Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima.
Advertencias: Posible OoC.
Una manera de olvidar
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Chapter III
Una casi ducha
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Eran cerca de las once con cuarenta y siete de la noche, y Gray y Lucy iban caminando por ahí, sin un rumbo fijo realmente, el uno apoyado en el otro.
—Gray...
—Hm...
—¿No crees que es divertido? —preguntó ella.
Él se detuvo —por lo tanto ella también—, y la miró fijamente por unos segundos.
—¿Qué se supone que es divertido? —frunció ligeramente el ceño, no entendiendo a la chica.
—Que estamos igual. O bueno —sonrió—, casi.
Gray soltó un bufido, que reemplazaba a una risa.
—Ah, ¿sí? ¿Eso crees, rubia? —cuestionó sonriente.
—Por supuesto —entrecerró los ojos, como si la hubiera ofendido profundamente con la pregunta.
—Entonces dime, ¿en qué estamos casi iguales? —inquirió divertido.
—Está muy claro -se encogió levemente de hombros—. Los dos hemos sido rechazados, aunque en mi caso inconscientemente pero...
Entonces Gray la interrumpió, ofendido. —Pero si yo la he rechazado, no ella a mí —le recordó.
Lucy se largó a reír por unos segundos, y entre risas le contestó.
—Oh, perdone usted Señor rompecorazones -exclamó con exageración—. Pero lamento informarle que entre vosotros, usted parece ser quien está peor. ¿Sabe que emborracharse es un signo de ello?
El de cabello negro bufó, pues le había encontrado la lógica. Lo más humillante, una tía que estaba más borracha que él se lo decía.
—Y si fue a Fairy Tail, que es lo más seguro, déjame decirte que estás perdido, Gray Fullbuster —dijo con burla.
¡Claro! Oh cielos, había olvidado por completo a los de Fairy Tail; tanto, que no había podido trazar ningún plan de escape que pudiera valer realmente la pena.
Fue interrumpido por una risa femenina y un tanto idiotizada por la borrachera. Volteó a ver a Lucy para notar que se la pasaba de lo lindo a costa de la sanidad de su maldito culo.
—No te burles, no es gracioso.
—No me río sólo por eso —contestó ella entre risas, negando con la cabeza para darle más credibilidad.
—¿Entonces? —preguntó desconfiado.
—Nada Gray, no te preocup-Hip —dijo mientras que aún reía.
Gray la miró como si estuviera realmente loca. Aunque ésta luego le contagió las risas, y de verdad, Fullbuster no tenía ni idea de qué putas se estaba riendo.
—¿Sabes qué? Será mejor que te vaya a dejar a casa —masculló, dando por hecho que el alcohol le había llegado, de alguna manera, al cerebro.
Sí. Eso era lo más seguro.
—¡Espera! —exclamó Lucy al sentir que la comenzaba a arrastrar hacia donde quedaba su departamento.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó.
—No puedo volver a casa —respondió.
Gray la miró diciéndole que no sabía de qué cojones hablaba. Así que esperó a que le explicara aunque fuera un poco, por qué no podía volver a casa.
—Seguramente mañana Natsu, Happy o Levy irán, ¿entiendes? La verdad es que no quiero que nadie se entere de esto —dijo, luchando por no trabarse en lo que decía—. Y de verdad no creo que sea buena idea ir a Fairy Hills. Erza lo primero que haría sería preguntarme por qué no estoy en casa, y todas las demás son unas jodidas cotillas —terminó, respirando con un poco de complicaciones.
Gray boqueó, no sabiendo muy bien qué decir.
—Oh... entiendo.
Se quedaron en silencio por unos segundos, los mismos que pasaron desapercibidos para los dos, porque con el alcohol en sus venas les costaba pensar en algo no tan estúpido y aunque fuera, en un treinta porciento racional.
—No puedo pensar en nada, así que creo que lo más normal sería que vayamos a mi casa —dijo Gray con tranquilidad, al tiempo que la arrastraba del brazo, ahora en la dirección contraria.
—¿Ese es tu concepto de pensar nada? —cuestionó botando aire por la nariz.
Gray soltó una carcajada.
—A menos que quieras que te deje encerrada en tu departamento.
—¡No! —se negó rotundamente con un tono agudo.
—Supuse que no querrías —sonrió el chico.
Y ante eso, Lucy comenzó a refunfuñar y maldecir a Gray por lo bajo.
I.
Luego de unos cuantos minutos caminando, llegaron frente a la casa de Gray, tambaleándose un poco más que antes. Era una sutil casita, suficiente para una persona. Era bastante mona, a decir verdad. Lucy pensó que se vería mucho mejor de día.
—Vamos —murmuró Gray acercándose a la puerta.
Lucy se mantuvo en silencio por unos segundos.
—Por favor dime que no tienes que usar una llave —susurró.
Él se volteó ligeramente y la miró extrañado, alzando una ceja.
—¿Por qué?
La chica rodó los ojos, como si a lo que se refiriera fuera obvio.
—Está claro. Te tardarás minutos y minutos, y más minutos en darle al agujero.
—¿Prefieres entrar por la ventana? —rió divertido al tiempo que sacaba un llavero de su bolsillo y luego acercaba una de las llaves al cerrojo.
—Es en serio, te tardarás un-
Fue interrumpida por un sonido sospechosamente parecido al que hacían los seguros de las puertas al descorrerse.
—No puedo creer que me tuvieras como el tipo de borracho que son Macao y Wakaba —meneó la cabeza con fingida decepción.
—N-no me veas así, y entremos luego, que me estoy muriendo de frío —murmuró atropelladamente mientras empujaba la puerta entreabierta y entraba.
Gray soltó una risita.
—Excusa barata.
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Debía aceptar que se había imaginado la casa de Gray muy parecida a la de Natsu. Hecha un desastre. La de Gray estaba algo desordenada, pero se podía decir que estaba ordenada dentro de su orden. Era organizada a su manera, lo que en cierta parte sí daba la sensación de que alguien vivía ahí.
Aunque Lucy estaba segura de que su amigo no se pasaba todo el día en casa, obviamente.
Tal vez le podía pedir algún día a Gray que le ayudara con su casa, si se acordaba. Bien podía ser decorador de interiores. Pobre, pero tenía su mérito al fin y al cabo.
—¿Por qué sonríes de esa manera?... Espera, no me digas que la primera persona que pisa en mi casa es una Juvia rubia —murmuró sin creérselo.
—¿Qué? ¿He oído bien? —fijó su mirada en él— ¿Soy la primera persona que viene a tu casa?
Gray se encogió de brazos, haciendo una mueca y luego desordenándose el cabello. Botó aire con pesadez por la nariz y la miró con los ojos medio entrecerrados.
—¿Por qué demonios te sorprende? —enarcó una ceja.
Lucy sonrió con nerviosismo. Sus mejillas rojas por el calor del alcohol, al igual que las de Gray.
—Digamos que... Bueno, pensé que Erza o Natsu habían venido alguna vez.
—No —negó con la cabeza—. En Fairy Tail no se caracterizan mucho por visitar a los demás, incluso hay algunos de los que ni sabemos si tienen casa. Caso aparte con las chicas de Fairy Hills, y Mira y Lisanna —sonrió.
La chica emitió un suave oh, sorprendida por ello.
Pero eso significaba que...
—¡Espera ahí, ¿eso quiere decir que todos, hasta Laxus, saben dónde vivo yo? Pero yo no sé dónde viven los demás!—exclamó con su mirada fija en Gray.
Él parpadeó sin entender mucho.
—Eh, sí. Algo así. Supongo que tú y tu casa son diferentes —se encogió de hombros.
Lucy frunció el ceño y bufó, puso las manos en sus caderas, algo tambaleante, y se dispuso a olvidar eso. Ya averiguaría sobre eso...
—¿Puedo darme una ducha? —preguntó aún con su expresión de indignación.
—¿Qué? —musitó Gray perplejo.
¿Ducha, había dicho?
—¿Qué con esa cara?
Gray meneó un poco la cabeza y soltó un «no, por nada», seguido de un casi imperceptible «sígueme».
Al final Lucy terminó en el baño de aquella pequeña casa, con el dilema de cómo ducharse sobre ella. Joder, que estaba en casa ajena. Soltó un suspiro y decidió meterse a la ducha sólo con ropa interior y la camiseta.
De cualquier forma, era para espabilar un poco.
Una vez sentada en la tina y con la regadera en la mano, no sabía si le convenía más el agua fría o, como último, temperada. Y ya decidida que quería echarse agua tibia encima, se dijo que ya nada podía ir peor al ver el neutral gris en las jodidas llaves.
¿Ni siquiera podían tener una pequeña señal que le dijera cuál era cuál?
Maldición.
Ahora tendría que decidirse por una.
—A la vuelta de la esquina me encontré con don Pinocho y me dijo que contara hasta ocho. Pin uno, pin dos, pin tres, pin cuatro, pin cinco, pin seis, pin siete, pin ocho —murmuraba al tiempo que alternaba la indicación del dedo entre el cántico, en las llaves.
La elegida fue la del lado izquierdo.
Tenía fe en su decisión -suya-, así que sin darle importancia, la abrió toda de una vez. Mala idea. ¡Era la del agua helada! Chilló por la gran diferencia que suponían la del agua y la de su cuerpo, y lo más rápido que pudo cerró la condenada llave.
Bien, sí que podía ir peor.
—¡Lucy! —Gray gritó su nombre al tiempo que entraba al baño sin tocar.
Lo único con lo que se encontró fue con una perturbada Lucy, mojada desde el pecho hasta la barbilla que le goteaba ligeramente.
—G-Gray... —susurró con impotencia.
—¿Te... te encuentras bien? —preguntó, terminando de entrar en la habitación.
—¡No, nunca más confío en Pinocho! —exclamó con los ojos un poco aguados.
¿Pinocho? Pensó Gray. ¿Qué demonios pinta Pinocho en todo esto?
—Bueno... sólo tú puedes decidir si seguir confiando en él —le dijo con intención de tranquilizarla, aunque no tenía ni idea de que hablaba.
—Mis decisiones nunca acarrean algo bueno... —murmuró con aura depresiva.
Vaya que está mal, se dijo el chico, un poco incómodo.
—Dejemos eso para después, ahora, ¿segura de que quieres bañarte? —preguntó, inseguro. La verdad no quería que Lucy se muriera en su ducha por un golpe en la cabeza.
—Creo que sí —susurró—. Pero... tengo un problema —recordó.
Gray le cuestionó al instante cuál era. Y también rogó para que no fuera a ser...
—No tengo ropa, esta ya está mojada —indicó en un suspiro.
Sólo era eso, se dijo mucho más aliviado.
—Bien, no te preocupes, te prestaré algo.
Ella asintió y se dispuso a ponerse de pie.
—Gracias —sonrió cerrando la cortina de la tina.
Gray salió en busca de algo para la chica en su baño. Sacó una camisa al azar y pantalones cortos del cajón en donde guardaba algo de su ropa. Luego se devolvió hacia el baño. Sus pasos un poco indecisos. Cuando estaba fuera de la puerta escuchó el agua contra la cerámica, y se dijo que todo estaba bien. Era seguro entrar. Además Lucy se encontraba con ropa, claro. Y la cortina tapaba, por lo que no había nada que temer.
—Lucy —la llamó dejando entrever su cabeza por la puerta medio abierta.
—Hm... —contestó.
Él entró y dejó la ropa en la tapa del inodoro.
—Ya está la ropa —informó—. Por cierto, ¿quieres comer algo? No creo ser muy capaz de cocinar algo, pero unas frituras o algo así estarían bien —dijo esperando una respuesta.
—Bueno, no es mala idea —aceptó—. A todo esto, ¿tú te darás una ducha? —preguntó como si nada.
Gray alzó una ceja.
—Ahm, sí, supongo que sí. ¿Necesitas algo más? —consultó.
—¡Sí! —exclamó— ¿Podrías pasarme el jabón, por favor? Lo he olvidado antes —dijo lo último con un poco de vergüenza.
Gray supuso que le daba algo de pena aceptar que lo había ignorado. Soltó una risita burlona y lo cogió del estante sobre el lavamanos.
—No te rías, por eso no quería decirte —gruñó desde la ducha.
—Vale, vale. Ten —estiró un poco el brazo, haciendo a un lado la cortina.
Escuchó un gracias susurrado con un ligero tono de dolor.
—Sólo pareciera que mi cerebro se convirtió en mi segundo corazón, la verdad —soltó una risa desganada.
—Y mejor no esperes a que llegue mañana —dijo Gray con una mueca.
Lucy preguntó qué era lo que quería decir con eso, con una expresión de miedo. A lo que Gray amablemente le comentó lo de la resaca y lo que normalmente hacían todos. Y por supuesto que ella había escuchado que aquella malvada señorita, la resaca. Pero sólo la había tenido una vez, gracias a Cana, y a esas alturas ya la había casi olvidado.
—Mierda, no me quiero dormir...
—¿Quieres ver películas de terror, entonces? —él rió divertido con la inocencia de su amiga. Nadie se escapaba de la resaca, aunque esta fuera muy débil, siempre aparecía al día siguiente.
—¿Tienes? —quiso saber, esperanzada.
Gray bufó.
—Claro que no. Además quiero verte con la resaca mañana, será divertido —sonrió desde el otro lado de la cortina.
Lucy la descorrió y la miró amenazante. O por lo menos pretendía serlo, la intención era lo que valía. Él se estaba divirtiendo —y lo haría— a costa suya.
—Te parece muy divertido, ¿no? —frunció el ceño.
—¡Claro! —él alzó el pulgar.
Eso fastidio mucho más a Lucy.
—¡Pues esto te parecerá más divertido! —exclamó tirándolo del brazo para que cayera a su lado en la tina, mientras el agua corría libremente y ella mantenía una sonrisa victoriosa bailando en sus labios.
Gray la observó reír satisfecha, así que como venganza, no se le ocurrió nada mejor que hacerle cosquillas. De todos modos, tampoco podía pensar bien y rápido. O lo hacía bien, o lo hacía rápido.
Y segundos más tarde, Lucy ya se encontraba rogando entre risas.
—¡No Gray, demonios, por favor no!
—Suplica todo lo que quieras, señorita Heartfilia —sonrió malvadamente.
Gray siguió haciéndole cosquillas por unos minutos y cuando se cansó, se sentó al lado de su compañera. Los dos tenías los pies por fuera de la ducha, ya que se encontraban atravesados.
—Me las pagarás, Gray —sonrió Lucy. Su antebrazo tapaba sus ojos. Se sentía más mareada que antes.
—Estoy seguro de que te tardarás bastante en hacerme pagar. Mañana no podrás moverte como quisieras, puede que te joda la cabeza... —susurró entretenido con la declaración de Lucy.
—¿Quién dijo que sería mañana? —se destapó los ojos, luciendo una sonrisa.
—Entonces seguro te olvidarás.
Lucy suspiró, probablemente tuviera razón.
—¿Qué será de nuestros problemas? —preguntó al aire por lo bajo.
—¿Hablas de ellos?
—Seguramente no habrán recurrido al alcohol —sonrió sin muchos ánimos
Gray soltó una risa baja.
—Pero vamos, si no hubiéramos recurrido a el no nos estaríamos divirtiendo de lo lindo aquí —indicó la tina con un suave y breve movimiento de barbilla.
—No seas idiota —rió ella dándole un ligero empujón en el hombro.
Él se quedó viendo como Lucy reía. Ahora que lo pensaba, ella tenía algo diferente. ¿Qué era? No lo sabía, lamentablemente.
Lucy se dio cuenta de que Gray la miraba, y algo confundida, ladeó la cabeza.
—¿Qué pasa, Gray? —parpadeó extrañada.
¿Por qué la miraba así?
¿Tenía monos en la cara?
¿Era el alcohol?
Pero ahora que lo pensaba, ¿qué razón le daría este para hacerlo?
Sin obtener respuesta, Lucy frunció el ceño. Se dispuso a tomar la regadera para echarle algo de agua a la cara, pero cuando sus dedos se cerraron al rededor del objeto, sintió la mano cálida de Gray girarle la cara, y luego de eso, que algo presionaba sus labios.
Gray la estaba besando.
