Capítulo 4:

De camino a la clase que Helga tenía a cuarta hora, o mejor dicho, el infierno de la lengua; Helga vió a lo lejos a un par de chicas que volvían a mirar embobadas a algún pobre inepto el cual ellas creerían que estaba "bueno" o "para comérselo" y las típicas bobadas que las chicas salidas de mente suelen decir. En cualquier caso, al principio no le importó; sin embargo tuvo que pasar por el frente de ellas para llegar a su clase, inevitablemente fijándose en que eran las mismas chicas que babeaban por Arnold la última vez que las vió. Solo para asegurarse, se acercó un poco a ellas, lo suficiente para saber si era al chico rubio al que volvían a mirar. Afortunadamente para Helga, miraban a un grupo de deportistas de fútbol que charlaban tranquilamente entre ellos.

Helga ya llegaba tarde al infierno, irónico; hasta para el destino peor anticipado llegaba tarde. Antes de irse, pudo ver a Gabriel entre el grupo de jóvenes llenos de sudor; sudor que recorría toda su cara de forma que hacía que su sonrisa reluciera aún más alegre. No se había parado a pensarlo pero, Gabriel tenía atractivo, no tenía músculos, pero sí una figura masculina, hombros anchos, alto... Pero no era tiempo para fijarse, Helga llegaba 10 minutos tarde y el profesor ya le tenía manía desde el arrebato de la última vez.

- Joder, joder, joder...- Susurraba para ella mientras corría lo más rápido que tenía permitido ir por los pasillos para llegar a clase, con una expresión de total olvido en su mirada.

Abrió la puerta del Inframundo, esperando al Diablo en persona para castigarla de nuevo cuando... Se encontró con una silla vacía en el asiento del profesor, todo el mundo hablando en sus mesas sin ninguna preocupación y ella, feliz a más no poder. ¡Al fin un poco de suerte, que el karma ya se lo estaba debiendo! Helga fue directamente a sentarse para no tener ningún problema por si alguien la veía levantada, sonriente como una niña pequeña a la que acaban de comprar un juguete. Por desgracia, el destino la había hecho como Helga G. Pataki, y eso significaba, más mala suerte. El sitio libre que quedaba era al lado de Arnold, quien a su lado tenía una silla vacía que invitaba a la gente a que se sentase. Helga no tuvo más remedio que ir.

Arnold se percató de que venía exactamente para eso, su plan había funcionado. El chico sonrió triunfante.

- Hola Helga.- Saludó Arnold como normalmente hacía.- Puedes sentarte si...-

- Sí, sí, sí, sí... No necesito que me digas lo que tengo que hacer cabeza de balón. Y que quede claro, sólo me siento aquí porque no hay otro sitio, no porque yo quiera.- Dijo Helga con una mirada de indiferencia que apuntaba directa a Arnold, arqueando una ceja para darle más enfasis y que no se notase su creciente nerviosismo. Al contrario que puede pasarle a otras personas, a Helga estar sentada con la persona que ama no le ayuda más que a distraerse debido a los nervios que le produce estar tan cerca el uno del otro, haciendo que no pueda estudiar ni prestar atención.

- Por supuesto que no Helga.- Contestó Arnold de manera caballerosa.- Pero es una buena oportunidad para nosotros estar sentados juntos.- Le dijo el rubio sonriente.

Helga abrió los ojos sorprendida ante semejante comentario. ¿Acaso él quería que se sentara a su lado? ¿Desde cuando Arnold tenía deseos de acercársele directamente? ¿Era eso si quiera posible...?

- Es que la idea de la quedada en grupo sigue en pie y Gerald ya me ha dicho que puede venir, así que si me es posible, me gustaría insistirte para que vengas.- Arnold no dejaba de sonreir mientras decía todas esas cosas, aunque por otra parte, Helga ya sabía por qué tantas sonrisas sólo por sentarse juntos. De nuevo, Arnold la hacía soñar despierta, para después despertar en la pesadilla llamada "realidad"; pero bueno, otra decepción no la mataría, ¿no?

- Escucha, ya te dije que no lo sé, no hace falta que me acoses de esa manera, si tantas ganas tienes de que vaya, iré. Pero deja de hacer eso.- Dijo Helga en un tono molesto.

- Lo siento, estoy entusiasmado de que vengas, de verdad me gustaría mucho. Te prometo que te dejaré en paz.- Aunque no lo pareciese, Arnold quería pasar tiempo con ella y le había costado bastante sacar adelante la conversación de los últimos cinco minutos. Pero él no iba a darse por vencido.

El profesor entró a clase, había tenido una reunión y no había podido llegar a tiempo. Todos se sentaron en sus respectivos asientos y comenzaron la clase. Ahora empezaba el verdadero infierno para Helga, toda una hora con Arnold al lado...

-o-

Al salir de clase, Arnold aprovechó para cautelosamente ir en busca de Gabriel. Tenía que preguntarle cual tenía que ser el próximo movimiento que había que ejecutar. Finalmente, lo encontró caminando junto a Vasily por los pasillos.

-¡Gabriel!- Dijo Arnold en un tono algo bajo, haciendole una seña de que se acercase. Vasily lo siguió.

- ¿Qué tal, rubiales?- Le contestó Gabriel de manera simpática.

- Tenía razón, ser directo funcionó. ¿Cómo lo supiste?- Preguntó Arnold sorprendido.

Gabriel rió levemente.- Verás... ¡no lo sabía!.- Arnold se quedó mirándolo incrédulo.- En realidad, ya te lo dije. Apenas la conozco, pero aposté en que sería ese tipo de chica, y veo que, por suerte, me ha salido bien. O más bien, a ti.- Gabriel volvió a reír, señalando socarronamente al rubio. Arnold le dedicó una sonrisa floja.

- Oye, en serio, gracias. Pero necesito saber que hacer después de... ya sabes... No quiero que salga mal, y menos si se trata de Helga.- Arnold llevaba grabado en el rostro la preocupación, la cual se veía claramente. Para que nadie escuchara, se fueron a un lugar más apartado en el pasillo.

- ¿Y bien...?- Preguntó Arnold sin más.

- Bueno... No sé cómo decirte esto. A ver... Es como...- Gabriel no encontraba cómo expresarse.- Es complicado.- Gabriel soltó una risa falsa, que dejaba ver lo perdido que estaba en el tema.

Vasily, que se dió cuenta de por dónde iba su compañero, procedió a explicarle a Arnold.

- Quiere decir que te abras más para que puedan ser más cercanos. Tal vez así ella haga lo mismo.- Arnold le agradeció la explicación a Vasily, pero... ¿Qué tenía él que ver en eso? Arnold no le había contado nada al ruso sobre el asunto, pero no era de extrañar que lo supiera, ya que esos dos siempre pasaban tiempo juntos, en algún momento tendría que pasar.- No te me quedes mirando, pareces gay.- Le espetó Vasily a Arnold. El rubio sacudió su cabeza y dejó de mirar a Vasily, que además de ser un entrometido, se metía con él.

- Bueno, ya sabes que tienes que hacer súper hombre.- Le dijo Gabriel con una amplia sonrisa llena de motivación y optimismo.

Arnold asintió y se fue, ya era hora de irse, y quería ver a Helga antes de irse a casa. De camino hacia la sala de castigados, empezó a recordar la conversación que tuvo con Gabriel...

*Flashback*

Arnold y Gabriel llevaban ya la mitad del camino hacia casa de Arnold sin hablar durante el trayecto. Gabriel se estaba impacientando, y se sentía cada vez más nervioso, pero curioso, por saber qué tenía Arnold que contarle.

- Am... Escucha chico, si no vas a decirme nada, no me hagas perder el tiempo, tengo que volver a casa yo también.- Dijo Gabriel lo más serio que pudo, llamando así la atención de Arnold. El rubio, quien antes estaba delante de Gabriel, dándole la espalda, súbitamente se giró hacia él y le miró fijamente a los ojos con seriedad.

- Bueno, yo... Yo no...- Arnold tragó saliva- No quiero hacerte perder el tiempo, así que te lo diré lo más claro que pueda.- Respiró hondo...- Necesito que me des consejos sobre chicas...- Arnold apretó fuerte los ojos, esperando la risa burlona de Gabriel.

Y el chico de cabellos castaños se rió, pero sólo durante un pequeño instante, un segundo después de haberlo hecho, dejó de reírse y tomó a Arnold por el hombro, sosteniendo una sonrisa en su cara.

- Lo siento, pero yo no sé nada de eso.- Gabriel abrió la boca para despedirse de Arnold, pero antes de que pudiera hacerlo, el rubio lo interrumpió. La mano de Gabriel se soltó de donde estaba.

- ¿Cómo no puedes saber nada? ¡Eres popular con las chicas! Algo tienes que saber...- Dijo Arnold con un tono de ansiedad.

- Wow, wow, wow. Para.- Gabriel se tornó serio.- Para empezar, son ellas las que me encuentran atractivo, no soy yo quien va tras ellas. Y por otro lado, ¿por qué quieres que yo, en particular, te ayude?- El joven parecía no entender la situación.

- Yo... Eso no lo sabía. Pensaba que...- Arnold se calló durante un momento y volvió a empezar.- Bueno, en ese caso, ahora que te he dicho todo esto tienes que ayudarme.- Gabriel sintió como si lo ataran a un poste eléctrico con cadenas, como a un perro.- Verás, tú estas en una posición por la que yo daría mucho estar. Tú has conseguido en una semana lo que yo no pude en años, acercarte a Helga...- Dijo Arnold con la mirada en el suelo.

- "¡Así que eso era!"- Pensó Gabriel.- Es decir, ¿que quieres que te ayude, con ELLA...?- Arnold asintió. Gabriel sentía en su pecho cómo algo le decía "Aléjate de esto, te trerá problemas", pero simplemente no podía, cierto rubio no le dejaba.- Bueno... Está bien...- Le respondió Gabriel con inseguridad.

Arnold hizo un gesto de victoria.- ¡Gracias! Bien, entonces... Quiero invitarla a que venga con unos viejos amigos a pasar el rato, pero probablemente lo rechace por su cuenta o me dé excusas para no ir, asi que, ¿qué debo hacer?- Arnold miró a Gabriel en busca de una respuesta, este, pensativo, miraba al cielo.

- Pues... díselo.- Soltó lo primero que se le pasó por la cabeza.- Sólo sé directo. Creo que eso suele funcionar...- Ambos se miraban incrédulos, pero la respuesta que parecía tan obvia requería más que eso. Coraje era la palabra.- Y, si eso no funciona, siempre puedes convencer a una amiga suya de que la haga ir.- Arnold sonrió ante semejante idea, si el "plan A" fallaba, el "plan B" salvaría la situación.

- Eso sirve.- Ya casi llegaban a casa de Arnold.- Bueno, es hora de irse. Gracias por el consejo Gabriel, te debo una.- El rubio hizo un gesto de despedida y se fue a su casa. Antes de entrar por la puerta, Arnold se dirigió otra vez a Gabriel.- Por cierto, no te acerques mucho a ella, no le gusta mucho que los hombres se le peguen tanto si no son buenos amigos suyos.- Dijo Arnold.

- ¿Te refieres a gente como tú?- Preguntó Gabriel curioso.

- Exacto... "Aunque no del todo cierto..."- Pensó Arnold para sí, mientras sonreía a Gabriel, aunque esta vez, su sonrisa tenía algo en particular que normalmente no mostraba. Celos, Gabriel pudo notarlo.- Bueno, nos vemos.- Se despidió.

Gabriel, continuó el camino pensativo, aún queriendo averiguar qué significó todo aquello... Sin darle más vueltas, siguió caminando normalmente.

*Fin del Flashback*

Arnold dejó a un lado sus pensamientos y fue a ver si la sala de castigados estaba abierta; resultó ser así. Ahora, procedería a hablar con la chica rubia sentada en primera fila que él conocía por el nombre de "Pataki".

Buueeeeeno, hasta aquí el capitulo. Les dejo con la intriga de por que Arnold quiere tales cosas xD. Espero les haya gustado, nos leemos 3.