Capítulo 4: Maníacos Viciosos.
Foster: ¿Y dirige usted todo este hospital sin ayuda?
Cuddy: Bueno, no es difícil, una vez que le pillas el truco...
Foster se acercaba cada vez más a Cuddy, y esta intentaba alejarse lo más posible.
Foster: Claro que, una mujer tan estupenda como usted podría hacer cualquier cosa.
Cuddy se estaba poniendo nerviosa, pronto chocaría contra una de las paredes del vestíbulo y ya no tendría escapatoria. Foster enredó su dedo índice en uno de los rizos de Cuddy.
Foster: Tiene un pelo precioso, doctora.
Cuddy sintió como chocaba con una de las paredes que daba a la consulta número uno, y Foster aprovechó el momento para acercarse a ella aún más. Sus caras estaban a pocos centímetros, y Cuddy estaba demasiado incómoda. Una cosa era seguirle el juego y otra muy distinta liarse con él.
¡Doctora Cuddy!
Alguien la llamaba. Foster tuvo por primera vez en la noche, la decencia de apartarse de la directora y disimular un poco. Wilson se acercaba a ella dando largos pasos.
Wilson: Necesito robarle un par de minutos, no tardaré mucho.
A Foster se le veía visiblemente enfadado por la interrupción, pero la expresión de alivio y gratitud de Cuddy no se podía disimular. Ambos doctores cogieron uno de los ascensores, se bajaron en la segunda planta y se quedaron a solas.
Cuddy: Muchísimas gracias, Wilson. No sabes cuanto...
Wilson la cogió de la cintura y la atrajo hacia sí hasta que notó el cuerpo de la directora chocándose con el suyo. Sabía que acababa de librarla de un acosador y esa no era la mejor manera de tratarla en ese momento pero lo necesitaba. La necesitaba a ella. Había estado demasiado tiempo deseando ese momento.
Wilson: Lo siento mucho.
Cuddy: ¿Qué...?
Wilson: Tranquila, yo no soy como ese psicópata del ministerio, no te voy a violar. Solo necesitaba sentirte cerca... al menos un par de segundos.
Cuddy se sentía rara, ya había tenido suficientes tocamientos esa noche pero... Eso no la molestaba. James era extrañamente atrayente. No sabía si le gustaba realmente, pero estaba muy a gusto allí con él.
Cuddy: James, yo...
Wilson le tapó la boca con el dedo índice para callarla. Por supuesto no se iba a atrever a besarla, pero le gustaba la sensación que le invadía al tenerla cerca y el hecho de que ella no le hubiese rechazado en cierta manera le reconfortaba.
Cuddy había dirigido la mirada al suelo, y Wilson supo que ese era el momento de separarse, no quería agobiarla demasiado, solo quería tenerla lo suficiente para que ella supiese lo que él sentía. Pero cuando le soltó ella le acarició la mejilla cariñosamente y se acercó lentamente hacia su boca. Wilson había vuelto a tomar su cintura y le acariciaba la espalda suavemente. Ese momento se les hizo eterno, hasta que Cuddy posó sus labios en los del oncólogo y le besó. Fue un beso cálido, en el que estaban participando los dos. Y aunque era cariñoso, cada segundo que pasaba besaban con más pasión. Se separaron muy despacio y se miraron a los ojos durante varios segundos.
Wilson: Tienes... unos ojos... preciosos.
Cuddy sonrió, le gustaba que Wilson se mostrase tímido. Le rodeó el cuello con sus brazos viendo como él se perdía en sus ojos de un perfecto verde azulado. Ella le abrazó tiérnamente cuando el ascensor se abrió para dejar paso a House, que venía de la fiesta. Wilson era el único que le podía ver, y se apresuró a hacerle señas a House para que se fuera. Señas que el nefrólogo no quiso interpretar.
House: ¡Qué bonito!
Wilson maldecía a su amigo mientras se separaba de Cuddy, quien tenía también una expresión bastante irritante.
House: Doctora, el señor Foster la está buscando.
Cuddy suelta un largo suspiro y mira a Wilson durante un par de segundos.
Cuddy: Le dices que espere, que estoy ocupada, y que no sea pesado.
House asiente, pero se queda mirándoles.
Wilson: ¿Te importa?
House: Claro, lo siento. Estaba intentando encontrar en Cuddy qué puede ser lo que te haga estar enamorado hasta las trancas de ella, pero supongo que necesitaría algo más de tiempo. Sinceramente, no creo que lo pudiese encontrar nunca.
House se da media vuelta y se mete en el ascensor, haciendo un movimiento con la mano a modo de despedida. Cuddy mira a Wilson.
Cuddy: ¿Enamorado hasta las trancas?
Wilson baja la vista algo avergonzado pero ella se limita a darle un corto pero tierno beso.
Mientras tanto, en el vestíbulo la fiesta continuaba y los empleados comenzaban a beber algo más de la cuenta. Cameron seguía pensando en House, pero intentaba distraerse conversando con Foreman, Chase y Sean Stobbart, quien se les había unido rápidamente a la conversación hacía un par de minutos.
Chase: Foster es algo acosador, ¿no? Es decir... ¿Habéis visto como se comporta con Cuddy?
Cameron: Un comportamiento totalmente fuera de lugar, además, Cuddy dejó bastante claro con su expresión corporal que no quería nada.
Foreman: A mi me llama siempre su "expresión corporal" y me aguanto.
Foreman, Chase y Stobbart se ríen, a pesar de que Cameron estaba totalmente indignada por ese comentario.
Chase: No te preocupes, Alison, ten por seguro que tú no tienes nada de qué avergonzarte.
Cameron: Muchas gracias.
Cameron se dio media vuelta y se largó a de allí. La sensación había sido estar encerrada en una jaula rodeada de mandriles en celo. Pero que le iba a hacer ella... Eran tíos, y siempre lo serían.
Foreman: Voy al baño un minuto.
Foreman había bebido ya un poco más de la cuenta, así que decidió ir al baño a lavarse la cara, y dejó solos a Chase y a Sean.
Stobbart: Bueno y... ¿Qué tal es trabajar con House?
Chase: Agotador, se podría decir.
Stobbart: Y después de un día así supongo que no te quedarán fuerzas para hacer... cosas malas.
Stobbart dejó su copa en la barra y acarició el pecho de Chase con su dedo índice. Robert se echó atrás tan bruscamente que algunos de los empleados que le rodeaban se asustaron.
Chase: ¿¡Pero qué hace!?
Stobbart: Venga, que a mí no me engañas. Con ese pelito no hay forma de que seas hetero.
Chase se sintió bastante ofendido pero en ese momento el sentimiento que más le embargaba era el del miedo.
Chase: Mira, Sean... Señor Stobbart...
Stobbart: Puedes llamarme Sean, es el nombre que gritarás durante tus próximas noches.
"¿Qué pasa? ¿En este ministerio todos son unos puñeteros maníacos viciosos o qué?", pensó Chase mientras se iba echando más atrás.
Stobbart: No te hagas el tonto conmigo, Robert.
Chase: Chase.
Stobbart: Doctor Chase. Me gustan estos jueguecitos pero... No sé... Hacer esto en un hospital... Con tanta gente...
Chase: ¿Pero qué dice, anormal? ¡Yo no quiero nada con usted! ¡Me gustan las mujeres!
Varias personas ya se habían girado a presenciar la escena, y casi todos los presentes se habían callado, a excepción de unos suaves murmullos, y no paraban de alzar el cuello para ver qué estaba ocurriendo. De repente, de entre la multitud sale Cameron, que coge de la mano a Chase y tira de él para llevarlo a un lugar más íntimo y librarlo de Stobbart.
Cameron: Vamos cariño. ¡Es mi novio, ¿sabes?! No me gusta que le violen, es una pequeña manía que tengo.
