A pesar de todas las quejas de Syo, el cronograma ya estaba hecho y debían encontrarse al día siguiente a las seis para la primera clase de tutoría. Antes de que se lanzaran a discutir, Ai les dijo que ya no quería perder tiempo. Les enseñaría algunas cosas de las clases y luego discutirían el horario. Una hora después, y medía hora antes de que comenzaran las clases del colegio, se tomaron el tiempo para hablar.

¡Waaa! Es tan detallado – fue el único comentario de Natsuki sobre sus horarios nuevos, para el desespero de Syo. Esperaba tener más apoyo en su moción.

¿Es todo lo que tienes que decir? – preguntó Syo alterado, pero al ver la sonrisa despreocupada de Natsuki, supo que no tenía remedio – Pero no puedo estar todos los días a las seis de la mañana en la biblioteca.

Dormir más o dormir menos ya no te ayudará a crecer, Kurusu-san. Ya no eres niño – dijo Ai, juntando los libros y papeles que habían usado.

¿Qué? – bramó Syo, enfadado y dispuesto a armar pelea, pero Ai solo levantó el rostro y le lanzó las misma mirada impávida de siempre. Syo suspiró. La fuerza no le iba a llevar a ningún lado – No es eso. Tengo práctica de fútbol en las mañanas. Ya me meteré en problemas por faltar hoy – explicó, volviendo a tomar asiento.

Hubo silencio mientras Ai escaneaba a Syo. Recordaba la gran sonrisa que el chico tenía al jugar, toda la energía que desbordaba y el empeño que le ponía. Siempre se preguntó cuánto debía entrenar para jugar de esa forma. "Así que madrugas para jugar", pensó, sonriéndose. Simplemente, no podía quitarle eso.

Syo volvió a levantarse al ver esa sonrisa. Se sentía ofendido porque pensaba que esa risita era porque se estaba burlando de él. Pero antes de que tuviera ocasión de decirle unas cuántas palabras, Ai se adelantó a hablar.

Haberlo dicho antes – volvió a sacar las hojas de los horarios con un lápiz – Sólo vamos a coordinarlo todo de nuevo, teniendo en cuenta sus necesidades y mi disponibilidad.

Después de unos quince minutos de discutir, al fin estaban llegando a un acuerdo. Con las prácticas de Syo, el rubio tuvo que aceptar ir a casa de Ai los fines de semana para avanzar con sus estudios. Lo peor de todo es que debería ir solo, ya que Natsuki sí tenía libre en las mañanas, pero los fines de semana iba a clases de música. Syo sólo lamentaba perder su fin de semana, pero Ai aún discutía consigo mismo si aquella era una buena idea. "No soy un animal", terminó por convencerse, "no va a pasar nada", pero aun así, anotó un recordatorio para pedir a unos de los otros tutores que lo acompañaran ese fin de semana.

Ai estaba por dar por terminada la pequeña reunión cuando un rugido lo interrumpió. Tanto Natsuki como Ai miraron a Syo, que se puso rojo enseguida.

Jeje – rio, rascándose la nuca – Creí que sobraría tiempo para escaparme a la cafetería y salí sin desayunar – se excusó.

¡Oh! Eso me recuerda – exclamó Natsuki, poniendo una mochila sobre la mesa y abriéndola – Traje magdalenas caseros para todos – anunció emocionado, sacando el contenedor con las masas.

Los dulces parecían bastante inofensivos a la vista así que, mientras Syo balbuceaba excusas incoherentes, Ai tomó uno y se lo llevó a la boca. Tomó un mordisco, sin sospechar nada, y solo cuando la masa tocó sus papilas gustativas, Ai entendió el pánico y el resentimiento de Syo cuando se trataba de la comida de Shinomiya. Más que incomible, aquello tenía potencial para ser venenoso en serio. Ai pensó que convertir inocentes dulces en tales armas tóxicas debía ser un arte en sí. Por respeto a toda norma de salud que podría haber, no podía tragarse eso, pero tampoco podía escupir. Shinomiya se veía tan orgulloso de su trabajo… ¿Acaso nunca probaba sus dulces?

¡Natsuki! Pero como se te ocurre que desayunemos sin leche – saltó Syo con la solución.

¡Oh, claro! – se levantó Natsuki, enfocado en su nueva misión – La leche te ayudaría crecer. No podemos perder la esperanza, Syo-chan – y salió corriendo a buscar el dichoso alimento.

Syo se tuvo tragar todo su enfado por el comentario y aún más por el sobrenombre, pero antes de que pudiera decir algo, el otro ya se había esfumado. Además, había logrado su cometido. Apenas se aseguró de que el otro rubio no vería, tomó los dulces y tiró en su mochila, mientras le indicaba a Ai que no tragara nada de esa comida, que lo escupiera en el basurero. Se sintió muy mal al hacerlo, pero tenía que hacerlo.

La última vez que comí algo preparado por Natsuki, tuve que quedarme tres días en el hospital – le explicó Syo – Pero pone tanto entusiasmo en esto, y lo hace con tanto cariño que es difícil decirle la verdad. Sería como patear a un perrito – terminó desplomándose en su silla, aliviado de que sortearon ese drama – Y yo aún sigo con hambre… - se quejó.

Al chico de cabezo celeste se le escapó otra sonrisita. Syo era tan considerado…

¿Por qué sonries? – preguntó Syo, al notar a su sempai.

Ai se sonrojó un poco y bajó la cabeza. – No lo hago – mintió, volviendo a su cara fría de siempre.

Sí, claro – Syo rodó los ojos – Deberías hacerlo más seguido, ¿sabes? Eso de sonreír, porque es bastante peculiar que alguien con una personalidad tan robótica como la tuya tenga una sonrisa tan bonita.

Eso se sintió como un golpe a su corazón mismo. Con la cabeza baja, Ai no podía dejar de sonreír. Syo notaba su sonrisa, y creía que era… bonita. Realmente no quería darle muchas vueltas al asunto. Sólo era un comentario, un elogio inocente, pero su corazón no dejaba de latir. Se levantó, tenía que salir de ahí.

Las clases comenzarán pronto – anunció, dándose vuelta para ir a la puerta.

¿Eh? ¿Qué tienes? – se acercó Syo a estudiar su rostro – Tienes la cara toda roja. ¿Te sientes bien? No comiste nada del dulce de Natsuki, ¿o sí? – Syo acercaba más su rostro al de Ai, para estudiarlo mejor y Ai sentía que se rompería en cualquier momento.

E-estoy bien. Sólo que estamos llegando tarde… - caminó, dejando al rubio atrás y se topó con el otro que venía con la leche. Tomó una de las cajas. – Gracias, los dulces estaban deliciosos – se aseguró de seguir, sin detenerse - ¡Vayan a clases! – le recordó, huyendo tan rápido como podía de toda aquella situación.

Y mientras Syo trataba de encontrarle significado a lo que sucedía, Natsuki se emocionaba porque se comieron todo lo que había preparado y se despidió de Syo prometiéndole que para la próxima haría muchas más cosas deliciosas. Syo se despidió con una sonrisa incómoda y sintiendo de antemano los revoltijos en su estómago…