Madre mía, este es el primer capítulo que intento subir sola, espero que podais verlo y que no le dé a ningún sitio que destruya la página, jajajajjajajajjajajajajaj!!! Bueno, muchísimas gracias a todas las que me habéis enviado reviews (los he respondido todos) y a las que habeis leido la historia. También quiero dar las gracias a Snape White, si no fuera por ella, este fic aún estaría cogiendo polvo en el cajón de mi escritorio.
Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, ni tampoco Snape (que más quisiera) y no hago esto con ánimo de lucro. (¿Este rollo es así, no¿Hay que ponerlo en todos los capítulos¡Pues vaya! jajajajajajajjaja!!!)
IV. LILY
Nada más entrar en el Gran Comedor aquel sábado por la mañana, Esmeralda notó la agitación en el ambiente: hoy tendría lugar el primer partido de quidditch de la temporada. Nerviosos alumnos de Griffindor y Slytherin corrían de un lado a otro, portando pancartas y agitando banderines. Muchos llevaban las bufandas rojas o verdes de sus respectivos equipos. Esmeralda sonrió; después de todo, estos chicos no eran tan distintos a sus compañeros de instituto de no hacía muchos años. También ellos se emocionaban por las competiciones de fútbol.
- ¡Vais a morder el polvo, Weasley! – gritó un muchacho de Slytherin con cara de urraca -.
Esmeralda pasaba en ese momento junto a la mesa de Griffindor. La pálida tez de Ronald Weasley le hizo detenerse.
- ¿Te encuentras bien, Ron? – preguntó Esmeralda con la más encantadora de sus sonrisas -.
Ron se puso del mismo color que su cabello y no acertó a balbucear una respuesta.
- Me han dicho que tus progresos como guardián son dignos de ver. Seguro que lo vas a hacer muy bien – lo que Minerva realmente le había comentado es que no estaba muy segura de que Ron estuviera preparado, pero Esmeralda se dio cuenta de que el muchacho necesitaba ganar confianza -.
- Lo mismo le he dicho yo.
Esmeralda giró la cabeza para mirar al chico que había pronunciado esa frase. Harry no parecía nervioso; estaba vaciando un enorme plato de cereales.
- ¿Cómo estás tú, Harry? – Esmeralda trató de que el tono de su voz sonara lo más natural posible -.
Desde el "incidente" con la serpiente, Esmeralda no había vuelto a hablar con Harry. Había querido pedirle disculpas por echarle así de clase cuando él solo quería ayudarla… Él sabía lo que la estaba ocurriendo porque Harry Potter también hablaba pársel.
En el primer momento, Esmeralda no entendía porque los chicos se habían asustado tanto, ni porque se habían marchado así de clase, pero nuevas visitas a la Biblioteca y una larga charla con la Profesora
Mc Gonagall habían resuelto sus interrogantes. Esmeralda se había asustado bastante. ¿Por qué tenía ella esa extraña capacidad, muy poco común en magos, cuanto más en muggles? No obstante, no le desagradaba… le hacía sentirse especial, peligrosa…
La noticia se había extendido como la pólvora. Los alumnos la miraban de otra manera, los incordios de Peeves y Malfoy se habían reducido de forma drástica… y hasta las miradas de desprecio del Profesor Snape eran ligeramente más sutiles.
- Estoy bien, gracias – respondió Harry rápidamente, y una sonrisa de oreja a oreja le llenó la cara. El muchacho había creído que la Profesora Taylor nunca volvería a hablarle -.
- Esto… - continuó Esmeralda – yo no debería decir esto, porque mi posición oficial es totalmente imparcial, pero… espero que les deis una paliza.
Esmeralda pronunció la última frase en voz baja, pero sin perder la sonrisa. Ron y Harry rieron entre dientes. Esmeralda contempló la dulce expresión de Harry mientras este reía y no pudo evitar revolver con su mano derecha el negro cabello del chico, que se sonrojó al instante.
- ¡Buena suerte! – dijo Esmeralda y se dirigió a la mesa de los profesores, asustada de que el último gesto hubiera sido demasiado familiar -.
¿Por qué lo había hecho? Esta vez no había podido controlar la ternura que el joven Potter le había despertado ya en varias ocasiones. De pronto sintió sobre ella los pequeños ojos azules de Albus Dumbledore. El anciano mago parecía haber contemplado toda la escena desde su alta silla dorada, y ahora la miraba con una expresión extraña, parecía molesto a la vez que apenado.
- ¡… me niego rotundamente!
Esmeralda giró la cabeza hacia el otro extremo de la mesa, en un intento por no enfrentar su mirada con la de Dumbledore. Aquellas palabras habían sido pronunciadas por el Profesor Snape e iban dirigidas a Minerva Mc Gonagall, que le contemplaba con expresión furibunda.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Esmeralda mientras tomaba asiento -.
- El Profesor Snape – comenzó Mc Gonagall sin mirarla – no cree que haya motivos para suspender el partido de hoy…
- ¿Y por qué habría de suspenderse? – preguntó de nuevo Esmeralda sin comprender -.
- ¿Has mirado al cielo esta mañana, querida? – respondió Minerva con voz crispada, volviendo por fin la vista hacia ella -.
Esmeralda alzó los ojos hacia el techo encantado del Gran Comedor. Espesos nubarrones negros lo cubrían por entero y una copiosa lluvia acompañada de truenos y relámpagos caía incesante.
- La Profesora Mc Gonagall parece temer que sus muchachos se asusten con la tormenta y eso afecte a su rendimiento.
El Profesor Snape había dicho aquello con ese tono de falsa comprensión que tanto atacaba los nervios de Esmeralda, por lo que esta no pudo evitar replicar, aunque sin mirarle siquiera:
- Sabes Minerva, creo que el Profesor Snape tiene razón – algunos profesores se atragantaron ante esta aseveración, incluido el propio Snape – No deberíamos permitir que cuatro gotas nos priven de un agradable espectáculo… puede que hoy sea el día de suerte de Slytherin¿Cuánto tiempo me comentaste que llevaban sin ganar a Griffindor, Minerva?
Apenas una hora después, Esmeralda ocupaba una localidad del palco de profesores, al lado de Hagrid. Todos los asientos habían sido cubiertos con toldos para proteger a los espectadores del agua, pero el terreno de juego permanecía descubierto y la lluvia lo cubría como un manto.
Entre el clamor y los abucheos de los alumnos, los jugadores saltaron al campo y se estrecharon la mano con los miembros del equipo contrario; Esmeralda pudo observar que como una obligación ineludible.
La Profesora Hooch, el árbitro, sopló su silbato y los jugadores se elevaron en el aire sobre sus escobas. El partido había comenzado.
Esmeralda seguía con atención las entusiastas explicaciones de Hagrid, y no pudo evitar golpearse la rodilla con fuerza (con el consiguiente gesto de dolor), cuando Slytherin se adelantó en el marcador.
En la silla central del palco, Dumbledore con una leve sonrisa en los labios, disfrutaba del partido. Esmeralda pensó que él seguramente prefería que ganase Griffindor (había oído comentarios acerca del favoritismo del Director hacia Harry Potter), pero nada en el gesto del adusto profesor revelaba ni la más ínfima inclinación por uno de los dos equipos.
No podía decirse lo mismo de los profesores que ocupaban la localidad de su izquierda y de su derecha. Minerva tenía el rictus serio y se le veía tensa. Griffindor había conseguido marcar pero Slytherin seguía delante por varios puntos. No obstante, Esmeralda sabía que la profesora confiaba en su equipo y no daría por perdido el partido hasta el final.
Snape, por el contrario, exhibía una mueca triunfal en sus finos labios y sus ojos brillaron con suficiencia ante un nuevo tanto de Slytherin, como si él fuera el autor material del tanto.
- ¡Qué repelente! - pensó Esmeralda – pero¿por qué no puedo dejar de mirarle…?
Un grito de Hagrid sacó a Esmeralda de su ensimismamiento; la joven volvió los ojos hacia el terreno de juego: los buscadores de ambos equipos, Harry Potter y Draco Malfoy, se habían lanzado en picado hacia un punto concreto del campo. Harry alargó la mano hacia un pequeño destello dorado que Esmeralda apenas pudo distinguir un instante, pero Draco giró bruscamente su escoba, golpeando la de Harry. Este último solo tenía una mano sobre la suya. Además, el palo debía estar empapado por la lluvia porque Harry se soltó y Esmeralda pudo ver como el chico perdía el equilibrio y se precipitaba hacia el vacío… cayendo como un fardo sobre el césped del terreno de juego.
Nada pasó por la mente de Esmeralda, simplemente saltó de su asiento como impulsada por un resorte invisible, bajó las escaleras de la grada como una exhalación y atravesó corriendo el campo hacia el punto donde yacía inmóvil el cuerpo de Harry. Inclinándose sobre él, le agarró de los hombros y le dio la vuelta. Lo apoyó sobre su regazo y con la mano izquierda le limpió de la mejilla los restos de barro y hierba.
- ¡Harry, Harry¡Por favor, despierta, abre los ojos!
El muchacho parpadeó brevemente y enfocó su mirada hacia el rostro de Esmeralda:
- ¿Mamá…? – susurró el muchacho con un hilo de voz -.
Un escalofrió recorrió a Esmeralda y sin saber por qué los ojos se le llenaron de lágrimas. En aquel momento Esmeralda se dio cuenta de que a su alrededor se había formado un corro de gente: la Profesora Hooch, Hagrid, Hermione, Ron, el resto del equipo de Griffinfor… pero ninguno parecía haber oído la palabra pronunciada por el muchacho.
- Se ha golpeado la cabeza – dijo Esmeralda al borde de las lágrimas -.
- Tranquila, Esmeralda – respondió Hagrid con voz segura – Este chico es de goma, verás como no es nada.
Y diciendo esto recogió del suelo a Harry, que entre sus gigantescos brazos parecía un muñequito.
- Hay que llevarlo corriendo a la enfermería – sentenció Hermione -.
Entonces Harry volvió a abrir los ojos, y con una leve sonrisa abrió también el puño derecho que hasta ese momento había estado cerrado.
- Hemos ganado – murmuró con una voz un poco más firme -.
Una pequeña pelotita dorada con alas salió volando de su mano.
Una enorme ovación explotó en la grada de Griffindor y los rojos banderines ondearon con alegría, mientras Slytherin prorrumpía en abucheos. Los ciento cincuenta puntos subieron al marcador de Griffindor y la Profesora Hooch pitó el final del partido.
Hagrid se encaminó al interior de la escuela con Harry en brazos, seguido de Ron y Hermione. Los alumnos empezaron a abandonar las gradas mientras Esmeralda permanecía quieta y silenciosa en el mismo punto. Entonces se percató de la sombra negra que continuaba de pie a su lado.
- ¡Es culpa tuya! – gritó Esmeralda a Snape - ¡No tenían que haber jugado con este tiempo!
- Creo que fue usted quien dijo que yo tenía razón – respondió el mago sin inmutarse – Además, agradezca la lluvia; si el suelo no hubiera estado húmedo y blando, Potter se habría partido en dos su presuntuosa cabezota.
La rabia que sentía Esmeralda en aquel momento, le impidió pronunciar en voz alta el insulto que se le estaba pasando por la cabeza. Una lágrima había colmado su ojo derecho y le cayó rodando por la mejilla. Esmeralda se la limpió rápidamente con el dorso de la mano y parpadeó varias veces para evitar que cayeran más. Una mueca de asco se dibujó en la cara de Severus Snape:
- Era de esperar que tarde o temprano cayera usted rendida ante el halo de heroicidad del pequeño Potter, le pasa a todo el mundo… – dijo el hombre como escupiendo cada palabra – Ahora, si me disculpa, Draco también necesita acudir a la enfermería.
Unos metros más allá, Draco Malfoy se sujetaba la mano derecha con un gesto de exagerado dolor. Debía haberse torcido la muñeca al empujar a Harry. Snape se alejó con él hacia el colegio. Esmeralda esperó unos instantes hasta perderlos de vista y dirigirse también hacia el edificio, que bajo la lluvia aumentaba su aspecto de castillo encantado.
Pero entonces, un recuadro de papel blanco sobre el empapado césped, llamó su atención. Se agachó para recogerlo. Era una fotografía de una mujer joven, más o menos de su edad.
Un nuevo escalofrío recorrió el cuerpo de Esmeralda. Aquella cara… Esmeralda dio la vuelta a la fotografía y leyó las palabras escritas en el dorso con angulosa y bella caligrafía: "Mi Madre. Lily Evans".
Esmeralda estaba sentada frente al espejo de su tocador y sostenía en la mano derecha un cepillo redondo de los que se usan para rizar el pelo. En la mano izquierda sujetaba la foto de Lily Evans.
Su mirada se dirigía alternativamente del espejo a la foto.
Con el pelo rizado el parecido era de todo punto innegable. Había sutiles diferencias como el color del cabello o el hecho de que Esmeralda tenía la cara más redondeada y los labios ligeramente más gruesos… pero los ojos… los ojos eran idénticos, lo que contribuía reforzar el parecido general. Esmeralda pensó con asombro que los ojos de Harry eran también iguales a los de Lily, con lo que, completando el silogismo, sus propios ojos también debían ser iguales a los de Harry… tres pares de ojos verde esmeralda completamente idénticos. Entre Harry y su madre esta coincidencia era completamente normal pero¿qué pintaba ella como tercera en discordia?
Y luego estaba el apellido… Evans… ¿simple casualidad? Después de todo, tampoco era un apellido tan raro, pensó Esmeralda, en un intento por no ahondar en las sospechas que cada vez tomaban formas más definidas en lo profundo de su mente. Evans… con un movimiento de cabeza, Esmeralda de nuevo alejó de sí la imagen de la mujer con camisa de fuerza…
Lo mejor sería devolverle la foto a Harry inmediatamente. A lo mejor el chico ya se había dado cuenta de su pérdida y se había llevado un disgusto… quizá era la única foto que tenía de su madre…
Además, era la excusa perfecta para ir a verle a la enfermería. Ron y Hermione le habían dicho pocas horas después del partido que Harry estaba perfectamente pero que debía quedarse esa noche descansando en la enfermería. Bromearon diciendo que Harry tenía por costumbre pasar al menos una noche por curso en la enfermería y que si no lo hacía notaba que le faltaba algo; Esmeralda rió y se quedó más tranquila… pero quería verlo con sus propios ojos.
La noche ya había caído y probablemente no se cruzaría con nadie por los pasillos. Nadie se enteraría de que había ido a ver a Harry… se preguntó por qué se imponía a sí misma tanto secretismo, como si lo que iba a hacer fuese algo malo.
Se echó una toquilla de lana sobre los hombros porque los pasillos por la noche eran fríos y salió de su cuarto. Observó complacida como sus pasos se dirigían con firmeza a la enfermería; hacía ya varias semanas que no se perdía. Recorrió ágilmente los pasillos. Efectivamente, no se cruzó con nadie.
Pero entonces, al llegar al corredor de la enfermería, se encontró de frente con dos hombres que la abandonaban en aquel momento. Esmeralda se detuvo en seco y lo mismo hicieron Dumbledore y Snape. Ambos hombres la miraron con extrañeza, como si estuvieran ante una aparición. El tono de piel de Severus Snape se volvió más blanco que de costumbre.
- ¿Cambio de look, Profesora Taylor?
Esmeralda se quedó callada unos segundos sin saber a que se refería Dumbledore. Entonces se percató de que no había vuelto a alisarse el pelo.
- Oh… lo dice por… sí… era solo un… experimento – balbuceó torpemente Esmeralda atusándose el cabello -.
- Y dígame – continuó el anciano en tono inquisitivo - ¿Qué hace por aquí a estas horas de la noche?
- Yo… bueno, quería ver como estaba Harry.
- Está muy bien – respondió Dumbledore con frialdad – La Señora Pomfrey le ha dado un brebaje relajante para ayudarle a dormir y ahora está descansando. No se le debe molestar.
Estaba claro que Albus Dumbledore no tenía ningún interés en que Esmeralda visitara a Harry. Pero ella quería ver al chico a toda costa y se aferró a una última esperanza:
- Es que… se le cayó una cosa durante el partido y quería devolvérsela.
- ¿Qué cosa? – preguntó Dumbledore con gesto inescrutable – Puede dármela a mí, yo se la traeré mañana a primera hora.
Esmeralda dudó unos instantes pero ya era demasiado tarde para echarse atrás, así que metió la mano en el interior de su toquilla y sacó la foto de Lily Evans. Severus Snape dio un paso hacia atrás, como si hubiera visto algo horrible y contempló la foto con ojos desorbitados. Esmeralda le miró sorprendida. Dumbledore agarró la foto con rapidez y la introdujo en su túnica. Entonces Snape pareció recobrar el control:
- Señor, yo me marcho – dijo con voz ligeramente débil – tengo que corregir unos trabajos…
- ¿Un sábado por la noche, Severus? Deberías divertirte un poco, aún eres joven…
Pero Snape ya no le escuchaba. Había echado a andar y se había perdido por el recodo del pasillo. Esmeralda ya se había acostumbrado a los mutis por el foro del Profesor Snape, pero por primera vez no se alegraba de perderle de vista. No quería quedarse a solas con Dumbledore.
- Y tú, Esmeralda ¿no sales esta noche?
Esmeralda observó aliviada que Dumbledore le volvía a tratar de "tu" y le llamaba por su nombre de pila.
- Es que no conozco la zona, la verdad. No he salido del castillo desde que llegué…
- ¿De verás¡Pues vamos a solucionarlo enseguida!
Hogsmeade era uno de los pocos pueblos en el mundo habitado únicamente por magos, le había comentado Dumbledore por el camino, lo que se evidenciaba en la peculiar forma de vestir de las personas que recorrían la calle en manadas risueñas. La lluviosa mañana había dejado paso a una noche despejada y aunque hacía fresco, con un buen abrigo no era desagradable pasear entre los iluminados escaparates. Esmeralda lo contemplaba todo como una niña en un parque temático: las tiendas de escobas, de lechuzas, de hierbas exóticas…
Dumbledore se paraba continuamente para charlar unos segundos con la gente que lo saludaba. Todo el mundo parecía conocer y apreciar al Director de Hogwarts. Quizá fue por eso que el anciano pronto se fue alejando de las calles céntricas y empezó a internarse con Esmeralda por callejuelas más estrechas, menos iluminadas y, desde luego, mucho menos transitadas.
El mago ofreció su brazo a la joven que lo aceptó complacida. Era agradable que Dumbledore volviera a mostrarse con ella tan cariñoso como siempre. Ninguno de los dos hablaba, pero no era un silencio incómodo, sino que a Esmeralda se le antojó el preludio de una larga charla, como si el anciano estuviera ordenando en su cabeza las ideas que quería exponer.
De pronto se detuvo ante la estrecha puerta de un local con los cristales cubiertos de suciedad. "Cabeza de Puerco" era el nombre que indicaba un cartel. Dumbledore abrió la puerta e invitó a Esmeralda a pasar primero. El local era pequeño y oscuro. "Lúgubre" era sin duda el mejor calificativo para describirlo. Sin embargo, a Esmeralda le gustó, parecía un lugar cómodo que invitaba a las confidencias, quizá por eso lo había escogido Dumbledore. Éste notó la expresión de aprobación en el rostro de la joven y mientras tomaban asiento en la mesa del fondo (aunque todas estaban vacías), el mago comentó:
- Sabía que te gustaría. "Las Tres Escobas" es un lugar mucho más alegre y colorido, pero los sábados está atestado de gente… Además, tu lado oscuro te hace tener una curiosa preferencia por las cosas tétricas y un poco siniestras.
Esmeralda frunció el ceño sin comprender ¿qué significaba eso de que a ella le gustaban las cosas "tétricas y un poco siniestras"¿A qué o a quién se refería Dumbledore?
- ¿Mi lado oscuro? – preguntó Esmeralda -.
- Todos tenemos un lado oscuro, Esmeralda. En algunas personas, como por ejemplo Severus, este lado está a flor de piel, pero en otras, como tú misma, hay que saber mirar muy bien en el interior de la persona o llevarla a situaciones límite para que emerja… y eso es lo que las convierte en personas muy peligrosas.
- ¿Insinúa que yo soy más peligrosa que Sev… que el Profesor Snape?
El mago rió ante el tono de crispación de la joven:
- ¡Mucho más, que duda cabe!
Esmeralda se quedó callada unos instantes, contemplando el interior de la jarra de cerveza que le acababa de servir un camarero con muy mala pinta.
- Cuando habla de "llevar a situaciones límite", se refiere al "incidente" de la serpiente¿verdad?
- Sí; es un buen ejemplo de emergencia del lado oscuro – respondió Dumbledore sin esforzarse en disimular que conocía la anécdota -.
El mago contempló el semblante de la muchacha, que de pronto se había vuelto triste, y cogiéndola la mano, continuó:
- Tú eres buena, Esmeralda. Sorprendentemente buena. Lo que trato de decirte es que… - el mago se detuvo para reflexionar – bueno, puede que en tu vida se presenten situaciones en las que resulte tentador tomar el camino fácil. La senda oscura puede resultar muy atractiva y prometedora para alguien como tú… lo importante es que si te equivocas, tengas fuerzas para lograr que lo bueno prevalezca, y puedas regresar al camino de la luz… como hizo Severus.
Dumbledore bebió un largo trago de su jarra.
- ¿Severus? – preguntó Esmeralda; su gesto de tristeza había dejado paso a uno de curiosidad -.
El mago sonrió. Estaba llevando la conversación donde quería:
- Severus Snape formó parte de las filas de Voldemort durante bastante tiempo.
Esmeralda recordó todo lo que había leído acerca de los servidores de Voldemort, los mortífagos. Magos sin escrúpulos que ejecutaban las órdenes del Señor Tenebroso, sin importar que requirieran cosas como torturar o matar… no era difícil imaginarse a Severus Snape en aquel papel.
- Y a pesar de eso¿usted se fía de él¡No me lo puedo creer! – respondió Esmeralda sorprendida -.
Una triste sonrisa se dibujó en los labios del mago. Esmeralda acababa de recordarle a Harry Potter. ¿Cuántas veces le había hecho aquel muchacho esa misma recriminación?
- Tengo sobrados motivos para confiar en Severus, Esmeralda.
La joven le miró con incredulidad pero no se atrevió a preguntar cuáles eran esos motivos, aunque se moría de ganas. El mago pareció adivinar sus pensamientos. Miró por la ventana con aire distraído, calló unos minutos y empezó a relatar:
- James Potter y Severus Snape nunca se llevaron bien durante su formación en Hogwarts. Severus era un alumno brillante pero solitario y retraído. James era divertido, popular y jugaba en el equipo de quidditch de Griffindor. La competencia entre ambos era brutal, pero el pobre Severus casi siempre salía perdiendo… James tenía grandes amigos que le adoraban, pero Severus estaba solo… Entonces llegó la batalla que Severus no soportó perder: Lily Evans se casó con James Potter. Severus siempre había estado secretamente enamorado de Lily, pero cuando logró reunir el valor suficiente para confesárselo, fue cortésmente rechazado, porque ella estaba enamorada de James Potter, su peor enemigo. Creo que eso fue lo que inclinó definitivamente a Severus hacia el lado de Voldemort, aunque ya llevaba mucho tiempo haciendo méritos por sí mismo.
Dumbledore hizo una pausa para beber otro largo trago de cerveza. Esmeralda escuchaba ensimismada. Ahora entendía la reacción de Severus ante la foto de Lily.
- Cuando Voldemort fue a eliminar al pequeño Harry – prosiguió Dumbledore – Severus conocía el peligro que corrían James, Lily y el bebé… pero no hizo nada por evitarlo. El deseo de venganza permitió el triunfo de ese lado oscuro, que como te he dicho, Esmeralda, todos tenemos. James y Lily murieron y el pequeño Harry quedó huérfano. Severus echó sobre sus hombros esa culpa y nunca la ha superado. Su temperamento siempre agrio, se agrió aún más y su carácter huraño llegó a los límites que hoy conocemos… No obstante, el arrepentimiento hizo que abandonara el bando de Voldemort… para siempre.
Dumbledore recalcó las dos últimas palabras.
- El Profesor Snape desprecia a Harry porque es el fruto vivo de su mayor fracaso… pero a la vez siente hacia él la ineludible responsabilidad de protegerle: se lo debe.
Esmeralda estaba callada, tenía un nudo en la garganta y sentía los ojos de Dumbledore clavados en ella. Esmeralda recordó que Snape había salido de la enfermería con Dumbledore. Él también había ido a ver a Harry, ahora lo comprendía.
- ¿Alguien más sabe esta historia, Profesor Dumbledore? – preguntó Esmeralda esforzándose por mantener la voz firme -.
- No. Nadie. Y nadie debe saberla, Severus me hizo jurárselo.
- ¿Y por qué me lo cuenta a mi, Profesor? – preguntó Esmeralda con voz ligeramente quebrada -.
- Tu estancia en Hogwarts, Esmeralda, ha fortalecido los fantasmas de Severus. No quiero hacerte sentir culpable, ni que sientas lástima por él (él no soportaría eso), solo espero que trates de comprenderle. Nunca he tratado de convencer a nadie de que comprenda a Severus Snape, pero tú me pareces la única capaz de hacerlo…
- ¿He fortalecido sus fantasmas porque me parezco a Lily Evans?
– preguntó Esmeralda mirando directamente a los ojos de Dumbledore, exigiendo una respuesta sincera -.
- Sí – respondió Dumbledore en el mismo tono – entre otras cosas…
- Profesor – prosiguió Esmeralda bajando la voz - ¿Por qué me parezco tanto a Lily?
- ¿De verás quieres saberlo? – el tono del mago era completamente serio, pero no estaba a la defensiva como hacía unas horas frente a la enfermería. Parecía dispuesto a hablar con claridad -.
Esmeralda volvió a contemplar el interior de su jarra, ya casi vacía... No. Realmente no quería saberlo.
¿Os ha gustado? Jijijijijijiji! Vaya con Esme y Sev, parecen dos niños pequeños y picajosos, pero son muy salaos. Pues venga, a dejar reviews!!! (qué ganas tenía de decir esto por mí misma)
