HOLA A TODOS GUAPOS Y GUAPAS! Ya esta aquí el cuerto, solo queda el quinto y ya estarán todos cambiados, o quizas haga mas mejoras, pero no lo aseguro eso jeje. Os dejo con este mejorado cap 4, que disfruteis.

4. SED DE VENGANZA

"¡Ellos mataron a tus padres, dejando en coma a tu hermana pequeña! ¡Esa es la verdad Ángela!"

Esas palabras seguían resonando en la cabeza de Ángela, como si fueran tambores acercándose y golpeando con mas fuerza. Mientras, Michelle no pudo aguantarse mas en pie, y cayó de rodillas en el suelo, con Ángela en pie petrificada y muda, con los ojos abiertos e irritados de no parpadear aún, y los brazos en la posición que dejo cuando sujetaba a Michelle por los brazos, como una estatua aterrada.

- ¿Qué…? ¿Qué has dicho? - pregunto Ángela temblando. - jeje, no es posible… Michelle, no puede ser… - decía ella, riendo con un rostro desconcertado, incapaz de creer lo que su amiga le dijo. - Debe haber un error Michelle…

- ¡No hay ningún error Ángela! - negó Michelle llorando mas destrozada. - ¡Yo los oí, Raza lo confesó cuando hablaba con su hijo en el callejón, recordándole que él coopero para hacerlo y así poder casarse contigo sin que nadie lo impidiera! ¡Raza esta interesado en tener la fortuna de tu familia, por eso desea que te cases con su hijo y así tener acceso a ella! - explicó ella frustrada y dolida.

Ángela la escucho sin mirarla ni moverse de su posición, mirando hacia arriba sorprendida y sin poder creerlo aún, pero sabía que su amiga le decía la verdad en sus palabras. Finalmente, las piernas le temblaron tanto que cayó de rodillas como Michelle, quedando sentada frente a ella, dejando colgar la cabeza mirando hacia abajo. Al verla así, Michelle dejo de llorar y la abrazo por la cabeza, pegándola a su hombro.

- Entonces… cuando Raza me amenazó… - dijo Ángela casi sin voz.

- No… eso fue solo obra de él, James se puso furioso cuando se lo dijo, Raza le pegó al desafiarlo… pero si que cooperó en el asesinato de tus padres… seguro que su padre lo planeó todo, con tal de poder obtener esa fortuna tuya…

- No puedo creer que James… él no…

- Se que duele Ángela, pero él no lo negó para nada, y cuando la policía interrogó a Raza sobre tu desaparición, James lo defendió incluso después de ser golpeado y amenazado por él.

- ¿Amenazado?

- Sí… Raza le advirtió de que si te contaba la verdad de todo, lo odiarías y nunca se lo perdonarías, él te ama y por eso pensaba hacerlo pero su padre le ha lavado el cerebro con eso. - contestó Michelle secándose las lagrimas. - Todo a sido obra de Raza, para poder tener tu fortuna sin que tuviera problemas… no estaba de acuerdo que tu, una mujer, tuviera semejante dinero.

- Raza… - nombró Ángela con profundo odio y rabia.

Ahora lo entendía todo, lo de la insistencia con la boda con James, y la amenaza con matar a su hermana en coma, todo. Él fue quién enveneno a sus padres cuando estuvo de viaje, para que así su hijo pudiera proponerle matrimonio sin que sus padres se negarán, y eso provocó que su hermana se pusiera en coma por su delicada salud de su don, él los asesino y la amenazó con matar a su hermana, la única familia que le quedaba. Al entender todo eso, Ángela sintió que su sangre ardía de odio y rabia, deseando tener a Raza enfrente y matarlo con sus manos. Ahora sabía por qué el Conde sabía de esa venganza, por qué sabía todo sobre aquello, ofreciendo su ayuda a cambio de ser su hija inmortal. La verdad, es que ahora le parecía perfecto, ahora podría hacerle frente a Raza sin problemas, pudiendo vengar de él a su gusto.

- "Veo que finalmente sabes la verdad, pequeña mía" - dijo una voz en su mente, la del Conde.

Cuando lo oyó, Ángela se sobresaltó un poco, pero sin que Michelle lo notará. Supo enseguida que eso era otra habilidad de vampiro, comunicación telepática.

- "Me alegra saber que sabes la verdad y que deseas vengarte, es el mejor remedio para ese tipo de dolor pequeña, por eso te ofrecí esta vida… tener el poder suficiente para que ese desgraciado te tema y te suplique por su vida…"

- "¿Acaso pasaste por algo similar?" - pregunto Ángela mentalmente.

- "La verdad es que si… muy pronto me irás conociendo mejor. Ahora, ¿Qué harás con esa chica?" - pregunto el vampiro. - "Sabe demasiado, no es bueno que sepa que estas viva… sabrá que mataste a ese hombre cuando lo digan, debes deshacerte de ella" - dijo él con seriedad.

- "¡No! Ella ha sido mi amiga y a sido muy valiente de contármelo, ¡No tiene por que morir!" - exclamó ella en contra de él. - "Te lo suplicó por favor… no me pidas que la mate, por favor… padre."

Para él, esa era la primera vez que ella lo llamaba así, vio que finalmente lo aceptaba como su padre, y eso le hizo sonreír un poco.

- "Esta bien, lo que tu desees. Me encargaré de que ella no recuerda que te ha visto y todo lo demás, te prometo que estará bien" - juro él con sinceridad. - "Ahora es mejor que volvamos al castillo pronto amanecerá pequeña."

Ángela le hizo caso en eso, podía notar que en verdad el amanecer se acercaba, debía despedirse de Michelle por última vez, aunque no deseará hacerlo en el fondo. Apoyando una mano en el hombro de ella, Ángela se apartó de Michelle para mirarla fijamente, limpia de lagrimas pero aún con los ojos rojos irritados.

- Gracias por decirme todo esto, Michelle… te lo agradeceré siempre… - dijo Ángela con sinceridad.

- No tienes por qué dármelas Ángela, soy tu amiga, debía hacerlo para que supieras como son en realidad esos dos… - contestó Michelle algo sonrojada de vergüenza, pero enseguida se puso seria. - Pero Ángela, te pido por favor, que no hagas ninguna estupidez…

- ¿eh?

- Se que querrás vengarte de ellos, pero por mas que lo desees, eso no te ayudará en el futuro, eso hará que te odies a ti misma… - dijo Michelle, cogiéndola por los hombros y mirándola fijamente. - Se que a pesar de lo que ha hecho, sigues amando a James, por eso se que, cuando quieras matarlo, tendrás dudas de hacerlo, por que lo amas de todo corazón…

- Michelle…

- Por eso te pido que cojas el camino correcto y sigas adelante… por mucho odio que tengas, la venganza no nos ayuda en absoluto, solo hace que el dolor se vaya temporalmente, para después traer otro distinto pero parecido al anterior, no dejes que el odio y la irá te controlen Ángela, no lo hagas… - pidió Michelle con profundo sentimiento de amistad hacia Ángela.

La vampira se quedo sin palabras ante aquello, quedando emocionada y sorprendida, pero a pesar de querré hace caso del consejo de Michelle, ya había tomado una decisión, y era ya imposible cambiarlo ahora. En verdad, amaba a James a pesar de el odio que sentía hacia él por lo que hizo junto a su padre, pero no tanto como a Raza, que jugo con ella y con todos a sangre fría, se aseguraría de que recibiera su merecido castigo.

- Gracias Michelle, lo tendré en cuenta… - dijo Ángela, mintiendo con la mirada baja y dolida. - Tengo que irme ya, lo siento.

Con eso, Ángela se puso en pie, y con mucha rapidez corrió hacia la ventana y salio por ella con Michelle mirando confusa y sorprendida de la rapidez de su amiga, cuando fue también hacia la ventana, vio que Ángela ya había desaparecido entre las plantas del jardín, por lo que, viendo que se acercaba alguien a la habitación, ella también salio por esa ventana, cerrándola un poco después para que no notarán que alguien salio por hay. Entonces, cuando salio de ese jardín, en vez de irse a su casa, fue a buscar a Ángela, temiendo que hiciera alguna estupidez. Pero, justo en ese momento, a un lado de ella, apareció un hombre vestido de negro y con melena negra, que Michelle aún no vio por que estaba ahora de espaldas a él.

- Perdona jovencita, - llamó él detrás de ella, haciendo que se girará algo sobresaltada. - ¿Puedo preguntarte algo?

- ¿eh? - exclamó ella confusa, asintiendo después de cara a él.

- ¿Por casualidad no habrás visto… a Ángela Valirius verdad? - pregunto él con un rostro inocente, ojos cerrados y una sonrisa.

- ¿Cómo?

Antes de poder reaccionar, el hombre ya estaba pegado a ella, cogiéndola por la cintura con un brazo, alzándola un poco del suelo. Entonces, Michelle pudo ver como los ojos de ese hombre eran de un color rojo intenso, mirándola fijamente. Tan encantada se quedo con esos ojos que pareció como hipnotizada por él, estando en trance.

- "Lo siento, pero debes olvidar lo que sabes sobre la familia de tu amiga, y que la has visto esta noche, es por tu bien, aunque me gustaría beber tu sangre virgen para estar ya completamente satisfecho esta noche" - pensó Drácula fastidiado. - "Vale las gracias a ella por esta viva preciosa".

Entonces, el vampiro alzó una de las mano para señalar con el dedo los ojos de ella, que al instante cambiaron a rojos también. Al ver que ya estaba completamente hechizada por él, la dejo libre en el suelo en pie, mirándolo fijamente y inmóvil frente a él.

- Tu no has visto a Ángela… ni sabes nada de lo ocurrido con su familia. - dijo él como hipnotizándola seductoramente.

- ah… yo no… he visto… - decía ella susurrante.

- No has visto a Ángela, ni sabes nada sobre su familia. - repitió él, alejando el dedo que la señalaba a ella.

- No he visto a Ángela, ni se nada sobre su familia. - repitió ella, como obedeciendo una orden.

El vampiro sonrió satisfecho, y cuando sus ojos dejaron de brillar, los de ella volvieron a ser normales y se desmayó al instante, pero antes de caer al suelo de espaldas, el vampiro la cogió al vuelo, posando el brazos por la nuca y la espalda de ella. Entonces, cogiéndola bien en sus brazos, el vampiro se echo a volar, para llevar a la chica a su casa, dejarla en su habitación sobre la cama, profundamente dormida.

- Con esto ya esta todo hecho. - dijo él, antes de desaparecer de la habitación.

En ese momento, Ángela volvía a estar en el tejado donde el vampiro la trajo en brazos, mirando a su alrededor por si aparecía ya. Mientras lo esperaba, le vino a la mente lo que dijo Michelle, sobre no recurrir a la venganza para aliviar ese odio hacia Raza, y menos hacia James que lo amaba. En el fondo quiso echarse atrás, pero era de esas que cumplían su palabra, el Conde Drácula le dio esa vida, para así poder vengarse de aquellos que mataron a sus padres, a cambio de ser su hija inmortal para siempre, era un precio que no le importaba aceptar, ya había dejado de ser Ángela Valirius, ahora era la hija de el Conde Drácula.

- Me alegra saber que no cambiaras de opinión, - dijo una voz. - eso me hace sentir calmado y humorado.

Ángela se giro hacia la voz, y vio que el Conde, siendo una manada de murciélagos, aterrizaba en el tejado cambiando a su forma humana por así decirlo. Entonces, él se acercó a ella hasta estar frente a ella, y vio en ella un rostro perdido y pensativo.

- ¿Qué ocurre pequeña? - pregunto él, sin saber que significaba esa mirada aún.

- Conde… tengo una duda que me acaba de venir a la mente. - dijo ella, alzando los ojos hacia él.

- ¿Cuál?

- Ahora que soy su hija vampira, ya no se me reconocerá como Ángela Valirius ¿verdad? - pregunto ella, él asintió. - ¿Cómo se me conocerá ahora, tengo algún otro nombre que haya pensado ponerme?

- ¿Puede ponerte uno nuevo? - pregunto él, sorprendido pero deseoso de poder afirmar esa duda.

- Ahora soy su hija, puede hacer lo que quiera conmigo, ¿no es así? - dijo ella, sin signo de temor o desconfianza.

El vampiro quedo asombrado ante la nueva actitud de esa chica de pelo negro y largo, viendo seriedad pero pasividad al mismo tiempo, como si en verdad no odiase ser ahora una vampira, ni ser llamada por otro nombre y esas cosas, no tenía dudas sobre su nuevo estado inmortal, y eso dejo asombrado al vampiro, que se rió en bajo, a la vista de ella, que parpadeó un poco confusa.

- juju, si tienes razón, ahora que eres mi hija, tengo que ponerte un nombre con el que todos deben respetarte, ya hace tiempo que lo tengo en mente el nombre… - dijo él con una sonrisa.

- ¿Ah si? ¿Cuál? - pregunto ella algo curiosa.

Antes de contestar, él se acercó mas a ella, y cuando estuvo frente a frente, se inclino hasta estar en el oído de ella y apoyando una mano en el otro hombro de ella, haciendo que se sonrojará un poco. En ese momento, la brisa fresca de la noche sopló por detrás de ella, haciendo que el pelo se moviera hacia delante.

- Ángelus… Drakul. - dijo él en susurro, como seductor.

Al oírlo, Ángela se quedo paralizada, ya que, ese nombre era muy parecido al suyo, solo que sonaba mas oscuro y respetuoso, como el de él. En cierto modo, ese nombre le pegaba a ella, mas que Ángela, ese nombre pegaba a su carácter y su aspecto. Entonces, Drácula se apartó de ella, y la brisa dejo de sopla en ese instante, dejando ver el rostro sorprendido de Ángela.

- ¿No te gusta ese nombre? - pregunto él, viendo su rostro.

- no… todo lo contrario, me gusta mas que el de antes, es como si me hubiera llamado así siempre. - dijo ella, sonriendo un poco en bajo. - Gracias…

Drácula sonrió satisfecho ante ese agradecimiento, y sin esperar mas la abrazo por la cintura para después irse volando hacia el castillo. No tardaron tanto en volver, él aterrizó en el balcón de la habitación de ella, que con su poder abrió la ventana para dejarla pasar primero, y él detrás de ella. Cuando estuvo dentro de la habitación, pudo ver al otro lado de la cama doble roja, un ataúd de color rojo oscuro.

- Eso es…

- Sí, el ataúd que dije que te traería, ordene a mis subordinados que lo trajeran aquí… - dijo Drácula detrás de ella. - Imagine que te gustaría ese color…

- ¿Hay algo de mi que aún no sepas? - pregunto ella, algo burlona y sonriendo.

- Dímelo tu. - dijo él con ironía. - Muy pronto tu sabrás mas cosas de mi, aparté de lo que dicen los libros…

- Supongo que si… - dijo ella.

Entonces, Ángela rodeó la cama para acercarse a ese ataúd, que para ella era hermosa, a pesar de saber que se usaba para meter los cuerpos de los difuntos, y para que los vampiros pudieran descansar también, aunque ellos dos no necesitaran dormir siempre en ellos, solo en ocasiones especial. Cuando estuvo al lado, se arrodillo para tocarlo un poco, notando que estaba limpio y suave, como si fuera nuevo, curiosa, lo abrió, deslizando la tapa hacia abajo un poco, hasta que pudo ver el contenido. Vio que por dentro, los cojines del interior eran de color negro, con una almohada pequeña de color negro también, pero lo que mas le llamó la atención, fue los objetos que había dentro; unas fotos, objetos, y una ropa bien doblada debajo de todo eso, un vestido de color blanco puro, liso y ligero. Confusa, apartó el resto de objetos y sacó el vestido para tenerlo de frente y verlo.

- ¿Qué es esto? - pregunto ella confusa a si misma.

Tan concentrada estaba, que no notó a Drácula detrás de ella, sentado en el borde de la cama observando tranquilo. Él se imagino que ella reaccionaría de esa forma al ver ese vestido en su nuevo ataúd, y no pudo evitar reírse un poco, llamando la atención de Ángela, que se giro de cabeza a él confusa e algo inquieta.

- No te asustes… ese vestido, era el vestido de novia que tu prometido tenía preparado para ti, supe de él y fui a buscarlo para tenerlo aquí, pensé que querías usarlo en algún momento… - contestó él algo divertido.

- ¿Lo pidió James? - pregunto ella sorprendida, volviendo a mirar el vestido, sonrojada. - Es… precioso. - admitió ella, sonrojada pero sonriendo un poco.

- Es verdad, me gustaría verte con el puesto… pero quizás pido demasiado. - confesó él, bajando la mirada con los último.

- ¿Y todo esto que hay en el ataúd? - pregunto ella, dejando el vestido a un lado sobre el ataúd para coger el resto de cosas. - ¿Por qué hay cosas mías dentro de el?

- Siempre se hace esto… aparté de la tierra de tu patria, también se suele tener objeto de tu vida humana, como tesoros… cogí lo que me pareció mas valioso para ti… - contestó él, ahora con seriedad.

- Ya veo, así que es eso… - dijo ella.

Estuvo un rato observando los objetos; las fotos, que eran de ella con sus padres y su hermana pequeña, viéndose felices en ellas, también había otros objetos, joyas que sus padres le regalaron con cariño, y un colgante donde estaba ella y su hermana en cada tapa. Todos estos objetos eran tesoros que su familia le dio antes de lo ocurrido, y quiso guardarlos por siempre, no le extraño que el vampiro supiera de ellos a través de su sangre.

- Gracias por hacer esto… - agradeció ella, de espaldas al vampiro, guardando de nuevo los objetos dentro del ataúd y después cerrarlo.

- Era lo mínimo que podía hacer… ya que has aceptado ser mi hija inmortal, te aseguro de que no te arrepentirás de ello. - aseguro él con seguridad propia.

- Yo también lo creo, siento que ambos nos parecemos en esto de perder a personas queridas, ¿no le parece, padre? - pregunto ella, girándose a él, con el vestido en los brazos, para después dejarlo en la cama junto a él.

- Por tu expresión diría que ya tienes planeado un plan para vengarte pequeña mía… - dedujo él sonriendo sarcásticamente. - ¿Me equivocó acaso?

Ella no contesto a esa pregunta, solamente estuvo observando el vestido blanco bien estirado en la cama, con un rostro serio y pensativo. Con eso el vampiro afirmó sus sospechas, por lo que, se puso de pie y estando detrás de ella, la abrazo por encima de los hombros, apoyando la barbilla en uno, mirando también el vestido blanco, que era también hermoso para él.

- Padre… lo siento pero, tengo que pedirle que haga algo por mi… solo una cosa, nada mas. - pidió ella sin mirarlo, sonando como si se disculpará y le supiera mal algo.

- Lo que quieras, hija mía… no dudes en pedirme lo que sea. - aseguro él en su oído, sacando los colmillos seductoramente.

Ya se hizo de día, y con el hubo avisos de gente encontrada muerta en callejones, sabiendo que eran obra de vampiros. La gente sabía que el vampiro que vivía en el Castillo Drácula, podía salir a la luz del día, pero que no solía hacerlo a menudo, por eso estaban tranquilos a saber que atacó por la noche, eso indicaba de que no atacaría por el día. La policía se ocupo de los cuerpos, ya que, habían abandonado la búsqueda de Ángela Valirius, dándola ya por muerta. Los criados de la Casa Valirius, poco a poco se fueron yendo de allí, perdiendo la esperanza de que su señora estuviera viva, solo la joven criada quiso quedarse allí, limpiando y cuidado de la casa sin descanso alguno, teniendo fe de que su ama volvería pronto.

Durante todo el día, Michelle estuvo en su habitación durmiendo, luciendo cansada y con fiebre, por lo que sus amigas tuvieron que dejarla en casa con su familia cuidándola. James también estuvo en su habitación encerrado, a pesar de los fuertes golpes que su padre daba a la puerta para que abriera la puerta o saliera de una vez de allí, pero enseguida se cansaba de ellos y volvía bajo al bar para trabajar, ya que, su sueño de tener el dinero de Ángela se había esfumado finalmente. Cuando Raza bajo al bar, otro joven, un mensajero, subía por las escaleras con una carta en las manos. Cuando llegó al pasillo, dio unos pasos hasta ponerse frente a una puerta, en la de James. Picó un par de veces con suavidad, viendo que no tenía respuesta, paso la carta por debajo la puerta y se marchó sin mas.

En esa habitación, oscura y cerrada, James estaba encima de su cama, arrinconado en un rincón abrazando sus piernas, ocultando así el rostro. Cuando oyó algo liso deslizarse por el suelo, alzó el rostro, y vio en el suelo frente a la puerta, una pequeña carta, con su nombre en el. Curioso pero sin querer moverse de su sitio, fue a coger esa carta y volver a la cama, la observo entera, viendo que su nombre estaba escrito con tinta roja en vez de negra, y solo vio dos letras, pensó que eran las iniciales de la persona que la envió, "C.D."Sin esperar mas, la abrió y sacó la hoja donde había escrito de esas misteriosa persona. Cuando la leyó, vio que también estaba escrito en rojo, como si se hubiera utilizado sangre, pero no lo creyó posible, y se puso a leer con calma, al principio.

Distinguido James,
Le escribo esta carta para hacerle saber de algo que le interesará saber, algo sobre su amada prometida Ángela Valirius. Le informó de que ella, esta en mi castillo conmigo, disfrutando de mi compañía, en verdad tiene mucha suerte joven, tiene un cuerpo suave y una piel muy hermosa, a simple vista parece una niña inocente, pero ya veo que es toda una mujer, fuerte y valiente, tanto que podría ser toda una mujer de las tinieblas.

James fue leyendo, y no podía creer lo que estaba leyendo, pero también se puso furioso en como ese sujeto le decía esas cosas de Ángela, dando a entender que en verdad ella estaba con él. Intentando mantener la calmar, siguió leyendo hasta acabar de leer la carta.

Si quiere recuperar a su prometida antes de que sea tarde, le espero en mi castillo a media noche, una vez allí sabrá encontrarla en una habitación con luces dentro, yo de usted sería puntual… no soy de esos que esperan a probar bellezas como ella, le aviso por el bien de ella, ya sabe.
Atentamente; C. Drácula.

Drácula, ese nombre era conocido por toda Rumania, aunque no todos creyeran de su existencia, el vampiro Conde Drácula, antiguo rey de Rumania; Vlad Tepes. James no pudo creer que ese sujeto fuera él, y menos un vampiro, pero después de los diferentes avisos de cuerpos muertos en las calles con marcas en el cuello, hizo que creyera en esa posibilidad, y eso solucionaba el misterio de la desaparición de Ángela, que no se encontró en ningún lugar, pero aún había un sitio donde nadie se atrevió a ir a mirar; El Castillo Drácula. Él pensó bien si ir allí o no hacerlo, no podía fiarse mucho de esa carta, pero entonces, del sobre cayó una pequeña foto rota, y cuando James la miró, quedo petrificado y boquiabierto, la foto era de Ángela, y encima de ella había manchas de sangre recientes, eso mostraba que en verdad ese monstruo tenía a Ángela en su poder, y le estaba desafiando a que fuera a buscarla si en verdad la amaba.

James, con ver esa foto, no dudo en su decisión, decidió ir al castillo, poniéndose en pie con firmeza, arrugando la carta en la mano con fuerza y rabia. Antes de nada, pensó que no podía decirle nada de esto a su padre, y menos si se trataba de Ángela, no deseaba que la hiciera sufrir, por lo que decidió ir a buscarla por su cuenta y llevársela lejos de él. James esperó a que estuviera a punto de anochecer para marcharse al rescate. Para que su padre no le viera irse, James decidió irse por la ventana, salto al árbol que estaba justo al frente y bajo al suelo sin hacer ruido.

- "Espérame Ángela, te salvaré de las garras de ese monstruo de sangre" - juro James en su mente, y se puso en marcha.

Mientras, Raza seguía sirviendo copas y comida en la caverna, sin dejar de mirar de vez en cuando las escaleras que llevaban a sus aposentos, deseando que su hijo bajará de una vez de la habitación. Tan concentrado estaba en ello, que se sobresalto un poco cuando alguien puso una mano sobre su hombro, apartándola de un golpe y apartándose.

- ¡Tranquilo Raza, soy yo! - dijo el hombre de la mano, teniéndola ambas alzadas. - Perdona que te haya asustado compañero.

Raza lo miró y vio que era su mejor amigo Cezar, y junto a el estaba el sacerdote mas conocido de la ciudad, el padre Andrei. Cuando los miró, Raza suspiró hondo aliviado, la verdad es que estaba muy nervioso desde hacia tiempo, se sentía extraño, con una sensación de peligro, como si alguien deseara matarlo o algo así.

- Ah, Cezar, padre Andrei, me alegra veros a ambos. - saludo Raza algo nervioso. - ¿Ha que debo el honor de su visita padre? - pregunto.

- Me he enterado sobre Ángela, se que estaba prometida con tu hijo James y quise consolarlo un poco si no te importa, ambos se amaban profundamente. - dijo el padre Andrei con sinceridad. - Espero que no sea mal momento.

- En absoluto padre, viene en buen momento, debe esta mañana mi hijo a estado encerrado en su habitación sin responder a mis llamadas a la puerta, no se que hacer con él. - explicó Raza, encogido de hombros.

- ¡Pues no esperemos mas, vayamos a verle padre! - animo Cezar, que quiso acompañarlo también.

Así fue como los tres fueron hacia allí, pero antes Raza dejo que uno de sus trabajadores se hiciera cargo de todo, y así todo estuvo controlado mientras él estaba ocupado. Subieron por las escaleras hasta estar frente a la puerta de James, Raza dejo que el padre estuviera frente a la puerta y picará en ella. Picó varias veces y no hubo respuesta, y eso a Raza le sacó de quicio, pero se aguanto por tener al padre delante.

- Raza, soy el padre Andrei ¿me recuerdas? - dijo el padre con calma. - Me he enterado de lo ocurrido con Ángela, y he querido venir a hablar contigo… por favor James, ábreme la puerta a mi y tu padre…

Cuando acabo de decir eso, él y los demás esperando a que dijera algo o abriera la puerta, pero no hubo nada. Raza sabía que su hijo no le arriería la puerta a él, pero si al padre y a Cezar, pero no entendió por que aún no lo hizo ni dijo nada. el padre Andrei se preocupado por la falta de repuesta, por lo que pidió a Raza y a Cezar con la mirada que abrieran la puerta, aunque no le gustará entrar por la fuerza. Entonces, los dos usaron su cuerpos de lado para empujar la puerta con fuerza, y de un empujón consiguieron abrirla y entrar. Cuando miraron la habitación, vieron que no estaba James, solo ellos. Vieron que la ventana estaba abierta, dejando entrar la brisa que movía la cortina, y haciendo que unos papeles de encima la cama de él se movieran un poco, eso llamó la atención de Raza.

- ¿Qué es esto? - se pregunto él, al acercarse y ver la carta y la foto de Ángela manchada de sangre. - ¿Qué demonios es esto?

- ¿Qué pasa Raza? - pregunto su amigo Cezar a sus espaldas. - ¿Has encontrado algo?

Raza no contestó, lo que hizo primero fue leer la carta que encontró, sin poder creer lo que ponía. Cuando acabo de leer, sin querer girarse a ellos les dio la carta a Cezar y al padre Andrei, que la leyeron enseguida, y el padre hizo el signo de la cruz sobre si mismo asombrado y aterrado.

- ¡Por todos los santos! - exclamó el padre. - ¡Que Dios este con ellos dos por favor!

- ¡Raza, tenemos que ir a buscarlos enseguida, vamos! - propuso Cezar con seriedad. - ¡Yo y el padre Andrei iremos contigo para ayudarte con ese monstruo!

- De acuerdo, vamos. - acepto Raza.

Raza no podía permitir que ese tal Drácula se quedará con Ángela, ya que, la fortuna de su familia debía ser suya a toda costa, para eso debía casarla con su hijo pronto, pero antes debían recuperarla esa misma noche. Sin esperar mas, los tres salieron de la habitación a toda prisa y a la vista de todos salieron corriendo hacia los caballos para cabalgar al castillo de Drácula.

Ya se hizo de noche completamente, pero aún faltaban unas horas para la media noche. En ese momento, Ángela estaba sentada en la cama de su habitación roja, apoyada en la cabecera con la mirada perdida en el vestido blanco. Con ella estaba Drácula, apoyando en la pared junto a la ventana, donde podía verse el camino hacia la ciudad de Transilvania, por allí vería al muchacho venir al castillo sin problema.

- ¿Crees que vendrá de verdad? No muchos creen que yo exista. - pregunto él, con los brazos cruzados.

- Tengo la sensación de que si, conozco suficiente a James como para venir a ver si estoy aquí en verdad. - dijo ella sin mirarlo. - Él es así, desde pequeño que lo es.

Drácula se giro a su hija, viendo que estaba triste y dolida, al mismo tiempo que rencorosa y furiosa de ellos. Él no tenía que hacerla cambiar de opinión, la convenció para vengarse de ellos, aunque amará a ese joven que le preparo ese vestido blanco que tenia en las manos sobre la falda. En el fondo, deseaba dejar de verla con ese aspecto de tristeza y odio, pero no tardaría en cumplirse ese deseo.

- Antes dijiste que te gustaría verme con este vestido puesto… - recordó ella, riendo en bajo un poco.

- Sí…

- Pues creo que te concederé ese deseo, para mi venganza es la mejor idea que he tenido. - dijo ella.

Entonces, ella se puso en pie con el vestido en mano para dejarlo bien estirado en la cama. Sabiendo que iba a hacer, Drácula se giro a la ventana para estar de espaldas a ella por educación, ya que, se iba a quitar la ropa para ponerse ese vestido. Al vampiro no le falto ganas de girar y verla, pero se aguanto lo suficiente, recordando todo el rato de que era su hija y no su amante.

- Ya, puedes girarte. - dijo ella.

Él así lo hizo, y se quedo sorprendido y fascinado. El vestido de ella era sencillo pero elegante, escote de corazón, con los tirante ni muy finos ni muy anchos, ajustado pero sin que apretará mucho, era de un color blanco puro, dejando ver la hermosa palidez de ella bajo el vestido, no llevaba zapatos, iba descalza, mostrándola mas hermosa con los pies libres, la falda llegaba hasta los tobillos.

- ¿Qué tal me queda? - pregunto ella sonrojada al verlo callado y mirándola.

- Estas… hermosa. - dijo él tartamudeando. - Pareces un verdadero ángel.

- Un ángel de la Muerte, diría yo. - corrigió ella, caminando hacia él hasta estar frente a la ventana. - Debo parecer una niña pequeña, queriendo tener puesto este vestido para llevar a cabo una venganza.

- En absoluto, - aseguro él, estando detrás de ella, acariciando su melena negra y oliéndola. - Ahora eres libre de hacer las cosas a tu modo mi niña… no dejes que los demás piensen mal de ti por ser como eres, a mi me gustas así…

Esas palabras sonrojaron a Ángela, y mas notando que estaba detrás de ella tocando su oscura melena, tan negra como la de él. Entonces, algo llamó su atención, algo que la hizo abrir completamente los ojos, sin poder creerlo. Por el único camino hacia el castillo, iban James cabalgando con su caballo a toda velocidad, con un rostro decidido y valiente.

- James… - nombró ella asombrada.

- Vaya, el héroe si que ha venido, parece decidido a "ayudarte" jujuju. - se rió él al asomarse y verlo. - Y noto que no es el único que viene hacia aquí, tu también debes notarlo pequeña…

En efecto, ella aparté de sentir a James venir al castillo, pudo sentir también el olor de tres humanos mas, entre ellas la de Raza, que hizo que sintiera de nuevo odio por la sangre. Viendo como estaba, Drácula quiso calmarla, y para eso, la abrazo entera, con los brazos incluidos, apretando con fuerza pero sin exagerar, eso hizo que Ángela se quedará quieta de la sorpresa, mirando de reojo al vampiro que apoyó la cabeza en su hombro izquierdo.

- Tranquila pequeña mía… - calmó él con voz algo seductora y apacible. - Ahora podrás saciar esa sed de venganza que deseas dejar de sentir, ten paciencia y espera un poco mas. Recuerda siempre, para los vampiros, aparte de la sangre virgen, hay otras sangres mas sabrosas y deseosas de tomar… esas son, la de los seres amando, y la de los que deseamos que mueran en nuestras manos por algo que nos hicieron en vida… esas también son las mas deseadas y sabrosas, recuérdalo siempre…

Ángela lo escucho atentamente, temblando un poco por qué él la hablaba muy cerca del oído, sintiendo su gélido aliento. Sabia que él tenía mucha razón, solo tenía que probarlo para confirmar esa información. Al notar que estaba calmada, él la dejo de abrazar y se puso al lado de ella, observando el paisaje, esperando con ella que fuera ya media noche.

- ¿Tu alguna vez probaste esas sangres, padre? - pregunto ella, girándose a él.

- No… aún no, pero deseo que pueda alguna vez. - contestó él resignado. - Espero que disfrutes de esta noche, ¿Quieres que, cuando ese bastardo y sus amigos venga… me ocupe de entretenerlos un poco?

- Sí… quiero estar a solas con mi antiguo prometido, solo un poco, sin que nadie nos interrumpa, - dijo ella con cierta maldad y ojos fieros rojos. - perdona que tengas de ayudarme. - se disculpo ella con sinceridad.

- Lo hago con gusto hija, así me alimentare de los otros dos, que no tienen que ver en esto. - dijo él divertido y mostrando los colmillos a la luz. - Falta poco para que sea media noche, la luna esta hermosa ¿ves?

Ella miró que él alzaba la mirada al cielo, y era verdad, la luna, que estaba completa y brillando intensamente, hacia que la noche fuera perfecta y hermosa, pero al mismo tiempo tenebrosa e inquietante para algunos que creían en los seres de la noche, como los vampiros de verdad. Enseguida, el reloj marcó las doce en punto, y el vampiro desapareció de la habitación para dejarla sola y prepararse. En ese momento, James llegaba al castillo, viendo que las puertas estaban abiertas para él, sin temor a nada y sin dudas, entró al galope a la entrada principal, lleno de rocas sueltas de los muros del castillo. Cuando detuvo a su caballo, se bajo de él y lo dejo ir sin atarlo a ningún sitio, ya que, allí no era seguro estar atado, estaba vigilado por lobos, solo que estaban como atentos a algo sin atreverse a atacar, supo enseguida que era por el Conde.

Tragando saliva y cogiendo fuerzas para ponerse en marcha, empezó a caminar hacia la enorme puerta de madera, que estaba medio abierta para que pudiera entrar sin llamar. Desconfiado, miró a los alrededores antes de entrar del todo, viendo que todo estaba oscuro y húmedo, pero tuvo fuerte y encontró una antorcha seca para poder encender un fuego y ver el camino. Por dentro vio que era diferente al exterior, no estaba tan en ruinas, mas vio arreglado un poco por alguien. Dejando de lado eso, busco un camino, y encontró unas escaleras anchas que llevaban al primer piso, y decidió ir por allí. Al llegar allí camino por un ancho pasillo, lleno de cuadros antiguos y llenos de polvo y moho, pudo saber de algunos que eran los reyes y gente noble de Rumania, pero no presto mucha atención en ellos, siguió mirando adelante sin distraerse, pensando que el vampiro aparecería de repente de alguna sombra, pero su atención lo llevo a otra parte.

Cuando camino un buen trecho del camino, vio el final, partiendo el pasillo en dos direcciones, pero en la pared del fondo hubo una puerta medio abierta, que por donde se pudo ver luz dentro, como le indicó la carta; "una vez allí sabrá encontrarla en una habitación con luces dentro", nervioso, quiso ir corriendo hacia allí, pero no quiso hacerse falsa esperanza y encontrarse con el Conde en esa habitación, por lo que camino con calma hacia allí. Cuando estuvo en la puerta, dejo la antorcha en la pared en una percha para ello vacía. Desconfiado empujo con suavidad la puerta para ver desde fuera la habitación, viendo una cama doble de mantas rojas, y al lado una mesita con una lámpara encendida, iluminando un poco la habitación roja carmesí. Con cuidado y atento a su alrededor, James entró en ella y cerró la puerta con cuidado, poniendo el seguro.

Una vez dentro, miró la habitación entera, viendo que no había nadie a la vista, ni el vampiro… ni Ángela. Al ver eso, James apretó los dientes con fuerza, frustrado y humillado, viendo que ese sujeto lo había engañado. Eso fue lo que pensó, apretando las manos con fuerza y la mirada baja furiosa, estando a punto de llorar.

- James…

Él se sobresalto al oír esa voz nombrar su nombre, y se giro a sus espaldas, y lo que vio lo dejo sin palabras y paralizado del asombro, delante de él, de pie frente a la puerta cerrada, estaba ella, su amada prometida Ángela, vestida de blanco con el vestido de novia que él encargo, eso lo sorprendió mas, viendo que le quedaba hermoso y espectacular.

- Ángela… - nombró él asombrado, girándose a ella completamente con lentitud, sin poder creer que fuera ella. - Eres tu…

- Sí James… soy yo, estoy aquí… - aseguro ella con una sonrisa angelical.

Entonces, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos, ella empezó a acercarse a él con paso lento y firme. James la miró de arriba abajo, sin poder creer lo que estaba viendo, a su amada con el vestido blanco, pareciendo un ángel en la tierra, mostrándose ante un humano que amaba. Pero, cuando la tuvo enfrente, pudo ver que ella estaba cambiada físicamente; la piel estaba mas pálida y blanca, pero era hermosa, las uñas de las manos eran blancas y puntiagudas, como si fueran garras cuidadas con cuidado, pero lo que mas se fijo fue en el rostro de ella; ojos rojos como la sangre, cuando antes eran marrones oscuros, labios rojos y dientes mas blancos que antes, aparte de tener un rostro pálido pero a la vez hermoso. Cuando lo tuvo enfrente, Ángela no pudo resistir el deseo de tocarle el rostro con la gemas de los dedos, dejando que él tomará lo fría y dura que estaba, como solían estarlo los muertos, eso lo hizo cambiar su rostro contento a uno dolido y triste, viendo que era ya tarde, pero aún así no deseaba dejar de mirarla.

- Ángela, tu ya estas… - decía él sin poder creerlo. - Él te ha…

- No temas mi amor, sigo siendo yo… a pesar de no ser ya humana y no tener calidez en el cuerpo… - dijo ella con una sonrisa angelical, que dejo hipnotizado al joven. - A pesar de que podría matarte con estas manos, no muestras ni pizca de miedo hacia mi, sino amor, pero también veo algo mas, y no se que es…

- Ángela… - nombró él de nuevo, con los ojos temblando irritados. - Tu estas muerta, ese monstruo te ha convertido en un bebedor de sangre como él…

- Lo se… es algo que yo escogí mi amor…

- ¿Qué? ¿Por qué hiciste tal cosa? - pregunto él confuso y sorprendido, posando una mano suya sobre la de ella en su rostro.

- Para poder saber quién fue el desgraciado que mato a mi familia, y poder vengar su muerte y el estado de mi hermana… - contestó ella, desviando la mirada hacia abajo. - James, tu ahora me odias ¿verdad?

- ¿eh? ¿Qué dices?

- Me odias por qué soy ahora un monstruo… y también por que soy rencorosa, el haber elegido esta vida para buscar venganza contra el asesino… - aseguro ella, seguro de lo que pensaba. - Es normal que me odies ahora, iba a ser tu esposa…

- ¡No es cierto! - exclamó él en voz alta, sobresaltándola a ella y volviendo a mirarlo. - ¡No te he odiado nunca ni pienso hacerlo ahora, nunca!

Acto seguido, él la abrazo con fuerza por detrás de los hombros, sin temor a que ella lo matará por accidente, se lo merecía. Ella ante ese abrazo se quedo petrificada, asombrada de las palabras de él, tanto que no pudo evitar echarse a llorar, ocultando el rostro en el hombro de él. Entonces, con timidez y duda, ella le correspondió el abrazo, poniendo su cabeza de lado sobre el pecho de él, oyendo claramente los latidos de su corazón, eso hizo que sintiera la sangre correr por sus venas, dándole sed de sangre, poniéndole los ojos brillando excitada.

- No me importa nada si eres una muerta o no ¿me oyes?, nunca te odiaré y dejaré de amar. - confesó él con profunda sinceridad y seguridad.

- Se que eres… sincero, James… - dijo ella, abrazándolo por detrás de la nuca y el omoplato, subiendo la cabeza hacia él sin despejar la cabeza de su cuerpo. - Y a pesar de temerme miedo, deseas estar conmigo a pesar de todo, pero…

Entonces, ella se apartó de él, apoyando las manos en el pecho de él para alejarlo un poco, eso dejo confuso a él, que parpadeo un par de veces mirándola. Después, ella se giro y dio unos pasos hacia delante, alejándose de él estando de espaldas, con la mirada baja y una mano en el pecho cerrado.

- ¿Ángela?

- Desearía que estuviéramos juntos James… pero eso ya no es posible… - dijo ella, sonando sería ahora. - Lo deseo con todas mis fuerzas, pero…

- ¿Por qué no podemos? - pregunto él acercándose a ella. - ¿Por qué crees que no podemos?

- ¡No te acerques mas! - exclamó ella, eso a James le sobresalto un poco asustado.

- pero… ¿por qué? - pregunto él. - No tenemos por qué estar separados por ser diferentes, si él pudo hacerte vampira… entonces tu también puedes hacerlo conmigo, así estaremos…

- ¡No! - se negó ella sin girarse aún. - Ojala hiciera eso, pero hay algo que no me deja hacerlo… algo que debiste decirme hace mucho tiempo…

- ¿Qué? - dijo él confuso, sin saber de que hablaba. - Ángela, ¿qué intentas decirme?

- James… se de ante mano que debes confesarme algo… una cosa que debiste decirme si de verdad me amas… - dijo ella enigmáticamente, aun sin girarse, empezando a temblar.

James seguía sin entender de que hablaba ella, por eso intento acercarse mas a Ángela, pero, de repente y en un instante, se vio tumbado violentamente en la cama, sujetando por el cuello por la mano de Ángela, con ella encima de él, inmovilizando las piernas con las suyas propias, mirando fijamente a James, con seriedad y frustración.

- Ángela… ¿Qué estas…? - pregunto él confuso y algo asustado pero sin atreverse a mover.

- James, no te hagas el tonto conmigo por favor, ya deja de fingir… - suplicó ella dolida, mostrando los colmillos. - Ya lo se todo… pero quiero que me digas que no es cierto, por favor te lo suplico…

James quedo sorprendido, mirando como ella estaba sufriendo, viendo como de esos rojos salían gotas de sangre, supo entonces de que los vampiros lloraban sangre, las gotas cayeron sobre él, que no quiso dejar de mirarla, viendo su dolor y sufrimiento. Entonces, lo supo, entendió de que iba todo aquello, ella en verdad sabia la verdad, de que él y su padre mataron a sus padres, dejando a su hermana en coma por el veneno, y ella le estaba pidiendo que le dijera que no era cierto, cuando sabia que era verdad, pero deseaba que no lo fuera.

- Por favor, James… - suplicó ella de nuevo.

Sin poder aguantarse mas, se echo sobre él rendida, apretando los puños contra la camisa de él con fuerza y ocultando su rostro en el hombro de él. James no supo que hacer, estaba allí quieto sin saber que hacer o decir, mirando el techo dolido por ver sufrir a su amada Ángela, por su culpa y de su padre, pero él mas que nadie, ya que, él la amaba, tanto como ella a él, y aún así, fue capaz de matar a su familia por tenerla, siendo utilizado por su padre, eso no tenia excusa alguna.

- No es cierto que… los mataste tu también ¿verdad, James? Por favor dime que no es cierto. - pidió ella sobre su hombro.

- Ángela… yo… - dijo él indeciso, pero al final no quiso mentirle mas. - Sí, lo hice…

Al oírle decir eso, ella se apartó de él y lo miró fijamente, con los ojos rojos y machada de sangre derramada, viendo que él lo decía en serio, con una mirada directa y sin temor o duda.

- Yo deseaba que fueras mi esposa, pero tu padre no lo aprobaba por algún motivo… por eso mi padre me convenció de matarlos mientras tu estuviste de viaje al extranjero… - explicó él sin dudar.

- No puede ser cierto… - se negaba ella, con los ojos temblando de horror. - Tu no pudiste hacer tal cosa…

- Mi padre insistió en ello, y al final accedí a ayudarlo con el plan, para que así no necesitará el permiso de nadie para proponerte matrimonio… después, supe que él te amenazo con matar a tu hermana si lo cancelabas, y era normal que quisieras hacerlo, estabas destrozada, y yo también lo estaba por lo que hice… pero él no podía permitirlo, deseaba el dinero que heredaste para darle uso propio, no le hacia gracia que una mujer tuviera tanto dinero en mano…

- No… no… ¡No…! - negaba ella temblando. - ¡Estas mintiendo!

- No miento Ángela, con mi padre… maté a tus padre y deje a tu hermana en coma, dejándote sola…

- ¡Mientes, estas mintiendo! ¡Cállate por favor cállate! - suplicaba ella a gritos.

James sabía que le costaría aceptarlo, pero era la pura verdad, y tuvo que decírselo. Entonces, ella lo miró fijamente, viendo que él no cambiaba su mirada, solo cerraba los ojos dolido y arrepentido de lo que hizo, eso confirmo de que era todo verdad, y eso ella no lo soportó. Acto seguido, ella lo cogió del cuello de la camisa y lo arrastro hasta la cabecera de la cama con fuerza, pegándose a él con odio y furia, mostrando sus ojos rojos brillando y sus colmillos apretados con fuerza, él no mostró miedo, sino dolor de verla sufrir de esa manera.

- ¿Cómo pudiste? ¡¿CÓMO PUDISTE HACERME ESTO SOLO POR QUERER SER MI ESPOSO, MALDITO? - Exigió ella a gritos, con todas sus fuerzas. - ¡Me has arrebatado todo, mis padres, mi hermana, mi vida! ¡POR EL SIMPLE HECHO DE SER TU MUJER Y HACERLE CASO AL DESGRACIADO DE TU PADRE QUE SOLO DESEABA EL DINERO DE MI FAMILIA, MISERABLE!

James no se defendió, ya que, también se decía esas cosas a si mismo, echándose a llorar de culpa y odio a si mismo. Ante tanto dolor y odio, Ángela no pudo evitar poner las manos sobre el cuello de él para estrangularlo al instante, pero los dedos no quisieron hacer ninguna fuerza en él, pero si temblaban sin parar, y todo el cuerpo de ella tembló, sin atreverse a matarlo. James no se movió, tuvo los brazos estirados y inmóviles, a pesar de tener esas frías y duras manos de vampira en su cuello, no opuso resistencia y cerró los ojos como esperando a que lo matará ya, y eso dejo a Ángela confusa, con los ojos abiertos y mirándolo fijamente, viendo que en verdad no quiso liberarse ni huir, y no parecía estar haciendo eso por miedo ni terror, sino mas bien como aceptando su castigo, aunque fuera de un monstruo.

- ¿Por qué… no te defiendes? - pregunto ella confusa y temblando al contener su fuerza. - ¿Por qué no intentas resistirte?

- ¿De qué me serviría? Eso no me ayudaría a quitarme de encima el dolor que te he hecho, por eso tienes todo el derecho a matarme en persona, no por ser un monstruo… por ser tu. - contestó él, abriendo los ojos decidido y directo, con voz apenada y culpable.

- ¿Deseas de verdad que te mate? ¿No deseas vivir? - pregunto ella.

- Sin ti no, y con ese odio aún menos, se que nunca me perdonarás por ello, por mucho que hubiera sino mi padre… yo también participe en el plan. - confesó él. - Así que hazlo, antes de que cambies de idea. Vamos, mátame con tus propias manos y libérate de una vez de este dolor que sientes.

Esas palabras dejaron petrificada a Ángelus, que lo miro fijamente, viendo que no estaba asustado y decidido a morir en sus manos, por muy enamorado que estuviera de ella, se odiaba de haberle echo eso, lo veía en sus ojos. No supo que hacer y se quedaron así los dos.

En esos momentos, Raza y sus compañeros iban cabalgando a toda velocidad por el camino que llevaba directamente al Castillo de Drácula, rodeado de bosque, lleno de lobos y otro animales que los oían yendo por ese camino. Cesar llevaba en mano una escopeta por si los lobos aparecían, en esa época estaban agresivos y hambrientos, y ya habían probado la carne humana. Raza miraba para adelante sin desviar la mirada ni un momento, deseando que se viera el castillo ya, y no tardó en concederse el deseo, al final del camino, se pudo ver el castillo, con las puertas abiertas, pero la entrada estaba vigilada por lobos, por que lo Cesar uso su escopeta para ahuyentarlos o matar algunos para que se fueran, y finalmente entraron a toda prisa al castillo, bajando rápidamente de los caballos y entraron para luego cerrar las puertas para que los lobos no entraran.

- arf, arf… ¡Malditos animales! - exclamó Cesar jadeando agotado de la carrera. - ¡Son unas autenticas bestias!

- Pero nada comparadas con el monstruo que vive aquí. - contradijo Raza, estando mas adelante. - Esos animales le obedecen a voluntad, por eso vigilaban la entrada, a nuestra espera.

- Eres listo cuando quieres amigo. - dijo una voz en eco.

Cuando oyeron esa voz, todos se pusieron alerta, y Cesar les paso a Raza y al padre una escopeta cada uno para estar armados. Entonces, fijaron la mirada en los alto de la escalera que hacia a la entrada, viendo al final de ella a un hombre vestido de camisa blanca y pantalón negro desarreglado, con una melena negra desordenada y una mirada fiera de ojos rojos y colmillos afilados, vieron que en verdad el Conde Drácula existía.

- Señor por favor, protégenos de este ser de las tinieblas, - rezó el padre exclamando una cruz sobre si mismo.

- Ni los rezos ni las balas os protegerán de mi caballeros, por mucho que queráis matarme. - aseguro Drácula confiado. - Les felicito por haber llegado aquí enteros, traspasando la barrera de lobos.

- ¡Nos subestimas demasiado, monstruo chupa-sangre! - exclamó Raza furioso. - ¡Vengo a por mi hijo y su prometida!

- Lo se, pero desgraciadamente no es posible eso, sobretodo cuando usted me lo esta pidiendo, señor Raza. - dijo el vampiro con naturalidad.

- ¿De qué esta hablando? - pregunto él apuntándole con la escopeta como todos. - ¡Usted no me conoce!

- Yo no… pero "ella" si, de sobra. - dijo él enigmáticamente con una sonrisa sarcástica y perversa.

Eso dejo desconcertados a todos excepto a Raza, que supo enseguida de quién hablaba, y eso lo sobresalto un poco, haciendo reír al vampiro cuando vio esa expresión en su cara. Ante eso, Raza carga su escopeta y dispara al Conde, dándole en el hombro haciendo que retrocediera un poco, pero sin gruñir o gritar de dolor, solo quejarse un poco en bajo y reírse después.

- jeje jeje. - rió Drácula entre dientes, volviendo a su posición como si nada, dejando que ellos vieran como su hombro se regeneraba al instante.

- Monstruo… - exclamó Cesar sorprendido y aterrado sin dejar de apuntarle con su escopeta.

- Podéis sentiros afortunados, ya que sois los primeros que seguís con vida después de que me hayáis disparado, ya que, solo tengo que reteneros aquí si sois listos y os vais por donde habéis venido. - dijo él. - Os lo digo por vuestro bien.

- ¡No hasta que me entregues a James y a Ángela ahora mismo chupa-sangre! - exclamó Raza nervioso y harto de la actitud del vampiro.

- ¿Entregarte a Ángela? Je, ya es tarde para eso, y también para tu hijo. - dijo él con ironía.

- ¡¿Qué? - exclamo Raza.

- Ahora mismo, tu hijo esta con su amada prometida, confesándole sus crímenes por ti, cosa que tendrá un precio… un tanto sanguinario y personal para ella. - explicó el vampiro. - Por eso no puedo dejaros pasar, necesitan estar a solas un poco mas, además… dos de vosotros no deberían estar aquí, solo usted.

Drácula dijo eso último señalando a Raza con el dedo, con el brazo completamente estirado y vacilante. Ante lo que dijo, todos se miraron entre si confuso y asustados, sobretodo el padre, que con cada momento que estaba ante el vampiro, iban temblando mas y mas. Cesar no entendía eso de "confesar sus crímenes" y miró confuso a Raza que estaba de espaldas a él, viendo que estaba furioso y inquieto.

- Sabe de que hablo, ¿verdad Raza? - pregunto Drácula sarcásticamente. - Ella acudió a mi para descubrir el crimen que tu y tu hijo hicisteis contra ella… y ahora que lo sabe todo, su "sed" se saciara contigo, pero antes con su amado… que ahora odia con todas sus fuerzas…

- Maldito… ¡LA HAS CONVERTIDO EN LO QUE ERES, ¿NO ES ASÍ? - Exclamó Raza al entender al instante lo que decía.

- Ella lo eligió, prefirió eso ante que seguir aguantando ese sufrimiento que le diste y la amenazas de matar a su hermana pequeña. - dijo el vampiro vacilante, bajando unos escalones. - Y ahora esta mejor que nunca, a mi lado como… mi hija.

- ¡MONSTRUO DESGRACIADO!

Al maldecirlo a gritos, Raza empezó a disparar a quema ropa, y los demás también lo hicieron asustado de ver al vampiro acercarse mas a ellos. El vampiro bajo por las escaleras con tranquilidad a pesar de las balas que estaban recibiendo en el pecho, pero enseguida se harto y dando un salto traspaso a Raza para aparecer detrás de Cesar, que no reaccionó a tiempo.

- ¡Raza, detrás! - aviso Andrey.

Pero fue tarde, Drácula lo cogió por detrás, quitándole el arma y alzándolo del suelo con él hasta varios metros, y a la vista de todos, clavo sus colmillos en él, dejando que la sangre brotara a chorros y cayera al suelo, desangrándolo por segundos. Ante tal horror, el padre Andrey aterrado decidió irse de allí, suplicando a su Dios que lo protegiera, dejando a Raza allí ante el vampiro. Viendo que estaba ocupado con su amigo, Raza aprovecho para subir por las escaleras e ir a buscar a su hijo, antes de que fuera tarde. Cuando acabo, Drácula dejo caer sin mas el cuerpo muerto de Cesar, que tenía los ojos abiertos de terror, y después él también bajo al suelo junto a él, mirando sin pena ni nada el cuerpo, después fijo la vista hacia donde el otro escapo, sonriendo divertido, sin preocuparse en absoluto, había tiempo de sobra para ella pensaba.

Ángela seguía sin saber que hacer, y James estaba esperando sin prisa ni miedo a que lo hiciera, pero vio que ya estaba empezando a dudar. Inseguro de si ella le dejaría o no, alzó la mano para poder tocarle el rostro, y ella se sobresalto un poco pero le dejo hacer, sintiendo su calida y suave mano sobre su mejilla, que tocó con su mano, pegándola mas. Entonces, ante tanto dolor y sufrimiento, ella volvió a llorar sangre. James la miró apenado y culpable, sintiendo la fría piel de ella y su sangre tocando su mano, deslizándose hacia abajo por la gravedad.

- Ángela… - nombro él, cayéndole una gota de sangre en la cara, pero no le importo.

- Ya no me llamó así James, ahora soy Ángelus, hija del Conde Drácula… - dijo ella, apartando su mano de la cara para dejarla en su sitio. - Ya no soy humana, soy como él… un monstruo bebedor de sangre con forma humana…

- Para mi sigues siendo la misma… aunque me matarás seguirías siendo la misma para mi… - confesó él con sinceridad y sin duda.

- La misma a quien mataste a su familia por idea de su padre, dejando a su única hermana en coma, que nunca saldrá. - recordó ella enfurecida. - No James, ya no soy esa chica que amaste, por qué… el Conde la ha devorado, dejando a este monstruo vengador…

James quedo sorprendido ante esas palabras, y antes de poder decir algo, la vampira morena se inclino sobre él para lamer y besar su cuerpo mientras destripaba su camisa con sus afiladas uñas blancas como garras sin dañar apenas la piel. Él se mantuvo quieto, ya que, esa sensación era seductora y placentera, que lo dejaba petrificado de placer y deseo, incapaz de resistirse. Ella podía sentir la sangre de él por todo su cuerpo, circular por su excitación, deseando tomarla ya, pero se resistía a ello con todas sus fuerza, dudando de que hacer y que no. Se mantuvo tumbada sobre él, aprisionándolo con su cuerpo, con las manos apoyadas en la almohada junto a la cabeza de él, cerrándolas con fuerza ante su sed. Él notaba su melena negra en su rostro, oliéndolo y sintiendo cosquillas por su culpa, pero no le molesto, y ella seguía seduciéndolo por el cuello y la mandíbula, pensando que hacer con él.

- "Haz lo que deseas hacer en el fondo pequeña" - dijo el vampiro en su mente, sobresaltándola un poco. - "Tu deseas vengarte de él y beber su dulce sangre, y él desea que lo castigo por su enorme crimen contra ti y tu familia, cumple tu deseo y el de él."

- "Pero… no se si…" - pensaba ella. - "Yo lo amo, pero no puedo perdonarlo así como así, ahora ya no…"

- "Deja de torturarte hija mía… quitarte ese dolor y sufrimiento del cuerpo y la mente, y serás libre de hacer lo que quieras sin tener dudas ni preocupaciones nunca mas… solo tienes que hacerlo, y él estará en paz también, que sienta ese placer contigo por última vez… hasta la muerte."

- Hazlo Ángela… - dijo James, sintiendo los colmillos de ella rozando su cuello. - Quiero que lo hagas por favor… - suplicó él, estirando el cuello ha un lado y hacia arriba al mismo tiempo.

Ángela no lo miro, solo se quedo allí confusa y dudosa, pero la sed y las palabras de su padre la convencieron poco a poco, y cogiéndolo por la cabellera, echando su cabeza hacia atrás con fuerza y violencia, mostró los ojos rojos brillando intensamente y los colmillos saliendo de entre los labios deseosos de morder.

- "Cumple el deseo de ambos, Ángelus Drakul…" - dijo el vampiro en su mente, con voz sarcástica y contenta. - "Toma su dulce y única sangre… hasta la última gota de su cuerpo.."

Ella rozó los labios sobre la piel de James, haciendo que gimiendo nervioso e impaciente, teniendo el pecho agitado bajo el de ella que no latía ya. Entonces, jadeando un poco antes deseosa de sangre, clavó los colmillos sobre la yugular con fuerza y deseo, mientras James abría la boca dando un gemido con los ojos cerrados con fuerza y sujetándose a ella con fuerza.

- ¡aahh! ¡uahhh! - gritaba él excitado, respirando con dificultad pero sin importarle.

Ella al probar el primer sorbo de su sangre, deseo mas, y sin importarle que la sangre se escurriera los sus labios, lamió y chupo su sangre con impaciencia y placer, sujetándole por debajo de la mandíbula para subirla mas y la otra se mantenía sujeta a la almohada. Sentía como él se aferraba a ella por detrás de los hombros, agarrando su camisa con fuerza, a pesar de estar perdiendo las fuerzas. Mientras, Raza seguía corriendo por los pasillos del castillo, harto de correr sin saber el cual habitación estarían James y Ángela. Entonces, de entre la oscuridad del pasillo, vio una línea brillante, procedente de una habitación a los lejos, aseguro de que estarían allí y fue rápidamente hacia allí, pero de repente, las antorchas del pasillo se encendieron solas, y delante de la puerta de la habitación apareció el vampiro Drácula.

Al verlo allí, Raza paro en seco a varios metros de él, y al instante lo apunto con su escopeta cargada. Pudo ver desde donde estaba, que de los labios del vampiro salía sangre, la sangre de su amigo Cesar que ahora estaría siendo devorado por los animales del Conde. Pensó que el padre Andrey se habría salvado y llegado con vida a la ciudad a pesar de haber lobos en el camino, no le quito ojo al vampiro moreno, que lo miraba sarcástica y divertidamente. Al verlo sonreír, lo miró confuso e inquieto, pesando que no era nada nuevo. Vio como el vampiro se apoyaba en la puerta con los brazos cruzados, como esperando algo que pasaba en esa habitación.

- ¡Déjame pasar por esa puerta, monstruo! - exigió él apuntándole con la escopeta.

- No eres quién para amenazar ni exigir nada aquí amigo. - dijo Drácula con calma y tranquilidad. - Hay que dejar a la pareja a solas un poco mas por favor… ya que, no volverán a verse nunca mas.

- Eres el maldito diablo… - insulto Raza furioso y molesto. - ¡Quítate de en medio!

Dentro de la habitación, tanto James como Ángela oyeron a Raza discutir con Drácula en la puerta, y eso hizo que Ángela dejará de beber su sangre y separarse de él, pero aún con vida, sin poder moverse o hablar, con la vista algo borrosa y cansada. Entonces, Ángela lo dejo hay tumbado y se sento frente a los pies de la cama para apoyar los brazos en el cruzados, como esperando.

- "Déjale entrar padre, quiero verle ya." - pidió ella mentalmente hacia su padre vampiro.

Con una sonrisa, Drácula le concedió su deseo, disimulando que lo atacaba, para que Raza lo esquivarse dando un salto hacia delante y fuera directo a la puerta, abriéndola en par para ver lo que pasaba dentro. Entonces, se quedo allí parado al ver a Ángela cara a cara, sorprendido de lo que estaba viendo y aterrado. La vio vestida de blanco, pálida y con ojos rojos brillando y colmillos salidos de la boca, con un hilillo de sangre en la comisura que se remalio delante de él con una sonrisa.

- Volvemos a vernos, querido suegro. - saludo Ángela con maldad. - Parece que haya pasado… una vida entera.

- Ángela… ¿qué…?

Entonces, Raza lo vio, a su hijo tumbado en la cama inmóvil, viendo y oliendo sangre en ese sitio, no tardó en entender que había pasado allí, y volvió a fijar la vista en Ángela, que ahora se mostraba como un monstruo vengador sediento de sangre, ahora de la suya. Aterrado, quiso preparar su escopeta para disparar contra ella, pero algo lo golpeo por detrás, haciendo que volará un poco hacia un lado de la habitación separándose de su escopeta.

- ¡ugh! - se quejo él al caer en el suelo junto a la pared.

- No tenías que hacerlo padre. - dijo ella.

- No me gusta que uno apunte con un arma a una mujer desarmada… por muy sanguinario que yo sea. - dijo el vampiro, teniendo la escopeta en mano, el cual partió con la mano como si nada. - Es todo tuyo hija…

Raza se incorporo un poco, con un dolor de cara, sangrando por la boca. Entonces, cuando se giro hacia la cama, vio como Ángela se ponía en pie con una mirada asesina y odiosa, dejando que unos mechones de su cabello se pusieran en su rostro. Al ver eso, Raza quiso moverse e huir, pero el otro vampiro estaba en la puerta vigilando con una sonrisa.

- Asesino… - dijo ella con profundo odio.

- Ángela… tranquila pequeña, ten piedad, te lo ruego. - suplicó él con una sonrisa asustada, alzando la mano hacia ella.

- No mereces vivir… - dijo ella acercándose a él con lentitud.

- Pero Ángela… E-Era amigo y s-sigo siendo amigo… de tu padre, soy p-parte… de la familia. - dijo él tartamudeando, pegándose mas a la pared, poniéndose en pie. - Sea lo que sea que te haya dicho mi hijo, e-es mentira… seguía molesto por el golpe que le di hace poco…

- ¿Por qué he de creerte? - pregunto ella feroz y con una mirada asesina, estando ya a dos pasos de él. - Si todo cuando me has dicho a sido mentira, y además, me has amenazado con matar a mi hermana que estaba en coma, si no me casaba con tu, que ha tenido agallas de decirme la verdad al fin. - dijo lo último estando ya frente de él, arrinconándolo en la pared, haciendo que se encogiera hacia el suelo.

- ¿Qué vas a hacer? No puedes matarme Ángela, tu no eres ninguna asesina… - aseguro Raza asustado pero disimulando una sonrisa amistosa y amigable.

- Cierto Raza, yo no soy como tu… - coincidió ella sería y enfadada.

- Sí, eso es pequeña. - dijo Raza.

- Yo no mato para conseguir las cosas de los demás, solo mató para alimentarme… - continuo ella. - Pero ahora mató para saciar otro tipo de sed… y ese, es el de la venganza de mi familia contra ti…

Entonces, cuando acabo de hablar, Raza abrió los ojos al máximo, y dio un grito de terror pero Ángela ya lo sujetaba para morderle por el cuello y desangrarlo cruelmente, sin tener intención de beber su sangre, podrida y asquerosa para ella. La sangre salió chorreando por todos lados, salpicando la pared, el suelo, la ropa de ambos y sobretodo el rostro de Ángela, que no dejaba de morderle aún.

- ¡AHHHHH! Uahhhh… - gritaba él con dolor y miedo, ahogándose en la sangre de su boca.

Ya harta de sentirlo en la boca, Ángela dejo de morderlo, desgarrando un poco su cuello con los colmillos, como un lobo comiéndose a su presa enfurecido. Entonces, lo dejo caer en el suelo, pero él aún seguía con vida a pesar de que se estaba desangrando por momentos, ella se puso en pie, y junto a ella estaba el Conde, observando tan tranquilo la escena, viendo que ella estaba ya satisfecha con ese tipo.

- Haz lo que quieras con él padre, es todo tuyo ahora… - dijo ella, girándose para alejarse de esa escoria medio muerta.

- Muy bien hija… quizás me quede un hueco para él. - dijo él, sacando los colmillos de su boca, riendo divertido.

Sin girarse a verlo, oyó como Raza se quejaba cuando el vampiro lo cogía para ponerlo sobre su hombro y llevárselo de esa habitación, queriendo dejar a solas a su hija con el humano de la cama. Cuando Drácula salio de allí, Ángela camino hacia la cama, y miró a James, que sorpresivamente seguía con vida, ya que, no se había movido en todo ese tiempo, por eso pudo vivir un poco mas.

Eso para Ángela, fue un cierto alivio, ya que, deseaba en el fondo despedirse de su amado adecuadamente. Por eso, ella con cuidado se puso a su lado medio sentada, apoyando las manos en cada lado de él, y éste al ver la mano de ella se giro con cuidado hacia ella, mostrándole una sonrisa amable y contenta de verla otra vez.

- Sigues con vida al parecer… - dijo ella con voz sería y madura. - Eres muy fuerte.

- Pero no por mucho tiempo… desearía que lo acabarás tu misma… así estarás satisfecha con tu venganza, y yo estaré contento de haber pagado mi crimen contra ti amor… - pidió él en susurro, dolido por solo hablar con el cuello herido. - Hazlo Ángela, por favor…

Con eso, ella cerró los ojos un momento pensando, pero entonces, con lentitud y suavidad, se fue inclinado sobre él hasta apoyarse de nuevo en su cuello mordido, bebiendo su sangre hasta que dejará de sentir su corazón latir. Eso no tardo en pasar, cuando dejo de latirle el corazón, lo cogió por detrás de la espalda y lo alzó un poco sin dejar de beber su sangre, dolida y triste por todo lo ocurrido.

Un rato después, Drácula ya había acabado con Raza, y junto al otro cuerpo de la entrada, la hecho al rió mas cercano para que se los comieran los animales del bosque. Después, decidió ir a ver a su hija, que ya había acabado con su amado traidor. Cuando llego a la habitación y entró, la vio sobre la cama con el cuerpo muerto. Ella estaba apoyada en la cabecera de los pies de la cama, con los brazos estirados sobre el y la cabeza colgando hacia atrás rendida, manchada completamente de sangre, a y sus pies estaba el cuerpo muerto de su amado James, con aspecto de dormir placidamente.

- Hola padre, ¿ya has acabado con ese maldito? - pregunto ella sin mirarlo.

- Sí, y veo que tu también con tu amado, - dijo él acercándose a ella por detrás de la cabecera. - ¿Cómo te sientes ahora pequeña mía? - le pregunto al estar pegado a ella mirándola a la cara.

- Aliviada… frustrada… saciada… estoy de todo padre, no se que mas decirte… - contestó ella alzando la cabeza para mirar a la pared de enfrente. - Lo que si puedo decirte es que… ya puedes hacer lo que quieras conmigo, yo ya he terminado con mi cometido humano…

- Sí, lo se muy bien hija… ya eres libre de todo ese peso… - dijo él, abrazándola por delante del pecho. - Y créeme, no te arrepentirás de estar a mi lado… eternamente, como la Princesa No-Muerto, te lo puedo asegurar.

- Seré lo que tu quieras que sea, padre Drácula… - aseguro ella, apoyando su cabeza en el hombro de él. - Espero no defraudarte…

- Yo se que no… mi pequeña Ángelus…

Con eso, la vida humana de Ángelus había llegado a su fin, ya no volvería a pensar en su vida humana, o al menos eso deseaba ella, pero eso era inevitable en esos casos. Pero de lo que si estaba segura era que, estaría siempre al lado de ese vampiro que la había ayudado y dado otra vida, a cambio de ser su hija inmortal, y lo acepto sin dudar. Desde ahora se reconocería como Ángelus y no Ángela.

CONTINUARÁ...

Y aquí termina este capítulo, espero que os haya gustado, dejadme reviews para saber eso con certeza por favor, HASTA PRONTO GUAPOS Y GUAPAS, BUEN VERANO!