Hola! Bueno, acá con el capítulo de la semana. ¿Notas? Creo que hoy no hay nada.

Bleach no me pertenece, todos los derechos a su autor.


Confesiones disueltas en té

— ¡Shiro chan! ¿Qué haces aquí? —Hinamori se sintió morir, estuvo a 3 milímetros del precipicio y destrucción total; sabía que Toushiro no era tonto, se daba cuenta de que ella sentía algo más allá del puro e infantil sentimiento de amistad que había caracterizado su relación hasta entonces. Pero una cosa es que lo supiera por resultado de conjeturas propias y otra que se enterara por una confesión casi firmada con sangre.

—Vine por Matsumoto— había que reconocerle al chico su autocontrol y sangre fría, pues la seriedad y el aplomo con el que actuó, a pesar de haber sido expuesto como un fisgón, fueron poco realmente sorprendentes.

— ¡Capitán, era usted quien nos espiaba! — Matsumoto no daba crédito a lo que veía.

—No lo creo Rangiku, seguro que estaba afuera por que oyó hablar y no quiso interrumpir ¿cierto?

—Así es— Toshiro aprovechó la salida fácil que le daba la capitana, y muy cauteloso no agregó nada más.

—Comprendo que espera regresar a la oficina con su teniente, pero ¿no le interesaría unirse a nuestra partida de Póker?

—Nada de eso Susu, es hora de comer— El capitán Tori apareció detrás del albino seguido de Hisagi, dando un respiro a la pequeña teniente, por ahora podía estar tranquila. —Capitán jamás permita que ella lo engatuse jugando cartas, es más peligrosa de lo que parece.

—Siempre arruinando la diversión Koos. Bueno, no hay nada que hacerle, pero sería un honor que usted y su teniente nos acompañaran capitán Hitsugaya.

Una llamita de esperanza se encendió en el pecho de Hinamori, hacía varios años que no compartía ni un dulce con el chico, y la perspectiva de comer en compañía suya, la ponía feliz, más después de la mañana que había tenido.

—Nos encantaría ¿no capitán? — ¡Bien Rangiku! Ese era el tipo de apoyo que necesitaba de su parte en estas situaciones.

—Matsumoto… supongo que está bien. —Y esa seca respuesta hizo que la llama de Momo comenzara a sacar chispas.

—En marcha entonces. Shuuhei dice que hay un lugar muy bueno cerca de aquí, donde suelen reunirse los capitanes para comer.

— ¡Perfecto! ustedes adelántense, hay algo que me gustaría hablar con el capitán Hitsugaya, seguro que él sabe cómo llegar.

¿Hablar? ¿Qué clase de asuntos podrían tener ellos dos? Según Momo sólo había dos posibilidades: que hablaran de asuntos oficiales y llenos de protocolo (cosa un tanto improbable), o que su charla se centrara en ella.

A pesar de querer permanecer junto a los dos capitanes, con la mirada de Susu sobre ella, se levantó y salió con el resto del grupo que se había formado; moviéndose despacio y tranquila, aunque por dentro los nervios se la estaban comiendo. Sin más opciones, aguantó y fingió que todo estaba bien.

Una vez solos, Himawari fue al grano.

—Hinamori me ha dicho que ustedes fueron muy cercanos en su niñez.

—Es cierto.

—Entonces supongo que debe conocerla bastante bien.

—Últimamente no hablamos, si quiere saber más de Hinamori debería preguntarle a ella o en su defecto a Matsumoto.

—Sí, me he dado cuenta de que ellas son muy unidas. Pero en realidad estoy interesada en el pasado de mi teniente. Verá, cuado aún estaba en la academia de artes espirituales, se envió un equipo para reclutar nuevos elementos, en la lista, ella ocupaba uno de los primeros lugares; sin embargo declinó de la propuesta ¿sabe por qué? Tengo la impresión de que la razón era su antiguo capitán, y dado lo que ocurrió hace veinte años, creí prudente preguntarle a alguien más.

Así que la mujer no era tan impulsiva cómo Toshiro pensó. Menos mal, porque si tocara ese tema con Momo sería terrible para la pobrecilla.

—Además, —continuó Susu— he leído los archivos de la batalla de Karakura y sé a grandes rasgos lo que pasó cuando el ex capitán Aizen traicionó a la sociedad de almas, pero eso no es suficiente para saber el vínculo que tenía Momo con él.

El chico suspiró, tomó asiento y comenzó a contar lo que sabía al respecto


.

En el camino, Hisagi escuchaba las anécdotas que contaba su capitán animadamente, Rangiku recreaba libremente la pupila admirando el físico de su amigo de bares; cuyos brazos como dijo, le parecían de antología. Mientras Momo caminaba con las manos entrelazadas y apretadas delante del pecho, estaba más que consternada cosa que su mejor amiga notó.

—¿Estás preocupada de lo que puedan decirse?

—Yo no… Sí. —No tenía caso mentirle a Ran

—No sufras, se ve que tu capitana es buena persona, pero bastante distraída, no creo que lo sepa y, si lo sabe no expondrá tus sentimientos de buenas a primeras y menos con el chico que te gusta.

— ¡Rangiku! Yo nunca he dicho que él me guste o algo… Soy muy obvia ¿cierto?

—A veces, sobretodo cuando tratas de esconderme algo, pero si me lo dices muchas veces me tomas por sorpresa. — ¿Así o más vergonzoso? — Como sea, deja de preocuparte. Estoy casi segura de que la capitana Himawari no tiene idea, deben estar hablando de otras cosas, y mi capitán es demasiado despistado para esto, tengo la impresión de que a lo mucho sospecha algo.

Uf, vaya consuelo. ¿Si el sospechaba y no hacía nada es porque no estaba interesado? Además era decepcionante enterarse de que había estado callando algo que su amiga ya sabía y quién sabe desde cuando.

— ¿Y si lo sabías por qué no me dijiste?

—Es lindo ver cómo haces para ocultarlo. —Momo suspiró derrotada, esperaba poder fiarse de las palabras de su amiga y que nadie más hubiera notado eso.

—De todas maneras ya no importa, temo que seremos amigos de la infancia para siempre, lo mejor es que olvidemos ese asunto. —La expresión de la pequeña teniente demostraba lo mucho que le dolían sus propias palabras; pero antes de que Rangiku dijera algo, Hisagi se acercó a ambas.

—Momo ¿estás bien?

—Si Hisagi, no te preocupes. Es que han sido muchas emociones para un día.

—Lo sé, pero las cosas por fin están mejorando. Si necesitas algo no dudes en decírmelo, pequeñita. —el teniente pasó una mano por la mejilla de su amiga, quien no se extrañó, como si esa caricia fuera normal, casi cotidiano; gesto que Matsumoto vio claramente. Ya después Hablaría con Momo sobre esto.

Por ahora el interés general era comer.

La comida pasó – para suerte de Momo – sin mayores complicaciones, una vez que llegaron los dos capitanes, se convirtió en un momento muy ameno y hasta agradable. Cada teniente se sentó frente a su superior, así que al menos pudo lanzar miradas fugaces al objeto de su deseo. Sin embargo; ya para el momento final cuando todos disfrutaban de una taza de té, la capitana Himawari decidió que era el momento para meter su cuchara hasta el fondo en los asuntos de su teniente.

—Hinamori tengo un obsequio para ti. —entregó una caja de regalo a Momo quien al abrirlo, sacó un lindo accesorio para el cabello: un broche rosa en forma de flor.

—Muchísimas gracias, pero no era necesario.

—Al contrario, creo que te hace mucha falta; querida no sé cómo soportas el peso de tu peinado. Suéltate el cabello.

—Es lo que siempre le digo, pero nunca me hace caso. — Matsumoto no entendía que ella era una teniente, ¡no participante de un concurso de belleza!

— ¡Ran! Por favor no digas eso. —Al final de cuentas Hinamori aceptó resignada el presente. — Procuraré usarlo.

—Creo que el rosa te quedaría muy bien

—No es cierto, te molesta que ella también use azul.

—Cállate Koos, le estoy regalando algo y tú lo estás echando a perder. Se lo obsequio porque me parece que le quedaría, además si al final no nos quedamos juntas, al menos me gustaría que tuviera un lindo recuerdo de mí.

— ¿A qué se refiere con eso? — Toshiro por fin dejó esa cara de apático al escuchar las palabras de Himawari. Por su parte Momo sintió un hoyo en el estómago y la comida amenazando con regresar por donde había entrado… ¿Acaso si la iban a relegar de su cargo?

—Bueno es que para empezar no sé si realmente se vaya a quedar como mi teniente, porque antes de llegar me dieron su expediente y dice que eres notablemente diestra en Kidoh.

— ¿Diestra? Momo es toda una maestra de Kidoh, he visto que hace cosas que le costarían trabajo a un capitán.

—Rangiku, no es para tanto. —Momo agradeció que el comentario de su amiga provocara cierto rubor en la cara, de esta manera nadie notó lo pálida que estaba.

—Precisamente por eso antes de venir el capitán me pidió que te propusiera un traslado. ¿No estarías interesada en ingresar a la división de Kidoh? con tu habilidad seguro que llegas a ocupar un puesto muy alto.

¿Ese era el verdadero plan de Himawari? ¡Llevarse a Momo lejos del Gotei 13! Era algo que Toshiro no esperaba. ¿Y si aceptaba? Realmente nunca se había puesto a pensar en la posibilidad de que Hinamori fuera trasladada pero ahora que la oportunidad se le presentaba en bandeja de plata ¿con qué argumentos podría él decirle que permaneciera en su puesto de teniente?

De cualquier modo recompuso su acostumbrado gesto de fastidio y se hundió en el último trago de su bebida, a estas alturas fría. A veces Hinamori era demasiado tonta como para darse cuenta de sus propias habilidades, lo cual irritaba al chico de sobremanera.

—Es una oferta que no puedo aceptar, mi lugar está en el escuadrón cinco. Sin embargo si usted considera a alguna otra persona más apta para ocupar el puesto de teniente yo comprenderé…

—Calma querida, no te estoy despidiendo o algo así, sólo te comento que la división de Kidoh aún está interesada en ti por órdenes de mi antiguo superior, eso no significa que quiera que te vayas. Para mi es mejor que te quedes en la división como teniente, me siento muy a gusto contigo y sabes bien cómo funcionan las cosas en este lugar. Además al general Yamamoto no le haría mucha gracia si te fueras allá… ignoren lo último que dije, se supone que no debía comentar nada.

Entonces el gran general no la consideraba una inútil después de todo. Hinamori se sintió estúpidamente feliz, quizás él reconocía su valor como elemento de Gotei, pero el resto de los shinigamis no, sea como fuere, en definitiva ese comentario era una ganancia enorme. Toshiro notó el cambio de humor de su amiga y respiró tranquilo.

Luego de eso no se dijo nada más y cada quien regresó a su oficina. Excepto por Hinamori y Rangiku, la primera había recibido permiso o más bien orden de su superior de tomarse el resto del día, Himawari se quedaría en la oficina leyendo un manual de protocolos que le había dado el capitán de la décima división, o algo así; y la segunda simplemente ignoró el "te espero en la oficina" que su capitán le dijo antes de desaparecer de su vista.

Y terminaron en casa de Hinamori, como la noche anterior.

—Se te ve muy bien, deberías traerlo de manera permanente. — Sugirió la mayor de las tenientes cuando terminó de arreglar el cabello de su amiga en una media coleta con su nuevo broche.

—Tal vez, será cuestión de acostumbrarme.

—Oye ya que estamos solas, hay algo que quiero preguntarte. —Matsumoto traía esa expresión que decía "Me dirás todo o te lo sacaré a golpes" y que Momo había aprendido a temer.

— …Dime

— ¿Qué se traen Hisagi y tú entre manos?

—Nada, ya te dije que sólo somos amigos.

—No, él y yo somos amigos y nunca me ha acariciado la cara como a ti en la tarde… Pero si quieres no me digas, puedo imaginarme muchas cosas. —Rangiku sonrió de manera perversa, sabiendo que con eso su amiga terminaría por contarle hasta los más escandalosos detalles.

— ¡Está bien! Te digo, te digo, pero no des rienda suelta a tu imaginación. —Respiró profundo para armarse de valor antes de hablar— Cuando él era mi sempai en la academia de artes espirituales yo… le dije que me gustaba.

— ¡Wow! Hinamori, no sabía que eras capaz de algo así, que chica tan osada resultaste.

—Sí bueno, aún me arrepiento de eso, porque él me rechazo diciendo que me veía como una hermana pequeña y aunque fue amable; me dolió, me sentí tonta y decidí que nunca más haría algo como eso. De todas maneras terminamos como amigos y ahora no siento nada más allá de cariño por él, igual que por Kira y Renji.

—Que historia tan tierna Momo, jamás me lo hubiera imaginado.

—Ya que lo sabes, olvídalo ¿quieres?

—No, pero prometo guardarte el secretito. Y hablando de olvidar… ¿De verdad quieres olvidar a mi capitán?

Nadie como Rangiku para soltar las preguntas personales de manera directa.

—Pues sí, no le veo mucho caso a pensar en eso. Creo que no siente nada por mí.

—No seas ingenua, es obvio que tú le importas demasiado, seguro que tienes una oportunidad; creo que están hechos el uno para el otro. Y él es un buen chico, dudo que encuentres otro igual.

—No tienes que decírmelo, lo sé. Pero ni siquiera tú estás convencida de que sea algo seguro, no me atrevo a arriesgar nuestra amistad, aunque a veces parecemos más extraños que amigos. ¿Y si me rechaza igual que Hisagi en aquel entonces?

—Pesimista. Pero es cierto, no estoy segura de qué pasa por su cabeza. No importa Momo, ya se me ocurrirá algo.

Hinamori sólo sonrió. ¿Qué sería de ella sin Ran?

— ¿Y tú?

— ¿Yo qué?

—Vamos eres la chica más codiciada de los trece escuadrones de protección, qué digo de los escuadrones, de toda la sociedad de almas, pero nunca te he visto con alguien.

—Eso es otra cosa Hinamori. Yo me divierto coqueteando un poco, pero no me interesan en serio.

—Es por él ¿no? Por el ex capitán Ichimaru— Rangiku nunca lo había negado, pero Momo tenía una manera de decirlo que por alguna extraña razón la hacía sentir pequeña y desprotegida.

—Si lo sabes, no me lo preguntes. Quizás otro día tengamos tiempo para esas penas, por ahora si no tienes Sake, de menos deberías traerme té.

—De acuerdo.


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Había pasado un mes desde el ingreso de los nuevos capitanes a los trece escuadrones de protección y en la división 5 las cosas estaban marchando más que bien, por fin había trabajo para los shinigamis de su escuadrón, y esa tarde en específico Momo recibió una noticia a su parecer fabulosa.

— ¿Una misión fuera de la sociedad de almas?

—Sí, solas tú y yo. Pensé que nunca pasaría.

— ¡Estupendo! Quiero decir… me parece excelente. —En ese tiempo, Hinamori y Himawari se habían acomodado muy bien, y por momentos la teniente tenía lapsus de expresiones espontáneas, a causa del alegre vínculo recién formado con su capitana.

—Toma aquí están los detalles— Susu le tendió un oficio donde se explicaban los pormenores de la misión.

— ¿De reconocimiento? Pero si es de reconocimiento se pueden enviar shinigamis de menor rango ¿no?

—Sigue leyendo, se pone interesante.

— ¡En Hueco mundo!

—Sí, al parecer se ha registrado mucha actividad anormal en el mundo humano y existe la posibilidad de que se relacione con Hueco Mundo. Según el general nos eligieron a ambas porque podemos controlar nuestra energía espiritual para pasar desapercibidas. Partimos mañana, prepara una capa.

Hinamori salió de su oficina pero antes de ir a casa para preparar su equipaje (si es que a una capa se le puede decir así), decidió darle la nueva noticia a su mejor amiga, y aunque no lo quisiera admitir, tenía la esperanza de encontrarse con Toshiro, pues hacía semanas que no lo veía.

Llamó a la puerta de la oficina en la división 10. Pero nadie respondió, así que pasado un momento, abrió la puerta de forma silenciosa y entró en la habitación. Hubiera pensado que estaba vacía de no ser por el par de pies que sobresalían, recargados en el brazo del sillón.

Ran se había vuelto a quedar dormida.

Decidida se acercó al mueble, y se llevó una gran sorpresa al encontrar al capitán de la décima división tomando una siesta vespertina en lugar de la teniente.

Lo más sensato, pensó Hinamori, era volver sobre sus pasos e ir a arreglar todo para la misión de mañana, pero ya habría tiempo para eso y la cautivadora imagen del capitán durmiente parecía atraerla inevitablemente.

Tan apacible, como un niño. Momo notó que tenía la frente tensa, hasta en sueños permanecía serio, aún así el acompasado subir y bajar de su pecho, lo hacían ver tranquilo además tenía la boca ligeramente abierta. Sin saber bien porqué, al notar esto último, la chica se ruborizó.

Con mucho cuidado se arrodilló a un lado, para estar cerca de la cabeza del chico. Estaba mal, lo sabía pero no podía contenerse. Despacio, pasó su mano por el suave cabello blanco, no obtuvo respuesta alguna, Shiro chan dormía como piedra.

Así con una seguridad impropia en ella se inclinó sobre él, luego de apartar dos mechones de su rostro, dejando el camino libre, deslizó la mano hacia su mejilla de la forma más delicada que pudo. No lo creía, ¡de verdad lo iba a hacer!

Sólo quería algo simple, un pequeño roce, y como iban las cosas, si no aprovechaba esta oportunidad, nunca podría besarlo; en definitiva era el momento perfecto. Contuvo el aliento y se acercó más, podía sentir la respiración de Toshiro en su cara; faltaba poco. Cerró los ojos, el latido de su corazón era tan fuerte que temió ser descubierta. Pero estaba tan cerca, había llegado demasiado lejos como para echarse para atrás.

Sus labios apenas habían sentido la deliciosa y húmeda suavidad de la boca masculina, cuando de la nada fue sujetada de la muñeca con fuerza, obligándola a romper el contacto con la mejilla del chico. Abrió los ojos aterrada temiendo encontrar lo peor. Allí estaban, esos ojos aguamarina que la miraban confundidos.

Toshiro había despertado.

— ¿Hinamori?

Continuará.


¡Oh por todos los dioses! ¡Lo besó! ¡Lo hizo! Wiiii, ¡Alguien abra el champagne! Hay que celebrar.

Ok, primero me calmo y después doy las gracias ^^ a todos los que dejaron comentarios desde el prólogo: Reeneesmee (que bueno que te guste, con pijama de Momo incluida), cOnfii-momo (me alegra que lo disfrutes) Noa-san (gracias por los buenos deseos) divprince, Vampire Cullen Alice, Hessefan.

Suerte en el fin de semana, nos leemos el siguiente viernes.

¿comentarios? ^_^