Advertencias: Uso de nombres humanos (No oficiales, se irán diciendo a medida que vayan apareciendo los personajes); AU (Gakuen); Daneses.

Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenecen, sino al asombroso Himaruya Hidekaz. Yo sólo hago esto por diversión.


"Nueva escuela, World School"

Capítulo 3 - "Camino a casa"


A la mañana siguiente no pasó nada interesante. Lo interesante vendría después, al iniciar la jornada escolar. Subiste al auto con tu bolso, y miraste una pequeña libreta en la que habías anotado los nombres y nacionalidades de todos los chicos y chicas que habías conocido el día anterior en clases. Así no se te olvidarían.

– A la tarde no podré venir a recogerte – Dijo tu padre mientras miraba atento el camino por el cual andaba.

– ¿Eh? Pero no sé regresar a casa, y la casa queda muy lejos – Protestaste con las mejillas infladas.

– ¿No tienes algún compañero que viva cerca?

– Uhm… No lo sé, creo que no – Suspiraste. – Pero Mathi, Tino y Berwald toman bus para regresar, quizás alguno de ellos sepa como regresar~.

– Entonces no hay problema. En cualquier caso, te llamaré. Quizás pueda recogerte, pero más tarde.

Asentiste alegre, si tu padre iba a recogerte más tarde, podrías quedarte por más tiempo con Emil, Lily, Eli y Katya para charlar, eso era algo bueno. Continuaste mirando la lista, y te detuviste en el nombre de Mathias. Mathias Kohler, un chico danés que iba dos cursos más adelante que tú; alto, desordenados cabellos rubios, profundos y atractivos ojos celestes, sin contar aquella sonrisa encantadora que nunca parecía despegarse de su blanquecino rostro, y aquellas cejas algo gruesas que le daban un aspecto más varonil.

Te sonrojaste por aquellos pensamientos, y sacudiste la cabeza rápidamente. A penas lo conocías de un día, no podía estarte gustando ni nada por el estilo. Eso era estúpido. Uno necesita tiempo para que alguien le guste, aunque no podías negar que era de aspecto muy atractivo, y un joven muy simpático.

Sonreíste ladinamente, mientras tu padre tomaba tu hombro, sacándote de tus pensamientos, para avisarte que ya habías llegado a la escuela. Bajaste del auto y te despediste de tu padre. Caminaste dentro del establecimiento, y de allí, intentaste recordar donde estaba tu salón. De milagro, tuviste éxito.

Colgaste tu bolso en el mismo asiento que te habías sentado el día anterior y saludaste a Emil y Lily con una gran sonrisa, la cual sólo Lily te regresó. Aunque bueno, no era extraño. Emil era un chico demasiado serio.

Una nueva clase comenzó, en la cual nuevamente no hicieron nada. De nuevo tuviste que presentarte, y ya se hacía monótono. Pero no dejaba de ser divertido. Sobretodo la reacción de Emil al tener que presentarse.

– Emil, es tu turno. – Dijo el profesor mirando fijamente al rubio platinado sentado frente a ti y junto a Lily.

– Pero ya me presenté cuatro veces ayer... – Reprochó Emil, evitando perder la seriedad que le representaba. – Además, usted ya me conoce de hace 5 años…

– Finjamos que no le conozco y preséntese.

Emil, a regañadientes se levantó de su puesto y se presentó nuevamente. – Mi nombre es Emil Bondevik, tengo 15 años y vivo aquí con mi hermano... – Dijo con seriedad, siendo breve como siempre y volvió a sentarse.

– Zwingli, su turno. – Dijo el maestro, mirando esta vez a la pequeña rubia.

Lily, al contrario de Emil, se levantó y se presentó sin ningún reproche. – Mi nombre es Lilian Zwingli, tengo 15 años y este año también vivo aquí con mi hermano. – Habló rápido, con su característico tono de voz bajo, suave y aterciopelado.

Las presentaciones continuaron, aunque sólo quedaban dos alumnos más por presentarse. Y luego de eso, la clase constó en realidad de una introducción a la forma de enseñanza del maestro. Lo mismo que todas las clases, con todos los maestros nuevos. Llegó el momento del recreo, y saliste junto a Lily y Emil del salón. Caminaron en dirección al patio trasero de la escuela y se sentaron en el borde de la pileta de la valkiria.

Tú seguías encantada por la belleza de aquella valkiria, aunque tenías algo de curiosidad con respecto a las estatuas que adornaban las fuentes de la escuela. Todas tenían relación con algo nórdico. Era un poco extraño, pero bonito y atractivo a la vista.

Comenzaste a charlar con Lily y Emil, de las mismas cosas de siempre. Temas sin demasiada importancia, pero era divertido hablar con ellos de todos modos.

Al poco rato se les unió Xiang con un muchacho más, el cual se presentó como Im Yong Soo, pero podías llamarle "Yong". También venía consigo una joven de nombre Wang Mei Ling, a la cual podrías llamar Mei. Y también venía otra joven de nombre Nguyen Kim-Ly.

Yong era alto, más alto que Xiang y Emil, y por ende más alto que tú, ya que tú eras de la estatura de Lily, quien era más baja que Emil, y... ¡Bueno, no nos entretengamos con las estaturas! La cosa es que Yong era alto. De tez clara, un toque amarillenta, y cabellos azabache. Sus ojos eran de un marrón oscuro, y muy brillantes. Una sonrisa bobalicona adornaba su rostro, era muy parecido a Mathias, pero algo así como la versión asiática.

Mei, por su parte, era muy parecida. Tenía los ojos sólo un poco más claros que Yong, y el cabello largo y un poco ondeado. Llevaba una linda flor en el pelo, y sonreía con amabilidad.

Kim-Ly, contraria a los otros dos, mostraba una expresión seria en su rostro, pero no dejaba de ser amable. Su castaño cabello largo y liso, estaba atado en una coleta baja. Y también, cada uno de ellos era de diferente nacionalidad.

Yong Soo era de Corea del Sur; Mei de China, aunque se presumía taiwanesa por haber nacido en Taiwán; y Kim-Ly, era vietnamita. Disfrutaste charlando con ellos, aunque sin saber por qué, comenzabas a extrañar a Mathias. Quizás era por que el ambiente se sentía muy silencioso sin su presencia. Aunque si lo pensabas bien, no estaba para nada silencioso. Yong Soo era tanto o más revoltoso que Mathias.

Suspirastr, y oíste una suave y aguda voz llamarte, sacándote de tu ensimismamiento. – Está algo así como ida... – Dijo Lily, mirándote con un poco de preocupación en su amable mirar.

– ¿Uh? ¡A-ah! Sí, lo siento~ – Respondiste algo avergonzada, soltando una suave risita.

– ¡Como decía! Kiku me dio nuevos doujinshis~, ¿quieres verlos, Emil? – Decía Mei muy animada, y al oír sus palabras te sonrojaste un poco. ¿Doujinshis? ¿Qué clase de doujinshis?

– ¿Qué es un doujinshi…? – Preguntó Emil confundido.

– Es un tipo de manga, creado por fans… – Murmuraste tú, más para ti misma que para los demás. Te diste cuenta de lo que habías dicho cuando sentiste la sorprendida mirada de Mei clavada en ti. – ¿Uh? ¿Dije algo malo? – Preguntaste interrogante.

– ¡Eres genial! ¿Te gustan los doujinshis? ¿De qué clase? ¡Tengo unos yaoi buenísimos, seguro te gustan! Si eres fujoshi, claro… – Hablaba rápidamente Mei. Soltaste una risa ante tanta hiperactividad por parte de la muchacha, era bastante cómica y simpática.

– Depende… – Dijiste tú, sonriéndole – Si son R18… – Aquello último lo murmuraste, para que los demás no te oyeran.

– Tengo varios de esos – Dijo Mei sonriéndote también, con complicidad.

– Par de pervertidas… – Comentó Xiang con una expresión aburrida en su rostro, mientras se colocaba unos audífonos que conectó a su teléfono móvil.

Yong Soo charlaba animado con Lily y Emil, mientras tú hablabas con Mei acerca del yaoi y los doujinshis que ella tenía. De vez en cuando, Mei mencionaba a Kim-Ly, la cual sonreía algo avergonzada y prefería no comentar nada. Al parecer, le daba bastante vergüenza estar involucrada en esa clase de temas.

Pasó la hora de recreo y todos regresaron a sus respectivos salones. De nuevo lo mismo, otro profesor diferente y de nuevo a presentarse. Ya se estaba haciendo un poco aburrido, pero daba igual. Preferías un poco eso que tener que tomar apuntes y blah blah blah.

Así pasó el día, hasta que llegó la hora de irse a sus casas, y entonces recordaste un pequeño gran detalle. Tu padre no iría a recogerte, y no sabías cómo regresar.

Ahí te encontrabas, a la salida de la escuela, junto a Tino, Berwald, Mathias, Emil y Lily.

– Bueno chicos~, yo ya me voy, se me hace tarde. – Rió Mathias y se dio media vuelta, despidiéndose con la mano de todos.

– ¡Espera! – Le dijiste antes de que se fuera. – Esto… Chicos, hoy debo irme sola a casa, y no sé cómo rayos llegar… ¿Alguien podría ayudarme? – Más que pedir, rogaste algo avergonzada. Y no era para menos.

– Depende, ¿por dónde vives?

– Vivo a media hora de aquí en auto, cerca del centro comercial.

– ¡Podría ir a dejarte! Yo vivo un poco más allá – Se ofreció Mathias sonriente, por lo que sentiste un gran alivio.

Asentiste tímidamente, mientras sentías tus mejillas algo cálidas. ¿Acaso te habías sonrojado? ¿Por qué? Sacudiste rápidamente tu cabeza, intentando regresar a tu color natural, con bastante éxito por cierto. Luego de charlar por unos minutos con los demás, tú y Mathias se retiraron, caminando uno junto al otro. El camino hasta la parada fue bastante divertido, Mathias no se callaba nunca. Y aunque pareciera extraño, eso no te molestaba, todo lo contrario, te encantaba oírlo. Debías admitir que aquella simpatía que emanaba el danés hacia que fuese imposible odiarlo.

Cuando llegaron al paradero, ambos se quedaron esperando a algún autobús que pasara. Dirigiste tu mirada al suelo, dejándola allí clavada. Un silencio incómodo se formó entre ambos, y te sentías algo tonta por no saber cómo interrumpir aquello. Soltaste un sonoro suspiro, mientras te ponías a jugar con un mechón de tu cabello.

– Mira eso – Oíste la voz de Mathias llamar tu atención. Dirigiste tu mirada al rubio, quien señalaba algo entre los arbustos. Ambos se acercaron, curiosos, echando un vistazo. Los arbustos se movían, y se notaba algo peludo salir de entre ellos, algo así como la cola de…

– ¡Es un perrito! – Exclamó Mathias, dejando su bolso a un lado, estirando sus brazos para tomar a dicho animal. Y como él había dicho, era un pequeño perrito, color negro y con una carita bastante simpática. Lucía como un cachorrito, un cachorrito bastante sucio y descuidado.

Al verlo, sonreíste con ternura y estiraste tu mano para acariciarlo, a lo que el perrito respondió con un frenético movimiento de colita.

– Es muy bonito, es una lástima que no pueda llevarlo a casa… – Comentó Mathias, acariciando también al animal. Miraste al cachorrito con algo de pena, tú tampoco podías llevártelo, tu madre podría enfadarse. Aunque quizás…

– Lo llevaré yo – Dijiste con una sonrisa, es que esa mirada que tenía el cachorro puesta sobre ti no te dejaba negarte. Mathias te miró con aquella típica sonrisa suya, y extendió el perrito a tus brazos. Tú lo recibiste, y te quitaste el bolso para meter al animal en él, al menos por el camino de vuelta a casa.

Mathias volvió a tomar su bolso y colgarlo en su hombro, y ambos regresaron al paradero. Por suerte, a penas llegaron pasó el autobús, al cual ambos subieron. Luego de pagar el pasaje, pasaron a sentarse en unos asientos que estaban casi al final del vehículo. Colocaste tu bolso en tus piernas, y abriéndolo un poco, dejaste que el cachorrito sacara su cabecita. Acercaste tu mano a él, la cual lamió, gesto que te enterneció tanto a ti como a Mathias, quien soltó una risita.

– ¿Sabes como llamarlo? – Preguntó Mathias, pegándose más a ti para mirar más de cerca al perrito, estiró su mano para juguetear con el animal.

Tú te limitaste a negar con tu cabeza, la verdad es que eras un asco para ponerle nombres a los animales.

– Mørk… – Dijo Mathias, mirándote con una sonrisa. – Significa algo así como "oscuro" en danés, es un bonito nombre.

Tú asentiste ante aquél comentario, dirigiendo tu mirada al perrito. – Mørk será.

– Y será nuestro hijo.

Nuevamente, aquél incómodo calor invadió tu rostro, miraste sorprendida a Mathias, quien sólo soltó una risotada, como burlándose de tu reacción. – ¿Qué quieres decir con eso? ¿Y por qué te ríes? – Preguntaste algo molesta, demostrándolo de forma muy madura, inflando los mofletes.

– Ambos lo adoptamos, así que será nuestro hijo. – Respondió Mathias, sin abandonar aquella enorme sonrisa.

– Entonces tendrás que pagar la pensión~ – Bromeaste, acariciando la cabecita del perrito.

– Claro, yo le compraré la comida, y tú lo demás, ¿bien?

– Me parece.


N/A:

Primero que nada, me disculpo de nuevo por la tardanza. Como recibí menos reviews de los normales en el capítulo anterior, pensé que el fic no estaba gustando y no podía inspirarme. Quizás no es excusa, pero bueno. Además, tampoco tenía una idea muy clara de como acabarlo, pero aquí está.

Estaba pensando en hacer que este fic no durara más de 10 capítulos, ya que tengo muchos proyectos, no lo sé. Ya luego veré, según cómo vaya avanzando.

Por otra parte, respecto a las preguntas del capítulo anterior, pensé que lo ideal sería que la protagonista tenga un gato, sin embargo adopte un perro (con Mathias~), y tenga dos hermanos. Un hermano mayor (me agradó la idea de que la cele) y una hermana menor. Sin embargo, necesito sus opiniones.

Preguntas:

1.- ¿En qué club les gustaría entrar? (Música, teatro, manualidades, deportes, natación, básquetbol, fútbol, coro, repostería, cocina)