Bleach © Tite Kubo
.
Lazos inolvidables
.
CAPITULO 4
.
–Supuse que sería a ti al que enviarían a Karakura –se quitó el sombrero, a modo de saludo, ante la presencia de aquel shinigami que lo visitaba a tempranas horas en la tienda–, capitán Kurosaki.
Un semblante de sorpresa fingida se dibujó en su rostro mientras le echaba un vistazo al haori que vestía el cegador de almas.
–¡Buenas Tardes, Urahara-san! –escuchó una voz femenina que lo saludaba y pudo ver a la pequeña castaña salir de atrás de la figura del alto shinigami.
–¡Vaya pero si es Hinamori-chan! Debí suponer que también vendrías.
La aludida solo respondió con una gentil sonrisa.
–Necesitamos hablar, Urahara.
La más reciente adquisición del la Sociedad de Almas parecía no querer perder el tiempo con saludos y conversaciones triviales.
Kisuke asintió y los invitó a tomar asiento y beber una taza de té. Hablaron por unos minutos en los que los shinigamis de la quinta división trataron de indagar y obtener más información sobre el comportamiento de los hollows en la ciudad. Pero no obtuvieron más información de la que ya poseían. Urahara sabía exactamente lo mismo que ellos.
Hinamori suspiró. Realmente había creído que obtendrían más al venir a hablar con ese hombre.
–¿Ya sabes lo que le sucedió al padre de Uryuu? –preguntó repentinamente.
–No. ¿Qué pasó?
La castaña bebió un sorbo de su té y se concentró solo en escuchar y observar. Detalló un semblante sombrío en Urahara, el cual guardó silencio por unos segundos, y como los músculos de su capitán se tensionaban. Estaba segura que el rubio no sería portador de buenas noticias.
–Hace unas semanas fue asesinado.
Ichigo se tensó aún más. Apretó la taza de té, y tanta fue la fuerza que aplicó que ésta se hizo pedazos entre sus manos.
–¿Fueron Hollows? – fue lo primero que se le ocurrió preguntar, aunque estaba casi seguro de cuál sería la respuesta.
–No… fue algo más.
–¡TSK!
Golpeó la mesa lleno de total indignación. Lo que tanto temía se estaba haciendo realidad, y una vida más había sido cegada por su culpa. Por su incompetencia.
Un sentimiento enorme de culpabilidad se apoderó de él.
"Si tan solo hubiese llegado antes", era la frase que resonaba en su cabeza. Una frase que calaba en su interior desde hace mucho tiempo.
"¡Maldición!", en el pasado había llegado tarde para salvar a su padre, y ahora también había llegado tarde. Pero aunque hubiese llegado a tiempo hace cuatro años no hubiese podido evitar la muerte de Isshin. Y él lo sabía. Llegar a tiempo ese día seguramente también hubiese significado su muerte.
En ese tiempo solo era un inútil humano normal –débil e indefenso–, incapaz de proteger la vida de aquellos a quien ama, ni siquiera con la fuerza suficiente para proteger su propia vida. No contra a aquellos seres con poderes sobrenaturales. Pero ahora que había recuperado totalmente sus poderes de shinigami, y estaba de vuelta en el mundo humano, no estaba dispuesto a perder a nadie más. Y ahí, en la tienda de Urahara, juró en silencio que daría caza a los responsables. No iba a permitir que nadie se atreviera a lastimar a su familia y amigos, otra vez
.
Tokyo – día actual –
Las clases de la mañana habían llegado a su fin, y luego del almuerzo, las alumnas de Rosa de Medianoche disponían de dos gratificantes horas de descanso. Algunas lo usaban para tomar el té, otras invertían el tiempo estudiando juiciosamente en la gran biblioteca, otras más le dedicaban horas extras a las actividades de sus respectivos clubes. Tal era el caso de Yuzu, que disfrutaba pasar sus horas libres en el club de gastronomía. Un club alegre en el cual las chicas disfrutaban aprendiendo acerca de la inmensa cultura gastronómica. Pero para una chica en especial ese par de horas solo tenían que usarse para una cosa. Descansar ¿Qué sentido tiene usar ese tiempo para estudiar, estar en el club o tomar el té con niñas odiosas? Si hiciera eso entonces dejarían de ser las "horas de descanso". Y no había un lugar mejor para pasar esas horas que el antiguo dormitorio.
Hacía frío pero eso no era un impedimento para subir a la azotea del viejo edificio. El lugar más tranquilo de todo el colegio, lejos de todo y de todos.
–¡Hola, pequeña! – tomó entre sus brazos a la felina quien la recibió con ronroneos. Una hermosa gata negra de corto pelaje era su única compañía – Aquí tienes – la minina comió gustosa las diminutas anchoas de la mano de la azabache.
Kurosaki se dejó caer sobre el frío suelo. Ese día se sentía particularmente extraña, una fuerte sensación de nostalgia se había incrustado en ella, y todo debido al raro sueño que había tenido. Si, un sueño. Luego de innumerables noches de pesadillas por fin había podido soñar con algo agradable, y gracias a eso había dormido plácidamente, tanto así que despertó sin problemas para llegar a tiempo al desayuno. Aunque por alguna razón, despertar de ese hermoso sueño le resultó doloroso.
–Me pregunto si fue solo un sueño o un recuerdo. Es difícil distinguir entre la fantasía y la realidad ¿No lo crees? – el animal solo maulló, lo que Karin tomó como una respuesta afirmativa–. Pero te diré un secreto –alzó a la gata hasta a la altura de su cara –, si fuera real podría incluso hasta enamorarme de él.
Dejó escapar una sonrisa de sus labios y un pequeño rubor cubrió sus mejillas. La imagen de un apuesto chico de blanca cabellera y profunda mirada turquesa que extendía su mano hacia ella era tan vívida. Él esperando por ella, bajo el manto de una noche nevada. Pero fue una lástima que, justo cuando había decidido tomar su mano, el sueño se haya vuelto turbio y se viera obligada a despertar.
–Hubiese sido agradable recordar la calidez de su mano – concentró sus ojos en la blanca piel de su mano derecha –. Si, definitivamente hubiese sido agradable.
La gata se alteró un poco y buscó huir de sus brazos. Trató de calmarla pero no funcionó, así que la dejó ir. El animal corrió y se escondió entre algunos viejos muebles.
–¿Qué te sucede? – preguntó un poco irritada ya que había salido aruñada durante la huída de la gata.
–Así que aquí es donde te escondes.
Dirigió su oscura mirada hacia aquella que se atrevía a interrumpir su descanso.
–¡Ah, solo eres tú! – dijo con desgano.
Aquella actitud molestó a la recién llegada. Mashiro frunció el ceño. Lidiar con Kurosaki Karin se estaba volviendo algo irritante.
–¿Quién te dijo que estaba aquí?
–Yuzu –respondió secamente.
Karin enarcó una ceja ¿Desde cuándo tanta confianza? Hace tan solo unas horas que ella y su hermana se conocían. Pero prefirió restarle importancia después de todo la peliblanca había resultado ser, además de su compañera de habitación, su nueva compañera de clases ¿Quién diría que una chica tan pequeña fuera de su misma edad? Si tan solo en la mañana había creído que solo era una pequeña de secundaria.
–¿Y para qué me buscabas?
–Escuché que eres la capitana del club de kendo, así que vine a decirte que quiero entrar.
–¿Eh?
No solo tenía que soportarla en clases, sino en el dormitorio ¿Y ahora también en el dojo? ¿Qué pretendía esa chica? ¿Pegarse a ella como un chicle? Había algo en Hitsugaya Mashiro que no le terminaba de agradar.
–¿Algún problema? –frunció el ceño. Tampoco era como si pretendiera llevar una vida escolar normal al tratar de unirse a un club, pero era obligatorio que todas las alumnas pertenecieran a uno, por eso de acumular créditos extra-curriculares. Era un fastidio investigar pretendiendo ser una alumna más de ese colegio.
–No. Si realmente quieres pertenecer al equipo debes venir esta tarde a las 6 y ahí decidiré si eres apta o no.
Aunque no le gustara la idea de tener a esa chica siempre a su lado, no podía rechazarla por un simple capricho. Kurosaki era una digna presidenta y sabía separar perfectamente sus opiniones personales de las profesionales.
–Está bien –Mashiro se marchó sin siquiera despedirse.
–Es tan… – dejó escapar un grito de frustración –fría, gruñona, y ridículamente orgullosa, además de maleducada. –en poco tiempo había logrado forjarse una idea clara de la personalidad de su nueva compañera.
–Esa chica no es para nada linda –dijo, frunciendo los labios.
Karin no era la más indicada para criticar la actitud de Mashiro, ya que ella misma era la portadora de una endemoniada personalidad que no muchos lograban soportar.
–Eso sin mencionar que también es una chica muy extraña –acarició una de sus muñecas, aún dolía un poco –. No entiendo porque su presencia me desagrada.
.
.
.
Había amanecido hace un poco más de una hora, su reloj despertador marcaba las 6:30 am. Todo apuntaba que ese día iba a hacer uno en los que no se perdería del desayuno. La noche anterior extrañamente había dormido bien. Se había duchado, vestido y peinado en solo treinta minutos. Estaba segura que llegaría a tiempo al comedor. Sonrió. Ya podía saborear la deliciosa comida.
El sonido de una cremallera al abrirse llamó su atención. Su nueva compañera mantenía la mirada fija en la maleta que había sobre su cama. Parecía mirar con desprecio las prendas de vestir.
–¿Pasa algo, Mashiro?
Escuchar a Karin llamarlo por ese nombre hizo que la vena de su cien vibrara enérgicamente.
–Aún no te has bañado, así que apúrate sino llegarás tarde.
Se cruzó de brazos y clavó sus orbes oscuros en ella, en espera de que la chica la obedeciera y fuera directo al baño a tomar una ducha.
"Hitsugaya-san es nueva en el colegio y en el país. Actualmente sus padres están en el exterior y por motivos personales decidieron enviarla a aquí. Así que por favor, Kurosaki-san, trátala bien. Te la encargo mucho", recordó la llamada que le había hecho la directora la noche anterior.
No es como si se hubiese comprometido a cuidar de esa chica, pero por lo menos intentaría que no llegara tarde en su primer día de clases, ya que tener que lidiar con los regaños de los profesores era muy incómodo.
–No me digas Mashiro. Llámame Hitsugaya – exigió.
Era su costumbre pedir que lo llamaran por su apellido, pero según recordaba esa regla no aplicaba a Karin, ya que por alguna razón al capitán Hitsugaya nunca le molestó cuando esachica lo llamaba por su nombre. Toushiro. Pero una cosa era eso y otra dejar que ella se dirigieraa él por el nombre que se había inventado la teniente Matsumoto. Ese nombre le resultabairritante.
Karin bufó un poco molesta. No acostumbraba a usar formalismos con sus compañeras, y menos con aquellos menor que ella. Detalló la estatura de la chica ¿Qué se creía esa enana? A lo mucho, calculaba que la chica estaría cursando segundo año de secundaria. Aunque sinceramente lo que parecía era una niña de primaria. Mientras ella ya estaba en el último año de preparatoria, es decir que era su senpai, o por lo menos eso suponía.
Esbozó una sonrisa de superioridad. El formalismo se los reservaba para sus profesores, no para una kohai.
–Mashiro es tu nombre, y así te llamaré – replicó la Kurosaki.
El joven capitán frunció el ceño. Definitivamente Karin era una Kurosaki, y exigirle un poco más de respeto era inútil. Por un momento recordó las innumerables veces que había corregido a Kurosaki Ichigo, cuando éste se empeñaba en llamarlo por su nombre.
Suspiró.
Esa chica se parecía tanto a su hermano mayor.
–Estamos perdiendo mucho tiempo –la azabache se acercó de manera precipitada –.Te ayudo con esto – dijo, intentado desabrocharle la pijama.
–¿Q-qué crees que haces? – la cara del capitán se tornó carmín, y trató de apartar a Karin. Pero esa chica tenía más fuerza de la que él imaginó.
–Quitarte la ropa ¿O es qué crees que tu ropa se quitará sola y aparecerás mágicamente bajo la ducha?
Fueron largos segundos de forcejeo entre ellas.
–No pienso perderme el desayuno por tu culpa –Karin aplicó más fuerza y dos botones de la delicada pijama salieron disparados.
–Tonta, suéltame – estaba cada vez más rojo. Karin estaba demasiado cerca. – ¡Detente! – gritó.
La tomó fuertemente de las muñecas y de un ágil movimiento la aventó hacia la cama posicionándose sobre ella. Inmovilizándola por completo.
Karin abrió los ojos como platos, le sorprendió la fuerza que tenía su compañera. Ninguna chica podía ganarle en fuerza, ni siquiera aquellas de altura superior y mayor contextura. Entonces… ¿cómo es que una enana flacucha la había dominado con tanta facilidad?
La expresión de ambas era seria, aunque Toushiro aún conservaba el sonrojo en sus mejillas. Nunca imaginó que volvería a ver a esa humana, y mucho menos que estaría tan cerca de ella.
Kurosaki frunció el ceño. Su compañera era una chica muy extraña. Además el sonrojo le parecía algo… sospechoso.
–¿Te gustan las mujeres? – la azabache fue muy directa. Si su nueva compañera tenía esa clase de preferencia, entonces era algo que ella debía saber.
Hitsugaya giró la cara tratando de ocultar su sonrojo ¿Qué intención tenía Karin al hacerle esa pregunta? Por supuesto que le gustaban, era un hombre heterosexual después de todo, pero eso no lo sabía Karin, así que darle una respuesta afirmativa sería muy extraño.
–Claro que no –le respondió, liberándola del agarre –. Y aunque me gustaran no me fijaría en una salvaje como tú – y se fue directo al baño.
Eso había sido un golpe bajo. Karin apretó las manos en un puño.
–¿A quién llamas salvaje? ¡Enana! – gritó enojada.
Dirigió su mirada al suelo y se topó con dos botones rosados que antes formaban parte de la pijama de Mashiro. Debía reconocer que se había pasado un poco, pero eso no le daba derecho a llamarla salvaje, ¿o sí? Suspiró y se echó en la cama sin importarle que se pudiera arrugar su uniforme. No tenía nada mejor que hacer que esperar a que Mashiro estuviera lista.
.
Todo esto era una broma, ¿cierto? Ese colegio era realmente extraño. La presencia de la mellizas Kurosaki, una extraño campo de kidou rodeándolo y ahora esto.
Sus ojos turquesas no perdían de vista los movimientos de aquel hombre fortachón con bigotes que no paraba de hablar acerca de de la historia de Japón. Su voz era gruesa y estricta al igual que toda su figura. Como buen alumno que fue en la Academia de Shinigamis, la verdadera identidad de su ahora profesor de historia de Japón no era un misterio para él. Ese hombre de gran contextura era uno de los más grandes maestros en artes demoniacas, Tessai Tsukabishi antiguo líder de la misteriosa división de kidou del Seireitei.
Ya no le quedaba ninguna duda, si alguien era capaz de crear tan impresionante estructura de kidou alrededor del colegio era ese hombre. Además la presencia de Tessai en ese lugar solo significaba una cosa, Urahara Kisuke estaba involucrado hasta los codos en toda ésta situación. Ese par de hombres tendrían que darle una buena explicación al Capitán Hitsugaya.
–Señorita Kurosaki, por favor léanos la página 150 del libro.
Yuzu se levantó de su asiento con libro en mano, y diciendo un energico: "sí, Tsukabishi-Sensei".
–¡Usted no! Me refería a su hermana.
–¿Eh? –la castaña rodó sus ojos hasta posarlos en su melliza.
La capitana de kendo estaba absorta viendo a través de la ventana, completamente ajena a lo que ocurría en el salón de clases. Dejó escapar un bostezo al cristal. Y casi de manera instantánea el irritado profesor arrojó un pequeño trozo de tiza hacia la dura cabeza de Kurosaki. Chica osada que se atrevía a vaguear en sus narices.
–¡Sensei! – siseó la morena al sentir el impacto en su cabeza. Solo era un miserable pequeño trozo de tiza, pero… ¡maldición, como le dolió!
–Página 150, Kurosaki – le indicó una vez más.
Varias de sus compañeras dejaron escapar pequeñas risas. La situación no era para nada inusual. Karin acostumbraba a distraerse y no atender con propiedad a cada clase, siendo reñida constantemente por todos los profesores. Solo existían dos lugares en donde recordaban haber visto a Karin empleando toda su atención, en el dojo de kendo y en la cancha de futbol.
Kurosaki hizo un mohín con sus labios, y reacia comenzó a leer para todos en la clase.
Los minutos transcurrieron con extrema lentitud, o por lo menos así lo sintieron Toushirou y Karin. Por una parte la melliza consideraba la cátedra de historia como una de las más aburridas y por otro el shinigami estaba algo impaciente, necesitaba hablar cuanto antes con Tessai. Para alivio de ambos, el timbre sonó, indicando la finalización de la clase y con ella la jornada de la tarde.
Las jóvenes empezaron a salir ordenadamente del salón. Todas, a excepción de Mashiro, quien esperaba la oportunidad exacta para encarar al "profesor". Pero su plan fue arruinado por las hermanas Kurosaki. Karin y Yuzu obstruyeron su visión, y todo con una solo intención. Llevar a Mashiro al club de kendo.
–¡Vamos ya, Mashiro-chan!
La castaña lucía muy emocionada por la prueba a la que debía someterse su nueva amiga para poder formar parte del prestigioso club de kendo del instituto. Estaba dispuesta a animarla con todas sus fuerzas.
–Lo siento, pero tendrá que ser otro día. Tengo algo que hacer.
Mashiro se levantó del asiento. Tomó su mochila y caminó directo al escritorio en donde estaba aún el profesor, organizando una pila de papeles, ignorando por completo la presencia de una chica que lo miraba con evidente enojo.
El club de kendo no era un juego como para dejarlo para "otro día". Si realmente quería pertenecer al club en el cual ella era capitana, Mashiro debía aprender cosas muy importantes.
Responsabilidad.
Disciplina.
Kurosaki Karin no iba a permitir que su tiempo se desperdiciara. Había planificado la evaluación de Hitsugaya a la seis de la tarde de ese día, y sin duda así se llevaría a cabo.
"Tengo algo que hacer"
¿Qué diablos podía ser más importante que el club de kendo? Mashiro era una alumna nueva y sin ninguna responsabilidad con algún club, grupo de estudio o cualquier otra actividad del colegio.
Con firmeza sujetó a la peli-blanca de la chaqueta del uniforme, y la arrastró sin contemplación hacia el dojo. No fue difícil, cargar a Mashiro era como cargar un par de almohadas de plumas.
–¡Maldita sea! ¡Bájame, Karin!
A pesar de las exigencias e intentos fallidos de zafarse, las tres chicas llegaron a su destino. El dojo de kendo.
Como odiaba estar en un gigai, pero lo que más odiaba era que ese gigai fuera el de una chica. Karin lo había sostenido con tanta firmeza que esta vez no pudo vencer a la azabache ¿Desde cuándo una chica era más fuerte que él?... Ah sí, desde que había pasado de ser un "él" a ser un "ella".
"¡Matsumoto!", solo podía gritar internamente el nombre de la única culpable de todas las bochornosas situaciones por las que había pasado.
Ya no había remedio, Tessai ya debió haberse ido y él había perdido la oportunidad de despejar muchas dudas, solo le quedaba afrontar la evaluación que le tenía preparada Kurosaki. Aprobar era pan comido, y la ventaja de todo esto es que podría vigilarla más de cerca.
Vestidas y listas, Karin y Mashiro dieron inicio a su enfrentamiento.
La forma de sostener la espada y la postura que asumió Hitsugaya, le indicaron a Karin que la chica no era ninguna inexperta, sino todo lo contrario. Había algo en ella que con solo verla la hacía asumir que tenía mucho talento en el uso de la espada. No debía precipitarse, un movimiento prematuro y estaría en desventaja. Luego de unos segundos de analizar a su oponente, Karin decidió realizar el primer ataque.
Hitsugaya la esquivó ágilmente.
Las katanas de madera chocaron en contadas ocasiones, siguiendo el ritmo de sus portadoras, cuyos pies se desplazaban grácilmente por el piso de madera. La habilidad de la azabache sorprendió al capitán Hitsugaya. No había tenido dudas de que Karin debía ser buena, ya que era la capitana del club, pero definitivamente la chica superaba sus expectativas.
Hitsugaya sonrió bajo su protector.
El combate se alargaba, y hasta ahora ninguno había obtenido puntos a su favor. Pero ya era hora de ponerle fin. Decidió no contenerse, y con un movimiento veloz, esquivó uno de los ataques y aprovechó una abertura en la defensa para contraatacar. Su espada golpeó el protector de la cabeza de su oponente, otorgándole la victoria.
Perplejas, y sin palabras habían quedado Yuzu y las demás miembros del club. Su fuerte capitana había sido derrotada de un golpe certero.
Se retiró el protector y observó a su oponente. Había perdido, no había dudas de ello, pero no se sentía mal por eso. Al contrario, se sentía feliz. Luchar contra Mashiro había resultado muy divertido. Se quitó los guantes y con sinceridad le extendió la mano a la peli-blanca.
–¡Bienvenida...!
Miles de sentimientos explotaron en su interior cuando sus manos hicieron contacto. La inexplicable nostalgia invadía todo su ser nuevamente. No podía explicarlo, pero de alguna forma sentía que la calidez que le transmitía esa chica no provenía de su mano sino de su alma.
–¡…Hitsugaya! – dijo, casi en un susurro.
Karin plasmó en sus labios una hermosa y pura sonrisa, que estremeció el interior de Toushiro.
"¡Hermosa!", fue la única palabra que encontró para describir a la joven frente a él. La pequeña Karin que una vez conoció se había convertido en una muy hermosa mujer.
.
Habían pasado varios días desde que Ichigo llegó a Karakura, y liderar a los shinigamis en la lucha contra los hollows era lo mejor que había podido hacer. Aunque aquello no le resultó tan malo. Pelear hombro a hombro al lado sus amigos ya no parecía cosa de una vida pasada. Y a pesar del distanciamiento, su trabajo en equipo seguía siendo muy bueno. Pudo darse cuenta de lo fuertes que se habían vuelto todos. Ninguno de ellos había perdido el tiempo.
Su encuentro con Ishida no fue fácil. Al verlo no pudo evitar que un "lo siento" escapara de sus labios.
"No seas Idiota, Kurosaki. Nada de lo que pasó fue tu culpa"
Pero sin importar cuantas veces recordara las palabras de Ishida no podía asimilarlas. Sabía que no era directamente responsable pero, sin duda, algo de culpa recaía sobre sus hombros. Sospechaba que la muerte de Ryuuken y la aparición anormal de los hollows se debían a una misma causa.
"…ellas"
–¿Cuándo piensas contarles todo, Ichigo? –la voz del tendero lo obligó a abrir los ojos.
Estaba sentado a su lado admirando despreocupadamente el atardecer.
–¿Por cuánto tiempo vas a seguir engañando al Gotei 13 y a tus amigos?
–El tiempo que sea necesario. Mi prioridad es mantener a salvo a Yuzu y Karin.
Ambos hombres sabían que contar la verdad solo pondría en peligro las vidas de las mellizas, pero también sabían que ellos solos no podrían protegerlas. Solo era cuestión de tiempo para que lo que habían estado ocultado durante años fuera revelado.
–Ellas… ¿cómo están?
–Están bien. No te preocupes, Yoruichi y Tessai las están cuidando bien.
–Eso me alivia. Aunque seguramente Karin debe odiarme – una expresión melancólica se asentó en su masculino rostro.
–La última vez que hablamos te dije que Karin muy probablemente haya recuperado parte de sus memorias, pero es imposible saber cuales, así que existe la posibilidad de que ni te recuerde y te libres de su odio – dijo, con una sarcástica sonrisa.
–No le veo lo gracioso – frunció el ceño.
–Aunque… – esta vez el rubio pretendía hablar con seriedad – tarde o temprano lo recordará todo. Nunca esperé que esa chiquilla tuviera el poder para romper el hechizo con el que sellé sus memorias.
–Solo espero que el otro sello no se rompa, si eso sucede, el que Karin me odie solo será un problema menor.
Ichigo se levantó del tejado, debía reunirse con la Teniente Hinamori y los demás shinigamis que custodiaban Karakura. Se despidió de Urahara y usando shunpo se marchó.
–Eso sería algo muy interesante, aunque estaríamos en serios problemas – Urahara se acomodó en el tejado.
–¡Ah! Que hijos tan problemático tuviste, Isshin – soltó un bostezo al aire y se dispuso a tomar una larga siesta.
.
Nota de la autora: Oficialmente di inicio al HitsuKarin ¡Para los próximos capítulos habrá mucho, mucho más! Gracias a los que dejaron un review, a los que siguen la historia y agregaron a favoritos. Me estoy esforzando para mejorar mi redacción y ortografía para poder ofrecerles un fanfic de calidad.
¿Sabías que… cada vez que dejas de escribir un review, Matsumoto atormenta psicológicamente a Toushiro? No apoyes el maltrato infantil (?) y deja un review.
