[[[ Notas de la Traductora:

Hola. Gracias a todos los que continúan leyendo este fanfic, a pesar de que tarde tanto en continuar la traducción. La verdad es que tengo muchos proyectos fuera de este, así que cayó a segundo puesto. Intentaré traducir tantos capítulos como pueda en mi tiempo libre, aunque es probable que los updates sean esporádicos y pocos. Por el momento soy la única traductora del grupo, ya que el resto de los integrantes tuvieron que dejar Grupo Lorelei.

Mil disculpas, pero si alguien quisiera apoyar con la traducción, simplemente mande un Inbox / email al grupo. ¡Muchas gracias! ¡Disfruten la traducción! ]]]

Notas: "¡Gracias por los reviews! Las respuestas estarán en mi LJ.

Amo este capítulo. Es feo, pero es verdad."

Capítulo Cuatro: Carnada Para Snape

Sirius bajó la motocicleta al aproximarse a Hogwarts, para el alivio de Harry. Ya podían ver el castillo brillando al otro lado del lago, y las torres reflejadas en el agua. Harry se cubrió los ojos con una mano, hasta que se acostumbró al fulgor de las protecciones y encantamientos. Hasta ese momento, no se había dado cuenta del propósito de algunos de los ejercicios que le había dado Snape. Habían fortalecido su habilidad para ver magia. Podía ver líneas de azul y verde y dorado que él sabía no habían estado ahí el año pasado.

"¡Ahí está Hagrid!" exclamó Connor súbitamente, y se inclinó en la motocicleta en un ángulo alocado para saludar. "¡Hagrid! ¡Hagrid, aquí arriba!"

Harry bajó la mirada, al mismo tiempo que jalaba a su hermano a una posición más firme en la moto, y vio al medio-gigante guiando a una criatura fuera del Bosque Prohibido. Hagrid alzó la mirada y saludó, regresando el saludo a Connor, pero era la criatura junto a él lo que capturó la atención de Harry. Parecía ser un caballo negro, pero tenía alas como de murciélago estiradas por los hombros, y cuando agitó la cabeza para mirarlos, Harry pudo ver ojos blancos deslumbrantes.

"¿Qué es eso?" logró decir, estrangulado. Si Hagrid había sacado a ese tipo de criaturas para jugar cuando Connor estaba con él, Harry nunca se había enterado, y ciertamente tendría que reevaluar que tan peligroso era el que su hermano visitara al guardabosques. Tal vez podría arreglárselas para asistir a la mayoría de las visitas de ahora en adelante. Así también cumpliría su misión de conocer mejor a Hagrid.

"¿Qué es que?" Connor preguntó, esta vez inclinándose del lado izquierdo de la motocicleta para mirar el suelo.

"La cosa junto a Hagrid—" Harry empezó, y luego alzó la mirada para ver los ojos de Sirius. Su padrino agitó la cabeza, su rostro oscuro y triste de nuevo. Harry parpadeó, y luego rió. La risa sonaba forzada y trémula en sus oídos, pero Connor se giró y lo miró expectante, así que dijo, "Oh, solo es un árbol. Creí que era algo peligroso."

"Las mascotas de Hagrid no son tan peligrosas, en serio," dijo Connor, y agitó el brazo por última vez hacia el medio-gigante mientras Sirius giraba la motocicleta para aterrizar en los campos de Hogwarts. "Todos piensan que lo son, pero son más incomprendidas."

Harry se guardó su opinión del tema, y suspiró con alivio cuando la motocicleta tocó el piso. Sylarana se agitó en su hombro, y luego dijo, No sabía que pudieras ver a los thestrals.

Harry estaba seguro de que ella podía ver la incomprensión pasiva en su mente, ya que de nuevo adoptó un tono aburrido. Originalmente, un thestral es una criatura de muerte y mala suerte. Viven en el Bosque Prohibido. Nadie puede verlos si no han visto antes la muerte. Sonaba como si estuviera recitando de un libro en esa última frase, aunque Harry no estaba seguro de que las serpientes leyeran libros.

Yo no—comenzó, y entonces recordó que había visto a Quirrell morir. Un temblor le pasó por el cuerpo. Esa había sido una muerte mala, un tema frecuente en sus pesadillas, cuando no estaba soñando sobre las dos figuras oscuras o Tom Riddle no estaba intentando sacarle respuestas a preguntas ridículas. Estaba feliz de haber evitado que Connor lo viera.

¿Así que Connor podría ver los thestrals si no hubiera evitado que viera la muerte de Quirrell? Preguntó.

, Sylarana confirmó. Por supuesto, él no sabría lo que son, y hubiera chillado. Es un gran bulto humano, realmente.

Harry no dijo nada al respecto. Siempre iban a estar en desacuerdo respecto a su hermano. Se bajó de la motocicleta al mismo tiempo que Connor. Connor inmediatamente comenzó a hablar del vuelo con Sirius. Harry miró a su alrededor. Parecían haber llegado antes que la mayoría de los estudiantes, ya que no podía ver ninguno de los carruajes aún.

De hecho, ahí es probablemente a donde Hagrid llevaba a los thestrals, de pronto se dio cuenta. Probablemente jalan los carruajes que toman los otros estudiantes.

Sintiéndose satisfecho consigo mismo por haberlo deducido, Harry se giró para ver a Sirius agrandar sus útiles escolares a tamaño normal, y se detuvo. Una figura oscura estaba de pie junto al muro del castillo, mirándolos fijamente.

Por un momento, Harry pensó que era una de las dos figuras de su sueño. Entonces se enderezó y dio un paso al frente, y la reconoció.

Profesor Snape.

Harry se preguntaba qué hacer, qué decir. Tenía sus planes de batalla para cuando viera a Snape, pero la mayoría dependía de escenarios y lugares específicos, como el salón de Pociones o durante detención. Dudó un instante, y en ese momento Snape se reveló con un comentario agudo.

"Black. ¿Supongo que Potter te contrató para traer a nuestra arrogante celebridad, quien claramente es demasiado bueno para subir al Expreso con el resto de los plebeyos?"

Sirius se giró tan rápido como si una abeja lo hubiera picado, y Harry vio un fiero alivio en sus ojos. Aquí había alguien para distraerlo sobre su depresión por Daphne Marchbanks, o quien fuera que vino después de ella. Estaba sonriente, pero no era el tipo de sonrisa que usaba en sus falsas peleas con James y Remus. "¡Quejicus!" llamó. "Que bueno verte. Que amable de Dumbledore el darnos un comité de bienvenida, incluso si solo es un perdedor con pelo grasiento."

Snape ahora avanzaba a zancadas, sus túnicas agitándose tras él. Sus ojos habían encontrado a Harry, y lo miraba fijamente a pesar de que las palabras que siguieron estaban claramente dirigidas a Sirius. "Como ya sabes, Black, es contra las reglas que los estudiantes lleguen a la escuela por cualquier medio que no sea el Expreso de Hogwarts. Puedo deducir puntos al Sr. Potter, y lo haré. Gryffindor comenzará el año con puntos negativos." Dio una media sonrisa. Harry cruzó los brazos y lo fulminó con la mirada. Eso solo hizo que la sonrisa de Snape creciera. Connor parecía demasiado sorprendido para protestar, su boca abierta sin que salieran palabras.

"Es ahí donde está mal, Profesor Quejicus el Quejoso," dijo Sirius alegremente. "Voy a estar ayudando a Madame Hooch con los partidos de Quidditch este año. Eso significa que técnicamente soy un profesor, y también puedo quitar puntos – pero también darlos." Miró a Connor y sonrió. "Diez puntos para Gryffindor por estar en una Casa que no tiene un montón de serpientes resbaladizas," dijo.

Harry estaba observando a Snape, y vio su rostro tornarse oscuro de rabia. Se alejó un poco. No pensaba querer estar en medio de un concurso de insultos tan horrendo como el que estaba por venir. Quería poner su equipaje en su cuarto y luego escabullirse al Festín del Sorteo sin atraer la atención. Draco, sin duda, lo bombardearía con preguntas si llegaba tarde.

Pero por desgracia, ese movimiento atrajo la atención de Snape. "Potter," dijo, sus ojos entrecerrados declarando que no se había olvidado del final del año pasado. "Venga conmigo. Hay cosas que debemos discutir antes de que el año escolar comience, usted y yo."

"No puede," dijo Sirius, aún con esa loca sonrisa en el rostro. "Tengo que llevar a Connor y a Harry con el Director. Querrá ver y escuchar que han llegado sanos y salvos."

"Soy el Jefe de Casa del chico," dijo Snape, su siseo suficiente para contender contra la mascota de Slytherin.

Pero no contra mi, dijo Sylarana con orgullo desde el suéter de Harry. Nadie sisea mejor que yo.

"Pero yo soy su padrino," dijo Sirius. Sacó un brazo y tomó a Harry por el hombro, acercándolo a su cuerpo. Harry se tropezó un poco y entonces se giró para asegurarse de que pudiera sacar su varita, en caso de necesitarla. La furia de Snape era tanta que pensaba que podría suceder. "Y no pretendo dejar que lo molestes y controles como hacías el año pasado, Quejicus. Harry debió estar en Gryffindor. Tomará lecciones sobre coraje y justicia conmigo, ya que no va a aprender sobre eso con tus pequeñas serpientes."

Harry parpadeó, y luego se relajó. Este era un tratamiento especial que jamás se hubiera atrevido a pedir, ya que Sirius estaba aquí para proteger a Connor, pero era algo que aceptaría con brazos abiertos. Sirius iba a vigilarlo, no solo protegerlo de la Oscuridad si notaba que Harry titubeaba. Harry estaba aliviado. Hacía que su plan de actuar como un Gryffindor este año fuera más sencillo.

Snape no dijo nada. Al principio Harry pensó que este podría ser un buen signo, una indicación de su sorpresa al ser enfrentado de este modo, pero cuando Snape habló en una voz casi demasiado suave para que se escuchara, se dio cuenta de que era algo muy malo. Otras personas gritaban cuando estaban muy enojados. Snape susurraba.

"¿Hacemos una apuesta, Black? ¿Una pequeña jugada? Recuerdo que a los Gryffindors les gustaban mucho, en aquellos días que notaba algo en ellos que no fuera su increíble incompetencia en Pociones."

"Profesor Snape," comenzó Connor, y ahora sonaba nervioso, como si pudiera sentir que una apuesta entre los profesores podría ser mala para la escuela. Harry estaba orgulloso de él por mostrar tanta preocupación, pero sospechaba que ambos hombres estaban demasiado concentrados para prestarle atención al Niño-Que-Vivió, y estaba en lo cierto.

"Por supuesto," dijo Sirius al instante. "¿Qué apuesta? ¿Y qué se gana? Debe ser justo, Quejicus, ya que yo recuerdo que a los Slytherins les gustaba bastante hacer trampa." Sus ojos brillaban.

"Para el final del año," dijo Snape, asintiendo hacia Harry. "Apostaría que este gemelo Potter habrá actuado más como un Slytherin que como un Gryffindor, que habrá aprendido más de mi que lo que tú podrías enseñarle." Se detuvo un momento, y Harry casi podía verlo debatir si lo que estaba a punto de decir sería una buena idea. Pero aparentemente, el sonido imaginario de las palabras era muy atractivo. "Y apostaría," Snape susurró, su voz casi inaudible, "que Harry Potter es el verdadero Niño-Que-Vivió."

Sirius soltó una carcajada. Harry podía escuchar la voz del perro en el, y lo hizo temblar. Sabía, entonces, que Sirius tampoco iba a resistir las peores palabras que pudiera decir.

"Tomaré esa apuesta, Quejicus, ya que no hay forma en que pueda perder," dijo Sirius, y ofreció una mano. Snape la sujetó firmemente. Ambos hombres agitaron las manos después de ello, como si estuvieran quitándose una capa invisible de grasa. Harry hubiera encontrado eso divertido si no estuviera en estado de shock. "Connor es el Niño-Que-Vivió, yo lo sé," Sirius continuó. "Y Harry siempre fue más Gryffindor que Slytherin. No sé por qué el Sombrero Seleccionador decidió que debería ser colocado en tu horrible Casa, pero estará libre de ella antes de que termine el año." Se detuvo. "¿Y qué se gana si uno de los dos pierde?"

"No volveré a intentar influenciar al Sr. Potter de nuevo," dijo Snape. "Incluso apoyaré su transferencia a la Casa de Gryffindor."

Sirius asintió la cabeza. "Aceptado."

"Y si tú pierdes," Snape dijo, "entonces dejarás de ser el padrino de Potter, y cederás todo control sobre él."

Sirius dejó de sonreír. "Eso no está aceptado."

"Las ganancias son las mismas," Snape dijo. Se detuvo un instante, y luego añadió, "¿De qué tienes miedo? ¿Espero que no sea perder la apuesta?"

Sirius se agitó de nuevo como si lo hubieran picado, y agitó la cabeza furiosamente. "Ni un podo," dijo. "Debí saber que eras el tipo de bastardo que intentaría separar a un chico de su padrino, Snape." Mostró los dientes, y todo rastro de buen humor había dejado su voz. "Es un trato."

"¡Deténganse!"

Harry parpadeó. Connor se había abalanzado a pararse entre ambos hombres, mirándolos del uno al otro. Su oscuro cabello estaba revuelto, como si hubiera pasado una mano por él. Sus puños estaban apretados frente a él, y sus ojos brillaban con una fuerza que Harry pensaba habría hecho a James alejarse de él.

"¡No tienen derecho de hacer eso!" Connor dijo. "Él esta parado justo ahí. ¡No pueden hacer apuestas sobre él como si fuera – como si fuera una cosa, un Galeón!" Se giró en su punto y fulminó a Sirius con la mirada. "¿Cómo pudiste hacer eso?"

Sirius se hincó en el piso, en lugar de explotar o tratar de defenderse a si mismo con habladurías, como Harry había esperado. Su rostro era grave, y eso era lo que probablemente mantuvo a Connor callado. Harry incluso se encontró inclinándose hacia delante para escuchar lo que su padrino tenía que decir.

"Tú no entiendes de donde viene la rivalidad entre Slytherin y Gryffindor, Connor," Sirius dijo gentilmente. "Nosotros somos buenos. Ellos tienen miedo de ser buenos. Ellos tienen que esconderse de la luz, porque de otro modo los ciega, los destruye, como serpientes o cucarachas." Harry escuchó a Snape tomar aliento súbitamente, pero Sirius continuó hablando. "Snape quiere convertir a Harry en una cucaracha como él, enseñarle las Artes Oscuras y convertirlo en un mago Oscuro. Voy a asegurarme de que eso no pase. No te preocupes, Connor. No perderemos a Harry. Y vamos a asegurarnos que los Slytherins se arrepientan de alguna vez haber tratado de lastimar a alguien que es un Gryffindor, incluso si duerme en el cuarto equivocado y va a las clases incorrectas." Su sonrisa se alargó en su rostro, y le dio a Connor una palmada en el hombro.

Connor miró hacia Harry. Sus ojos mostraban si inseguridad. Harry podía entender por qué. Connor había sospechado que era un mago Oscuro el año pasado, dados sus intentos de mentir y su temperamento y su fuerte magia. Tenía mucho sentido, en las palabras que presentaba Sirius, que alguien así tuviera una mayor oportunidad de perderse en Slytherin, a diferencia de alguien como Connor. Visto de ese modo, claro que su hermano vería que necesitaban proteger a Harry.

Y una apuesta sería una forma de humillar a los Slytherins por siquiera pensar que podían llevarse al hermano de Connor de su lado.

Harry entendía todo eso.

Lo extraño era que se encontraba a si mismo queriendo protestar, queriendo decir que no todos los Slytherins eran de ese modo, que Snape había curado el daño que había recibido de Crucio el año pasado, que la familia de Draco le había comprado una escoba por su cumpleaños.

Pero no podía decir nada de eso. Connor aún no sabía de la escoba, ya que Harry había decidido que solo causaría problemas y la mantuvo guardada. La ayuda de Snape había precedido a que el hombre le diera a Harry Veritaserum, lo cual Harry sabía no podía perdonar. Y si pensaba que Sirius estaba equivocado sobre Slytherin...

¿Eso solo mostraba lo poco que sabía, o no? Solo mostraba lo profundo que la Casa de las Serpientes había metido los colmillos en su ser. Harry cerró los ojos y agitó la cabeza.

Este es un regalo. Esta es la excusa que estaba buscando para ser más Gryffindor. Tengo que ser de ese modo, o los Slytherins van a corromperme. Y no puedo dejar que eso pase. No le sirvo de nada a Connor si soy Oscuro, o si piensan que lo soy.

Su respiración se relajó. Abrió los ojos y logró sonreírle a Sirius.

Eres todo un tonto, dijo Sylarana. Hay comida en el castillo. Puedo olerla. Y aquí estas parado, hablando.

Snape siseó. Por un salvaje momento, Harry pensó que debió haber escuchado a Sylarana, pero entonces se dio cuenta de que Snape había estado esperando a ver cómo reaccionaba Harry a lo que Sirius había dicho.

"Voy a destruirte, Black," susurró Snape. "Nunca lo verás venir, lo que ocurrirá para quitarte los premios que esperabas ganar. Estarás, al final, tan aplastado contra la tierra como un gusano bajo la suela de mi zapato. Y al final, arrastrándote en el suelo, llorando y gritándole a las estrellas, reconocerás este momento como el inicio de tu final."

Harry nunca había visto tanto odio en ningún otro rostro como el que había en el de Snape cuando miraba a Sirius – excepto el año pasado, cuando sus padres habían venido al partido de Quidditch Slytherin-Gryffindor y Snape había fulminado con la mirada a James del mismo modo.

Y entonces, en un instante, lo comprendió. Se preguntó como pudo haberlo pasado por alto, o haberlo perdonado.

"Odia a mi padrino," dijo silenciosamente. Snape se giró a mirarlo, pero no relajó la mirada fulminante en su rostro. Harry realmente no había esperado que lo hiciera. "Odia a nuestro padre. Claro que va a hacer esto. Realmente no le importa, si actúo más como un Slytherin o como un Gryffindor. Lo que importa es que soy el ahijado de Sirius Black, y el hijo de James Potter, y el hermano del Niño-Que-Vivió. Solo hace esta apuesta para vengarse de la gente que lo ha insultado, de modo real o imaginario." Harry se detuvo un momento, pensó en tratar de articular todo lo que estaba sintiendo, y al final solo agitó la cabeza. "No le importa," dijo, y se sorprendió al oír un tono melancólico en su voz. ¿Había querido que a Snape le importara?

Tal vez, respondió para si, y alzó la cabeza para ver a los ojos de Snape. "No le importa que un estudiante actúe más Slytherin o Gryffindor," repitió. "Le importa la venganza." Se encogió de hombros. "No puedo hacer nada para evitar que haga la apuesta, o que intente cumplirla, pero puedo negarme a cooperar."

El rostro de Snape estaba limpio de cualquier expresión. Pero Harry sabía por el modo en que los ojos de Snape se agrandaban, que Snape había recibido su silencioso mensaje. Harry no solo se refería a resistir lo que fuera que Snape intentara hacerle en nombre de hacerlo más Slytherin. Se estaba refiriendo a las lecciones de duelo privadas que Snape le había dado el año pasado, y el trabajo extra en Pociones que Snape hacía que realizara en clase, y tratar de ganar juegos en el equipo de Quidditch de Slytherin, y todo lo demás que Snape había forzado a Harry hacer a través de amenazas.

Primero habían sido amenazas contra el tiempo libre de Harry, y luego contra el de Connor. Pero eso ya no funcionaría, pensó Harry, extrañamente abstraído, al mirar el rostro de Snape. Oh, era seguro que Snape le daría detenciones a Connor. Pero una detención era un pequeño precio comparado con la devastación que Connor sentiría si Harry se convertía en un Slytherin.

Entonces pensó en Draco, y gimió. Pero eso tenía las mismas respuestas. Lastimaría a Draco cuando se distanciara de él. Draco gritaría y haría rabietas y demandaría explicaciones. Y Harry podía decirle la verdad.

Connor venía primero. Connor siempre vendría primero. Harry había pensado que, algún día, se arrepentiría de la amistad que estaba formando con Draco, y ahora tenía razón para arrepentirse. Sí, realmente no quería lastimar a Draco, pero no quería lastimar a Connor aún más.

"Te escojo a ti, hermano," Harry le dijo a Connor, sin importarle que todos, incluso su hermano, lo estuvieran mirando. No tenía ninguna responsabilidad de ser un estudiante respetuoso, o alguien que no dijera cosas que causaran inconformidad en otras personas. Él tenía todo el derecho de ser lo que había nacido para ser, el protector de su hermano. Esta era simplemente la primera declaración pública de su alianza. "Escojo a Gryffindor, y a todas las cosas que amas y valúas."

El rostro de Connor se iluminó como el sol. Harry se dejó perder en ello, y ni siquiera volteó a ver la expresión de Snape. Sabía que no encontraría nada valioso ahí.


Snape nunca había estado de un humor tan malo, y lo sabía.

Si tan solo el recipiente de dicho mal humor lo supiera, también.

Harry Potter no daba indicación de saber que había molestado a Snape. Tampoco daba indicación de saber que había molestado a Draco, y el año pasado el mocoso había respondido ante Draco cuando no respondía ante nadie más. Draco estaba taciturno porque Harry se negaba a pasar tiempo a solas con él, y buscaba a su hermano en su lugar. Había tenido una pelea a gritos con Harry en el corredor la semana pasada, justo después de que Snape dejó salir a los de segundo año de Slytherin y Gryffindor de su primera clase de Pociones. Snape había observado. Harry había seguido caminando, su mirada justo al frente, sin mostrar el menor estrés en su postura. Debía de causarle algún tipo de estrés, pero no mostraba signo de ello. Hizo que su resistencia a las súplicas de Draco pareciera venir sin esfuerzo, y eso solo empujaba a Draco a demostraciones más y más enojadas.

O llenas de lágrimas. Snape hizo una mueca. Si nunca tengo que pasar otra tarde en mi oficina mientras el heredero Malfoy habla sin parar sobre un Potter que lo ignora, será demasiado pronto.

Harry no había venido, ni una vez, a Snape para lecciones de duelo. Había sufrido bromas de sus compañeros, y nunca daba un paso atrás; llegaba a desayunar en el Gran Salón con ampollas apareciendo en su cara, o cabello en las palmas de las manos, y calmadamente ignoraba la risa. Había sido menos frecuente esta semana. Snape había tenido la nada complaciente experiencia de escuchar a los Gryffindors de segundo año, quienes incluían a Ron Weasley, acordar que cualquiera que pudiera aceptar una broma de ese modo no podía estar tan mal, y que deberían alentar a Harry a subir a la Torre alguna vez.

Y Harry ya no realizaba el trabajo que Snape quería que hiciera en clase de Pociones.

Snape se había dado cuenta de que había cometido una equivocación la primera vez que Harry alzó la mirada, ojos verdes bien abiertos e inocentes y perfectamente claros, sobre una Poción Cambia-Cabello perfectamente hecha – la cual debía haber sido una poción perfectamente hecha que ayudaría a las victimas de la Maldición Cruciatus a recuperarse de sus temblores. De hecho, había cometido muchos errores, y el primero de ellos fue darle a Harry tarea extra en el verano. Harry había aprendido como transformar una poción en otra con la adición de unos cuantos ingredientes. No cometía errores torpes. Cometía errores silenciosos, y entonces agrandaba los ojos y sugería que la poción funcionaría, solo no en el modo que debería, si hubiera seguido las instrucciones originales.

Las pociones siempre eran perfectas.

Eso solo enfadaba a Snape aún más.

Asignó a Harry a que trabajara con Neville Longbottom. Ese fue otro error. Había pretendido frustrar a Harry, condenándolo a trabajar más lentamente y con la posibilidad de quemarse las cejas o derretir su caldero en cada clase. Pero Harry había avanzado alegremente al otro lado del salón, y pronto estaba instruyendo a Neville con susurros y pacientemente lo sacaba de sus errores. Las pociones de Neville mejoraron, Harry llevaba a cabo trabajo de segundo año en lugar del trabajo avanzado que Snape había planeado en impartirle, y se sentaba entre los Gryffindors, quienes ahora parecían cerrar filas a su alrededor y enfadarse cuando Snape se le acercaba.

Para el final de la segunda semana de clases, los colegas de Snape habían comenzado a evadirlo. Sirius Black, por supuesto, sonreía en la distancia, y de vez en cuando Minerva lo miraba como si le preguntara por qué rayos Snape había hecho una apuesta tan ridícula, pero ninguno de ellos compartía una conversación ni una comida con él gratuitamente, comiendo rápido y dejando el Gran Salón tan pronto como era posible. Snape sabía que se pasaba demasiado tiempo fulminando con la mirada a la mesa de Slytherin, y al chico testarudo que había logrado desobedecerlo como nunca antes lo habían desobedecido. La única excepción, la única salida posible para su rabia, era ese tonto Gilderoy Lockhart, quien hablaba sin parar sobre sí mismo y nunca parecía notar los insultos de Snape – y a quien no se le permitía a Snape hechizar.

Algo tenía que ceder. Algo se rompería.

Snape aún no sabía lo que eso sería, pero estaba determinado a encontrar una debilidad, y explotarla. Ningún niño de doce años era tan competente en defenderse de los insultos como Harry parecía ser. Ningún estudiante podía consistentemente desobedecer a su profesor de este modo y escabullirse con ello.

Encontró la debilidad durante la tercer semana de clases.


Snape estaba patrullando los pasillos cerca de los calabozos – algo que ni siquiera confiaba que los prefectos de Slytherin hicieran correctamente – cuando escuchó un bajo, continuo, espeluznante sonido. Hizo que su espalda se tensara con las memorias de algunas de las maldiciones más raras realizadas durante el reino del Señor Oscuro. Tomó su varita y se deslizó a la esquina, presionando los hombros firmemente contra la piedra.

Harry Potter estaba arrodillado en el suelo no muy lejos de la sala común de Slytherin, siseándole a una serpiente negra y dorada que Snape reconoció en un instante como a una Locusta. No muy lejos de él yacía una escoba más fina que cualquiera que la escuela tuviera en su posesión.

Snape se quedó en su sitio por un momento, para absorber la escena y saborear su triunfo. La serpiente le siseó a Harry de regreso, y el rostro del chico se torció en una mueca. Agitó la cabeza y dijo algo más en la lengua de las serpientes, para luego suspirar y estirar una mano para acariciar el lomo de la serpiente. Ella aceptó su caricia, algo que Snape había pensado imposible para una Locusta, e incluso se retorció bajo sus dedos, como si lo disfrutara.

El chico habla Pársel.

Snape sintió la victoria como una fruta madura en su boca. Solo tenía que morderla.

Y la escoa – era obviamente de Harry. Harry no había dado indicación de poseerla, y ciertamente no a Marcus Flint, quien habría encontrado la forma de asegurarse de que un miembro del equipo de Quidditch de Slytherin la montara, incluso si Harry se negaba a participar. Por lo que Snape sabía, Harry aún no había informado a Flint sobre su decisión de no jugar.

Y ahora nunca lo hará.

Snape salió de su escondite. Harry giró la cabeza rápidamente, atrapado. Snape dejó que su media sonrisa se estirara en su boca. La Locusta giró para sisearle, pero cuando Harry le siseó algo más en un tono de comando, ella se subió a su brazo. Harry bajó la cabeza y se levantó lentamente.

"¿Qué es lo que quiere, Profesor Snape?" preguntó.

"Quiero saber cosas," dijo Snape calladamente. Que nunca se diga que me apresuro en mi venganza. "¿Por qué estas fuera de tu sala común?"

Harry alzó la mirada de nuevo, y esta vez había algo como un destello de esperanza en sus ojos, como si esperara poder salirse con la suya en esto. "Porque voy a volar cada noche, señor," dijo, y señaló hacia la escoba a su lado. "Solo – necesito liberar la tensión."

Snape asintió gravemente. La admisión le parecía dulce.

Y solo era una probada de las promesas que ahora extraería de Harry. Snape casi se sentía mareado con emoción y poder. Pero apartó los sentimientos. Lo último que quería ahora era distraerse y dejar que la oportunidad se le saliera de las manos.

"¿Y por qué hablabas con una serpiente?"

"Se presentó durante el verano," dijo Harry, y se encogió de los hombros en un pequeño gesto. "Es una Locusta. Su nombre es Sylarana. Dijo que mordería a Connor si no cuidaba de ella, y desde entonces a amenazado con morder a otras personas. Mientras cuide de ella, no lo hace."

Snape sintió una sombra tocar su bueno humor; claro que el chico se habría sacrificado para salvar a su idiota hermano. Pero alejó eso también. Harry aún era—

"Hablas la lengua Pársel," susurró.

Harry asintió. "Sé que es un talento potencialmente Oscuro, señor."

"Sí," dijo Snape, y se detuvo por un momento. "¿Y uno por el que darías mucho para mantener en secreto, correcto?"

Harry se apartó un paso de él, colocando su espalda contra el muro. Su magia estaba elevándose a su alrededor. Snape estaba aliviado de haber fortalecido sus escudos. Los ejercicios que le había asignado a Harry durante el cercano habían trabajado casi demasiado bien. Su poder ahora era tremendo, fácilmente saltando a su auxilio. Snape se preguntaba si Harry había notado aún que utilizaba su magia más y más seguido, algo que su aparentemente inofensiva tarea lo había acostumbrado a hacer.

"Si revela esto—" Harry comenzó.

Snape se encogió de hombros. "Parecerás Oscuro," dijo. "Slytherin." Se detuvo un momento. "Y yo gano la apuesta. ¿Piensas que tu padrino y tu hermano te aceptarán de regreso cuando descubran que puedes hablar con las serpientes, justo como Voldemort lo hace?"

Harry le mostró los dientes, y por un momento la presión de su magia pasó sobre los escudos de Snape. Snape calmó su respiración y esperó que el dolor de pelear contra la agonía en su mente no se mostrara.

Pero Harry estaba atrapado, y lo sabía. Inclinó la barbilla y alejó la mirada un momento después. "¿Qué es lo que quiere?" su voz sonaba estrangulada.

"Dos cosas," dijo Snape. "A cambio, guardaré dos secretos: que hablas la lengua Pársel y que vuelas fuera de la escuela."

Harry lo miró fijamente, calculador, y luego asintió. "Suena justo."

Snape se mordió la mejilla para mantener la alegría fuera de su mirada de superioridad. El chico hablaba como un Gryffindor, pero razonaba como un Slytherin. Ganaría la apuesta con Black, después de todo. Un arroyo de bien-merecida buena fortuna le había llegado esta noche.

"Lo primero," dijo Snape, "es que vas a jugar en el equipo de Quidditch de Slytherin, y que vas a usar esa escoba."

Harry asintió lentamente. "¿Y lo otro?"

"Que repares tus amistades con tus compañeros de Casa, o al menos con Draco Malfoy," dijo Snape. "Tales resentimientos y rivalidades podrían volverse mortales en nuestro triunfo en el campo de Quidditch."

Harry lo miró fijamente. Snape sabía que no lo comprendía. Habría esperado que Snape le pidiera que dejara a Snape ganar la apuesta con Black, o que dejara de hacer errores en la clase de Pociones.

Lo que no sabía es que ninguna de esas cosas habrían funcionado la mitad de bien para las verdaderas metas del profesor. Snape pretendía ganar la apuesta con Black por sus propios métodos, más sutiles, los cuales Harry no podría ver con suficiente claridad para evitar. Y no había nada particularmente Slytherin sobre tener talento en Pociones, aunque Snape apretaría los dientes fieramente al ver tal talento irse a la basura.

Forzar a Harry de regreso al equipo de Quidditch y a la compañía de sus compañeros de Casa incrementaría sus tendencias Slytherin. Había funcionado el año pasado.

Y eso le ayudaría a Snape a ganar la apuesta.

Harry se mordió el labio. Era obvio que no era feliz, pero lentamente asintió la cabeza. "Muy bien. Y usted mantendrá en secreto que hablo Pársel, y me dejará volar por la noche."

Snape asintió de regreso. "No me sorprende que tengas que volar por la noche," añadió delicadamente, dándose la vuelta. "Luchar contra lo que realmente eres seguramente requiere mucho esfuerzo de tu parte."

Podía sentir los ojos de Harry en su espalda, pero no se dio la vuelta. También resistió la tentación de caminar más alegremente hasta que hubo dado vuelta por el corredor.

Estaba ganando. Plantaría dudas en la mente de Harry y lo atraería de regreso a sus cualidades Slytherin con estratagemas demasiado sutiles para resistir. Los movimientos directos no funcionaban con Harry. Tendría que hacerlo indirectamente. Ganaría la apuesta con Black, y le habría ganado una a los dos hombres que odiaba.

Y el chico habla Pársel.

Snape no pudo contener el temblor que se dijo a si mismo era más emoción que miedo. Era verdad que el Señor Oscuro había hablado Pársel también.

Pero esto simplemente marca al chico como a un Slytherin – más allá de toda duda, Slytherin. Cuando finalmente tome su lugar como el Niño-Que-Vivió, será nuestro. Nadie se atreverá a llamarlo Gryffindor entonces.