The Jungle Movie: TJM

- ¿Bueno? – dijo Arnold tomando la llamada.

- Arnold, buenas días.

- ¿Quién habla?

- El Sr Simmons.

- Oh, buenos días, señor Simmons- dijo Arnold con respeto.

- Arnold, hablo porque necesito saber algo muy importante.

- Lo que necesite, Sr Simmons.

- ¿Te inscribiste al concurso de literatura?

- N-no- dijo con cierta melancolía el chico rubio- no lo hice.

- Mmh...– Robert se quedó en silencio unos segundos, luego continuó- Bien, gracias. Sólo era eso, muchas gracias por tu tiempo de nuevo.

- Sí señor, no se preocupe. Hasta luego.

- Adiós, Arnold.

Cuando hubo colgado el rubio se recostó es su cama y cerró los ojos intentando averiguar el porqué de la llamada de Simmons. Sin quererlo comenzó a soñar en algún momento y vio algo que parecía ser la silueta de una chica algo más alta que él.

- ¿Helga?

- Pequeño tonto, soy yo, Ruth.

- ¿Qué Ruth?- cuando vio la cara de la castaña dio varios pasos atrás y cayó en un charco. Se oyeron varias risas muy agudas que lo desconcertaron bastante.

- ¿Lila? – La que era Ruth dio paso a una metamorfosis algo tenebrosa convirtiéndose en la chica pelirroja.

- Arnold, ¿te gusto?- el corazón de Arnold empezó a ir cada vez más rápido.

- No… no lo sé, Lila…- en la vida real no podía abrir los ojos y daba vueltas demasiado bruscas en la cama. No fue hasta que sintió que se ahogaba que se levantó demasiado rápido, causando que cayera al suelo- ¡Auch! – Vio para arriba y pensó ver una silueta- ¡Helga!- Pero no, estaba solo en su cuarto, en el suelo. Se levantó sobándose la cabeza avergonzado y molesto- ¿Helga? ¿Por qué rayos grité eso?

- ¡Arnold!- el muchacho dio un salto se giró hacia la puerta.

- ¿Qué pasa, abuelo?

-¿Estás bien?

- Sí, no te preocupes.

- ¿No vas a cenar?- gritó su abuelo por las escaleras.

- No, gracias. No tengo hambre.

- ¡Yupi! Mucho más para mí, campeón.

- ¡sí!... lo que sea- concluyó en voz baja recostándose de nuevo- ¿Qué demonios pasa conmigo?

Terminando las vacaciones todos estaban entusiasmados por el concurso. Poco a poco habían estado entrando más y más correos al buzón del Sr. Simmons. Rhonda, Curly, Harold, Phoebe y Gerald eran solo algunos de todos los participantes.

El primer día de clases Arnold se levantó sin presuras, no había nada importante qué hacer en el día más que ver a Helga y no sabía por qué eso le entusiasmaba. No sabía cómo reaccionaría, desde aquel día que no se veían y ya se había resignado a aceptar el puñetazo que bien se merecía de su parte.

- Buenos días- dijo Arnold con tono soñoliento.

- Arnold ¿Cómo amaneciste…?

- Bien abuelo. Gracias.

-¿Puedes revisar el correo, amiguito?

- Claro- el chico salió de su casa y encontró deliberadamente al cartero.

- Hola, Arnold. Qué casualidad. Traigo un paquete para ti ahora mismo- dijo entusiasmado el señor.

- Ah… ¿En serio?- inquirió el rubio extrañado.

- Sí, ¿me harías el favor de firmar aquí?

- Claro- Arnold tomó la pluma y puso Arnold Shortman donde el señor le había indicado-. Tenga.

- Vale… ¿Shortman? Vaya apellido, ¿Eh?

- Si, todos dicen eso- esperó a que el caballero le entregara el paquete y se lo agradeció entrando a la casa, escuchando como éste se iba silbando una canción popular.

- ¡Abuelo! ¿Esperaban algún paque…?- la abuela tacleó a su nieto quitándole el paquete para tirarlo lejos, amenazando a este con una espátula.

- ¡Alto, engendro de la mafia!

- Abuela…

-¡Puky! No, hijo, nosotros no esperábamos nada- Phill se agachó y tomó la voluminosa caja de cartón leyendo el nombre-. Es tuyo, muchacho. ¡Mujer, deja que el chico abra su paquete! Lo siento pequeñito, hay veces que tu abuela exagera…

- No te preocupes, gracias- todo empezó cuando Arnold vio el contenido de la caja, atónito, cayendo sobre sus rodillas- ¿Qué… qué…?

- ¡Una bomba!

- No, abuela, es un trofeo, es el trofeo del concurso.

"Señor Arnold.

Por medio de la presente nos sentimos honrados de otorgarle a usted el premio a primer puesto por el poema enviado. Quisiéramos decirle que fue una decisión extremadamente difícil pero el comité de la facultad de literatura no duda de ninguna manera la elección de este poema para el primer lugar sobre todos los poemas que se han enviado desde que la señorita Olga Pataki ganó el concurso hace aproximadamente diez años. Se le otorga este trofeo y reconocimiento al caballero Arnold Shortman por su desempeño, además del honor de poder viajar con su clase al lugar turístico de su elección. De la misma manera le comunicaremos cuál será el premio extra que obtendrá por sobrepasar la escritura del mejor poema redactado durante toda esta década.
Para gratitud y placer nuestro, concurso de escritura y facultad de literatura agradece su participación y espera continuar en contacto con usted".

-No lo puedo creer…- Arnold salió corriendo de su casa sin más explicación con la caja en la mochila. Llegó a la escuela, prácticamente corriendo por los pasillos buscando hasta encontrar en su casillero a su compañera rubia, mirando sin mirar.

- ¡Helga!- gritó Arnold, acercándose desde lejos.

- ¿Ahora qué quie…?- antes de poder replicar el chico la jaló del brazo hasta el aula vacía, cerrando la puerta tras él- ¿P-P-PERO A TI QUÉ TE PASA, IDIOTA?

- Gracias… ¡Gracias! ¡Eres mi salvación!- Arnold dio un gran abrazo a Helga, quien relajó su cuerpo por un instante, gozando el momento.

-*Oh, Arnold, no dejes de abrazarme nunca*- sin embargo se dio cuenta de lo que sucedía y no tardó en tirar al chico lejos de ella.- ¿Pero a ti qué te sucede? ¿Tener una cabeza tan grande te hizo perder el conocimiento?

- Helga, no puedo enojarme contigo en este momento- Arnold insistió y la volvió a abrazar, encerrando los brazos de la chica impidiendo que ésta lo separara. Después de segundos de resistencia, al final, terminó resignándose.

- Ya, ya muchacho… pero ¿De qué rayos hablas?

- De la poesía, Helga.

- ¿Co-cómo su-supiste que fui yo?- dijo nerviosa. Arnold la soltó y le mostró que dentro del paquete estaba una copia del poema original.

- Además de ser la única que firmaría en mi lugar… Es tu letra, Helga.

- ¡Por todos los cielos! ¿Por qué todos dicen eso? ¿Sabías que hay más de un 50% de probabilidades que haya una niña en el salón que escriba igual que yo?- dijo señalándolo con el dedo índice de la mano derecha y poniéndose la izquierda en la cadera.

- ¿No fuiste tú?- inquirió Arnold bromeando.

- ¡Claro que fui yo, cabezota!- Helga se tapó la boca un poco asustada, como intentando hacer no haber dicho eso. La campana sonó y Arnold solo veía a Helga con cara de satisfacción- ¡Deja de verme!

- ¿Eh…?- Después de segundos de mirarla, se sonrojó y quitó la vista de ella-. Perdón- Arnold se había puesto nervioso por lo que había pensado mientras miraba a Helga- *Rayos, yo no soy así, yo no soy así. Cálmate Arnold, ¿Qué diablos te pasa hoy?*.

Todos entraron al salón y se sentaron en sus lugares cuando vieron que el señor Simmons entraba detrás de ellos.

-¡Niños, muy buenos días! ¡Hoy es un día muy importante! Primero que nada les anuncio que el primer lugar sobre todas las escuelas de la zona se la llevó la escuela PS 118, y aún más que eso, el ganado está entre nosotros ¡Éste es el salón ganador!

Todos se miraron los unos a los otros extasiados, entre comentarios nerviosos y altivos. De entre esos estaban los de Curly:

- Gané yo por la inspiración que tengo en mi amor…

-¡Aléjate raro!- gritó Rhonda.

- Bien, bien todos atención…- o el de Gerald.

- De seguro que gané, viejo- decía éste a Arnold.

- Ya gané Helga, ya gané- inclusive, los de Phoebe.

- Y el ganador es… ¡Arnold!

- ¿¡QUÉ!? – exclamó todo el grupo, girando la mirada asombrados. Los dos rubios estaban muy apenados. Arnold porque sabía que no tenía tanto potencial artístico y más Helga, por saber que sí lo tenía.

- He de denotar que no sólo ganó el concurso, también le ganó al mejor poema que había participado desde que el concurso tuvo lugar por primera vez. El primer lugar lo tenía la hermana de Helga, Olga Pataki y éste año Arnold se lo arrebató de las manos

-*¿QUÉ?*- inquirió Helga histérica.

-Arnold… ¿Te importaría leernos tu poema?- dijo el Sr. Simmons guiñándole un ojo a los rubios.

-Claro…- respondió tomando la copia que venía en el paquete. Se aclaró la garganta un poco y pasó al frente- bueno… dice algo… así:

Y sigo, aguantando las ganas de oler tus pasos,
de comerme tus palabras.
Aguantando las ganas de mimar la manera en la que vives,
perderme en la anchura de tu ser.
Más que nada, solver mis sueños en ello.
Mirarte sin prejuicios, todo el día,
llenar tu rostro de canciones.

Oír cómo suspiras.
Cómo respiras.

Disolver todas tus dudas sin palabras,
adjuntar las palabras del mundo
y extinguirlas entre besos.

Dibujarte en contexto.
Escribir mil historias de nosotros, de ti,
narrarte el futuro, contarte el pasado.
Mirar a la luna, dormir en tus brazos.
Despertar a tu lado.

Que perdamos el tiempo
y coloremos las calles de distintos colores.
Aspirar a ser como tú, que seas como yo.

Te deseo.

Solo tenerme contigo, en una perfección ilícita,
la perfección que lleva tus manos,
la silueta de tu cara y la cuenca de tus ojos.
Desprendes la tranquilidad por la piel.

La perfección es: la temperatura de tus labios.

Cuando más leía Arnold el poema, Helga se ponía más y más roja y él la volteaba a ver cada vez más repetitivamente. Éste, al terminar, se quedó sorprendido al igual que todo el grupo, pero él por cuan redacción y hermosura en el escrito había aplicado Helga para el concurso.

- ¡Wow, viejo, está hermoso!- gritó Gerald con la voz quebrantada.

- Ya… ¡ya sé por qué ganaste!- dijo Rhonda cayendo en llanto.

- Arnold, por favor, ve con el director para enseñarle el paquete que te dejaron ¿Quieres? Muchas felicidades – dijo el señor Simmons sonriendo de orgullo por Helga.

-Sí, profesor.

-Bien- dijo ya que Arnold se había ido- comencemos la clase-. Después de unos minutos comenzó a marear un poco a sus alumnos y antes de escribir en el pizarrón de nuevo se volteó sorprendido- ¡Oh, casi lo olvido! Helga, por favor dirígete con la secretaria de recursos, te mandaron a llamar y por poco se me olvida.

- ¿A mí?

- No, de seguro a la otra Helga ¡Dah! Claro que tú, loca- dijo Gerald al ver la cara sorprendida de su compañera.

- Mira, cabello de estropajo, más te vale que…

-Ejem, Helga… - interrumpió Simmons.

- Ya voy…- cuando pasó a un lado de Phoebe le susurró algo muy bajo- controla a tu novio querida… Por cierto- vaciló-… El poema lo hice yo-. Guiñó el ojo y salió del aula. Phoebe se tapó la boca con cara de sorpresa y sonrió al ver que Helga al fin había logrado su cometido: La amistad de Arnold.

Nota de la Autora:

Pido disculpas por el capítulo anterior que es extremadamente corto. Fue un problema de edición y se cortó en 2 partes, esta y la anterior. Gracias por sus comentarios, espero les interese esta historia. Saludos desde este monitor

Besos, Anna.
PD: Todos los poemas son creación mía, c: qué caguai.