Titulo: "Say goodbye"

Autor:YUKI-NII.

Género: Friendship

RantingNC17

Pareja: SasuNaru

N/ANaruto no me pertenece. Todo es de su gran autor, Kishimoto-Sensei

Resumen:Naruto ve como todo cae poco a poco, Naruto abre sus piernas tratando de sostenerlo todo. A veces el amor no es suficiente.

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Capitulo 4

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XIV Two thousand years after

No hay anda más parecido a la realidad que ese momento.

La puerta de la habitación en la que dormiste por más de medio año está siendo abierta, todo sigue ahí, la cama King size, las lámparas de noche de vidrio verde. La mesita junto al armario que contiene los girasoles frescos de esa mañana.

Caminas como si entrases en un sueño, cada paso te trasporta a un tiempo en el que hacías un trabajo no solo para sobrevivir sino para proteger lo único importante que tenias.

Oyes como la puerta se cierra y sientes tu espalda acoplándose lentamente al tórax de Sasuke. Sus brazos rodean tu cintura y su cabeza se esconde en la parte trasera de tu cuello. En honor a la verdad, que jamás dirás en voz alta, no estás ahí para decir que sí. Tu intención nunca ha sido volver, pero era una forma bastante buena para justificar tus actos a alguien quien jamás te ha reclamo por las decisiones tomadas. Aun así, aun así hay sentimientos que van más allá del tiempo.

Los ojos oscuros de Sasuke, su voz profunda, sus manos perpetuamente frías. Fue algo que siempre estrujo tu corazón durante los días de confusión, impotencia y miedo.

Fueron sus palabras directas y sus movimientos honestos lo que lo delataban aun si quería encubrirse con su semblante serio y su habilidad de alejar todo aquello a ser potencialmente cálido. Sasuke también estaba asustado de perder algo que amaba.

Giras lentamente entre sus brazos. Aun recuerdas como es que se veía la primera vez, recargado en la pared y de brazos cruzados. Sonríes levemente.

El frunce el ceño, alzas los brazos para rodear su cuello. Hoy puedes verlo más claramente, como el mundo se refleja en las orbes oscuras, como el sol nunca parece llegar a rozar su piel, pálida, fría, como una serpiente albina.

Te pegas más a él. Poniéndote de puntillas. No eres un rayo de luz en medio de la oscuridad, no hay cosas como felicidad y calma en tu interior pero sabes lo que se siente estar en las tinieblas sin un faro de luz. Lo desquiciante que se vuelve caminar sin rumbo. Es cansando y te sientes solo.

No quieres que Sasuke este solo.

Sasuke te empuja. Te obliga caminar hacia atrás, hasta que tus piernas tocan la base de la cama y se doblan automáticas para sentarse. El Uchiha se inclina, ya no mide el metro ochenta, pero siguen teniendo esa presencia que lo llena todo.

Sus manos bajan por tus tobillos. Los tacones son retirados de un solo movimiento. Te espolea del pecho con sus hombros. Te recuestas, tus piernas continúan colgando hacia abajo. Antes de ser tomadas y puedas ver como las medias se deslizan abandonando su lugar.

Cierras los ojos un momento. Todos son como niños pequeños, vagando a través de calles asfaltadas, tropezando con las piedras, raspándose las rodillas y escondiéndose para llorar, demasiados orgullosos como para dejarse derribar. Se sacuden el polvo de la ropa y continúan caminando mientras cuelgan su amor en farolas oxidadas que no tardaran en caducar, el mundo es lugar cruel no por estar lleno de obstáculos y pérdidas sino porque tiene personas.

Los botones de la camisa salen del ojal uno tras otro, el diminuto short cuelga de tu pie izquierdo.

No traías ropa interior. Eso no pareció sorprende al azabache que posando delicadamente su mano sobre tu espalda te alza para sacar la ultima prenda. Te hala de los hombros para subirte totalmente sobre la cama y te mira.

Con su mejilla apoyada en la mano derecha. Ves las ojeras y el cansancio mal disimulado. Abres los brazos.

Hoy no estás ahí por un desliz, o para abrirte de piernas. Hoy estas en esa cama, porque Sasuke ha tenido muchas pesadillas, y la sangre que tantas veces a derramado le pesa demasiado en las manos.

Su frente tibia se recarga sobre la curvatura entre el hombro y el cuello, sus ojos se cierran. Sasuke solo quiere dormir más de 2 horas. Tú, quieres ser un faro de luz ya no solo para no perderte sino para que Sasuke encuentre el camino de vuelta a casa.

XV It´s got me caught up in a web and my hearts the prey

Todo el mundo desea enamorarse, es más que una simple cuestión fisiológica, va más allá de querer procrear, conservar, y tener algo que proteger. Todo el mundo desea ser amado. Es una cuestión de necesidad, de salir del estado de tensión para pasar a formar parte de un algo que aunque pequeño y a veces frágil, marca la diferencia entre querer vivir y seguir sobreviviendo.

Pero el amor tiene muchos nombres, muchos rostros y edades.

Lo sabes, porque has bajado a la cocina, son más de las 10. Mañana será martes, tienes dos horas de mecánica básica y una de mantenimiento, tienes que estar ahí a las 7. Estas pensando muy seriamente en faltar, no crees poder despertarte a tiempo.

Tu garganta se siente un poco reseca, tomas un vaso enfilado a un lado de la alacena cuando notas, como es que una sombra sobre el mesón eleva su altura, retrocedes unos pasos, escondiéndote tras el refrigerador. Escuchas voces que son un susurro. Piensas en Sasuke y cómo es que acomodaste una almohada para que no notara tu falta en la cama.

Recuerdas a Sugeitsu tomando ese como su día de descanso, y Karin siendo arrastrada por Jugoo hace apenas un par de horas. Las labores del día habían terminado. Se supone que la casa está sola. La respiración se te acelera, te llevas una mano a la boca y otra al pecho. Tienes que calmarte.

Estas desnudo y llegar de nuevo hasta la habitación te parece algo casi imposible, no sin ser notado. Te inclinas un poco, distinguiendo una cabellera rubia y el sonido de algo chocando continuamente. Miras como unas manos se cierran contra las orillas del mesón y como una queja se escapa más elevada.

Vuelves a tu sitio, recargándote completamente sobre el mueble blanco, sabes quién es el único rubio que podría estar ahí aparte de ti, frunces el ceño.

Itachi detente… joder, mnh – la voz se quiebra, antes de transformarse en aguda y después ser solo un siseo continuo –

Solo un poco mas Dei – pide, en algo que tal vez tenía que sonar como una orden pero tiene toda llanura de ser un ruego disfrazado –

Cierras lo ojos, esa voz. Es grave y tiene un sello familiar que te resulta casi irónico. Itachi, Deidara había dicho Itachi. Te dejas caer al suelo para comenzar a gatear. Como si fueses un gato que trata de zafarse de una situación demasiado complicada. Porque tú lo sabes, la experiencia te lo dice, esos dos están follando. Y eso es algo que definitivamente no quieres ver, hay demasiada intimidad cargando el ambiente como para que te este asfixiando.

Respiras hondamente para continuar con tu humillante huida. No notas la presencia a menos de un metro de ti.

Con que tu eres el pequeño zorro – te detienes en seco, mascullando una maldición por lo bajo y alzando tu rostro.

Unos ojos negros te miran desde arriba. Miras al hombre alto, sin camisa y pantalones abiertos que se está poniendo de cuclillas para estar a tu altura. Te sonríe, mientras el grito de indignación de Deidara llena la habitación, masculla un par de palabras y se va a grandes zancadas sin mirar atrás.

Eres un mirón pequeño zorro - la sonrisa se agranda ante tu cara de susto, abres la boca para replicar, justificar tu presencia y la falta de decoro que él Uchiha mayor tiene. No haces nada, su rostro esta centímetros del tuyo, su largo cabello roza tus mejillas, su sonrisa es grande, hasta el punto en el que los ojos se le cierran –

Se retira, extendiendo la mano hacia ti mientras da un suspiro cuando gira su cabeza hacia la cocina. Solo están ustedes dos.

Se ha enojado – murmura para sí mismo Itachi – me has costado una follada ¿sabes? – te mira un momento. Estas desnudo. Camina hacia la cocina tomando un suéter de lana que te llega hasta las rodillas – no quiero que Sasuke también se enoje – tu asientes pasándote la pesada prende por sobre la cabeza. Él se sienta en una de las altas sillas y te invita hacer lo mismo. Obedeces más por la costumbre que por ser consciente de ello. Itachi se parece demasiado a Sasuke. – y dime, ¿has vuelto a forma parte de esta familia? –

Sientes por primera vez en muchas semanas, que necesitas una buena calada de un mentolado blanco. Te pregustas donde guardara Sasuke sus cigarrillos, y si se molestara que le robes unos cuantos.

Solo he venido a dormir – y no sabes porque eres honesto pero parece ser que lo recién dicho le ha agradado a Itachi –

Es una verdeara lastima – Itachi se pone de pie dando un segundo suspiro – la paga es buena pequeño zorro – su mano va hasta tu mejilla y acaricia las cicatrices en ellas, esas que cubre con maquillaje todos los días. –

Nii-san – ambos giran a la entrada, Sasuke con su camisa arrugada y su seño fruncido, esta recargado en el marco de la puerta, sus ojos suben y bajan rápido, analizándolo todo, desde el semen que quedo sobre el mesón hasta la mano de Itachi tocándote, hace un mohín con la boca casi imperceptible, pensamientos como no puede ser que eso sea un berrinche pasan a velocidad luz en tu cabeza – no puedes entrar a una casa ajena cada que se te antoje –

Observas como los ojos de Itachi se iluminan, todo a su alrededor cambia, su lenguaje corporal se relaja, y esa sonrisa que tu sabias era un burla, ahora es una pequeña subida de comisura de labios. Te suelta y gira con los brazos abiertos mientras camina hacia Sasuke y lo rodea, ocultándolo en su pecho. El menor se deja hacer, no replica ni pone resistencia, deja que la gran mano de su hermano se hunda en su cintura y que la otra se enrede en su cabello.

Itachi ama a Sasuke, lo exuda cada una de sus miradas, su voz se envuelve dulce, amable, como un caramelo derritiéndose al calor del fuego. La adoración destila silenciosamente.

Bajas de la silla, el corazón se te comprime, no son celos, ni es envidia. Es algo más grande, más pesado. Ese amor te golpea, hace que las rodillas te tiemblen y el deseo de ser tocado sobrepase la necesidad que estas acostumbrado a soportar. Iruka también te abrazaba así cada vez que regresabas de la escuela.

Pasas por el lado de ambos hermanos. Deidara está sentado en la sala, tiene la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados, esta fumando un Lucky Strike, reconoces su olor.

Bajas el escalón que separa la sala con el corredor que conecta las habitaciones y te sientas a su lado, él te mira, con los ojos entrecerrados y chasquea la lengua, estira su mano hasta tu boca y tu abres los labios recibiendo el cigarrillo, chupándolo con todas tus energías, los sueltas junto con todo el intoxicante humo que relaja tus hombros.

Todo el mundo desea enamorarse. Pero también todo el mundo desea recibir más amor del que a veces podría merecerse. Y tú formas parte de los segundos en esa lista que parece crecer más y más.

XVI. Money is the anthem of success

Lo escuchas llegar, ha sido una larga noche. Has regresado apenas una hora atrás, con la presencia de Sasuke colgando a tu espalda y con un beso en los labios que supo más dulce que amargo. El departamento estaba solo. Sabes que la jornada de Gaara se ha extendido más de lo normal, lleva más de dos semanas haciéndolo. Se están evitando. El contacto entre ambos se reduce a tus entrañas alojando la polla del pelirrojo antes de caer rendido y dormir dándote la espalda. Todo es una mierda. Su comportamiento, la forma en la que te mira, el tono de su voz. Tú has respondido cada una de igual o peor manera.

Ya no existe armonía. Te levantas del sofá para quitarte el conjunto improvisado que Sasuke te dio para que no tuvieras que vestirte de puta cara de nuevo. Escondes la ropa hasta el final del canasto de las prendas sucias. No sabes si es correcto darte o no un baño, no te sientes sucio, tampoco quieres sentirte como una hembra marcada.

El pelirrojo entra a la habitación, sus miradas se encuentra. El pestañea como si no creyese que estuvieras ahí. Como si tuviera que deshacerse de la resignación ya asumida de dormir solo esa noche. Una pequeña sonrisa aparece. Extrañas las sonrisas de Gaara, revuelves tu cabello relajándote ante su gesto afable. Esto es tan solo una etapa te dices. Todas las relaciones la tienen. Aunque tú propiamente no estés en ninguna.

Estiras tu mano para que se acerque a ti, todo pasa demasiado rápido. Tu cabeza rebota contra la pared, te encoges de dolor automáticamente. Estas atrapado entre el muro y el cuerpo del ojiverde. No lo ves pero lo sientes, estas incapacitado para abrir los ojos, una punzada rueda de tus sienes hasta el final del cuello. Estas aturdido.

Gaara nunca te ha levantado la voz en todos esos años en que lo conoces, sus toques siempre han sido delicados y hábiles. Gaara ha sido complaciente en el más mínimo detalle de todo lo que te rodea, ha tenido la sonrisa que siempre has querido ver, ha estado ahí en el lugar indicado en el momento justo, con la precisión de un orgulloso reloj suizo.

Es por eso que te mantienes con la cabeza hacia abajo cuando sientes que su mano estruja con rabia tu brazo. No te quejas. Él no dice nada. Son solo los dos en una habitación muy pequeña.

Se acerca, te pega aun más contra la pared y entierra su nariz en tu pecho. Huele el jazmín y el rastro de la esencia que quedo al haber portado el suéter del Uchiha mayor hace tan solo unos minutos.

Alza el rostro, sus enormes ojos verdes te devoran con impasibilidad. Él huele a alcohol barato y humo de cigarrillo. Inclina su cuerpo, rozando su nariz con la tuya.

Sientes aversión. Tus manos estrujan su cabello pelirrojo, lo halas hacia atrás, él no se retira.

Fuiste con él –

Su aliento choca contra tu rostro, cierras los ojos. Eso no es una acusación, es solo el hecho que ambos saben dicho en voz alta. Asientes levemente. Él da una respiración profunda, como si le hubieses dado un golpe que no esperaba. Te recuerdas que entre ustedes no hay secretos que no se digan entre desayunos de panqueques o tardes de lectura del pelirrojo y tus siestas sobre su costado. Aun así, la sensación de haber traicionado un acuerdo tácito te roza la moral que no tienes.

¿Volverás? –

Gaara habla sobre tus labios, tus dedos siguen enredados en sus cabellos, con la misma fuerza de jale que parece no tener ninguna clase de efecto. Continúas sin abrir los ojos. Subes ambos hombros. No sabes si la pregunta contiene en subtexto a Sasuke o a él mismo.

Gaara te suelta, pone una mano sobre la tuya en su cabeza y retira tu extremidad con cuidado. Miras su espalda, cada vez más lejana. Sale de la habitación. Escuchas la mesa caer. Un vaso romperse, la pared siendo golpeada y la puerta principal azotada.

Estas solo, en un apartamento que ahora te parece forastero. Sintiéndote un intruso en un lugar que tiene demasiadas cosas tuyas. Miras tu mano con algunos cabellos pelirrojos, hundes la cabeza en una camiseta que no te pertenece sin embargo no tienes intenciones de quitártela.

Estas lleno de olores, sensaciones y materia que no viene de ti. Tus entrañas son el depósito de semillas que nunca germinaran. Estas compuesto célula a célula de Sasuke y de Gaara.

Cubres tus ojos, tratado de poner tu amor sobre una balanza mientras ignoras como es que se inclina hacia un solo lado, antes de que el ruido del sistema de engranaje rebobine y se incline hacia el otro.

El amor es un caprichoso.

Son las 3 de la mañana de principios de febrero. Caminas por las calles solitarias, alejándote despacio del apartamento de Gaara, abandonando no solo el hogar, sino la ciudad donde también se encuentra Sasuke.

Ninguna vez miras hacia atrás.