la cáscara con cuidado.
Blaine apoyó su frente contra el cristal. El carruaje moviéndose un poco, debido a lo imperfecto que era el camino.
-Hijo, te harás daño.- susurró su madre, colocando una mano sobre su rodilla. El joven alzó la vista, lucía derrotado.
El Rey, por otro lado, conversaba con un hombre sentado a su derecha. Revisaban papeles, y releían documentos.
Blaine obedeció. Volviendo al proceso de mirar por la ventana hacia lo que afuera le esperaba a aquellas horas.
Sabía que era innecesaria su presencia en ese viaje. Habían marchado aquella mañana, en busca del economista del reino vecino, que era aquel hombre sentado frente a él, y que ahora conversaba con su padre acerca de inversiones y tratados…
Algún día tenía que asumir ese cargo. Tendría que ser él, el hombre que estaría ahí conversando, creando formas para que su pueblo no se viniera abajo. Dentro de sí, consideraba que si se mantenía una buena organización, se cuidaba el alza de los impuestos y se mantenía un bajo desempleo; la pobreza disminuiría, la gente viviría en paz, y el ánimo estaría estable.
A pesar de que este viaje le había parecido aburrido, cansador, agotador y extremadamente largo – lo que lo había dejado sin horas de sueño- le alegraba saber que su padre se volvía a tomar en serio su labor como soberano.
Las joyas habían vuelto, y a la vez, su cordura.
Blaine volvió su vista a la ventana, ignorando las miradas amables que le propinaba su madre de vez en cuando, ya que entendía lo cansado que estaba.
El bosque parecía un lugar solitario. Demasiado desierto de vida humana, pero sí de suficientes animales y vegetación.
Recordó a Beth por un segundo, y esta vez, entrecerró sus ojos en busca de detalles.
¿Dónde se esconderían los Zethouts? ¿Tendrían tiendas de campaña? ¿Podrían vivir en aquellas condiciones?
¿O es que acaso se mezclan entre ellos?
-Su Alteza.- informó el conductor alzando la voz, agachándose lo suficiente para que el sonido entrara por la ventanilla.- Hemos ingresado al camino de entrada al Reino, por favor prepárense. La guardia real los estará esperando.
Blaine soltó un suspiro sin pudor. Por fin llegaría hasta su habitación, y podría dormir un par de horas antes de que Quinn fuera y le regañara.
En ese momento, ladeo la cabeza, recibiendo los rayos de sol desde la ventana. ¿Qué historia le contaría hoy a Beth?
-Blaine.- habló la voz firme y ronca de su padre.- ¿Qué haces metido en las nubes?.- le regañó negando con la cabeza. El joven se removió en su asiento, incómodo bajo la mirada del economista, aunque Blaine se percató que no se veía tan serio si lo mirabas unos minutos.- Pon atención. Tendrás que saber hacer esto.
-Sé cómo calcular los ingresos, las inversiones e incluso los impuestos y la ganancia que se obtendrá.- dijo, sabiendo el tema del que hablaban por todos los títulos presentes en sus documentos.- Lo leí hace un par de años.- explicó cuando su padre le miró dudoso.
-¿Podrías calcular esto?.- le preguntó, sacando el papel que tenían encima y en el cual trabajaron todo el camino.- Sólo faltan los de al final.- le indicó con una pluma de tinta, entregándosela.
Blaine comenzó a leer los datos., percatándose de que efectivamente recordaba como calcularlo.
Tomó en cuenta las últimas cifras, comenzando a organizarse mentalmente.
Su ceño se frunció, llamando la atención del hombre sentado al lado del rey, mientras que el soberano seguía hablando sobre futuros proyectos.
Blaine volvió a analizar. Calculó nuevamente. Su rostro mirando al techo, y la pluma golpeando su mentón.
Frunció nuevamente el ceño.
Se tomó la libertad de analizar los de más arriba, tachando y volviendo a anotar, terminando por escribir el cálculo total.
-Padre.- lo llamó, interrumpiendo la conversación; enseñándole los papeles.
-A ver, dame eso.- susurró, alzando sus cejas en sorpresa y con algo de molestia.- ¿Qué es esto?
El papel resultó en rayones y números más marcados escritos sobre los otros.
-Los últimos diez cálculos no cuadraban.- indicó con el extremo de la pluma.- Si seguías así, probablemente resultarías con los valores de una inflación severa.- opinó haciendo una mueca con sus labios. Su padre comenzó a toser, siendo siempre su excusa para ocultar el sonrojo que se provocaba por la vergüenza.
El economista sonrió satisfecho hacia el Príncipe.
Brittany estaba sentada en la fuente central. Ésta tenía una serie de estructuras que subían en un pilar, haciendo que el agua de deslizara por cada uno, provocando que el sonido de gotas chocando la relajara.
Sus piernas estaban cruzadas, su capa se deslizaba hasta casi rozar el suelo. La gente seguía caminando a su alrededor.
Pero fue cuando mordió uno de los gajos de la naranja, que la otra mitad salió disparada hasta caer dentro del agua en un sonido seco.
-¿Qué haces aquí?.- siseó un joven frente a ella, apretándole la muñeca. La capa que usaba ondeó, provocando que la capucha cayera en su espalda. La mirada del joven jamás le sería desconocida por lo poco común de ella.
-Kurt.- susurró un poco más calmada. Su corazón latiendo aún debido al susto.- Por un momento creí que...-
-¿Sabes siquiera lo que él te haría si te ve aquí?.- gruñó mirando a su lado, fijándose en que la gente comenzó a murmurar acerca de la escena. La soltó de inmediato, alejando sus manos para volver a ocultar su rostro bajo capucha.- Debes volver.
-¿Dónde estuviste toda la noche?.- preguntó frunciendo el ceño, limpiando sus manos torpemente contra su vestido.-Además, ¿Por qué tú estas aquí si temes del daño?
-A mi me llegará una paliza estando en cualquier sitio lejos del refugio.- farfulló como si fuera obvio, asomando sus ojos unos milímetros por sobre la tela, observando por el rabillo del ojo a las personas que los miraban con anterioridad.
Un guardia comenzó a acercarse hasta ellos.
Su corazón latió con fuerza, subiendo su mano hasta su pecho, como si pudiera detener el ritmo con su extremidad.
Esto no sería bueno.
-¿Cómo le fue en su viaje, su Alteza?.- preguntó la dama de compañía de Elaine, los guardias rodeando el carruaje.
-Fue muy largo, pero estoy feliz de volver.- contestó la Reina, sonriéndole apropiadamente.
El Rey y su acompañante bajaron por la puerta contraria, mientras Blaine lo hacia luego de su madre.
Saludó en un asentimiento a los guardias a su alrededor, dando unos pasos hasta llegar a la entrada del castillo. Sus padres ya habían entrado; se preguntó si sus pies estaban caminando lento por cansancio o alguna razón desconocida.
Probablemente era la somnolencia.
-¡No le haga daño!.- gritó una voz femenina, sonando algo temblorosa.
Blaine se volteó en el momento justo para visualizar la fuente central. El agua brillaba por los destellos de sol, provocando que la escena fuera captada por su visión.
Un guardia parecía estar a punto de sacar la espada de su empuñadura.
-¿Qué dijiste?.- escupió el hombre alzándose por sobre el castaño unos cuantos centímetros, pero éste no se vio intimidado por ello.
-Sólo son valientes, porque tienen una espada.- farfulló Kurt.- Cuando se trata de defender sus ideales o de actuar con la justicia, resultan ser las mascotas del Rey.- soltó alzando unas pulgadas el mentón, una mirada asesina cruzando sus facciones.
-Podrías ir a la cárcel por insultar el nombre del soberano.- anunció el hombre, su ceño fruncido.
Kurt lo recordaba.
Aquel hombre era el que estuvo con la criada del Príncipe y esa pequeña niña rubia igual que ella. No se veía tan inflexible y tenso en esa ocasión. ¿Por qué?
-Él debería ir a la cárcel por su antiguo crimen de tiranía.- soltó en voz baja, provocando que se ahogara un jadeo entre la multitud. Brittany se cubrió la boca.
-Tú te lo buscaste.- anunció sacando la espada en un sonido de filos deslizándose.- ¡Camina!
Kurt entrecerró sus ojos, colocando una mano sobre la empuñadura de su propia espada.
-¡Alto!.- exclamó el Príncipe, su voz haciendo eco entre la gente, provocando que el castaño se detuviera en el acto.
Blaine caminó hasta quedar entre ambos, mirando directamente hacia el guardia con expresión preocupada.
-¿Qué pasa aquí, Puckerman?.- preguntó seriamente.
-Su Alteza.- dijo haciendo un rápida reverencia.- Ambos acaban de robar en el mercado.
-¿Es eso cierto?.- preguntó mirando a ambos Zethouts. Kurt se mantuvo mudo, con una expresión ofendida al detener su diversión.
-No.- contestó Brittany rápidamente dando un paso delante de Kurt.- Eh... Su...¿Grandeza?.- preguntó dudosa de ocupar la palabra correcta.
Blaine frunció el ceño, al igual que la multitud oyente comenzaba a murmurar. No debería ser extraño como tratar a un príncipe. Habían tantos reinos vecinos con sus respectivos soberanos, que no debería ser una palabra desconocida. Claro, si es que estos jóvenes no eran forasteros.
-¿De dónde provienen?.- preguntó Blaine, colocando su mano sobre la empuñadura de su espada como apoyo, su columna irguiéndose. Cada Príncipe tiene su propia presencia. Kurt comprobó que, indudablemente, tenía garbo.
Pero no dejaría que eso le intimidara.
Dio un paso, desplazando a Brittany con la punta de sus dedos, mientras su otra mano se apoyaba en el puente de su nariz. La situación le colmaba la paciencia, más aún si tenían que involucrar al joven que parecía querer ser el héroe de su gente.
-Escuche, su "Alteza".- recalcó con un tono irónico, moviendo su mano, haciendo girar la muñeca lentamente. Puckerman intentó sacar su espada nuevamente, pero se vio detenido en mitad de un paso cuando Blaine alzó su brazo. El Príncipe mantuvo su postura seria.-¿Importa algo de dónde provenimos?.- preguntó extendiendo sus brazos hacia ambos lados, sus antebrazos hacia arriba al igual que sus manos.- El asunto aquí es que me acusaron de algo que no hice.- soltó como si fuera obvio.
-Solo estábamos conversando.- susurró la joven, temerosa por todo lo que ocurría a su alrededor, ahora el constante golpeteo de su corazón siendo realmente molesto.- Disculpe.- soltó entrecortadamente.- Queremos irnos.- agregó tomando a Kurt por el brazo, Blaine se percató que su mano temblaba.
El ojiazul bajó su vista hasta la extremidad de Brittany, si seguían así, se pondría más nerviosa aún, y el castigo por desaparecer una noche, se sumaría a un ataque de hiperventilación en medio de humanos.
-¿No es suficiente?.- preguntó el castaño mirando directamente a Blaine a los ojos. El Príncipe sintió un escalofrío recorrerle la piel al momento en que lo encaró.- Nada fue robado, y merecemos el respeto correspondiente.- agregó tratando de ocultar a la joven detrás de él para que su cuerpo tembloroso no alertara al resto.
Las mentiras era una de las cualidades más desarrolladas en estas criaturas.
-El hombre del puesto central acaba de decirme que la vio.- recalcó Puckerman, apuntando a Brittany, que rápidamente ahogó un jadeo.- Paga por lo que sacaste.
-No ten...- susurró tratando de dar un paso hacia delante, Kurt se volteó al instante.
"Cállate", farfulló Kurt hasta su mente, volviendo a ocultarla detrás de su capa para mirar a ambos hombres. "Si quieres que esto se detenga, deja que yo hable"
Blaine los miró detenidamente, Kurt devolvió la mirada. Jamás había visto unos ojos con tantos colores, y tampoco que se vieran tan decididos y fríos. Cada vez, la teoría se formaba más y más rápido en su cabeza; toda la gente esperando el veredicto final.
Ellos no eran de aquí.
No sabía de qué Reino, ni de que ciudad o país. Pero no pertenecían a este lugar.
Kurt entrecerró los ojos de pronto, sintiendo los dedos de Brittany clavándose en su brazo. Blaine se dio cuenta que sus uñas estaban blancas.
-Pagaré lo que sacaron.- dijo el Príncipe, generando un murmullo general, incluso algunas exclamaciones de entre la gente. Kurt no pareció inmutarse, aunque internamente, sentía que estaba soñando desde que casi había muerto ahogado por culpa de cazadores.- Sin embargo, en caso de que se repita esta escena no podré actuar a su favor.- anunció mirando hacia Kurt directamente, quien simplemente se volteó arrastrando a Brittany con él.
-Gracias.- susurró la joven a Kurt, viéndose más pequeña de lo que era al estar encogida sobre sí misma. Esquivaron al resto de la gente que les hizo un paso entre ellos.
-¡Vuelvan a sus trabajos y a sus hogares!.- exclamó el guardia, haciendo un gesto con sus brazos.- ¡Se acabó el escándalo!.- declaró para que finalmente la gente volviera a sus caminos anteriores.
-¿Aún nos mira?.- preguntó Kurt, desplazándose en un zigzagueo para perderse entre la multitud. Brittany se volteó unos segundos.
-Sí.- susurró en voz apenas perceptible.- Pero…- farfulló frunciendo el ceño, volteándose una vez más para comprobarlo.
-¿Qué?.- gruñó cuando casi chocó con un hombre un poco más alto que él.
-Solo te sigue a ti.- murmuró pestañeando varias veces, confundida.
El castaño pasó un nudo por su garganta, no era bueno que supiera que no vivían allí. No en alguna de las casas del pueblo, para ser más específicos.
"Nos separaremos", declaró mirando rápidamente a sus alrededores.
"¿Dónde irás?", preguntó soltándolo del brazo, relajando su mano aún un poco tensa, extendiendo y cerrando los dedos.
"Te veré en el refugio. ¡Solo hazlo!", exclamó empujándola antes de que pasara una carreta arrastrada por un par de caballos, provocando que fuera oculta por ésta, dándole el tiempo para escabullirse hasta los árboles.
Kurt volteó una vez más, mirando por el rabillo del ojo mientras apuraba su paso. Aún le seguía.
¿Qué quería? ¿Qué buscaba comprobar?
Se detuvo de pronto. Su capa ondeando delante de él, para finalmente caer tras su espalda.
¿Sería posible que sospechara de él?
-¡Blaine!.- exclamó una pequeña niña, su cabello oculto tras un pañuelo en su cabeza; su vestido café rozando sus piernas mientras corría en dirección al Príncipe.- ¡Vi a papá!
El Príncipe recibió a Beth con una sonrisa, provocando que Kurt solo negara con la cabeza, lanzando su capa hacia un lado, caminando rápidamente entre la gente.
-¡Beth!.- la saludó devolviéndole el abrazo, alzando la vista nuevamente en busca del joven. Fue solo cosa de un pestañeo para simplemente perderlo.- ¿Dónde…- farfulló moviéndose de un lado a otro, tratando de encontrarlo.
-¡Papá tenía un traje muy bonito! ¡Solo lo vi unos minutos, pero...- se detuvo, mirando a su amigo.- ¿Qué pasa?.- preguntó siguiéndolo, tratando de mirar a su altura, subiéndose al borde de la pileta central.- Blaine, ¿A quién buscas?
El Príncipe se veía notoriamente perdido.
Estaba seguro de que ese joven ocultaba algo más allá. Lo había encarado frente al pueblo y a un Guardia Real, eso demostraba que no le importaba lo que el resto pensara, o que ni siquiera le molestara lo que pasara con él.
Que no tenía nada más que perder si es que lo llevaban a la cárcel.
-Blaine.- susurró jalando su chaqueta blanca, los botones brillando a la luz del sol.- Luces cansado, ¿No dormiste?.- preguntó captando su atención, el joven abrió su boca, balbuceando torpemente, sin saber si contestar aquella pregunta o comentarle lo que acababa de pasar.- Mamá te regañará...- susurró estirando sus labios en una mueca.
Había oscurecido.
Kurt habría deseado que jamás hubiera oscurecido.
Karofsky lo lanzó contra las mantas, sintiendo el olor a tierra y a humedad a su alrededor, las luces estaban tenues, y el hombre que le miraba parecía totalmente enfurecido. Sabía que en partes se lo había buscado. Ir a devolver lo robado le había acarreado un encuentro inesperado con aquellos cazadores, y casi había muerto...
Llegó al refugio, traspasó el portal en completo silencio y seriedad, para solo alcanzar a percibir la mirada de advertencia de Brittany antes de que un brazo lo jalara con fuerza, siendo arrastrado hasta la oscuridad.
El joven le arrebató las armas, siempre siendo su primer paso antes de comenzar a tirar su chaqueta hasta quitársela, lanzándola hacia un lado. Y así siguió con el resto de su ropa, pero esta vez siendo desesperado. Siempre sentía miedo cuando esto ocurría, cuando sus manos comenzaban a bordear su cuerpo, cuando su lengua recorría su piel, sintiéndose sucio en cada superficie que lamia; creyendo que terminaría por explotar cuando succionaba parte de sus hombros, su clavícula...
Los dedos de Karofsky se clavaron en su cadera cuando comenzó a cumplir las fantasías de su mente. Kurt siempre trataba de dejar su cabeza en "blanco" en esas ocasiones, alejando las punzadas, tratando de no escuchar sus jadeos o los horribles sonidos que podía soltar desde su garganta. Jamás en "negro".
Si dejaba que ese color lo llenara, se perdería rodeado del sitio en el que estaba.
Apretó la tela a su alrededor, cerrando sus puños, dejando que lágrimas corrieran. Esto le provocaba sentirse usado, pero si no lo hacía… sufriría consecuencias peores que esta.
-Eres asqueroso…- susurró entre sollozos, intentando no hacer jamás contacto visual, sintiendo su aliento contra su oído, sus besos desordenados y torpes en sus mejillas y su cuello, chocando contra los bordes de su boca, provocando que aguantara arcadas.
Se tapó la boca, mordiendo el interior de su mano con fuerza cuando la situación había terminado. Temblaba, mientras Karofsky se encargaba de recostarse en el lado contrario; se limpió la nariz y las mejillas, pero era en vano.
Siempre esta situación, era el peor castigo de todos.
-¿Dónde estuviste?.- gruñó Karofsky ya recompuesto, acercándose a agarrar sus pantalones, calzándoselos para luego buscar sus zapatos.
"Salí a revisar el perímetro", susurró tomando un extremo de cualquier manta, tapándose hasta no estar expuesto. No quería hablar entre gimoteos adoloridos, sería más humillante aún.
-No era necesario.- declaró seriamente, colocándose una camisa.- La chica rubia, dijo que no había nadie.
"Debía asegurarme", agregó mirándolo. Karofsky dio dos zancadas, para alzarlo por el mentón, ladeando su cabeza de un lado a otro, como si lo examinara.
Kurt mostró unos colmillos afilados, a pesar de la poca fuerza que sentía.
-¿A quién quieres engañar?.- le preguntó amenazadoramente.- ¿Por qué mientes?
"¿Qué quieres oír?", farfulló soltando el aliento cansado, sorbiendo su nariz. "No veo a nadie. No tengo contacto con humanos".
Karofsky lo miró un par de segundos más, terminando por soltarlo para darle la espalda. Kurt tomó su camisa, colocándosela con lentitud, sintiendo los nuevos moretones formándose en su cintura.
-Me acompañarás esta noche.- sentenció moviendo su cuello, estirándolo y quitando tensión de ellos.- Iremos a cazar.- agregó alzando una ceja, viendo a Kurt ponerse el resto de su ropa, armas y botas.
-¿Para qué quieres compañía?.- preguntó sorprendido, ahora más compuesto que minutos atrás.- Puedes buscar tu comida tú solo.
Karofsky dio un suave pestañeo, sus ojos poniéndose negros y su cuerpo llenándose de escamas. Las extremidades desaparecieron para finalmente dar a conocer una boa que comenzó a arrastrarse hasta llegar a sus piernas, envolviéndolas con su cuerpo y haciendo fuerza contra ellas.
Kurt gimió, sus ojos abriéndose de golpe, provocando que sus uñas fueran garras que rasguñaban su piel. Karofsky aumentó la fuerza, solo un poco más.
-¡Ya basta!.- exclamó golpeándolo con los puños, soltando un feroz un rugido, ahora su cuerpo convirtiéndose en un lobo, su respiración era agitaba, y la mitad inferior de su cuerpo terminando por caer al suelo al sentir sus patas adormiladas.
"Irás, y no permitirás que nadie me estorbe", soltó el reptil, su lengua serpenteando en un siseo para luego voltearse y comenzar a dirigirse hasta la entrada.
El joven volvió a su estado humano, comenzando a acariciar sus piernas de arriba abajo con rapidez.
Algún día esto cambiaría.
Algún día, buscaría como huir de ese contrato.
Beth sabía que esto era incorrecto.
Pero sacar un libro de la colección del Príncipe no era robar, ni siquiera era pedir prestado, ya que la colección era enorme. A veces pensaba que los libros podrían generarse espontáneamente, cada vez sentía que habían más y más, llenando muebles del porte de las paredes.
Lo había sacado cuando Blaine volvió a quedarse dormido a mitad de una historia, tomó el libro sobre Zethouts, y lo deslizó dentro de su bolso del colegio. Para cuando el Príncipe despertó, Beth se había despedido lo más deprisa que podía, antes de que Blaine se percatara de la pérdida.
Quinn dormía a su lado para cuando se levantó, calzándose los zapatos, y tomando una de las velas de su mesita de noche, encendiéndola y comenzando a leer página por página.
La curiosidad de los niños, a veces los lleva a problemáticas más grandes que ésta misma.
Entendió el proceso de metamorfosis, la adherencia de la ropa cuando ocurre la transformación, y leyó acerca de las formas animales que podrían tomar.
Se dio cuenta que la mayoría de los animales, eran de los que podían defenderse.
Jamás eran pájaros, ratones, peces… era como si ser un Zethout los formara para que vivieran en un ambiente salvaje y arriesgado.
...¿Qué pasaría si ella misma investigaba?
Si bien, el libro hablaba desde su formación hasta sus enemigos, dejaba espacios en blanco.
¿De dónde provenían? ¿Qué hacían para subsistir?. Si vivían la misma cantidad de años que su forma animal, ¿Morían de forma natural o…?
Chasqueó la lengua cuando el resto de vela que le quedaba se apagó sobre el platillo de greda sobre el mueble. Cerró el libro y apretó las tapas contra las hojas en su interior.
Pasó su mano contra las letras doradas sobre la portada, sintiendo solo el contorno de sus formas.
No podía quedarse con tantas preguntas. Miró hacia fuera por su ventana, el pueblo entero reinaba en un manto de sueño, la luna iluminando los tejados. Parecía como si todo fuera de color celeste y azul.
Dio un paso fuera de su cama, fijándose en que su madre siguiera durmiendo para seguir más adelante.
Iría tras uno de ellos.
Buscaría donde estaban ubicados, así Blaine podría comprobar su teoría y nadie le creería loco. Quizás era una idea descabellada para una niña de ocho años, pero no podía quedarse allí como si nada con tanta información y sin poder ponerla en práctica.
Se colocó un chaleco y se echó su trenza detrás de la espalda, abriendo la puerta con total determinación.
-¡El lago del hombre muerto!.- exclamó Nick, golpeando el suelo con su pie, como un niño enfadado.- ¿Siquiera va a salir vivo de allí?
-Eso no lo sabemos.- contestó Jeff, sentándose en una de las tiendas que habían construido, todo el grupo estaba devuelta en el antiguo lugar donde se quedaban. Pronto lo cambiarían de lugar, no podían levantar sospechas.
Sebastian frotaba una piedra contra otra, haciendo que saltaran chispas hasta finalmente crear una fogata decente. La mayoría se acercó hasta allí para poder obtener un poco de calor.
-¿Qué tiene que ver el nombre del lago?.- farfulló Wes, extendiendo sus manos hacia las llamas.- Hubiera saltado…-
-No quieres saltar a ese sitio, amigo.- soltó Sebastian, guardando las piedras dentro de un bolso, terminando por sacar su ballesta, comenzando a limpiarla con el extremo de su chaqueta.
-¿Por qué?.- dijo entredientes, sus ojos mirándolo con desdén.- ¿Tienes miedo?
Hubo un silencio en general, todos mirando a Sebastian en su labor que se había interrumpido. Se puso de pie, sacando una de las flechas hasta cargar su arma, apuntando directamente a su entrecejo. Wes contuvo la respiración, tratando de dar un paso hacia atrás, pero sin querer provocarlo.
-¡Te estas comportando como un niño!.- le regañó Jeff, colocando su mano contra el brazo del castaño.- ¡Detén esto!
-¿Sabes que puedo tener una segunda flecha para ti, Jeff?.- le preguntó sin quitar la vista del chico al que apuntaba, su cuerpo comenzando a tiritar como una hoja.
-¿¡Podrías siquiera explicarme por qué reaccionas así!?.- preguntó Wes, su voz temblorosa.
-Ya me hartaste.- declaró el castaño, apretando el gatillo para soltar la flecha.
Lo siguiente que se supo es que dos flechas estaban quemándose dentro de la fogata. Wes tenía los ojos cerrados con fuerza, y la sonrisa de Sebastian comenzó a desvanecerse.
Todas las miradas se dirigieron a Nick, quien aún tenía su arco extendido.
-¡Basta de niñerías!.- declaró volviendo a guardar su arma contra su espalda.- ¡Somos cazadores! ¡Capturamos Zethouts, no nos matamos entre nosotros!.- agregó en tono de cansancio. Sebastian caminó hasta sentarse nuevamente, el resto copió la acción alrededor de la fogata. Wes tomó cierta distancia del joven.
-El lago del hombre muerto.- comenzó Nick, frotando sus hombros tensos, el fuego crepitando frente a ellos.- Son aguas antiguas, probablemente estaban aquí antes de que llegara la civilización al Reino.- declaró removiendo las flechas en el fuego con una rama.- Se cuenta de un forastero que estaba en busca de la cura de su esposa. Estaba enferma, y ambos eran los pilares de la familia que poseían, por lo que, era necesario encontrar una solución. Emprendió un viaje desde muy lejos, preguntó a cada médico, pero parecía que cada vez las posibilidades se agotaban más y más. Cansado, angustiado y con sus ánimos más bajos que el nivel de la tierra, fue en busca de descanso, terminando por bañarse dentro de esas aguas.
-No tiene nada de raro.- farfulló Wes, observando la madera oscurecerse.- Es la típica historia triste con un final abierto.
-No cuando dejó de saberse de él.- gruñó Sebastian, la punta de sus botas calentándose.
-¿Qué quieres decir con eso?.- preguntó ahora alzando la cabeza.
-Se sospecha que estuvo bañándose en el lago.- declaró Jeff, alzando uno de sus hombros.- Otros dicen que probablemente bebió del agua...
-Desde aquel momento el agua es oscura.- dijo Nick, moviendo su cabello hacia un lado.- Se dice que sí sales vivo de allí, puedes verlas en su estado natural otra vez.
-¿Y dudan de un Zethout?.- preguntó hilarante.- Son impulsivos, y torpes.
-Este no.- soltó Sebastian, recordando al joven herido.- Es diferente.
Un zumbido los alertó a todos. El castaño tomó su collar, la piedra brillaba en su cuello.
-Parece que tenías razón.- declaró Wes, revisando su propio talismán.- Este.- sentenció con seguridad. Cargaron sus armas y emprendieron la marcha.
La pequeña avanzó tan rápido como sus pequeños pies se lo permitían.
Llenó sus zapatos de barro a cada pisada, provocando que resbalara sobre una raíz particularmente gruesa, terminando en el piso.
Soltó un gruñido al ver su ropa estropeada, Quinn se enteraría de esto después, y no le agradaría para nada.
Se levantó con cuidado de no volver a cometer el mismo error, procurando tantear el camino correcto entre tanta oscuridad.
Quiso continuar dando un paso entre las ramas de un arbusto que había arrastrado con ella por accidente, cuando se dio cuenta que no podía alzar siquiera su talón del suelo.
Bajó la vista, encontrándose con una piel escamosa, verde y amarilla, además del blanco; rodeada de tierra.
El siseo de su lengua salir por entre sus colmillos le hizo ahogar un grito de pavor, tragando saliva con dificultad. Beth sólo se había enfrentado a serpientes a través de las enciclopedias de las estanterías de Blaine, pero jamás había visto o manipulado algo más grande que una culebra.
-Mamá...- susurró temblorosamente, sintiendo sus ojos aguarse al sentir el miedo comenzar a hacer su cuerpo estremecerse.
El reptil sacó su lengua un par de veces, provocando siseos a medida que avanzaba por su pierna. Beth tanteó desesperadamente a su alrededor, encontrando una piedra aparentemente pesada y húmeda, la cual tomó con la fuerza suficiente para estrellarla contra la cabeza de la serpiente, que se desenrolló, retrocediendo en un siseo exageradamente fuerte.
La pequeña comenzó a correr, tratando de no tropezar y de esquivar las ramas y raíces que se interponían en su camino. Sintió sus ojos aguados comenzando a derramar lágrimas, a medida que escuchaba el sonido del reptil arrastrándose entre la maleza a gran velocidad.
Un grito desesperado salió desde su interior, con la mayor fuerza que sus pequeños pulmones podían expulsar.
Quinn despertó en medio de la noche, sintiendo una brisa fría chocar contra su espalda.
Se talló los ojos, sentándose en su cama, y encendiendo la lámpara de noche para comprobar si de verdad la puerta estaba entreabierta, ya que entre tanta oscuridad no estaba del todo segura.
-¿Beth, fuiste al baño?.- murmuró viendo que el lado de la cama que le correspondía estaba vacío.-¿Beth?.- insistió al no recibir una respuesta.
Se calzó los zapatos y caminó en busca de su hija, sin extrañarse con respecto a la luz apagada, ya que ella no le tenía miedo a la oscuridad.
-¿Beth?...- susurró al ver que el baño estaba vacío.
Sintió su alma caer a los pies mientras se colocaba un abrigo de lana al revés, con una manga colgando. Sus latidos resonando contra sus cienes, y sus ojos comenzando a aguarse con nerviosismo.
Un grito emergió desde la ventana del pasillo, sintiendo su piel erizarse al reconocer la voz de su hija.
-Dios mío.- farfulló mientras tropezaba y casi caía al suelo, empujando la puerta de su casa para salir disparada en una sola dirección. Las casas pasaban a gran velocidad a su alrededor, mientras corría extendiendo las piernas a su máxima longitud.- ¡Blaine!.- chilló con la voz entrecortada, tratando de tomar todo el aire posible para poder gritar otra vez, empujando una pequeña puerta para los guardias y el personal, en una sección del gran trozo de madera que correspondía a la entrada principal.- ¡BLAINE!.- volvió a exclamar subiendo las escaleras, sin preocuparse por su voz siendo oída por los soberanos, estaba demasiado lejos de esa ala del castillo.
El Príncipe saltó en su cama al verse interrumpido su sueño. Intentó convencerse a si mismo que era una pesadilla, volviendo a recostar su cabeza contra la suave almohada, pero un nuevo grito le alertó de que la situación era cierta. Se bajó rápidamente hasta ver su puerta abrirse, dejando caer a la joven contra el suelo, su aliento entrecortado.
-¡Dios, Quinn!.- exclamó corriendo hacia ella.- ¿¡Qué pasa!?.- preguntó tomándola por los hombros, su ropa estaba desordenada sobre sus hombros, su cabello estaba despeinado y sus mejillas algo rojas. Blaine creyó que era la única vez que veía a Quinn tan desaliñada.
-¡Es Beth!.- soltó como única respuesta.
-¿Qué?.- preguntó viendo como empezaba a llorar, agarrándose de sus brazos.
-¡No estaba en la cama!.- exclamó en balbuceos apresurados.- ¡Oí un grito desde el bosque!.- añadió tomándose el cabello, moviendo sus manos desesperadamente por su rostro.- ¿¡Por qué diablo esta en el bosque!?.- se preguntó a sí misma, tanteando su ropa, tratando de ordenarla.
Blaine entonces se volteó a su librero.
Había un ejemplar que no había tomado para su lectura nocturna, porque creyó que estaba en su habitación, terminando por quedarse dormido antes de siquiera buscarlo.
-¡Quinn, hay que sacarla de allí!.- exclamó obligándola a ponerse de pie, empujando la puerta con ella detrás.
Blaine corrió entre las ramas, empujándolas, resbalando, pero manteniendo sus pasos firmes. El frío calaba su piel bajo la tela de su pijama, sus manos adoloridas al empujar las plantas a su alrededor, mirando de vez en cuando a la joven detrás. Solo era una madre terriblemente preocupada.
-¡Corre!.- siseaba agitada.-Dios, mi hija.- agregó con la voz quebrada, limpiándose las lágrimas con el dorso de sus manos.
Otro grito asustado y desgarrador resonó en medio del bosque, haciendo que Quinn se detuviera en seco.
-¡Apresúrate!.- gritó la rubia empujandolo, sintiendo sus piernas volverse gelatina.- ¡Por favor salva a mi hija!.- rogó quitando cualquier base de protocolo entre empleada y Príncipe, quedando sólo la amistad de años.
Blaine se quedó en silencio, y sin perder un segundo, emprendió una carrera a todo lo que sus piernas daban en dirección al grito de la pequeña que consideraba como parte de su familia.
-¡Sueltame!.- exclamó entre lágrimas, sintiendo como su cuerpo escamoso comenzaba a rodear ambas piernas, subiendo y comenzando a hacer presión.-¡Por favor!.- agregó tratando de empujarla con sus manos, pero fallando en el proceso.
Sebastian comenzó a correr, nuevamente todos en grupos separados.
-¡Interesante!.- se rió Jeff observando la piedra, percatándose que tomaba un color azul oscuro.- ¡Son más de uno!.- agregó sonriendo de oreja a oreja, cambiando su rumbo a la derecha.
Blaine siguió corriendo, dejando a Quinn detrás, sintiendo sus botas resbalar contra el barro, empujando con sus brazos más ramas a la altura de su cabeza para así avanzar.
De pronto, escuchó el susurro del roce de las malezas contra algo externo.
No era él.
Miró hacia un lado, logrando visualizar un animal con pelaje castaño, demasiado grande para ser un simple zorro, y demasiado veloz como para ser una persona corriendo en una posición poco común.
El animal fijó los ojos en él. Blaine frunció el ceño. Era el lobo de hace unos días.
No se percató que llegó a un terreno vacío, hasta que tropezó, cayendo contra la tierra, fijándose que su obstáculo era un gran animal... Que tenía a la niña envuelta con su cuerpo.
-¡Beth!.- exclamó poniéndose de pie, tratando de acercarse, pero deteniéndose cuando vio al mismo lobo frente a él, interponiéndose en su camino sin dejarlo avanzar.
Los cazadores siguieron su camino, sintiendo la adrenalina en sus venas y sabiendo que podrían tener éxito. Hasta que escucharon aquel ruido.
-¡Sal!.- exclamó tratando de empujarlo, arriesgando una herida contundente por parte de un ataque, pero sólo recibió un gruñido bajo y una mirada de advertencia por parte del animal. ¿Qué se supone que debe pensar de eso?
¿Estaba tratando de advertirle?
-¡Blaine!.- exclamó la pequeña tratando de zafarse, pero eran como las arenas movedizas, mientras más movimiento y lucha hacia, era perjudicial.-¡Lo siento! ¡Yo no quería...!.- farfulló mordiendo su labio inferior, sintiendo frustración, y sólo queriendo llegar a sus brazos.
-El Príncipe.- susurró Nick, su ceño fruncido al ver a una niña envuelta en el cuerpo de la boa.- ¿Qué hacemos?.- farfulló, todos ocultos entre los árboles y los arbustos, observando la escena lo más sigilosos posible. No podían llegar y salvar el día, si herían a un Zethout y veían su metamorfosis le traería problemas a ellos frente las autoridades.
-Esperar.- susurró Sebastian, manteniendo su ballesta cargada de todas formas, apuntando a la dirección correcta.
-Beth, tranquila.- le dijo lo más calmado que podía dentro de su desesperación.- Saldremos de aquí.
-Quiero a mamá.- agregó con un hilo de voz, al sentir que la serpiente comenzaba a hacer presión contra su caja torácica.
Blaine miró a todos lados, encontrando una gran roca y haciendo esfuerzo suficiente para poder alzarla con la fuerza de sus brazos.
El lobo gruñó, lanzando un sonido ronco, colocándose frente a Blaine. Ahora el Príncipe dudaba con respecto al lobo, entre si lo ayudaba a él, o al reptil que buscaba devorar a la pequeña.
-Me la quitará.- dijo como si buscase que el animal le entendiera.- Si le hace un daño, yo también saldré herido.- agregó sabiendo que lo físico era lo de menos.
El lobo ladeó la cabeza unos centímetros, quizás milímetros casi imperceptibles. Kurt recordó la imagen de aquella mañana. Un Príncipe ignorando si título para abrazar a una niña pequeña.
Amor. Es un sentimiento bastante peculiar.
Se volteó lentamente a la escena, sabiendo que la paliza o el castigo que llegaría después sería más atemorizante que los otros, porque ya sonaba así en su mente. Actuó justo antes de que Beth soltara un alarido al ver que la serpiente mostraba su colmillos, venenos goteando de estos; saltó sobre sus escamas, apresándolo, provocando que se retorciera y Beth se liberara, arrastrándose hasta poder ponerse de pie y caer en los brazos de Blaine, que corrió hasta ella.
El Príncipe observó la lucha entre dos fuertes animales, sintiendo un escalofrío cuando la serpiente mordió a Kurt, provocando que soltara un gemido alto y fuerte.
Sus ojos hicieron contacto con la adolorida mirada del lobo, sintiendo culpabilidad, pero finalmente huyendo con Beth en brazos. No dejaría que su sacrificio fuera en vano.
-Este es el momento.- siseó Jeff sonriéndole al resto, sabiendo que mientras más heridos estuvieran, tendrían más posibilidades de encontrarlo volando bajo.
-No.- susurró Sebastian, luciendo serio, contrario a la ansiedad del resto.- Observen un poco más.- agregó entrecerrando sus ojos, de pronto abriendo de golpe.- ¿Dónde esta la herida?...- murmuró para sus adentros, todos percatándose del hecho a la vez.
-¿Tendrá que ver con…- Wes farfulló, destensando la cuerda de su arco.
Apenas desaparecieron de la vista de ambos, Kurt volvió a su aspecto humano, jadeando y soltando gruñidos al observar su brazo herido, con los agujeros de sus colmillos, el veneno comenzando a circular por su sangre.
-Felicitaciones.- ironizó Karofsky, poniéndose de pie, sus brazos cruzados, y la mirada llena de odio.- ¿Qué crees que hacías?.- agregó agachándose de golpe, tomando el cabello de Kurt, provocando que alzara la cabeza, las lágrimas cayendo nuevamente, parecía que jamás dejaría de hacerlo frente al monstruo que lo trataba con crueldad, que lo usaba, y que lo veía como un objeto cuando le pateó las costillas y se marchó dejándolo sólo.
¿Así de fácil se deshizo de él?
Kurt se puso de pie con dificultad, sintiendo la fiebre comenzar a hacerse notoria, su visión comenzando a hacerse borrosa, y una marca oscura y morada alrededor de la mordida que le causaría la muerte en no más allá de un día si no intentaba detener el flujo del veneno.
-Es el momento.- siseó Nick totalmente seguro, haciendo un gesto con su mentón para comenzar a seguir al joven que se tambaleaba y temblaba, moviéndose con dificultad.- No llegará muy lejos.
El castaño siguió la pisadas del Príncipe, percatándose que sólo había avanzado hasta lo más cercano de la periferia del bosque, casi al inicio de la ciudad.
Sus pasos eran lentos, su mano haciendo presión en la herida, pequeños jadeos siendo exhalados de entre sus labios.
No sabía porqué lo había hecho, no entendía como es que había actuado así de apresurado, sin pensar, sabiendo que la mordida era castigo suficiente y que la patada era un regalo.
-Preparen…- murmuró Sebastian, aprovechando su estado mareado y desorientado.- Apunten…- agregó alzando a la vez su ballesta, fijando el tiro directamente a sus tobillos para bajarlo al suelo…-
-¡Mamá!.- chilló la voz de Beth, escuchando también los cientos de besos que Quinn le proporcionaba en su cabeza. Se detuvieron, mirándose los unos a los otros. Este no era el momento.
-Se nos escapará.- gruñó Jeff, estirando nuevamente el arco. Sebastian detuvo la flecha con su puño antes de que la disparara.
-Morirá de todas formas.- agregó señalando con su cabeza el brazo amoratado del joven, el veneno extendiéndose por su cuerpo.- Ni siquiera podríamos capturarlo para matarlo nosotros. Alguien ya hizo el trabajo sucio.- dio como excusa, mirando a la criatura seguir andando, el sudor bordeando la raíz de su cabello.- Vámonos, no hay caso.- sentenció un tanto desilusionado. Era un Zethout excesivamente interesante. Miró su collar, la piedra vibrando cada vez más tenue, volviendo al color celeste.
Karofsky no estaba en su rango de alcance.
Kurt observó entre los árboles la escena, no entendía qué era todo eso del amor, porque nunca lo había sentido; pero cuando se dio cuenta que una madre podría llorar por una hija, y que otra persona arriesgaba su vida por otra que no tenía lazo sanguíneo... Se comenzó a cuestionar si alguien alguna vez podría preocuparse a ese nivel por él.
Blaine se volteó cuando escuchó un ruido entre las ramas. Se obligó a pestañear un par de veces, frunciendo el ceño cuando reconoció esa mirada del joven de aquella tarde, pero esta vez lucían extremadamente tristes. De pronto los ojos de Kurt se volvieron blancos, sus extremidades flácidas y sus piernas demasiado débiles para siquiera poder mantenerlo en pie, provocando que cayera inconsciente sobre la hierba.
Creo que me demoré demasiado en actualizar esta vez... pero el capítulo es largo en recompensa.
¿Cómo han estado?, yo he estado muriendo de frío y por fin disfrutando de una semana de vacaciones, totalmente libre.
Publiqué el primer one-shot de YTOFM, y ya comenzaré (esta semana) a publicar Roses In The December, así que... preparen los pañuelos. (Por cierto, vieron a los cosplayers de Klaine del evento G4?. Son mi nueva obsesión :( )
Sé que por ahora se ha visto que Kurt es todo sufrimiento, huida y lágrimas... pero viene un poco de calma, y sobretodo... KLAINE. Tranquilos.
Los quiere, ama y adora...
~Carolice
