Capitulo 4
••Propósito ••
Desde el momento en el que se había dado a conocer la relación entre el Ackerman y Jeagar nadie lo creyó.
¿Cómo era posible que dos personas tan diferentes pudieran congeniar?
No era para más. Cada uno era por completo diferente. Incluso los muchos amigos Eren y los pocos amigos de Levi se apostaban que no durarían a más de tres meses o mucho menos, y aunque las dos personas sabían sobre la apuesta nunca reclamaron, es más, para demostrarlo se unieron a la misma apuesta saliendo ganando con más de dos años juntos, recibiendo las disculpas de todos.
Varios pensaron que solo estaban juntos para hacer que se disculparán apropósito, pero nunca lo hicieron, nunca estuvieron juntos solo por una estúpida apuesta y por una disculpa. Su relación siempre fue pura y sincera hasta la fecha.
―¿Cómo demonios puedes aguantar a mi hermano?-. Pregunto un día Mikasa.- Es demasiado arrogante y nunca demuestra lo que siente, es serio, muy callado, muy seco. ¿Cómo puedes estar con el?
El castaño no contestó ese mismo día, no quería hacerlo hasta contestar claramente. Hasta un día que se trataba el tema de agua natural, contaminación y cosas sin sentido hacia la respuesta le contesto.
―Después de estar más de cinco años estando perdido en mi mismo, encontré algo que me regreso a mí pero... me lo quitaron, y me volví a perder. No sabia que hacer, me refugie en las letras y en mi cuaderno. Y luego tres años después... volví a encontrar ese propósito. Él me regreso a la vida cuando estaba vivo, me dio un propósito para volver, y después de un tiempo, el se convirtió en mi propósito. Por eso estoy con él, el mi propósito de seguir aquí.
Después de decir aquello la Ackerman dejo de hacer preguntas acerca de su relación y el porqué seguían juntos, en cambio los apoyo más que los demás, era sorprendente que ahora no supiera nada del problema además del mismo Eren y Hanji, que había investigado por su cuenta
Aparte de un omelet y de calentar agua el castaño se dedico a enseñarle a preparar diferente cosas, entre ellas sopas, pastas, quesadillas (ya que se le quemaba la tortilla), y alguno que otro intento de postre, que terminaban por ser "cosas" tostadas al horno, siempre se pasaban de la harina, o al dejar mucho tiempo las cosas al horno, al final Hanji― que los visitaba diariamente procurándose de que Eren ya le hubiera dicho las cosas― terminaba por caer de la risa al ver los intentos fallidos de ambos, aunque siempre terminaba por ser castigada y comerse dos o tres de aquellas bolas de carbón. Algo salía de productivo de todo aquello: el azabache aprendía a cocinar cada vez más rápido, era algo.
―Puedo contar con los dedos las cosas que le salen bien―. Dijo el ojiesmeralda.
―Al menos ya pasa de una―. Le contesto la Ackerman.
Habían salido a caminar, ya hacia tiempo que no se veía, querían compartir un rato junto al otro, además de que el castaño estaba solo en el apartamento, la llamada de Mikasa le había caído bien.
―¿Dónde esta el bruto de mi hermano?―. Pregunto, sacándole una sonrisa de los labios a Eren.
―Tuvo que ir a entregar un paquete para la empresa, no regresara hasta la noche.
―Es raro que salga casi por una tarde entera.
―Si bueno, solo es una tarde―. Caminando por el asfalto y pateando piedras por el camino recordó a cierta persona-. ¿Sabes como esta Armin?
―Pues...―. Dudo en contestarle―. Esta esforzándose, esta sacando su segunda carrera y con el trabajo por haya... le esta dando duro la academia
―Se fue hace un año―. Le recordó.
―Si pues, digamos que no fue tan correcto de su parte irse, dejarme sola y con un pequeño.
El aire en la cara del moreno le recordó cuando el rubio y la castaña le contaron con una sonrisa en la boca que esperaban una pequeña criatura dentro de poco tiempo. Nueve meses después Mikasa dio a un pequeño niño de ojos color azul y cabello rubio.
―¿Como esta el pequeño Erwin
―Lo extraña, me lo dice a cada momento
―Apenas tiene seis años, es normal que extrañe al tonto de su padre.― no solo lo extrañaba el pequeño Erwin, también el mismo Eren lo extraña y también sabía que Mikasa era la que más lo extrañaba de todos, pero de vez en cuando no sobraba preguntar―. ¿Y tú? ¿Lo extrañas?
Contesto sin vacilar
―Más que a nadie―. Tomo una pausa, después un respiro y dijo―. Él y Erwin se convirtieron en mi propósito.
―¡Hey! ¡Esa frase es mía!―. Dijo en broma haciendo que la Ackerman se riera y Eren junto con ella, aunque claro, no tardo en darse cuenta de cierta cosilla que la molestaba desde que se vieron ese día y que ahora, lo hizo notar más que antes
―Estas extraño―. Soltó.
Al instante el castaño volvió en si dándose cuenta de su error, sacando la típica sonrisa del "nada me pasa" y sus palabras de:
―¿De que estas hablando?―. Soltando una pequeña risa.
―Tus risas... no son las mismas, son-
―¡Mira Mikasa!―. Le interrumpió sabiendo a lo que iba "son mas tristes", esas eran las palabras con las que terminaría si la dejaba―. ¡Manzanas acarameladas! De seguro a Erwin le encantara una―. Sabía mover las cartas. En primera a la Ackerman también le encantaban las manzanas acarameladas y sin duda al pequeño Erwin, fue una gran distracción, logrando que cambiaran de tema por uno del ambiente y sugieran con su recorrido, hasta que el teléfono de Mikasa le sonó en el bolsillo
―Espera un momento―. Le dijo al castaño.
Sin querer volvió a su mente las palabras de la castaña, solo le había dado una semana y media, y ahora ya había pasado la semana, solo tres días antes de que soltara la verdad al azabache, tenia que hacer algo.
Después de momentos de estar pegada al teléfono Mikasa regreso al lado del Jeagar con el semblante preocupado y con sus instintos desbordando, interrumpiendo los pensamientos del castaño
―Perdóname, pero me tengo que ir.
―¿Pero que paso?―. Pregunto preocupado al ver a la Ackerman.
―Erwin -. Explico rápido―. Tal parece que le dio temperatura
―¿Y la niñera?
―Esta con él, pero no sabe que hacer, me dijo que no le bajaba, ya lleva más de treinta minutos así. Perdóname Eren pero me tengo que ir―. Se despidió del castaño saliendo corriendo en busca de su pequeño niño y dejando a Eren en medio del parque.
"Bueno... me quede solo"
Sin saber que hacer, camino por el lugar, vagando y comprando cosas que no necesitaría nunca hasta que el reloj de bolsillo le anuncio que las seis de la tarde ya le habían llegado de un momento a otro. Levi no tardaría en llegar al departamento. Tenia que volver antes que él, preparar algo para comer y prepararse para contado toda la verdad.
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―¿Que demonios haces?―. Pregunto el azabache al llegar al departamento y encontrar al castaño rodeado por trozos de papel, tijeras, hojas, y grullas de papel por todos lados.
―¿¡En que momento entraste!?-. Pregunto Eren al darse cuenta de todo el esto que se la había pasado metido en su mundo de grullas.
El ojiesmeralda había llegado al departamento con todas las intensiones de hacer algo para comer y ponerse a realizar el trabajo pendiente, pero por "error", se había metido a su estudio y encontrado todo el tiradero de grullas y de papel, y al verlo ahí tomo la caja y los papeles yendo al ventanal de una esquina del lugar y seguir con trabajo de hacer grullas. No se dio cuenta de lo rápido que ha la pasado media hora
―Acabo de entrar―. Contesto el azabache.
Mientras hacia las grullas de papel, pensaba en como demonios darle cierta información a Levi antes de que Hanji lo hiciera, pero por más que pensaba y le daba vueltas al asunto no encontraba la manera de como decirle todo sin que pasara algo malo.
¿A caso era mejor que Hanji le dijera lo que pasaba?
Era lo más deshonesto que podía hacer en aquella situación. O más bien, ya era deshonesto el ocultarle la verdad.
No, era mejor decirle lo que pasaba y enfrentar el problema cara a cara
―Lev-
―Así que mil grullas de papel―. Le interrumpió. Seguramente no debió de escucharle hablar.― ¿En serio harás tantas?
Agachando la mirada hacía el pequeño pedazo de papel en las manos y guardando sus palabras contesto.
―Si
―¿Qué deseo quieres?―. Pregunto el Ackerman sentándose frente al castaño y observando como el sol pasaba por la ventana dándole esos pequeños matices naranjas que anunciaban la caída del sol y el levantamiento de la noche.
―Es... un secreto―. Contesto Eren metiendo a la fuerza todas las lágrimas que querían traicionarlo y dar a conocer el problema
―¿Que harás si no se cumple?
―N-no lo se―. Contesto levantando la mirada y dando a conocer su tristeza a través de sus ojos al pensar que no se cumpliría su deseo. Ver aquella mirada le partió el corazón al azabache, haciéndolo actuar por impulso y tomar la barbilla del Jeargar para poder dirigirle una de sus inexistentes sonrisas que nunca daba a conocer a excepción del castaño
―Sabes que si tu deseo por las mil grullas no se cumple, siempre me lo puedes pedir a mí. Haré lo que sea por ti Eren.
―¿Lo prometes?―. Contestó Eren sacando su negligente sonrisa de sus labios y pasando sus lagrimas por su garganta.
―Lo prometo.
Y así, en solo dos palabras, abandonó aquellas palabras que le revelarían la verdad al Ackerman
No podía, no podía decirlo, no podía aceptar las palabras por si mismo.
No quería.
No podía
No lo haría.
Por algo ese azabache se había convertido en el propósito del castaño, no quería que ese propósito volviera a desaparecer por su propia cuenta.
Si desaparecería seria por cuenta de Eren.
Así ya no lastimaría.
Así ya no dolería.
Gracias por leer!
Leeren
