Capítulo 4
Hermione estuvo probando en todas las tiendas y establecimientos del callejón Diagón y Hogsmeade, pero no encontró ni nadie la ofreció ningún puesto de trabajo. Incluso probó en el Ministerio, donde al menos la escucharían y podrían ayudarla. Le dijeron que a pesar de haber puestos disponibles como barrenderos, éstos sólo eran asequibles para los hombres. Aparentemente, al mundo mágico no le gustaba ver a sus mujeres barriendo por los calles. Era otra peculiar e hipócrita ley de la sociedad mágica.
Estaba claro, que preferían ver a las mujeres mendigando y prostituyéndose.
Luna la ofreció un trabajo vendiendo su revista The Quibbler a los transeúntes, pero no logró vender demasiados más allá de sus fieles suscriptores. Al menos no lo suficiente para mantenerla durante un periodo largo de tiempo.
Neville y Luna serían capaces de darle hasta el último galeón si Hermione se lo pidiese, pero la castaña no quería aprovecharse de su bondad. Además, ¿Por cuánto tiempo tendría entonces que depender de ellos?
Hermione pasaba casi todo su tiempo encerrada en su habitación. Se estaba quedando sin opciones. Sino encontraba una rápida solución, se vería con la necesidad de mendigar por las calles.
Eso, o la otra alternativa que la recibía: la de mujer de compañía que atendían a los Sangrepura que buscaban una pizca de entretenimiento.
Las prostitutas eran horriblemente tratadas por todo el mundo. Eran pagadas para soportar los abusos y la violencia de magos borrachos, todas las personas las acusaban de carecer de moral y amor propio. Hermione sabía con seguridad que ninguna mujer elegiría esa profesión si tuvieran más opciones donde escoger.
Las prostitutas ahorraban lo suficiente para salir del paso y vivir cómodamente, pero pagaban un desagradable precio por ello.
Esa profesión era a lo que más temía Hermione, no quería acabar como ellas; no quería esperar a un cliente en una calle oscura y ser abusada y pegada por cualquier hombre que pasara por allí.
Mendigar era la única alternativa, pero depender únicamente de la generosidad de los transeúntes era algo, según Hermione, arriesgado. Las ancianas habían tenido que recurrir a esa denigrante forma de sobrevivir, antes de que Hermione las encontrara. La chica mantuvo a Delia y Edna fuera de ese camino, pero ya no se vería con la capacidad suficiente de abastecerlas si sólo mendigaba ella sola. La sociedad tampoco era especialmente amable con los mendigos.
Hermione sólo deseaba cerrar los ojos, y esperar a que todo este infierno acabase. La comida se terminaba poco a poco, y el apartamento estaba helado del frío invierno. Edna y Delia se acurrucaban en la habitación, tapadas con toda clase de mantas que pudieron encontrar por el cuarto.
Las tres mujeres no habían probado bocado ese día, por lo que Hermione concluyó que tendría que empezar a pedir por las calles si querían comer al día siguiente. Nunca se había encontrado en tal situación, donde ignoraba cuando podría volver a comer un alimento caliente.
La chica consiguió ganar tres Knuts pidiendo limosna. Dos de ellos fueron de parte de Percy Weasley. La última moneda llegó de parte de un hombre mayor, el cual le dio un terrible manoseo en su trasero.
Mendigar era terriblemente vergonzoso, pero había ganado suficiente para comprar un poco de pan. Tener la barriga llena importaba más que hacer el ridículo durante un par de horas. No había conseguido nada para acompañar al pan, pero no importaba, sabía delicioso. Hermione intuía que era el hambre el causante que todo lo que comiera le supiera bien. En momentos de ayuno, toda miga es buena.
La chica estuvo pidiendo en las calles durante un par de días más, pudiendo comprar un poco de comida para sobrevivir. Pero si seguían así, no podrían pagar la renta del piso, teniendo que vivir en los callejones sucios.
Hermione se sentía miserable, una parte de ella quería preguntar a las ancianas si podían mendigar también, así tendrían al menos una pequeña posibilidad de mantener el piso. Pero no fue capaz de preguntarlas, no era tan cruel. Las pociones mágicas de las abuelas se agotaban poco a poco, haciendo la situación mucho más dificultosa: no tenían fuerzas para salir, ni tampoco tenían dinero para comprar los medicamentos.
Aunque la Gryffindor lo deseara, sabía que no encontraría ninguna vía para poder salir de esta situación inmunda. La angustia y el peso de la responsabilidad en sus hombros empezaban a hacer mella en la chica; siendo incapaz de encontrar una salida.
-Pero si es la Sangresucia.- escuchó ella a su espalda mientras caminaba por las mugrientas calles hacia su piso. Hermione reconoció al instante la voz, pero no quiso voltearse.- Me gustaría poder devolverte la bofetada que me diste el otro día.
-Te lo merecías.- escupió la chica, siguiendo su camino.
El hombre no la respondió, ni dijo nada. Tan sólo la siguió durante todo el trayecto, sin apenas percatarse del paso acelerado de Hermione. La chica sintió rabia y enfado burbujear por todo su ser.
-¿Tienes alguna idea de lo que me has hecho?- preguntó Hermione dándose la vuelta para mirar a los ojos a su eterna pesadilla.
-Te he puesto en un pequeño aprieto, ¿no es así?- dijo Malfoy con su habitual mueca- Sin trabajo, sin ingresos, ¿Qué vas a hacer?
Hermione sabía que ese asqueroso se estaba burlando de ella.
-Simplemente vete a la mierda, Malfoy.- bufó la chica antes de darse la vuelta y continuar su camino.
-Lo menos que podría hacer es comprarte un poco de comida.- señaló él. Si Hermione no hubiera estado tan hambrienta, le habría ignorado y habría seguido con su camino. Pero habían pasado bastantes días desde que ella o las ancianas hubieran consumido otra cosa que no fuera pan.
-Entonces dame el dinero, ya me compraré yo mi propia comida.- dictó Hermione mirándole a los ojos.
-No, no lo harás.- expuso Malfoy mientras alzaba la mano, ofreciéndosela.- ¿Aceptas o no? Solo te lo ofreceré una única vez.
Hermine quiso abofetearle de nuevo el rostro. Todo lo fuerte que pudiera, pero estaba hambrienta y débil. Sólo entonces quiso golpearse a sí misma, estaba a punto de vender sus principios y tragarse su orgullo por una comida caliente.
-De acuerdo.- comentó Hermione comenzando a caminar hacia delante y empujando a un lado la mano de Malfoy. Antes muerta y quemada viva que coger su mano. Se enfrentaría a cualquier burla e insulto que él la hiciese, si con ello podía comer un poco y guardar lo restante para Edna y Delia.
Draco la llevó hasta un restaurante, donde Hermione pidió al camarero chuletas, huevos fritos y patatas para almorzar. Junto a un gran plato de ensalada y un vaso enorme de cerveza de mantequilla.
No se podía creer que estuviera a punto de cenar junto a su archienemigo Draco Malfoy. ¿A qué había sido reducida?
Malfoy pidió un vaso de Whiskey y se recostó en la silla, observándola fijamente sin pestañear, mientras golpeaba tranquilamente su vaso.
Para sorpresa de la chica, él no la insultó en ningún momento. Estaban los dos solos, ahí, sentados en silencio. El observándola y ella por la ventana. ¿Debería de decir algo?, se preguntó Hermione.
No esperaba que él se disculpase, antes se congelaría el infierno mismo.
-Así que mendigando.- comenzó Malfoy. Allá vamos con las burlas, pensó Hermione rodando los ojos- Puedes hacer mejores cosas.
-¿Mejores cosas?- exclamó Hermione incrédula.- No puedo conseguir un trabajo decente, gracias a ti.- murmuró con rabia.
-Eres una chica lista, demuéstralo.
¿Qué se supone que significa eso?, se preguntó la castaña. No pudo meditarlo durante mucho tiempo, porque la deliciosa comida llegó.
Olía a gloría. La comida hizo salivar a Hermione, que miró recelosa el gran plato lleno de comida. Cogió el tenedor vacilante, echando una mirada a Malfoy. Éste seguía observándola.
No duró demasiado antes de que la chica empezase a comer como si no hubiera mañana. Su hambre se calmó en cuestión de minutos, llenándola completamente y dejando la mitad de la comida sobre el plato. Su estómago se había encogido por haber pasado días sin apenas alimentarse.
-Eres atractiva. Tienes recursos.- comentó Malfoy. No había dejado de observarla, incluso mientras había estado comiendo.
-¿Estás diciendo que soy guapa?- Hermione intentó ignorar la dirección peligrosa que había tomado la conversación, y se concentró en el hecho de que Malfoy la había halagado.
Hermione entrecerró los ojos con sospecha; definitivamente el infierno se estaba helando, porque Malfoy le acababa de lanzar un cumplido.
La chica sabía que él estaba detrás de algo; pero el hecho de que Draco hubiera caído tan bajo halagándola a ella, una Sangresucia, valía cualquier vileza y pensamiento maligno que Malfoy tuviera hacia Hermione.
Él simplemente sonrió. Una sonrisa de lado, arrogante, de esas que dicen: 'eres una idiota que no sabe como funciona y quién tiene el poder en el mundo'.
-Lo que digo es que podrías estar viviendo en mejores circunstancias.- añadió el con voz grave.
-No pretenderás que te lleve a la parte de atrás del restaurante y me acueste contigo, ¿no?- preguntó Hermione burlonamente, casi riendo- Si eso es lo que piensas, entonces eres más imbécil de lo que pensaba.
Malfoy seguía sonriendo.
-Bueno, ya terminé.- anunció Hermione levantándose de la mesa y guardando los restos de la comida en una servilleta- Hasta la vista.
La chica camino dignamente hacia la salida del restaurante.
-Espera.- ordenó Malfoy, pero la castaña pasó de él, siguiendo su camino.
Él se levantó rápidamente de la mesa y la alcanzó sin apenas esfuerzo en una esquina de una calle.
-No vayas tan deprisa, Granger. No creo que esto haya terminado todavía.
-Sí, se ha terminado.- indicó Hermione autoritariamente, levantando la barbilla amenazante.
-Un poco de comida dentro de ti y te vuelves una fierecilla.
Hermione le observaba enfadada, diciéndole con una sola mirada que se metiera en sus asuntos y que la dejara en paz.
-Sabes que volverás a pasar hambre mañana, ¿verdad?- expuso él. Hermione sabía que tenía toda la razón, pero no quiso encontrar una solución al problema allí, enfrente de Draco – Yo podría hacer que la situación fuera más fácil para ti.
Aquí viene, pensó Hermione por segunda vez, aquí viene la razón y explicación de su supuesta generosidad.
-¿Qué es lo que quieres?- peguntó desesperada la chica.
-Tan sólo pasa la noche conmigo.
Hermione estalló de risa.- Debes de estar bromeando, Malfoy. Prefiero morir.
-Y que pasará con esas viejas a las que cuidas en tu casa, Granger. ¿Cómo se llaman, Edna y Delia?
Hermione le odió más que nunca en ese momento. Como se atrevía a indagar en su vida.
-Comenzarán a sufrir si nadie es capaz de administrarle sus medicamentos, ¿no es así?- preguntó malvadamente el rubio -Encerradas en un frío apartamento, en pleno invierno, sin que nadie las atienda. ¿Crees que aguantarán toda la temporada a este ritmo?
La estaba intentando manipular, y le despreciaba por ello. Merlín, como lo odiaba.
-Estarán bien.- murmuró Hermione con más convicción de la que sentía, mirando al suelo. Nada más decirlo, se sintió culpable y mala persona. Reconocía perfectamente que no sería capaz de cuidar de ellas.
La chica tuvo que girar su rostro para que Malfoy no descubriera la angustia reflejada en sus ojos castaños.
Draco aprovechó la oportunidad para deslizarse detrás de ella. Alzó la mano y trazó con un largo y blanco dedo todo el escote de su vestido marrón. Hermione se encogió ante tal intimidad.
-Una noche. Sólo una noche, Granger, y yo me ocuparé. Tendréis fuego, madera, comida y medicamentos para esas dos viejas.- susurró Mafloy despacio en su oído.
Hermione se encogió aún más, apartándole.
-No.- gritó.
-Que insensible. Dejarás que mueran.- bromeó el rubio – Mándame una lechuza cuando cambies de opinión.
-No va a pasar. Así que espera sentado.- se auto convenció ella, mirándole fijamente a los ojos- Eres totalmente despreciable, Malfoy, lo sabes.
-Así demuestras tu estúpido y molesto orgullo Gryffindor, Granger.- contestó Malfoy, viéndola marcharse por el callejón- No te importa quien sufra por ello.
-Que te jodan, Malfoy.- gritó Hermione con fuerza desde el final de la calle, dando pasos fuertes y apresurados.
-Estaré esperando a tu lechuza.- gritó él a su vez, antes de desaparecerse.
Hermione corrió de vuelta hacia su apartamento. Quería llorar y destrozar algo, tal vez la cara de Malfoy.
Sospechaba que este había sido su plan desde el principio. No sabía a ciencia cierta por qué, a lo mejor Malfoy simplemente quería verla completamente destrozada, en el ultimísimo escalón de la sociedad: como una prostituta. Quitándola y tomando cualquier pedazo de autoestima que le quedase a Hermione.
Hermione ya ha descubierto las verdaderas intenciones del malo malísimo Draco. ¿Por qué querrá pasar él una noche con ella? Que raro, ya se verá :P
Muchísimas gracias por los Reviews, me alegra que os guste la traducción. Significa mucho para mí.
Para cualquier cosa, sugerencias, opiniones, quejas, críticas, no dudéis en preguntarme.
Os quiere, Hypatiia.
