IV


La Cafetería de la Abuelita

─ ¿Se fue? ¿Otra vez? ─Exclamaba Snow, desconcertada.

─La pregunta es, ¿Adónde? ─Decía Henry.

─ ¿Eso realmente importa? Lo que debemos hacer es averiguar la manera de traerla de regreso.

─Y necesitamos planear el contraataque del día de mañana.

─Vamos adentro, nada ganaremos los cuatro aquí afuera.

Los demás los miraron con tristeza cuando entraron a Granny's, Merlín y Regina aún continuaban atrapados.

─Es bastante ridículo verlos tanto tiempo así. ─Contestaba Killian amargamente.

─Sólo espera a que pueda moverme de nuevo Pirata y ya verás. ─Espetaba Regina.

─La Tinta de Calamar no dura mucho tiempo por lo regular, no sé por qué ustedes siguen así. ─Respondía Garfio mirándolos de arriba abajo.

─ ¿Alguno tiene idea de cómo encontrar a Emma? ─Exclamaba Snow.

─ ¿Y qué haremos con el ataque de Arturo? Está claro que no le daremos la Daga.

─Primero lo primero ─comenzaba Merlín─. Tenemos que pensar en Arturo primero, Emma se las arreglará para volver.

─ ¿Cómo es que estás tan seguro de eso? ─Preguntaba Killian.

─Porque veo el futuro. Y sé que Emma volverá, sólo que no estoy seguro de en qué momento lo hará, es por eso que debemos enfocarnos en él, es una amenaza latente para esa Daga.

─Podríamos contraatacar…

─O podríamos infiltrarnos en el Castillo ─decía Regina─, una vez dentro, tomaremos ya sea a Arturo o a Ginebra. Luego ya veremos qué hacer con ellos.

─Buena idea, pero no conocemos el Castillo, no sabemos que trampas hay ahí dentro.

─Podríamos buscar a Lancelot. ─Exclamaba Snow.

─ ¿Qué te hace pensar que el conoce el Castillo?

─Ya se escabulló una vez, y si él pudo, nosotros también. Además, apuesto a que los Calabozos están en el sótano del Castillo, no creo que sea muy difícil entrar sin que nos vean.

─Entonces, su plan es ir por Lancelot a su Celda, para después escabullirse dentro de Camelot y secuestrar a Arturo o a Ginebra, ¿es correcto? ─Preguntaba Bella.

─Escuetamente, sí, así es.

─De acuerdo, tanto David como Mary Margaret capturaron a Arturo antes y Ginebra vino a su rescate con sus caballeros y medio Ejército hace apenas unos días, y ustedes planean traer no sólo a uno, sino a ambos Reyes de Camelot como rehenes, ¿para qué? ¿Para traer a Emma, o para evitar un ataque?

Snow, Charming y los demás se miraron unos a los otros. Tras pensarlo detenidamente, llegaron a la conclusión de que, además de ser una misión suicida, era inútil el hacerles daño a sus Majestades; porque eso significaría la guerra.

─Bien Bella, ¿qué sugieres? ─Decía Regina.

─Necesito pensar un poco...

─Esperen ─interrumpía Merlín─, ¡¿cómo pude ser tan tonto?!

─ ¿Qué sucede?

─Tal vez no necesitemos secuestrar a Ginebra o a Arturo, sino llevarnos algo más. Algo que por sí solo es completamente inservible.

─ ¿Excálibur?

─Sí. Cuando Emma vuelva, entre ella y yo emprenderemos el viaje para encontrar el ingrediente faltante de la receta para que la espada vuelva a ser la misma de antes.

─Nuestro trabajo, ¿cuál será?

─Cuando este efecto se vaya, David, Killian y yo entraremos a los Calabozos y rescataremos a Lancelot.

─Quiero ir con ustedes ─pronunciaba Bella─. Algo me dice que ese lugar estará protegido con Magia, y bueno, no te ofendas Merlín, pero creo que ha pasado mucho tiempo desde que usaste tus poderes y algunos hechizos han cambiado.

─ ¿Estás segura?

─Sí, he leído la mayoría de los libros que estaban en la Torre, y con los que pude sacar de ahí antes de darnos a la fuga creo que podemos entrar y salir ilesos.

─Eso tendremos que hacerlo antes del amanecer, ¿no?

─Si el efecto no pasa antes del amanecer, tendremos graves problemas.

─Sólo espero que Emma se encuentre bien.

─Claro que lo está Mary Margaret ─respondía David─, y no lo digo por sea el Espectro. Emma es muy fuerte, y, si sobrevivió a la crueldad de la Tierra sin Magia, puede con cualquier cosa que tenga enfrente.

─ ¿Y qué hay de ese Monstruo? ¿También podrá con él? Apenas y podía mantenerlo quieto.

─Yo no dudo de la valentía de nuestra hija, podrá derrotar a esa cosa y volverá con bien a nosotros, como siempre lo ha hecho, recuerda que tenemos el don de encontrarnos unos a otros. ─Aseguraba Charming tomando a Henry del brazo.

─La espera será horrible, ¿de verdad debemos confiar en tu habilidad, Mago? ¿Emma regresará?

─Créeme Pirata, cuando yo profetizo algo, esto siempre se cumple, de alguna forma u otra. Puedo asegurarte que ella estará aquí más pronto de lo que todos esperamos.

─Lo dudo mucho, en realidad.


Llegaron al muelle después de un largo rato de silencio entre las dos mujeres. Korra pensaba en toda la situación que tenía enfrente con Asami pidiendo una explicación por su ruptura de hace unos años. El Avatar tenía un lío de emociones dentro de su mente y Corazón. Quería decirle a Asami la verdad, pero no sabía exactamente la manera correcta de hacerlo.

Emma, por su parte disfrutaba el estar al volante y sentirse como antes de cierta forma. Había olvidado lo que era vivir en un mundo sin Magia, sin tener que preocuparse por un Rey imbécil y obsesivo ni porque con cada paso que diera se volviera más y más Oscura. Aún sentía angustia y ansiedad por saber que estaba pasando en Camelot y qué tal la estaban llevando todos, quería usar sus poderes para hallar un portal o algo parecido y así volver, sin embargo, la falta de Magia en este nuevo mundo se lo impedía, no entendía tampoco cómo es que era posible que sin Magia, su Oscuridad saliera expulsada de su cuerpo en forma de rayos.

Bajaron del auto y Korra usó su Metal Control y subió el vehículo a la pequeña Barcaza, al terminar, volvió su mirada a la Salvadora, quien estaba boquiabierta al presenciar tal cosa. Creía haberlo visto todo, pero esto era diferente.

─ ¿En serio? ¿También controlan el Metal por aquí?

─El Metal y muchas cosas más, tienes mucho que aprender, Emma. Ven, es hora de irnos.

Swan subió a la Barcaza y ésta comenzó a navegar con dirección a la Isla del Templo del Aire, y miró a todos lados apreciando el paisaje que le regalaba Ciudad República.

─Esa es la Estatua del Avatar Aang, el Avatar que me precedió. ─Comentaba Korra.

─Es enorme.

─Vaya que sí.

─ ¿Cuántos Avatares han existido?

─Para serte sincera, jamás me puse a pensar en eso, nunca los conté, pero puedo decirte, que he hablado "personalmente" con cinco.

─ ¿Cómo? ¿No se supone que están muertos?

─Sí, lo hago…, es decir, lo hacía conectándome con mi parte Espiritual.

─ ¿Ya no puedes hacerlo?

─No, tuve unos cuantos problemas hace unos años, y perdí mi conexión con los Avatares del pasado.

─Ya veo.

Tras esa pequeña charla todo permaneció en un silencio que a veces era interrumpido por el motor del Navío. Al llegar a la Isla y descargar, Korra acompañó a Emma a su habitación, que estaba a un lado de la suya.

─Aquí la tienes, seguro aquí podrás descansar. ─Decía Korra.

─Gracias ─contestaba Emma mientras caminaba con dirección a la ventana─. Aunque, como Espectro, no puedo dormir.

─ ¿No puedes?

─No, no me da sueño, y de cierta forma, nunca me siento cansada.

─ ¿Y qué es lo que haces hasta que amanece?

─ ¿Además de volverme loca? ─respondía Emma entre risas─ Fabrico Atrapasueños.

─ ¿Y eso es?

─En la Tierra sin Magia; las antiguas culturas de un lugar llamado Norteamérica los fabricaban. Ellos creían que un Atrapasueños espantaba las pesadillas, para que solo los buenos sueños se quedaran y protegía sus hogares.

─Eso es nuevo, ¿y te ha funcionado a ti?

─Bueno, mi historia con los Atrapasueños es muy diferente, además, los Atrapasueños son utilizados en el Bosque Encantado para tomar recuerdos con ayuda de la Magia.

─Vaya, creo que siempre se aprende algo nuevo.

─ ¿Tú tampoco duermes?

─Sí, suelo hacerlo por las noches. Sin embargo, por alguna razón no tengo sueño. Y aprovechando que tú no puedes hacerlo, quiero platicar contigo.

─ ¿Conmigo? ¿De qué?

─No me lo tomes a mal, pero quiero saber más de ti y tu mundo. Nunca había conocido a alguien que no proviniera del Mundo Físico o del Espiritual, y si vas a estar aquí poco tiempo, pues, quiero aprovechar.

─ ¿Cómo sabes que será por poco tiempo?

─Intuición. Yo que sé, creo que sólo fue una expresión.

─ ¿Y qué quieres saber, Korra?

─Dijiste que antes de esto del Ser Oscuro, eras la Salvadora, ¿qué es eso?

─Esa es una excelente pregunta, después de dos años, todavía no entiendo lo que significan realmente la palabra y el puesto.

─ ¿A qué te refieres?

─Yo soy en producto del Amor Verdadero, y gracias a una Profecía anunciada por el Espectro que me precedió, me convertí en la llave para romper una Maldición que sería lanzada antes de mi nacimiento.

─ ¿De qué trataba esa Maldición?

─Rumplestiltskin la creó, esa Maldición enviaría a todos los habitantes del Bosque Encantado a una prisión que sería el Tiempo. Los enviaría a una Tierra sin Magia, en donde todos vivirían hechizados, viviendo cada día como si no pasara el tiempo, sin saber su verdadera identidad, viviendo una vida que técnicamente no les pertenecía, nadie envejecería y quedarían atrapados en una Ciudad llamada Storybrooke, en el Condado de Maine, en ese lugar llamado Norteamérica del que te hablé hace un rato. La Reina Malvada fue quien lanzó la Maldición al final de cuentas, y tras dar el anuncio públicamente en la Boda de mis Padres, ellos fueron a ver al Espectro meses antes de que yo llegara al mundo, él les contó esto y que tenían que ponerme a salvo. Así fue como me enviaron por el Ropero a la Tierra sin Magia unos minutos después de nacer, y salvándome de la prisión.

─Pero eso no explica porque eres la Salvadora.

─La Profecía decía que yo llegaría a Storybrooke en mi cumpleaños número veintiocho y se desataría la batalla final.

─ ¿Y eso sucedió?

─Algo así. Mi hijo, al que había dado en adopción cuando nació, me encontró ese mismo día y me llevó a ese lugar, porque ahí él vivía, después de unos meses ahí y de que Henry diera un pequeño salto de fe, abrí mi mente a la Magia y todo se hizo más claro. Al final, fue un beso de Amor Verdadero lo que logró romper la Maldición y todos volvieron a saber quiénes eran en realidad. Fue cuando todo este lío de la Magia comenzó. Se me nombró como la Salvadora, porque solo yo rompería el hechizo, yo y nadie más. Y así, les devolvería a todos sus Finales Felices. Muchos, incluida yo, creían que ser la Salvadora era derrotar a todos los Villanos que se me plantaran enfrente, sin embargo nunca fue así. Yo no he derrotado a ningún enemigo, me enfrenté a cada uno de ellos en algún combate, pero fue un miembro de mi "equipo" quién al final acabó con ellos. Ahora, siento que ser la Salvadora es ser la columna vertebral entre Héroes y Villanos, unirlos para cumplir un objetivo en común, hacer que olviden sus diferencias, sacar la mejor habilidad de cada uno y eventualmente, cumplir mi misión primordial, traer y darles a todos y cada uno de los que estén dispuestos a redimirse y cambiar, sus Finales Felices.

─No sé qué. Es sumamente interesante, y creo que tiene una extraña similitud con mi puesto.

─ ¿A qué te refieres? ¿Qué es eso del Avatar?

─Bueno, para contarte concretamente lo qué es, me tendría que remontar a la historia que te contó Mako cuando te encontramos, ¿crees que ya puedas entenderla?

─Haré el intento.

─De acuerdo. El Avatar, existe desde hace más de diez mil años, fue creado como un castigo, mejor dicho, una solución a un error cometido por el primer Humano que vivió en el Bosque de los Espíritus. El Mundo Físico y el Mundo Espiritual fueron creados después de la Primer Convergencia Armónica.

─ ¿Qué es la Convergencia Armónica?

─Es un Evento que solo ocurre cada diez mil años, en donde los antiguos Espíritus de la Luz y la Oscuridad; Raava y Vaatu, pelean por el destino de ambos Mundos. Los planetas se alinean y los Portales del Polo Norte y el del Sur se unen, entrelazando a ambos planos hasta que la Convergencia termine. Raava y Vaatu tenían que vivir la eternidad, unidos, sólo así el Espíritu de la Luz contenía a Vaatu y evitaba que la Oscuridad ganase terreno. En el principio del Tiempo, los Seres Humanos no poseían la habilidad de controlar los Elementos y tenían más que prohibido vivir en el Mundo exterior, gracias a los Espíritus, ellos se recluyeron en las Ciudades creadas en los Leones Tortuga, éstos les otorgaban el Control solo cuando salían de su protección e iban al Bosque de los Espíritus a conseguir comida y unas cuantas provisiones. Wan, era un chico pobre que le robaba a la Familia que gobernaba su León Tortuga; los Chou, y le daba lo poco que conseguía a las personas que vivían con él. Cansado del abuso de los líderes, le robó el Fuego Control a su León y planeó una revuelta, al ser descubierto y no revelar la identidad de quiénes estaban con él, fue desterrado al Bosque de los Espíritus, mas no le quitaron sus poderes. Se hizo amigo de los espíritus, y luego de dos años en los que se convirtió en un verdadero Maestro del Fuego Control, fue a viajar por el Mundo. En su camino, se encontró con Raava y Vaatu, éste último lo engañó, y Wan lo liberó de Raava. Después de darse cuenta de lo que hizo, juró ayudar a Raava a detener a Vaatu aprendiendo a dominar los cuatro elementos; el Fuego, el Aire, el Agua, y la Tierra. En menos de un año lo consiguió con ayuda del Espíritu de la Luz y de los otros tres Leones Tortuga, cada uno de ellos le dio el poder de cada elemento. Durante la Segunda Convergencia Armónica, Wan se fusionó con Raava y así fue creado el Avatar como tal, entre ambos fueron capaces de derrotar a Vaatu y encerrarlo en el Árbol del Tiempo. Este Ser omnipotente que tenía la misión y el eterno deber de traer la Paz y el Equilibrio al Mundo, como reprimenda por el daño causado por Wan, al ser mitad Espíritu y mitad Humano, se convertía en el Puente entre los dos Mundos que el Avatar Wan había separado al cerrar ambos Portales y desterrar a casi todos los Espíritus a su Mundo.

─Tienes razón, la Salvadora y el Avatar, se parecen un poco.

─Sí. Te contaré algo; yo siempre pensé que ser el Avatar era lo mejor del mundo, lo más increíble que me había podido pasar, o al menos, eso fue lo que me hicieron creer.

─ ¿Por qué lo dices?

─Nadie me preparó para lo que se me venía encima, no pregunté que se tenía que hacer para resolver un conflicto cuando una población, Aldea o Nación depende de tus decisiones. Siempre creí que mi deber era encargarme sola de los enemigos de la paz, pero mis amigos me hicieron entender que no tenía que ser forzosamente así. Ellos me ayudaron a vencer a todos los malos, cada uno a su manera, estaban, están dispuestos a dar su vida por sus ideales y por mí.

─Es raro, ¿no? No saber qué hacer y que todos dependan de ti.

─A veces es incómodo, pero la gran mayoría ya aprendió a vivir sin mí, me desaparecí por tres años. Además el Avatar Aang lo hizo por cien, así que, creo que de cierta forma, han aprendido a hacer muchas cosas por su cuenta.

─Me encantaría poder decir eso ─respondía Emma─, cada que estoy lejos de Storybrooke siempre pasan cosas raras, bueno, quiero creer que ahora mismo también están sucediendo cosas locas en Camelot, es como si fuese necesario que yo esté cerca si hay problemas, ¿sabes? Me gustaría ser la espectadora un día de estos, ver que es lo que harían sin tener a la Salvadora cerca.

─No sé si se convertirá en tu caso, pero yo lo hice. Se siente raro, parece como si no te reconocieras y como si te valoraran más ahora que ya no te tienen cerca para resolver sus problemas.

─Si regreso a mi Mundo, lo voy a intentar. ¿Y qué más quieres saber?

─No lo sé, tú cuéntame lo que quieras.

─ ¿De verdad?

─Sí.

─Bueno, pero solo si tú me cuentas después cualquier cosa de tu Mundo, para ser justas.

─Hecho.

Ambas continuaron con su plática. A Emma le costaba abrirse con personas nuevas todavía, pero el Avatar no hizo ninguna pregunta sobre su vida personal. Korra estaba más interesada en conocer más sobre la Tierra de los Cuentos y las diferencias entre su Mundo y la Tierra sin Magia. Quería saber cada detalle y así comprender mejor que había más lugares además del Mundo Físico y el Espiritual.

Emma también sentía intriga de esa nueva Tierra, de la carencia de Magia, de los avances tecnológicos de esta era, las costumbres, la comida, el entretenimiento, en fin. Todo. Tenía curiosidad sobre las habilidades de Control, de cómo fueron adquiridas después de la Segunda Convergencia Armónica y de cómo se daban cuenta de que una persona nacía siendo Maestro o un No Maestro.

Las horas transcurrieron y la información flotaba como nubes alrededor de la habitación hasta el amanecer, fue hasta que Poki se posó en la ventana que Korra se dio cuenta de la hora.

─Vaya, ni cuenta me di de la hora.

─Cuánto lo siento, Korra. Por mi culpa no dormiste.

─No te preocupes, que fue culpa mía también, además, no es la primera vez que me quedo en vela, ya tengo algo de entrenamiento. Solo iré a darme una ducha, tú deberías hacer lo mismo. Después te traeré ropa de los Acólitos del Aire, espero que te sirva hasta que vayamos a la República Tierra por algo de ropa nueva.

─Gracias. ¿Dónde está el baño?

─Justo ahí ─decía Korra, señalando a la puerta frente a ella─. Tienes suerte de que las habitaciones de invitados tengan baño propio, en cambio yo, bueno, tendré que pelearme con un niño salvaje de once años por el baño del Templo.

─Que tengas suerte con eso.

─Gracias, la voy a necesitar, créeme. Bueno, te dejo por un momento, me gustó esta plática, espero que tengamos otra igual.

─Y yo espero que sea en el día, por tu bien.

─Yo también.

─ ¡Korra! ¡Meelo ya entró al baño! ─Gritaba Ikki desde el patio.

─ ¡Estupendo! Tengo que irme.

─ ¡Corre!

Korra salió disparada para comenzar otra excelente mañana con Ikki, Meelo y Jinora, en el Templo y Emma, veía el amanecer desde su ventana, aún con varias preguntas en su mente, pero la más inesperada salió a la luz en ese momento; Sin Magia de por medio, ¿vería a Rumplestiltskin de nuevo?


Camelot

─Mi Amor, ¿crees que esos Forasteros entreguen la Daga?

─Sí, no tienen opción.

─ ¿Y qué pasará si la Reina Malvada y Merlín se liberan de la Tinta antes de que se cumpla el plazo?

─No te preocupes mi Reina, además de la Tinta, las Flechas estaban bañadas de una poción que les impedirá usar sus poderes por veinticuatro horas, así que aunque la Tinta pierda efecto y puedan moverse, estarán tan indefensos como los demás.

─ ¿Y qué hay de esa muda? ¿No crees que la liberen de ese brazalete para que los ayude?

─No. Por lo que ella dijo no confían en ella, por eso tiene esa cosa, porque le temen. Llegado el momento, le quitaré esa cosa y a cambio, prometió ayudarme a unir Excálibur.

─Fue bueno que la encontráramos vagando por los túneles del Castillo entonces.

─Así es. Traer a esa Bruja es la única cosa buena que han hecho esos Forasteros desde que pusieron un pie en nuestro amado Reino.

─ ¿Y qué haremos ahora?

─Ahora, es momento de ir a descansar mi amada Reina. El día de mañana será prometedor y fructífero.