Aclaración: Digimon Tamers pertenece única y exclusivamente a Chiaki J. Konaka y a Toei Animation. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, sólo por amor a la literatura.

Capítulo 4

En la Preparatoria Central las clases del día también concluyeron:

-¡Ah, por fin! ¡Qué pesado estuvo el día! –Afirmó Ryo con fastidio-

-Lo mismo digo, y más por las dos horas de Cálculo. ¡Odio esa materia! –replicó Takato-

-No tienes qué decirlo, ya nos dimos cuenta –agregó Hirokazu-

-Con que no repruebe, me conformo.

-No sé por qué no te gusta esa materia, es muy fácil –refutó Kenta mientras limpiaba el paño de sus gafas-

-Para ti y Henry, pero a mi, nada más no se me dan los números. Y como dije, mientras no repruebe, no hay problema.

-Además qué te preocupa. Nos podemos pasar los resultados –sugirió el travieso del equipo-

-Eso únicamente como último recurso. Para los exámenes siempre debemos anticiparnos estudiando y practicando, sólo así tendrán muy buen aprovechamiento escolar.

Ryo se detuvo en seco y se giró hacia Henry, quien le miró extrañado:

-Henry, sabes que te respeto y te reconozco como el más inteligente del equipo, y casi siempre tienes la razón, machín. Pero hay algo que pareces ignorar.

-¿Qué será?

-El Tamer legendario tomó por los hombros a su compañero-Que la vida no es únicamente estudiar y estar frente a los libros y la computadora. ¡No sólo vivimos en la escuela! ¡La vida es mucho más que eso! ¡También es diversión y muchas otras cosas más interesantes y menos aburridas!

-A mi no me aburre estudiar, incluso me resulta divertido.

-Lo sé, Henry, lo sé. Pero te lo digo en muy buen plan, necesitas relajarte o envejecerás cuando llegues a los veinte. ¿Qué será cuando seas viejo y te des cuenta que no hiciste esta locura o aquella? Ahí tienes a Takato.

-¿Qué? ¿Yo qué?

-Míralo, sí se preocupa por aprobar Cálculo, pero eso no le quita sus ganas de divertirse. Y es un buen estudiante. Te lo digo en serio, Henry. ¡Si no disfrutas los pocos momentos realmente divertidos de la vida, cuando seas adulto serás un tipo muy resentido!

Todos guardaron silencio, aquellas ocasiones eran memorables. Infrecuentemente Ryo expresaba cosas realmente ciertas y sin doble sentido.

-El Tamer de pelo corto y ojos grises sonrió- Sí, tal vez tengas razón. Creo que debo aprende a relajarme más.

-¿Aprender? ¡Eso es instintivo! ¡Manda todo al demonio y sólo déjate llevar!

-¡Oye, cálmate! Tampoco así –argumentó el aludido- Hay momentos en que se requiere trabajar bajo presión y estrés, y otros cuándo relajarse y "mandarlo todo al diablo". Y un momento así, es este.

-¡Es cierto que aprendes muy rápido! ¡Te felicito! –Le palmeó la dura espalda- Ese cerebro aún puede con más. Sólo me resta decir algo.

-Por lo visto tienes más lengua que yo –todos rieron la broma del inteligente chico-

-Y no sabes todas las cosas que puedo hacer con ella, jejeje. No hay necesidad de hablar tan… tan así. Algo sencillo como "Me cae que sí" o "Qué buen plan".

-¡Tampoco para tanto! –El peliazul impuso un freno al ímpetu de Ryo- Relajarme sí, pero que cambie mi vocabulario ¡Eso sí que no!

-Bueno, algo es algo –respondió resignado- ¿Qué están esperando? ¡Vayámonos, tengo hambre!

-¡Wow, Ryo! ¡Quién te viera hablando así! –Exclamó con acierto su fan Hirokazu-

-De Henry es muy predecible que así hable –agregó Kenta-, de ti sí que es una sorpresa.

-¿Han escuchado "Verbo mata carita"? Pues bien, en mi caso, el verbo habla a favor de mi carita.

-Ya sabemos entonces cuál fue tu secreto para conquistar a Rika y cómo es que traes muertas a todas las chicas –sus dos fieles seguidores se deshicieron en alabanzas y elogios-

-Quien estará muerto, pero de hambre, seré yo si me quedo un minuto más aquí, larguémonos.

Por fin salieron del plantel ya vacío, salvo los intendentes y los profesores. Kenta y Hirokazu bombardearon con preguntas insistentes a su ídolo para tener éxito con las chicas y tener más conquistas y ligues. Pero como buen Casanova, nunca revelaría sus secretos, y frustró sus intentos.

-Bien, yo aquí los dejo. Tengo que recoger a Suzie de la escuela. Nos vemos mañana.

-Hasta mañana, Henry.

Los cuatro restantes continuaron su camino hasta la intersección siguiente:

-¿Takato, vienes con nosotros a comer y jugar videojuegos?

-Gracias, Kenta, pero estoy castigado, ¿recuerdan?

-¡Ah, cierto! ¡Jajaja!

-Nimodo, Takato. ¡Te perderás de mi gran momento cuando derrote a Ryo!

-¡Tú estás loco, Hirokazu! Nadie ha sido capaz de tal hazaña, y tú no serás el primero.

-Bien, yo los dejo. Me cuentan mañana qué tal. Nos vemos.

Tras despedirse, siguió a la derecha, rumbo contrario de sus amigos, el noreste de Shinjuku. Recordó que precisamente a las dos y media iría por Juri a su escuela, lo que al final no fue y un mensaje no sería suficiente para disculparse. Menos mal que sólo tenía prohibidas las salidas y no el Internet y las llamadas a celular. Para ser su primera travesura de ese tipo, su castigo, pensó, fue relativamente leve.

Descubrió pegado en la puerta de su casa una nota que decía: "Regresaremos antes de la cena. Hazte cargo mientras tanto." Suspiró aliviado, pero también por frustración, pues de saberlo habría ido con Ryo y compañía a casa de Kenta. Aunque lo breve de la nota no dio a entender que fuera estricta la llegada "antes de", pudiendo tal vez ser su llegada a las seis o cinco y media, y de no estar en casa estaría en serios problemas.

Hizo uso de su llave y entró. Sin supervisión era igual de autosuficiente y cuidadoso, aunque no tan hábil para prepararse su propia comida aún, pero sí para calentarla y también mantener limpia y ordenada su casa. Comió y lavó la vajilla, dejó el comedor en excelente orden y sintió la necesidad de tomar una larga siesta.

La niña juguetona y traviesa que vestía a Terriermon y Lopmon como si fueran muñecas creció, todavía no tanto física ni emocionalmente como su hermano, pero conservaba intacta esa chispa de inocencia y travesura en sus brillantes ojos.

-¿Cómo te fue hoy en la escuela, Suzie?

-¡Muy bien, hermano! Jugué mucho y también hice mis ejercicios.

-Llegando a casa te ayudo con tu tarea y después jugamos.

-Tengo hambre, Henry. ¿Aún falta mucho para llegar?

-No te desesperes, en el subterráneo llegaremos más rápido. Tranquila.

Solía ser estricto con su hermana menor, y tenía ahora más responsabilidades como hermano mayor con sus padres constantemente de viaje o trabajando hasta tarde, y con sus dos hermanos mayores haciendo sus respectivas vidas.

-Bien, por fin en casa.

-Qué bien, qué bien. Henry, tengo hambre, haz algo de comer –la pequeña insistió e insistió-

-¡Tranquilízate, Suzie! Ve a cambiarte y te hablo cuando ya esté lista.

-Está bien, hermano.

Suspiró cansado. A veces deseaba haber sido el último hijo o hijo único, pero el destino le dio una hermanita y también la responsabilidad de cuidarla. A veces envidiaba a sus amigos por ser hijos únicos.

Sus previsores padres surtieron la despensa para varias semanas, así que sus menús variaban siempre, siguiendo un régimen balanceado y nutritivo, nada insípido, nada en exceso, aunque a veces Suzie quiso pizza, hamburguesas o cualquier comida rápida, cosa que Henry muy pocas veces consintió y que su hermanita muchas veces riñó.

Preparó con meticulosidad el arroz y las verduras, hirviéndolos y condimentándolos por separado. Enjuagó la carne y en un sartén con escaso aceite, a fuego lento, asó dos filetes, el más pequeño para Suzie. Pronto todo desprendió un delicioso olor.

-Hermano, huele muy bien, ¿qué preparas?

-Una sorpresa. Sirve los vasos, lleva los cubiertos y siéntate.

-Sí, Henry.

Pronto se sentaron a la mesa. La pequeña curiosa miró con apetito el platillo, uno de sus favoritos.

-¡Qué bien! Carne con verduras y bolas de arroz. ¡Gracias, hermano!

-De nada, Suzie. Acábate todo y podrás comer postre.

-¡Postre! ¡Postre!

Con evidente prisa, y a pesar de la sugerencia de su hermano mayor, Suzie dejó "limpio" el plato, pidiendo su postre. Henry, sin más remedio, se levantó de su asiento y trajo dos vasos de cristal con helado de chocolate y vainilla.

-¡Que rico! ¡Gracias, Henry! ¿Quieres tu cereza?

Derrotado ante la todavía simplicidad de su hermana menor, le dio su cereza.

-Disfrútalo, pequeña.

-No soy pequeña, cumpliré once este año.

-Comparada conmigo, eres pequeña.

-Eres malo, hermano.

Sonrió divertido, así le seguía el juego.

-Bien, descansa un poco y después haces tu tarea.

-Sí, Henry.

El chico lavó los platos y se dirigió a su cuarto para también hacer sus deberes escolares, actividades que hacía al tiempo que supervisó a su hermana con su tarea de matemáticas. Consideró prudente dar un vistazo:

-Veamos, Suzie. 456 por 36. Primero multiplicas el seis por 456. ¿Seis por seis es igual a?

-Es igual a… igual a. Seis por seis –repasó las lecciones de las tablas de multiplicar- Treinta y seis.

-Muy bien, escribes el seis justo debajo de…

-Eso ya lo sé, Henry –el aludido ruborizó un poco. Aquella lección ya tenía su tiempo-

-Entonces seis ¿y llevas?

-Tres.

-Muy bien, así le continúas con los demás números y las otras multiplicaciones.

-Sí, hermano.

Sin motivo para estar sobre ella por las multiplicaciones, tomó asiento y prosiguió con sus labores.

El reloj marcó media hora para las cinco de la tarde y Takato no daba señal alguna de despertar de su letargo. Dormía a pierna suelta, sin ninguna preocupación ni malestar. Incluso dijo palabras incoherentes en su sopor, rió, y tan activo siguió incluso así que cambió de postura en ocasiones.

Algunos de sus dibujos favoritos consistían en recuerdos invaluables, tanto como la naturalidad de la vida, y otros, pocas veces mencionados, a raíz de sus sueños.

Su rostro continuó relajado, su mente ignoró el mundo exterior y centró su capa psíquica más profunda en el contenido de su sueño.

Takato abrió los ojos, y haciendo un gran esfuerzo por enfocar su vista pese a la espesa niebla, fue tanteando con sus dedos sensibles su alrededor. Tocó finalmente un objeto sólido y frío. Poco a poco la niebla se disipó y le permitió contemplar su descubrimiento, la puerta, alta y doble, con arcanos grabados en sus dinteles y rodeada por dos columnas, una negra y una blanca, los opuestos.

Se hizo hacia atrás al ver que la puerta por fin se abría, inexplicablemente por sí misma, como si una fuerza invisible la manipulara. Con claridad escuchó el rozar de los grandes goznes y del pie de la puerta desgastando el pavimento. Lentamente, por fin quedó abierta, mostrando su interior oscuro. Respiró profundo y armándose de valor pese al miedo, entró.

Quedó inmóvil, tratando inútilmente de enfocar su mirada en la lóbrega cámara, donde reinaba el más profundo de los silencios, tanto que incluso su respiración agitada y el latir de su angustiado corazón eran imperceptibles. Al abrir la boca, se asustó al descubrirse enmudecido.

"¡Ha sido abierta!" -claramente escuchó. Pareció hacer eco alrededor- "El momento ha llegado" "El tiempo está cerca" –Más y más mensajes extraños, ecos de voces cada vez más metálicos- "Descubre la verdad detrás de los sueños" "Prepárate" "¡Despierta del largo sueño!". "¡Despierta!".

-Takato, despierta.

El chico despertó con brusquedad, aunque su padre apenas alzó la voz.

-Tranquilo, Takato, no tienes porqué asustarte.

-La puerta fue abierta –respondió con voz baja-

-Sí, porque la cerraste. Tocamos y tocamos, pero estabas profundamente dormido que no nos escuchaste.

-La puerta está abierta, y he despertado.

-Aún estás dormido –su padre le palmeó la espalda-

Se desperezó y levantó de su improvisado lecho. Miró el reloj, las seis de la tarde. Realmente durmió tanto.

-Espero y ya hayas hecho tu tarea, Takato.

-Aún no, mamá. No te preocupes, no es mucha, la termino antes de acostarme.

-Muy bien, pero antes plancharás tu uniforme.

Habló enserio. Por experiencias pasadas, supo que debía tener mucho cuidado esta vez.

Subió a darse un duchazo frío para despertar y quitarse esa extraña sensación en su ser, cosa que el agua fría no logró.

Ahora ya en alerta, seco y cómodamente vestido, rememoró el sueño. Dejó su tarea para más noche y tomó su libreta de dibujo, sacó de un cajón un estuche con varios lápices y un par de gomas junto con sacapuntas y en secuencia, plasmó su experiencia onírica. Enseguida de la puerta cerrada, la apertura de esta y la entrada a la cámara oscura; enseguida, el silencio, plasmado en un fondo negro. Los mensajes de la voz en kanji, salvando la imposibilidad de repetir su tono metálico.

Al concluir, sus manos tenían rastros de grafito y le dolía el callo de sus dedos medio e índice, pero quedó satisfecho con su trabajo.

Escuchó a su madre llamarlo para cenar. Lavó sus manos y bajó al comedor, donde sus padres ya cenaban. Pidió disculpas por el leve retraso.

-¿A dónde fueron?

-Fuimos a hacer un par de compras –respondió su padre- y también a tomar aire fresco. Tu madre y yo hace mucho tiempo que no salimos.

-Podrían hacerlo con más frecuencia, como ven, puedo arreglármelas solo.

-Podríamos, si estuviéramos seguros de que no saldrás a escondidas –argumentó la madre-

-Lo lamento, sé que estuvo mal y nada lo justifica –respondió muy apenado-

-No es por eso que nos molestamos –intervino de nuevo la jefe familiar- Estuvimos muy preocupados porque ignoramos a dónde fuiste, pudo haberte ocurrido un accidente y hasta temimos que te hubiesen secuestrado, Takato. Fuiste muy irresponsable.

-Lo sé, lo mismo me dijo Henry. No volverá a pasar, lo juro.

-Bien, al menos uno de tus amigos no está tan loco y te da buenos consejos –dijo su padre tras dar un sorbo a su agua- Pero dinos, ¿a dónde fuiste? ¿De nuevo una pelea con un Digimon?

-Para nada. Sucedió que llamé a Juri, quise verla en ese momento. No quise despertarlos –Mie y Takehiro se miraron discretamente y compartieron una mirada de travesura, más él que ella- y ya saben el resto. Quedé de verla cerca del Parque Chou y estuvimos platicando.

-Tienes muchos años enamorado de esa chica. Espero y por lo menos te hayas atrevido a finalmente decirle lo que sientes.

-¡Papá! –Reclamó sonrojado- Pues sí, finalmente lo hice, ya no pude soportar más y le dije lo que siento por ella y… quiero que estemos juntos.

-No te apresures, Takato –recomendó su madre, experta en esos temas- Son muy jóvenes aún y tienen muchos años por delante, espero que así sea, y en ese tiempo pueden suceder muchas cosas, y pueden conocer a otras personas y sus sentimientos pueden cambiar.

-¡Pues no! ¡Yo no quiero a otra chica! ¡Yo amo a Juri y estaré con ella siempre!

-Tranquilízate, Takato. No nos malinterpretes. No tenemos nada en contra de su relación, tu madre únicamente te está diciendo lo que puede pasar, aunque no puede darse por hecho que ocurra así.

-Así es –Mie tomó la palabra- La vida no es un camino recto, siempre hay rutas alternativas y pueden suceder muchas cosas antes de tomar una decisión, que vaya que afectan nuestras vidas. Si tu padre y yo no hubiéramos decidido salir juntos, conocernos y casarnos, es un ejemplo, no estarías tú aquí. Eres lo mejor que nos ha pasado en la vida y por eso nos preocupamos por ti, aunque ya no quieras que así sea. Somos tus padres y siempre estaremos al pendiente de ti, aunque algún día hagas tu vida fuera de esta casa.

Los ojos del chico brillaron conmovidos ante esta revelación.

-¿Ahora comprendes por qué te impusimos ese castigo y por qué tantas pregunta y charla de "siempre lo mismo"? –Cuestionó Takehiro a su inquieto hijo-

-Sí, ahora lo comprendo mucho mejor, aunque eso no me quitará el castigo, ¿verdad?

-Un mes –aclaró su madre- es un mes.

-Ahh, ni modo. No lo volveré a hacer. Bueno, me voy a mi cuarto. Hasta mañana.

-Buenas noches, hijo.

A un piso de distancia, sus padres retomaron la charla.

-Las mismas travesuras mías cuando joven –comentó Takehiro- ¿Recuerdas?

-Cómo olvidarlo. Nuestras familias nos dieron la reprimenda de nuestras vidas, pero valió la pena. Ahh, nuestro hijo ya está creciendo y habla enserio sobre esa chica.

-Tiene qué ser así, salió a mí -respondió con orgullo-

-¡Takehiro!

-Tranquilízate, querida. Nuestro hijo puede ser todavía muy ingenuo respecto a muchas cosas, pero recuerda que hace muchos años que maduró y es capaz de tomar decisiones importantes por sí mismo.

-Lo sé, es sólo que… me cuesta aceptar que es así. Tal vez por eso conversa más contigo y por eso soy tan estricta con él.

-No tienes nada qué lamentar y mucho menos arrepentirte. Tampoco dudes del amor de tu propio hijo, aunque ya no lo veas más como un niño.

-Necesitaré que me ayudes al respecto. Con frecuencia me pregunto, recordando lo que pasó hace años con los Digimons, ¿alguna vez volverá a vivir una situación así y podrá manejarla? ¿O si podré apoyarlo tanto como tú? ¿Ayudarle tal vez?

-Suficiente ayuda tiene con nuestro apoyo y presencia, Mie. Si vivirá o no una aventura como aquella, nadie lo sabe, todo puede pasar.

-Cierto, todo puede pasar.

Arriba, vía Messenger, Takato conversaba con su primo Kai.

-Y eso fue lo que pasó –concluyó Takato a su primo-

-Qué mala suerte, Takato, por este lado. Por otra parte, no puedes quejarte. Ya está contigo.

-¡Sí, Kai! ¡Eso me hace sentir muy bien!

-Y con toda razón. Bueno, tal vez no podrás verla en un mes, pero pueden conversar por teléfono o en red. ¿Está conectada?

-No, seguramente está trabajando en el restaurante de su padre.

-Permanece atento entonces, puede que se conecte o si eres de aquellos que toman la iniciativa, llámala.

-Lo haré antes de irme a dormir.

-¿Quieres decirle que sueñe contigo, Takato? –Con evidente malicia-

-Kai, eres igual que Hirokazu y Ryo, menos mal que eres mi primo.

-Lo sé, ya qué, ¡jajajaja! Y… ¿ya hicieron algo más?

-Eh, verás, jeje, creo que sí

-¿Quién te viera, primito?

-Bueno, tengo derecho a ser atrevido, ¿no crees?

-Claro. Takato, a las mujeres les gustamos más cuando las comprendemos, las hacemos sentir bien, las dejamos ser ellas mismas y, también, cuando somos lanzados, atrevidos –aseguró- Eso sí, tan atrevidos para no asustarlas –agregó-

-Entonces no lo hice tan mal, jeje.

-Ok, Takato. Yo me voy. Cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarme. Salúdame a tus padres.

-Claro. Hasta luego.

Y su primo cerró sesión. Takato generalmente no permanecía mucho tiempo delante de una computadora más de lo necesario, excepto para escanear sus dibujos y trabajarlos en programas especializados. Fuera de las tareas escolares, prefería dibujar o escuchar música.

Menos mal que pudo concluir la tarea a tiempo antes de acostarse, aunque tardase en dormir por la siesta pasada. Tomó su teléfono móvil y marcó un número muy conocido.

-Hola, Takato.

-Buenas noches, Juri. Llamo para disculparme por no ir a tu escuela, pero ya sabrás por qué.

-Lo sé. ¡Oh cielos, cómo me reí! Pero te lo dije –respondió divertida-

-¿Tú también? Ah, ya qué. El inconveniente es que no podré verte en un mes, tengo prohibido salir. No lo volveré a hacer.

-Lo lamento, fui yo quien te…

-No, tú no me dijiste que saliera a escondidas de mi padres. Pero no me arrepiento, estuve contigo.

-Yo tampoco, aunque a mi no me fue tan mal. Entonces será un mes. Veremos qué podemos hacer, se nos ocurrirá algo.

-Al menos no por dos semanas, veré si mis padres me liberan del castigo, jeje.

-¿Y sólo llamaste para disculparte? –Su tono suave y coqueto no pasó desapercibido para el joven dibujante-

-No. También quiero escuchar tu voz. Juri, eh, lo que pasó ayer en la noche…

-¿Sí, qué pasa?

-¿En algún momento te incomodó o molestó?

-No, me siento muy bien entre tus brazos, y me gustó tu forma de besarme –él no pudo verlo, pero Juri se mordió la comisura de sus labios-

-Nada me gusta más que complacerte y hacerte sentir bien. Espero que alguna vez se repita, si tú quieres.

-Claro que sí, en cuanto pase tu castigo –su risa se escuchó con claridad por el teléfono- Quiero seguir escuchándote, pero ya sabes, mañana hay escuela.

-Entonces, te llamo mañana a esta misma hora. Que duermas bien y…

-Sueña conmigo –respondió con travesura-

-Sí, y tú conmigo –hizo un esfuerzo para no tartamudear-Buenas noches.

-Buenas noches.

Al terminar la llamada, el chico no pudo evitar sonrojarse y sentirse muy orgulloso de sí mismo. Se dio cuenta que un poco de atrevimiento en el amor no afecta para nada una relación especial. Sin embargo, aún no tenía sueño.

Fue a su armario y de este tomó una pequeña caja, sellada con cinta adhesiva. Retiró los sellos y al abrirla, sus ojos brillaron conmovidos al redescubrir sus visores amarillos, y debajo de estos, el objeto con el cual hizo realidad su sueño: el D-Arc. Su corazón latió con emoción y orgullo, recordando la gloria de aquellos momentos.

Miró el asombroso objeto y presionó un botón. Esperó.

-Nada, por más que intente no enciende –se dijo en su oscura habitación- Me pregunto si a los demás les habrá ocurrido lo mismo.

En la misma caja, depositados con sumo cuidado, cubiertos por una bolsita de plástico, se encontraban sus primeros dibujos de Guilmon, con sus trazos toscos e infantiles, pero increíblemente valiosos.

-Guilmon, te extraño –expresó con melancolía-

El sueño comenzó a vencerlo. Quiso que mañana fuera fin de semana para descansar apropiadamente. Al acostarse, tenía en sus manos el D-Arc, apretándolo con seguridad. Una hora después, cuando dormía profundamente, el misterioso objeto parpadeó en reinicio e inesperadamente se apagó.

Saludos a todos aquellos que siguen este relato homenaje a Digimon Tamers. Sé que en esta ocasión me tomé mucho más tiempo que en los otros capítulos, pero fue necesario debido a que están por iniciar nuevos y emocionantes sucesos. Aunque hasta ahora parece una trama general con humor y romance, no olviden que sigue siendo un relato de aventuras y acción, que por fin empiezan, poco a poco.

Tal vez me tome una semana, más seguro en cinco días, escribir y subir el siguiente capítulo, pues su idea central surge en el momento de concluir el anterior. Así que les pido paciencia.

Agradezco a Issil Eressea y Juri Di Lammemmor por seguir mi historia y ser mis principales críticas.

Sin duda alguna queda mucho aún por descubrir. Nos estamos leyendo próximamente.