Capítulo beteado por Mónica León, Beta Élite Fanfiction.
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Capítulo 3
Las Sombras de Ana
Bella POV.
No le di explicaciones a Ana, no serviría de nada. Simplemente empeoraría las cosas. Ella se fue poco confiada, pero no me importaba verla tan preocupada. Ese sentimiento no duró mucho tiempo y la culpa hizo mella en mí minutos después de que salió por la puerta de Claytons & Newtons. Negué con la cabeza y volví a mi trabajo. Tenía que ver los pedidos de esa semana pues era el trabajo que me había dejado Mike antes de salir esa mañana y además tenía que revisar el inventario para saber qué cosas se habían vendido esa semana y hacer el conteo de cuántos clientes había atendido cada trabajador en la tienda.
—Bella —me llamó Paul antes de irme. Coloqué una sonrisa en mi rostro, ya nada podía impresionarme—. ¿Aceptarías una cena conmigo? —preguntó y rodé los ojos, cuidando de que no me viese.
—Lo siento Paul, pero tengo que hacer un trabajo de literatura y uno para contabilidad. Y tengo que empacar algunas cosas de la mudanza —dije y él luce desilusionado. Sabía que era mi último día aquí y a la par era la última oportunidad para acosarme, pero su plan falló—. Nos vemos.
Di media vuelta y me marché del lugar. Lo único que alcancé a escuchar fue un suave "hasta pronto". No me giré para ver el lugar una última vez. Muy pronto será pasado y me quería ir con los recuerdos más preciados que tenía de ese lugar; mi primer día de trabajo, mi primer cumpleaños aquí, mi primer cliente. Había otros que no quería recordar como las invitaciones de Paul y los excesivos acosos de Mike. Ugh.
Cuando llegué al departamento, agradecí a los dioses que Ana no estuviese. Tenía que decirle a Kate lo de Grey, y Ana solo estorbaría. Kate estaba en la sala con su iPad. Parecía que seguía editando el artículo sobre Grey y al verme, me sonrió a manera de saludo.
—Hola —dije en un susurro, sacando la tarjeta que Grey me dio y la golpeé entre mis manos—. Hoy vi a Grey.
Ella abre mucho los ojos, aunque es mayor que yo la considero también una de mis mejores amigas.
— ¿En tu trabajo? —Asentí y me dio una señal para que me sentase—. ¿Qué te dijo? —preguntó al momento en el que me senté—. Te dio su tarjeta —dijo en un susurro casi inaudible—. ¿Por qué? —Me encogí de hombros.
—Le comenté sobre las fotos que querías. —Ella me observó con ternura. Solo hacía cosas por las personas que me importaban—. Me dijo que si conseguía fotógrafo, lo llamara.
Kate se levantó de su lugar, se acercó y me dio un abrazo.
—Muchas gracias, Bella. El fotógrafo ya lo tenemos. De hecho, tenemos a un fotógrafo y a su ayudante. —Sabía que se refería a Jacob y a José. Se separó de mí y sacó su teléfono, notando que no tenía saldo.
—Le estoy marcando a José —dije al ver su cara de desesperación, con mi teléfono en mi oreja. Él responde al segundo timbrazo.
—Bella. ¿Cómo estás? —preguntó rápidamente.
—Bien. Te llamaba para preguntarte sobre una sesión de fotos. —Esperaba que dijera que sí, porque aunque le gustaba la fotografía, solo había fotografiado paisajes, nunca a personas.
— ¿Qué tengo que tomar? ¿Unas montañas? ¿Un río? ¿Qué cosa?
—De hecho, es una persona de carne y hueso. —Esas palabras que daban dado tanto miedo de pronunciar. Sentí que no me respondería, por lo que me sorprendí cuando lo hizo.
—Bella... Tú sabes que ni Jacob ni yo fotografiamos personas. —Ahí estaba.
—José, por favor... —Iba a decir algo, pero Kate me dijo que se lo pasara—.Te pasaré a Kate.
Estaba ansiosa por ver lo que sucedería.
—No me interesa, harás esa sesión de fotos —dijo Kate cuando José le ha repetido que no fotografía personas. A este punto me comenzó a dar miedo. Se notaba que ella no quería un no por respuesta—. Esto es para que Jacob y tú crezcan profesionalmente. También es un favor para Bella. —Kate sabía que metiéndome en medio de los tres, conseguiría lo que quería. Ana y ella hacían eso cada que querían algo de José o de Jacob. Sabían que con tan solo decir que era para mí, los tendríamos en la puerta en menos de cinco minutos, pero parecía ser que esta vez no les importaba. Imaginé que tendríamos que tomar las fotos nosotras cuando Kate se puso pálida, pero no fue así. De hecho, leles contestó a José y a Jacob que harían esa sesión de fotos si no querían perder contacto conmigo. Sabiendo que con Kate no se jugaba, aceptaron.
—Listo, han aceptado —dijo, devolviéndome el celular. Tomó su iPad y tecleó unas cuantas cosas.
No le presté mucha atención hasta que soltó una exclamación.
—Está hospedado en el Heathman. —Eso no me sorprendió. El Heathman era el hotel más costoso que había en Portland. Sabía que Grey podía comprar el maldito hotel si quería—. Y no solo eso. Está en la suite presidencial.
Kate siempre investigaba a todas las personas que entrevistaba. Estaba segura de que ella sabía lo que le iban a responder mucho antes de que estas lo supieran. Estaba segura de que pudo haber escrito el artículo sobre Grey sin siquiera tener la entrevista. Aunque, claro, para un periodista no había nada mejor que escribir con completo conocimiento de la otra persona. Esa era mi opinión. Ella continuó con su trabajo, mientras yo me mensajeaba con Alice y Rosalie. La primera me contó que Edward quedó encantado conmigo, y no solo en lo laboral. Sonreí ante eso. Alice siempre decía que sería perfecta para su hermano. Rosalie nos contó que sus padres ya le habían comprado el departamento en Londres y ambas la felicitamos.
—Bella, deberías llamarlo mañana en la mañana —me dijo Kate con cara de preocupación—. Acabo de recordar que si Christian Grey no obtiene una repuesta inmediata, cambiará de parecer. —Se notaba su preocupación a kilómetros.
—Mañana antes de las nueve —dije y cada una volvió a sus cosas. En un momento recordé a Ana. —Kate, Ana no puede saber de esto —le dije y ella me observó dudosa. Sabía que quería una explicación, pero no podía dársela ahora. Solo asintió.
Nos concentramos en lo nuestro hasta que llegó Ana con la cena. Yo no tenía hambre, por lo que solo di las buenas noches y fui a mi cuarto a empacar algunas cosas. Ya teníamos lo menos importante, así que empacaría las fotografías que tenía en mis repisas. Eran algunas de Ana, papá y mamá. Otras en donde estábamos todos juntos, o solamente yo acompañada de algunos de ellos. Sonreí al ver una en donde estábamos los cuatro en la playa. Mamá y Ray ya estaban separados, pero mamá no se había vuelto a casar, por lo que papá había accedido a pasar una temporada con nosotras antes de volver a su trabajo. Todavía podía recordar ese día. El sonido de las olas golpeando las rocas y la arena entre mis dedos. Ese día fue maravilloso. Decidí dejar esa foto fuera y continué empacando las demás junto con mis diplomas, reconocimientos, trofeos de deletreo, las insignias por asistencia perfecta, por buena conducta y perseverancia. Tenía casi todas, excepto la que me entregarían en la ceremonia de graduación.
Me llegó un mensaje y al leer de quién se trataba, noté que era de Edward. No me sorprendió porque en los papeles que se había quedado, venía mi número telefónico, aunque me parecía extraño que un jefe estuviese contactando a una de sus empleadas antes que iniciara su trabajo.
"Ha sido todo un placer verla de nuevo."
—Edward.
Había adjuntado una antigua foto en la que estábamos Alice, Emmet, él y yo. Debía tener entre 10 y 12 años en esa fotografía.
Lo mismo digo.
—Bella.
No volvió a responder. No sabía qué le hubiese contestado si lo hubiera hecho. Dejé el celular en mi mesita de noche. Tenía que terminar de empacar mis libros. Eran más de cincuenta libros y cada uno con más de quinientas hojas. Esperaba que a José y a Jacob no les pesara tanto. Aparte, tenían que cargar los de Ana. Sonreí ante la imagen de Jacob y José cargando nuestros libros, diciéndonos qué nos deshiciéramos de unos cuantos. Ninguna de las dos querría hacerlo, estábamos muy apegadas a nuestros libros. Terminé de empacar todo lo que era menos importante. En los próximos días empacaría lo que era mi ropa y zapatos. Kate y Ana lo harían el mismo día de la mudanza. Acomodé las cajas en un rincón del cuarto.
Miré a mi alrededor y noté que el cuarto cada vez se hacía más grande. Cada vez que guardaba algo, había un espacio libre que no sabía que existía. Sí, definitivamente mi cuarto era más grande de lo que pensaba.
Decidí darme una ducha con agua caliente y después irme a la cama. Tomé mis cosas de baño, dirigiéndome al cuarto de baño. Cuando salí de la recámara, escuché a Ana hablar con Kate, aunque sólo hablaban de la ceremonia de graduación ya que ellas tenían que asistir solo porque el reportaje que había hecho Kate formaba parte de mi secundaria y de su universidad y Ana había dado varias clases de literatura. Conversaban sobre que mi ceremonia era una semana antes que la suya, por lo que tendrían que comprar dos vestidos diferentes, pero hasta ahí se quedó. Querían que yo fuera con ellas a comprarlos con la excusa de que también tendría que comprar vestidos. Negué con la cabeza. Ana y Kate siempre eran así y muy parecidas a Alice y a Rosalie, aunque ninguna se llevaba bien con Ana. Creo que solo se hablaban porque me querían. Dejé de escuchar cuando cerré la puerta del baño. Abrí la regadera y metí a ella. El agua salía caliente a estas horas de la noche, por lo que no tuve que esperar ni medio segundo. El agua estaba en su punto y eso relajó mis extremidades. Había sido un día agotador; la entrevista con Edward, el encuentro con Grey, mi casi pelea con Ana, la invitación de Paul, mi conversación con Kate. Todo eso había sido muy agotador para mí. Sobretodo el reencuentro con Grey.
Ese hombre hacía que todas mis extremidades se pusieran alerta y que mi lado sumiso saliera a la superficie. No sabía si era por el hecho de que parecía alguien que ocultaba muchas cosas, o era por el hecho de que aparentaba ser muy controlador. Tal vez ambas. Quería descubrir todos los secretos que escondía, que fuese mi amo y que por primera vez no sea solo mi familia la que me diera órdenes. Sabía que Christian Grey era el indicado para ese puesto. Solo por cómo alguien como él me dejaría dominar. Me mordí el labio al pensar en Grey de esa manera y reí por mis ocurrencias. Grey y yo siendo algo parecido a una pareja. Ni pensarlo.
Salí de la ducha empapada y tomé mi bata, abrochando la cinta a mi cintura. Cogí una toalla para quitarme el exceso de agua del cabello y salí del baño cuando hube limpiado el agua que salpiqué en el suelo. Me metí al cuarto y me coloqué mi pijama de pantalón azul y una playera de tirantes beige. Utilizaba sujetador para dormir, pero uno del tipo deportivo. Me trencé el cabello para dormir y me acosté, cobijándome y sintiéndome realmente cómoda. Estaba a punto de quedarme dormida cuando en mi mente apareció la imagen de Christian.
Esa noche no dormí tranquila. No dejaba de moverme y de dar vueltas en la cama. Soñé con los ojos de Edward, de Ana, de Kate, de Paul, pero especialmente los de Grey. Todos ellos mostraban una emoción diferente. Los de Grey el deseo prohibido, los de Edward algo inalcanzable, Ana mostraba miedo, Paul, acoso y los de Kate, admiración. Me desperté a media noche, sobresaltada. En mi mente estaba la imagen de Ana y Grey en la ferretería, su cruce. Ambos lanzaron chispas en ese momento, chispas de miedo, de terror y otra emoción que no podía descifrar, pero lo averiguaría.
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El sol que entraba por mi ventana me despertó, siendo apenas las siete de la mañana. Ana y Kate todavía no se despertaban, por lo que era buena hora para llamar a Grey. El teléfono sonó solo una vez y contestó con tono frío y tranquilo.
—Grey.
—Señor Grey, soy Bella Steele. —No creía que conociera a otra Bella, idiota. Me reprendí interiormente.
Aunque tal vez no haya reconocido mi voz. Ni yo misma reconocería mi propia voz. Estaba tan nerviosa que temblaba. Grey se quedó en silencio un instante, lo que hacía que sudaran las manos.
—Isabella. Un placer tener noticias suyas.
La voz le cambió. Parecía que se había sorprendido y sonaba muy... Cálido. Incluso seductor, sexy. Se me cortó la respiración y volví a ruborizarme.
—Señor Grey, le llamaba para decirle que hemos conseguido fotógrafo —dije, llegando directo al grano—. Usted dirá cuándo podrá, solo le pido que el día de hoy no. Tengo que ir a comprar algunas cosas y Kate nos acompañará.
— ¿Estará su hermana con usted? — ¿Por qué tanto interés en Ana? Quise preguntar, pero me mordí la lengua antes que algo saliese de mi boca.
—No, iré con unas amigas. —Le estaba dando mucha información—. ¿Le parece mañana a las diez de la mañana? —pregunté, volviendo al tema inicial. En cuanto más rápido quedáramos en algo mejor.
—Me hospedo en el Heathman de Portland. ¿Le parece mejor a las nueve y media de la mañana?
—Muy bien, nos vemos allí.
Estaba pletórica y sin aliento. Parecía una adolescente de 13 años, no una de 17 que en unos cuantos meses podría votar y beber alcohol en el estado de Washington.
—Lo estoy deseando, Isabella.
Casi pude notar el destello malévolo en sus ojos grises. ¿Cómo conseguía que solo cuatro palabras encerrasen una tentadora promesa? Mordí mi labio y colgué. Levanté mi cabeza para encontrarme con Kate, su mirada mostrando total y absoluta consternación. Se rio al ver mi cara roja. Había escuchado toda la conversación y había visto mi reacción ante lo dicho por Grey.
—Isabella Marie Swan. ¡Te gusta! Nunca te había visto así y mucho menos te había oído tan... tan alterada por nadie. ¡Te has puesto roja!
—Kate, ya sabes que me pongo roja por todo. Lo hago por deporte. No seas ridícula —contesté, algo enfadada, pero en mi interior sabía que tenía razón.
Kate parpadeó, sorprendida. Era muy raro que yo me enojara, y si lo hacía, se me pasaba enseguida, pero esta vez no fue el caso.
—Me intimida... Solo es eso. —Traté de explicar, dando el tema por zanjado.
—En el Heathman, muy, muy bien —murmuró—. Llamaré al gerente para negociar con él un lugar para la sesión.
—Iré a prepararme para ir de compras. —Ella ya estaba arreglada. Aunque Kate fuera en pijama, se vería hermosa.
Me levanté de la cama y comencé a sacar la ropa para ponérmela. Noté que Kate seguía en la habitación y escuché cómo hablaba con el gerente. Se escuchaba muy contenta, por lo que deduje que consiguió lo que quería. Negué con la cabeza y tomé mi ropa interior junto con la que me pondría, y me dirigí al baño a por un poco de privacidad.
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Metí 1.000 dólares, lo único que tenía, en mi cartera. Tendría que alcanzar para dos vestidos; uno para mi ceremonia y otro para la de Anastasia. Mi ceremonia era una semana antes que la de Ana, pero no tendría tiempo para comprar otro vestido. Estaba 100 % segura de que los vestidos en Seattle eran más caros. Mi ceremonia se realizaría en el campus del colegio y la de Ana en un hotel en Seattle.
Mi celular sonó, poniendo fin a mis pensamientos.
"Estamos en la entrada. Apresúrate."
—Alice.
Reí. Siempre estaban apresurándome. Kate ya estaba en la sala y solo faltaba yo. Me coloqué mi gorro rojo, un regalo de Jacob en Navidad y observé mi atuendo una vez más.
Blusa con manga tres cuartos, con líneas, mini falda azul marino entallada, calcetines hasta la rodilla de color rojo con líneas negras y una converse roja, y otra color negra.
Si no les gustaba mi look, estaba en serios problemas. Hacía unas semanas fuimos de compras y no les había gustado. Demasiado nerd, según ellas. ¿Qué quieren que hiciera? Así era. Kate se encontraba perfecta. Nada más llevaba su cabello suelto, cayendo sobre sus hombros y un kimono negro con unas sandalias cómodas. Me pregunté si el kimono le quedaba pequeño. Se notaba ajustado en las piernas y en la cintura.
—Esto será tuyo en cuanto me lo quite —dice, señalándose. Sabía que no le quedaba bien. Sonreí y ambas salimos del departamento y del edificio. El Porsche amarillo canario de Alice se encontraba frente al edificio y el BMW rojo pasión de Rose estaba detrás de Phil, mi camioneta del año 50. Les dediqué una sonrisa.
—Al fin te pones algo decente para ir de compras —me dice Alice, bajando de su carro. Me halaga, pero ella vestía un vestido color verde que la hacía ver hermosa.
—Gracias. Te ves como si fueras a un desfile de modas. —Kate se rio y Alice frunció el ceño.
—Una mujer siempre tiene que estar preparada para toda ocasión. Y esta es una muy especial. Es nuestra última ida de compras antes de que nos vayamos al otro lado del océano.
—Alice tiene razón. Tenemos que festejarlo a lo grande.
—No me embriagaré. No hoy. —Ellas ríen por mi advertencia.
—De acuerdo. Vámonos —dice, volviendo a subirse a su carro y bajó la ventanilla—. Bella vendrá conmigo y Kate con Rosalie. —Encendió el automóvil y yo me subí en él. Ambas arrancaron a toda velocidad.
Los primeros cinco minutos del trayecto nos dedicamos a escuchar a Ariana Grande y a Nicky Minaj al ritmo de Bang Bang. Justo cuando estaba comenzando Blank Space de Taylor Swift, Alice bajó el volumen.
—Mi hermano está maravillado contigo. En el desayuno destacó lo inteligente que eres. Y aunque eres muy joven, dice que tienes futuro en los grandes cargos empresariales. —Me puse roja y me mordí el labio—. Aparte de que eres muy hermosa y que se muere por conocerte mejor. —Reí.
—Tiene novia —susurré y ella negó con la cabeza.
—Terminó con ella hace dos meses. Descubrió que lo engañaba con su mejor amigo, cosa que no le agradó a nadie de la familia. —Bajé la mirada con una mueca plasmada en la cara—. Tienes oportunidad de convertirte en mi familia, aunque de por sí eres mi hermana del alma.
No volvimos a charlar en los siguientes tres minutos. No quedaba mucho de camino. Era el único centro comercial que había en Portland, pero tenía todas las tiendas que pudieses imaginar. Gracias a Dios encontramos un lugar en el estacionamiento. Éramos las únicas locas que compraban su vestido una semana antes de la ceremonia de graduación.
Nos bajamos del carro y vimos el auto de Rosalie, bajando lentamente ambas pasajeras. Diría que eran hermanas. Solo las diferenciaba el apellido. Ambas eran rubias de ojos azules, bonito cuerpo y un gran ego. Kate se me acercó y me tomó del brazo. Traía una sonrisa propia del gato Chesire.
Solté un gran suspiro. Este día sería e-ter-no.
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Me dolían las piernas. Sabía que sería agotador, pero nunca imaginé cuánto. Las compras con Alice eran cansadas y no era la primera vez que iba con ella de compras, pero resultó ser la más extenuante. Me llevó de un lado a otro entre: "Bella, mira este", "El azul queda perfecto con tu tono de piel, pero prueba con el rojo", "Una mujer siempre tiene que probar cosas nuevas". En todos mis años de conocer a Alice, nunca me había cansado tanto como el día de hoy. Había sido una locura.
Yo solo quería comprar dos vestidos, pero no. Terminé comprando tres vestidos de 100, 150 y 200 dólares, dos pares de zapatos de 200 dólares cada uno y un collar de 150 dólares, y pensar que creí que me iba a sobrar dinero, pero eso no era todo. Como si fuera poco, Kate me compró un vestido de 250 dólares, unos zapatos de 300 y una cartera de 100 dólares; Alice me compró un conjunto de ropa para nuestra despedida que sería el último día de exámenes. Y Rosalie me compró ropa interior, aunque todo eso, contra mi voluntad. Por eso no me gustaba salir de compras con ellas. Siempre terminaban comprándome algo que no necesitaba. Es decir, muchísima ropa. Más de la que podría llegar a utilizar en una semana. Lo bueno era que compartía ropa con Ana y ella solía usar la ropa que las chicas me compraban y yo la que ella misma se compraba.
Llegamos al departamento a las seis de la tarde. Ana ya estaba en casa. Al verme, saltó hacia mí, envolviéndome con sus brazos. No sabía qué le pasa. Se había estado comportando extraño desde que fui a la entrevista con Grey. Era como si temiera que algo me pasara, como si creyera que Grey me haría algo. No. Ella sabía que Grey estaba planeando algo y temía que ese algo me involucrase a mí.
Kate y yo tratamos de calmarla enseñándole todo lo que habíamos comprado. Eso surtió efecto, pero soltó un comentario que me hizo pensar mucho.
—Eres muy joven para lo que él te quiere. —No le contesté, pero sí mostré curiosidad. ¿Quién me quería? ¿Para qué me quería? ¿Era por mi nuevo trabajo con Edward? O, ¿algo más profundo? ¿Quizás era por Grey?
No pude concentrarme mucho, y al ver el reloj, me di cuenta de que ya eran las 10 de la noche. Tenía que descansar un poco. Más bien, tenía que alejar mis pensamientos de Grey, así que tomé mis cosas, di las buenas noches y me encerré en mi recámara. Pasaron veinte minutos y ellas comenzaron a hablar.
—Me llamó por teléfono —dijo Ana en un susurro. ¿Quién le llamó?—. Me dijo que tenía una hermana muy hermosa, que sería un honor enseñarle los placeres de la vida. —La voz de Ana se escuchaba cada vez más ahogada—. A mi hermanita le quieren hacer lo mismo que me hicieron a mí. Ella no se puede dejar influenciar tan fácil. No caerá en el embrujo de Grey, es más fuerte que yo.
—Ana, sabemos que Bella puede llegar a ser muy vulnerable. Cuando está con un hombre, se enamora. Lo viste hace tres años, cuando salía con el chico Miller.
—Eso pasó hace tres años, puede ser que haya madurado. Y lo hizo, lo puedo ver en sus ojos. El que ese estúpido haya intentado violarla no solo la hizo madurar, si no que la hizo desconfiar de hombres que no sean amigos o familia. No dejará que Grey haga lo que qui...
Bum.
Mierda, mierda. ¿Por qué me tuve que recargar en el mueble? Lo bueno era que tenía mi pijama puesta. Me metí rápidamente en las cobijas antes de que Ana viniese. Eso sí sería un gran problema. Me tapé hasta la cabeza con las cobijas al mismo tiempo en el que se abrió la puerta de la habitación.
— ¿Bella? —me llamó Ana. Fingí estar adormilada cuando me destapé—. Escuchamos un ruido, pero por lo visto se debe haber caído con el movimiento de tu cuerpo. —Dirigí mi mirada al piso y vi mi celular en el suelo. En muchas ocasiones me dormía con el celular en la cama y ella creía que esta era una de esas veces—. Descansa, te quiero mucho. Recuérdalo.
Me dio un beso en la frente y me sonrió. Salió de la recámara y yo me enderecé.
¿Por qué Ana había dicho eso de Grey? ¿Qué especie de relación tenían Grey y Ana? ¿Por qué decía que no quería que la historia se repitiese?
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Chicas aquí esta el tercer caítulo, espero que les guste.
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Les mando un beso de Christian y Edward, un abrazo tipo Emmett y Elliot, y unas sonrisas de Jasper y Ethan
Nos leemos, BellaGreyHerondale
