Vale, aquí otro capítulo escrito en una tarde sin Internet. Agradecer a la falta de señal porque si no, ni siquiera lo habría hecho(?)

Okya.

En fin, espero que les guste y eso c8


La ojiverde sale de la casa con su cyber-amigo, el cual está al lado de ella, cerca. Muy cerca. Lo suficientemente cerca como para que el corazón de la chica quiera salirse del pecho y, seguramente, ir a abrazar al rubio atractivo que la acompañaba.

— ¿Sucede algo, Harley? — Pregunta el menor de los Strider, sin cambiar su poker face, aunque sí sonando algo interesado. — Te ves tensa.

— N-No estoy tensa... — Terminó por murmurar como respuesta la morena.

— Si tú lo dices. — Dijo el mayor. — ¿alguna tienda interesante? — Consultó él, indiferente, casi como si preguntara sólo para sacar algún tema y acabar con este silencio incómodo. Pero así era... Espera, ¿incómodo? ¿Un Strider? Pft, patrañas... Puras patrañas.

— ¿Uh? — La chica no entendió la pregunta y ladeó la cabeza, mostrando curiosidad y confusión.

— Que si hay alguna tienda interesante, Jade. — El chico frunció el ceño y, si no tuviera las gafas, hubiese visto sus ojos entrecerrados que se clavaban en la persona que le acompañaba. — Enserio, tía. Estás algo distraída.

— O-Oh, descuida, Dave. — Sonrío ella. — No es nada. Y en cuanto a la tienda... Hay una de videojuegos al frente del parque, ¿quieres ir?

— Seguro. — Ambos siguieron caminando en un silencio, pero no uno incómodo; un silencio bastante reconfortante en ese momento y lugar, casi como destinado a acaparar aquel ambiente que rodeaba a los adolescentes enamorados. Algo planeado inconscientemente.


Llegaron a la tienda de videojuegos y, como siempre, uno de los amigos de Jade que trabaja allí, saludó con amabilidad:

— ¡Hey, pendeja! — Sí, esa es pura amabilidad. — ¿Qué cojones haces aquí?

— Vengo a ver, Karkat. — Responde ella. Una parte de sí odiaba un poco el mal humor constante de este chico, era como si le viniese andrés todos los días, pero otra parte, aun lo quería. Claro que todo tiene su límite y el chico sabía que era mejor no abusar de ello, pues la conocía perfectamente y sabía, por experiencia propia, que era más que conveniente tener a una Jade feliz y agradable, que a una enojada y seria. — Te presento a Dave. — Ella señalaba a ambos a medida que iba presentándolos. — Dave, Karkat. Karkat, Dave. — Los dos chicos se miraron, o más bien, se examinaron detenidamente, como con sospecha. Luego de esa pequeña batalla de miradas, el rubio volteó para ir a una sección marcada como ACCIÓN y el Vantas volvió a su trabajo.

— ¡Karkat, aquí no hay nada! — Grita un chico, con una voz muy familiar para la Harley, desde el otro lado de la habitación. Más precisamente, desde la sala de empleados, donde también se acumulan cajas de videojuegos que luego ordenarán en cada sección correspondiente. — Tampoco encontr-... ¡Jade! — Grita John, saludando a su amiga mientras sonreía mostrando sus adorables dientes, los cuales se parecían demasiado a los de la ojiverde.

— ¡Hola, John! — Devolvió ella el saludo. — ¿Desde cuándo trabajas aquí?

— Oh, desde que Karkat me lo pidió.

— ¡Yo no te pedí un carajo, pedazo de mierda! — Interrumpió Karkat, sonrojándose un poco. John sólo puso los ojos y luego llevó su atención al rubio parado allí, hurgando entre sección y sección en busca de un videojuego bueno. El ojiazul se sonrojó un poco, a lo que el Vantas lo miraba con algo de... ¿Celos? Puede ser, en el caso de que Karkat lo sintiera así, no se abstendría a negarlo. — Egbert, ve a buscar lo que te pedí antes.

— ¿Eeeh? — Dijo John, él estaba agotado de buscar sin encontrar. Seguramente ni siquiera habían encargado aquel juego que el mayor le mandaba a buscar. Pero como autoridad que era el chico de las ojeras para él, tendría que obedecer. Después de todo, él era sólo un novato en este trabajo. — Bien, pero si no están, tú los buscarás. — El menor hace una especie de puchero adorable y vuelve a la sala de la que había salido con anterioridad, justo antes de poner su atención en el chico de gafas negras.


Mientras tanto, en casa de Rose, luego de que Karkat y John se retiraran para cumplir con su turno laboral, Aradia llegó junto con Sollux para saludar, ya que estaban de camino.

— Hola, chicas. — Saludó Megido, con una sonrisa amable. — Hemos venido a saludar, espero no molestemos.

— No, descuida. — Respondió Kanaya, sonriendo levemente. — No molestan. Pasen, por favor. — Invitó y ambos accedieron, acostumbrados a los buenos modales de la Maryam.

— Y, ¿qué los trajo por mi casa? — Preguntó Rose, no intentaba sonar grosera ni exigiendo una explicación, pero era raro que esos dos se pasaran por allí.

— AA quizo que pazemoz por aquí para hablar de no zé qué. — Respondió Sollux, poniendo los ojos, con su adorable ceceo.

— ... — La Megido intentó ignorar el hecho de que su novio no tenía ni la más mínima idea de por qué habían venido aquí, y eso que se lo había repetido durante el camino. "Gracias por prestarme tanta atención, Sollux." pensó para sí, aunque sabía que, por más que quisiera, no iba a decirle eso. Ella lo quería así como era y eso incluía, por más malo que fuese, su distracción y ego. — Vinimos aquí porque... Kanaya, necesito que me hagas un favor, ¿podrías? — Pidió ella, con la misma sonrisa en la cara; la misma con la que conoció y enamoró al Captor, pero a este ya no le causaba la misma sensación que antes... ¿Por qué? Él se lo cuestionaba todos los días.

— ¿Y qué sería eso?

— Ropa. — Contestó. — Sé que te gusta diseñar y esas cosas... No quiero que me regañes por usar ropa linda para mis escavamientos arqueológicos, así que te agradecería si me diseñaras algo especialmente para ello. — La de los labios verde Jade se quedó pensando, podría ser una buena oportunidad para darle entender, por fin, a la Megido lo que es la moda, incluso si sólo era para ensuciar aquella ropa. Desde que la conoció, sabía que esa chica no tenía ni idea de lo que era ropa de entre casa, ropa formal, ropa deportiva, etc. Estaba segura de que para ella, todo era lo mismo. Y confirmó sus sospechas cuando la fue a visitar a su casa y la vio escavando con el vestido de gala que usó para el casamiento de una amiga cercana. De sólo recordar eso, se le hierve la sangre y le dan nauseas.

— De acuerdo. — Fue lo único que contestó. — En cuanto a la tall-...

— AA, zinceramente, me pareze algo eztúpido utilizar ropa ezpecial para ezaz cozaz de huezoz y cadáverez tuyaz. — Interrumpió Sollux, algo mal humorado.

— Sollux, no es estúpido... — Replicó la chica.

— Zí, lo ez.

— No.

— Zí.

— También es estúpido jugar videojuegos todo el día todos los días de tu vida. — Comentó Aradia, ya algo furiosa por las palabras de su novio. Sabía que a él no le interesaba en lo más mínimo la arqueología, ni siquiera compartían gustos, pero nunca le había dicho algo así, puesto que se suponía que ambos respetaban los gustos ajenos. — Y también es estúpido no prestarle atención a tu novia.

— ¿Me eztáz diziendo que no te prezto atenzión?

— Eso mismo, Sollux. — El chico se rió, pero grave error, pues sólo hizo que el enojo de su compañera de discusión aumentara. Kanaya y Rose se miraban, intentando comunicar lo incómodas que se sentían presenciando una pelea de parejas, e incitando a la otra a que fuera la primera en intervenir.

— Me parece que si se pelean tanto, deberían distanciarse por un tiempo. — Kanaya fue la primera en intervenir, sabía que la Lalonde era buena para escuchar problemas ajenos y aconsejar, pero no para intervenir en ellos de esta manera. — Quizás así amb-...

— No, ¿sabes qué? — Interrumpió la de los labios rojos antes de que la otra pudiera continuar. — Me cansé de que no me prestes atención, ¿para qué sales conmigo si prefieres ver luchar a dos personajes ficticios de videojuegos? — Ella se levantó y se dirigió hasta la puerta, luego volteó y, todos los presentes en la sala, notaron que su expresión se volvió completamente seria y escalofriante de repente. Ella no era bipolar, pero cuando se molestaba, su enojo duraba semanas, e incluso meses en casos graves. — Terminamos, Captor. — Y con eso, se retiró de la casa.

— ¡Me pareze bien! — Le gritó Sollux, más a una pared que a su novia. Digo, ex-novia. Volvió su atención a las dos chicas sentadas en el sillón frente a él. Se tensó un poco y preguntó: — ¿Qué? — La Lalonde suspiró, restándole importancia al asunto, puesto que ni Aradia ni Sollux eran sus amigos, y tampoco era su asunto esa reciente roptura.

Mientras tanto, Kanaya analizaba a fondo la situación, ella tenía en claro que Sollux era bipolar, pero siempre sabía controlarse un poco y Aradia también lo mantenía a raya. De pronto, la ficha cayó como piedra a un estanque. Se ocupó de decirse mentalmente de nunca decir esa frase en alto y habló:

— Sollux, ¿te gusta alguien más que no sea Aradia? — Preguntó ella, con su cara seria y maternal a la vez. — De forma romántica, más allá de amigos y/o hermanos del alma. Novios, más específicamente. — Añadió.

— ¿Q-Qué?

— Bien, ahora responde, ¿quién te gusta? — La Maryam dijo, tomando un sorbo del café que tenía entre manos, mientras pensaba que aquella primera pregunta había sido en vano, pues ya sabía la respuesta. Y era sí. — Sabes que soy alguien confiable, puedes contarme lo que sea. Quizás hasta pueda ayudarte y-...

— KK. — Dijo sin más rodeos Sollux. Sabía que darle más vueltas al asunto y negar la verdad para sí mismo era completamente estúpido. Ya hace tiempo que ocurría aquello, un mes, aproximadamente, pero él se negaba a aceptar estar enamorado de uno de sus amigos en vez de Aradia; la chica con la que había empezado a salir desde hace dos años. Claro que romper luego de una de las relaciones más duraderas que tuvo le afectaba de una manera bastante fuerte como para ser algo poco importante para él. El hecho de que la Megido haya terminado la relación, con una expresión seria y de ira a la vez, significaba que la había cagado de manera impresionante.

— ¿Karkat? — Preguntó Rose, sacando la vista de su libro. — ¿Karkat Vantas?

— Zí.

— Ya veo, pero, ¿no está él enamorado de John? — La Lalonde estaba consciente de que aquello sonaba de típica anciana de barrio que mete sus narices donde no debe, pero si Sollux llegaba a caer en depresión por la ruptura, por poco importante que fuese, ella estaba dispuesta a tratarlo como un paciente más. Para eso, tiene que llegar a fondo con todo eso, metiendo narices donde no debe.

— Algo azí...

— De ser así, vas a tener que esforzarte. Y mucho. — Añadió la de ojos violeta.

— Zí, zí. Lo zé. — Respondió él, pensativo. Si de verdad el Vantas estaba enamorado de ese chico con dientes de conejo, de verdad se le iba a complicar mucho, puesto que, en realidad, Karkat y él mismo no tenían una muy buena relación. Siempre andaban discutiendo y teniendo algunos problemillas debido a los cambios de humor de Sollux, pero aún así, este último sabía perfectamente que lo amaba.

— Aunque... — Empezó a decir la Lalonde, arrepintiéndose al instante de aquello.

— Aunque... ¿Qué, Rose? — Preguntó Kanaya.

— No es nada, descuida. — Sonrió un poco y volvió su atención al libro que antes estaba leyendo, pensando en las buenas posibilidades que tenía Captor gracias a un pequeño y reciente visitante.


Bueno, creo que escribí demasiado. Osea, poco dialogo y mucha explicación/narración y esas cosas... Pero bueno, era necesario.

Y en respuesta a un review de anne di vongola: Descuida, no habrá más hetero de lo necesario e-e.

En fin, espero que hayan disfrutado del capítulo.

Como era de esperarse, supongo, lo escribió Lai, yo, y también escribiré el otro cap. para dejar parejo lo de los dos anteriores escritos por Goty. Creo que se entiende lo que digo.

Nos leemos 8D

- Lai.